viernes, septiembre 01, 2006

Cuando los perredistas imitan lo malo de los gringos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Después de lo ocurrido en el Congreso este 1 de septiembre, algunos mexicanos -a ambos lados de la frontera- nos preguntamos cómo hemos llegado a esta clase de escándalos.
¿Para esto logramos la democracia, se preguntan algunos?
Para muchas personas es inconcebible que diputados "secuestren" la palestra y no dejen a un presidente informar a la nación. Como hicieron los legisladores del PRD.
Y es normal: Después de siete décadas de presidencialismo, el numerito de San Lázaro (aunque se esperaba) remontan a muchos alarmistas a 1910, al desorden que precedió a la revolución.
Curiosamente, estos hechos no son exclusivos de "repúblicas bananeras", como quieren hacer ver algunos profetas del desastre.
Hasta países como Estados Unidos tienen sus habas que se cuecen en el Poder Legislativo.
Por ejemplo, si un legislador en Washington no está de acuerdo con una iniciativa de ley, puede recurrir por ejemplo, a una táctica igual o más siniestra que la de los perredistas: El famoso "filibusterismo".
¿Qué es el filibusterimo? Es la opción que tienen los legisladores americanos -usualmente senadores- de agarrarse del podio y no soltarlo hasta que le dé la gana.
Y lo han hecho. En varias ocasiones, cuando se han debatido leyes controvertidas e históricas, no han faltado congresistas y senadores que se "amachen" hable y hable en la tribuna, sin parar. Sin comer ni ir al baño, incluso durante días.
¿Cuál es el objetivo? Simplemente robar tiempo, hacer que se acabe el periodo de votación para evitar que se apruebe una ley con la que ciertos senadores no estén de acuerdo. Y como no tienen recursos legales para bloquearla, recurren a tácticas de... pues filibusteros, precisamente.
Así ha pasado en muchas ocasiones en la historia de Estados Unidos desde el siglo 18, y algunas veces ha llegado a extremos verdaderamente ridículos.
Por ejemplo, en 1957 el senador demócrata Strom Thurmond, quien apoyaba la segregación racial, se opuso con toda energía a las leyes de Derechos Civiles (que garantizaban igualdad de derechos a minorías raciales, como negros e hispanos), que al ver que no tenía posibilidad de bloquear su aprobación, recurrió al filibusterismo.
Thurmond realizó el "secuestro" al podio del Senado más largo de la historia: Habló, él solito, la friolera de 24 horas y 18 minutos sin parar (échate ese trompo a la uña, Fidel).
El senador racista (quien murió hace poco, con más de 100 años de edad) no tuvo éxito y la ley se aprobó, a pesar del choro.
(Más tarde, Thurmond debió disculparse de sus opiniones racistas y cambió de opinión, aparentemente. Hasta reconoció que tuvo una hija mulata. Muy congruente el "angelito".)
Otros países "avanzados" y democráticos como Canadá y el Reino Unido también han tenido sus episodios de filibusterismo, donde legisladores secuestran la palestra para reventar cualquier sesión que no les gustara.
(Eso para no mencionar los escandalos tamaño "Godzilla" que protagonizan legisladores en países como Japón o Corea, donde hasta golpes de karate y patadas voladoras sustituyen al diálogo.)
La pequeña (pero enorme) diferencia con México, es que los legisladores de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra que recurren a tácticas como éstas, actúan conforme a la ley.
El filibusterismo está contemplado en las reglas del Senado de Washington, indirectamente, ya que un senador no puede ser callado si toma la palabra.
O sea, los legisladores juegan con las reglas del juego, a su favor.
No las destruyen, ni las desconocen, o se quieren inventar o 'refundar' nuevas instituciones, cuando no los favorecen.
Como quieren hacer el PRD y su "gurú espiritual", Andrés Manuel López Obrador.
Pero aún cuando en México estuviera contemplado en la ley legislativa el filibusterismo (o la toma del podio por una marabunta de legisladores enojados), nos preguntamos: ¿Serviría de algo?
¿Estas actitudes de verdad benefician para la legislación de un país? Claro que no.
¿Solucionan las diferencias? Al contrario, las aumentan. Nadie gana. Sólo sirven para dar al traste con la popularidad de los legisladores que recurren a ella, y los hacen ver como intransigentes, en una arena donde se supone que debe imperar la negociación.
Ahora bien, algunos me dirán que esto es un "mal necesario" para México, que debemos acostumbrarnos. Que para los mexicanos estos episodios se nos hacen inconcebibles porque siempre habíamos estado reprimidos. Que este desorden es el precio que implica la "democracia".
O que es el efecto del fraude causado por el robo de urnas, la actitud de Fox, de la decisión "mercenaria" del IFE y del Tribunal Electoral y mil etcéteras más.
Quizá.
¿Pero, porqué tenemos que imitar precisamente lo malo de los coreanos o de los gringos?
Además, si ahora comenzamos con esto, con el filibusterismo, ¿qué sigue? ¿Los diputados y senadores tendrán que tomar clases de Tae-Kwon-Do para comprobar que ya somos "civilizados y demócratas"?
Y si ya estamos encarrerados, ¿porqué no ser más 'democráticos' de una buena vez?
¿Quién nos asegura que lo que sigue no es, por ejemplo, el asesinato de un presidente, como pasó con Kennedy y Lincoln?
¿Me van a decir que esto también es el proceso "normal" de cualquier democracia "avanzada"?
¿Quién decide hasta donde llegar? ¿Quién decide dónde detenernos?
Y si de verdad queremos pisar terrenos inéditos, escandalosos para los castos ojos mexicanos, ¿porqué no desconocer las instituciones e incendiar el país de una buena vez?
Total, si se trata de generar hechos inéditos en México, podemos recurrir a todo el repertorio de desgracias y tragedias que la humanidad ya sufrió, y que México por fortuna no ha visto.
Todavía.
E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

  1. Anónimo10:08 a.m.

    seguido leo su blog y me llego esto que me parecio interensante....
    saludos desde monterrey!!

    El PRD ya decidió anular la vía institucional del cambio político
    El PRD tendrá que llegar a su definición fundamental: partido político reconocido y protegido por las leyes dentro del sistema legal e institucional o grupo de presión y de choque al margen de las leyes.

    El 1 de septiembre el PRD no violó la Constitución sino el reglamento interno que consideraba un discurso del presidente Fox. O sea, que el perredismo lopezobradorista jugó en la orilla del precipicio.

    Sin embargo, el 1 de diciembre es otra cosa. La Constitución, Artículo 87, señala que el presidente de la República, que lo es desde el primer minuto del día, tiene que prestar protesta ante el Congreso. Si el PRD lo impide, entonces sí violará la Constitución. Y no habrá de otra: le quitarán el registro y echarán fuera a la bancada del PRD por haber violado la soberanía del Estado y roto el orden constitucional. Los partidos políticos juraron obedecer la Constitución. Y si no lo hacen, nada tienen que hacer en el sistema legal. Y tendrían que renunciar los gobernadores perredistas.

    La lección ahí quedó: una minoría violenta rompió el orden legal en el Congreso y dejó ver sus perfiles golpistas. Pero el sistema y las instituciones resistieron. Nada pasó. La vida política sigue su curso. Y López Obrador mostró que no es un estadista ni político sino un troglodita ya tipificado desde Tocqueville porque fue una tribu egipcia que vivía en cuevas, sin reglas, con la ley del más fuerte, no usaba lenguaje ni voz sino chillidos.

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