viernes, septiembre 22, 2006

Los nuevos “americanos” que aún no saben inglés

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Demetria González tiene 62 años, y con trabajos habla español.
“De donde vengo no se habla español”, comenta, recordando su pueblo, uno de los tantos Santo Domingos que hay en Oaxaca, de donde salió rumbo a Estados Unidos hace once años.
La suya ha sido una vida difícil y de retos. “Siempre he trabajado en la labor”, relata, mostrando sus manos callosas y maltratadas por el trabajo. “Primero en el campo y después en la bodega”.
Pero ahora esta inmigrante indígena, bajita de estatura y con una expresión seria y solemne siempre, está entusiasmada con el nuevo reto que enfrenta en la vida: Aprender inglés.
Lo curioso es Demetria ni siquiera sabe leer en español.
La mujer se matriculó en una de las muchas clases de inglés que organizaciones comunitarias ofrecen gratis a inmigrantes en el suroeste de Florida.
El Concilio Literario de la población de Bonita Springs ofrece estas clases sin cobro, cada semana. Y a domicilio.
Demetria no lo pensó y se matriculó.
“Ahora ya hasta puedo escribir mi nombre”, cuenta orgullosa. “Antes no sabía ni eso”.
Como el Concilio, a lo largo y ancho de Estados Unidos miles de inmigrantes acuden cada semana a clases de inglés.
Nadie los obliga. No tienen ninguno de esos Minutemen picándoles la espalda con un rifle, o ningún republicano antiinmigrante presionándolos. Van porque quieren. Por iniciativa propia.
“El presidente dice que tenemos que aprender inglés”, dijo por su parte al diario The News-Press la inmigrante María Brito, de 25 años, de Guanajuato, quien lleva dos años en el mismo programa.
María no se refería al presidente de México, sino al presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
“Tenemos que hacer de nuestra parte, y esperar a tener éxito”, agregó, acompañada de sus hijos, Martín de 5 años y Scarlett de 16 meses, ambos ciudadanos de Estados Unidos por nacimiento.
María es una de las decanas del programa literario: Como tal, recibió recientemente premios y reconocimientos por su esfuerzo en intregrarse a su nuevo país: Libros de inglés, vales para comprar libros, y hasta una computadora laptop para que continúe sus estudios de inglés.
Los directores del programa hicieron la entrega de los premios en una pequeña ceremonia, en la que le pidieron a María que dijera algunas palabras.
Tímidamente, la bajita mujer, de piel morena y cabello largo y negro, “se aventó”: Toda sonrisas, se paró ante los asistentes.
“Hello”, fue su primera palabra.
Hizo una pausa nerviosa.
Su segunda frase fue obvia: “I am so happy, because I learn English…”
La gente escuchaba, atenta. Nadie movía un músculo.
María continuó”
“Thank you very much”.
La multitud rompió en aplausos.
Quizá parezca insignificante, pero para María fue un triunfo personal enorme.
“Antes no sabía nada de inglés”, recordaba más tarde, después de su agradecimiento. “Aún se me dificulta mucho entenderlo, pero sigo practicando”.
¿Porqué aprende María, un ama de casa cuyo esposo –también inmigrante de Guanajuato- trabaja en la construcción en Florida?
“Algún día quiero ayudarle a mi hijo Martín con su tarea”, expresó, esperanzada.
La labor del concilio no es fácil. Varios días a la semana, voluntarios acuden al área conocida como Manha Christian, de Bonita Springs, un campamento de casas-tráilers habitado en su mayoría por inmigrantes mexicanos que trabajan en los cultivos y la construcción.
Allí, en medio del campamento, hay un salón comunitario improvisado donde dan las clases a quienes lo deseen, padres e hijos.
Para Diego Grisales, uno de los directores del programa, el sentimiento antiinmigrantes que vive actualmente Estados Unidos, ha empujado a muchos latinoamericanos a aprender inglés. Es una especie de reacción de los hispanos para demostrar que de verdad quieren integrarse a su nuevo país.
Hace seis años, el Concilio, tenía 150 alumnos, 130 tutores voluntarios, y un presupuesto de $25,000 dólares. Hoy, ha enseñado a 1,379 alumnos, con 490 tutores y un presupuesto de $300,000, el cual se recauda por donaciones de organizaciones e individuos.
El Concilio celebró semanas atrás la inauguración de sus nuevos salones, que ya tienen hasta computadoras y áreas para niños.
Decenas de familias inmigrantes acudieron al festejo, casi todas mexicanas.
Papelito en mano, los alumnos cantaron “America, the Beautiful”, y al final, bailaron el tradicional “Hokey-Pokey” con sus hijos, como demostrando que ellos también son “americans”.
O al menos, que lo quieren ser.
Esta historia se repite en todo el país: Los inmigrantes hispanos abarrotan las clases de inglés y de ciudadanía. Por todos lados se ve la integración.
Esto no lo ven los anti-inmigrantes, quienes siguen con su cantaleta de que los latinos “no se quieren integrar, no quieren aprender inglés, y son una amenaza para la cultura de Estados Unidos”. Y se lanzan rifle en mano a “vigilar” una frontera invigilable, tratando de preservar un Estados Unidos de su niñez que ya no existe, o que quizá nunca existió.
¿De verdad tienen motivo para preocuparse?
¿De verdad estos nuevos inmigrantes quieren cambiar Estados Unidos y hacerlo más “mexicano”?
Parece que no.
Según un análisis reciente del Centro Pew de Estudios Hispanos, los inmigrantes de México y América Latina de hecho se están integrando más rápido que los inmigrantes italianos y polacos del pasado.
El 99% de los hijos de estos latinos en edad escolar dominan perfectamente el idioma inglés, y su cultura está más “americanizada” que la de sus padres.
Para la tercera generación, estos Mexican-Americans se comunican mejor en inglés que en español, idioma que terminan perdiendo casi por completo.
Quizá las caras de los nuevos norteamericanos del futuro cambien. Quizá ya no sean pecosas y rubias de ojos azules, sino morenitas de cabello lacio y negro.
Muy distintas a las de la mayoría de los Minutemen de hoy en día, cierto. Pero tampoco serán 100% mexicanos.
Serán en cambio un pueblo mestizo e único, que como todos los demás, tendrá que buscar su propio destino.
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viernes, septiembre 08, 2006

Las "Asambleas Informativas" de los republicanos antiinmigrantes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

En una columna pasada hablamos de "la huída de los blancos" de las ciudades de Estados Unidos, hacia suburbios cada vez más alejados y "exclusivos".
Pero además de este fenómeno, ahora se está dando otro hecho igual de curioso, aunque por distintas razones: "La Huída Hispana".
Este jueves pasado, un grupito de "ciudadanos conscientes" se puso a reunir firmas en la ciudad de Cape Coral, Florida.
Cape Coral es la tercera o cuarta ciudad de más rápido crecimiento en todo Estados Unidos. Es una ciudad en plena expansión.
Y casualmente, el 40% de ese crecimiento lo representan inmigrantes hispanos, sobre todo mexicanos, porque el suroeste de Florida tiene un "boom" de construcción de casas y condominios como nunca.
Labores que generalmente realizan los mexicanos.
¿Qué buscan, pues, esos ciudadanos "responsables y conscientes" de Cape Coral?
Simple: Prohibir que lleguen inmigrantes ilegales a su ciudad. Ni más ni menos.
La iniciativa, que ya cuenta con más de 700 firmas, pide a las autoridades municipales aprobar cuatro puntos:
1) Multar y negar el permiso a negocios que den empleo a inmigrantes indocumentados.
2) Multar a propietarios de viviendas y departamentos que renten a indocumentados.
3) Negar servicios públicos municipales a cualquier persona que no sea ciudadana de Estados Unidos, excepto en casos de emergencia.
4) Que la ciudad de Cape Coral y el condado declaren al inglés como idioma oficial.
Cape Coral no está sola. Se une así a la lista de ciudades y pueblos pequeños que en todo Estados Unidos se han dado a aprobar medidas para hacerle la vida imposible a la gente sin papeles.
La tendencia inició en Hazelton, Pennsylvania, meses atrás. Siguió en Riverside, Nueva Jersey. Las autoridades municipales de ambos pueblos aprobaron medidas que prohiben a indocumentados tener empleo y vivienda.
Y aunque aprobadas ya, estas leyes no se han podido aplicar del todo, debido a que hay demandas pendientes en cortes federales, interpuestas por grupos defensores de inmigrantes y de derechos humanos, quienes afirman que las iniciativas violan derechos civiles y constitucionales.
En Florida, las ciudades de Palm Bay y Avon Park tuvieron propuestas parecidas hace meses, pero fueron rechazadas cuando se sometieron a votación de sus cabildos.
Esta tendencia parece aumentar y no disminuir. Día a día más ciudades están considerando medidas similares.
¿Qué buscan los que proponen estas medidas?
La señora Toni Insolia, una de las que ayudó a recabar firmas en Cape Coral, dijo al diario The News-Press de Fort Myers que el motivo es "porque la cultura de Estados Unidos está cambiando".
Acusó a los inmigrantes (hispanos) se no adaptarse al "American Way of Life" como los inmigrantes del pasado.
"Llegaremos a ser extraños en nuestro propio país", sentenció Insolia al periódico.
¿Tendrá razón? ¿Están los Estados Unidos a un paso de una reacción anti-hispana de parte de su población?
Todo puede pasar, claro, pero no creemos que esto ocurra así.
Esto no es un sentimiento generalizado. Los que proponen medidas así, saben bien que tienen escasas probabilidades de que se aprueben.
Lo que buscan es notoriedad, salir en la tele. Y jalar agua para sus molinos políticos.
El escándalo siempre atrae a los medios. Sobre todo si los chicos malos de la película son mexicanos.
Y aún en dado caso de que tales medidas se aprobaran y entraran en efecto (si no son rebatidas antes por las cortes federales), no tendrían demasiado efecto.
La mayoría de éstas ciudades son pequeñas, y están rodeadas de muchas otras ciudades o suburbios con distintas leyes.
Lo único que un inmigrante tendría que hacer para evadir la ley, es mudarse unas cuantas cuadras, cruzar el límite municipal y ya. Las leyes anti-inmigrantes no lo alcanzarían allí.
De hecho, eso está ocurriendo ya: "La Huída Hispana" está haciendo que los indocumentados se muden a zonas menos intransigentes, abandonando de paso sus empleos y buscando otros.
Esto, claro, afecta a muchos empleadores, sobre todo los que dependen de la mano de obra mexicana y latina.
Esta misma emigración ocurrió en California durante el gobierno del ultraderechista Pete Wilson. Y está ocurriendo en Arizona y otros pueblos de la frontera, donde hay sheriffs a quienes les encanta que Fox News los retrate como "los cowboys que siempre atrapan a su mexicano".
En el fondo, esto ocurre no por un sentimiento de racismo de todos los norteamericanos en general, sino por culpa de la inactividad del Congreso en Washington por aprobar una reforma migratoria.
Para no tomar el toro por los cuernos, y darle vuelta al asunto, los republicanos se inventaron una serie de "consultas" para tratar el tema migratorio con las bases.
Son algo así como "Asambleas Informativas" pomposas, sin más justificación que la de hacer ruido.
Seguro Andrés Manuel López Obrador le copió la ideita a los republicanos.
Con este cuento, los senadores republicanos ya se han ido de paseo por varios estados haciendo sus "consultas" para "escuchar de viva voz al pueblo" antes de tomar una decisión.
Como todo mundo sabe, estas consultas y audiencias son puro teatro, igual que las "asambleas" de AMLO. Los republicanos lo hacen simplemente para ganar tiempo, y que pasen las elecciones de noviembre.
Mientras llega el "Election Day", los senadores pueden seguir con su retórica anti-inmigrante en sus comerciales, y echarse en la bolsa el voto de los de ultraderecha (que son los que casi siempre votan).
Una vez que los senadores estén cómodamente reelegidos, después de noviembre, entonces sí van a sentirse seguros de tratar el espinoso tema de qué hacer con los más de 12 millones de indocumentados que viven en el país. Antes no.
Mientras tanto, seguirán los grupillos locales deseosos de reflectores, recaudando firmas contra los inmigrantes hasta en el más pequeño pueblecito de Kansas.
Y los inmigrantes seguirán esperando.
Y mudándose.

QUE BUENO QUE EL INTERNET ES PERREDISTA

En internet no faltan los llamados de grupos lópezobradoristas para boicotear "productos gringos", porque dizque son miembros del "compló" que le arrebató la presidencia (como si fuera de él) a AMLO.
El orgulloso y patriotero llamado pide consumir sólo productos mexicanos, y dejar de comprar "porquerías transnacionales", como Sabritas, Coca-Cola, artículos que vende Wal-Mart, y dejar de usar los bancos como Banamex.
Vaya, hasta piden a la gente que deje de ver la televisión porque Televisa y TV Azteca (claro) también fueron miembros del compló.
Bueno, como medida naturista y dietaria, me parecen recomendaciones positivas. Pero si los que promueven este boicot quieren dar un mensaje político congruente, creo que andan medio desubicados.
Digo, el internet y las computadoras no las inventó un lopezobradorista, mientras andaba matando tiempo entre partidas de dominó en uno de los campamentos del Zócalo.
Hasta donde me acuerdo, estos inventitos también son "porquerías transnacionales", ¿no?
E-mail: cfzap@yahoo.com
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viernes, septiembre 01, 2006

Cuando los perredistas imitan lo malo de los gringos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Después de lo ocurrido en el Congreso este 1 de septiembre, algunos mexicanos -a ambos lados de la frontera- nos preguntamos cómo hemos llegado a esta clase de escándalos.
¿Para esto logramos la democracia, se preguntan algunos?
Para muchas personas es inconcebible que diputados "secuestren" la palestra y no dejen a un presidente informar a la nación. Como hicieron los legisladores del PRD.
Y es normal: Después de siete décadas de presidencialismo, el numerito de San Lázaro (aunque se esperaba) remontan a muchos alarmistas a 1910, al desorden que precedió a la revolución.
Curiosamente, estos hechos no son exclusivos de "repúblicas bananeras", como quieren hacer ver algunos profetas del desastre.
Hasta países como Estados Unidos tienen sus habas que se cuecen en el Poder Legislativo.
Por ejemplo, si un legislador en Washington no está de acuerdo con una iniciativa de ley, puede recurrir por ejemplo, a una táctica igual o más siniestra que la de los perredistas: El famoso "filibusterismo".
¿Qué es el filibusterimo? Es la opción que tienen los legisladores americanos -usualmente senadores- de agarrarse del podio y no soltarlo hasta que le dé la gana.
Y lo han hecho. En varias ocasiones, cuando se han debatido leyes controvertidas e históricas, no han faltado congresistas y senadores que se "amachen" hable y hable en la tribuna, sin parar. Sin comer ni ir al baño, incluso durante días.
¿Cuál es el objetivo? Simplemente robar tiempo, hacer que se acabe el periodo de votación para evitar que se apruebe una ley con la que ciertos senadores no estén de acuerdo. Y como no tienen recursos legales para bloquearla, recurren a tácticas de... pues filibusteros, precisamente.
Así ha pasado en muchas ocasiones en la historia de Estados Unidos desde el siglo 18, y algunas veces ha llegado a extremos verdaderamente ridículos.
Por ejemplo, en 1957 el senador demócrata Strom Thurmond, quien apoyaba la segregación racial, se opuso con toda energía a las leyes de Derechos Civiles (que garantizaban igualdad de derechos a minorías raciales, como negros e hispanos), que al ver que no tenía posibilidad de bloquear su aprobación, recurrió al filibusterismo.
Thurmond realizó el "secuestro" al podio del Senado más largo de la historia: Habló, él solito, la friolera de 24 horas y 18 minutos sin parar (échate ese trompo a la uña, Fidel).
El senador racista (quien murió hace poco, con más de 100 años de edad) no tuvo éxito y la ley se aprobó, a pesar del choro.
(Más tarde, Thurmond debió disculparse de sus opiniones racistas y cambió de opinión, aparentemente. Hasta reconoció que tuvo una hija mulata. Muy congruente el "angelito".)
Otros países "avanzados" y democráticos como Canadá y el Reino Unido también han tenido sus episodios de filibusterismo, donde legisladores secuestran la palestra para reventar cualquier sesión que no les gustara.
(Eso para no mencionar los escandalos tamaño "Godzilla" que protagonizan legisladores en países como Japón o Corea, donde hasta golpes de karate y patadas voladoras sustituyen al diálogo.)
La pequeña (pero enorme) diferencia con México, es que los legisladores de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra que recurren a tácticas como éstas, actúan conforme a la ley.
El filibusterismo está contemplado en las reglas del Senado de Washington, indirectamente, ya que un senador no puede ser callado si toma la palabra.
O sea, los legisladores juegan con las reglas del juego, a su favor.
No las destruyen, ni las desconocen, o se quieren inventar o 'refundar' nuevas instituciones, cuando no los favorecen.
Como quieren hacer el PRD y su "gurú espiritual", Andrés Manuel López Obrador.
Pero aún cuando en México estuviera contemplado en la ley legislativa el filibusterismo (o la toma del podio por una marabunta de legisladores enojados), nos preguntamos: ¿Serviría de algo?
¿Estas actitudes de verdad benefician para la legislación de un país? Claro que no.
¿Solucionan las diferencias? Al contrario, las aumentan. Nadie gana. Sólo sirven para dar al traste con la popularidad de los legisladores que recurren a ella, y los hacen ver como intransigentes, en una arena donde se supone que debe imperar la negociación.
Ahora bien, algunos me dirán que esto es un "mal necesario" para México, que debemos acostumbrarnos. Que para los mexicanos estos episodios se nos hacen inconcebibles porque siempre habíamos estado reprimidos. Que este desorden es el precio que implica la "democracia".
O que es el efecto del fraude causado por el robo de urnas, la actitud de Fox, de la decisión "mercenaria" del IFE y del Tribunal Electoral y mil etcéteras más.
Quizá.
¿Pero, porqué tenemos que imitar precisamente lo malo de los coreanos o de los gringos?
Además, si ahora comenzamos con esto, con el filibusterismo, ¿qué sigue? ¿Los diputados y senadores tendrán que tomar clases de Tae-Kwon-Do para comprobar que ya somos "civilizados y demócratas"?
Y si ya estamos encarrerados, ¿porqué no ser más 'democráticos' de una buena vez?
¿Quién nos asegura que lo que sigue no es, por ejemplo, el asesinato de un presidente, como pasó con Kennedy y Lincoln?
¿Me van a decir que esto también es el proceso "normal" de cualquier democracia "avanzada"?
¿Quién decide hasta donde llegar? ¿Quién decide dónde detenernos?
Y si de verdad queremos pisar terrenos inéditos, escandalosos para los castos ojos mexicanos, ¿porqué no desconocer las instituciones e incendiar el país de una buena vez?
Total, si se trata de generar hechos inéditos en México, podemos recurrir a todo el repertorio de desgracias y tragedias que la humanidad ya sufrió, y que México por fortuna no ha visto.
Todavía.
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