jueves, julio 20, 2006

¿Mr. López Obrador, president of the United States?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Con esto de la mudanza de Texas a Florida se me había olvidado un pequeño detalle: Inscribir a mi hijo César en una escuela nueva de por aca.
Uno de los requisitos es sacar una copia de su cartilla de vacunación texana, para “revalidarla” en Florida. Acudí, pues, a la Oficina de Salud de Dallas, para pedir el documento.
La muchacha en la recepción fue muy amable. Me pidió el nombre y la fecha de nacimiento del niño, y en un minuto imprimió desde su computadora una copia de la cartilla.
Cuando vi el papel, me sorprendí: Es una simple hoja pelona, sin nada.
Solamente trae el nombre del niño, la dirección, y una lista de las vacunas que le aplicaron desde el año de nacido, con la fecha. Y una firma garabateada, ilegible, y nada más.
Nada de membretes, ni sellos, ni hologramas, ni “apostillados” ni ninguna de las excentricidades que exigen los burócratas de México.
(Ah, y cuidado con que usted doble cualquier documento en México, aunque sea de la esquinita, porque entonces “se cancela” automáticamente y no se lo recibe ni el conserje.)
Regresando a la cartilla de vacunación de César (hasta el término me da risa, viendo el triste papelito que es), yo podría fácilmente haber hecho una falsificación mejor en mi casa. Y ni computadora necesitaría: Una de esas máquinas de escribir Corona viejitas bastaba y sobraba.
Me acordé de la anécdota tras leer los montones de e-mails que me mandaron los lectores por el artículo de hace dos semanas, donde digo que un triunfo de Andrés Manuel López Obrador hubiera sido la “vacuna” que México necesita conta el populismo.
Entre muchas de las críticas que recibí, una se repetía constantemente: Comparaban el “robo” electoral (al que yo llamaría simplemente “derrota”) de AMLO con la elección presidencial de Estados Unidos en el 2000, donde el ex vicepresidente Al Gore perdió por escasísimo margen contra George W. Bush.
En Estados Unidos también “se cuecen habas”, me recordaron los lectores.
Esto me hizo preguntarme, ¿cómo hubiera reaccionado El Peje si hubiera perdido la elección en Estados Unidos?
Si en México, con todos esos candados y leyes y salvaguardas que el sistema electoral tiene, y con las que López Obrador siempre estuvo de acuerdo (¿se acuerdan de que “respetaría el resultado aunque fuera por un voto de diferencia?” Claro eso fue hasta que perdió), ¿qué se hubiéra podido esperar con el sistema electoral americano tan caótico, donde no hay ni credencial de elector federal, ni piden identificación a todos los votantes, ni les manchan el pulgar y ni siquiera hay representantes de todos los partidos en cada casilla? Tampoco existe existe una ley electoral federal, sino cincuenta leyes estatales distintas, a veces contradictorias.
Un sistema donde las boletas se pueden marcar en casa y enviar por correo normal, donde no piden identificación a los electores, y donde hasta las cartillas de vacunación oficiales parecen “acordeones” malhechotes para exámenes de secundaria.
¿Cómo hubiera reaccionado AMLO de haber perdido, no por 240,000 votos, sino por simples 400, como le pasó a Gore contra Bush en el conteo final de Florida?
(Ya quisiera Bush haber sacado de perdido la mitad de los votos de diferencia que logró Felipe Calderón.)
Algunos lectores me dijeron que, como en México, Gore sacó más votos que Bush en el conteo final. De ahí el “increíble” robo que sufrió de la elección.
Pero el problema no es que Gore haya sacado más votos de la gente. Eso no importa aca, porque la elección en Estados Unidos se decide por el Colegio Electoral, no los votos populares. (O sea, gana quien haya triunfado en más estados, independientemente del número de votos “reales”.)
Y en el Colegio Electoral, casualmente, Gore perdió. Aunque haya sacado más de 500,000 votos que Bush.
Y también se eliminaron muchas casillas por irregularidades. ¿Se acuerda de los mentados “chads”, esos pedacitos de papel que quedaron colgando después de que los electores agujerearon las boletas en Florida?
Pero así son las reglas de la elección. Todos los candidatos norteamericanos lo entienden, y se atuvieron a ellas.
Ello implicaba, claro, atenerse al resultado. No patear el tablero cuando van perdiendo.
Desafortunadamente para todos aquellos que quieren ver un paralelismo entre Gore y AMLO, hay una diferencia importante. Gore no renegó de las reglas tras perder, al contrario: Las usó, como corresponde, como era su derecho. Agotó todos los recursos que la ley le daba para impugnar. En este caso, la Suprema Corte de Justicia.
Al final, hay que decirlo, pudo más el conservadurismo de los jueces (nominados por los republicanos). Gore perdió por la decisión de un juez conservador, pro-republicano.
Pero el candidato nunca sintió que “le robaron” la elección. Al contrario: como lo prometió, se atuvo al resultado.
Nunca sacó a la gente a protestar, ni organizó “asambleas informativas”.
Muchísimo menos acusó a sus seguidores ni voluntarios de campaña de “corromperse” y “venderse” por un complot en su contra.
Gore aceptó las reglas del juego desde el principio. Las respetó siempre. Y cuando no le favoreció el resultado, en una actitud de conciliación, por el bien del país, aceptó la derrota.
Igual hizo Richard Nixon en 1960, cuando perdió también por estrechísimo margen contra John F. Kennedy.
Le dolió la derrota, porque tenía muchísimo apoyo de un sector importante de la población. Pero aceptó las reglas del juego, en bien de la república, del país.
A ambos políticos les fue mejor con esta actitud. Ocho años después de su derrota, Nixon se volvió a postular y ganó fácilmente. La gente nunca olvidó su respestuosa actitud por las instituciones (aunque después tuviera que renunciar a la Casa Blanca por el escándalo Watergate).
Gore igual: Seis años después de esa “derrota”, millones de americanos votarían por él con los ojos cerrados, casi la mitad del país. Incluso es un fuerte contendiente para la nominación demócrata en el 2008, para pesadilla de Hillary Clinton quien también la busca.
Muchos más, que no votaron por él, lo harían ahora tras atestiguar su respetuoso proceder aún en la derrota.
Y siempre será así: Los electores aprecian la actitud de quien respeta sus promesas, aunque no le sea favorable. Son estas actitudes (y no los berrinches sin sentido) los que engrandecen sus figuras. Les dan una dimensión presidencial de verdaderos estadistas.
¿Un candidato López Obrador por Partido Demócrata hubiera sacado a la gente a la calle de haber perdido en el conteo de las urnas en Florida, en el 2000?
Haría eso y más. Si con una diferencia de 240 mil votos se siente “robado”, imagínese qué no haría por una diferencia de 400: Seguro daría un golpe de estado e incendiaría al país.
O al menos lo intentaría.
Pero ahora viene un dato curioso: ¿Podría lograrlo, aunque lo quisiera, en Estados Unidos?
Lo dudamos.
Los americanos, por mucho que los critiquemos de ser ciegos, ignorantes y poco inteligentes, no son tontos. Un candidato con la actitud belicosa e “iluminada” de López Obrador no pasaría de las elecciones primarias de ningún partido gringo.
Y aunque se huibera postulado, a la elección y perdido, no podría sacar a la gente a la calle. Por una simple razón: Todo mundo se daría cuenta que perdió la elección. Así de fácil.
Al contrario, la poca simpatía que hubiera ganado como la víctima de “un complot” (que sólo él ve) la perdería con sus infundadas pataletas.
Sólo unos cuantos extremistas y locos (que también los hay por aca, claro) le seguirían el jueguito, pero fuera de algunas entrevistas en CNN y Fox News el tema no pasaría a más. Solito se apagaría a las pocas semanas de brete.
Yo sé que alguien saldrá diciendo: "Ah, ¿y cómo sí se pudieron hacer marchas multitudinarias por la inmigración?". Pero ese fue un caso totalmente distinto. De hecho, las marchas por la legalización migratoria no se hicieron para apoyar a un candidato, ni exigir que se desconociera a las instituciones (como quiere AMLO). Lo que buscaban es rebatir una propuesta de ley que iría a destruír a miles de familias al declararlas delincuentes.
En este sentido, las marchas inmigrantes son más parecidas a la Marcha Contra la Delincuencia organizada en el 2004 en la Ciudad de México, y de las que casualmente López Obrador se burló diciendo que eran caprichos de "pirruris".
AMLO no tendría mucho eco si quisiera alborotar gente en Estados Unidos. Porque al final, los americanos apuestan por las instituciones. “El sistema”, si usted quiere llamarlo.
No por conformismo, sino precisamente porque saben que el bienestar del país es mucho más importante que las aspiraciones mesiánicas de cualquier político, por muy popular que sea.
Los electores preferirían aguantar al presidente ganador –aunque no fuera de su agrado- cuatro u ocho años, a alterar el orden.
Porque saben que, al fin y al cabo, en las próximas elecciones le cobrarían la factura con creces. No con marchas, sino con votos, en las urnas.
Siempre jugando con las reglas del juego, que todos aceptan acatar desde el principio. No violándolas a última hora.

e-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

2 comentarios:

  1. Anónimo3:09 p.m.

    Lamento informarle que aquí en Estados Unidos, SÍ existe una tarjeta de elector y SÍ piden identificación al momento de votar. La tarjeta se llama Voter Registration Card y llega por correo al domicilio del solicitante. Dicha tarjeta tiene que presentarse junto con alguna identificación oficial vigente, como pasaporte, acta de nacimiento o licencia de manejo. Si un ciudadano estadounidense desea votar y no presenta estos etos documentos, simplemente no podrá votar. Las tarjetas más recientes son de color azul y uno tiene que reportar cualquier cambio de domicilio.
    Saludos.

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  2. Anónimo5:00 p.m.

    No importa lo que los americanos harian, en México esto es algo de lo que se esta viviendo,
    http://unamujermexicana.blogspot.com/

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