viernes, junio 30, 2006

¿Porqué a los mexicanos nos da miedo competir contra el gringo, el alemán... y ahora contra el chino y el indio?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — He competido muchas veces, con mucha gente, y he perdido.
No siempre he perdido, claro. Pero sí muchas veces. Muchas más de las que me gusta reconocer.
He competido en deportes, en juegos, en concursos, en rifas... y me ha ido como en feria.
Pero lo que más me pone nervioso, es competir por chambas. Sobre todo cuando tengo que demostrar mi capacidad profesional ante personas quizá mejor o más educadas que yo, más jóvenes o con montones de premios y reconocimientos bajo el brazo.
Y no solo mexicanos: He tenido que compararme con gringos, negros y asiáticos, por igual.
Recientemente, me hablaron de varias ofertas de trabajo. Querían entrevistarme. Fui ilusionado, llevé todos mis papeles... y la respuesta siempre era la misma: "No nos llames, nosotros te llamaremos".
Obviamente, nunca lo hicieron.
Cuando a mí se me ocurrió llamar una vez para preguntar el resultado de mi entrevista, la respuesta fue: "Lo siento, ya contratamos a una persona mejor capacitada".
Competí, y perdí. Y así fue muchas veces.
Y es deprimente, para qué más que la verdad. A nadie le gusta que lo comparen con otras personas (sobre todo si son o parecen mejores). Sobre todo si las otras personas nos ganan.
Pero ni modo. Tragué aire (y orgullo), y seguía intentándolo. Una y otra vez.
Me acuerdo de esta anécdota hoy, a horas escasas de las elecciones presidenciales en México. Quizá las más históricas e importantes del país.
No sé quién gane, o quien ya ganó (depende de cuándo lea usted este artículo). La frase típica es: "Que gane el mejor". O sea, en este caso, el mejor candidato.
Pero en las elecciones pasa que no siempre gana el mejor. Por eso, yo prefiero desear que quien gane sea el más competitivo.
Porque, ojalá que el nuevo presidente de México no le tenga miedo a competir. Porque lo va a necesitar.
Yo sé que para los mexicanos este tema es complicado. Aunque digamos lo contrario, como pueblo no nos gusta competir. Es más, le tenemos pavor.
Podemos competir contra nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, eso sí. Pero todo dentro de nuestro microcosmos.
Pero el competir "para afuera", contra "los demás", a eso sí que le tenemos miedo.
Lo irónico es que desde niños nos educan con un amor fanático a la patria, a lo "nuestro", que raya en lo fascista.
Pero en la realidad, dentro de nosotros mismos, sabemos que es falso. Nuestra verdadera mentalidad nos dicta que "lo extranjero es mejor"... porque no es mexicano.
Y, ay de aquél mexicano que se aviente a una competición a nivel internacional. SABEMOS que va a perder. ¿Porqué? Pues porque compite contra gringos. O alemanes, o japoneses. Y lo "normal" es que pierda.
Y así, el pobre mexicano pierde. No llega a tiempo a la meta. O lo noquean. O falla pénaltis de último minuto.
Y siempre salimos con que "Ya merito ganábamos". "Jugamos como nunca, pero perdimos como siempre".
Ah, pero si un mexicano gana, lo tratamos como el héroe que llega de reconquistar Texas y California. Y hasta en las estampillas sale.
Pero no lo hacemos porque le reconozcamos el triunfo, sino porque para nosotros es "anormal" que haya ganado. Lo vemos como un fenómeno fortuito, digno de admiración.
No es "normal" que un mexicano gane a nivel internacional. Al menos no para nosotros.
¿Porqué los mexicanos tenemos miedo a competir?
Hasta donde sé, no nos falta ninguna neurona, ni un gen que los gringos o los japoneses tengan.
Algunos expertos dicen que lo que pasa es que tenemos un complejo de inferioridad histórico, producto de nuestras tragedias nacionales. Y "ésos" paises (los avanzados y ricos) siempre han abusado de nosotros: Nos han despojado de nuestra libertad, de nuestra identidad cultural y hasta de la mitad de nuestro territorio.
Pero esto, ¿es la justificación o la excusa?
¿Cómo explicamos ahora que países con mayores tragedias históricas que nosotros, tradicionalmente más amolados, como China y la India, nos están rebasando a toda velocidad en bienestar económico e influencia mundial?
Y si sentimos que no podemos competir contra el gringo por gringo, ¿porqué los chinos y los indios sí pueden?
Ok, no nos comparemos con los gringos o los alemanes. Pero, ¿porqué no compararnos con los chinos?
Seguro que un empresario chino o indio no encuentra justificaciones para competir contra el gringo. Le entran. Compiten de igual a igual.
Y no cambiaron las reglas del juego a su favor, ni les dieron la espalda por " favorecer a los países ricos", al contrario: Las aprendieron, las abrazaron y están venciendo a las superpotencias en su propio juego.
China es ahora el país más capitalista del mundo. Mucho más capitalista que el país que se dice el abanderado del capitalismo mundial, Estados Unidos.
(Porque en China no hay sindicatos. Y si los hay, ni de lejos tienen el poder e influencia de los sindicatos americanos.)
O séase, estos países " emergentes" (ahora casi superpotencias), no le sacaron. Le entraron de lleno, sin complejos.
Tampoco porque no sean nacionalistas, al contrario: Tanto chinos como indios tienen un nacionalismo muy parecido al mexicano. Pero lo hacen a un lado cuando sienten que les pesa para correr y rebasar a un norteamericano o un europeo.
Claro, para estos países el camino no fue fácil. Sufrieron al principio. Es normal. ¿Se acuerda de los productos chinos, tan corrientes que eran hace 20 ó 30 años?
Hay que aceptar primero una verdad: No somos China, ni Estados Unidos, y quizá nunca lo seremos. Es cierto. Pero tenemos otras muchas ventajas que podemos aprovechar.
Los indios darían lo que fuera por tener al menos un kilómetro de frontera directa con Estados Unidos.
A los coreanos se les haría agua la boca estar en la misma zona horaria que los gringos.
A los chinos les encantaría que en Estados Unidos el segundo idioma más hablado fuera el chino, y que hubiera más de 40 millones de ciudadanos americanos de ascendencia china viviendo en ése, el mercado de consumidores más poderoso del mundo.
O que su idioma fuera tan extendido a nivel internacional como el español, o de perdido igual de fácil de aprender.
Yo lo único que espero de este nuevo presidente de México es que no tenga miedo a competir. Que le entre como le hicieron los chinos e indios.
Que no se encierre en batallas inútiles con el Congreso por culpa de nuestro patrioterismo de primaria.
Un presidente que se dé cuenta que a los mexicanos no nos falta ni una pata ni una mano, ni un cerebro para competir de igual a igual con chinos, indios, brasileños... al igual que con gringos, franceses y alemanes.
Un presidente que no le eche la culpa de los males de México al vecino gringo, o al clima, sino que haga consensos para lograr las reformas que beneficien no sólo a su gobierno, sino a todos los mexicanos de hoy, sus hijos y sus nietos.
Aunque a él no le toque cortar el listón inaugural al Primer Mundo.
Un presidente con suficiente confianza en México y en los mexicanos, sin egos personales que se le interpongan.
¿Lo habremos elegido ya?
Volviendo a mi casi fracasada búsqueda de empleo, hace tres semanas me llamaron de un periódico grande en Florida. Querían platicar conmigo sobre una posible propuesta de empleo.
El puesto era excelente. Pero después de tanto rechazo y entrevista inútil, ni por mi mente pasó que me tomaran en cuenta.
Para no dejar, respondí, aunque estaba seguro de que no tenía la más mínima esperanza de obtener el trabajo.
(Máxime cuando me dijeron que habían entrevistado —y eliminado— a "muchos" candidatos para el puesto, porque la empresa era muy exigente.)
Dީías después me llamaron: "Queremos ofrecerte el empleo", me dijeron directamente.
Ni yo me lo podía creer.
Competí, y competí. Perdí y perdí... hasta que gané.
Después de casi 10 años de haber emigrado de México, mañana emigro de nuevo. Dejo Dallas y me mudo con mi familia a Fort Myers, Florida, donde seré editor de "Gaceta Tropical", un periódico en español de la corporación Gannett ( la más grande cadena de periódicos en Estados Unidos, y que edita el diario USA Today).
El camino que inicié en Tampico, lo continúo ahora del otro lado del Golfo de México, en una ciudad que se parece mucho a mi "puerto tropical que es la dicha de todo mi país".
Esta columna continuará. Seguiremos haciendo una crónica de las experiencias que significan ser inmigrante en las entrañas de este monstruo, aunque quizá ya no tanto desde una perspectiva Tex-Mex, sino desde una óptica, digamos "Flori-Mex".
Porque es increíble la cantidad de mexicanos que han llegado a la península, a integrarse con las comunidades cubanas, puertorriqueñas,centro y sudamericanas, y a darle su propio sabor de "Hispanidad".
En Texas dejo familia, entrañables amigos y montones de experiencias buenas, regulares, y no tan malas, muchas de las cuales ustedes ya conocen por esta columna.
Hay que ir adelante siempre.
Porque no nos falta nada para competir.
e-mail: cfzap@yahoo.com
cesarfernando.blogspot.com

2 comentarios:

  1. Anónimo5:50 p.m.

    Fernando, bien por su nuevo puesto, pero espero que sigan sus columnas,, ya que son bastante interesantes.

    En cuanto a este articulo, estoy de acuerdo con que los mexicanos tenemos un complejo de inferioridad como ya lo habia publicado en su filosofía hace mucho tiempo el señor Samuel Ramos, tal vez por la dominación sobre nosotros que otros paises siempre han ejercido, lo cierto es que sea o no complejo de inferioridad creo que todos nos sentimos temerosos al tener una oportunidad de ganar algo... un empleo, un reconocimiento, por minima que sea la recompensa siempre no da miedo el perder.

    dEBy, desde las entrañas del pais que esta en suspenso por saber por quien será gobernado.

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  2. Anónimo7:05 p.m.

    Estimado Fernadno:
    Creo que apesar de que el estereotipo del Mexicano, siempre ha sido y por mucho tiempo será es el de mediocridad y esto se deve a que nos falta interes y empeño de querer hacer las cosas y no le echanos las ganas necesarias para lograrlo, y pues me gusto tu assigment. gracias desde un mexico que seguira a los demas se despide cordialmente gil carreon.

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