jueves, junio 15, 2006

Música grupera...en inglés: ¿El futuro de Estados Unidos?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — A mediados de los años 1970 y principios de 1980, alguien debió pararse a ver cómo los adolescentes negros de los barrios pobres de Estados Unidos bailaban, al ritmo de una nueva música callejera: El breakdance, el rap y el hip-hop.
"¿Pero qué diablos es esto?", se ha de haber preguntado esa persona, acostumbrada a los movimientos de la música disco, de las locuras del rock and roll y a la melosidad del soul.
Esa música callejera debía parecer espantosa para la gente de aquella época. Música de pandillas. Y de hecho, así nació originalmente: Creada por "gangas" que tenían más interés en matar al rival que en brillar en una pista de baile.
Si cualquiera de nosotros pudieramos estar en aquél día, y escucháramos a esa extrañada persona preguntar "¿Qué diabloes es esto?", seguramente le responderíamos: "Esto, es el futuro".
Claro, entonces nadie nos hubiera creído.
Pensé esta anécdota la semana pasada, cuando hice un viaje a la parte suroeste de Florida. Es la Florida del lado del Golfo de México, apuntando casi directamente hacia el otro extremo donde se encuentra Tampico, mi ciudad natal.
Después de un recorrido a varios lugares de la zona, me llevaron a un salón de baile "hispano".
Cuando uno piensa en Florida le vienen a la mente de inmediato música salsa, cumbia, ballenato. Los sonidos de los inmigrantes caribeños.
Cuál fue mi sorpresa al verme en un salón de baile donde la quebradita, el sonido duranguense y la música de tambora eran los reyes.
"Este lugar antes era de música salsa y merengue, pero cuando el dueño, que es puertorriqueño, se dio cuenta que habían muchos mexicanos, de inmediato cambió la música", me explicó Ana Dubra, una periodista y maestra española que colabora con el periódico local hispano, Gaceta Tropical.
Luego me llevaron a otro sitio (apropiadamente bautizado "Jalapeño"). Ahí el cosmopolitismo no podía ser más exagerado: El dueño es un palestino, de religión cristiana, que vivió en Los Ángeles. Allí conoció la comida mexicana y se especializó en sus salsas. En Florida abrió un restaurant-salón de baile donde se escucha música grupera.
Allí, la cosa era igual: La clientela exhibía orgullosamente sus sombreros norteños, botas y cintos "pipeaos", hebillas con la Virgen de Guadalupe, al ritmo de música de Exterminador y Los Tigres del Norte.
"El 60% de la población hispana en la zona es mexicana", me explicaron una y otra vez los periodistas con los que platicaba.
Claro, muchos sudamericanos y caribeños aún no pueden creer estas cifras, porque ellos son los que controlan la vida política y económica de la zona.
Además, ellos son más visibles, no tienen miedo a integrarse y participar en la comunidad, porque llegan con papeles: Los cubanos tienen residencia permanente automática al pisar suelo americano, mientras que los puertorriqueños nacen con ciudadanía estadounidense.
Y los sudamericanos —colombianos, ecuatorianos, peruanos, etc. — que llegan tienen dinero. Por lo menos lo tuvieron para comprar un boleto de avión. Y por eso, casi todos entran con visa.
Pero los mexicanos existen, y son cada vez más y más. No hacen ruido, porque se trata de gente humilde, que teme a la autoridad. Seguramente la mayoría son indocumentados.
Llegan a Florida a las cosechas, a trabajar en la construcción. Y con el "boom" económico de la zona, más y más agricultores y albañiles se requieren en la península.
¿Quién causa este crecimiento? ¿Esta enorme migración masiva de mexicanos a un paraíso hasta hace poco enclave de gringos ricos?
Irónicamente los causantes son... los propios gringos ricos.
Conforme avanza este siglo XXI, los "baby-boomers" están llegando a la edad de la jubilación. Y muchos de ellos, con dinero en el bolsillo, buscan paraísos donde terminar sus días.
Uno de ellos es, claro, Florida. Y con la llegada de más retirados y vacacionistas, aumenta la necesidad de vivienda, de condominios, de tiendas, de malls, de hospitales.
Y sin mexicanos, no hay construcción. Por lo menos en Estados Unidos.
Y con los mexicanos, llegan sus familias. Y sus negocios.
Por todos lados surgen día a día supermercados, tiendas, y negocios dirigidos a los mexicanos. Pudimos comprar pan de dulce en una de estas panaderías, que parecía haber sido trasplantada completita desde México. Sólo que ésta se encontraba en medio de un típico paisaje floridiano de árboles largos y estrechos, de hojas cortas y en medio de pantanos.
Vi cómo bailaban los clientes del salón, ensordecido por la música a todo volumen: La gente se comportaba como si nada, como si estuviera en un salón de baile de Texas, California. O Monterrey. Un salón de baile norteño como hay tantos... pero en Florida.
Y esto ocurre cada vez más en ciudades y estados en los que hasta hace diez años no había ni un sólo mexicano.
Cualquier gringo despistado que se hubiera atrevido a poner un pie en esos salones, seguramente se rascaría la cabeza y se preguntaría: "¿Qué diablos es esto?".
Y como quizá pasó en los setentas, seguramente no faltará alguien que les responda: "Esto, mi amigo, es el futuro".
Porque muchos de esos bailadores que llegaron a Florida y Estados Unidos de pueblecitos de Guanajuato, de Michoacán, de San Luis Potosí, de Chihuahua, "sólo por unos dos años, pa'hacer un dinerito", nunca van a volver a México. Se casarán y tendrán hijos acá, y sus hijos crecerán escuchando la música de Grupo Pesado y los Tucanes de Tijuana.
Y, ¿quién sabe? A la mejor alguno de estos hijos (estos "Nuevos Americanos") se atreverá a formar su conjunto y escribir canciones gruperas o corridos... en inglés.
Ya lo están haciendo de hecho ahora, en partes de Texas y otros estados.
¿Cuánto tiempo tardará para que esta música —"rara" para los oídos gringos de los productores musicales— se convierta en "la moda"?
¿Habrá alguna vez algún adolescente anglo al que le pegue duro el gusto por esta música, y se aviente a ser su promotor entre los gringos, como le hizo Eminem con el rap?
¿Un Eminem grupero? ¿Porqué no? El futuro siempre ha tenido la terquedad de confirmar nuestras más descabelladas predicciones.
O derrumbarlas.
El futuro de Estados Unidos va a ser muy interesante.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario