viernes, mayo 26, 2006

Reforma migratoria: Sólo media enchilada... Y picante

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Ocurrió por fin. El Senado de Estados Unidos se puso de acuerdo y aprobó una reforma a la ley migratoria, que daría documentos a la mayoría de los indocumentados, y otorgaría visas a quien quiera venir a trabajar al país "por las buenas".
Después de todo el escándalo causado por el envío de tropas de la Guardia Nacional, y la aprobación de la construcción de un muro en la frontera con México, llegó la otra parte de la "reforma integral": La de las visas y legalizaciones.
Era obvio: Algunos de los republicanos más intransigentes al final apoyaron la reforma gracias a que les otorgaron la concesión de la Guardia Nacional, el muro, y la contratación de más agentes de la Patrulla Fronteriza. Y acabaron doblando las manos y aprobando la legalización para los indocumentados, que era lo que se buscaba.
El plan busca dar residencia permanente a los indocumentados con más de 5 años en Estados Unidos, que no tengan antecedentes criminales, hayan pagado sus impuestos, sepan inglés, y aprendan lo básico de civismo y leyes del país.
Con el tiempo, estos inmigrantes podrán tener oportunidad de hacerse ciudadanos americanos, siempre que esperen su turno en la fila y sigan los trámites como cualquier otro inmigrante legal.
Los indocumentados que tengan de 2 a 5 años, podrán legalizarse si salen del país, y vuelven a entrar. Igual, necesitan cumplir los mismos requisitos de la anterior categoría: No antecedentes criminales, pagar impuestos, etc.
El problema es que el resto de los indocumentados (aquellos con menos de 2 años de haber emigrado) no tienen ningún beneficio: Ésos tendrán que salirse, o ser deportados. Sin oportunidad de conseguir papeles.
Por estos lares la tropa anda medio inquieta. La pregunta más socorrida que me han hecho como veinte mil veces después de que se supo la aprobación del Senado ha sido: "¿Y ahora qué sigue?"
Hay que aclarar: El que el Senado haya aprobado esta reforma no significa que ya está lista. Aún falta que la autorice la Cámara de Representantes. Y ahí va a estar difícil, pues la mayoría de los congresistas no apoyan ninguna legalización, al contrario: Hay que acordarnos que fue la Cámara la que aprobó la ley Sensebrenner, que iba a catalogar como criminales a cualquiera que diera cobijo o ayuda a indocumentados, no importa que fueran parientes.
(Y eso fue precisamente lo que detonó las protestas y mega-marchas de hispanos semanas atrás en varias ciudades de Estados Unidos. No "la exigencia de un trato justo y humanitario hacia los hispanos", como timoratamente algunos medios mexicanos y latinoamericanos andaban pregonando.)
Así, pues, está difícil que la Cámara apruebe la reforma del Senado así nomás. Es más, es muy probable que acaben cambiándola tanto, incluso hasta eliminar cualquier posibilidad de legalización.
¿Porqué los congresistas le tienen "tanto odio" a los inmigrantes indocumentados?, se preguntará usted. No es tanto odio, como miedo. En noviembre hay elecciones al Congreso. Y muchos congresistas temen que, si votan a favor de dar papeles a los indocumentados (ya sabe, los culpables de todo lo malo que le pasa a Estados Unidos, según algunos extremistas), los votantes se la cobren no re-eligiéndolos.
Así, pues, es cosa de política. Los congresistas tienen miedo de perder la chamba.
¿Porqué los electores americanos son tan enemigos de los indocumentados? No todos los electores son así. Pero sí un importante bloque. Y estos votantes son muy participativos, muy politizados. Más que los que respaldan la legalización. Más que los propios votantes hispanos (que son muy pocos a nivel nacional, porque no todos somos ciudadanos o mayores de edad. Y de los que pocos que sí pueden votar, muchos menos están registrados para hacerlo. Y aún peor: El 60% de los de por sí poquísimos que están registrados para votar, ni siquiera se paran en las urnas el día de la elección.)
Así, pues, los gringos anti-inmigrantes y ultra-conservadores son los que terminan decidiendo la elección, por muchos o pocos que sean. Y a eso le temen los congresistas.
Entonces, ¿la reforma migratoria está destinada al fracaso? Quizá sí. Quizá no. Todo depende de qué tan buenos negociadores sean los demócratas pro-inmigrantes, y los republicanos pro-inmigrantes (que los hay), con los intransigentes. También tendrá mucho qué ver la habilidad política del presidente Bush (que se cuenta entre los pro-inmigrantes, aunque no lo crea. Quizá sea el político más convencido de todo Estados Unidos de dar papeles a los indocumentados, a pesar de que muchos mexicanos lo acusan de ser "enemigo").
De hecho, por eso Bush dobló las manos en eso de la Guardia Nacional y en la cerca en la frontera: Para tener margen de maniobra y exigir legalización. Dando y dando.
Por eso no es imposible que Bush logre negociar suficientes votos de los republicanos para lograr una legalización: En 1993 Bill Clinton hizo algo similar cuando era presidente. Convenció a muchos demócratas que votaran a favor del TLC con México y Canadá, a pesar de que anduvo haciendo campaña en su contra.
Las preguntas que surgen son, precisamente, qué pasaría si se aprueba la reforma migratoria. ¿Qué será de aquellos que tengan menos de 2 años en Estados Unidos? ¿Se tendrán que ir? ¿De verdad se irán? ¿Y si no se van, quién los va a deportar?
No será tan fácil: La reforma contempla instalar un sistema de verificación de datos de empleados en todas las empresas del país, de manera obligatoria. Cualquiera que contrate un trabajador tendrá que meter sus datos en el sistema, para ver que sea legal. Si las empresas no cumplen, los dueños serán multados con miles de dólares o podrán ir a parar a la cárcel.
O sea, la gente que no califique, o que pierda la oportunidad de legalizarse, la tendrá mucho más difícil que antes. Ya nada será igual.
Peor será para aquellos que quieran venirse de ilegales.
Aunque en teoría, la reforma busca que la inmigración ilegal se acabe o por lo menos se limite. La ley contempla aprobar 200 mil visas al año para trabajadores huéspedes, los cuales si quieren, podrán solicitar residencia permanente y ciudadanía después de varios años, si siguen el procedimiento.
Dudamos que eso tenga éxito.
También está el tema de las familias. ¿Qué pasa por ejemplo, si los papás tienen más de 5 años en Estados Unidos, y los hijos no? ¿Tendrán que irse? ¿Se deberá ir toda la familia?
¿Y si es al revés, hijos ciudadanos y padres indocumentados, quién se va?
Igual, ¿cómo van a probar los indocumentados que se pasaron por el río Bravo o el desierto sólo con la ropa que llevaban puesta, que llevan cinco, seis o diez años en Estados Unidos? ¿Con cartas de recomendación? ¿Y quién será autorizado para firmarlas?
Son muchas dudas aún. Y todavía falta ver qué requisitos impondrá el Depto. de Inmigraciónpe para hacer los trámites. Y qué tan fácil sería obtener la visa de trabajo.
Pero por lo menos es algo.
No la enchilada completa, pero algo. Una media enchilada. Y bastante picante.
Ahora, esperemos que la media enchilada no se sirva demasiado cruda o demasiado quemada por el Congreso.


viernes, mayo 19, 2006

George W. Bush: ¿El mejor aliado de los mexicanos?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — El año era 2000. Año de esperanza, de aspiraciones, de renovación.
Vicente Fox acababa de ser electo presidente de México, el primer no priísta en 70 años. La democracia llegaba por fin a México.
En Estados Unidos, otro ranchero botudo y campechano había sido electo presidente. (Aunque de manera muy dudosa.) Se llamaba George W. Bush, quien además, era cuatísimo de Fox.
El "hombre más poderoso del mundo" hablaba poquito español. Comía enchiladas y tacos en su casa, y tenía amigos a ambos lados de la frontera.
Por primera vez en la historia se veía un acercamiento real entre México y Estados Unidos. Incluso en el plano personal: En ningún otro momento del pasado los dos presidentes habían sido tan amigos.
Sobre todo, a Bush le importaba mucho el destino de los millones de inmigrantes indocumentados que vivían en Estados Unidos. Desde que era gobernador de Texas, nunca ocultó su deseo de que se les pudiera dar papeles.
Ese año 2000, el coordinador de la Oficina de Atención al Migrante de Fox, Juan Hernández, visitó Dallas. En el Consulado de México dio una rueda de prensa con los medios, donde detalló los grandes planes que tenía el gobierno de Fox para "hacerles justicia de una vez a los Very Important Paisanos".
Cuando nos tocó el turno en la rueda de prensa, le preguntamos a Hernández: "Vamos a adelantarnos en el tiempo. ¿Cómo ve la relación entre Estados Unidos y México dentro de seis años, cuando termine el gobierno de Fox?"
Los ojitos verdeazules de Hernández le brillaron más de lo acostumbrado: "Yo creo que nos vamos a sorprender de todo lo que vamos a haber logrado para entonces", respondió entusiasmadísimo. "Estos próximos años vamos a ver actos de acercamiento y cordialidad como nunca antes, y beneficiará a ambos países".
Debo confesar que entonces todos le creímos. Hasta yo.
Bueno, ya estamos aquí, seis años después. Es el 2006. El futuro nos alcanzó.
¿Y qué pasó? El Senado de Estados Unidos acaba de aprobar la construcción de una valla triple en la frontera. Y George W. Bush, el presidente cuatísimo de Fox, mandó a 6,000 soldados de la Guardia Nacional a proteger el límite con México.
¿Qué onda? ¿Dónde perdimos el avión?
¿Bush nos traicionó? ¿Fox no pudo con el paquete?
Permítanme por esta vez hacerle de abogado del Diablo. Voy a defender a uno de los peores Judas de los últimos años: El presidente George W. Bush.
Para ser justos, Bush sí tenía la intención de acercarse más a México. De hecho, una de las críticas que más le hacían era su total desinterés sobre asuntos internacionales. La suya sería una "presidencia doméstica".
(Vaya, hasta se burlaron de él cuando no supo responderle a un reportero que le preguntó el nombre del presidente de Pakistán.)
Y en los primerísimos lugares de su agenda doméstica, estaba México. ¿Se acuerdan que Bush incluso escogió a México como su primer destino internacional como presidente? Siempre había sido Canadá el primer país que el presidente de Estados Unidos visitaba. Bush quiso dejar bien claro su intención: México es mi mejor amigo, parecía decir. Hasta los canadienses se sintieron.
Pero luego vinieron los ataques terroristas del 9/11. Y todo cambio.
A pesar del propio Bush.
La legalización y la política de "buenos vecinos" quedó relegada. Durante cinco años. Y Bush, muy a su pesar, debió tomar el papel de un "Presidente de Guerra".
Vinieron Afganistán, luego Irak, y tantas otras broncas. Corea del Norte, China, Rusia, terrorismo... ¿Y México? Olvidado.
Cuando parecía que tenía un respiro para solucionar el asunto pendiente de la inmigración, Bush nos responde enviando al Guardia Nacional. ¿Porqué?
En realidad, Bush quería amarrar navajas, quedar bien con todos. Sí, envió la Guardia Nacional, PERO sólo 6,000 efectivos, de manera temporal, que se reducirán a 3,000.
No irán armados, ni detendrán indocumentados. En cambio, harán labores de "apoyo" y "logística" para ayudar a la Patrulla Fronteriza.
Van hasta a ir de albañiles, a construír caminos.
El problema es que la medida cayó mal tanto en México como en Estados Unidos.
En México, periodistas, analistas, y "expertos" se la pasan acusando a Bush de darle "una bofetada" a Vicente Fox. "Una muestra más de que Estados Unidos sólo tiene intereses, no amigos", dicen.
Irónicamente, los gringos tampoco quedaron conformes. ¿A qué manda Bush a la frontera a los militares de la Guardia Civil, si no les va a dejar andar armados, ni tener contacto con los indocumentados?, se quejan los ultraconservadores.
"Más bien van a servirles donas y café a los agentes de la Patrulla Fronteriza", dijo un lector en una carta al periódico Dallas Morning News.
Así, mientras en México esta medida se ve como un ataque a los mexicanos, los gringos lo ven al revés: Una muestra más de la debilidad y parcialismo que Bush tiene hacia nuestro país.
Sigue en "la necedad" de darles amnistía a los ilegales, aunque no lo digan, acusan los conservadores. "Un zorrillo con otro nombre, sigue oliendo igual", dicen.
Hay que aclarar una cosa: La medida de Bush es política, no militar. No se diseñó para atacar a los mexicanos, sino para acallar a los extremistas de su propio partido, y dar chance a que se apruebe la reforma migratoria que daría papeles a millones de mexicanos.
Exigir algo sin dar a cambio alguna concesión no es política. Y eso lo entiende Bush.
Por otra parte, el asunto del muro no fue iniciativa de Bush. Es cosa del Senado. El cual está controlado por republicanos, muchos de los cuales son del "ala dura". Algunos de éstos son decididamente antiinmigrantes y antimexicanos, y tienen miedo que cualquier acción en favor de una amnistía les cueste la reelección en noviembre.
Por eso, no entendemos la necedad de los mexicanos de tomar todo este asunto como una afrenta personal de parte de Bush. Si hay alguien que ha luchado con dientes y uñas desde su primer día en la Casa Blanca por lograr beneficios para los inmigrantes, ése es precisamente el presidente. A pesar de las críticas de su propio partido.
¿Que entonces porqué tiene un nivel de aprobación bajísimo? (Alrededor del 23%? Igual que en los peores momentos de Jimmy Carter y Richard Nixon.)
No es por "atacar a los mexicanos", aclaremos. Es por la Guerra de Irak. Es porque no cumplió con su promesa de controlar el gasto del gobierno. Es porque no ha podido atrapar a Osama bin Laden. Es por su terquedad de no escuchar a los que se le oponen. Es por todos los escándalos de corrupción que sus colaboradores y amigos han hecho durante los últimos seis años. Es por tantas muertes de soldados en una guerra que ya se antoja inútil y desgastante. Es por los altísimos precios de la gasolina. Es por la ineptitud del gobierno en el tema de Katrina.
Es por tantas cosas.
Y esto seguramente le va a costar el control del Congreso a los republicanos en las elecciones de noviembre.
Bush lo sabe. Por eso trata de salvar lo poco que le queda de popularidad, por lo menos entre los hispanos. Por eso trata de aprobar una medida que dará papeles a los indocumentados, y quizá ciudadanía. Con el tiempo, estos nuevos ciudadanos podrían votar por los republicanos.
Si no se aprueba ninguna medida migratoria, Bush sabe que esos hijos de inmigrantes (que sí son ciudadanos) seguramente se irán a votar por los demócratas, como ocurrió en California luego de la desastrosa campaña del ex gobernador Pete Wilson y su Propuesta 187.
Además, no sé de qué tanto nos espantamos los mexicanos porque los gringos pongan soldados en sus fronteras. México tiene soldados en las fronteras norte y sur desde hace mucho tiempo... Revisando a todos, hasta a ciudadanos mexicanos. Y nadie ha protestado.
En varias ocasiones, militares mexicanos (fuertemente armados con ametralladoras y rifles al hombro, conste) me han detenido en la carretera cuando viajo rumbo a la frontera, para revisarme. Varias veces, mientras he viajado en autobús, los soldados en los retenes nos han bajado a todos los pasajeros (de noche inclusive) y nos han revisado uno por uno, pidiéndonos la tarjeta de elector.
¿Qué cree usted que han estado haciendo estos militares mexicanos? ¿Labores de "logística"? ¿Construyendo caminos? Claro que no.
Buscan inmigrantes ilegales de Centroamérica, por supuesto. O delincuentes buscados por la ley. O narcotraficantes.
¿Debe eso preocuparnos? Claro que no. Mientras usted no sea delincuente ni narcotraficante, ni terrorista, no tiene porqué sentirse agredido.
Al contrario: Me sentiría agredido si me doy cuenta de que los soldados NO están cumpliendo con su trabajo.
En ningún momento estos militares han sido irrespetuosos, violentos o agresivos. Siempre muy serios, correctos y hasta parcos.
¿Porqué debería ser distinto con los militares gringos?
Dicen los críticos que es los militares americanos no están "capacitados" ni "entrenados" para tratar operar en la frontera, con indocumentados.
Perdón, ¿y los militares mexicanos sí lo están? ¿Tienen los soldados mexicanos mejor entrenamiento que los gringos? Por favor.
(En todo caso, habría que preguntarle su opinión a los inmigrantes centroamericanos que cruzan por México. Ellos sí que tienen historias terribles que contar al respecto.)
Hay que ser claros: Los gringos tienen todo el derecho del mundo de poner en su territorio cuantos soldados o rifles o tanques quieran. Por mucho que nos duela.
Es el mismo derecho que tiene México y cualquier otro país de hacer lo mismo.
¿O quién se atrevería a criticar a Cuba por poner a sus militares a cuidar sus costas o fronteras? ¿O a Brasil, a Venezuela, a Francia o China?
Usted cree que estos países ponen a sus soldados sólo a "hacer labores de logística y apoyo", y sin armas? Claro que no. ¿Y quién protesta?
De hecho, todos esos países seguramente ya tienen militares desde hace mucho tiempo en la frontera. Armados y preparados para defender su territorio.
Quizá Estados Unidos era uno de los pocos países del mundo que no lo había hecho, hasta hoy. ¿Porqué entonces los criticamos?
¿Porqué todos los demás sí pueden y los gringos no?
Al contrario, creo que Estados Unidos está cometiendo un enorme error, pero no por poner 6,000 militares (temporales) en la frontera con México, sino por no poner MÁS.
Por ejemplo, les falta la inmensa frontera con Canadá. ¿Porqué no ponen otros 6,000 ó 10,000 a vigilar su frontera norte?
De hecho, los terroristas del 9/11 entraron por Canadá, no por México. Y lo pueden hacer ahora con más ganas, cuando se den cuenta que toda la atención se centra en la frontera sur.
Además, los terroristas también pueden entrar por aeropuertos. Muchos extremistas musulmanes tienen pasaportes europeos, de ésos que no necesitan visa para entrar a Estados Unidos. Y no hay soldados ni retenes militares que revisen gente.
Además, para aquellos que dicen que Estados Unidos no tiene "derechos legales" de militarizar su frontera, hay que recordar que su Constitución lo permite.
Y si nosotros no queremos reconocer ese documento, por ser "interno" de los gringos, bueno, pues está el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que los mexicanos firmamos como país luego de la guerra donde perdimos la mitad de nuestro territorio ante Estados Unidos (para nuestra mala suerte, es cierto, pero está firmado y reconocido desde 1848).
En el Artículo XVI del Tratado, dice claramente:
"Cada una de las dos Repúblicas se reserva la completa facultad de fortificar todos los puntos que para su seguridad estime convenientes en su propio territorio".
Los gringos deben poner más vigilancia. No para detener ilegales, sino para detener terroristas. Eso también nos beneficia a nosotros los mexicanos, porque si ocurre otro ataque como el 9/11, la economía americana puede sufrir una debacle, que arrastrará a la economía de México.
Y si Estados Unidos sufre una depresión, millones de inmigrantes mexicanos quizá se queden sin trabajo, y emigren de regreso a México, donde la cosa se pondrá peor.
Bush entiende que no se trata de poner soldados y muros. Eso no detendrá el problema. La inmigración ilegal no es una causa, es el efecto de un mal mayor. Y para solucionar el problema se debe atacar la enfermedad, no el síntoma.
Por eso acepta que los extremistas de su partido se salgan con la suya, poniendo soldados y muros. Porque al aprobar esto, él los obligará a dar papeles a los más de 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, y además permitir 400,000 visas de trabajo temporal cada año, para que los que quieran trabajar aca puedan entrar "por las buenas". Con todos los derechos y obligaciones de la ley.
Porque ¿qué me debe importar a mí como trabajador mexicano que hayan soldados en la frontera, si yo puedo entrar con visa?
Por eso se llama "reforma integral de inmigración". Porque abarca vigilancia, regularización de ilegales y visas de trabajo temporal. No solo muros.
Pero aprobarla así no va a ser fácil. Hay mucha oposición de los ultra-conservadores que sólo quieren soldados y deportaciones masivas.
Por eso Bush les dio una concesión: Soldados, pero no armados. A cambio de negociar visas y legalización.
Aunque no lo creamos, en estos momentos George W. Bush es el mejor aliado que tienen los indocumentados mexicanos.
Quizá los mexicanos no lo entendemos todavía, porque en política aún estamos acostumbrados al "todo o nada", el "por mis pistolas" o el famoso "hago siempre lo que quiero, mi palabra es la ley".
Por eso no damos una a la hora de aprobar reformas que le urgen al país, como la fiscal o de energía.
Quizá nuestros políticos necesiten aprender algunas clasecitas de Bush sobre cómo destrabar una negociación política dando concesiones menores a cambio de reformas mayores.
Para bien o para mal, esto es la verdadera política.
No las demagógicas, pero imposibles, "enchiladas completas".
cesarfernando.blogspot.com

viernes, mayo 12, 2006

¿"Compló" mediático contra los inmigrantes en EE.UU. ?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Cualquiera que sintonice una estación de radio en Estados Unidos, se encuentra con el mismo locutor.
O casi el mismo.
Bueno, a decir verdad, no son el mismo locutor. Los nombres cambian. Pero suenan casi iguales. Idénticos.
Todos parecen tener una consigna: Los inmigrantes ilegales (sobre todo de México) son la peor tragedia que le pudo ocurrir a Estados Unidos. Punto.
Una vez, me puse a darle vuelta al dial del radio de mi carro para encontrar alguna voz que disintiera. Sólo para probar.
Los dedos me terminaron doliendo, de tanto que le busqué.
Las ondas radiales en Estados Unidos están dominadas por locutores de tres tendencias: Derecha, extrema-derecha y ultra- derecha.
Sólo uno, que yo sepa, Al Franken, de Radio América, es la única voz liberal, junto con gente como Alan Colmes. Y uno que otro más.
Y pare usted de contar. El resto están cortados por la misma tijera.
En una estación, un tipo exigía la deportación total de los inmigrantes. De todos, sin excepción.
En otra, otro locutor llamaba a quitarles la ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados. Y hasta residentes legales.
En otra más, un locutor se burlaba de las marchas de los inmigrantes.
En una cuarta, un tipo pedía a la gente a denunciar ilegales que "le quitan el trabajo a los ciudanos americanos".
En la última, un tipo pedía a la gente comprar banderas mexicanas para quemarlas.
Si uno se preocupa de lo que dicen estos locutores al aire, espérese a escuchar lo que dicen los radio-escuchas. A veces son hasta peores que los propios ultra-derechistas.
Claro, no es de extrañar: Si el auditorio sólo encuentra un sólo sabor en la radio, termina por gustarle. Y muchos americanos se creen estos ataques contra todos los inmigrantes como la verdad absoluta.
(¿No fue Joseph Goebbels, el propagandista de Adolfo Hitler, quien dijo que si uno repite una mentira lo suficiente, la gente lo terminará creyendo?)
En estos programas de "Talk Show" no hay matices. Todo es bueno vs. malo. Blanco vs. negro. Patriota vs. Traidor.
Los locutores "respaldan" sus afirmaciones con "estudios", "estadísticas" y "encuestas" que parece que les dan la razón: "Según tal o cual estudio, el 70% de los americanos no quieren más inmigrantes", dicen.
El problema es que sólo mencionan "estudios" de una sola tendencia: Anti-inmigrante. Nunca se mencionan otros estudios que refutan lo que los conservadores dicen. Ni siquiera para equilibrar.
¿Quiénes son estos nuevos agoreros del desastre? Los nombres son muy conocidos en Estados Unidos: Rush Limbaugh, Bill O'Reilly, Sean Hannity, Michael Savage y muchos más.
Eso sin mencionar toda la marabunta de comentaristas que tienen programas de derecha en la televisión, como Lou Dobbs en CNN o Ann Coulter en Fox News.
Por supuesto, está la radio en español. Es la de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Cada día, más cadenas gringas se dan cuenta del potencial del mercado, y cambian el formato de sus estaciones para hacerlas en español, ante la sorpresa decepcionada de los anglos.
Pero las estaciones de radio en español, que apoyan a los inmigrantes (después de todo, viven de ellos) no tienen mucho efecto a nivel general. Ah, claro, organizaron las marchas, alertaron a la gente del boicot y todo eso. Pero generalmente su impacto no pasa más allá de la comunidad hispana. Casi todos inmigrantes que aún no son ciudadanos, y por lo tanto, no pueden votar.
Por eso, por ahora, los que dominan la opinión pública en la radio son los conservadores anti-inmigrantes.
¿Porqué las grandes cadenas de radio aceptan esta clase de puntos de vista, sin variarle?
Simple: Por dinero.
Un experto en publicidad dijo una vez que para que cualquier campaña tenga éxito, es necesario apelar a los sentimientos básicos que como especie tenemos los seres humanos. Por eso, no es raro ver que la mayoría de los comerciales explotan temas como el amor, el sexo, la felicidad...
Y estos comentaristas tienen asegurado su éxito entre los americanos, porque explotan otro de los sentimientos más básicos: El miedo.
Sobre todo el miedo a los que no son como "ellos". Los que no se ven como ellos. Los que no hablan como ellos. Los que no asisten a sus iglesias.
Los "Otros".
(¿Será coincidencia que en inglés la palabra "Alien" significa tanto "extranjero" como "extraterrestre"?.)
No todos los americanos son de derecha, ni anti-inmigrantes. Pero existe un grupo muy fuerte de conservadores que sí.
Generalmente tienen más dinero que los inmigrantes.
Y son buen negocio para los anunciantes de la radio.
Casualmente esta clase de audiencia conservadora está más politizada que los inmigrantes latinos. Ellos sí acuden a votar, y hacen escuchar su voz. Por ellos los políticos en Washington seguirán aprobando leyes contra los inmigrantes, debido al poder que tienen los conservadores.
Pero además, quizá existe un efecto más perverso e inmediato. A últimas fechas se han dado ataques de odio racial contra hispanos.
En Houston, dos jovencitos anglos medio mataron a golpes y sodomizaron a un adolescente latino.
En Long Island, Nueva York, otros adolescentes hispanos fueron atacados por un joven que les gritaba "Mojados" mientras amenazaba matarlos con una pistola. Los adolescentes lograron escapar de la casa del demente (un menor de edad), quien gritaba "¡Viva la raza blanca!".
¿Coincidencia?
No sería raro que esto ocurriera. Después de todo, lo único que estos adolescentes tienen que hacer para despertarles sentimientos racistas es encender la radio o la televisión.
¿Hasta qué punto estos hechos son consecuencia de las letanías anti-inmigrantes de los locutores de ultra-derecha?
En síntesis, sí existe un "compló mediático" contra los mexicanos.
Pero está en Estados Unidos.

viernes, mayo 05, 2006

"Doctrina Monroy": ¿El invasor tiene miedo ahora a ser invadido?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Recuerdo que en mi niñez en México, algunos amigos míos me confiaban que sus papás estaban temerosos de que la deuda externa y las constantes crisis, fueran a destruír al país.
El peor escenario para esos papás setenteros: Que los gringos fueran a llegar a invadir la mitad del país, como hicieron en el siglo 19.
Corría el "run-run" que Estados Unidos estaba "en tratos" con el entonces presidente José López Portillo para "perdonar" la deuda externa que amenazaba asfixiar México, a cambio de que cediéramos todos los estados del norte: Desde Baja California, hasta Tamaulipas.
Obviamente, eso significaba que los que vivíamos allí, íbamos pa' fuera.
También era común escuchar cómo los adultos (y los "expertos") se quejaban que los gringos "estaban invadiéndonos" con sus costumbres.
Me acuerdo de esa anécdota cada vez que veo a Fidel Castro en un discurso, "preparando" a la población cubana ante la "inminente" invasión de Estados Unidos a la isla.
Según, el gobierno cubano tiene a la gente haciendo ejercicios de preparación para iniciar la resistencia contra la invasión. Y creo que hasta hacen prácticas con rifles o armas para cuando llegue ese momento.
Vaya, hasta Hugo Chávez les metió la idea en la cabeza a los venezolanos, y ya comenzaron las primeras "practicas" para "defender la soberanía bolivariana" (¿¿??).
La Doctina Monroe sigue viva, al parecer. Por lo menos en las mentes de algunos calenturientos.
(Para ser justos, hay que decir que los gringos tienen la culpa. Con esa reputación expansionista que desde el siglo 19 se cargan, es difícil que ahora los latinoamericanos les creamos que quieren ser "amigous".)
Lo curioso del asunto es que mientras nosotros nos arrastramos en la tierra, con un rifle en la mano, practicando balacear a un "Marine" de mentiritas, los gringos ni en cuenta.
Al contrario, como los buenos cuentos de terror, parece que la mentada Doctrina Monroe —más que muerta ahora— ha vuelto de la tumba cual zombie deforme, para horrorizar precisamente a sus creadores.
Irónicamente, si existe un pueblo de verdad horrorizado por una invasión a su país, ésos son precisamente... los gringos.
(Por lo menos entre grupúsculos —bastante escandalosos— de radicales, que ven "mexicanos con tranchete" hasta debajo de la cama.)
Solo que esta "invasión", como la llaman los extremistas, no es 'de arriba pa' bajo' de la frontera, sino al revés: "De abajo pa' rriba".
Para grupos como los Minutemen, cada latinoamericano inmigrante es un soldado enemigo buscando invadir. Sojuzgar a Estados Unidos de una vez por todas.
¿Que solo vienen a buscar trabajo, a mejorar sus vidas, a hacer los trabajos que los gringos no quieren? Pamplinas, dicen ellos. Todo es un "compló" bien orquestado (por supuesto, "desde los Pinos" —porque ¿dónde más se cuecen los peores "complós"... si no es en Los Pinos?) para "reclamar" los territorios perdidos en la Guerra México-EE.UU. Pero no a base de balas, sino con chiquillos. Para ellos, cada bebé hijo de mexicanos que nace en Estados Unidos no es un nuevo ciudadano americano, sino un "anchor baby", un "bebé ancla".
("Un soldado en cada hijo te dio...")
El último ejemplo de tales calenturas, se dio en Dallas esta semana. Un grupo anti-inmigración puso un letrero espectacular en una de las autopistas más transitadas del norte de Texas.
En letras enormes, con colores rojo y azul, dice: "Stop the Invasion! Secure our Borders!" ("¡Detengan la Invasión! ¡Aseguren Nuestras Fronteras!").
De fondo, se ve una silueta de la frontera México-EE.UU. (mañosamente dibujada, porque la rayita la pintan más al sur de lo que deberían. Como cuando delimitaron la frontera de Texas, en el Río Bravo, siendo que siempre había sido en el Río Nueces, casi 60 kms. al norte).
El cartel es el primero de muchos que planean instalar en todo Estados Unidos. El grupo responsable tiene un website, que se llama www.grassfire.org. No dicen quiénes son los autores (no dan dirección, ni nombres. Sólo números comerciales y correos electrónicos).
Pero sí piden dinero, "patrocinio" para instalar más anuncios. Por la módica suma de 25 dólares, cualquier "ciudadano patriota" puede patrocinar un pie cuadrado de un letrero, hasta 100 pies cuadrados.
Además, tienen una petición que enviarán a senadores y congresistas, donde exigen que no se den papeles a los indocumentados, que se les deporte a todos los 12 millones sin miramientos, y que se les niegue la ciudadanía a sus hijos aunque nazcan en Estados Unidos. Según dicen, más de 270 mil "miembros" ya han firmado.
Se justifican diciendo que "La inmigración ilegal es una crisis de seguridad nacional del más alto orden, y también significa una amenaza de largo plazo para el Modo de Vida Americano".
Otros "vivales" que están llamando a la acción a sus "conciudadanos" son los del "Send a Brick Project" (Proyecto Envía un Ladrillo).
Estos tipos también tienen un sitio de internet (www.sendabrick.org), y su misión es juntar todos los ladrillos posibles para construír la mentada cerca en la frontera.
Dicen que, si es por falta de dinero por lo que no se construye la cerca, ellos están dispuestos a donar el material. Ladrillo por ladrillo. Y piden a los visitantes que compren un ladrillo de 1 dólar y lo envíen por correo a su senador o congresista, para "ayudar a la causa".
Ahhh, pero claro: Si usted no tiene tiempo o ganas de ir hasta el Home Depot a comprar su ladrillo, o recogerlo del patio, no problem: Por una módica suma de $11.95 ("Only Eleven, Ninety-Five! Eleven Ninety-Five!", como en los comerciales) me ofrecen enviarle un ladrillo de los de ellos al senador de Texas, John Cornyn. Supongo que el precio varía según estado.
Y "para variar", también estos facilitan una carta para firmar y enviar a los senadores y congresistas, expresando su "cansancio de las fronteras abiertas, inmigración descontrolada, infiltración terrorista" (aunque los terroristas entraron con visa, conste).
Además, dicen estar cansados del "esparcimiento de enfermedades pandémicas, pandillas criminales de extranjeros, y todos los otros horrores que pueden surgir debido a nuestras fronteras indefensas".
Los Minutemen, por su parte, iniciaron su caravana hasta Washington. Y ya realizaron su "boicot" contra restaurantes mexicanos el 5 de mayo, en respuesta a las Mega-Marchas y protestas hispanas.
Esta "invasión" (real o inventada) también se ve en el terreno cultural, tradicionalmente el fuerte de los americanos en todo el mundo. El taco ya noqueó a la hamburguesa. La catsup no le duró ni pa'l arranque a la salsa. Y los grignos extremistas temen que la "pobrecita" cultura americana pronto se vestirá de "verde, blanco y rojo".
¿El invasor ahora tiene miedo de ser invadido? ¿La Doctrina Monroe ahora renació como la Doctrina Monroy?
No sería de extrañar que el siguiente paso de estos extremistas sea "armar a la población civil contra el invasor mexicano". (O ya lo están haciendo dicen, con los Minutemen).
¿Querrán pedirle asesoría a Fidel Castro y Hugo Chávez?

¡YA VOTÉ!
Este pasado jueves 4 de mayo de 2006, envié mi voto a la elección presidencial de México, desde Dallas, Texas.
El miércoles recibí por fin el paquete del IFE. Y es impresionante, muy profesional: Incluye un CD y un DVD con las propuestas de los candidatos, un saludo de ellos y más datos grabados en audio, video y multimedia; un librito con una presentación de cada uno, biografía, foto y un mensaje de cuatro páginas detallando sus objetivos. La boleta y una bandita para la muñeca donde dice que "Yo voté en las elecciones 2006".
Lo interesante es que también venía un sobre de porte registrado pre-pagado desde Estados Unidos, con los timbres y los sellos correspondientes, por valor de casi 9 dólares, para que enviara la boleta marcada. A cuenta del IFE, claro. El sobre está impreso con los logos del IFE en color café de ambos lados, por lo que no se puede ver el contenido a contra luz.
Mi esposa también recibió su boleta. Marcamos nuestros votos y los enviamos. En el correo me dieron mi recibo de envío, sin costo.
(Aunque la empleada de la oficina postal no sabía muy bien qué onda al ver el sobre. Tuvo que preguntar porqué venía con los sellos pegados y prepagados. Le expliqué que lo enviaba el gobierno de México, y la empleada de la ventanilla de al lado recordó que ya habían ido otras personas a depositar sobres iguales.)
Varios amigos de acá también me dijeron que habían recibido el paquete el mismo día que yo. Parece que los enviaron a todos al mismo tiempo.
Por cierto, me dio un gustazo votar pero también lo sentí una enorme responsabilidad, no solo cívica: Haciendo cuentas, el IFE gastó más de 120 millones de dólares en todo este proceso. Dividido entre los (apenas) 40,800 "paisanos" que se inscribieron, da un costo de casi 3,000 dólares por cada voto. (!!!!!!!!!!!!!)
O sea, esa boletita con el CD y el DVD y el librito que recibí en el correo, costaron más que mi carro.
Tan sólo en gastos de envío, el IFE gastó más de $346,800 Dls. (eso si todos los votos se hubieran enviado desde EE.UU. Hay que agregar lo que costó enviarlos desde Europa, Asia, África, Canadá o Sudamérica).
Para mí fue una bronca registrarme, pagar casi 20 dólares de envío, sacar copias de credencial, solicitud, recibos de luz, etc. Y luego esperar. Es por eso que veo este voto como un triunfo como persona y como mexicano que quería compartir con los lectores.
¿Que por quién voté? Baste decir que no iba a desperdiciar un voto tan carísimo, votando por "ése"...
Además, "El voto es secreto..."