viernes, abril 07, 2006

¿Estados "Desarraigados" de América?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Sabe usted que uno de los lugares más famosos y característicos de Texas, quizá muy pronto sea historia?
Este ícono apenas tiene 35 años de construído, pero su fama ya le ha dado la vuelta al mundo.
¿Porqué será historia? Pues porque seguramente lo derrumbarán.
¿Y porqué? Pues... por viejo.
Se trata del legendario Estadio Texas, donde el equipo de los Cowboys de Dallas tuvieron algunos de sus mejores momentos.
El famosísimo estadio (cuyo medio domo, explican los texanos, fue dejado inconcluso adrede para que "Dios pudiera ver jugar a su equipo favorito, los Cowboys"), ya es "inoperante", según los expertos. Está pasado de moda para las necesidades actuales. "Apenas" tiene una capacidad de 65 mil asientos.
Ya se está construyendo un nuevo estadio, con una capacidad para 75 mil personas, que se ubicará en Arlington, Texas, cerca de donde se encuentra el parque de béisbol de los Rangers.
El Estadio Texas es un anciano de 35 años, que ya amerita eutanasia.
¿Qué les pasa a los gringos?, se preguntará usted. ¿Qué hay con la tradición, la historia? ¿No merece el estadio ser preservado? ¿Qué pasó con la añoranza?
Para nada. Así es la mentalidad norteamericana. No importa el pasado, hay que ver siempre al futuro.
Para nosotros, los latinos, eso suena más a materialismo. Quizá, pero los anglosajones simplemente se encogen de hombros y sopesan los pros y contras: ¿Me conviene mantener esto o irme a otra parte? ¿Cuánto gano? ¿Cuánto pierdo?
Si el "gano" supera al "pierdo", la cosa se queda igual. Si es al revés, ya se pueden ir despidiendo de "tradiciones" y "añoranzas".
A lo largo de su historia, una de las facetas que más ha caracterizado a los estadounidenses es precisamente su movilidad. Para algunos historiadores, es este dinamismo lo que hace de los Estados Unidos un pueblo tan flexible, que siempre se adapta, a diferencia de muchos otros países que aún cargan con tradiciones y añoranzas, algunos de los cuales se vuelven lastres.
El gringo, en cambio, no es así.
¿Le ofrecen a un empleado americano una chamba en el otro lado del país? "No problemo": Empaca todos sus tiliches, y se larga. Punto. Sin mirar atrás. Sin dolerle el alejamiento de la familia, los padres, abuelos o la escuela donde tuvo su primera novia.
No hay vuelta de hoja.
O mucho mejor: En lugar de cargar con todos los tiliches, mejor los vende y se compra todo nuevo en su nueva ciudad.
(Porque, ¿quién diablos va a andar cargando con camas, televisiones y muebles? Aparte de que el flete sale más caro que comprar nuevo).
¿Cariño a la casa? ¿A los muebles, a la ropa? Para nada. Son cosas solamente, dicen. Siempre puedes comprar cosas nuevas y mejores.
Los europeos y los latinoamericanos, en cambio, vemos a los gringos como marcianos por portarse tan desapegados. Nosotros le tenemos un arraigo profundo a nuestras ciudades, a nuestros barrios, a nuestras tradiciones. Vaya, algunos si hasta soltamos llanto con moco y todo cuando tenemos que vender "nuestro Vocho".
No importa que lo vendamos porque nos vamos a comprar un carro más nuevo y mejor... Lo sentimos como una traición a "nuestro vochito", nuestro compañero de tantas batallas. Es más, si podemos, nos quedamos con el carro viejo y el nuevo.
("Si hay quienes dicen que no son tristes las despedidas, dile a quien te lo dijo, Cielito Lindo, que se despida...")
Para nosotros los latinos, estas cosas nuestras de todos los días son las que nos definen. Las que nos hacen ser "nosotros". O al menos, representan un momento querido de nuestro pasado. Botarlas a la basura implica negarlo.
En cambio, el gringo piensa al revés: Yo soy lo que defino mi futuro. No las porquerías que compro. (¡Y vaya que compran porquerías!)
Por eso es más fácil para ellos tirar un edificio antiguo (viejo, le llaman) y construir uno nuevo,antes que preservarlo.
¿La añoranza? Es anti-económica.
(Aunque hay excepciones, como la horrenda costumbre de mantener a toda costa el sistema métrico imperial de millas, pulgadas, pies y galones... cuando el resto del mundo ya usa el sistema métrico decimal. En esto los gringos han sido unos verdaderos cabezaduras.)
Claro, hay edificios y monumentos en Estados Unidos. Sobre todo en Nueva Inglaterra, cuna de la nación. Pero comparados con los de otros países, como México, son poquísimos, bastante nuevos... y feos, la mayoría.
Feísimos.
En Dallas, por ejemplo, se aferran a preservar —a un costo estratosférico— la única pieza histórica de la fundación de la ciudad. "El primer edificio de Dallas".
¿Qué es? ¿Una iglesia? ¿Un monumento? Para nada: Es una cabañita, de un sólo cuarto, hecha de troncos.
Y ni siquiera es la original: Se trata de una reproducción (que se cree más o menos "fiel") de la cabaña del pionero John Neely Bryan, fundador de Dallas.
Es lo más que llegan aquí. En cambio, si usted habla de cualquier otro edificio, no importa: Se derrumba, se construye uno nuevo y listo.
Vaya, a los norteamericanos ni siquiera les importa el lugar donde nacen, porque siempre se cambian. Los mexicanos, en cambio, nos dividimos en capitalinos (o "chilangos"), jalisquillos, regiomontanos, jarochos, y pare usted de contar. El lugar donde nacimos y crecimos es importante para nosotros: Nos influye nuestra manera de ser, nuestros gustos y disgustos. Nos "define".
Por ejemplo, yo siempre me he considerado tampiqueño, aunque ya llevo casi una década viviendo fuera de Tampico.
Mi mamá me lo dijo en una carta, cuando le contaba mis añoranzas por el terruño: "A Tampico no te lo puedes quitar de encima porque lo tienes incrustado en el alma".
Sin embargo, cualquier americano que me conozca y sepa que llevo aquí casi diez años, se encogerá de hombros, y me aclarará que soy un "Texan".
O más precisamente, un "Dallasite" (habitante de Dallas).
Para los gringos la cosa no es de añoranza, de terruños ni de almas: Tú eres no de donde naces, sino de donde ERES. Punto.
Del lugar donde vives, donde tus hijos van a la escuela, donde te ganas el pan, donde tienes triunfos y fracasos.
¿Y el lugar donde nací?, me pregunto, como buen mexicano (y tampiqueño). Ése, para los americanos, no es tan trascendente. Quizá tu "Hometown" te haya definido en la niñez, en tu pasado. Pero el futuro te lo labras tú. Donde quieras serlo.
No es de extrañar que en Estados Unidos, la gente haya vivido en una o varias ciudades a lo largo de su vida. Y no es raro que la mayoría termine enterrada a miles de kilómetros del pueblo donde nació. Así, sin más.
Sin añoranzas ni vuelta de hoja.
Vi el otro día una calcomanía pegada en una defensa de una camioneta en Dallas. Traía orgullosamente la bandera de la "Estrella Solitaria". Y decía: "Yo no nací en Texas... pero me vine para aca lo más rápido que pude." Muy típico y cierto.
Me acordé de una frase que le atribuyen a Ronald Reagan: "Tú puedes ir a Francia y vivir toda tu vida allá, pero nunca serás francés. Puedes irte a Japón para siempre y jamás serás japonés. En cambio, si vienes a Estados Unidos, siempre te puedes sentir norteamericano."
No importa que "no lo seas".
LLEGÓ NUESTRA CITA CON LA HISTORIA
Cada comunidad en este país tiene su momento decisivo.
Para los afro-americanos, fue en los sesentas, con Martin Luther King y su lucha por los derechos civiles.
Para los hispanos, seguramente será este domingo, con la "Mega Marcha" que se realizará en varias ciudades de Estados Unidos, para pedir la legalización de los millones de indocumentados.
Este será un día que quedará en la historia.
Algunos se han quejado de que, a diferencia de los afro-americanos, los hispanos carecemos de un líder visible que encabece el movimiento a nivel nacional. Es cierto.
Con nosotros, no habrá una figura central que acapare las cámaras o los micrófonos, como lo logró hacer magistralmente el Dr. King en favor de su gente.
Por eso, la responsabilidad recaerá en usted y en mí. En todos nosotros, los que acudamos a la marcha.
Todos los ojos del país y del mundo estarán fijos en en lo que hagamos o no este domingo.
Por eso, hay que estar a la altura. Demostrarles a los que nos acusan de criminales que están equivocados.
Que somos dignos de que este país al fin nos acepte como ciudadanos de primera.
Lo que hagamos en la Mega Marcha quedará grabado en video, película y fotografías para la historia.
Y dentro de veinte, cincuenta o cien años, nuestros hijos y nietos leerán de este día en los libros de historia de Estados Unidos.
Llegó nuestro momento.
Estamos preparados.

1 comentario:

  1. tienes razon en lo que dices, actualmente vivo en alemania y es mas o menos la misma historia, pero en estados unidos es mas fuerte por lo que se, pero pienso que estas economias tienen pequenos auges en diferentes partes del pais, cosa que no sucede mucho en mexicoy esto hace que mucha gente se mueva por custiones de oportunidades,desgraciadamente en mexico solo en el df significa prosperidad, lo demas suena a atraso.Aunque es verdad que aparte nosotros somos mas arraigados a neustro terruno, es tal el extremo que lo veo perjudicial.
    Bueno felicidades por el post, ya puse un vinculo de mi blog al tuyo como te habia dicho, un saludo

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