viernes, abril 28, 2006

El debate migratorio en EE.UU.: "Si no estás conmigo, estás contra mí"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Este lunes será el Boicot Nacional Hispano en Estados Unidos.
La semana pasada muchos lectores me escribieron criticándome por "no apoyar" el movimiento en favor de los indocumentados.
No hay tal. Nosotros nunca dijimos que no apoyábamos el movimiento.
Lo que tenemos duda es que el boicot comercial de los hispanos (y los mexicanos) vaya a tener un efecto benéfico en la causa.
El ambiente sobre el tema migratorio en Estados Unidos está muy caldeado, muy radicalizado. Para mucha gente sólo hay "buenos" y "malos".
Los anti-inmigrantes piensan que ellos son "los buenos", mientras que los que apoyan legalización de indocumentados son "los malos".
Los "buenos", dicen ellos, son Patriotas. Son "Grandes Americanos". "Gente que Ama a Su País". Los "malos", dicen, son "Antipatriotas, Enemigos de Estados Unidos, Terroristas en Potencia".
Entre los defensores de los inmigrantes es al revés: Ellos se creen "los buenos". Y todos los que no opinen igual son "los malos".
O sea, los que apoyan a los indocumentados son "Compasivos, Humanos, Realistas, Pro-Diversidad Étnica, Pro-Hispanos, Pro-Mexicanos'. En cambio, los "malos" son "Racistas, Anti-Mexicanos, Anti-Hispanos, Retrógradas, Nazis".
Si usted se topa en la calle con cualquier miembro de uno u otro bando, lo primero que le preguntarán es: "Tú, ¿con quién estás?"
Si usted disiente en algo (en lo más mínimo), entonces automáticamente es "Enemigo". Si usted apoya proteger las fronteras para que no entren terroristas, pero está de acuerdo en que den papeles a los indocumentados, entonces ya no cabe en ninguna de las dos denominaciones. Es un "traidor" en potencia para ambos bandos.
Para estar en uno u otro uno no debe disentir en nada. Debe creer ciegamente en TODOS los preceptos de "su" bando. Si no, entonces usted no es "congruente".
Y la cosa no es así.
Este debate es tan explosivo, que cualquier extremismo puede encender una chispa devastadora para todos.
No se trata de un asunto de blancos o negros totales, hay muchos grises.
En estos casos, la mejor solución es una media tinta. "Ni tú ni yo... pero contigo y conmigo."
Eso se llama diplomacia, concertar. Dialogar. Hacer política (de la buena).
Negociar, al fin.
Y para negociar, ambos lados deben ceder un poco, para obtener algo. Caminar desde nuestros extremos opuestos para encontrarnos en un tramo en medio, donde ambos salgamos ganando.
Yo apoyo la legalización de los indocumentados, PERO al mismo tiempo pienso que hay que evitar que entren terroristas al país.
Y terroristas de a deveras, no inmigrantes que vengan a trabajar. (Los radicales los echan a ambos en el mismo saco, injustamente.)
Apoyo que den papeles a la gente que lleva tiempo en Estados Unidos, con familia, un empleo y sin antecedentes penales.
PERO, pagando los impuestos debidos, las multas que se impongan, que se pongan en la fila para hacer todos los trámites que les requieran y que los inmigrantes comprueben su deseo de aprender inglés (aunque en su casa hablen español) e integrarse a su nuevo país.
También apoyé las Mega-Marchas. Estuvieron bien. Perfectas. Impactantes.
Cumplieron su cometido: Mucha gente se dio cuenta que existimos. Que necesitamos que nos escuchen.
Sobre todo políticos que se bajaron de su nube y se dieron cuenta que los latinos son algo más que la nana que cuida a sus hijos, o el jardinero que le corta "la yarda".
Los políticos ya tomaron nota. Se pusieron a trabajar. El Senado va a aprobar una reforma, y va a pasarla al Congreso.
El presidente Bush ya dijo que la quiere aprobar, y está dispuesto a concertar con el ala "dura" de los republicanos para darle para adelante.
Ahora toca negociar. Cabildear. Viene la pate diplomática del asunto.
No se puede sostener un movimiento con puras tácticas de choque, debe haber una estrategia política. Se trata de lograr nuestro objetivo, no de salir bien en la tele.
A las pancartas debe seguir la mesa .
Y para esto necesitamos dar una imagen positiva, una imagen de que queremos ser parte de este país, beneficiarlo. No dañarlo.
Que de verdad queremos ser norteamericanos.
Seguir en plan de protesta, boicot y manifestaciones puede dar una imagen negativa más, a las tantas que ya nos inventan de por sí.
Se corre el riesgo de chotearlo, como en el DF, donde muchos grupos ya no saben ni porqué marchan.
En este caso es innecesario, porque como dijimos, hay disposición de los poderes Ejecutivo y Legislativo para hacer algo a nuestro favor. Los que están en contra de una reforma migratoria son una minoría muy radical y muy escandalosa, que buscan salir en CNN y en Fox News y en los blogs porque son sus únicos recursos.
Pero los gringos no son de palo. Son humanos. Y como tales, pueden reaccionar si se sienten agredidos. No se trata de aumentarles la clientela a los extremistas, sino de atraer simpatías a nuestra causa.
Nosotros podemos demostrar que no nos rebajamos a su nivel, que queremos mantener el diálogo a otro nivel.
(¿Cuánta gente va a perder su trabajo por el boicot, cuántos van a ser afectados por las medidas en contra de los inmigrantes que seguirán?)
Además, tenemos aún mucho por hacer todavía para cantar victoria.
Por ejemplo, votar. Los que sean ciudadanos, claro.
Los hispanos casi no votamos. Ni siquiera estamos empadronados.
Debemos votar. Inscribirnos en el padrón los que seamos ciudadanos. Si usted no lo es, quizá tenga un hijo o hermano o primo que sí (y que seguramente ahora no vota).
Ya empujamos la bola de nieve. Ya se está haciendo grande. Pero ahora necesitamos dirigirla hacia donde queremos que caiga. Si la seguimos empujando corremos el riesgo de desbaratarla. O de que nos caiga encima.
Viene a mi mente la anécdota de un juez de la tele: Cuando un abogado iba ganado su caso, el juez se puso de su lado. Iba a fallar en su favor, todo estaba muy claro. Pero el abogado seguía hablando, y hablando y hablando. Hasta que el juez le rezongó: "Cállate, que vas ganando"
Nosotros ya tenemos bastantes enemigos a los que les encantaría vernos aplastados abajo de la bola de nieve que iniciamos.



"MEXICANS AT THE CRY OF BATTLE..."

Otro escándalo que podría ser una piedra en el zapato del movimiento pro-legalización de los inmigrantes, es la idea de una empresa disquera de sacar una versión bilingüe (español e inglés) del himno nacional de Estados Unidos, "The Star-Spangled Banner" (La Bandera de las Estrellas).
El productor del disco, Adam Kidron (un inglés que se especializa en temas de reggaeton y hip-hop) contrató a artistas como Olga Tañón, Carlos Ponce y dicen que hasta Gloria Trevi para intepretar el tema, titulado "Nuestro Himno".
El asunto no es tan grave, pero ya los mismos gringos radicales y extremistas que mencionamos pusieron el grito en el cielo. (Le están diciendo el "Star-Spanglish Banner"
Los críticos dicen que es una idea horrenda. Pero no por cuestiones artísticas, sino por el tema de la inmigración ilegal. Piensan que los hispanos, después de darles un "estáte quieto" con las marchas, ahora nos estamos burlando de ellos.
Y nosotros ni en cuenta.
Dicen que los musicos que compusieron esas patrioticas canciones (el Star Spangled Banner, y el God Bless America) estarian revolcandose en sus tumbas si supieran de esto.
Afirman que si a los franceses les tardujeran su himno, La Marsellesa, al inglés, lo considerarían un insulto.
Pero no ha sido la primera vez que el himno de EE.UU. ha sido traducido. Hay cinco o seis traducciones al español, la primera realizada en 1916. Algunas fueron hechas por hispanos, pero otras por anglos. Y nadie dijo nada.
Y sobre el himno de Francia, al contrario: La Marsellesa la han tocado hasta Los Beatles (¿Se acuerda? "All you need is love... All you need is love... Love... Love is all you need...")
De hecho, para muchos jovencitos, las primeras notas de La Marsellesa la identifican más con Lennon y McCartney que con "Liberté, Égalité, Fraternité".
Me acuerdo que el himno francés también lo escuché de niño en las caricaturas de la Pantera Rosa, donde salía El Inspector ("¡Sarg-gento Dodó!")
De hecho, la música del Himno Nacional Mexicano ni siquiera fue escrita por un mexicano de nacimiento, sino por un español, Jaime Nunó. Y sus descendientes le vendieron los derechos de la música a un productor musical de Estados Unidos, que planeaba cobrarle derechos al gobierno de México cada vez que una primaria en México lo interpretara en una asamblea.
Vaya, incluso hasta escuché la música de Nunó de fondo en la película "Jumanji", en la escena en que el cazador malo va a comprar escopetas a una armería, para agujerear a Robin Williams.
No fue una escena muy patriotica ni positiva que digamos. Pero nadie hizo escándalo.
Volviendo al tema del productor inglés: Al ser entrevistado, respondió a la AP que no sabía cuál era el problema por traducir el himno al español, si el Star Spangled Banner después de todo es una copia de una vieja canción de cantina de origen inglés.
De hecho, no es la primera vez que cambian el himno americano.
Equipos como los Bravos de Atlanta (béisbol) y los Dallas Stars (hockey sobre hielo) lo interpretan a su modo durante sus juegos, cambiándole la letra para que coincida con el nombre de sus equipos. ("Oh, say does that STARS!-spangled banner...".)
Algo similar hacen los Cachorros de Chicago, los Orioles de Baltimore y varios equipos más.
Ha sido traducido el himno nacional mexicano al inglés? Claro. Varias veces.
Y comienza así:

"Mexicans, at the cry of battle/
prepare your swords and bridle;/
and let the earth tremble at its center/
at the roar of the cannon."
"Sobre el "God Bless America" ("El Segundo Himno de Estados Unidos"), los extremistas tampoco están correctos. No fue un americano "puro" el que lo escribió, sino un judío... Y nacido en Rusia.
Los gringos están en su derecho de protestar, supongo. Pero pienso que sobrereaccionaron. Le dan demasiada importancia a algo que no lo tiene.
Y seguro eso es lo que busca el Sr. Kidron: Controversia para vender discos.

e-mail: cfzap@yahoo.com
http://cesarfernando.blogspot.com

viernes, abril 21, 2006

¿Piensa usted boicotear productos "americanos"... Made in China?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Usted se va a unir al boicot del 1 de mayo contra productos de Estados Unidos?
Recibí un mensaje el otro día, "invitándome" a unirme al boicot, "en defensa de los derechos humanos de los mexicanos en Estados Unidos".
(Claro, mencionaba también el racismo de los gringos, y el odio hacia los hispanos y todo... Nunca hablaba del motivo real del boicot en Estados Unidos: Lograr una reforma migratoria que les dé papeles a los indocumentados.)
Lo curioso es que el correo se distribuye en México. No en Estados Unidos. Aparentemente la gente al sur de la frontera también quiere tomar parte en el movimiento.
Organizaciones defensoras de los inmigrantes llamaron a los hispanos en Estados Unidos a no acudir a trabajar, ni comprar nada el 1 de mayo, para demostrar el poder económico de la comunidad latina, y presionar para lograr una reforma migratoria.
Pero en México, la gente se va a unir a este llamado boicoteando productos americanos.
Por internet, prensa y televisión se llama a los mexicanos a no comprar en las cadenas de comercios de Estados Unidos, como Wal-Mart, McDonald's, Burger King y tantas más.
El problema es que esta medida, pensada como una demostración del poderío hispano, y sobre todo mexicano (ya se le está llamando "Un Día Sin Mexicanos"), no fue bien organizada, y muestra varios defectos. Defectos que al final podrían resultar contraproducentes.
Primero, se decidió un día bastante malo para el boicot: El 1 de mayo. Según, porque simboliza "El Día del Trabajo".
Bueno...
¿Cómo van a apoyar en México un boicot ... en un día festivo? ¿No yendo a desfilar? ¿No yendo al parque, al cine?
Si de verdad hubieran querido que causara efecto, ¿no hubiera sido mejor hacerlo en un día laboral? Para que se viera la diferencia, al menos.
(Ahora, a la mejor lo hicieron adrede, para no "quemar" un día festivo.)
Segundo, en Estados Unidos el Día del Trabajo no es el 1 de mayo, sino en septiembre. Casi ningún americano sabe el "significado" ni el "simbolismo" del 1 de mayo. Y los pocos que lo saben, lo relacionan no con las huelgas de trabajadores de Chicago —su verdadero origen—, sino con los desfiles militares de la Rusia soviética frente al Kremlin.
O sea, no es una imagen muy democrática ni libre que digamos.
Tercero, las propias organizaciones hispanas en Estados Unidos no se ponen de acuerdo en apoyar o no el boicot. Muchas llaman a unirse, pero otras no. Y las que se oponen son, precisamente, las que organizaron con gran éxito las marchas de miles de personas a principios de este mes.
Arguyen —no sin cierta razón— que un boicot dará una imagen negativa de los hispanos. Nos hará parecer más deseosos de un enfrentamiento con los anglos más que de una concertación. Y claro, eso les dará municiones a los anti-inmigrantes que ven a los mexicanos como terroristas en potencia, que lo único que queremos en dañar a Estados Unidos, antes que integrarnos al país por las buenas.
(Conste, no es darles la razón a los anti-inmigrantes. El punto es que estos grupos son escándalosos y fanáticos, y lo único que buscan son excusas para hacer ver a los mexicanos como delincuentes. No ven razones, lo que buscan son los reflectores para "exhibirnos", aún sin motivo. Cualquier acto medianamente "hostil" contra Estados Unidos es darles municiones.)
Además, faltar a trabajar será un riesgo enorme para los indocumentados, quienes de por sí se las ven duras para encontrar chamba. Y lo que muchos empleadores abusivos están esperando es una excusa para correrlos y conseguirse otros indocumentados.
Cuarto, para que de verdad un "Día Sin Mexicanos" haga sufrir a la economía de Estados Unidos, lo que se necesitaría será... precisamente desaparecer a TODOS los mexicanos. Y los latinos en general. Así, de golpe y porrazo, como pasó en la película de Sergio Arau.
Porque, no importa qué tanto se "invite" o se "concientice" a la gente a participar... Siempre habrá personas que no podrán unirse al boicot, por mucho que quieran. Y al final, eso diluye cualquier esfuerzo.
Para que el movimiento tenga éxito, no basta con que "muchos", o "unos cuantos" inmigrantes participen. Se necesita que NADIE vaya a trabajar ni a comprar. Como ocurrió con el boicot que la población negra hizo en 1955 contra la compañía de autobuses públicos de Montgomery, Alabama: Durante un año ningún negro usó los autobuses, en protesta por el arresto de Rosa Parks, la mujer de color que "osó" sentarse en el área "para blancos" de un autobús.
La población negra hizo un esfuerzo conjunto: Todos se iban caminando a sus trabajos, o los que tenían carros llevaban a los que no. Al final, la empresa de autobuses quebró, y las leyes de segregación debieron desaparecer.
Pero eso se logró gracias a que TODOS participaron. No dieron tregua, a pesar de que sufrieron: Mucha gente fue despedida, fueron incluso atacados físicamente y arrestados por la policía por apoyar el movimiento. Pero ni así cedieron. La unión sí hizo la fuerza.
Dudamos que todos los inmigrantes hispanos participen en el boicot, a ambos lados de la frontera. Y eso dará el mensaje de que no somos unidos como comunidad, y no causará el efecto deseado.
Ya pasó una vez, hace apenas días.
Durante el tan anunciado "Día de Ni un Centavo". El 10 de abril se suponía que ningún inmigrante iba a gastar ni un centavo en Estados Unidos, en apoyo a una reforma migratoria. Todas las organizaciones lo publicitaron con bombo y platillo, quizá como un experimento previo al 1 de mayo.
Sin embargo, el día en que se suponía que Estados Unidos iba a "sufrir" el poder hispano en el bolsillo, las tiendas estaban llenas. La gente salió a comprar. Hubo muchos quienes fueron a trabajar. El país no se paralizó. Los gringos trajeados no anduvieron cortando el pasto, ni sus elegantes esposas tuvieron que barrer ni cuidar a sus hijos, como se muestra en la película.
Según un estudio de la Universidad de Carolina del Norte, durante el "Día de Ni un Centavo", los hispanos apenas causaron una pérdida de 5 millones de dólares en los ingresos de Estados Unidos.
Cinco millones de dólares no es nada, apenas un suspiro en un país que tiene un producto ingreso bruto de más de 34 mil millones de dólares diarios, según el FMI.
Quinto, como mencionamos en una columna anterior, dudamos que la gente de México pueda "apretarse" el cinturón y dejar de comprar productos gringos, o ir a Wal-Mart, o tomar Coca-Cola.
Claro, unos cuantos izquierdistas y globalifóbicos lo van a hacer... Pero eso no es novedad, siempre lo hacen y no pasa nada. (Al menos siempre lo hacen cuando hay cámaras y micrófonos presentes. Vaya usted a saber lo que hagan cuando están a puerta cerrada. Seguro ven "Friends" y comen Cheetos).
El resto de la población en México va a batallar más para unirse al boicot... si es que les interesa. Lo cual dudamos.
Y aunque lo hagan, ¿cuánta gente se unirá? Si los hispanos en Estados Unidos (que somos a los que más nos debería importar el asunto) apenas pudimos hacerle un rasguñito de 5 millones de dólares a la economía americana, ¿qué podemos esperar de México? Se supone que los 30 millones de aca tenemos un poder de compra dos o tres veces superior al de los 100 millones de allá.
Pero de todas maneras, poniéndonos optimistas y supongamos que sí se va a lograr un boicot completo de toda la gente de México contra los gringos... ¿qué van a boicotear?
¿Productos "americanos" en Wal-Mart, como dice el correo electrónico que se distribuye desde hace días?
Mmmmhh, hace rato que no voy a Wal-Mart en México, pero hasta donde sé, la mayoría de los productos que venden allá son... mexicanos.
Aunque tengan nombre gringo, o sean franquicias de Estados Unidos, se trata de empresas mexicanas, con dueños (o co-dueños) mexicanos, que dan trabajo a mexicanos.
Y si boicotean a Wal-Mart en México, por ser filial "imperialista"... Bueno, hasta donde ví, TODOS los empleados (desde las cajeras hasta los gerentes) son mexicanos. Gringos no hay.
O los tienen bien escondidos.
Vaya, incluso si los propios hispanos dentro de Estados Unidos quisiéramos boicotear productos americanos que se venden en los Wal-Mart de aca, batallaríamos: Casi el 99% de lo que vende Wal-Mart está... ¡Hecho en China!
¿Boicotear McDonald's en México? Suena bien. Se trata de la táctica anti-imperialista por excelencia.
Pero McDonald's funciona por medio de franquicias: O sea, el corporativo "alquila" el nombre y el logo a quien quiera poner un changarro de hamburguesas en cualquier parte del mundo... Por una buena feria.
Así que antes de que vaya usted a apedrear ese McDonald's frente a la Plaza de Oaxaca, acuérdese de que el dueño (y los empleados) son todos mexicanos. Y sus familias dependen de ese negocio.
¿Los dueños gringos e "imperialistas"? Esos están en Estados Unidos, tranquilitos. Ellos cobran su franquicia en dólares, no importa si el franquiciatario mexicano quiebre o no. Tenga boicot o no. Tenga o no para pagarle a sus empleados.
A ellos les vale que un mexicano les quiera "enviar un mensaje"... porque ni siquiera lo van a oír.
Dicen los que organizan el boicot que hay una lista de productos "americanos" que no se podrán comprar el 1 de mayo, entre ellos pañales Pampers, pasta Colgate, rastrillos Gillette, papel Regio, jabón Palmolive, detergentes, desodrantes, shampoos y hasta toallas sanitarias.
Mmmhhh, si leen en las etiquetas de esos productos, casi todos se hacen en plantas de México, por obreros mexicanos, y los distribuyen empresas mexicanas. Ninguno se importa desde Dakota del Norte o Massachusetts.
(Suena bien de todas maneras, de lograr boicotearlos. Pero más me suena como una excusa de los globalifóbicos pa' no bañarse ese día).
Todas estas propuestas me recuerdan la anécdota del obrero americano que estaba indignado por la "invasión" de productos japoneses en Estados Unidos, y los despidos que sufrían los trabajadores de su país porque las fábricas se cambiaban a China o México.
En un arranque de patriotismo, llamó a sus amigos y a los medios para no adquirir productos "extranjeros". Él mismo iba a poner el ejemplo, boicoteando carros deToyota, Honda y Nissan, y obligar a su familia a comprar autos "nacionales" , como Ford, Chevrolet y Dodge.
Suena muy bonito. El problema es que las fábricas americanas de autos ya casi no fabrican vehículos dentro de Estados Unidos. Muchas de las unidades se hacen en México o en otras partes, por cuestiones de costos.
En cambio, las marcas "extranjeras" como Toyota están invirtiendo miles de millones de dólares en instalar fábricas dentro de Estados Unidos, y pagando excelentes salarios a obreros americanos.
Entonces, ¿quién sale perdiendo con un boicot así?
En un mundo tan "globalizado" (nos guste o no) ya nadie sabe si al disparar al aire nos damos a nosotros mismos en el pie.
Hace poco, el famoso conductor de TV de Estados Unidos Jay Leno mencionó que Irán anunció que iba a "darle una lección" a Estados Unidos, boicoteando sus productos.
Carcajeándose, Leno comentó sarcástico: "¡Ja-ja! En esto sí que ya les ganamos: ¡En Estados Unidos ya no se produce NADA!"

viernes, abril 14, 2006

La Mega Marcha: "Hoy marchamos... Mañana, votamos"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Cómo se siente estar en mitad de una multitud de medio millón de personas?
El domingo 9 de abril lo averigüé.
Fui a la Mega-Marcha que juntó medio millón de inmigrantes y sus familias en Dallas.
Lo primero que noté al llegar a la explanada de la Alcaldía de Dallas, donde iba a ser la protesta, fueron los helicópteros. Muchos helicópteros en el cielo.
Uno, dos, tres... cuatro helicópteros de las noticias sobrevolaban la explanada. Las calles de los alrededores estaban cerradas al tránsito, por lo que me debí estacionar más lejos y caminar.
El lugar estaba tranquilo. Era la 1 de la tarde y la marcha apenas estaba comenzando a unas cuadras de allí, en la Catedral Santuario de Guadalupe.
La Alcaldía —el edificio que se hizo famoso como sede de la OCP en la película Robocop— estaba rodeada de policías. Muchos. Cientos de ellos.
Esto, y los helicópteros volando sobre mi cabeza, me hicieron recordar incómodo los relatos de la Noche de Tlatelolco, previos a la matanza.
Pero aca era distinto. Los policías no tenían un pañuelo blanco en la mano, ni andaban armados. Sólo con macanas. Habían algunos elementos antimotines (con escudos de plástico, casco y todo), pero estaban ocultos.
Los demás policías, iban en manga de camisa. Y más que vigilar, parecía que andaba de kermess: Platicaban unos con otros, se recargaban en una pared, se secaban el sudor.
"¡Paletas! ¡Paleeeeeeeeeeetas!", gritaba un paletero frente al edificio. Era el típico paletero mexicano de pueblo: Morenito, bajito, con gorra y tenis. Traía chicarrones, una botella de salsa roja, y su bolsita de feria. Parecía que lo habían transportado a la velocidad de la luz de alguna fiesta de pueblo en Michoacán o Guanajuato, hasta Dallas, Texas.
Y habían varios vendedores más: Dulceros, garnacheros, vendedores de banderitas. Aquello era una romería.
Nadie puede acusar a estos vendedores de ventajosos. Después de todo, ¿no es el espíritu empresarial parte del modo de vida americano?
Había poca gente a esa hora tan calurosa en el "City Hall". Pero los que estaban, casi todos vestían camiseta blanca (símbolo de paz)... y llevaban banderas de Estados Unidos. Grandotas, chiquitas, medianas.
Una adolescente, seguramente mexicana, llevaba las barras y las estrellas tatuadas en la frente.
Los pocos gringos que habían también se habían unido a la causa, con sus camisetas blancas y sus banderas. Algunos estaban repartiendo folletos de apoyo al Partido Demócrata. Agarré uno y lo leí: Estaba en español, y venía pintado con colores verde blanco y rojo. Traía el mapa de México y Texas unidos como un sólo país.
"Tu voz cuenta. Asegúrate que te escuchen. Vota DEMÓCRATA en el 2006".
(Avorazados, los nenes. Lo irónico es que fueron los demócratas los que bloquearían, días después, la propuesta de amnistía migratoria en el Senado. En fin, al menos tuvieron el tino de hacerse presentes en la Mega Marcha, a diferencia de los republicanos a quienes todavía no les entra en la cabeza que los republicanos "naturales" somos los hispanos... si nos dejaran votar).
En medio de la romería, estaba un tipo, solitario. Traía una pancarta de cartón que exhibía en alto. Decía: "La Protesta por los Salarios Bajos".
(Traducción: Más inmigrantes equivalen a menos salarios para todos.) Nadie lo pelaba.
En contraesquina a la alcaldía estaban los anti-inmigrantes. Los que protestaban contra la protesta.
Eran apenas unas diez almas. Dos mujeres, rubias, delgadas, muy guapas, llevaban sus pancartas desafiantes: "No Más Ilegales". Vestían pantalones de mezclilla y blusitas verdes camuflajes.
Las acompañaban tipos que parecían salidos de la película Rebelde sin Causa: Panzones, barbones, lentes oscuros, paliacate cubriéndoles la cabeza, y chalecos de cuero.
No podían hacer mucho ruido, porque los rodeaban veinte policías para "protegerlos" de cualquier agresión.
En medio de la plaza, golpeteo de tambores e instrumentos prehispánicos. Un grupo de bailarines recreaban danzas aztecas, incas y mayas... vestidos de mezclilla, tenis y camisetas estilo hip-hop. Y hablando en inglés.
(¿Será esto lo que significa "La Raza Cósmica"?)
La gente comenzó a llegar, poco a poco. Hombres, mujeres, niños. Muchas mujeres solas, cargando dos, tres, cuatro chiquillos de la mano. Y aparte, empujando una carreola con biberones, botellas de agua... y la infaltable bandera americana.
Para cuando se llenó la plaza, la música ya sonaba en los altavoces a todo volumen, llenando el centro de Dallas con la patriótica: "Dios bendiga a América".
Todos los que llevaban —blancos, morenos, cobrizos, indios, negros, mujeres, niños, adolescentes— la comenzaron a corear, de tal manera que cuando concluyeron las últimas estrofas, ya no se podía escuchar la grabación por las voces de millones de almas cantando.
"¡God bless America... God bless America... My home, sweet, hoooooooome!".
Esta vez la bandera de México brillaba por su ausencia. Algunas personas la llevaban, claro. Pero hasta donde dí, en la marcha de medio millón de gentes, las tricolores se podían contar con una mano, y todavía sobraban dedos.
Un tipo llevaba una bandera con dos caras: De un lado, la mexicana, y del otro la de Estados Unidos. Había cosido ambas banderas para formar una doble.
Un grupito llevaba un cartón con logo y escudo que decía: "Escuadron 201, Fuerza Aérea Mexicana", y la bandera de México y Estados Unidos.
Un muchachito joven, bigotón y con montones de joyas, llevaba una camiseta blanca que decía con letras negras y el logo del águila "Hecho en México".... pero cargaba orgulloso una banderota americana más grande que él.
"¡Hoy marchamos! ¡¡¡Mañana, votamos!!!", gritaban los organizadores de la marcha desde el estrado, ante el coro de "Vivas" del respetable.
Desde el comienzo de la marcha, calles atrás, habían voluntarios repartiendo formas para que la gente las llenara. "Son registro de votantes, estamos ayudando a las personas que sean ciudadanas a registrarse para votar en las próximas elecciones", informó una de las voluntarias, mientras repartía las formas. Vale decir que la gente le aceptaba las hojas, y ahí mismo se ponía a llenarlas.
Ya juntos en la explanada, miles y miles de personas se apretujaban como podían. Llenaron las calles adyacentes a la acaldía y ni así. Apenas podía uno moverse, ya no digamos caminar.
El acto comenzó con un canto a coro de todos los presentes, recitando las siglas USA en inglés: "¡Iu-Es-Ei! ¡Iu-Es-Ei! ¡Iu-Es-Ei!"
Más arriba, en los techos de los edificios de al lado, y en una tarima especial, una veintena de camarógrafos y reporteros de los canales en inglés, trataban de contar el mar de gente. Nadie nunca había visto algo igual.
Vaya, ni siquiera la famosísima marcha por los derechos civiles encabezada por Martin Luther King, en 1963 en Washington logró reunir tanta gente.
"¡Medio millón de personas! ¡Medio millón de personas!", gritaban al micrófono los organizadores. La policía de Dallas había dado un estimado de los asistentes. Los cálculos más optimistas esperaban reunir de 20 mil a 120 mil personas.
Fue más del doble. Medio millón. Una ciudad de tamaño mediano en México, como Torreón o Mexicali. Completa.
Comenzaron el acto con un grupo de niños en edad escolar, quienes recitaron la Pledge of Allegiance, el juramento a la bandera de Estados Unidos.
Sus vocecitas apenas se escuchaban a pesar del micrófono y los gigantescos altavoces en la explanada:
"I pledge allegiance, to the Flag of the United States of America, and to the Republic for which it stands..."
("Yo juro lealtad a la bandera de los Estados Unidos de América, y a la república que representa...")
La gente seguía las palabras, seguro de oídas, pero de manera respetuosa, y con la mano puesta en el corazón.
"...One Nation under God, indivisible, with liberty and justice for all."
("...Una nación, bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos".)
Mexicanos, centroamericanos, sudamericanos, asiáticos, europeos... De todos los rincones del mundo, le juraron lealtad a la bandera y al terminar, en la última parte "...y justicia para todos", el coro se volvió más fuerte y entusiasta. Terminaron en aplausos y vivas.
"¿¡Porqué estamos aquí!?", gritaba en el estrado el abogado, ex concejal de Dallas y ex representante estatal Domingo García. "¡La razón que estamos aquí... es porque queremos SER AMERICANOS!".
La gente gritó en aprobación. Medio millón de gargantas dijeron que sí.
"¿Qué queremos?", gritaba el tipo al micrófono. La multitud no lo hizo esperar:
"¡SER AMERICANOS!"
La bandera de Estados Unidos siguió en lo alto.
Steve Salazar, concejal de Dallas, no se fue por las ramas: "Mi papá vino aquí de ilegal. Acá conoció a mi mamá, acá se casó. Acá tuvo a sus hijos... Esperó 35 años, pero murió ciudadano americano."
"Antes, nuestro sueño era regresar a México. Ahora, es quedarnos aquí. Hacer el futuro de Estados Unidos... ¡Para que en 20 años, nuestros hijos no tengan que estar aquí, marchando!"
Héctor Flores, presidente de LULAC, la organización pro-latinos más fuerte en Estados Unidos, fue aún más claro y duro: "(En septiembre 11 del 2001), 19 personas atacaron a este país. ¡Pero ninguno de ellos se apellidaba Rodríguez, ni Martínez ni González!"
"Vamos a cambiar este país, esta marcha ya es historia. Uno de nuestros hijos será alcalde de esta ciudad. ¡Y vamos a llegar hasta la Casa Blanca! Y nadie se va a burlar de los latinos".
Los discursos eran interrumpidos por vivas, hurras y aplausos. Y de cuando en cuando, metían una canción en el equipo de sonido. Las coplas de los Tigres del Norte retumbaron en todo el "downtown" de la ciudad texana:
"De paisano a paisano / Del hermano al hermano / Por querer trabajar / Nos han hecho la guerra / Patrullando fronteras / No nos pueden domar."
Ya eran las 2 de la tarde, y muchos estaban sufriendo bajo el inclemente sol texano. Parecía que el sol estaba del lado de la Migra.
Pero la gente aguantaba.
Gritaba alguien al micrófono en un discurso: "La gente dice que nosotros los inmigrantes venimos a quitarles el trabajo a los americanos..."
Una voz en el público grito: "¡Pos si no quieren ni trabajar!", ante la risa de todos los que lo rodeaban.
José Ángel Gutiérrez, profesor universitario y activista chicano desde los tiempos de César Chávez, se quemaba las manos por tomar el micrófono. Cuando se lo dieron, no perdió tiempo y tiró las máximas que tenía listas desde los sesentas: "¡El primer ilegal en Texas fue Sam Houstooooooooon!"
Aplausos. Vivas. Banderas.
"¡Este es nuestro país! Los 25 millones de mexicanos aquí tenemos un ingreso superior a los más de 100 millones que se quedaron en México. Hagamos valer ese poder", instó en medio de cantos.
"¡This is the greatest country in the world!", gritaba alguien más. ("Este es el mejor país del mundo").
A las 3:15, la gente se comenzaba a ir. Largas filas de personas seguían entrando a la explanada, de las calles de al lado. Medio millón de personas no entran fácilmente, ni rápido. Pero eran muchos más los que tomaban a sus niños, sus esposas, sus amigos, y se iban. Pacíficamente.
Largas colas en los más de cien baños portátiles que la ciudad de Dallas había instalado en los costados de la alcaldía. Pero todo mundo esperaba su turno ordenadamente.
Muchas botellas de agua vacías en el piso. Pancartas. Pero no estaba particularmente sucia el área. Algo increíble, cuando se junta medio millón de golpe.
Al día siguiente, ni los peores anti-inmigrantes podían dar crédito a los reportes. ¡Medio millón! ¡Y con banderas americanas!
Aún así, encontraron peros: No llevaban las banderas de manera sincera, dijeron. En realidad, fue un ardid. No se sienten americanos. Ya veremos cuando nosotros, los verdaderos ciudadanos americanos, marchemos.
El 1 de mayo habrá el Día sin Latinos. Se invitó a que nadie compre nada, ni vaya a trabajar, para que se sienta la fuerza del poder hispano en la economía de este país.
Los anti-inmigrantes, por su parte, ya preparan su contra-protesta... para el 5 de mayo.
Quieren organizar marchas contra los inmigrantes en todo el país. Quieren juntar más gente. "Millones", dicen. Porque, aseguran, son muchos, muchos más los que no quieren inmigrantes.
Mientras, siguen llegando los indocumentados.
La Patrulla Fronteriza anunció que, en lo que va del año, aumentaron las detenciones en 26 por ciento respecto al 2005.
Dicen que llegan más ilegales esperanzados, porque "escucharon" que iban a dar permisos de trabajo a los mexicanos.
Lo peor es que estos inmigrantes no calificarán para nada. En caso de que haya una reforma migratoria, estas personas no calificarán para el beneficio.
Quedarán como indocumentados para siempre. O al menos hasta que haya otra reforma migratoria.
Quizá dentro de otros veinte años.
Pero para entonces, los que marcharon hoy, ya serán ciudados americanos. Y sus hijos también.
"Hoy marchamos... mañana votamos..."

viernes, abril 07, 2006

¿Estados "Desarraigados" de América?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Sabe usted que uno de los lugares más famosos y característicos de Texas, quizá muy pronto sea historia?
Este ícono apenas tiene 35 años de construído, pero su fama ya le ha dado la vuelta al mundo.
¿Porqué será historia? Pues porque seguramente lo derrumbarán.
¿Y porqué? Pues... por viejo.
Se trata del legendario Estadio Texas, donde el equipo de los Cowboys de Dallas tuvieron algunos de sus mejores momentos.
El famosísimo estadio (cuyo medio domo, explican los texanos, fue dejado inconcluso adrede para que "Dios pudiera ver jugar a su equipo favorito, los Cowboys"), ya es "inoperante", según los expertos. Está pasado de moda para las necesidades actuales. "Apenas" tiene una capacidad de 65 mil asientos.
Ya se está construyendo un nuevo estadio, con una capacidad para 75 mil personas, que se ubicará en Arlington, Texas, cerca de donde se encuentra el parque de béisbol de los Rangers.
El Estadio Texas es un anciano de 35 años, que ya amerita eutanasia.
¿Qué les pasa a los gringos?, se preguntará usted. ¿Qué hay con la tradición, la historia? ¿No merece el estadio ser preservado? ¿Qué pasó con la añoranza?
Para nada. Así es la mentalidad norteamericana. No importa el pasado, hay que ver siempre al futuro.
Para nosotros, los latinos, eso suena más a materialismo. Quizá, pero los anglosajones simplemente se encogen de hombros y sopesan los pros y contras: ¿Me conviene mantener esto o irme a otra parte? ¿Cuánto gano? ¿Cuánto pierdo?
Si el "gano" supera al "pierdo", la cosa se queda igual. Si es al revés, ya se pueden ir despidiendo de "tradiciones" y "añoranzas".
A lo largo de su historia, una de las facetas que más ha caracterizado a los estadounidenses es precisamente su movilidad. Para algunos historiadores, es este dinamismo lo que hace de los Estados Unidos un pueblo tan flexible, que siempre se adapta, a diferencia de muchos otros países que aún cargan con tradiciones y añoranzas, algunos de los cuales se vuelven lastres.
El gringo, en cambio, no es así.
¿Le ofrecen a un empleado americano una chamba en el otro lado del país? "No problemo": Empaca todos sus tiliches, y se larga. Punto. Sin mirar atrás. Sin dolerle el alejamiento de la familia, los padres, abuelos o la escuela donde tuvo su primera novia.
No hay vuelta de hoja.
O mucho mejor: En lugar de cargar con todos los tiliches, mejor los vende y se compra todo nuevo en su nueva ciudad.
(Porque, ¿quién diablos va a andar cargando con camas, televisiones y muebles? Aparte de que el flete sale más caro que comprar nuevo).
¿Cariño a la casa? ¿A los muebles, a la ropa? Para nada. Son cosas solamente, dicen. Siempre puedes comprar cosas nuevas y mejores.
Los europeos y los latinoamericanos, en cambio, vemos a los gringos como marcianos por portarse tan desapegados. Nosotros le tenemos un arraigo profundo a nuestras ciudades, a nuestros barrios, a nuestras tradiciones. Vaya, algunos si hasta soltamos llanto con moco y todo cuando tenemos que vender "nuestro Vocho".
No importa que lo vendamos porque nos vamos a comprar un carro más nuevo y mejor... Lo sentimos como una traición a "nuestro vochito", nuestro compañero de tantas batallas. Es más, si podemos, nos quedamos con el carro viejo y el nuevo.
("Si hay quienes dicen que no son tristes las despedidas, dile a quien te lo dijo, Cielito Lindo, que se despida...")
Para nosotros los latinos, estas cosas nuestras de todos los días son las que nos definen. Las que nos hacen ser "nosotros". O al menos, representan un momento querido de nuestro pasado. Botarlas a la basura implica negarlo.
En cambio, el gringo piensa al revés: Yo soy lo que defino mi futuro. No las porquerías que compro. (¡Y vaya que compran porquerías!)
Por eso es más fácil para ellos tirar un edificio antiguo (viejo, le llaman) y construir uno nuevo,antes que preservarlo.
¿La añoranza? Es anti-económica.
(Aunque hay excepciones, como la horrenda costumbre de mantener a toda costa el sistema métrico imperial de millas, pulgadas, pies y galones... cuando el resto del mundo ya usa el sistema métrico decimal. En esto los gringos han sido unos verdaderos cabezaduras.)
Claro, hay edificios y monumentos en Estados Unidos. Sobre todo en Nueva Inglaterra, cuna de la nación. Pero comparados con los de otros países, como México, son poquísimos, bastante nuevos... y feos, la mayoría.
Feísimos.
En Dallas, por ejemplo, se aferran a preservar —a un costo estratosférico— la única pieza histórica de la fundación de la ciudad. "El primer edificio de Dallas".
¿Qué es? ¿Una iglesia? ¿Un monumento? Para nada: Es una cabañita, de un sólo cuarto, hecha de troncos.
Y ni siquiera es la original: Se trata de una reproducción (que se cree más o menos "fiel") de la cabaña del pionero John Neely Bryan, fundador de Dallas.
Es lo más que llegan aquí. En cambio, si usted habla de cualquier otro edificio, no importa: Se derrumba, se construye uno nuevo y listo.
Vaya, a los norteamericanos ni siquiera les importa el lugar donde nacen, porque siempre se cambian. Los mexicanos, en cambio, nos dividimos en capitalinos (o "chilangos"), jalisquillos, regiomontanos, jarochos, y pare usted de contar. El lugar donde nacimos y crecimos es importante para nosotros: Nos influye nuestra manera de ser, nuestros gustos y disgustos. Nos "define".
Por ejemplo, yo siempre me he considerado tampiqueño, aunque ya llevo casi una década viviendo fuera de Tampico.
Mi mamá me lo dijo en una carta, cuando le contaba mis añoranzas por el terruño: "A Tampico no te lo puedes quitar de encima porque lo tienes incrustado en el alma".
Sin embargo, cualquier americano que me conozca y sepa que llevo aquí casi diez años, se encogerá de hombros, y me aclarará que soy un "Texan".
O más precisamente, un "Dallasite" (habitante de Dallas).
Para los gringos la cosa no es de añoranza, de terruños ni de almas: Tú eres no de donde naces, sino de donde ERES. Punto.
Del lugar donde vives, donde tus hijos van a la escuela, donde te ganas el pan, donde tienes triunfos y fracasos.
¿Y el lugar donde nací?, me pregunto, como buen mexicano (y tampiqueño). Ése, para los americanos, no es tan trascendente. Quizá tu "Hometown" te haya definido en la niñez, en tu pasado. Pero el futuro te lo labras tú. Donde quieras serlo.
No es de extrañar que en Estados Unidos, la gente haya vivido en una o varias ciudades a lo largo de su vida. Y no es raro que la mayoría termine enterrada a miles de kilómetros del pueblo donde nació. Así, sin más.
Sin añoranzas ni vuelta de hoja.
Vi el otro día una calcomanía pegada en una defensa de una camioneta en Dallas. Traía orgullosamente la bandera de la "Estrella Solitaria". Y decía: "Yo no nací en Texas... pero me vine para aca lo más rápido que pude." Muy típico y cierto.
Me acordé de una frase que le atribuyen a Ronald Reagan: "Tú puedes ir a Francia y vivir toda tu vida allá, pero nunca serás francés. Puedes irte a Japón para siempre y jamás serás japonés. En cambio, si vienes a Estados Unidos, siempre te puedes sentir norteamericano."
No importa que "no lo seas".
LLEGÓ NUESTRA CITA CON LA HISTORIA
Cada comunidad en este país tiene su momento decisivo.
Para los afro-americanos, fue en los sesentas, con Martin Luther King y su lucha por los derechos civiles.
Para los hispanos, seguramente será este domingo, con la "Mega Marcha" que se realizará en varias ciudades de Estados Unidos, para pedir la legalización de los millones de indocumentados.
Este será un día que quedará en la historia.
Algunos se han quejado de que, a diferencia de los afro-americanos, los hispanos carecemos de un líder visible que encabece el movimiento a nivel nacional. Es cierto.
Con nosotros, no habrá una figura central que acapare las cámaras o los micrófonos, como lo logró hacer magistralmente el Dr. King en favor de su gente.
Por eso, la responsabilidad recaerá en usted y en mí. En todos nosotros, los que acudamos a la marcha.
Todos los ojos del país y del mundo estarán fijos en en lo que hagamos o no este domingo.
Por eso, hay que estar a la altura. Demostrarles a los que nos acusan de criminales que están equivocados.
Que somos dignos de que este país al fin nos acepte como ciudadanos de primera.
Lo que hagamos en la Mega Marcha quedará grabado en video, película y fotografías para la historia.
Y dentro de veinte, cincuenta o cien años, nuestros hijos y nietos leerán de este día en los libros de historia de Estados Unidos.
Llegó nuestro momento.
Estamos preparados.