viernes, marzo 24, 2006

No le "sobre-vendamos" la inmigración a EE.UU.

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Hay un dicho en inglés que se usa entre vendedores y clientes: "Don't oversell it". ("No sobre-vendas".)
La frase se utiliza cuando un vendedor fastidia al cliente repitiéndole e insistiéndole en las bondades de comprar un producto del cual ya está convencido. Sin necesidad.
Esta actitud puede ser contraproducente. Si el cliente se fastidia, puede echarse para atrás de última hora, y de último momento no comprar.
Porque, ¿qué vendedor se empeña en insistir en lo bueno que es su producto, cuando uno ya está convencido? Por lo menos, se ve sospechoso.
Esa misma actitud es la que se me ocurrió cuando el gobierno de México soltó billete y publicó desplegados de página entera en tres de los principales diarios de Estados Unidos, Los Angeles Times, Washington Post y New York Times.
En ese anuncio México hacía un llamado al Senado en Washington a aprobar una reforma a la ley migratoria, que diera legalización a millones de indocumentados.
Como si estuvieran recitando las tablas a niños de primaria, el gobierno de México se la pasó detallando los pros de una medida así, para beneficio de ambos países.
Seguro la administración de Vicente Fox tenía la mejor de las intenciones, ni se duda. Pero eso cayó muy gordo en Estados Unidos. La actitud de muchos norteamericanos fue de sentirse insultados. Si ya está por aprobarse la reforma migratoria (que beneficiará en su mayoría a mexicanos), ¿qué necesidad hay de que nos los restreguen en la cara?, fue la opinión de algunos.
Al contrario, la actitud de "amarrar" (o "sobre-vender") la propuesta de parte del gobierno de México podría hasta resultar contraproducente.
¿Cómo nos caería a nosotros los mexicanos si el gobierno de Estados Unidos hiciera lo mismo? ¿Que pagara desplegados "educándonos" sobre las bondades, digamos, de la privatización de Pemex?
Si acaso el Congreso de México tuviera la más remota intención de privatizar Pemex (lo cual dudo), hubiera sido después de pelearse a brazo partido con medio mundo. Y la poca aceptación que esta medida tuviera se vendría a pique cuando a los gringos se les ocurra pagar desplegados de una página en periódicos "explicándonos" lo que deberíamos hacer.
(Y comparo la privatización de Pemex porque este tema tan delicado es igual de controvertido en México como en Estados Unidos lo es la reforma migratoria. Ambos asuntos implican, para muchos a ambos lados de la frontera, "poner en peligro el futuro" de sus respectivos países.)
Algo similar pasó cuando el embajador de Estados Unidos, Antonio Garza, se "atrevió" a decirnos que "deberíamos" aumentar la seguridad en Nuevo Laredo, después de tantas balaceras y matanzas de narcos. "Ya, ya, si ya sabemos. Ya lo íbamos a hacer, no tiene porqué entrometerse", pareciera que le respondimos a regañadientes.
Nos enojamos. Nos cayó mal que se metiera en un asunto que es interno. Y con razón.
Ahora, si nosotros les hacemos lo mismo a los gringos, ¿porqué ellos deberían portarse distinto? Si nosotros nos ponemos a dictarles lo que deben hacer, les va a caer mal. Igual, son humanos. Igual se pueden echar para atrás.
Mejor ni moverle. El asunto va por buen camino, el propio senador Ted Kennedy (impulsor de una propuesta que daría residencia permanente a millones de mexicanos) lo ha dicho: Hay buenas posibilidades. No le demos al traste con nuestros desplegados en periódicos. (Que, dicho sea de paso, seguro salieron carísimos).
"Don't oversell it"... porque a la mejor se nos rajan.

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