viernes, marzo 31, 2006

¿Brecha generacional?: Inmigrantes protestaron con la bandera de EE.UU... y sus hijos con la de México

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Lo que noté de las marchas pro-inmigración de esta semana fueron... las banderas.
Muchas banderas. En todos lados. En la tele, en la calle, en las protestas.
Desde Los Ángeles hasta Nueva York, lo que los estudiantes y los inmigrantes traían en la mano a la hora de exigir legalización para los indocumentados, eran banderas.
En las protestas organizadas por estudiantes hispanos (que, casualmente, siempre las hacían en horas de escuela para tener excusa de faltar a clases)los adolescentes llevaban la bandera de México. Cientos, miles de banderas de México.
La tricolor con el águila y la serpiente siempre iba en lo alto. Muchos estudiantes se la enrollaron en el cuerpo, como "Niños Héroes", mientras que la mayoría la alzaba orgullosamente cuando veían aparecer una cámara de televisión.
Y vaya carteles y pancartas que llevaban.
Algunas de las frases que se leían:
"Esta es nuestra tierra".
"Devolveremos las tierras robadas a México".
"Viva Aztlán".
"La Raza Unida".
Y banderas de México por todos lados.
(Ah, y claro, la infaltable foto del Che Guevara.)
Esto cayó muy mal a los norteamericanos que veían con horror en la tele cómo la bandera de México tomaba las calles en SU país.
Hubo incluso un locutor de radio que incitó a la gente de California a salir a quemar banderas de México por "la afrenta".
¿Porqué insisten en que les den papeles, si traen la bandera de México?, preguntaban otros. Mejor que se queden en México.
Pero hubo un dato curiosísimo:
El sábado 25 de marzo, antes de las marchas de los estudiantes, los adultos marcharon.
Fueron las marchas mayores, que convocaron miles de gentes en varias ciudades de Estados Unidos.
En Los Ángeles marcharon más de medio millón de personas. Igual en Chicago, Dallas, San Francisco y San Antonio, se reunieron miles y miles de personas de manera pacífica.
Eran las marchas de los padres de esos estudiantes hispanos que salieron de la escuela a protestar.
Los que vinimos de México, de Centroamérica, de Sudamérica. Los verdaderos inmigrantes.
¿Y que se destacaba en esas marchas de inmigrantes "reales"? Banderas, claro. Muchas banderas
Pero de Estados Unidos.
Lo que resaltó fueron las barras y las estrellas. El "Old Glory" ("La Vieja Gloria") como le dicen los americanos a su bandera. Miles y miles de inmigrantes de todo el mundo llevaban en lo alto orgullosos la bandera de este país donde estaban. El país que ellos habían adoptado, y que se negaba a aceptarlos plenamente.
SU país.
No importaba que no tuvieran papeles. Igual se envolvían en "Old Glory" con el mismo fervor con que sus hijos llevaban la bandera de México.
Claro, también habían banderas de México, de El Salvador, de Nicaragua, de Colombia. Pero con mucho, la que resaltaba era la bandera "tachonada de estrellas".
Y los carteles que llevaban eran totalmente distintos a los de sus hijos: En lugar de "Aztlán", decían "América" o "USA". En lugar de "La Raza", decían "Yo también pago impuestos". En lugar de "Devolveremos las tierras arrebatadas a México", decían "Este también es mi país".
¿Porqué la incongruencia? ¿Porqué este contraste tan grande? ¿Brecha generacional?
¿Porqué los jovencitos que hablan más inglés que español, que nacieron en este país, que se criaron y educaron en el sistema americano, prefieren llevar la bandera de México, un país que quizá nunca conocieron algunos y ni conocerán?
Por "orgullo" de sus ancestros dicen algunos.
Ajá.
No dudo que haya adolescentes orgullosos de ser hijos de mexicanos. Pero al portarse así, como pandilleros, sólo les están dando la razón a los que atacan a nuestra comunidad como desordenada, y sin deseos de integrarse a Estados Unidos.
¿Porqué llevar la bandera de México? El Congreso seguramente va a aprobar una legislación favorable a los inmigrantes. Casi es un hecho. Muchos norteamericanos se sienten insultados por esto. Llevar encima la bandera de México es como restregarles a los gringos en la herida.
Incluso activistas chicanos bastante radicales, como la Dra. Diana Flores, directiva de los Colegios Comunitarios de Dallas, se sintieron ofendidos por la actitud de los muchachos.
Presenció que en la protesta en la alcaldía de Dallas, varios estudiantes pusieron la bandera de México en una escultura de la explanada muncipal, junto a la fuente donde varios alumnos se bañaron alegremente como "protesta" (??), y donde dejaron montones de basura (la cual, por cierto, debió ser limpiada más tarde por conserjes que eran... inmigrantes mexicanos).
"¡Que falta de respeto!", escribió la Dra. Flores indignadísima. "¿Cómo se sentirían los ciudadanos mexicanos si ciudadanos de Estados Unidos protestaran por las leyes mexicanas faltándole al respeto al Zócalo y colgándole la bandera americana?"
Estas actitudes pueden perjudicarles a la larga a los papás de estos jovencitos. Lo que sus padres inmigrantes quieren es integrarse, no alienarse de los americanos.
Los inmigrantes no quieren "devolver las tierras perdidas de Aztlán" a México: Lo que quieren es ser PARTE de Estados Unidos.
Que les den papeles, que les permitan hacerse residentes y quizá hasta ciudadanos.
No por odio o resentimiento a México al contrario: Para demostrarles a los anti-inmigrantes que los mexicanos inmigrantes son tan valiosos y respetuosos de la ley como los ciudadanos americanos "reales".
Aún falta camino por recorrer. Las propuestas de ley se discuten en el Senado, y tendrán que pasar a la Cámara de Representantes para modificarse antes de aprobar algo. La cosa tardará meses o quizá años. Pero hay muchas esperanzas, más de las que los mas optimistas de nosotros teníamos en un principio.
Este 9 de abril se planean marchas a nivel nacional, si se puede mucho mayores que las del 25. Seguramente lo serán.
Desde ya, algunos líderes están pidiendo orden, respeto y marchas pacíficas.
A los estudiantes, les piden no dejar la escuela. O protestar fuera del horario de clases.
Y llevar banderas americanas.
Lo que queremos es demostrar que los inmigrantes respetamos la ley, no que nos encanta romperla.
O como dice la Dra. Flores: "Edúcate, involúcrate, vota. Cuando hagas algo, hazlo de la manera correcta, y no de un modo que va a dar mal imagen."
"Y siempre recuerda: ¡Sí Se Puede!".
e-mail: cfzap@yahoo.com
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jueves, marzo 30, 2006

Necesitamos jóvenes hispanos profesionales, no marchistas

DALLAS, Texas — Necesitamos a nuestros jóvenes hispanos en la escuela, no en la calle.
Los necesitamos de abogados, de médicos, de congresistas o senadores. No de manifestantes.
Necesitamos políticos, no pandilleros.
Necesitamos científicos, no alborotadores.
Necesitamos líderes, no seguidores.
Y eso se logra estudiando. No yéndose de pachanga a la calle a protestar con banderas y pancartas, o bañándose en las fuentes públicas, como ocurrió en las “marchas” en Dallas esta semana.
Cientos (¿miles?) de estudiantes de high school se salieron a la calle. “A protestar”.
Y dejaron tiradas las clases.
A la mejor me van a decir que ya sueno pasado de moda. “Desconectado” con la juventud, viejo e intransigente. Quizá.
Lo que pasa es que después de que participar en marchas estudiantiles y “secuestrar” autobuses en México años atrás, me di cuenta que los cambios a un sistema político se hacen desde dentro, no desde afuera.
Y para estar dentro del sistema, necesitas que el sistema te acepte.
Y para eso no hay como estudiar. Prepararse. Y claro, votar.
Las pancartas, las marchas, los gritos se ven muy bien en la tele, pero sólo sirven para aumentar ráitings. No para cambiar un país.
(Y cuando lo logran, es sólo después de una revolución. A veces pacífica, casi siempre sangrienta. ¿Para qué arriesgarse si se puede evitar?.)
Las marchas y las protestas de los adultos son una muestra de inconformidad. Son valiosas e importantes, cierto.
Pero son el último recurso, y sólo se deben usar cuando se hayan agotado todas las vías legales.
Este no es el caso. Las vías legales sobre inmigración apenas se están poniendo en marcha.
Si se manosean tanto las protestas pierden su sentido. Se vuelven una molestia, una excusa para el desorden.
Además, las protestas no salen gratis a los adultos. Nos cuestan. Y muy caras.
Nos cuestan tiempo. Nos cuestan ataques. A veces nos cuestan la chamba e incluso la cárcel.
(A una estudiante de 18 años de Dallas ya le costó la mano, por ejemplo. Y a sus padres miles y miles de dólares en cuentas de hospital, por cierto.)
Por eso, los adultos casi siempre hacemos nuestras protestas en sábado o domingo. O en la tarde, cuando no interfieran con nuestro trabajo. Con nuestra obligación.
Los estudiantes pueden protestar todo lo que quieran, de manera pacífica. Pero sin interferir con su trabajo, que es la escuela. Con su obligación.
¿Porqué no protestar en la tarde, al terminar la escuela?
¿Porqué no hacerlo el fin de semana, en lugar de irse de pachanga?
Háganlo ordenadamente, de manera pacífica y respetando la ley. Y los que no acaten la ley, que los sancionen.
Porque si se creen con la responsabilidad para expresar sus opiniones (como los adultos), entonces también deben estar preparados para enfrentar las consecuencias.
Como los adultos.
No es un asunto de “irse de pinta” porque sí. Se trata de demostrarle a este país que somos valiosos. Que somos trabajadores y estudiosos.
Que respetamos la ley. No que nos encanta romperla.
Así sólo les damos la razón a los que nos acusan de delincuentes. De por sí...

viernes, marzo 24, 2006

Los republicanos heredarán EE.UU... ayudados por los mexicanos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — "No sé cómo alguien puede ser tan tonto como para volverse republicano"...
La frase me la dijo una vez un anglosajón durante una protesta en favor de una amnistía inmigratoria en Dallas, allá por 1998.
Paul era dirigente de una organización que defendía los derechos de los inmigrantes. Habló en el mítin exigiendo tolerancia del gobierno hacia los indocumentados, y voluntad para darles papeles. "No es justo yo sí tenga todos los derechos a trabajar sólo porque nací en este país", explicaba.
Terminó su participación condenando al Partido Republicano por promover leyes que "atentaban contra la familia inmigrante", sobre todo hispana.
Al bajar del podio, y en medio de banderas americanas, mexicanas, centroamericanas, y hasta de una efigie de cartón de la Estatua de la Libertad, Paul se frotó las manos por el frío del parque en que estábamos y criticó: "No sé cómo puede incluso haber hispanos que sean tan tontos como para hacerse republicanos".
Nos hemos acostumbrado a ver al Partido Republicano como el "Satán" de los inmigrantes. Los medios en Estados Unidos y México se regocijan con cada noticia donde algún congresista o senador conservador se la pasó criticando a "nuestra gente", o promoviendo leyes que nos afectan.
Y no es de extrañar: La mayoría de los peores políticos anti-inmigrantes y anti-hispanos, son republicanos. Ahí tiene a Tom Tancredo, James Sensenbrenner, Pat Buchanan y el propio Arnold Schwarzenegger, entre muchos otros.
Además, los republicanos son el partido de los ricos, ¿no? De las grandes corporaciones, de los fundamentalistas religiosos, de los fanáticos intransigentes.
En cambio, se nos ha pintado a los demócratas como "los niños buenos", los defensores de nuestra gente.
La imagen de los demócratas es de concertación, de apertura, de tolerancia.
"Tradicionalmente", nos dicen los "expertos", "los hispanos son demócratas. O DEBERÍAN serlo".
(Supuestamente porque es el partido de "las minorías, los pobres y las mujeres".)
Por esto, ver a un hispano republicano se nos hace tan incongruente como la existencia de un negro racista, o un chicano anti-mexicano.
Desafortunadamente para Paul, y para todos los que apoyan al Partido Demócrata, parece ser que cada vez habrá más gente que se haga republicana en Estados Unidos. Y muchos de ellos serán hispanos, sobre todo mexicanos.
¿Incongruente?
Los hispanos no somos demócratas (o "liberales", como les dicen) de nacimiento. No lo traemos de familia.
De hecho, los inmigrantes mexicanos compartimos más valores y más opiniones con los republicanos que con los demócratas.
La inmensa mayoría de los mexicanos que emigramos a Estados Unidos somos conservadores. Somos gente religiosa, con apego a la familia, características que siempre han sido terreno de los republicanos.
Las estadísticas lo confirman: El Centro Pew de Estudios Hispanos hizo una encuesta en el 2002, y encontró que el 71% de los hispanos nacidos en Estados Unidos se oponen al aborto, por ejemplo. Un tema que generalmente distingue quién es demócrata (a favor del aborto) o republicano (en contra del aborto).
También somos más religiosos. En contraste con el promedio de la población demócrata, que es más "liberal" y "librepensadora". Es más fácil que los mexicanos estemos de acuerdo con decir oraciones, escuchar misas y seguir a un líder parroquial, como lo hacen los republicanos.
Sobre todo, los hispanos apoyamos a George W. Bush. En la elección del 2000, Bush recibió el 31% del voto hispano, algo nunca antes alcanzado por candidato republicano a la presidencia.
Pero no sólo eso: En 2004 los hispanos le aumentamos el apoyo a Bush, y el 43% de nosotros votamos porque permaneciera en la presidencia.
A la mejor los latinoamericanos de fuera vean a Bush como el "Osama bin Laden" del planeta, pero lo que es dentro de Estados Unidos, goza de bastante apoyo de "nuestra gente".
Lo más curioso, y alarmante para los demócratas, es que al parecer los republicanos serán cada vez más. Estados Unidos será un país cada vez más conservador.
En al revista Foreign Policy más reciente se publicó un estudio donde predice que en el futuro, cada vez más gente de Estados Unidos será republicana... simplemente porque los demócratas dejarán de nacer.
No es una locura: Según el artículo los estados más liberales tienen menos hijos que los estados conservadores. En Vermont, por ejemplo (el primer estado donde se aprobaron las bodas entre homosexuales), tiene el nivel de nacimientos más bajo del país (51 niños por cada 1,000 habitantes), mientras que Utah, uno de los estados más conservadores y religiosos, tiene la tasa de crecimiento mayor del país (92 por cada 1,000).
Otro ejemplo: en la súper progresista y demócrata ciudad de Seattle, existen 45% más perros que niños. En contraste, en Salt Lake City (enclave de los mornones), hay 19% más niños que perros.
Los liberales no están teniendo niños. Su vida "abierta y sin ataduras" (unión libre), el feminismo, las uniones entre homosexuales, el apoyo al aborto (perdón, el "derecho de la mujer de decidir") suenan muy bien en política, pero son golpes mortales para el crecimiento poblacional.
Generalmente son personas con más nivel educativo. Profesionales que ponen más empeño en su desarrollo personal y laboral que en los hijos. ¿Quién va a tener tiempo criando una familia cuando hay tanto que hacer?
En cambio, en general las familias conservadores (que van a la iglesia, se oponen al aborto y al control de la natalidad) tienen más hijos. Y les enseñan a sus hijos sus valores, principios y, claro, sus ideas políticas.
Por lo general, son personas con menos nivel educativo que los liberales, más religiosos y patriarcales. Por no decir a veces, machistas. Las mujeres conservadoras son generalmente más abnegadas y apegadas a la familia que las liberales. (Que no "libertinas", conste)
Hijo de conservador tiende a ser republicano. Hijo de liberal... tiende a no existir.
En promedio, dice Foreign Policy, los estados que votaron por Bush en el 2004 tienen una tasa de fertilidad del 12% más alta que los que votaron por el demócrata John Kerry.
A esto añádasele el hecho de los inmigrantes. La población hispana es la minoría más numerosa en Estados Unidos, y sigue creciendo. Y muchos son conservadores.
Si ahora, muchos latinos nos creemos o decimos demócratas, quizá sea por conveniencia o necesidad, no por amor. En cuanto tenemos papeles, y nos politizamos, muchos nos damos cuenta que coincidimos más con la ideología de Bush que la de Kennedy.
De hecho, las constantes muestras de "apoyo" de los demócratas hacia una legalización migratoria es lo que generalmente nos atrae hacia ellos... y nada más. Fuera de eso, la agenda política de los liberales se aparece ajena y extraña a la mayoría de los latinos.
(Casualmente la última amnistía migratoria la aprobaron los republicanos, cuando Ronald Reagan estaba en el poder, en 1986. Y ahora parece que se aprobará una legalización también bajo un gobierno republicano, el de George W. Bush. Por mucho que los demócratas digan estar de acuerdo con una amnistía, ellos nunca la han aprobado, ni siquiera durante la gestión de Bill Clinton. Y eso que estuvo en el poder durante dos periodos. Tuvo 8 años para hacerlo, pero no.)

Así que, quizá el mundo deberá prepararse para ver a un Estados Unidos cada vez más conservador y religioso en el futuro. Y muchos de estos nuevos americanos conservadores vamos a ser de origen mexicano.


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No le "sobre-vendamos" la inmigración a EE.UU.

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Hay un dicho en inglés que se usa entre vendedores y clientes: "Don't oversell it". ("No sobre-vendas".)
La frase se utiliza cuando un vendedor fastidia al cliente repitiéndole e insistiéndole en las bondades de comprar un producto del cual ya está convencido. Sin necesidad.
Esta actitud puede ser contraproducente. Si el cliente se fastidia, puede echarse para atrás de última hora, y de último momento no comprar.
Porque, ¿qué vendedor se empeña en insistir en lo bueno que es su producto, cuando uno ya está convencido? Por lo menos, se ve sospechoso.
Esa misma actitud es la que se me ocurrió cuando el gobierno de México soltó billete y publicó desplegados de página entera en tres de los principales diarios de Estados Unidos, Los Angeles Times, Washington Post y New York Times.
En ese anuncio México hacía un llamado al Senado en Washington a aprobar una reforma a la ley migratoria, que diera legalización a millones de indocumentados.
Como si estuvieran recitando las tablas a niños de primaria, el gobierno de México se la pasó detallando los pros de una medida así, para beneficio de ambos países.
Seguro la administración de Vicente Fox tenía la mejor de las intenciones, ni se duda. Pero eso cayó muy gordo en Estados Unidos. La actitud de muchos norteamericanos fue de sentirse insultados. Si ya está por aprobarse la reforma migratoria (que beneficiará en su mayoría a mexicanos), ¿qué necesidad hay de que nos los restreguen en la cara?, fue la opinión de algunos.
Al contrario, la actitud de "amarrar" (o "sobre-vender") la propuesta de parte del gobierno de México podría hasta resultar contraproducente.
¿Cómo nos caería a nosotros los mexicanos si el gobierno de Estados Unidos hiciera lo mismo? ¿Que pagara desplegados "educándonos" sobre las bondades, digamos, de la privatización de Pemex?
Si acaso el Congreso de México tuviera la más remota intención de privatizar Pemex (lo cual dudo), hubiera sido después de pelearse a brazo partido con medio mundo. Y la poca aceptación que esta medida tuviera se vendría a pique cuando a los gringos se les ocurra pagar desplegados de una página en periódicos "explicándonos" lo que deberíamos hacer.
(Y comparo la privatización de Pemex porque este tema tan delicado es igual de controvertido en México como en Estados Unidos lo es la reforma migratoria. Ambos asuntos implican, para muchos a ambos lados de la frontera, "poner en peligro el futuro" de sus respectivos países.)
Algo similar pasó cuando el embajador de Estados Unidos, Antonio Garza, se "atrevió" a decirnos que "deberíamos" aumentar la seguridad en Nuevo Laredo, después de tantas balaceras y matanzas de narcos. "Ya, ya, si ya sabemos. Ya lo íbamos a hacer, no tiene porqué entrometerse", pareciera que le respondimos a regañadientes.
Nos enojamos. Nos cayó mal que se metiera en un asunto que es interno. Y con razón.
Ahora, si nosotros les hacemos lo mismo a los gringos, ¿porqué ellos deberían portarse distinto? Si nosotros nos ponemos a dictarles lo que deben hacer, les va a caer mal. Igual, son humanos. Igual se pueden echar para atrás.
Mejor ni moverle. El asunto va por buen camino, el propio senador Ted Kennedy (impulsor de una propuesta que daría residencia permanente a millones de mexicanos) lo ha dicho: Hay buenas posibilidades. No le demos al traste con nuestros desplegados en periódicos. (Que, dicho sea de paso, seguro salieron carísimos).
"Don't oversell it"... porque a la mejor se nos rajan.

viernes, marzo 17, 2006

Albañiles y sirvientas mexicanos en EEUU: Clase media, no pobres

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Enrique es mexicano, y vive desde hace más de diez años en Texas. Aca se casó y tuvo sus tres hijos.
Él y su esposa compraron una casita, la que terminaron de pagar hace años. Es una casita barata y de madera, pero toda suya. Tiene su jardín, su porche, tres cuartos, cocina, baño y un garage.
También tienen dos vehículos: una camioneta pick-up Ford F-150 modelo 2004, y un carrito cuatro puertas del 2005.
La familia sale a comer una o dos veces a la semana. Y participan o colaboran en fiestas con amigos y familiares casi cada quince días. A Enrique le encanta hacerle al chef en la parrilla y su especialidad son las fajitas de res, aunque los chicharrones y pollos rostizados son legendarios entre la tropa.
En fin, la familia no es rica, pero vive bien. Aunque a veces batallan con las deudas.
Se me olvidaba: Enrique (quien pidió no identificarlo con su verdadero nombre) es indocumentado. Entró ilegal caminando por el desierto de Texas, por allá de 1995. En México no tiene estudios terminados ni de secundaria.
Su esposa igual, es inmigrante mexicana, aunque con muchos años en Estados Unidos.
Enrique es un obrero, no especializado. Trabaja en lo que caiga: construcción, carpintería, pintura, y hasta de vez en cuando, se avienta a cocinar uno que otro banquetito por pedido.
Su esposa trabaja limpiando casas. Y parece que le va bastante bien.
¿Un albañil y una sirvienta, que no terminaron ni siquiera la escuela, viven así de bien?, se preguntará usted. ¿Con casa propia, con cochera y jardín, y dos carros casi nuevos? ¿Que salen a comer seguido y viven más o menos bien?
No coincide con la idea que tenemos de los albañiles y las sirvientas, clases pobres en México. En cambio, Enrique se vive una vida que ya envidiarían muchos mexicanos de clase media.
Es cierto. Pero el caso de la familia de Enrique no insólito. Casi es la regla, más que la excepción...
...en Estados Unidos.
Porque en este país, los albañiles y las sirvientas no son necesariamente pobres. Muchos son clase media, y cuentan con dinerito para darse algunos lujos que sería imposible tener en México o cualquier otro país de Latinoamérica.
O quizá hasta del mundo.
Pero no solo los albañiles y las sirvientas pueden vivir decentemente. Igual les pasa a los jardineros, los meseros, los pintores y las niñeras.
Claro, hay de todo. Me he encontrado con obreros que les va muy mal. Algunos no hallan chamba. Los que la tienen, no ganan lo que necesitan. Y si lo ganan, no pueden con las deudas.
Pero en general, los inmigrantes que hacen trabajos manuales en Estados Unidos no son pobres. Son clase media. Y lo interesante, es que no se conforman con quedarse donde están, sino que luchan por salir adelante.
Según la Oficina del Censo, las familias hispanas de Estados Unidos tenían en el 2004 un ingreso promedio de $34,241 dólares, o sea unos 390 mil pesos mexicanos al año. O sea, las familias hispanas ganan un promedio de 650 dólares por semana, alrededor de 7 mil pesos mexicanos.
Con todo esto, no se compara con el ingreso promedio de los anglosajones. La familia promedio "blanca" ganó en ese mismo año $48,977, casi 50 mil dólares. Sería un salario de unos 950 dólares a la semana, casi 11,000 pesos mexicanos.
Aún así, los hispanos somos, en mayoría, "pobres": El 22.3 por ciento de nuestras familias están clasificados así por el Censo... y sigue aumentando.
A pesar de todo esto, los hispanos compramos más y más cada vez. El poder de compra de las familias latinas crece desaforadamente: En 1990 era de $222 mil millones de dólares, y para el 2004 se calculaba en $686 mil millones. Para el 2009 se piensa que llegará a casi un billón de dólares... y seguirá aumentando más del 8 por ciento al año (casi el crecimiento de China).
Quizá ganemos poco, pero somos buenos "clientes". (O "manirrotos", como dirían por allí.)
Esto causa otro hecho terrible: Los inmigrantes no ahorramos. Todo nos lo chutamos en ropa, comida, carros, cines, películas y vacaciones... Y se acabó. De acuerdo con el Banco de la Reserva Federal, la familia promedio (anglosajona) tenía bienes totales con valor a más de 500 mil dólares. Mientras, los hispanos y otras razas tenían apenas $153 mil dólares guardados o invertidos. (Esto incluye ahorros, casas, carros, inversiones, etc.)
Muchos hispanos y negros no compran acciones de la Bolsa ni bonos, y la mayoría no posee casa propia, por eso carecen de las ganancias que el americano anglosajón puede conseguir invirtiendo.
Aún así, la oportunidad de vivir bien está. Gana bien. Tiene bienes. Tiene carro, casa... y se acabó.
Enrique y familia revisan las cuentas en la mesa de la cocina. Se mortifican al ver las deudas cada fin de mes, y estiran el salario como chicle para que alcance.
A Enrique lo andaban corriendo semanas atrás de una obra donde encontró chamba. Dizque porque "el trabajo anda despacio". Andaba preocupado, pensando qué iría a hacer. "A la mejor me meto a la escuela, a estudiar soldadura... Esos ganan muy bien", comentaba pensativo.
A fin de cuentas no lo despidieron: Las cosas se compusieron, y ahora lo hacen trabajar hasta fines de semana, ganando horas extras.
Siguen viviendo bien, aunque apretados. Todo sube, menos los sueldos, se quejan. Y los niños crecen y necesitan ropa más cara, libros para la escuela, salidas de vez en cuando.
Pero no se desesperan. Aunque no ahorran, tratan de aprovechar lo más que pueden trabajando. Porque saben que, por lo menos, la oportunidad existe. Al menos potencialmente.
¿Cual es la diferencia con Latinoamerica? Un radioescucha de un programa de radio lo puso muy claro una vez: "Porque aca hay gente rica que tiene mansiones y yates, pero si eres de clase media puedes aspirar a tener si no una mansión, al menos una casita propia. Si no un yate, sí un botecito para pescar. Y eso no se puede en nuestros países".
Por eso, no es de extrañarse, que muchos mexicanos emigren a Estados Unidos. A pesar de las redadas y las detenciones en la frontera, casi medio millón logran entrar cada año, según cifras de Washington. Aún con todos los agentes y la alta tecnología que el país más avanzado del mundo ponga en la frontera.
Los inmigrantes venimos a trabajar. No a "invadir", ni a "imponer" nuestra lengua ni nuestra "cultura".
No tenemos la intención de ser soldados de la "Reconquista" de Texas, Arizona o California. Eso es lo último que nos pasa por la mente mientras cruzamos a pie el desierto o nadamos por el Río Bravo.
Tampoco venimos aca con la ilusión de volvernos Bill Gates. Simplemente llegamos para, de perdido, no ser pobres.
No para que nos regalen nada, sino a trabajar para por lo menos, vivir decentemente. ¿Es eso mucho pedir?

viernes, marzo 10, 2006

¿Son los gringos limpios y los mexicanos sucios?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Debo confesar que por primera vez en mi mexicana vida, hace algunos meses, tuve un arranque de gringuez.
Iba camino a Tampico, y pasé a hacer una escala técnica por Monterrey. Sólo de entrada por salida.
Monterrey siempre impacta al forastero. No nada más impacta: Subyuga, impresiona, aplasta, ataranta...
...SIEMPRE Y CUANDO ENTRES por la zona "correcta". Léase, la zona "nice".
(El problema es que las líneas de autobuses siempre se empeñan en mostrar las partes más, digamos, "foclóricas" de Monterrey. Las de mayores "usos y costumbres"... En el mal sentido.)
El resultado es que el "Monterrey-París" (cosmopolita, moderno y pujante que los regiomontanos se esfuerzan por mostrar al mundo... o por lo menos hacerle creer al mundo que existe) no aparece por ningún lado. Y en cambio, los alegres choferes nos recetan a los pasajeros el "Monterrey-Calcuta"... Que nadie quiere ver (y que mucho regiomontanos quisieran desaparecer).
(Conste, en Dallas también hay zonas "Dallas-Paris" que conviven lado a lado con las zonas "Dallas-Calcuta". Hasta en el Primer Mundo se cuecen habas.)
Estaba en ésas, cuando en mi arranque de gringuez, noté algo espantoso: Basura.
Basura casi en cada esquina. Amontonándose, haciendo más Calcuta la de por sí calcutesca imagen que daba la ciudad.
Ahora bien, la basura en sí no es uno de las siete plagas de Egipto. No es un castigo divino, ni ningún esqueleto que no queramos sacar del clóset. Es algo NORMAL.
Para las ciudades la basura es lo que para los seres humanos es el ir al baño: Todos lo hacen. Desde los más guapos, hasta los más feos. Desde los más ricos hasta los más pobres.
No es una vergüenza, es un proceso normal. No nos espantamos por eso. Los basureros de Chicago huelen tan mal como los de Tamazunchale, San Luis Potosí.
La bronca es cuando aparece un mini-basurero en cada esquina. Y lo peor es que al lado de pujantes y regiomontanos negocios, siempre parecen juntarse papeles, bolsas, maleza, y porquería y media... que nadie hace nada por levantar.
¿El municipio? Claro, no hay recursos. No hay camiones. No hay presupuesto.
¿Los vecinos? Claro, "yo porqué, no es mi bronca. Por eso pago impuestos".
Total, al final la mugre se acumula.
Ni los dueños de los negocios cercanos se inmutan. Pareciera que nadie se preocupa por agarrar una bolsa de plástico y levantar esa basura, o cortar la maleza.
Llegué a Tampico, mi ciudad, y noté lo mismo: Basura y maleza en zonas "de nadie". Muchos de estos desperdicios se juntan en camellones, en áreas municipales. Y parece que los camiones de la ciudad no pasan seguido (o al menos no levantan esa basurita acumulada), a nadie se le ocurre "echarles una manita" por salud propia.
Un primo mío vino por primera vez a Estados Unidos hace meses. Sólo cruzó la frontera a Texas, una visita rapidita. Pero lo primero que notó no lo olvidó: "Si vieran lo limpio que estaba todo... Las calles, las banquetas... ¡Nada de basura!", comentaba sorprendido a quien lo escuchara.
"Luego luego se nota la diferencia", insistía.
No se fijó en las tiendas. No le importaron las autopistas o el "primermundismo" que apantalla a tantos. No, a él lo cautivó la limpieza.
Y a los que vivimos aca, tristemente, nos pasa al revés: Cada vez que vamos a México notamos alarmados la basura por todos lados. No son cerros de desperdicios, aclaro, sino simplemente tierra acumulada. Hojas, bolsas de plástico, alguna envoltura aquí, un periódico allá...Maleza por todos lados.
¿Es cosa de pobreza? ¿De falta de dinero? México no es un país rico. No como Estados Unidos. ¿Cuesta tanto levantar la basura? ¿Repintar las fachadas cascarizas de casas y negocios?
"Detallitos", diría usted. Pero, ¿importan de verdad?
En Estados Unidos, no toda la gente es un dechado de virtudes. Hay gringos cochinones, igual que hay negros cochinones, asiáticos cochinones o canadienses cochinones.
Pero al menos la mayoría se cuida de tirar basura en la calle, o en su patio. No por limpios, sino por temor a las fuertes multas.
Si reincide, el cochinón puede ir a terminar con sus huesitos a la corte.
Resultado: La gente se educa. A la fuerza, pero se educa. Lo demás se sigue por costumbre.
Dicen que los gringos son muy quisquillosos en el asunto de la basura por cosas de mentalidad: Según los expertos, la cultura anglosajona y protestante le da mucha importancia al bienestar de su medio ambiente. Siempre andan buscando en qué mejorar sus casas, cómo embellecer sus jardines, cómo tener la casa más bonita del barrio.
Y ahi los tiene, todos los días cortando el pasto, arreglando el jardin, pintando una cerca. Pasan horas, días, semanas, y ellos siguen trabajando para mejorar su ambiente.
Y en ello invierten mucho tiempo y mucho dinero.
De hecho, empresas como Home Depot y Lowe's han encontrado una mina de oro para servir esa "necesidad" de los norteamericanos de mejorar su medio ambiente: Les venden desde una llave para la puerta, hasta árboles y cercas prefabricadas de jardín.
Los hispanos en cambio, dicen que somos más "relajados" en ese sentido. Que preferimos invertir nuestro tiempo libre en cultivar las relaciones familiares y personales. Que por eso somos más "tolerantes" a los pequeños "pecadillos" ambientales, como tener acumulándose en el patio de atrás el montón de latas de cerveza vacías, como blancos de stand de tiro en la feria.
Un gringo que vive en México, trató de explicar a su manera la actitud: "Es que en México son mucho más tolerantes a la basura".
Mmmhhh, suena a que está tratando de endulzar los hechos.
¿Somos los mexicanos más cochinos que los norteamericanos?
Problemas similares ocurren con los mexicanos al norte de la frontera.
En abril de 2004, en Dallas iniciaron la campaña No Manches. La Sra. Gloria Cervantes, una inmigrante mexicana, encabezó el esfuerzo que trataba de quitarle la mala fama de "cochinos" a los barrios donde viven los mexicanos.
"Fui a México hace poco y me sorprendí de lo limpio que estaba", comentó la señora Cervantes cuando arrancó el programa. "Claro, me dijeron: Es porque todos los mexicanos están en Estados Unidos"
Pero para Carlos García de Alba, el cónsul de México en Dallas, quien asistió al inicio de No Manches, el problema no tiene que ver con ser o no mexicano.
"La limpieza no es algo genético, no hay razas más limpias que otras", declaró en su turno al micrófono. "Es un asunto cultural, histórico... Es responsabilidad de la escuela, de la familia, de los medios."
Remató: "Hijo de padre cochinón, será siempre cochinón".
Tristemente la campaña no prosperó. Faltó interés de la ciudad, según la Sra. Cervantes, pero sobre todo de la comunidad.
En mi barrio donde vivo, hay una cerca blanca enorme que divide la calle principal de las calles adyacentes, donde están las casas. A algún imbécil se le ocurrió una vez usar una de esas bardas como lienzo para expresar sus tendencias grafittiescas.
Yo la vi de reojo una vez que iba al trabajo. No le presté mucha atención, aunque sí la noté con un "Oh oh" preocupado.
Pero, "mea culpa": No hice nada. Me preocupé, sí. Pero por cuestiones de trabajo, de falta de tiempo, de lo que usted quiera, no hice nada. Lo reconozco.
Al día siguiente que pasé por allí, vi una camioneta pick up blanca estacionada junto al graffitti. Allí estaba, un vecino mío (gringo), con una lata de pintura y una brocha, repintando la cerca para tapar los rayones.
Cuando le pregunté porqué lo hacía, respondió encogiendo los hombros: "Porque se ve horrible".
Nadie le pagó por hacerlo. El municipio no lo mandó. Ni él esperó a que la ciudad "hiciera su trabajo". Él mismo tomó la iniciativa y actuó, para no dejar decaer su barrio.
¿Porque no todos los mexicanos mostramos esa iniciativa? Supongo que algunos lo hacemos, pero ¿los que lo hacen son la regla, o la excepción?
Según la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat), los mexicanos tiran 15 mil toneladas de basura en "lugares inapropiados" (léase, la calle, carreteras, el campo).
Quince mil toneladas de basura en la calle... POR DÍA.
Por fortuna parece que esto ha ido cambiando. En 1995, los desechos que se tiraron en sitios no controlados (a cielo abierto) sumaron el 70% del total de la basura. Para el 2004 ya se habían reducido al 40%, según la Semarnat. Pero aún falta mucho por lograr.
En los sesentas y setentas, en Estados Unidos hubieron campañas de limpieza comunitaria. Se invitaba a familias y barrios enteros a donar un día para limpiar su vecindario. Fue cuestión de conciencia social. (Y de multas, vale decir).
¿Falta mucho para que se llegue a esto en México?
Los gringos tendrán casas muy bonitas y barrios muy limpios, pero por lo general descuidan a sus familias dicen algunos como justificación. Casi siempre las familias están destruídas o separadas.
Los hispanos en cambio tenemos familias unidas, aunque la casa no sea las más bella del barrio... o la más limpia.
¿Consuelo de tontos?
¿Qué es mejor? ¿Es en verdad cosa de mentalidad, de educación?
Será el sereno, ¿pero porque no copiar lo bueno de los gringos, sin temor a ser acusados de "cachorros del imperio"? Y al mismo tiempo, seguir cultivando las relaciones familiares y de amistades.
¿Porqué no tener lo mejor de ambas culturas, familias unidas y ciudades limpias?
¿O es que una excluye a la otra?
E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

viernes, marzo 03, 2006

El "Plan Verde" del ejército de EE.UU: Conquistar México

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — En 1974, el gobierno de Estados Unidos desclasificó varios documentos hasta entonces ultra secretos. Uno de estos fue un plan militar, conocido como War Plan Green (o Plan Verde).
El Plan Verde fue aprobado por el secretario de Guerra en 1919. En él, Estados Unidos detallaba la estrategia a usar para invadir, atacar y neutralizar al ejército de un país extranjero.
Pero no solamente eso: El Plan Verde detallaba cómo derrocar al gobierno de ese país, estimular a milicias locales y establecer gobernantes que fueran favorables a los intereses de Washington "durante muchos años".
¿En qué país estaban pensando los estrategas militares americanos cuando delinearon el famoso Plan Verde?
¿Irak, pensará usted? A la mejor Rusia. O Alemania.
Pues no. El famoso War Plan Green detallaba el ataque, la invasión y la conquista de... México.
He aquí algunos extractos, tomados de la revisión al plan en 1927:
"El propósito militar de este plan es el uso de las fuerzas armadas de Estados Unidos para derrocar el gobierno federal existente en México, y controlar la Ciudad de México hasta que un gobierno satisfactorio para los Estados Unidos, sea implantado".
"Una publicidad amplia sobre el objetivo de estas operaciones militares podrían reducir la resitencia mexicana, influyendo en la población para que brinde lealtad al nuevo gobierno federal".
"Los campos petroleros de Tampico y Tuxpan son importantes, no solamente para el comercio de los Estados Unidos con el mundo, sino para México. Los campos son propiedad casi totalmente de intereses americanos y británicos, y por lo tanto, susceptibles de recibir gran daño por los mexicanos. Por ello, es importante controlar estos campos inmediatamente".
Y detallaba la estrategia a seguir para controlar al país:
"La primera regla para conquistar una nación es derrotar su ejército. El ejército mexicano, si acepta la batalla, con seguridad lo hará en la defensa del corazón de su país. Y el corazón del país es la Ciudad de México. Un ataque a la Ciudad de México no solamente llevará al ejército mexicano a una batalla decisiva, sino que (si es exitosa) facilitará a los Estados Unidos las instalaciones que necesita para reorganizar y reestablecer el gobierno".
El Plan Verde también hace una estimación de lo que tardará el control total de México: "El periodo de operaciones activas será corto, comparado con el periodo de operación de guerrillas. La retirada pronta de las tropas de Estados Unidos es altamente deseable."
Luego, explica la "facilidad" de tratar el carácter mexicano en caso de una invasión:
"Es testimonio de todos los que conocen el carácter mexicano que cualquier número de mexicanos pueden ser contratados para combatir contra cualquiera y por cualquiera que les pague y los alimente con regularidad. El soldado mexicano será más barato y más eficiente contra los bandoleros que los americanos, y el costo podrá ser más fácilmente cargado al gobierno mexicano".
"Sumado a todo esto, un ejército (mexicano) que se establezca no será anti-americano, y el cual, por muchos años en el futuro, podrá ejercer en el gobierno de México una influencia favorable hacia Estados Unidos".
(Los extractos y los datos aquí citados, fueron tomados y traducidos de un artículo publicados por el profesor de psicología americano-canadiense, Floyd Rudmin.)
Según el Rudmin, cualquiera puede comprar copias desclasificadas de este plan en los Archivos Generales de Washington, D.C.
Rudmin hace una comparación curiosa: Reemplace usted la palabra México con Irak... Cambie los datos pertinentes (como los nombres de ciudades) y el famoso Plan Verde se lee casi como una copia idéntica de la actual invasión de Estados Unidos contra Irak.
O sea, México era, para Estados Unidos, el Irak de 1920. Con campos petroleros qué proteger, una milicia armada local, entrenada por Estados Unidos, y un gobierno favorable a Washington.
Esto, claro, en caso de que se llegara al punto de la invasión. Lo cual, hay que aceptarlo, no era algo que se descartara al 100%.
Pero antes de que se desate la histeria colectiva, o de que la gente en México comience a tomar las armas y entrenarse como el pueblo cubano, con simulacros de invasión, hay que aclarar varios puntos sobre el famoso Plan Verde.
Primero, el asunto no es nuevo. Ya se había mencionado desde los setentas, cuando se desclasificó el documento. De vez en cuando a los medios se les acaban las noticias y resucitan estos episodios de la historia para subir los "rátings"
Segundo, el Plan Verde no fue el único. El ejército de Estados Unidos tenía muchos otros planes similares. Existía el Plan Rojo, que llamaba a la invasión de Canadá, con la toma de sus ciudades y puertos, el ataque a la población civil e incluso el uso de armas químicas (incluídos agentes tóxicos) para lograr una rendición rápida de los canadienses y no arriesgar tantas vidas de soldados americanos.
Esto, por supuesto, implicaba entrar en guerra de frente contra Inglaterra (de la cual Canadá era colonia por aquel entonces). Algo inimaginable.
Pero además, habían otros planes preparados. Un Plan Naranja (ataque e invasión de Japón), un Plan Negro (contra Alemania), y un Plan Violeta (intervenciones en América Latina y el Caribe).
De hecho, las fuerzas armadas de Estados Unidos contemplaron hasta el terrible Plan Blanco, para controlar militarmente a la población interna de su propio país. Este plan se usaría en caso de una insurrección civil de ciudadanos americanos, que sería "contenida" con soldados.
Entonces, si ya los militares de Estados Unidos tenía en el papel los planes para atacar e irse a la guerra con su aliado de siempre, Inglaterra, e incluso contra su propia población, ¿porqué se iban a tentar el corazón y no tener un plan para invadir México?
Antes de que la gente vuelva a alarmarse contra estas muestras del "vergonzoso y terrible militarismo gringo", un detalle:
Según cuentan algunos estudiosos —como el famoso y nunca bien ponderado columnista Cecil Adams, autoproclamado el "ser humano más listo del mundo" (!!??)—, fuentes militares reconocieron que esos planes sí existieron, pero nunca fueron creados para llevarse a cabo.
Según Adams, los planes fueron concebidos como estudio para los cadetes del Colegio del Ejército y la Guerra de EE.UU., y solamente obedecen a una costumbre burocrática de los militares de crear planes para cualquier contingencia.
Aún el más descabellado de los escenarios, como atacar Inglaterra, invadir Canadá o apagar violentamente cualquier insurrección interna, merecía un plan, al menos teórico.
El trabajo de los soldados, después de todo, es estar preparados para la guerra.
Esta idea de los famosos planes fue tomada del ejército alemán, que ya tenía un siglo haciendo estas "guerras de papel", por si llegara a darse el caso. Los planes estaban disponibles por si las autoridades civiles los requerían de improviso.
De hecho, no hay evidencia de que ninguna autoridad civil del gobierno de EE.UU. haya solicitado ningún plan.
El único plan que sí se implementó, fue precisamente el Naranja, la guerra con Japón, porque para entonces ya estaba latente la posibilidad de entrar a la Segunda Guerra Mundial. Lo cual ocurrió efectivamente en diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor.
Nosotros podremos alarmarnos. Podremos insultar a los americanos al saber de este plan. Podemos también acusarlos de imperialistas, de militaristas, de agresivos, como lo hizo el propio Rudmin.
Quizá tiene razón. Pero yo no entiendo porqué tanto escándalo. Si los Estados Unidos quisieran invadir México, no necesitan ningún plan clasificado, de 80 años de antigüedad, para hacerlo.
Vamos, ni siquiera necesitarían tomar puertos ni enviar "marines".
Si los militares norteamericanos tomaron muy en serio el Plan Verde en su tiempo (o el Blanco, o el Naranja, o el Rojo), no quiere decir que hoy en día les sirvan de mucho.
No creo que a los mexicanos o los canadienses o los ingleses les quite el sueño la posibilidad de que a media noche les caiga en el techo de su casa, una cuadrilla de "marines" armados hasta los dientes.
Como se dijo antes, seguramente estos planes eran "guerras de papel", solamente.
Lo que sí es curioso notar, es que parece que a Estados Unidos se le olvidó preparar un plan vital, que ahora necesitan urgentemente: El Plan Irak. Ése sí que lo deberían haber PLANEADO ( aunque por lo visto, a los militares americanos esto nunca les pasó por la mente).
¿Qué piensan los americanos de hoy en día respecto al plan de invadir y conquistar México? Lo ve como cualquiera: Un sueño guajiro. Una tontería.
Sin embargo, un norteamericano lo apoyó totalmente en un foro de internet. Y explicó sus motivos:
"Debemos anexarnos México rápidamente... ¡Antes de que ellos nos anexen a nosotros!"