viernes, febrero 17, 2006

Anúnciese en los Estados Unidos de (el nombre de su empresa en este espacio)

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Imagínese la escena: Usted, de vacaciones en Estados Unidos. Se le ocurre de pronto, manejar. Renta un auto. O trae su coche. Sale a surcar las autopistas del Primer Mundo.
De pronto, por andar admirando el paisaje o tomando fotos, o peleando con los chiquillos, no se da cuenta de que metió pata al acelerador. Y que en Estados Unidos hay límites de velocidad que sí se respetan.
(No porque los gringos sean modelo de cordialidad y civismo, sino porque los multan).
Pero usted se da cuenta demasiado tarde. Cuando menos lo nota, ya tiene la torreta de una patrulla encendida detrás de su carro.
Usted se detiene a un lado del camino, maldiciéndose. Mira su espejo retrovisor para ver la patrulla que le hizo el alto, y que se estaciona detrás de usted.
Nota algo extraño: Trae un letrerote de Pizza Hut.
Pero no es solo eso: La patrulla tiene al frente calcomanías de Coca-Cola, y las portezuelas muestran el inconfundible logo de McDonald's.
¡¿?!
Se acerca el oficial de Policía a su ventanilla. Cuando le pide su licencia de manejo, usted no sabe si tirarse al suelo aterrado o riéndose a carcajadas: El uniforme del malencarado oficial trae el logo de Wal-Mart estampado en el pecho, y su gorra muestra la inconfundible carita amarilla feliz de la tienda.
¿¿Qué onda??
No, no estamos fumados. Esta escena no fue sacada de ninguna película de Jim Carrey. De hecho, es tan real, que puede llegar a ser muy común en el futuro próximo.
Inclusive, en algunas partes de Estados Unidos, casi ya es un hecho.
Bienvenido a los Estados Unidos de (Ponga aquí el nombre de su empresa).
Vender nombres de estadios y edificios a empresas particulares no es algo nuevo. En casi todo el mundo se hace desde hace bastante tiempo.
En Dallas, el estadio de béisbol se llama Ameriquest. El de básquetbol, American Airlines Center. Hay un teatro llamado Smirnoff Music Center (antes el Coca-Cola Starplex). Y muchas universidades y escuelas tienen aulas y estadios con el nombre de corporaciones patrocinadoras.
Pero ahora en Estados Unidos, se ha tratado de llevar esta costumbre hasta sus últimas consecuencias.
Porqué, ¿para qué detenerse nada más en nombrar estadios? ¿Porqué no explorar otras oportunidades en las ciudades?
Por ejemplo, los departamentos de Policía andan cortos. Se necesitan patrullas, darles mantenimiento. Y no hay dinero.
Esto hizo que se le prendiera el foco a algunos emprendedores, como la compañía Government Acquisitions, de Charlotte, Carolina del Norte.
Los vendedores de la firma van de pueblo en pueblo por todo Estados Unidos, visitando municipalidades y departamentos de policía. Y como Don Corleone, les hacen "una oferta que no pueden rechazar":
"¿Necesita usted patrullas para su policía? ¿No tiene dinero? ¿No hay presupuesto? ¿No hay suficientes vehiculos para los rondines y peligra la seguridad de sus ciudadanos? ¡No se preocupe! ¡Government Acquisitions tiene la solución!", parecen anunciar sus representantes.
La propuesta es simple: La empresa ofrece patrullas nuevas, último modelo, equipadas con el más sofisticado sistema de computadoras y equipo policiaco. Por tres años, para uso completo y total, las 24 horas del día, de las municipalidades interesadas.
¿El precio? Un dólar. Por patrulla.
Ah, pero además este dólar incluye todos los servicios mecánicos y de mantenimiento que el vehículo necesite durante los 3 años del contrato. Las municipalidades no tienen que desembolsar ni un centavo.
Dónde está el truco, dirá usted. Bueno, se trata de patrullas que llevan pegadas calcomanías de anunciantes, de patrocinadores que se comprometen a pagar de su bolsa por las patrullas, a cambio de publicidad. Es la única condición para usarlas.
Al término del contrato, si la ciudad quiere, puede cambiar las patrullas por otras nuevas, y todos contentos.
("¿Cuántas le anoto para su ciudad, joven?")
Los anuncios no son gigantescos. Las patrullas no parecen carros de NASCAR, tapizados de publicidad. Son autos de policía normales, pintados como cualquiera, con sus torretas rojas y azules, los escudos policiacos en las puertas, y todo.
Las calcomanías privadas ocupan lugares pequeños, en el área cerca a los espejos laterales. Discretamente ubicados en zonas destacadas de la carrocería (al menos por ahora), según muestran fotos en internet.
Tampoco se acepta cualquier anunciante. Según la firma, se rechaza publicidad de bebidas alcohólicas, armas y todo lo que dé imagen negativa a la policía ante la comunidad. En cambio se aceptan anuncios de empresas nacionales o incluso de negocios locales pequeños como abogados o empresas de bienes raíces.
Claro, al principio la idea sonaba casi como venderle el alma al diablo y hubo mucha oposición, sobre todo de jefes policiacos que temían que la auto-estima de sus muchachos sufriera un duro golpe al andar correteando rateros por cortesía de la Taquería de Doña Lencha. (Supongo que no hay nada peor para el ego de un oficial de la ley que los pitorreos de cacos a los que deberían infundirles temor).
Pero al final pudo más el poder del dinero. O más bien la escasez del mismo entre las municipalidades.
Poco a poco, la empresa ha logrado convencer a más pueblos, sobre todo pequeños. Hoy, Government Acquisitions asegura que son más de 100 las ciudades que han firmado contratos, y tienen ya patrullas-anuncios funcionando a todo vapor, vigilando comunidades que antes quizá no tenían ni bicicletas para sus oficiales.
Y cada vez más se suman a la tendencia.
De hecho, hubo otros más vivos que Government Acquisitions (que, dicho sea de paso, se está llenando de billetes con el proyecto), y pensaron llevar las cosas al límite todavía más:
Porqué limitarse a departamentos de policía, pensaron. ¿Porqué no ya de una vez, y encarrerados, ciudades completas?
El pueblo que inició la tendencia fue Hot Springs, Nuevo México. En 1950, el conductor de un famosísimo programa de concurso, "Truth or Consequences" ("Verdad o Consecuencias", algo así como el tatarabuelito de "Cien Mexicanos Dijeron") anunció que transmitiría su emisión desde el primer pueblo que se bautizara con el nombre del programa.
Ni tardos ni perezosos las autoridades del pueblo le cambiaron el nombre, y desde entonces se llama Truth or Consequences.
Pero los que le ganaron fueron los habitantes de un pueblecito de 125 habitantes en Texas, llamado Clark. Por ofrecimiento de Dish Network, una de las más poderosas empresas de TV por satélite, los habitantes de Clark decidieron cambiarle el nombre a DISH, Texas. Y así se llama desde el 2005.
Como premio, Dish les dará servicio gratis de televisión vía satélite a las 55 casas del pueblo durante 10 años.
Otro pueblecito se voló la barda. Halfway, Oregon, aceptó el ofrecimiento de eBay para cambiarse el nombre a Half.Com, Oregon, en 1999, a cambio (claro) de dinero. Aún se duda que eBay cumpla con su parte del trato.
Y así, por el estilo.
¿Es esto malo? ¿Bueno? ¿Ridículo?
Es criticable, por supuesto. Y altamente controvertido.
Pero, "desde el punto de vista práctico, es algo que no podemos ignorar", aseguró el jefe de la Policía Sam Slay en una entrevista al diario Christian Science Monitor.
¿Seguirá la tendencia? Es muy posible. Aunque suene ridícula, esta idea provee de lo que muchas municipalidades necesitan: Dinero. Y mientras el gobierno siga cortando presupuesto, y las corporaciones se llenen de dinero, es cuestión de tiempo para que esta tendencia siga a ciudades más grandes.
¿Y qué tal en México? ¿Será factible que una corporación "patrocine" a una ciudad? ¿Qué tiene de malo que, por ejemplo San Juanito de las Tunas cambie su nombre a, digamos "Ciudad Maseca" o "San Juanito de Bimbo", si ello le implica recibir cifras millonarias de corporaciones por diez o más años, que podían aplicar en servicios públicos para su comunidad? Dinero que, claro, el gobierno estatal y federal no podría o no querría darle de otra manera.
¿A quién le perjudicaría que San Juanito de las Tunas se cambie de nombre? ¿O que sus patrullas lleven el logo de Marinela? Supongo que a nadie. Y, con límites y regulaciones, esto en cambio podría beneficiar a sus habitantes.
¿Y las ciudades grandes porqué tendrían que quedarse atrás? ¿No dicen que están cada vez más quebradas?
¿Será posible que alguna vez veamos letreros en la carretera que anuncien "Microsoft, Washington"? ¿"Coca-Cola, Georgia"? ¿"Exxon-Mobil, Texas?"
O, "Wal-Mart, Veracruz"? ¿"Telmex, Estado de México"? ¿"Hewlett-Packard, Jalisco"? ¿"Alfa, Nuevo León"?
¿Que afecta nuestro orgullo? ¿Nuestra tradición? ¿Nuestra idiosincracia?
Quizá. Sí, a la mejor tiene razón.
¿Sería muy malo tener ciudades o pueblos con nombres rentados a corporaciones, pero con ingresos que permitan mejorar el nivel de vida de su gente?
¿O es mejor tener pueblos con idiosincracia y orgullo y tradiciones... pero amolados? Sin dinero ni para pavimentar calles, ¿pero con mucho orgullo y tradiciones?
Por cierto, ¿cuánto me pagaría su empresa por patrocinar esta columna? Si quiere, le cambiamos el nombre. ¿"Desde las Entrañas de Pastelerías Pedrito"? A la mejor. ¿Porqué no?
¿Suena ridículo? Depende de cuánto pague.

1 comentario:

  1. Anónimo1:09 a.m.

    Sólo como comentario, hace ya varios años el pueblo de Jasso, Hgo. cambió su nombre por el de Cd. Coop. Cruz Azul, si bien este hecho no fue el resultado de una "venta de derechos" a la firma cementera, sino una forma de agradecer a dicha empresa su aportación al desarrollo del lugar, para el caso el efecto es el mismo. Saludos a todos tus lectores desde el bellísimo puerto jaibo, Tampico, Tamps.

    ResponderEliminar