viernes, febrero 24, 2006

Primera Guerra Mundial: ¿Eje Berlín-Tokyo-...México?

**El día que Alemania pidió a México atacar a EEUU, a cambio de Texas, Arizona y Nuevo México

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — El año era 1917. El mundo estaba sumergido desde hacía dos años en la Primera Guerra Mundial, una conflagración como nunca antes se había visto.
Tropas de Europa, África, Asia, Norteamérica y Oceanía se unían a las batallas, que devastaban sobre todo a Europa.
Por un lado, el Imperio Alemán, el Imperio Austro-Húngaro e Italia (la "Triple Alianza") se enfrentaban a los Inglaterra, Francia y Rusia (los "Aliados" o la "Triple Entente").
Esta guerra era la peor hasta entonces: Se usaban químicos que quemaban los pulmones y envenenaban el ambiente. Vehículos acorazados que barrían con regimientos completos. Maquinaria que surcaba los fondos del mar, y sobre todo, vehículos aéreos que desde el cielo dejaban cientos o miles de muertos.
El 16 de enero de ese año, inteligencia naval de Inglaterra detectó el envío secreto de un telegrama cifrado en clave, de parte del gobierno alemán a su embajador en Estados Unidos.
Pero no era cualquier telegrama: Lo enviaba el gobierno imperial del Káiser, y se dirigía al presidente de un país pobre y atrasado, al otro lado del mundo: México.
Los británicos lograron descifrar el mensaje. Era un comunicado súper secreto del ministro alemán de exteriores, Arthur Zimmerman, al embajador de Alemania en Washington, Conde Johann von Bernstorff. Éste a su vez había enviado una copia del mensaje al embajador alemán en México, de apellido Eckardt.
Ese pedazo de papel estaba llamado a cambiar el curso de la historia.
¿Qué contenía ese telegrama?
Decía así:
>>Máximo Secreto
>>Para la información personal de Su Excelencia, y para ser entregado al Ministro Imperial en México.
>>Nos proponemos iniciar ataques submarinos irrestrictos el primero de febrero. Intentaremos a pesar de esto, mantener a los Estados Unidos neutrales. En el evento de que esto no sucediera, hacemos a México la propuesta de una alianza en las siguientes bases: Entrar en la guerra juntos, firmar la paz juntos, apoyo financiero generoso, y el entendimiento de nuestra parte de que México reconquistará el territorio perdido en Texas, Nuevo México y Arizona. Los detalles del acuerdo se le dejan a usted.
>>Informará al Presidente de México sobre esto de la forma más secreta tan pronto como el inicio de la guerra con los Estados Unidos sea inminente, y agregará la sugerencia de que él debería, por iniciativa propia, invitar a Japón a sumarse de inmediato y al mismo tiempo, mediar entre Japón y nosotros.
>>Favor de mencionar al presidente el hecho de que el empleo irrestricto de nuestros submarinos ofrece ahora la posibilidad de que Inglaterra firme la paz en pocos meses. Acuse de recibo.
>>Zimmerman
Cuando las autoridades inglesas leyeron el telegrama ya descifrado, convocaron a junta de emergencia. El contenido era una bomba que iba a causar escándalo y quizá, revertir el curso de la guerra.
Aunque parece una historia sacada de una novela fantástica, el ofrecimiento sí se dio. De hecho, el propio presidente mexicano Venustiano Carranza recibió el comunicado e incluso analizó la propuesta.
¿Estuvimos los mexicanos a un pelito de irnos de nuevo a la guerra contra los gringos?
De hecho, se puede decir que indirecta o directamente, México fue el responsable de obligar a los americanos a entrar en la guerra.
Hay que recordar que por aquellas fechas, Estados Unidos no había entrado a la guerra aún, y la idea era muy impopular entre la gente. Esto a pesar de que submarinos alemanes ya habían torpedeado el transatlántico inglés "Lusitania" en 1915 , donde murieron más de mil personas entre ellos cientos de ciudadanos americanos.
Pero el descubrimiento del telegrama Zimmerman fue la mecha que detonó la indignación americana contra los alemanes, y los incitó a, de una vez, declararles la guerra.
El 25 de febrero de 1917, una copia del mensaje fue entregada al presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, y el 1 de marzo, el gobierno puso el texto del telegrama a disposición de la prensa.
Cuando la gente de Estados Unidos se enteró de la noticia, montó en cólera. Para entonces, existía entre la gente de Estados Unidos un profundo sentimiento anti-alemán y anti-mexicano. Los ataques de Pancho Villa al pueblo de Columbus, Nuevo México, habían puesto a México en el papel de un país que solapaba a terroristas. (Casi como el Irak o el Afganistán de entonces.)
Según historiadores, Carranza consultó a sus asesores al respecto. Determinó que la ayuda que Alemania pudiera ofrecer no sería suficiente para derrotar al ejército americano. Rechazó la oferta de Zimmerman el 14 de abril, una semana después de que el Congreso de Estados Unidos había declarado la guerra a Alemania.
El telegrama no menciona California. Historiadores suponen que ese territorio los alemanes se lo iban a ofrecer como botín de guerra a Japón, tras la eventual derrota de Estados Unidos.
Pero, siempre queda la duda: ¿Qué hubiera pasado si el telegrama no se hubiera detectado? ¿Qué hubiera pasado si los americanos no hubiesen sabido absolutamente nada del asunto, y se resistieran a entrar en la guerra?
¿De verdad Carranza hubiera aceptado convertirse en aliado de Alemania y Japón, y prestar el territorio mexicano para iniciar un ataque, y una eventual invasión contra Estados Unidos?
Y al final de la guerra, ¿Alemania de verdad hubiera devuelto los estados de Texas, Arizona y Nuevo México?
Y en caso de que fuera así, no sería el fin de los problemas para México, sino el principio de otros problemas, quizá peores.
Porque, además de sopesar las posibilidades de perder ante los gringos, también había que pensar en los riesgos de ganarles.
¿Qué iba a hacer México con tres extensas provincias recuperadas, habitadas por millones de anglosajones?
México estaba sumido en la Revolución. No había dinero ni forma de repoblar rápidamente esos estados con población de habla española. El mismo gobierno de Carranza no habría de durar mucho más en el poder.
Además, con el tiempo, Texas, Arizona y Nuevo México seguramente serían la causa de otra guerra contra Estados Unidos, y seguramente la última (porque al final, dudosamente México podría haber sobrevivido como nación).
Pero, el "hubiera" nunca existió...

cfzap@yahoo.com

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viernes, febrero 17, 2006

Anúnciese en los Estados Unidos de (el nombre de su empresa en este espacio)

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Imagínese la escena: Usted, de vacaciones en Estados Unidos. Se le ocurre de pronto, manejar. Renta un auto. O trae su coche. Sale a surcar las autopistas del Primer Mundo.
De pronto, por andar admirando el paisaje o tomando fotos, o peleando con los chiquillos, no se da cuenta de que metió pata al acelerador. Y que en Estados Unidos hay límites de velocidad que sí se respetan.
(No porque los gringos sean modelo de cordialidad y civismo, sino porque los multan).
Pero usted se da cuenta demasiado tarde. Cuando menos lo nota, ya tiene la torreta de una patrulla encendida detrás de su carro.
Usted se detiene a un lado del camino, maldiciéndose. Mira su espejo retrovisor para ver la patrulla que le hizo el alto, y que se estaciona detrás de usted.
Nota algo extraño: Trae un letrerote de Pizza Hut.
Pero no es solo eso: La patrulla tiene al frente calcomanías de Coca-Cola, y las portezuelas muestran el inconfundible logo de McDonald's.
¡¿?!
Se acerca el oficial de Policía a su ventanilla. Cuando le pide su licencia de manejo, usted no sabe si tirarse al suelo aterrado o riéndose a carcajadas: El uniforme del malencarado oficial trae el logo de Wal-Mart estampado en el pecho, y su gorra muestra la inconfundible carita amarilla feliz de la tienda.
¿¿Qué onda??
No, no estamos fumados. Esta escena no fue sacada de ninguna película de Jim Carrey. De hecho, es tan real, que puede llegar a ser muy común en el futuro próximo.
Inclusive, en algunas partes de Estados Unidos, casi ya es un hecho.
Bienvenido a los Estados Unidos de (Ponga aquí el nombre de su empresa).
Vender nombres de estadios y edificios a empresas particulares no es algo nuevo. En casi todo el mundo se hace desde hace bastante tiempo.
En Dallas, el estadio de béisbol se llama Ameriquest. El de básquetbol, American Airlines Center. Hay un teatro llamado Smirnoff Music Center (antes el Coca-Cola Starplex). Y muchas universidades y escuelas tienen aulas y estadios con el nombre de corporaciones patrocinadoras.
Pero ahora en Estados Unidos, se ha tratado de llevar esta costumbre hasta sus últimas consecuencias.
Porqué, ¿para qué detenerse nada más en nombrar estadios? ¿Porqué no explorar otras oportunidades en las ciudades?
Por ejemplo, los departamentos de Policía andan cortos. Se necesitan patrullas, darles mantenimiento. Y no hay dinero.
Esto hizo que se le prendiera el foco a algunos emprendedores, como la compañía Government Acquisitions, de Charlotte, Carolina del Norte.
Los vendedores de la firma van de pueblo en pueblo por todo Estados Unidos, visitando municipalidades y departamentos de policía. Y como Don Corleone, les hacen "una oferta que no pueden rechazar":
"¿Necesita usted patrullas para su policía? ¿No tiene dinero? ¿No hay presupuesto? ¿No hay suficientes vehiculos para los rondines y peligra la seguridad de sus ciudadanos? ¡No se preocupe! ¡Government Acquisitions tiene la solución!", parecen anunciar sus representantes.
La propuesta es simple: La empresa ofrece patrullas nuevas, último modelo, equipadas con el más sofisticado sistema de computadoras y equipo policiaco. Por tres años, para uso completo y total, las 24 horas del día, de las municipalidades interesadas.
¿El precio? Un dólar. Por patrulla.
Ah, pero además este dólar incluye todos los servicios mecánicos y de mantenimiento que el vehículo necesite durante los 3 años del contrato. Las municipalidades no tienen que desembolsar ni un centavo.
Dónde está el truco, dirá usted. Bueno, se trata de patrullas que llevan pegadas calcomanías de anunciantes, de patrocinadores que se comprometen a pagar de su bolsa por las patrullas, a cambio de publicidad. Es la única condición para usarlas.
Al término del contrato, si la ciudad quiere, puede cambiar las patrullas por otras nuevas, y todos contentos.
("¿Cuántas le anoto para su ciudad, joven?")
Los anuncios no son gigantescos. Las patrullas no parecen carros de NASCAR, tapizados de publicidad. Son autos de policía normales, pintados como cualquiera, con sus torretas rojas y azules, los escudos policiacos en las puertas, y todo.
Las calcomanías privadas ocupan lugares pequeños, en el área cerca a los espejos laterales. Discretamente ubicados en zonas destacadas de la carrocería (al menos por ahora), según muestran fotos en internet.
Tampoco se acepta cualquier anunciante. Según la firma, se rechaza publicidad de bebidas alcohólicas, armas y todo lo que dé imagen negativa a la policía ante la comunidad. En cambio se aceptan anuncios de empresas nacionales o incluso de negocios locales pequeños como abogados o empresas de bienes raíces.
Claro, al principio la idea sonaba casi como venderle el alma al diablo y hubo mucha oposición, sobre todo de jefes policiacos que temían que la auto-estima de sus muchachos sufriera un duro golpe al andar correteando rateros por cortesía de la Taquería de Doña Lencha. (Supongo que no hay nada peor para el ego de un oficial de la ley que los pitorreos de cacos a los que deberían infundirles temor).
Pero al final pudo más el poder del dinero. O más bien la escasez del mismo entre las municipalidades.
Poco a poco, la empresa ha logrado convencer a más pueblos, sobre todo pequeños. Hoy, Government Acquisitions asegura que son más de 100 las ciudades que han firmado contratos, y tienen ya patrullas-anuncios funcionando a todo vapor, vigilando comunidades que antes quizá no tenían ni bicicletas para sus oficiales.
Y cada vez más se suman a la tendencia.
De hecho, hubo otros más vivos que Government Acquisitions (que, dicho sea de paso, se está llenando de billetes con el proyecto), y pensaron llevar las cosas al límite todavía más:
Porqué limitarse a departamentos de policía, pensaron. ¿Porqué no ya de una vez, y encarrerados, ciudades completas?
El pueblo que inició la tendencia fue Hot Springs, Nuevo México. En 1950, el conductor de un famosísimo programa de concurso, "Truth or Consequences" ("Verdad o Consecuencias", algo así como el tatarabuelito de "Cien Mexicanos Dijeron") anunció que transmitiría su emisión desde el primer pueblo que se bautizara con el nombre del programa.
Ni tardos ni perezosos las autoridades del pueblo le cambiaron el nombre, y desde entonces se llama Truth or Consequences.
Pero los que le ganaron fueron los habitantes de un pueblecito de 125 habitantes en Texas, llamado Clark. Por ofrecimiento de Dish Network, una de las más poderosas empresas de TV por satélite, los habitantes de Clark decidieron cambiarle el nombre a DISH, Texas. Y así se llama desde el 2005.
Como premio, Dish les dará servicio gratis de televisión vía satélite a las 55 casas del pueblo durante 10 años.
Otro pueblecito se voló la barda. Halfway, Oregon, aceptó el ofrecimiento de eBay para cambiarse el nombre a Half.Com, Oregon, en 1999, a cambio (claro) de dinero. Aún se duda que eBay cumpla con su parte del trato.
Y así, por el estilo.
¿Es esto malo? ¿Bueno? ¿Ridículo?
Es criticable, por supuesto. Y altamente controvertido.
Pero, "desde el punto de vista práctico, es algo que no podemos ignorar", aseguró el jefe de la Policía Sam Slay en una entrevista al diario Christian Science Monitor.
¿Seguirá la tendencia? Es muy posible. Aunque suene ridícula, esta idea provee de lo que muchas municipalidades necesitan: Dinero. Y mientras el gobierno siga cortando presupuesto, y las corporaciones se llenen de dinero, es cuestión de tiempo para que esta tendencia siga a ciudades más grandes.
¿Y qué tal en México? ¿Será factible que una corporación "patrocine" a una ciudad? ¿Qué tiene de malo que, por ejemplo San Juanito de las Tunas cambie su nombre a, digamos "Ciudad Maseca" o "San Juanito de Bimbo", si ello le implica recibir cifras millonarias de corporaciones por diez o más años, que podían aplicar en servicios públicos para su comunidad? Dinero que, claro, el gobierno estatal y federal no podría o no querría darle de otra manera.
¿A quién le perjudicaría que San Juanito de las Tunas se cambie de nombre? ¿O que sus patrullas lleven el logo de Marinela? Supongo que a nadie. Y, con límites y regulaciones, esto en cambio podría beneficiar a sus habitantes.
¿Y las ciudades grandes porqué tendrían que quedarse atrás? ¿No dicen que están cada vez más quebradas?
¿Será posible que alguna vez veamos letreros en la carretera que anuncien "Microsoft, Washington"? ¿"Coca-Cola, Georgia"? ¿"Exxon-Mobil, Texas?"
O, "Wal-Mart, Veracruz"? ¿"Telmex, Estado de México"? ¿"Hewlett-Packard, Jalisco"? ¿"Alfa, Nuevo León"?
¿Que afecta nuestro orgullo? ¿Nuestra tradición? ¿Nuestra idiosincracia?
Quizá. Sí, a la mejor tiene razón.
¿Sería muy malo tener ciudades o pueblos con nombres rentados a corporaciones, pero con ingresos que permitan mejorar el nivel de vida de su gente?
¿O es mejor tener pueblos con idiosincracia y orgullo y tradiciones... pero amolados? Sin dinero ni para pavimentar calles, ¿pero con mucho orgullo y tradiciones?
Por cierto, ¿cuánto me pagaría su empresa por patrocinar esta columna? Si quiere, le cambiamos el nombre. ¿"Desde las Entrañas de Pastelerías Pedrito"? A la mejor. ¿Porqué no?
¿Suena ridículo? Depende de cuánto pague.

viernes, febrero 03, 2006

Soy inmigrante mexicano en EE.UU., y estoy contra la inmigración ilegal

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Tengo una confesión que hacer a mis lectores:
Soy inmigrante mexicano. Vivo en Estados Unidos...
...y estoy totalmente en contra de la inmigración ilegal de mexicanos a este país.
Ya sé lo que van a decir: ¡Malnacido! ¡Traidor! ¡Malinchista! ¡Vendepatrias!
(Creerán que soy como Arnold: "Ya entré yo. ¡Ahora, cierren la puerta, y que los demás se pudran!")
Antes de que me comiencen a lanzar pedradas, déjeme y me explico:
La inmigración ilegal no beneficia a nadie. Antes, perjudica a todos.
Perjudica a la economía de Estados Unidos, porque pone un peso enorme a los sistemas de salud, las escuelas, y los servicios públicos del país.
Perjudica a los trabajadores legales de Estados Unidos (americanos y extranjeros), porque la competencia de mano de obra más barata rebaja los salarios y los obliga a competir en desventaja.
Perjudica al gobierno de Estados Unidos, porque no se sabe ni quién ni cuánta gente vive aquí, ni se les puede cobrar los impuestos como debe.
Pero sobre todo, nos perjudica a nosotros, los mexicanos. De ambos lados.
Es un error apoyar la inmigración ilegal, aún cuando uno sea mexicano. Es como apoyar la pobreza si uno no es rico.
¿A quién le gusta ser pobre? A nadie. Este es un cuento inventado por los políticos demagogos, que buscan explotar al pueblo, para beneficio propio.
Ellos, y "artistas" e "intelectuales" comerciales son los que han creado el mito del mexicano (o latinoamericano) "pobre pero feliz". "Amolado, pero honrado".
(Pausa para chiflar la obligada tonadita de Pepe del Toro: "Amorcito corazón... Yo tengo tentación... de un beeeeeso")
Es mentira. No dudo que haya gente humilde y feliz, pero no lo son porque sean pobres, sino A PESAR DE serlo.
Pregúntele a cualquier familia pobre, y le dirá que lo primero que desea es salir adelante. No para ser ricos (y "corromperse", según el mentado mito), sino simplemente para poder pagar las deudas, mandar a los niños a la escuela, darles ropa y comida decentes.
Vivir un poco más tranquilos, menos apurados. Simplemente.
Y esto no tiene nada de malo. El progreso no es pecado, como tampoco es virtud el quedarse estancado siendo pobre toda la vida.
Todo eso son inventos de una clase política que nos lavó el cerebro durante 70 años a los mexicanos para mantenernos dóciles. Y son mentiras: Todo mundo tiene la capacidad de crear, de aprender, de hacer dinero, de mejorar. De salir de jodido.
Lo que generalmente nos faltan, son las oportunidades.
Igual la inmigración ilegal. A nadie le gusta ser 'mojado'. Yo, a casi una década de vivir en Estados Unidos, jamás he encontrado a alguien que le encante vivir de indocumentado. Que lo haga porque es una "virtud".
(Partiendo de esta "lógica" demagoga, entonces asumiríamos que tener papeles de residencia legal sería un crimen tan "corrupto" como no ser pobre en México.)
Hay muchos indocumentados que son excelentes personas. Gente trabajadora, buena, con principios. Familias buenas, que se esfuerzan por mejorar su entorno y el país aún más que los propios ciudadanos americanos.
Pero no lo son por ser indocumentados, sino A PESAR DE serlo. De hecho, uno de los sueños de estas personas es, precisamente, algún día poder arreglar sus papeles.
Nadie es indocumentado porque quiere, igual que nadie es pobre por decisión propia.
Aquellos políticos americanos que usan la inmigración ilegal como bandera de su "causa" suenan tan demagogos, como los políticos mexicanos que usaron la pobreza como bandera durante casi 70 años. Y que la siguen usando.
La inmigración ilegal, en síntesis, perjudica a muchas personas, pero sobre todo a nosotros, los inmigrantes mexicanos.
Igual que la pobreza en México, el hecho de que existan inmigrantes ilegales mexicanos en Estados Unidos es culpa no de la gente, sino de los políticos. De políticos americanos que no tenían un plan definido sobre inmigración, y de políticos mexicanos que no tenían un plan definido de país, para evitar estos problemas.
Políticos, de ambos lados, que lo único que buscaban era su beneficio propio, y el de su clase. Y los demás, que se amuelen.
La pobreza y la inmigración ilegal son los efectos de esa ineptitud.
Ser inmigrante ilegal no es una virtud. Es un defecto. Y la gente lo asume no por gusto, sino por necesidad. Porque no tiene de otra.
Peor aún. Muchas personas sufren la peor de las tragedias en pos de ese "ideal": Pierden la vida en el desierto, o al cruzar el río Bravo, o simplemente a manos de "coyotes", delincuentes, narcos e incluso agentes fronterizos.
Con estos riesgos, ¿quién diablos puede decir que le encanta emigrar ilegalmente a Estados Unidos? Masoquistas, si acaso. Y no creo que todos los mexicanos nos distingamos precisamente por serlo.
Otros despistados dicen: "Lo que pasa es que los mexicanos son aventurosos. Les gustan los retos. Salen adelante ante las adversidades".
¡¡¡¿¿¿??!!!
¿A costa de la vida de uno? Por favor.
Si salimos adelante ante las adversidades no es porque nos encante brincar cercas, nadar ríos profundos y caudalosos o cruzar desiertos a pata. Lo hacemos porque no nos dejan de otra. A cualquiera le encantaría emigrar con papeles, en avión o autobús.
Sí, hasta a los mexicanos. Aunque no lo quieran creer muchos políticos.
Estas actitudes condescendientes hacia los ilegales generan otro mito, muy socorrido entre los "defensores" de la inmigración ilegal: El del mexicano que "le gustan" los trabajos pesados. Los trabajos peligrosos. Los que "nadie quiere hacer".
Perdón, pero esto también es otra mentira. ¿A quién demonios le encanta trabajar bajo el solazo texano? ¿A quién le gusta pizcar frutas, empinado por horas? ¿A quién le encanta pasar largas horas haciendo trabajos duros, con baja paga?
A nosotros, los mexicanos, no. Como a cualquier otra persona.
Le entramos, eso sí. No nos rajamos. Pero no por gusto, sino porque la imagen de nuestros hijos y nuestra familia con hambre es más fuerte. Más cornadas da el hambre, como decía Luis Spota.
No, los mexicanos no tenemos "grabados en nuestros genes" habilidades de albañiles, de jardineros o de mucamas. Al menos no más que los gringos, los canadienses, los franceses o los chinos.
De hecho, los mexicanos (y muchos latinoamericanos) tomamos esos trabajos (que por otra parte, son todos muy respetables y necesarios, conste) porque es lo que encontramos. Porque son las únicas chambas donde no nos ponen tantas trabas con eso de los papeles.
La prueba está en que, en cuanto uno puede arreglar sus papeles, lo primero que hace es buscarse una chamba mejor. Más pagada y menos matada.
Y por eso, obligamos a nuestros hijos a estudiar y prepararse. Para que no tengan que sufrir lo que nosotros.
Por culpa de no tener papeles, hay patrones que nos explotan. Nos pagan lo que quieren, cuando quieren... y eso si nos pagan.
Y si protestamos, ¿qué importa, dicen? No se preocupan. Al cabo que somos ilegales.
Simplemente le llaman a "la Migra" para que nos lleve, y listo. Al día siguiente, van y se buscan a otros indocumentados que les hagan la chamba, sin costarles nada.
Por culpa de la inmigración ilegal, a nuestra gente no le pagan seguro médico, ni de compensación por accidentes. Ni pagan los impuestos que por ley deberían. Ni nos dan vacaciones, ni aguinaldos ni nada.
Para estos patrones explotadores, la inmigración ilegal sí que es una virtud. Les cayó del cielo. Y les conviene que así siga por muchos años más.
Por eso estoy en contra de ella.
Cierto, Estados Unidos necesita trabajadores. Cierto, estos pueden o deberían ser mexicanos. Pero también Estados Unidos tendría que reconocer la necesidad de legalizar a estos trabajadores. Dar permisos de trabajo (temporales si quieren) a los mexicanos o centroamericanos que quieran venir a chambear. Y otorgarles todos los beneficios, derechos y obligaciones que a cualquier ciudadano americano.
Y a los inmigrantes que ya están aquí, que han echado raíces, formado familias, o comprado casa, deberían darles residencia permanente. Se lo han ganado, ahora sí que a punta de doblar el espinazo. Literalmente.
Estados Unidos debe reconocer el esfuerzo de estos trabajadores, y su aportación a hacer de este país el más rico y poderoso del mundo. Los gringos no lo han hecho solos.
O sea, en una palabra: Deben erradicar por completo la inmigración ilegal.
Esto, a pesar de lo que digan los políticos "pro inmigrantes", beneficiaría a todos. En especial a nosotros, los mexicanos.
Porque no tenemos porqué seguir siendo "ilegales" para siempre, para probar que somos gente valiosa. Como tampoco tenemos que ser pobres para siempre para probar que somos gente buena.

¿Quiere triunfar en Estados Unidos? Entonces olvídese de ser mexicano y siéntase de raza blanca

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Hay una super-heroína famosísima, que ha triunfado en Estados Unidos.
Se trata de la Mujer Invisible. Es querida, admirada y reconocida a todas partes donde va. Tiene una legión de fans que están enamoradísimos de ella, y recientemente, fue electa como la mujer que todo hombre en Estados Unidos quisiera tener de novia.
¿Cómo le hizo? ¿Cuál es el secreto de su triunfo?
Aunque parezca mentira, el motivo del éxito de esta súper mujer no es su identidad, ni sus súper-poderes.
No, el secreto del triunfo de la Mujer Invisible es más simple, aunque suene chocante para algunos: Ella "la hizo en grande" en Estados Unidos porque renegó de sus orígenes... ¡MEXICANOS!
"Mi abuelo fue el único mexicano en su universidad..", recordaba la súper celebridad en una entrevista, difundida por el sitio de internet imdb.com. "Fue el único hispano en su trabajo, y el único mexicano en un club campestre de puros blancos... Trató de olvidar sus raíces mexicanas, porque nunca quiso que sus hijos se sintieran diferentes en Estados Unidos. Ni él ni mi abuela hablaron en español a sus hijos", agregó segura de sí misma.
Antes de seguir, déjenme aclarar algo. Primero, no existe la Mujer Invisible. De hecho, los superhéroes que a todos nos gusta ver en los cómics y en el cine, no existen. Nunca existieron.
Estas declaraciones las hizo no la Mujer Invisible de los monitos, sino su contraparte "real": Jessica Alba, la actriz que interpretó al personaje en la reciente película "Los 4 Fantásticos".
(¿Se acuerda? Eran aquellas aventuras sobre un equipo de superhéroes, compuesto por el Hombre Elástico, la Antorcha Humana, la Mujer Invisible y La Mole, el tipo fortachón hecho de piedras.)
Alba, nacida en 1981, es hija de un méxico-americano. Su papá, cuenta ella, es morenísimo, y le heredó sus inconfundibles facciones latinas, así como el color de su piel.
Cuando hicieron la película de "Los 4 Fantásticos", los productores la llamaron para dar vida a la súper blanca y súper anglosajona Mujer Invisible. Antes, había interpretado el papel principal en la serie de ciencia ficción "Dark Angel", con bastante éxito.
Jessica no tiene empacho en definirse como "americana" antes de sentirse "méxico-americana" o "latina".
Ni siquiera habla español, y no lo lamenta. Al contrario:
"Tuve una formación familiar muy americana. Me siento americana, y no hablo español", explica. "Tengo un buen acento porque crecí oyendo el idioma en el barrio, pero no tengo ni idea de lo que digo", según citas de imdb.com.
Por supuesto, esta actitud de Jessica Alba puede sonar insultante para muchos mexicanos y méxico-americanos, que toman bastante en serio su cultura y la conservan y defienden con dientes y uñas.
Pero no es raro entre muchos latinos en Estados Unidos que cada vez se sientan más "americanos" y "blancos" que "hispanos" y "morenitos".
Lo curioso es que, a aquellos hispanos que se sienten más "blancos" que "latinos", parece que les va mejor que a los demás.
De acuerdo con el Centro Pew de Estudios Latinos, una organización no partidista de Washington que realiza encuestas sobre la comunidad hispana de Estados Unidos, los hispanos que se identifican más como "blancos" tienen mejor niveles de educación e ingresos, y se involucran más en su comunidad, que aquellos que se identifican como "de otra raza" (mestizos o mulatos, por ejemplo).
El Centro Pew llegó a esta conclusión tras revisar las respuestas de la comunidad hispana durante el censo del año 2000 en Estados Unidos.
Hay que aclarar algo: A estos hispanos no les va mejor porque sean "blancos", en sí. De hecho, pueden ser de cualquier raza, o incluso "morenitos".
No, según el estudio, el secreto de los hispanos exitosos es no sentirse ajenos a los demás "gringos". Compiten con ellos de igual a igual, no piden dádivas ni consideraciones por ser "hispanos" y a veces hasta les ganan los mejores trabajos.
Es decir, se sienten tan "blancos" como cualquiera.
El nivel de "blancura" con que los hispanos se identifican, tiene más que ver con su sentimiento de "pertenencia" al país.
En el espectro contrario del asunto, se encuentran aquellos hispanos que se definen como "De otras razas". Éstos se sienten orgullosos de su herencia indígena, negra y mestiza. Generalmente hablan español en su casa y con sus amigos, y no olvidan sus raíces.
Pero precisamente estas personas son las que más problemas tienen de integración. Ganan menos que el promedio de la gente en Estados Unidos. Tienen menores niveles de educación, y hacen los peores trabajos.
Tampoco hablan inglés, o lo hablan muy poco. Y ello, claro, les limita sus posibilidades de progreso.
En contraste, los hijos de estos inmigrantes tienen más inclinación por identificarse como "blancos" que sus progenitores. Y los nietos -que ya casi no hablan español- se sienten aún más blancos todavía.
Lo curioso es que esta tendencia no pasa solamente entre los hispanos nacidos en Estados Unidos, sino entre los propios inmigrantes originarios de un mismo país.
Por ejemplo, entre los migrantes de, digamos México, aquellos que se han naturalizado como ciudadanos americanos se sienten más blancos que aquellos que aún son indocumentados, o incluso residentes legales. A pesar de que todos ellos hayan nacido en México.
El Centro Pew rechaza que el color de la piel tenga qué ver con esta tendencia. Más bien, supone, el qué tan blanco se percibe un hispano depende de su qué tan fuerte sea su sentimiento de pertenencia y los lazos cívicos con su país adoptivo.
Las cifras son curiosas: En el mencionado Censo 2000, el 48 por ciento de los hispanos se identificaron como de "raza blanca". El 43 por ciento, en cambio, se dijo ser "de alguna otra raza" (suponemos que mestizos). Sólo el 2 por ciento se dijo ser de "Raza Negra", y 6 por ciento marcó dos o más categorías raciales, según el Centro Pew.
Hay que aclarar, que de todos los hispanos en Estados Unidos, el 64% son de origen mexicano. Los que les siguen en número son puertorriqueños, con un lejano 10% de la población, seguidos de cubanos, salvadoreños y dominicanos, con apenas el 3%. El resto se reparte entre todos las demás nacionalidades latinoamericanas y españoles. (Cifras de la Oficina del Censo, 2004.)
El estudio también arrojó otros resultados sorprendentes:
*El índice de deserción escolar es del 35 por ciento entre los hispanos que se dicen "de otras razas", a los que se identifican como "blancos", que es del 30 por ciento.
* Los hispanos que no se sienten blancos sufren de más desempleo que aquellos que sí.
* Los hispanos que no se sienten blancos son más pobres (hasta cuatro puntos porcentuales de diferencia) que los que sí se dicen blancos.
* Casi el 25 por ciento de los hispanos que ganan más de 35,000 dólares al año se siente blanco, contra el 18.5 que se dice "de otra raza".
* El 85% de los hispanos blancos están registrados para votar, contra el 67% de los de otras razas.
* El 22% de los hispanos blancos se identifican con el Partido Republicano, mientras que de los no blancos sólo el 18% se definieron republicanos.
Hay que aclarar: Estas actitudes no son generalizadas entre todos los latinos. Hay de todo.
Incluso hay latinos que han triunfado, tienen alto nivel escolar y ganan muy bien, sin olvidar sus raíces. Muchos de éstos confiesan que fue precisamente este "bi-culturalismo" y su conocimiento del idioma español les ayudó a conseguir su envidiable posición.
Pero la tendencia, los fríos número estadísticos, son de una inquietud contundente.
El periódico Dallas Morning News publicó recientemente un artículo sobre un estudio realizado en 1999, por una psicóloga llamada Angela Neal Barnett. En él, la investigadora preguntó a estudiantes hispanos y negros de grados de secundaria qué actitudes ellos consideraban "propias de un comportamiento de blancos".
Los jovencitos enumeraron varias características, entre las que destacaron hablar en inglés "standard" (sin palabrotas), inscribirse en clases de estudio avanzado o de estudiantes con honores, o usar ropa de ciertas marcas como GAP o Abercrombie & Fitch
Casualmente, los estudiantes negros e hispanos que expresaban abiertamente su orgullo racial, tenían menores calificaciones que los que actuaban como "blancos".
(Traducción: Para muchos alumnos negros y latinos, el estudiar, sacar buenas calificaciones y leer libros son actividades propias de los gringos anglosajones, no de ellos. Y aquellos de su grupo que se atrevieran a estudiar y mejorar sus calificaciones de inmediato iban a ser objeto de burlas por quererse sentir "blancos".)
Y luego nos preguntamos porqué nos estereotipan como delincuentes y pandilleros sin educación.
¿Tiene de verdad qué ver la raza en el éxito de una persona?
Hay que recordar que, a nivel mundial, la percepción que se ha impuesto desde hace 500 años es que la raza blanca y europea es "mejor". Los europeos conquistaron al mundo. Impusieron sus valores, sus principios, su religión, su ciencia, y su modo de vida en los cinco continentes.
Y, junto con los cañones, las espadas y la cruz, llevaron sus ideales de lo que es "mejor": O séase, ELLOS.
Lo extraño es que estas ideas han calado hondo en todo el mundo, especialmente entre aquellos pueblos que tienen poco de blancos.
¿En qué lugar del mundo no se aprecia más el ser blanco y europeo que negro y africano? ¿O moreno y árabe, o indio y mexicano? Especialmente, en América Latina, Asia y África, donde ser blanco da "prestigio".
Sin embargo, en Estados Unidos el término tiene más que ver con uno mismo. Si te crees blanco (aunque no lo seas "realmente"), tendrás más éxito que si te crees latino o mulato.
Suena a idea fascista, pero nadie lo impone. Depende de cada quien.
Para los latinos, implica olvidarse del español y aprender inglés, con lo que las puertas se te abrirán más fácilmente. Podrás estudiar más, tener mejor trabajo, y ganar más. A la par que los gringos, o incluso más.
Esta actitud no es exclusiva de Estados Unidos. En México también pasó, con los hijos y nietos de inmigrantes árabes, chinos y españoles.
Lo primero que aprendieron estos "nuevos mexicanos" es a integrarse con el resto de los mexicanos: A aprender español (de la variedad chilanga, jalisquilla, norteña o costeña) con el mismo acento que los paisanos. Muchos olvidaron las religiones de sus padres y abuelos y se hicieron católicos, para que no los "miraran feo".
Para la tercera o cuarta generación, nadie podía negar que fueran 100% mexicanos. Ellos más que nadie.
Si eso pasa con los hijos de inmigrantes en México, cuanto más entre los hijos de inmigrantes en Estados Unidos, donde la inmigración ha sido mucho más fuerte y constante.
Jessica Alba expresó de manera muy clara este sentir al hablar de su éxito: "Como una americana de tercera generación, siento que ya he cortado (con mis raíces). Por fin".
Porque la Mujer Invisible, como toda super heroína típicamente americana, es 100% blanca.
O por lo menos, debe sentirse como tal.