viernes, enero 06, 2006

La comida de moda en Estados Unidos... es un mexicano que se cambió de nombre

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Melissa es una muchacha encantadora.
Cuando llega a cualquier parte, obliga a la gente a voltear a verla. No es hermosa, pero su larga y ensortijada cabellera negra, y sus ojazos verdeazul le garantizan más miradas que a sus amigas.
Estas amigas, vale decir, son casi todas norteamericanas. Anglosajonas. Melissa también es americana (de Texas), pero su familia emigró desde México años atrás. O sea, es chicana.
A sus casi veinte años, Melissa convive seguido con sus amigas, en su mundo "anglosajón": Se viste como ellas, tiene sus mismos gustos, escucha la misma música, y le echa el ojo a los mismos muchachos.
Ah, y sólo habla en inglés. El español lo deja para la casa.
Por eso, aquella vez que sus amigas visitaron su casa, Melissa las recibió con alegría.
...hasta que a su papá se le ocurrió oír música.
Desde su cuarto, el papá de Melissa puso su estéreo a todo volumen. Con la música que a él le encanta: Tropical.
Las Sonoras, Celia, Chico Ché y Rigo llenaron toda la casa en segundos. Seguro se podía oír hasta dos cuadras a la redonda.
"What is it?", preguntaron extrañadas las amigas de Melissa.
La pobre chicanita no sabía ni donde meter la cara. Se hizo chiquita, chiquita.
Pidió perdón a sus amigas anglosajonas, y salió de la sala. Rumbo al cuarto de su padre.
"¡Pero papá!, ¿qué estás haciendo?", le reclamó Melissa casi al borde de desgañitarse, tratando de ganarle a los "¡Azuuuuuuucar!" del estéreo.
"Pos oyendo música", respondió el señor extrañado. "Siempre la pongo".
Melissa estaba al punto del desmayo. "¡Por favor, papá! No pongas ESE tipo de música... ¡Mis amigas están en la sala!"
El papá no entendía porqué tanto escándalo: "¿Y qué tiene? A mí me gusta. Es NUESTRA música".
Asunto concluído.
Melissa, con la cara por los suelos, tuvo que ir a disculparse con sus amigas.
"I am sorry... My father...", comenzó a explicar apenadísima.
Sus amigas gringuitas no parecían molestas.
"No problem. It's cumbia, right?", respondió una de ellas, siguiendo el ritmo sabrosón con el pie. "A mí tío también le gusta la cumbia".
Los ojos de Melissa se iluminaron. Le habían quitado un enorme peso de encima.
"Yes", sonrió. "Cumbia it's cool!". Hasta ganas le dieron de bailar.
Si a sus amigas les gustaba la cumbia, entonces estaba bien. No haría el ridículo ante ellas. La cumbia dejó de ser una pena, un fardo cultural que Melissa, como chicana, debía cargar ante el resto del mundo gringo. "Su" mundo. Y se volvió "cool".
Aunque parezca mentira, en Estados Unidos hay muchas Melissas (y jovencitos chicanos o hijos de latinoamericanos) que día a día se apenan de la cultura que heredaron de sus padres.
Para ellos el español, las novelas de Televisa, las películas de Mario Almada y Los Tigres del Norte les hablan de una cultura que no sienten propia. Es la cultura de sus padres. Aunque hayan vivido toda su infancia en ella.
Cuando entran a la escuela, se dan cuenta que ni Los Tigres ni Otro Rollo son "cool".
Son, más bien, "What???".
Y en un esfuerzo por integrarse al resto de sus amigos (que escuchan hip-hop, y ven MTV), reniegan de lo hispano, de lo latino. Aunque en el fondo no puedan desprenderse de ello.
De pronto, si a alguno de sus amigos le entra la moda de la música grupera, o le da por bordarse la Virgen de Guadalupe en un paliacate, estos chicanitos "redescubren" sus raíces. Y se dan cuenta que, si sus amigos gringos o negros la aprecian, quizá su cultura no sea tan "anticuada".
Los Tigres y Mario Almada se vuelven "cool"... pero sólo si lo disfrutan sus cuates. Y en inglés.
Esa idea se me vino a la mente el otro día, mientras leía en una revista un artículo sobre "el último grito" de la moda culinaria entre los transeúntes de Nueva York, Los Ángeles y en algunas otras ciudades de Estados Unidos.
Los ejecutivos y gente "nice" que toman taxis o el metro cada mañana en esas ciudades, les ha dado por comprar un nuevo bocadillo, que acompañan con su infaltable tacita de Starbucks: Se trata de una delicia única, el bocadillo de moda: Los famosísimos 'wraps' ( "Envueltos".)
¿En qué consiste este manjar tan "chic"?
Según el artículo, uno de los motivos del éxito de los wraps, es su bella sencillez: Se trata de un pedazo de masa de harina, aplastado hasta lograr una consistencia delgada, en forma de circulo. A esta sabanita de harina se le llena cualquier alimento dentro: Carne, verduras, especias, asados, huevos, jamón. O lo que usted quiera.
Como paso final a su preparación, esa sabanita con alimento encima, se enrrolla. Más bien se envuelve (De ahí la palabra 'wraps'). Y listo, a degustar.
Yo ví las fotos que acompañaban el artículo... Los mentados wraps se me hacían sospechosamente conocidos.
"¿Dónde los he visto antes?", me preguntaba intrigado, mientras giraba la foto. La acercaba, la alejaba... "¿Dónde?"
Entonces, como una revelación cósmica, se me iluminó el cerebro.
¡Eran TACOS!
Ahí estaban los condenados, sonriéndome desde una foto de una revista de esas 'nice', como si fueran dos chavos de mi colonia que se hubieran sacado la lotería y los entrevistaran en la revista Hola.
No importaba que me los vistieran de novedad culinaria: Con esas tortillotas de harina, ingredientes como fajitas, carne molida, pollo y hasta papa, los mentados "Wraps" eran inconfundiblemente... tacos.
Como quiera Juan te llamas.
Ah, pero eso sí, en las calles de Greenwich Village y Beverly Hills son el furor. Seguro ya van algunas estrellas de cine que son retratadas en pants, bajando de su Jaguar, con su infaltable botellita de agua Evian... ¡y sus "Wraps"!
"'Tas loco, como que tacos? ¡Son wraps!", protestó una vez un cuate mientras degustaba el manjar (que, de paso, vale decir que llegan a costar la friolera de 5 dólares cada uno. Lo chic cuesta).
"Jamás me verás a mí comer un taco, por Dios", se quejaba mi amigo, mientras degustaba su "alimento de los Dioses".
Me quedé mirando al mentado "Wrap", con sorna. Será el sereno, pero a mí éstos no me iban a ver la cara.
"Mira nomás, paisano, hasta donde has llegado", pensé mirando a uno de fajitas. "Seguro ya ni te acuerdas que en la Fonda de Doña Lupita, allá en Tampico, te vendían a 3 por peso, jijo de tu...."
Igual que la cumbia de Melissa, el taco fue, hasta hace poco, una costumbre de ghetto. Comida "étnica". Enclave de unos cuantos.
Había algunos chicanos que hasta les daba pena que los gringos los vieran comiendo tacos.
...Hasta que a los gringos les encantó. Y entonces se volvió "chic".
En fin, suspiré. Me da gusto por el taco . Otro mojado "acaudalado" que "la hace" en Gringolandia.
De pronto se me antojó el Wrap. Volteé a ver al empleado del local.
"A ver, maistro, a mí deme uno de nana, dos de seso, dos de fajitas y uno de trompo, con todo. Y crema, por favor", ordené, mientras buscaba dónde estarían los Jarritos de piña.
Bien dicen que en Estados Unidos, todos nos reinventamos para triunfar. Aunque nos tengamos que cambiar de nombre.

3 comentarios:

  1. Anónimo11:01 a.m.

    Cesar. A mi me parece que tu vision de la cultura chicana es un poco superficial y no muy amplia. Si bien es cierto que casos de mexicoamericanos que quieren "borrar" su lado mexicano existen, creo que tu lo pintas en tu artículo como un mal generalizado de los mexicanos o mexicoamericanos jovenes que viven en Estados Unidos. Y no es necesariamente así. Además, desde que lo pintas como un mal ya lo juzgaste tú y se lo presentas a tus lectores como una característica negativa de la población que describes. Por qué no mejor dejar que sean tus lectores quienes decidan si eso es una característica indeseable de los "chicanos"? o mejor aún, por qué no guiar a tus lectores a conocer el fenómeno social que les quieres presentar sin que necesariamente se tenga que llegar a conclusiones sobre sus meritos o falta de los mismos?

    Gracias por el espacio y la oportunidad de comentar. --Daniel Ruiz

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  2. Daniel, en ningún momento he dicho que la actitud de TODOS los chicanos sea negativa. Hay chicanos que reaccionan de diferente manera. Sólo comento el caso de los que se sienten avergonzados de la cultura de sus ancestros. Además, lo mío no es periodismo objetivo, para que "los lectores decidan": Yo escribo una columna de OPINIÓN. Y esta es MI opinión, muy particular y subjetiva. Puede ser una opinión muy distinta a la tuya, pero no por eso es necesariamente incorrecta.

    Gracias de nuevo y espero me sigas leyendo.

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  3. Anónimo9:40 p.m.

    Cesar, gracias por leer mi comentario y tomarte el tiempo de contestar. Tienes razón en ambos casos: Escribes una columna de opinión y efectivamente no tienes porque escribir de otra manera sólo porque a mi me gustaría.
    Y por otro lado, también es cierto que no dices que la actitud de TODOS los chicanos sea negativa. Pero yo tampoco dije que lo dijeras. Yo sólo dije que en tu artículo "pintas" el fenómeno como generalizado y como negativo. Como comunicador sabes que la selección de las palabras, el órden en que se escriben, el contexto y hasta el ritmo de la pieza tienen tanta influencia en el lector como el uso específico de ciertas palabras. Y en el caso de tu artículo es mi impresión que todo este "metatexto" contribuye a crear una connotación negativa del asunto, aunque no utilizes frases como "todos los chicanos" explícitamente.
    Sin embargo volvemos al otro punto de tu comentario: a final de cuentas sigue siendo tu opinión, y no es incorrecta por no ser objetiva...
    Mira, quizás me dejé llevar por el hecho de que hablas de un grupo demográfico al que yo pertenezco y porque durante mucho tiempo he escuchado y leído trabajos periodísticos sobre cosas como nuestra renuncia a nuestras raíces, nuestra traición a la patria, nuestro servilismo para con los anglosajones, nuestra apatia por las cosas mexicanas, en fin... y a mi simplemente me parece que esa visión de nosotros es gastada y superficial.
    Pero bueno, por tercera vez, como sugieres, tu no tienes la obligación de corregir ese tema tan socorrido del periodismo en México.
    En fin, nuevamente gracias por responder y por la oportunidad de exponer mi punto de vista en tu blog, que seguramente tiene un buen número de lectores.
    --Daniel Ruiz

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