viernes, enero 20, 2006

Aguas, nunca se vaya con la finta: Esa persona a la mejor habla español... o inglés

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Aquél día de abril de 1998, llegó el momento más temido por mí: La hora de pagar impuestos.
Como no sabía ni jota de cómo el Tío Sam trasquilaba a sus "amados" ciudadanos, debí pedir ayuda profesional. Supe que voluntarios de la oficina recaudadora de impuestos (IRS) ofrecerían orientación en una biblioteca cercana a donde yo trabajaba.
Fui, y me pidieron que esperara. Me senté en una de las sillas, junto a cientos de otras personas. Parecía una kermess.
En eso, entró el tipo.
No lo noté al principio, entre tanta gente. Cuando se fue acercando a mí, fue cuando lo ví: Chancludo, bigotudo, con barba de tres o cuatro días.
Vestía una camiseta vieja, unos shorts guangos, y una gorra de pintor que había visto mejores épocas. Con ella trataba de contener una alborotada melena negra que no se dejaba.
Llevaba un bebé en brazos, dormido.
Un inmigrante mexicano, sin duda.
Me saludó cortante. Lo saludé. Se sentó en un lugar vacío, junto a mí.
En medio del bullicio, me preguntó:
"Oiga, ¿dónde están ayudando para los impuestos?".
Yo le señalé una mesa, a unos cuantos pasos.
"Pero", aclaré. "si quiere, allá está otra mesa, donde le pueden atender en español".
El tipo me miró, indignadísimo. No hubiera dicho eso.
Casi gruñó: "No... A mí no me importa que me atiendan en inglés o en español. Yo sólo quiero que me orienten".
¡Oooooorale!
Lo mandé a volar. Ni falta que le hizo: El individuo se fue caminando muy orondo, con su bebé en brazos y se sentó ante el escritorio de una mujer negra. Comenzó a conversar como si nada con ella. En perfecto inglés.
Después pensé: Me fui con la finta. ¿Habré visto a este tipo demasiado paisano para saber inglés?
Quizá si era paisano. Quizá si era de algún ranchito perdido de México. Pero a la mejor tenía mucho tiempo en Estados Unidos. Diez, quince, veinte años. Y a la mejor había tratado con muchos gringos.
Una cosa era segura: Hablaba mejor inglés que yo.
Me fui con la finta.
Otra anécdota:
Una conocida mía contó una vez que estaba con una amiga en un banco en Texas. Esperaban en línea llegar a la caja para hacer algunos movimientos de dinero.
Platicaban animadamente, cuando vieron que frente a ellas estaba un hombre trajeado. Muy formalito.
Era un tipo alto, rubio. De ojos azules. Muy elegante y distinguido. Una especie de modelo de comercial.
Era gringo, indudablemente. Y estaba llenando unas formas bancarias frente a la cajera.
"¡Mira nada más!", comenzaron a cuchichear entre ellas. "¡Qué guapo!"
La plática de amigas se tornó más pícara: "¡Cómo me lo recetó el doctor!"
El tipo seguía en lo suyo, totalmente serio, sin dar señas de entender nada de lo que se susurraba a sus espaldas, las muchachas siguieron cuchicheando. En voz cada vez más alta.
A fin de cuentas, el gringo no entendía ni jota, pensaban.
"¡Así quiero yo uno!", reían las amigas, ya en voz francamente alta.
El tipo terminó su trámite. La cajera le sonrió y le entregó su recibo, diciéndole:
"Aquí tiene, señor. Muchas gracias por su preferencia".
El tipo respondió:
"Muchas gracias, señorita. Hasta luego".
Todo... EN ESPAÑOL.
El tipo volteó a ver a las amigas (que para entonces ya estaban del tamaño de frijoles saltarines), les sonrió picaramente y partió.
Nunca perdió su porte ni elegancia. Ni volteó al cruzar la puerta.
Moraleja: NUNCA se vaya con la finta. Esa persona puede hablar español. O inglés, aunque usted no lo crea.
Y por favor, NUNCA digan la palabra "Negro" frente a un afro-americano. Aunque la diga en español. Es un insulto peor que si se la rayaran
A veces es mejor que cerremos el pico para no hacer el ridículo, ¿no cree usted
EL SIMBÓLICO "300 MILLONES"
Hablando con un amigo sobre el tema de la cerca en la frontera que el Congreso americano quiere construír, yo le insistía que no era más que un borlote inventado por los gringos por motivos electoreros.
Mi amigo discutía en cambio, que por muy electorera que fuera la propuesta, aunque nunca se llevara a cabo era "un símbolo" del sentimiento antiinmigrante y antimexicano de Estados Unidos. Y un símbolo peligroso.
Quizá. Una cerca es un símbolo, sí. Una declaración política.
Pero si a símbolos nos vamos, yo prefiero otros más reales y contundentes. Como éste:
La oficina del Censo de Estados Unidos, recientemente anunció que la población del país por primera vez en su historia llegará a 300 millones.
Esto ocurrirá en algún día del otoño de este año de 2006, quizá en octubre.
La marca es un símbolo, un hito psicológico e histórico para cualquier país.
Pero lo más simbólico del caso es que, según los cálculos de la Oficina del Censo, este ciudadano americano 300 millones nacerá en Los Ángeles... y será hijo de mexicanos.
El "Americano Número 300 Millones" tendrá padres inmigrantes, hablará español en su casa y tendrá hermanos que también serán bilingües, según el Censo.
Las cercas de la frontera, los Minutemen, los anti-inmigrantes con sus calcomanías racistas pueden ser un símbolo muy fuerte, es cierto.
Pero son un símbolo de desaparición. El canto del cisne de una época en Estados Unidos que va de salida, y que se niega a dejar paso a la siguiente generación de americanos.
Es un símbolo de muerte.
En cambio un bebé que nace siempre es la esperanza de un futuro mejor. Y este es el símbolo que yo prefiero: El de la vida.
Email: cfzap@yahoo.com

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