viernes, diciembre 29, 2006

Estafados por trabajar: La tragedia de miles de inmigrantes

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

Doña Dolores Campos no puede evitar soltar el llanto cuando recuerda su situación, ni siquiera cuando habla por teléfono.

Con sus ojos hundidos por la pena, y las manos callosas, la inmigrante de la Ciudad de México cuenta cómo ha sido una y otra vez víctima de estafadores en Estados Unidos.

Estafadores que se burlaron de ella y le incumplieron la más sagrada de las promesas: Pagarle por trabajar.

"Llevamos tres meses y medio que nos traen vuelta y vuelta y nada", se quejó la madre de familia, quien trabaja en instalando blocks en Florida para mantener a sus cuatro hijos, de 7 a 14 años de edad. "¿Qué vamos a hacer?"

A escasos días de la Navidad, la familia Campos permanecía sumida en la tristeza dentro de su humilde casa móvil, sin tener dinero ni para comer, mucho menos para comprarles regalos a los más pequeños. "Ya es viernes hoy y no tenemos ni un dólar", se lamentaba la Sra. Campos, llorando.

Doña Dolores, junto con su marido Ramón García Juárez, de 30 años, trabajan en la construcción, de lo que salga: Desde limpiar el terreno para construír, hasta instalar blocks y terminar casas en fraccionamientos del suroeste de Florida.

Pero a pesar de haberse partido la espalda trabajando desde hace años, a la pareja aún les deben 32 mil dólares que les prometieron pagar y nunca recibieron.

"Yo le puedo decir cuántos blocks hemos pegado de esas casas, yo las hice con mis propias manos", declara desesperada la mujer mientras ve fotos de las viviendas ya terminadas.

Lo único que reciben de los contratistas son promesas. Y adelantos de $1,000 ó $2,000 dólares, pero nunca lo que les deben tras haber construído más de veinte casas en tres condados.

La situación ya es desesperante para la familia, porque las deudas se les amontonan.

"Tuvimos que sacar de las tarjetas de crédito para comer, pero sólo damos el pago mínimo", declaró la mujer, viendo lo estados de cuenta. "En una tarjeta debemos ya 6 mil dólares, y en la otra $2 mil. Además, pagamos $859 al mes por nuestra casa, y $560 al mes de seguros de carros. Más $127 por seguro de casa. La luz llegó este mes de $487...", agregó, desesperanzada.

Ante esta situación, desesperada la pareja ha salido a buscar trabajo donde sea.

"Fui hasta a pedir en un campo para cosechar calabaza, pero no hay", comentó.

Pero aún si encontraran trabajo, quedaría por verse quién le va a pagar lo que les deben por las casas construídas. Lo más probable es que nunca vuelvan a ver el dinero.

Esta es una escena que pocos latinoamericanos se imaginan cuando emigran a Estados Unidos. Pero desafortunadamente ocurre muy seguido.

Para la Sra. Campos, es la segunda vez que le ocurre.

"En Port Charlotte otro contratista nos hizo lo mismo", se quejó. "Les hicimos 20 casas allá hace siete meses, nos quedamos sin dinero. Ya ni sé cuánto dinero nos deben, de tanto que es".

Los contratistas también dejaron sin pago a techeros, carpinteros y albañiles. Todos inmigrantes, en su mayoría mexicanos y centroamericanos.

Una vez que los trabajadores se cansaron de pedir que les pagaran, y no volvieron, los contratistas volvieron a reanudar la construcción... con otros trabajadores. También inmigrantes.

"Seguro que ellos no saben lo que pasó, y se lo van a hacer a ellos también", piensa la Sra. Campos.

En igual situación estaban más de 100 trabajadores de la construcción, que pusieron sudor y esfuerzo para levantar lo que es uno de los centros comerciales más exitosos del Suroeste de Florida, inaugurado hace apenas un mes.

El mismo día de la inauguración de la mega-tienda deportiva Bass Pro Shop en San Carlos Park, Florida, el pasado 1 de noviembre, mientras clientes y autoridades locales festejaban en medio de música, globos y concursos, metros más atrás más de cien trabajadores sudados, con cascos y ropa de trabajo se juntaban en un estacionamiento para protestar porque les debían semanas de sueldo.

Aquellos que sí habían recibido su pago, recibieron avisos de sus bancos de que los cheques les habían rebotado por no tener fondos.

"Nos dijeron que van a hacer lo posible para pagarnos... Lo peor es que con 'lo posible' la gente no come", se quejaba amargamente José Carlos Marichal, de origen uruguayo, a quien le quedaron a deber 1,200 dólares.

Al mexicano Francisco Rodríguez, de 36 años, quien fue carpintero en la construcción de la tienda, le debían 2 mil 140 dólares por 2 semanas de trabajo.

"Nos cortaron el agua por no tener dinero para pagar", comentó. "Pudimos pagar la renta, pero no tenemos para lo demás. Tenemos el teléfono atrasado".

La esposa de Rodríguez, Clara, de 36 años, también trabajó en la obra como pintora. A ella le debían 1,400 dólares.

"Nos suplicaban que les ayudáramos a terminar el trabajo", recuerda enojada. "Ahora nos salen que no van a pagar porque según dicen , somos ilegales. Si ya sabían que muchos eran ilegales, ¿porqué hasta ahora nos salen con eso?"

El matrimonio tiene tres hijos, de 13, 9 y 6 años.

Un sacerdote local, el padre Víctor Caviedes, párroco de las Misiones de Jesús Obrero y de San José de Fort Myers, Florida, ofreció ayudarles a las familias de los trabajadores con bolsas de comida gratis.

Pero no todos aceptaron.

"Nosotros no venimos a pedir comida ni regalos. Sólo que nos paguen lo que nos deben", comentó molesto Francisco Rodríguez.

Varios trabajadores propusieron seguir con las protestas y pararse frente a la tienda hasta que les pagaran. Pero el abogado Víctor Arias, que asesora al grupo, no creyó que fuera buena idea, porque la culpa no es de la tienda, sino del subcontratista que hizo la obra.

"¿Y mientras qué vamos a hacer los que no tenemos dinero?", gritó la Sra. Clara Sandoval, de Naples, pintora originaria de Guanajuato, México, a quien le deben $1,063.

Ella se las iba a ver muy duras en Navidad y Año Nuevo, ya que es el único sostén de sus cuatro hijos (de 10, 7, 4 y 2 años), que están en Guanajuato.

"No tengo dinero para enviarles. No hemos hallado trabajo", se quejaba.

Sin embargo, la mujer reconoció que era difícil salir a protestar: "Somos miedosos, tenemos miedo de ir a la calle".

De hecho, es una historia que se repite. Porque para los inmigrantes indocumentados, es muy difícil (si no imposible) llevar a la corte a los patrones que no les pagan.

El temor a ser deportado puede más, y al final, la mayoría termina asumiendo la pérdida y siguiendo adelante, a buscar otro trabajo. Su familia depende de ello.

Por eso, para la Sra. Dolores Campos estas historias no son novedad:

"Siempre pasa así, nos hacen trabajar y no nos pagan. Uno como es hispano no hace tantas preguntas... La gente tiene miedo", concluyó.

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sábado, diciembre 16, 2006

Adiós a los reporteros, bienvenidos los "Mojos": ¿El futuro de los periódicos en EE.UU.?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

Quizá nací un poco tarde. Digamos, unos sesenta años antes de lo que debí.
(Aunque para algunos, les parezca que de hecho nací sesenta años antes.)
Como periodista, leo sobre el glorioso pasado de la prensa escrita con admiración y hasta cierta envidia.
Hoy en día nos parece increíble escuchar que hubo una época en que los periódicos sacaban tirajes diarios de millones de ejemplares.
Y no sólo una edición, sino varias... Al día.
Y que los lectores devoraban esos diarios con ansiedad y hasta gusto.
La gente leía más que ahora. Por lo menos periódicos.
Claro, todo eso cambió con la llegada de la radio, y después de la televisión.
Pero ha sido el internet quien se ha encargado de darle la estocada final a los periódicos, esos entrañables dinosauros de una época ida.
¿Cómo modernizas a un dinosaurio?
¿Cómo revives algo que está destinado a la extición?
Porque para muchos expertos, esto que usted lee ahora, va de salida. Y es cuestión de tiempo para que desaparezca.
(Y no me refiero precisamente a mí, sino a los periódicos, en general.)
En Estados Unidos, y otras muchas partes del mundo, los síntomas son los mismos: Cada vez menos gente lee periódicos. Lo dicen las estadísticas. Lo gritan los reportes de circulación, cada vez menores.
Irónicamente, son los mismos periódicos los que más escándalo hacen de esta noticia.
En Estados Unidos, por lo menos, la circulación y el tiempo que la gente invierte leyendo diarios ha ido en picada desde hace muchos años. Pero es hasta mediados de los ochentas en que la tendencia tiene alarmados a los editores.
Por supuesto, aún hay gente que lee periódicos. Usted es una prueba viviente de ello.
(Y hay algunos tontos que todavía nos atrevemos a escribir en periódicos, preguntándonos a veces si de verdad alguien nos lee).
Pero a nivel general, la tendencia va a la baja.
¿Cuál es el futuro de la prensa? Muchos "expertos" en comunicación han hecho sesudos análisis sobre el tema, ofreciendo varias "propuestas".
Pero es en este rincón de Florida, Fort Myers, a donde vine yo a parar hace algunos meses, donde alguien está haciendo algo concreto al respecto.
Y no es el New York Times, ni el Chicago Tribune, ni el Washington Post, sino The News-Press, un diario mediano pero con una tradición periodística de de más de 120 años.
Precisamente, hace poco un reportero de The Washington Post vino a hacer un reportaje... sobre reporteros.
Vino a ver el futuro de la prensa hoy en día. Y lo conoció en un joven llamado Chuck Myron, de 27 años.
Myron no es un reportero en el estricto sentido de la palabra. Pero quizá sea el futuro de la prensa impresa en general.
De hecho, ni siquiera tiene el título de reportero, sino de "mojo" (pronunciado "moyo"), abreviatura de "Mobile Journalist", o Periodista Móvil, en español.
A diferencia de los "periodistas ciudadanos", los mojos son empleados a sueldo del periódico. Y son graduados universitarios de periodismo o comunicación.
En Fort Myers, existen 12 mojos trabajando para el periódico local. Parecen más bien soldados de Irak, con el montón de equipo que cargan. Sólo que en vez de rifles y cascos, su blindaje consiste en una laptop, un celular, una palm, cámara digital y grabadora de mp3.
Chuck no tienen oficina. Su escritorio es su carro. Desde allí envía las noticias casi instantáneamente desde su computadora portátil. Y agrega fotografías, grabaciones de sus entrevistas, y a veces hasta video.
Cuando hay un hecho de última hora, de inmediato los mojos parten hasta el lugar y reportan casi desde el primer minuto.
El objetivo es claro: Ganarle a todos en inmediatez, sobre todo a la televisión. Y generalmente lo logran.
El viejo dinosaurio enseña que aún tiene dientes.
Una noticia se puede estar actualizando conforme ocurre. Los acontecimientos ya no esperan al día siguiente para conocerse, ni siquiera horas: Se actualizan por minutos, casi en "tiempo real".
A las noticias se le agrega una liga o link para que la gente que la lee comente sus opiniones, o colabore con su perspectiva.
Otros medios, como la radio y la televisión ya han probado este experimento desde hace años, pero es la primera vez en que la prensa escrita abraza la tendencia. En este caso, dándole más preponderancia a la versión de internet del diario por sobre la impresa.
Lo novedoso del experimento, es que el enfoque del periódico cambió. Ya no se trata de "reportar el mundo". Para eso está CNN. En cambio, ahora la perspectiva de los periódicos es ser "hiper-locales".
Cualquier noticia comunitaria tiene cabida, no importa qué tan insignificante o intrascendente parezca.
¿Un almuerzo de alumnos con sus padres en una primaria? Se cubre. ¿Una reunión de la municipalidad con la ciudadanía para discutir cambios en la ley del predial? Se reporta al momento. ¿Una conferencia organizada por miembros de una organización ciudadana? Ahí estará el mojo. ¿Un torneo de la liga de futbol infantil del barrio hispano? También.
No importa que estos eventos no tengan el "valor periodístico" que muchos reporteros tradicionales exigen. El lema del futuro de los periódicos parecería ser: "Si es importante para usted, es importante para nosotros".
El valor de cubrir estos eventos es no tanto noticioso, sino comunitario. Por eso la labor del mojo es tomar fotos de los participantes (si son familias, mejor), sus nombres y opiniones, y subirlas al website al momento.
Si ocurre una noticia espectacular a nivel nacional o internacional, el periódico la reporta desde una perspectiva local. Y los mojos salen disparados a las calles de la ciudad a preguntarle a la gente sus opinones, y cómo les impactará en su vida diaria.
De hecho, a pesar de las acusaciones que se hace a este experimento de cubrir notas "intrascendentes", una de las secciones con más éxito es la que incluye documentos oficiales, que respaldan una noticia.
Los mojos "suben" a internet copias de reportes de la corte, policiacos, récords públicos y otras curiosidades que a los lectores les encanta revisar personalmente. Eliminan así la necesidad de que el reportero "les cuente" como intemediario lo que dicen los papeles: La gente misma tiene acceso a ellos.
Por supuesto, lo que se busca es aumentar el tráfico al website. Hasta ahora, The News-Press lo ha conseguido: Tiene entre 200,000 a 300,000 "hits" al mes, según reportó el sitio de internet de MediaLife Magazine.
Lo interesante es que el material recabado para internet se aprovecha en la edición impresa del día siguiente, con actualizaciones que no tenía la versión online originalmente.
Ninguna noticia es definitiva. Siempre hay actualizaciones de último minuto.
De hecho, la novedosa idea está siendo adoptada a nivel nacional por la cadena Gannett, a la que pertenece The News-Press. Y los cambios van mucho más allá: Ya no habrá "Salas de Redacción". Ahora serán "Centros de Información", con reporteros trabajando las 24 horas por turnos, y alimentando a cada instante la edición online del diario, con texto, fotos, videos, sonidos y comentaros.
¿Será de verdad este el futuro de los periódicos? Por lo menos es el presente.
¿Qué sigue? Que las versiones 'online' y de papel se fundan en una, ¿quizá? ¿Será posible tener un periódico en una pantalla flexible, que uno pueda doblar y llevar bajo el brazo a cualquier parte, y que se esté actualizando automáticamente conforme haya novedades, como apareció en el USA Today del futuro en la película "Minority Report"?
Varias compañías ya están probando con prototipos de papel electrónico, entre ellas Sony, y un periódico belga ya anunció que comenzará a distribuír una versión así entre sus suscriptores.
Me da gusto que, en vez de gruñir y quejarse, algunos diarios estén abrazando la modernidad y adaptándose a ella. Aunque sea para sobrevivir.
(De hecho, contra lo que muchos agoreros del desastre predicen, los blogs de noticias nunca podrán sustituír a los periódicos. Por una simple razón: Los blogs dependen para sus comentarios, del material que sacan... de los periódicos. Si estos desaparecen, ¿qué reportarán los blogs?)
Pero no todo son malas noticias. En medio del mar de periódicos que sufren declive en circulación en Estados Unidos, hay publicaciones de nicho que no pierden lectores, sino que los ganan. Que día a día ven aumentar su tirada e ingresos de publicidad.
Entre estos están los periódicos alternativos, y comunitarios. Y también los diarios gratuitos, que en Europa y América Latina se reparten en las estaciones de metro y de autobuses.
Y en Estados Unidos, también entre los pocos que crecen y se expanden, son, curiosamente, los periódicos... en español.


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viernes, diciembre 01, 2006

La tortilla se está haciendo ciudadana americana

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

¿Se imagina usted que dentro de algún tiempo compre tortillas de sabores? Por ejemplo, sabor jalapeño, sabor tomate y hasta de piña y chocolate.

Bueno, no es cosa del futuro. Ya está pasando.

Pero lo más irónico es que esas tortillas no son fabricadas en "la tiendita de la esquina" de México, sino en fábricas de corporaciones... gringas.

Irónicamente, los norteamericanos se están convirtiendo en los principales exportadores de la (anteriormente) mexicanísima tortilla.

Cosas de la globalización.

Las ventas de tortillas en Estados Unidos ya alcanzan los 6 mil millones de dólares, de acuerdo con la TIA, Tortilla Industry Association (en inglés nos duele más el orgullo).

La asociación tenía su sede en Texas, pero ante la necesidad de hacer más contactos a nivel nacional e internacional, se mudaron a Washington años atrás.

Esto no se trata de ningún complot bien preparado por las transnacionales americanas para darnos donde más nos duele, el orgullo nacional. No, la realidad es más simple: A los gringos ya les encantan las tortillas.

De hecho, según estadísticas de organizaciones de alimentos, la tortilla ya es más popular que panes como el bagel francés, y los famosos "muffins" (quequis) ingleses.

Así, la tortilla se une a la salsa picante como dos de los alimentos preferidos de Estados Unidos, superando a platillos "tradicionales" como la catsup o -en algunos estados- a las hamburguesas.

De hecho, según la TIA, el ultra americano pan blanco, que ha servido la dieta de Estados Unidos por generaciones, apenas le gana en popularidad a la tortilla por un escuálido 2 por ciento en el consumo. Lo cual, claro, se reducirá en el futuro.

¿Porqué esta repentina moda por platillos mexicanos? En buena medida, por la inmigración mexicana, claro. Pero curiosamente, el mayor crecimiento en el consumo de tortilla se está dando no entre mexicanos, sino entre norteamericanos.

Una explicación, podría ser la flexibilidad de la tortilla: Se puede acompañar y rellenar de todo.
Carne, pollo, frijoles, queso, y hasta verduras. Además, a diferencia del pan, la tortilla se puede meter al horno, freír, a la parilla, al comal o en simple microhondas.

Esto es muy importante para el consumidor norteamericano, sobre todo en estos tiempos en que tratan de bajar su consumo de calorías. Un tema en el que el pan tiene muy mala fama.

De hecho, la NASA se dió cuenta de esto, y según la TIA, ha incluído a la tortilla en el menú de los astronautas desde tiempo atrás.

En Hollywood, California, una empresa llamada Tumaro's Gourmet está fabricando tortillas "kosher" (estilo judío), y hasta de sabores piña, plátanos, ajos y algunas tipo "light", bajas en carbohidratos.

Brian Jacobs, hijo del fundador de la empresa, dijo al diario USA Today que se les ocurrió fabricar y vender tortillas orgánicas, pero de sabores. Hoy en día venden 20 distintos sabores, entre los que se incluyen chocolate, frambuesa, y manzana-canela.

"Producimos todas nuestras tortillas en Los Angeles y las vendemos en todo el país, México y hasta el Medio Oriente", dijo Jacobs al periódico.

Por eso no es raro que la tortilla pronto pase a ser uno más de esos inmigrantes mexicanos con carta de naturalización en Estados Unidos.

Vaya, si los fabricantes de tortilla en Estados Unidos han recibido pedidos hasta de Inglaterra o Malasia, según dijo el presidente de la TIA, Roberto Quiñones al diario The Dallas Morning News.

A nivel mundial, la compañía mexicana Maseca ha tenido una presencia enorme en este mercado, es verdad. No sólo en Estados Unidos, sino en Europa, centro y sudamérica y hasta el medio oriente.

Pero las empresas americanas ya le hallaron el modo, y aunque sea de manera modesta, están comenzando a competir. Y se han sumado fabricantes de tortillas de otras partes, hasta de España: La firma Liven, con sede en Barcelona, fabrica y vende tortillas de trigo y maíz, sabores de espinaca, ajo y hasta de tomate, además de totopos (o chips), salsas y guacamole.

Espero que no llegue el día en que los americanos o europeos acaben comiéndose ellos sólos todo el pastel del mercado mundial (o la enchilada completa, en este caso).

El asunto va mucho más allá de nacionalismos mal entendidos, o patrioterismos de tercera. Es grave porque sería un síntoma muy deprimente de la falta de competitividad de parte de México.

Imagínese, pa' que nos ganen hasta a vender tortillas.

Antes de que los ultranacionalistas se rasguen las vestiduras, se envuelvan en el lábaro patrio y se lancen del castillo de Chapultepec (o exijan que se imponga una denominación de origen a la tortilla, como se hace al tequila), creo que debemos aspirar hondo. Analizar el problema. Y competir.

¿Porqué no podemos venderles hot-dogs y hamburguesas a los americanos?

Yo he probado hamburguesas y hot-dogs que saben a gloria en puestecitos de la calle en México. Quizá a los gringos hasta les gusten y las compren.

Y quién sabe, hasta pudiera crear una industria que genere divisas.

La globalización es una calle de dos sentidos. Y cualquiera puede circularla.

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viernes, noviembre 10, 2006

"Si eres blanco, eres norteamericano; si eres hispano... seguirás siendo hispano"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida -- Creo que todos hemos visto las mismas fotos en los periódicos, durante los últimos días: Multitudes de votantes en fila, esperando depositar sus votos en las urnas, durante las pasadas elecciones en Estados Unidos.

Miles de imágenes y videos similares fueron tomados y publicados en periódicos, revistas, televisión y la internet.

Pero, créalo o no, durante estas elecciones hubieron ciudadanos americanos que fueron hostigados por grupos antiinmigrantes, sólo por ser de origen hispano.

En Santa Anna, California, algunos hispanos recibieron cartas amenazándolos en caso de que se atrevieran ir a votar, a pesar de que la mayoría de ellos eran ciudadanos de Estados Unidos.

Una investigación estatal rastreó las cartas a las oficinas de campaña del candidato republicano al Congreso, Tan Nguyen (irónicamente, un inmigrante vietnamita).

En Arizona, algunas organizaciones incluso enviaron grupos armados para identificar a votantes hispanos. Sus miembros, con pistola al cinto, tomaron videos y fotos de votantes que parecían hispanos que esperaban votar en el Recinto 49, ubicado en una iglesia católica en el sur de Tucson.

Uno de los líderes de este grupo antiinmigrante, Russel Dove, le dijo al periódico Arizona Republic que sí tomó fotos de electores, para compararlas con una base de datos y ver "si eran ilegales".

Así que, si usted es un americano blanco, y alguien le toma una foto votando, significa que usted es un ejemplo de participación cívica. Pero si usted es hispano y alguien le toma una foto votando, ¿es para ver si usted es ilegal?

¿No es eso racismo?

Por lo menos, es una actitud contradictoria.

Aunque usted no lo crea, hechos similares siguen pasando todos los días:

* Si uno es americano de origen irlandés, y celebra el Día de San Patricio con un desfile, le dicen que sólo está demostrando el orgullo de su herencia.

* Pero si uno es México-Americano, y celebra el Cinco de Mayo, lo acusan de promover costumbres extranjeras, dañinas para la identidad nacional.

* Si uno es de ascendencia alemana, y aprende a hablar alemán, le dicen que está preservando su herencia, y enriqueciendo a Estados Unidos.

* Pero si uno es un hispano que se atreva a hablar español en público, entonces lo acusan de "balcanizar" al país. "¡Estás en América, habla 'americano!'".

* Si uno es de ascendencia italiana, entonces es un "Real American".

* Pero si uno es puertorriqueño o cubano-americano, entonces uno es... puertorriqueño o cubano. Y siempre lo será. No un "Americano real".

* Si uno tiene abuelos polacos que nunca perdieron su fuerte acento polaco, es porque hicieron lo mejor que pudieron para asimilarse, pese a sus limitaciones. Por lo tanto, son "buenos" inmigrantes.

* Pero si uno tiene abuelos que hablan con fuerte acento español, seguramente acaban de cruzar el Río Bravo (o el estrecho de Florida) apenas ayer (junto con los hijos y nietos).

* Si uno es norteamericano de ascendencia inglesa o irlandesa, y una larga historia familiar en el país, y se queja de algún abuso, entonces está ejerciendo sus derechos de libre expresión como ciudadano.

* Pero si uno es norteamericano de ascendencia hispana, y una larga historia familiar en el país, y se queja de algún abuso... Bueno, es porque le encanta quejarse. Estados Unidos es así, ámalo o vete. ("Go back to your country!")

Yo sé que los estadounidenses son tan diversos y variados como cualquier otra nación del mundo, si no es que mucho más. La mayoría son personas amables y civilizadas.

O al menos así me gusta pensar.

Pero estas actitudes contradictorias siempre me dejan dudando.

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viernes, noviembre 03, 2006

Las vallas invisibles: Mucho más preocupantes que las de metal

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Recuerdo que por allá del año 2000 surgió un incidente curioso, en El Paso, Texas.

De la noche a la mañana, apareció una banderota mexicana en el horizonte.

Al gobierno de México se le ocurrió instalar las llamadas "banderas monumentales", izadas en postes de 50 metros de altura en todos los cruces fronterizos, desde Tijuana hasta Matamoros.
La bandera misma era enorme: Medía 14 por 25 metros.

En cualquier parte de El Paso, se podía ver la tricolor, con el águila real devorando a la serpiente, para escándalo de muchos anti-mexicanos.

Las estaciones de radio ultraconservadoras se llenaron de quejosos que clamaban al gobierno de Estados Unidos "hacer algo. Pero ya".

"El honor" nacional estaba en juego, decían.

Incluso hubieron propuestas de algunas organizaciones de instalar banderotas americanas más grandes, pero los planes se desinflaron cuando se dieron cuenta que cada bandera costaría poco menos de medio millón de dólares.

(Por cierto, a México las banderas le salían baratas porque las hacían los soldados).

Antes de que estallara una ridícula "Guerra de las Banderas", por fortuna reinó la cordura. Algún hombre sensato se levantó y opinó sabiamente: "La bandera gigante está en territorio mexicano. Y el gobierno mexicano puede hacer lo que quiera en su territorio. Nosotros, no tenemos derecho a protestar".

Punto.

Me acordé del asunto porque alguien me preguntó qué pensaba sobre "la afrenta" de Estados Unidos de construír el "muro de la ignominia" en la frontera.

El tema no me gusta, lo confieso. Pero a riesgo de parecer aguafiestas, hay que aclarar que el muro está en territorio de Estados Unidos. Y Estados Unidos puede hacer lo que le venga en gana dentro de su territorio.

México (como cualquier otro país de la tierra) tiene toda la libertad de instalar banderotas o poner una valla igual o más alta dentro de su territorio. Y Estados Unidos no tiene derecho de protestar o quejarse.

De hecho, el Tratado de Guadalupe Hidalgo permite a ambos países hacer lo que quieran para salvaguardar sus territorios. Esto incluye instalar fuertes militares en la frontera, y claro, hasta cercas.

Además, la famosa cerca no es nueva: Hay muchas vallas en las principales ciudades de la frontera, a ambos lados, desde hace muchos años.

Algunos me alegan que el tema es de dignidad y de símbolos. La cerca, por lo tanto, es un símbolo insultante para los mexicanos y los latinoamericanos en general.

Quizá tengan razón.

Pero no importa si los americanos cercan su país completo, esto no va a desaparecer a los hispanos ni a los mexicanos, como por arte de magia, como creen muchos racistas.

Tampoco va a detener la entrada de los indocumentados, como todos sabemos.

De hecho, las vallas se me hacen hasta cierto punto inútiles y ridículas, sobre todo en la frontera de México.

¿Ha viajado usted para allá alguna vez?

Parecen un país aparte. A ambos lados.

Americanos, mexicanos, negros, asiáticos y gente de todo el planeta viven en ese mundo aparte. No es ni México ni Estados Unidos, sino ambos y ninguno. Al mismo tiempo.

De hecho, la revista Time hace algún tiempo se atrevió incluso a darle nombre a ese pedazo de tierra incrustado entre dos países, como si fuera una nación aparte: Améxica.

El dólar y el peso son monedas de curso legal a ambos lados de la raya, al igual que el uso del español y el inglés, y hasta del spanglish.

Las hamburguesas se mezclan con los tacos, la Coca-Cola con el agua de horchata y los "malls" tienen un sabor "gringo-mex" muy peculiar.

Los comerciantes de ambos lados dependen de los consumidores de toda la zona. Y éstos viajan de un país al otro casi sin limitaciones.

Por eso, no son las vallas físicas (de madera, metal o piedra) las que me preocupan, sino otras, mucho peores:

Las vallas legales.

Esas, aunque invisibles, aprisionan más duramente a millones de indocumentados, aún dentro de Estados Unidos.

Muchos inmigrantes podrán saltar y colarse por cuanta valla le pongan en la frontera.

Pero nunca les platican que, al llegar, enfrentarán otras vallas virtualmente imposibles de librar: El no tener seguro social. No tener licencias de manejo. Vivir en las sombras y con temor por años, o quizá por el resto de sus vidas, a pesar de sólo querer trabajar.

Y esas vallas, desafortunadamente, son de las que nadie habla, y las que al parecer a ningún político le interesa romper.

viernes, octubre 27, 2006

De nuevo, la misma retórica antiinmigrante, sin soluciones

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Acudí este pasado domingo 22, por simple curiosidad, a una protesta titulada “Estoy Orgulloso de Ser Americano”.

Fue temprano, a las 10 de la mañana en el Parque Centennial, del centro de Fort Myers, Florida, junto al río local.Llegué puntual y vi poca gente. Escasa. Si acaso, unas cien almas… cuando mucho.

(Y eso contando a los puesteros que hicieron su agosto explotando el “fervor patrio” –mal entendido, claro- de los asistentes, vendiéndoles banderas americanas.)

Quizá es muy temprano, pensé. Habrá que esperar a que llegue más gente.

Pero estuve más de una hora tomando fotos y escuchando los discursos, y la gente no venía. El mítin no pasó de las mismas cien personas (puestero incluído), que más se sentían en un picnic que en un acto “patriótico”: Se sentaron a la sombra de los árboles, con sus sillas plegables.

Traían hieleras con refrescos y agua, sombreros, lentes de sol… y su infaltables letreros de “English Only”.

El acto fue organizado por el grupo denominado Citizens Against Illegal Aliens (Ciudadanos Contra Extranjeros Ilegales).

¿A qué fui, me preguntarán? Ni yo mismo me puedo responder la pregunta. Como reportero, debo estar cubriendo las noticias de la comunidad, claro. Y a fin de cuentas, este fue un evento local.

Siempre he creído en el derecho de todos de recibir el beneficio de la duda. Y aunque llevo casi diez años cubriendo eventos similares, siempre me quedo con el mismo sabor de boca: Ningún opositor a la inmigración indo-cumentada da argumentos ni medianamente convincentes en su favor, como para pensar que al menos tengan un poco de razón.

Es cierto que la inmigración ilegal es un enorme problema, no sólo para Estados Unidos, sino para México. Además, perjudica a los propios inmigrantes y sus familias, que sólo buscan una oportunidad de trabajar decentemente.

Pero se necesitan soluciones reales, no retórica. De ésa ya hay demasiada.

Yo estaría dispuesto a aceptar los puntos de vista de un opositor a la inmigración indocumentada siempre que demostrara argumentos realistas e inteligentes, no diatribas contra los hispanos en general.

Desafortunadamente, nada de esto hubo en la protesta. Fue más de lo mismo: Patrioterismo que rayaba en el fetichismo (igualito al de muchos extremistas latinoamericanos), racismo y total cerrazón a un problema que demanda inteligencia.

Y las mismas cantaletas de siempre: Que los indocumentados les roban el trabajo a los ciudadanos americanos, que sólo destruyen las escuelas, que quiebran los hospitales, que no quieren aprender inglés, que quieren desaparecer a Estados Unidos como país, etcétera.

Más parecía un culto, una secta fanática que un grupo ciudadano maduro.

La nota curiosa (o patética) la dio el discurso de un niño de once años, llamado Jimmy Stafford, Jr.

Se notaba que el pobre Jimmy lo aventaron al ruedo: No tenía idea de lo que estaba leyendo. Se notó a leguas que el discurso (o diatriba) se la escribieron. Se tropezó un par de veces al leerlo, y le imprimió un “sentimiento” que sonaba falso.

“¡Estoy harto de los ilegales que me vienen a balbucear en un idioma que no entiendo!”, gritó con su vocecilla en medio de los aplausos furibundos de la audiencia. “Que regresen a su país y aprendan inglés”.

Dijo: “Mi generación está perdiendo las libertades ganadas en el pasado… ¡Por favor, cierren las fronteras ya! Si no, cuando tenga 15 años los ilegales se apoderarán de mi país”.

Remató diciendo que “hablaba a nombre de su generación y las generaciones futuras”.

(Aunque dudo mucho que Jimmy también incluyera a las generaciones de ciudadanos americanos hijos de inmigrantes hispanos que ya nacieron o están naciendo en este momento).

Completó el cuadro Russ Landry, presidente de la agrupación Citizens Against Illegal Aliens y el ex alcalde de la ciudad de Avon Park, Tom Macklin que apoyó unas fallidas propuestas en su ciudad contra los indocumentados.

E irónicamente, varios grupos de motociclistas cuarentones, de ésos con chalecos de cuero, lentes oscuros, barba de seis meses y panza caguamera.

Los demás oradores dijeron lo mismo de siempre. No ofrecieron soluciones, fuera de sellar la frontera y sacar a todos los indocumentados a punta de rifle.

El famoso muro en la frontera es una muestra típica de este sentimiento: Escandaloso, impactante... pero inútil.

Mientras los opositores a la inmigración apelen al miedo de los electores, alarmándolos con presagios del próximo “Apocalipsis hispano”, el tema se radicalizará más y más… y los inmigrantes seguirán llegando sin papeles.

¿Soluciones? Tristemente, a este paso nunca las habrá.

Unos cuantos más allá, alejados de las acusaciones y de las banderas, unos niñitos jugaban inocentemente en los columpios del mismo parque.

En su mayoría, eran hispanos, hijos de inmigrantes latinoamericanos con sus padres. No tenían ni idea de lo que pasaba, ni les interesaba.

Dos generaciones distintas, dos posturas contrarias. Y ninguna solución.

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jueves, octubre 19, 2006

Los precios en los súpers de Primer Mundo me dejan con bolsillos de Cuarto Mundo

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

Fort Myers, Florida - Allá por finales de los setentas o principios de los ochentas, visitaron mi ex escuela primaria, en Tampico, Tamaulipas, una delegación de delegados escolares japoneses.

Recuerdo que mis padres, que trabajaban en esa escuela, siempre contaron la anécdota divertidos.

Al final de la gira por la escuela, los maestros les ofrecieron un sencillo almuerzo a los visitantes asiáticos. En una mesita, pusieron varias frutas.

Cuando los japoneses vieron las frutas, se les salieron los ojos. (Aunque me imagino que más bien se les pusieron redondos.)

Cayeron sobre la mesita como ninjas a su presa. Mis papás me platicaron que engullían las manzanas, las naranjas, y las piñas como si les fueran a hacer el hara-kiri.

Ya más tranquilizados, los visitantes explicaron a sus sorprendidos anfitriones que en Japón, esa mesita constituiría un manjar digno de millonarios.

Las frutas son escasas, contaron. Y las pocas que hay se reservan para ocasiones, como regalos especiales o visitar a un enfermo.

Incluso se venden en arreglos, como las famosas canastas de Navidad México. Nada más que en lugar de vinos y dulces, les ponen frutas.

Y salen carísimas.

(Años después vi en una película cómo una familia japonesa compraba una triste y rancia piña, y con toda la ceremonia esperaron ansiosos el momento de comerla. Fue gracioso ver cómo discutían sobre cómo se podía pelar, o cortar -si a lo largo o a lo ancho -y cuál sería la manera más “apropiada” de servirla. Para ellos era novedad.)

A mis papás les encantaba relatar la historia de los visitantes japoneses: Entre su vasto repertorio de anécdotas, siempre había dos o tres que las contaban treinta y siete veces cada mes, como rockola. Y ésta era una de ellas.

Sobre todo cuando nosotros, sus monstruosos vástagos, nos negábamos rotundamente a comernos las verduras.

(“¡Acuérdate de los pobres niños japoneses! Gustosos venderían su alma a Godzilla con tal de tener un plato de zanahorias como el tuyo”, quizá nos dirían.)

A veces me preguntaba si de verdad así vivían las personas de los países ricos. ¿En el Primer Mundo las cosas “mundanas”, como mangos, peras y jovitos, son objetos de lujo?

Muchos años después, ya en Estados Unidos, estoy sufriendo en carne propia los efectos de ese “primermundismo”.

Como un pendiente imposible de evadir, he estado explorando supermercados en Florida, buscando el que mejor se acomode a mi presupuesto.

No es una tarea fácil. En Texas me movía como pez en el agua: Ya teníamos bien ubicados los súpers careros, y los baratos.

En unos comprábamos los líquidos de limpieza, jabón, pasta, etcétera. En otros, aprovechábamos las ofertas de cereales, arroz, frijoles, y refrescos.

Ah, pero para las carnes, y las frutas y verduras teníamos nuestras armas secretas: Los infaltables mercaditos mexicanos, donde conseguíamos la despensa “como si estuviéramos en casa”.

Eso no lo tenemos acá, en el suroeste de Florida, desafortunadamente. Y me he visto obligado a aceptar los leoninos términos de las cadenas que sirven a clientes de las clases media-alta y súper-alta de estos lares.

Clientes, casi todos, valga decir, ancianos jubilados sin hijos y mucho dinero para gastar. (Al menos el suficiente como para comprarse su “condo” o casita en la playa a los estratosféricos precios de aca.)

Es hasta ahora que he comprendido a los pobrecitos japoneses que fueron a mi ex escuela.

Un rápido vistazo a los estantes y anaqueles de mi “tiendita de la esquina” (más bien un supermercado mediano, llamado Publix, a donde no tengo más remedio que ir) me hace sentirme en un barrio de Tokyo-Yokohama.

- Mangos: Oferta a “sólo” $1.70 dólares… la pieza.

- Limones: Regalados. $2.99 la libra. (Ese el baratito: El “normal” cuesta $3.99 la libra.)

- Aguacates: Un dólar. No, no el kilo, ni la libra: Un dólar por pieza. Y no aguacates como los de México, que uno puede jugar basquetbol con ellos. No, con los aguacates “gringos” a duras penas se pueden jugar canicas.


- Coca-Cola: $1.10 la botella de tres litros. Y aún así me sale más barata que comprar una lata: Hay máquinas despiadadas que las cobran a 75 centavos. Y aún así lo pagamos, ni modo. Todo vicio es caro.

- Jugo de naranja: El litro a $2.25. Y eso porque está hecha con NARANJAS. Si la quiero sólo con sabor naranja (artificial), pago $1.20 el galón.


- Leche: Aquí sí no me escapo. Es de cajón. Lo malo es que el galón me cuesta la friolera de $2.60 o hasta $3.50, dependiendo de las calorías. Ni modo, tengo becerros en la casa.

- Carne… El tema delicado. Si bien me va, puedo encontrar una libra de carne de res en 4 dólares. Lo más factible es que acabe pagando 5 ó 6 dólares por el lujo. Igual por las piernas de pollo con muslo: De 6 a 7 dólares. Total, si elijo unas tres tipos de carnes para alimentar una familia de cuatro, acabo pagando unos 20 dólares.

- Agua: El agua se ha convertido en un artículo de lujo. Un galón del “líquido elemento” como le dicen todavía algunos reporteros adornados, sale más caro que un jugo: Entre 1.50 ó 2 dólares. Yo compro la baratita, que me cuesta 67 centavos el galón.

- Un cereal tipo corn flakes me cuesta de $2.50 o hasta $5.00, dependiendo de qué tan “saludable” sea. (Y pa’ que la caja venga la mitad vacía –que no llena, como el vaso de agua.)

- El queso es terrible: Un pedacito que parece goma de borrar no me lo bajan de 4 dólares. Si quiero uno medianito, debo pagar entre 6 y 7 dólares. Y ni en sueños espero comprar un queso como los que venden en el mercado de mi Tampico hermoso (grandotes y sabrosos): Tendría que hipotecar mi casa.

- Tortillas. Recuerdo cuando iba a la tortillería, cada mediodía, cuando era niño. Medio kilo de tortilla costaba como tres pesos. Ahora, estoy pagando cuatro o cinco dólares por un kilo acá en Estados Unidos. Y ni modo, la identidad cultural no es algo que se negocie (aunque las empresas que las venden no piensan igual.)

Vaya, si hasta los famosos pastelitos Bimbo o Marinela están por las nubes. El mentado Osito Bimbo se “primermundizó”, y las famosas donas que me comía todas las tardes al salir de la secundaria me cuestan 2 ó 3 dólares.

La nostalgia se me ha vuelto un lujo caro de sostener.

Al final, al llegar a la caja, ya me la sé: La sonriente y simpática cajerita gringa me va a decir que le debo de $50 a $60 dólares por surtir la despensa para dos días. Y si bien me va, podré entregarle unos cupones que me van a ahorrar hasta dos dólares del total.

¡Cómo añoro los mercaditos tex-mex de Dallas!

Pero la comunidad inmigrante está creciendo por estas partes. Y bastante rápido.

Es cuestión de tiempo para que vengan las grandes cadenas de “mercaditos” mexicanos a instalarse (que en realidad ya son multinacionales por méritos propios).

Cuando vea uno de esos supermercaditos mexicano, lo primero que voy a hacer es caerle como ninja a su presa.

Y hasta los ojitos se me van a redondear.

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sábado, octubre 07, 2006

La nueva asignatura en las escuelas de EE.UU.: Sobrevivir a masacres

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Mi hijo me contó orgulloso que en su escuela ya están preparados para cualquier balacera.
"La directora nos dijo que siempre va a haber un papelito anaranjado en la puerta, indicando alerta naranja", explicó, con la experiencia que sus diez años a cuestas le dan. "Si no vemos ese papelito, entonces debemos protegernos, porque un loco viene a matarnos".
El famoso papelito significa que la escuela está en alerta en caso de riesgo de una masacre en la escuela.
La escuela donde mi hijo acude en Florida volvió a desempolvar sus planes de emergencia, luego de la matanza de alumnas en la escuela Amish de Pennsylvania, y las balaceras en otras escuelas, que han dejado una estudiante y un director muertos días atrás.
"¿Y qué se supone que deben hacer en caso de emergencia?", le pregunté a mi hijo, curioso.
Se encogió de hombros.
"Cerrar la puerta del salón, y meternos abajo de las mesas", respondió distraídamente.
"¿Las puertas de los salones son de metal?", le pregunté, esperanzado.
"Sí, papá, pero qué importa. Si entra un loco con una pistola sólo tiene que disparar a la ventana de vidrio para entrar a matarnos", respondió mi hijo.
Me quedé mudo.
Sé que él me platicó todo esto para que yo supiera que su escuela está preparada. Para hacer que me calmara.
Lo malo es que el resultado fue contraproducente.
¿Niños de diez años escondiéndose debajo de las mesas de su salón, si un loco armado hasta los dientes entra a su escuela, quizá con ametralladoras y dispuesto a matar a todos o morir en el intento?
No suena nada alentador.
Lo malo es que es una realidad cada vez más cercana en Estados Unidos.
Es irónico que el país donde hay más tipos trastornados y fanatizados con las armas, tenga las escuelas menos seguras de todo el mundo.
¿Conoce usted las escuelas de Estados Unidos? Son abiertas. Casi sin cercas ni restricciones.
Cualquiera puede entrar por los numerosos estacionamientos, canchas y espacios verdes que las rodean.
Los salones no están juntos, sino esparcidos en todo el extenso terreno, y cada uno de ellos tiene amplios ventanales y puertas de acceso por todos lados.
(Algunas de estas puertas se abren por fuera, por cierto.)
Los únicos que vigilan son un puñado de maestros y maestras, cuyas armas más potentes son reglas y libros. En caso de que algo ocurra, y llamen a la policía, ésta tardará de veinte minutos a media hora en llegar... y muchas cosas pueden pasar en ese lapso.
Y el problema más grave no es que un loco de afuera entre a matar a todos -a veces ésos se pueden detectar desde que llegan-. No, el problema verdadero es que algunos alumnos pueden llegar armados y desquitarse con todo mundo por lo mal que lo tratan en su casa.
En Texas, no es raro ver escuelas con detectores de metales en cada puerta.
Los policías revisan todas las mochilas de los alumnos.
Uno se alarma al principio, al ver tales muestras de seguridad.
O de temor.
En Florida esto aún no se ve. Las escuelas son abiertas, limpias e inocentes. Como en la década de 1950.
No sé si alegrarme o lamentarme.
Porque ya no estamos en la década de los 1950.
Después de lo ocurrido en la escuela Columbine de Colorado (donde 12 estudiantes fueron asesinados por dos compañeros que también se suicidaron), todo el país y el mundo se horrorizaron.
Pero se olvidaron. Esto es un incidente aislado, decían.
Además, según estadísticas, las escuelas siguen siendo el sitio más seguro en que los niños pueden estar.
Más aún que sus propios hogares.
Nos reconforta decirnos a nosotros mismos que una matanza no puede pasar en todos lados.
Al menos no en los pueblecitos de Kansas, o Minnesotta, ¿verdad?
Mucho menos en la soleada y tranquila Florida. Quizá en Miami y otras ciudades grandes, sí. Pero nunca en el pequeño y paradisiaco Fort Myers.
¿O sí?
De hecho, ya pasó.
Según el diario local de Fort Myers, en 1994, un maestro entró a la oficina del superintendente del Distrito Escolar del Condado Lee, Jame Adams, y lo mató de seis balazos.
En 2001, un joven estaba matriculado en una escuela local. Un año después, ese joven era uno de los dos asesinos más buscados del país, por haber masacrado a varia gente en el área de Washington, D.C.
Su nombre era John Lee Malvo.
Ya se están instalando cámaras en las escuelas de mi vecindario.
También cercas y vallas. El objetivo es tener sólo una entrada, por donde todos pasen.
A los visitantes se les va a pedir identificación y antecedentes penales.
El otro día que fui a dejar a mi hijo a clases, vi que había un policía armado dirigiendo el tráfico.
No sé si me alegré o me entristecí.
Porque no me gusta nada la nueva asignatura escolar en Estados Unidos: Sobrevivir a masacres.

viernes, septiembre 22, 2006

Los nuevos “americanos” que aún no saben inglés

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Demetria González tiene 62 años, y con trabajos habla español.
“De donde vengo no se habla español”, comenta, recordando su pueblo, uno de los tantos Santo Domingos que hay en Oaxaca, de donde salió rumbo a Estados Unidos hace once años.
La suya ha sido una vida difícil y de retos. “Siempre he trabajado en la labor”, relata, mostrando sus manos callosas y maltratadas por el trabajo. “Primero en el campo y después en la bodega”.
Pero ahora esta inmigrante indígena, bajita de estatura y con una expresión seria y solemne siempre, está entusiasmada con el nuevo reto que enfrenta en la vida: Aprender inglés.
Lo curioso es Demetria ni siquiera sabe leer en español.
La mujer se matriculó en una de las muchas clases de inglés que organizaciones comunitarias ofrecen gratis a inmigrantes en el suroeste de Florida.
El Concilio Literario de la población de Bonita Springs ofrece estas clases sin cobro, cada semana. Y a domicilio.
Demetria no lo pensó y se matriculó.
“Ahora ya hasta puedo escribir mi nombre”, cuenta orgullosa. “Antes no sabía ni eso”.
Como el Concilio, a lo largo y ancho de Estados Unidos miles de inmigrantes acuden cada semana a clases de inglés.
Nadie los obliga. No tienen ninguno de esos Minutemen picándoles la espalda con un rifle, o ningún republicano antiinmigrante presionándolos. Van porque quieren. Por iniciativa propia.
“El presidente dice que tenemos que aprender inglés”, dijo por su parte al diario The News-Press la inmigrante María Brito, de 25 años, de Guanajuato, quien lleva dos años en el mismo programa.
María no se refería al presidente de México, sino al presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
“Tenemos que hacer de nuestra parte, y esperar a tener éxito”, agregó, acompañada de sus hijos, Martín de 5 años y Scarlett de 16 meses, ambos ciudadanos de Estados Unidos por nacimiento.
María es una de las decanas del programa literario: Como tal, recibió recientemente premios y reconocimientos por su esfuerzo en intregrarse a su nuevo país: Libros de inglés, vales para comprar libros, y hasta una computadora laptop para que continúe sus estudios de inglés.
Los directores del programa hicieron la entrega de los premios en una pequeña ceremonia, en la que le pidieron a María que dijera algunas palabras.
Tímidamente, la bajita mujer, de piel morena y cabello largo y negro, “se aventó”: Toda sonrisas, se paró ante los asistentes.
“Hello”, fue su primera palabra.
Hizo una pausa nerviosa.
Su segunda frase fue obvia: “I am so happy, because I learn English…”
La gente escuchaba, atenta. Nadie movía un músculo.
María continuó”
“Thank you very much”.
La multitud rompió en aplausos.
Quizá parezca insignificante, pero para María fue un triunfo personal enorme.
“Antes no sabía nada de inglés”, recordaba más tarde, después de su agradecimiento. “Aún se me dificulta mucho entenderlo, pero sigo practicando”.
¿Porqué aprende María, un ama de casa cuyo esposo –también inmigrante de Guanajuato- trabaja en la construcción en Florida?
“Algún día quiero ayudarle a mi hijo Martín con su tarea”, expresó, esperanzada.
La labor del concilio no es fácil. Varios días a la semana, voluntarios acuden al área conocida como Manha Christian, de Bonita Springs, un campamento de casas-tráilers habitado en su mayoría por inmigrantes mexicanos que trabajan en los cultivos y la construcción.
Allí, en medio del campamento, hay un salón comunitario improvisado donde dan las clases a quienes lo deseen, padres e hijos.
Para Diego Grisales, uno de los directores del programa, el sentimiento antiinmigrantes que vive actualmente Estados Unidos, ha empujado a muchos latinoamericanos a aprender inglés. Es una especie de reacción de los hispanos para demostrar que de verdad quieren integrarse a su nuevo país.
Hace seis años, el Concilio, tenía 150 alumnos, 130 tutores voluntarios, y un presupuesto de $25,000 dólares. Hoy, ha enseñado a 1,379 alumnos, con 490 tutores y un presupuesto de $300,000, el cual se recauda por donaciones de organizaciones e individuos.
El Concilio celebró semanas atrás la inauguración de sus nuevos salones, que ya tienen hasta computadoras y áreas para niños.
Decenas de familias inmigrantes acudieron al festejo, casi todas mexicanas.
Papelito en mano, los alumnos cantaron “America, the Beautiful”, y al final, bailaron el tradicional “Hokey-Pokey” con sus hijos, como demostrando que ellos también son “americans”.
O al menos, que lo quieren ser.
Esta historia se repite en todo el país: Los inmigrantes hispanos abarrotan las clases de inglés y de ciudadanía. Por todos lados se ve la integración.
Esto no lo ven los anti-inmigrantes, quienes siguen con su cantaleta de que los latinos “no se quieren integrar, no quieren aprender inglés, y son una amenaza para la cultura de Estados Unidos”. Y se lanzan rifle en mano a “vigilar” una frontera invigilable, tratando de preservar un Estados Unidos de su niñez que ya no existe, o que quizá nunca existió.
¿De verdad tienen motivo para preocuparse?
¿De verdad estos nuevos inmigrantes quieren cambiar Estados Unidos y hacerlo más “mexicano”?
Parece que no.
Según un análisis reciente del Centro Pew de Estudios Hispanos, los inmigrantes de México y América Latina de hecho se están integrando más rápido que los inmigrantes italianos y polacos del pasado.
El 99% de los hijos de estos latinos en edad escolar dominan perfectamente el idioma inglés, y su cultura está más “americanizada” que la de sus padres.
Para la tercera generación, estos Mexican-Americans se comunican mejor en inglés que en español, idioma que terminan perdiendo casi por completo.
Quizá las caras de los nuevos norteamericanos del futuro cambien. Quizá ya no sean pecosas y rubias de ojos azules, sino morenitas de cabello lacio y negro.
Muy distintas a las de la mayoría de los Minutemen de hoy en día, cierto. Pero tampoco serán 100% mexicanos.
Serán en cambio un pueblo mestizo e único, que como todos los demás, tendrá que buscar su propio destino.
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viernes, septiembre 08, 2006

Las "Asambleas Informativas" de los republicanos antiinmigrantes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

En una columna pasada hablamos de "la huída de los blancos" de las ciudades de Estados Unidos, hacia suburbios cada vez más alejados y "exclusivos".
Pero además de este fenómeno, ahora se está dando otro hecho igual de curioso, aunque por distintas razones: "La Huída Hispana".
Este jueves pasado, un grupito de "ciudadanos conscientes" se puso a reunir firmas en la ciudad de Cape Coral, Florida.
Cape Coral es la tercera o cuarta ciudad de más rápido crecimiento en todo Estados Unidos. Es una ciudad en plena expansión.
Y casualmente, el 40% de ese crecimiento lo representan inmigrantes hispanos, sobre todo mexicanos, porque el suroeste de Florida tiene un "boom" de construcción de casas y condominios como nunca.
Labores que generalmente realizan los mexicanos.
¿Qué buscan, pues, esos ciudadanos "responsables y conscientes" de Cape Coral?
Simple: Prohibir que lleguen inmigrantes ilegales a su ciudad. Ni más ni menos.
La iniciativa, que ya cuenta con más de 700 firmas, pide a las autoridades municipales aprobar cuatro puntos:
1) Multar y negar el permiso a negocios que den empleo a inmigrantes indocumentados.
2) Multar a propietarios de viviendas y departamentos que renten a indocumentados.
3) Negar servicios públicos municipales a cualquier persona que no sea ciudadana de Estados Unidos, excepto en casos de emergencia.
4) Que la ciudad de Cape Coral y el condado declaren al inglés como idioma oficial.
Cape Coral no está sola. Se une así a la lista de ciudades y pueblos pequeños que en todo Estados Unidos se han dado a aprobar medidas para hacerle la vida imposible a la gente sin papeles.
La tendencia inició en Hazelton, Pennsylvania, meses atrás. Siguió en Riverside, Nueva Jersey. Las autoridades municipales de ambos pueblos aprobaron medidas que prohiben a indocumentados tener empleo y vivienda.
Y aunque aprobadas ya, estas leyes no se han podido aplicar del todo, debido a que hay demandas pendientes en cortes federales, interpuestas por grupos defensores de inmigrantes y de derechos humanos, quienes afirman que las iniciativas violan derechos civiles y constitucionales.
En Florida, las ciudades de Palm Bay y Avon Park tuvieron propuestas parecidas hace meses, pero fueron rechazadas cuando se sometieron a votación de sus cabildos.
Esta tendencia parece aumentar y no disminuir. Día a día más ciudades están considerando medidas similares.
¿Qué buscan los que proponen estas medidas?
La señora Toni Insolia, una de las que ayudó a recabar firmas en Cape Coral, dijo al diario The News-Press de Fort Myers que el motivo es "porque la cultura de Estados Unidos está cambiando".
Acusó a los inmigrantes (hispanos) se no adaptarse al "American Way of Life" como los inmigrantes del pasado.
"Llegaremos a ser extraños en nuestro propio país", sentenció Insolia al periódico.
¿Tendrá razón? ¿Están los Estados Unidos a un paso de una reacción anti-hispana de parte de su población?
Todo puede pasar, claro, pero no creemos que esto ocurra así.
Esto no es un sentimiento generalizado. Los que proponen medidas así, saben bien que tienen escasas probabilidades de que se aprueben.
Lo que buscan es notoriedad, salir en la tele. Y jalar agua para sus molinos políticos.
El escándalo siempre atrae a los medios. Sobre todo si los chicos malos de la película son mexicanos.
Y aún en dado caso de que tales medidas se aprobaran y entraran en efecto (si no son rebatidas antes por las cortes federales), no tendrían demasiado efecto.
La mayoría de éstas ciudades son pequeñas, y están rodeadas de muchas otras ciudades o suburbios con distintas leyes.
Lo único que un inmigrante tendría que hacer para evadir la ley, es mudarse unas cuantas cuadras, cruzar el límite municipal y ya. Las leyes anti-inmigrantes no lo alcanzarían allí.
De hecho, eso está ocurriendo ya: "La Huída Hispana" está haciendo que los indocumentados se muden a zonas menos intransigentes, abandonando de paso sus empleos y buscando otros.
Esto, claro, afecta a muchos empleadores, sobre todo los que dependen de la mano de obra mexicana y latina.
Esta misma emigración ocurrió en California durante el gobierno del ultraderechista Pete Wilson. Y está ocurriendo en Arizona y otros pueblos de la frontera, donde hay sheriffs a quienes les encanta que Fox News los retrate como "los cowboys que siempre atrapan a su mexicano".
En el fondo, esto ocurre no por un sentimiento de racismo de todos los norteamericanos en general, sino por culpa de la inactividad del Congreso en Washington por aprobar una reforma migratoria.
Para no tomar el toro por los cuernos, y darle vuelta al asunto, los republicanos se inventaron una serie de "consultas" para tratar el tema migratorio con las bases.
Son algo así como "Asambleas Informativas" pomposas, sin más justificación que la de hacer ruido.
Seguro Andrés Manuel López Obrador le copió la ideita a los republicanos.
Con este cuento, los senadores republicanos ya se han ido de paseo por varios estados haciendo sus "consultas" para "escuchar de viva voz al pueblo" antes de tomar una decisión.
Como todo mundo sabe, estas consultas y audiencias son puro teatro, igual que las "asambleas" de AMLO. Los republicanos lo hacen simplemente para ganar tiempo, y que pasen las elecciones de noviembre.
Mientras llega el "Election Day", los senadores pueden seguir con su retórica anti-inmigrante en sus comerciales, y echarse en la bolsa el voto de los de ultraderecha (que son los que casi siempre votan).
Una vez que los senadores estén cómodamente reelegidos, después de noviembre, entonces sí van a sentirse seguros de tratar el espinoso tema de qué hacer con los más de 12 millones de indocumentados que viven en el país. Antes no.
Mientras tanto, seguirán los grupillos locales deseosos de reflectores, recaudando firmas contra los inmigrantes hasta en el más pequeño pueblecito de Kansas.
Y los inmigrantes seguirán esperando.
Y mudándose.

QUE BUENO QUE EL INTERNET ES PERREDISTA

En internet no faltan los llamados de grupos lópezobradoristas para boicotear "productos gringos", porque dizque son miembros del "compló" que le arrebató la presidencia (como si fuera de él) a AMLO.
El orgulloso y patriotero llamado pide consumir sólo productos mexicanos, y dejar de comprar "porquerías transnacionales", como Sabritas, Coca-Cola, artículos que vende Wal-Mart, y dejar de usar los bancos como Banamex.
Vaya, hasta piden a la gente que deje de ver la televisión porque Televisa y TV Azteca (claro) también fueron miembros del compló.
Bueno, como medida naturista y dietaria, me parecen recomendaciones positivas. Pero si los que promueven este boicot quieren dar un mensaje político congruente, creo que andan medio desubicados.
Digo, el internet y las computadoras no las inventó un lopezobradorista, mientras andaba matando tiempo entre partidas de dominó en uno de los campamentos del Zócalo.
Hasta donde me acuerdo, estos inventitos también son "porquerías transnacionales", ¿no?
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viernes, septiembre 01, 2006

Cuando los perredistas imitan lo malo de los gringos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Después de lo ocurrido en el Congreso este 1 de septiembre, algunos mexicanos -a ambos lados de la frontera- nos preguntamos cómo hemos llegado a esta clase de escándalos.
¿Para esto logramos la democracia, se preguntan algunos?
Para muchas personas es inconcebible que diputados "secuestren" la palestra y no dejen a un presidente informar a la nación. Como hicieron los legisladores del PRD.
Y es normal: Después de siete décadas de presidencialismo, el numerito de San Lázaro (aunque se esperaba) remontan a muchos alarmistas a 1910, al desorden que precedió a la revolución.
Curiosamente, estos hechos no son exclusivos de "repúblicas bananeras", como quieren hacer ver algunos profetas del desastre.
Hasta países como Estados Unidos tienen sus habas que se cuecen en el Poder Legislativo.
Por ejemplo, si un legislador en Washington no está de acuerdo con una iniciativa de ley, puede recurrir por ejemplo, a una táctica igual o más siniestra que la de los perredistas: El famoso "filibusterismo".
¿Qué es el filibusterimo? Es la opción que tienen los legisladores americanos -usualmente senadores- de agarrarse del podio y no soltarlo hasta que le dé la gana.
Y lo han hecho. En varias ocasiones, cuando se han debatido leyes controvertidas e históricas, no han faltado congresistas y senadores que se "amachen" hable y hable en la tribuna, sin parar. Sin comer ni ir al baño, incluso durante días.
¿Cuál es el objetivo? Simplemente robar tiempo, hacer que se acabe el periodo de votación para evitar que se apruebe una ley con la que ciertos senadores no estén de acuerdo. Y como no tienen recursos legales para bloquearla, recurren a tácticas de... pues filibusteros, precisamente.
Así ha pasado en muchas ocasiones en la historia de Estados Unidos desde el siglo 18, y algunas veces ha llegado a extremos verdaderamente ridículos.
Por ejemplo, en 1957 el senador demócrata Strom Thurmond, quien apoyaba la segregación racial, se opuso con toda energía a las leyes de Derechos Civiles (que garantizaban igualdad de derechos a minorías raciales, como negros e hispanos), que al ver que no tenía posibilidad de bloquear su aprobación, recurrió al filibusterismo.
Thurmond realizó el "secuestro" al podio del Senado más largo de la historia: Habló, él solito, la friolera de 24 horas y 18 minutos sin parar (échate ese trompo a la uña, Fidel).
El senador racista (quien murió hace poco, con más de 100 años de edad) no tuvo éxito y la ley se aprobó, a pesar del choro.
(Más tarde, Thurmond debió disculparse de sus opiniones racistas y cambió de opinión, aparentemente. Hasta reconoció que tuvo una hija mulata. Muy congruente el "angelito".)
Otros países "avanzados" y democráticos como Canadá y el Reino Unido también han tenido sus episodios de filibusterismo, donde legisladores secuestran la palestra para reventar cualquier sesión que no les gustara.
(Eso para no mencionar los escandalos tamaño "Godzilla" que protagonizan legisladores en países como Japón o Corea, donde hasta golpes de karate y patadas voladoras sustituyen al diálogo.)
La pequeña (pero enorme) diferencia con México, es que los legisladores de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra que recurren a tácticas como éstas, actúan conforme a la ley.
El filibusterismo está contemplado en las reglas del Senado de Washington, indirectamente, ya que un senador no puede ser callado si toma la palabra.
O sea, los legisladores juegan con las reglas del juego, a su favor.
No las destruyen, ni las desconocen, o se quieren inventar o 'refundar' nuevas instituciones, cuando no los favorecen.
Como quieren hacer el PRD y su "gurú espiritual", Andrés Manuel López Obrador.
Pero aún cuando en México estuviera contemplado en la ley legislativa el filibusterismo (o la toma del podio por una marabunta de legisladores enojados), nos preguntamos: ¿Serviría de algo?
¿Estas actitudes de verdad benefician para la legislación de un país? Claro que no.
¿Solucionan las diferencias? Al contrario, las aumentan. Nadie gana. Sólo sirven para dar al traste con la popularidad de los legisladores que recurren a ella, y los hacen ver como intransigentes, en una arena donde se supone que debe imperar la negociación.
Ahora bien, algunos me dirán que esto es un "mal necesario" para México, que debemos acostumbrarnos. Que para los mexicanos estos episodios se nos hacen inconcebibles porque siempre habíamos estado reprimidos. Que este desorden es el precio que implica la "democracia".
O que es el efecto del fraude causado por el robo de urnas, la actitud de Fox, de la decisión "mercenaria" del IFE y del Tribunal Electoral y mil etcéteras más.
Quizá.
¿Pero, porqué tenemos que imitar precisamente lo malo de los coreanos o de los gringos?
Además, si ahora comenzamos con esto, con el filibusterismo, ¿qué sigue? ¿Los diputados y senadores tendrán que tomar clases de Tae-Kwon-Do para comprobar que ya somos "civilizados y demócratas"?
Y si ya estamos encarrerados, ¿porqué no ser más 'democráticos' de una buena vez?
¿Quién nos asegura que lo que sigue no es, por ejemplo, el asesinato de un presidente, como pasó con Kennedy y Lincoln?
¿Me van a decir que esto también es el proceso "normal" de cualquier democracia "avanzada"?
¿Quién decide hasta donde llegar? ¿Quién decide dónde detenernos?
Y si de verdad queremos pisar terrenos inéditos, escandalosos para los castos ojos mexicanos, ¿porqué no desconocer las instituciones e incendiar el país de una buena vez?
Total, si se trata de generar hechos inéditos en México, podemos recurrir a todo el repertorio de desgracias y tragedias que la humanidad ya sufrió, y que México por fortuna no ha visto.
Todavía.
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lunes, agosto 28, 2006

Spanish and English stay alive in Hispanic homes

By Fernando Zapata
Published by The News-Press
on August 28, 2006

My 10-year old, Mexican-born son, Cesar, loves "The Simpsons."

Every afternoon, while I drive him home from school, he insists on telling me the details of Homer's latest exploits.

All while laughing, of course.

I smile and laugh along. Although, I have to confess, I understand very little of what my son says.

Cesar re-creates all the Simpsons' misadventures for me — often imitating their voices — totally in English.

For me, someone raised in a Latin American country, Cesar's accent, his mannerisms, and his very sense of humor are a little bit too ... American.

My wife and I speak English. But at home, we insist — to Cesar's disappointment — on speaking only Spanish.

When possible, we change the mode of all the DVD movies, and TV channels to Spanish.

At the same time, we do our best to correct Cesar's sloppy accent and sudden fits of Spanglish.

We do our best to keep Spanish alive in Cesar and our 2-year-old son, Eric.

But at the same time, we have a similar, yet vastly opposite struggle outside home.

At school, we are adamant about our kids learning perfect English.

And we argue with teachers and school administrators who insist in placing them in "bilingual" classes, because "it's good for them."

We don't want that. We want our children to speak English, without losing Spanish.

American kids

For Americans, this may sound like a contradiction. And in many regards it is.

But for the majority of us Hispanic immigrants the issue is simple: We speak Spanish at home, but we understand we are in the United States.

And we want our kids to be American.

My small bilingual issue, though domestic, is reflected on a national level too: There is a huge debate on the topic.

Strangely, this debate is not between pro-Hispanic groups against anti-Hispanic organizations.

No, it's among Hispanics themselves: It's about those who want to keep their cultural roots, and see Spanish as the second — or perhaps the only — official language of the United States, against those who want to learn English and assimilate into the mainstream.

Oddly, the former group is composed of American-born citizens, while the latter are, usually, recent immigrants. Powerful Latino groups like MECHA (in English, Chicano Student Movement of Aztlan) and — to a lesser extent — LULAC (League of United Latin American Citizens), use Spanish and bilingual education as political cards to lobby for their national agendas.

The leaders of these Hispanic organizations — most of them American citizens from many generations back — speak only English at home.

Their Spanish is often awkward, to say the least.

On the other hand, we, the recent immigrants, while not fluent yet in English, remain on the opposite side of the debate.

Yes, most of us speak Spanish at home, but strongly insist that our language not be left out.

And we know the best way to succeed is by learning the national language, English.

Look at the studies

I am not an expert here. However, as a parent, I still find something disturbing about having my kids being taught in separate classes and in a different language than the rest of the American students.

I want them to have the same opportunities as everyone.

And I am not alone.

Some studies reflect this trend among Hispanic immigrants.

A survey conducted by the Pew Hispanic Center and the Kaiser Family Foundation between 2003 and 2004 found that 92 percent of Latinos —native and foreign-born — believed teaching English to children of immigrant families was "very important."

Remarkably, only 87 percent of whites, and 83 percent of African-Americans, have this same opinion.

The difference is even wider among Hispanics themselves: Only 88 percent of the U.S.-born, English-speaking Hispanics considered this topic "very important."

In contrast, 96 percent of foreign-born, Spanish-speaking Latinos answered favorably.

Contrary to popular belief (and the alarming claims by ultra-conservative talk-radio hosts) Hispanics do assimilate.

Moreover, we are assimilating at a faster pace than past immigrants did.

A paper by the Population Reference Bureau released last June, stated that "historically this transition took three generations. ... Today, however, more first- and second-generation Americans are becoming fluent in English." The study also found that a staggering 99 percent of second-generation immigrant children in public schools of San Diego and Miami spoke fluent English, while less than one-third kept fluency of their parents' tongue by the age of 17.

Melting pot alive

As a parent, I don't need studies to know what's going on: I see it every day at home, with Cesar and Eric.

But also with nephews, nieces and friends' children — all whose parents are first-generation immigrants, like us.

We teach our kids about their parents' home countries.

And we feel excited when our children say they had a great time on their Mexican (or Salvadorian, or Peruvian) vacations, visiting their "abuelitos" (grandparents) and "amigos" (friends).

But we immigrants want our kids to be Americans. That's why we came here in the first place. If we wanted them to be Mexicans, we would have remained there.

And we know English is the language of this land.

Even relatives in our home countries know it: The first thing they ask us when we visit is: "So, have you learned English yet?"

Cesar knows it, too. He can't understand why we force him to speak, listen to and write Spanish. For him, "English is way cooler."

As I said before, the "Melting Pot" is alive and well.

Despite all those Americans who have lost faith in it.

cfzap@yahoo.com

viernes, agosto 25, 2006

Cada vez más blancos están huyendo de las ciudades de Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAñAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

“Felicidades: Ha venido usted a parar al condado más racista y segregacionista de Estados Unidos”.
Esta fue la bienvenida que me dio un inmigrante colombiano con muchos años de vivir en el suroreste de Florida, a pocos días de llegar yo a Fort Myers.
Como lo dijo medio riéndose, supuse que era en broma, así que le seguí el juego.
Después, me di cuenta que su risa no fue burlona, sino maquiavélica.
Semanas después, almorcé con un destacado miembro de la comunidad cubana en la ciudad de Cape Coral. Mientras comía una sabrosa torta cubana, me comentó casualmente:
“Aquí hay mucho racismo. Aún no lo has sentido porque aún eres nuevo, pero lo sentirás. Es algo que se siente en el ambiente”, me comentó.
Siguió comiendo su torta cubana y disfrutando de su batido: “Se siente. Lo sientes cuando vas en la calle. Lo sentirás cuando entres a una tienda.”, comentó, sorbiendo de su popote. “Está en todas partes”.
Meses atrás, cuando llegué aquí por primera vez para la entrevista de trabajo, platiqué con otro inmigrante colombiano, quien relató algo que le pasó mientras cubría un evento musical para una estación de radio en vivo.
“Estábamos allí, afuera del auditorio, entrevistando gente con nuestro micrófono, cuando llegó una patrulla, con sus torretas encendidas”, recordó. “Los policías nos dijeron que los vecinos habían llamado para quejarse que ‘unos hispanos’ estan haciendo escándalo”.
“¿Cuál escándalo, le preguntamos. Somos medios, estamos entrevistando personas, le dijimos, mostrándoles nuestras credenciales. Los policías de todas maneras nos dijeron que nos fuéramos de allí”, agregó.
Obviamente, tuvieron que moverse de allí.
Otra anécdota: Una vendedora de publicidad se quejaba de cómo debía lidiar con “americanos” de esta zona día a día.
“Aquí son puros ‘rednecks’”, decía molesta, refiriéndose al término que usan los anglosajones para referirse a los ‘gringos’ rancheros, ‘nacos’ provincianos e ignorantes que todos desprecian –hasta los propios gringos. “Y ya sabes que a los ‘rednecks’ sólo les interesa las cosas de ‘rednecks’”.
Al principio, esta clase de comentarios me sorprendieron. Uno no lo creyera al venir y conocer esta zona, tan atractiva turísticamente, llena de actividades naturales, costa, playas, lagos, ambiente “floridiano”… y tanta gente de tantos lugares del mundo.
Pero aquí no es Miami. Ni mucho menos Dallas. La población hispana ha crecido enormemente en los últimos cinco o diez años, y de un pueblecito somnoliento, esta zona se ha convertido en un área metropolitana muy dinámica.
Pero crecimiento significa inversión. E inversión trae trabajos. Y esto es lo que ha atraído a gentes de otros lados, sobre todo inmigrantes latinoamericanos.
El crecimiento ha sido pasmoso. Y si a nosotros, los hispanos, este “boom” nos ha agarrado por sorpresa, me imagino que para los anglosajones (quienes durante décadas consideraron esta zona “su pequeño lugar secreto”, donde descansar y relajarse) esto ha de ser un shock difícil de digerir.
Pero no por racismo en sí (aunque seguro hay gente bastante racista), sino por un proceso normal. Me explico.
En Estados Unidos oficialmente no hay racismo. Fue abolido oficialmente en el siglo 19, después de la Guerra Civil. Pero no fue sino hasta la década de 1960 que, con los movimientos civiles de Martin Luther King y César Chávez, la desegregación y la igualdad de oportunidades para todos (sin importar raza) se hizo una realidad, y una política oficial del gobierno.
Costó mucha sangre, mucho dinero y muchas tragedias. Pero se logró.
Pero sólo en el papel.
Actualmente, son los mismos americanos (de todas las razas) los que practican un racismo tal vez subconsciente. Y nadie lo quiere aceptar.
Y si los blancos son racistas con otras razas, lo mismo se puede decir de los negros y hasta de los hispanos.
¿Porqué? Porque cada grupo se junta con miembros de su propia raza, credo o color, y acaban formando enclaves exclusivos.
Así, vemos barrios completos de una determinada raza, no porque el gobierno lo haya impuesto, sino porque los propios habitantes así lo buscan.
Algo similar ocurre en las escuelas: Oficialmente las escuelas son igualitarias. Y se cumple: En los salones conviven niños y maestros negros con blancos, asiáticos e hispanos, sin problema.
Otra cosa ocurre a la hora del almuerzo o del recreo: Los alumnos negros tienden a juntarse. Igual los hispanos y los blancos.
Cada quien forma “clanes”, sin que los maestros lo promuevan o los obliguen.
Parece que es una naturaleza innata del ser humano desde los primeros años: Juntarse con otros con los que se identifique. Con otros que se le parezcan, física y mentalmente.
Este proceso, aunque suene cruel, es hasta cierto punto “normal”. Pasa en todas partes.
A Fort Myers y Cape Copral (la ciudad vecina, que en el 2005 fue la tercera localidad de mayor crecimiento de todo Estados Unidos) no les está pasando nada nuevo. Este mismo proceso le ocurrió hace cincuenta años a Los Angeles, a Chicago y a Dallas: Está llegando gente de muchas partes.
Pero con esto se ha desatado otra clase de inmigración, pero al revés: La salida de los anglosajones de la ciudad y su mudanza a enclaves lejanos al centro.
Lo que pasó ya en California, Texas y Nueva York desde hace cincuenta años, le está ocurriendo a Fort Myers hoy en día.
Y esto ha causado otro fenómeno: La emigración de los anglosajones fuera de las ciudades.
Es lo que se llama el “White Flight” (o “Vuelo Blanco” o “Vuelo de los blancos”.)
Cada día, más familias blancas están literalmente “emprendiendo el vuelo”, lejos de los barrios multiétnicos de las ciudades, y se mudan a suburbios más alejados (y caros).
Algunos de estos fraccionamientos (casi en medio del campo y de la nada) hasta tienen accesos privados y guardias en la puerta.
Claro, estos enclaves exclusivos no se anuncian como racistas, ni les ponen trabas a los compradores de cualquier raza.
Pero sus precios son estratosféricos. Y así de hecho limitan sólo a “ciertas familias” de ingreso alto su acceso a estos barrios.
Y casualmente, los mayores ingresos los obtienen los anglosajones.
Mientras tanto, los centros de las ciudades, y los barrios “antiguos” están llenándose de familias pobres, o inmigrantes de clase media o media baja. Y así se crean los ghettos, casi sin pensarlo ni desearlo.
En algunos años más, cuando hayan más y más hispanos en el suroeste de Florida, los anglosajones que ahora viven en los barrios más caros se irán mudando cada vez más lejos.
Como mencionamos en una columna pasada, debido a que en su mayoría estos “gringos” son ancianos jubilados, uno de los lugares a donde quizá huyan para alejarse de los hispanos será, casualmente… México.
Ironías de la vida.
cfzap@yahoo.com
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lunes, agosto 07, 2006

"Immigrants are dirty and lazy… They will never be Americans like us”

By Cesar Fernando Zapata
Published by The News-Press
(www.news-press.com)
On Aug. 7, 2006

A famous American figure bitterly complained once about the “swarm” of immigrants who arrived to the country.
He feared that one day America might become a “colony of aliens”:
“Few of their children in the country learn English”, he wrote. “They begin of late to make all their bonds and other legal writings in their own language, which (though I think it ought not to be) are allowed good in our courts (…) so increases that there is continual need of Interpreters; and I suppose in a few years they will be also necessary in the Assembly, to tell one half of our Legislators what the other half say.”
“(Those immigrants) will never adopt our language or customs, any more than they can acquire our complexion”, lamented this famous American in one writing.
Of course, those who read these articles were alarmed. And they totally agreed.
Who is this mysterious figure who expressed such hate towards immigrants?
Is it Pat Buchanan? Or Samuel Huntington, the Harvard professor who fears Spanish language and Catholicism would one day undermine the American identity?
Is it Tom Tancredo, the stubbornly anti-immigration congressman?
Or is it one of those famous Minutemen, who patrol the Mexican border at their will?
Not a chance. The author of those articles is no other than… Benjamin Franklin.
Yes, THAT Benjamin Franklin.
The quotations found here have been mentioned by several columnists, like Lucinda Dillon Kinkead and Richard De Uriarte.
What “swarm” of alien immigrants he referred to with such contempt?
No other than… German immigrants.
Back in those early pre-Revolutionary days, Anglo-Americans controlled the economy, trade and government in the original thirteen colonies. Their quality of life was enviable, even for British standards.
German immigrants, on the other hand, were poor, countryside people. Many were illiterate, and did the hardest, worst-paid jobs.
Pennsylvania —Franklin’s colony— was a main magnet for immigrants: Almost one third of its population was of German origin.
These immigrants were despised by the rest. Germans were regarded as dirty, and stupid. Just a little better than animals.
“They will never be like us”, thought Franklin, and many others..
Now let us fast-forward a little in time. Fifty or one hundred years later, those Germans “who would never assimilate”, were in fact totally assimilated. Their descendents were so integrated into the melting pot, that it was hard to tell them from “average Americans”.
True, many still kept their elders’ language, but just as simple tradition. All of them spoke English as well as anyone. And they were “stupid” no more: They had become artisans, soldiers, traders, and even politicians.
Then, by mid 19th century, the Irish came. And deeply impoverished they were. (Perhaps even more than German immigrants). It was the time of the Great Famine in Ireland. Back then, Ireland was like the Africa of Europe. -a world apart of today’s wealthy Ireland.
Those new Irish immigrants were not schooled: The majority were poor farmers. Illiterate and desperate.
And it was the turn of the Americans of German-descent to hit the roof.
Why? Because the newcomers were perceived as (of course!) lazy, dirty, drunk, stupid and troublemakers.
The “No Irish Allowed” signs were a common sight outside factories and other businesses
“The Irish will NEVER be like us”, surely was a common complaint among Americans back then.
Fast-forward again in the future, and we’ll see that, after several generations, the Irish descendents were totally assimilated. They were policemen, workers, soldiers, firefighters, and even politicians.
And then… it was the Italians’ turn.
No new story here: Italian immigrants were also poor, illiterate and hungry. And like others before them, they were accused of being stupid, criminals and nobody believed they would ever assimilate, nor learn English.
Like the Irish, Germans and Eastern Europeans, Italians were also accused of crowding prisons, public hospitals, schools and depressing wages.
Today, the descendents of those immigrants are “pure Americans”. It’s hard to tell them apart from those first pilgrims of British ancestry.
Some of the descendents of those immigrants have been elected presidents: John F. Kennedy and Ronald Reagan (Irish) Dwight Eisenhower and Herbert Hoover (German).
Let’s fast-forward again to the 21st century: Millions of hard-working, tax-paying, law-abiding Americans of German, Irish and Italian descent find it hard to believe their ancestors once were labeled as lazy, criminals and freeloaders. And they laugh out loud at the mere thought that they would never assimilate.
But now it’s the turn of Latin American immigrants.
They are poor. Many uneducated. And are accused of crowding jails, schools and depress wages or American-born workers.
And of course, it is said these new immigrants will NEVER assimilate.
Don't these complaints sound familiar?
Some anti-immigrant activists are horrified of “fast-forwarding” history. Because they fear that, in 50 or 100 years, the United States will be, in their opinion, a different country. Alien to them. And worse off.
But for the average American of the year 2100 (who may be named Raul Roberts, Kevin Lopez or Esperanza Harrison), the real “aliens” would be those who complain today against Latino immigrants.
Those future and proud Americans will surely laugh loudly when reading about the hysteria that the “swarm” of Hispanic immigrants caused in the early 21st century United States of America.

cfzap@yahoo.com
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Why are Americans so afraid of Spanish?

By Cesar Fernando Zapata
Published by The News-Press
(www.news-press.com)
On July 31, 2006

FORT MYERS, Florida - I have always loved learning languages. For me, it’s an intellectual challenge. The intellectual challenge, par excellence.
As a Mexican immigrant, I speak two languages: Perfect Spanish -or at least, that’s what I like to believe, although some would like to have a say on this -and English.
(Okay, I know my English may sound sometimes a little bit like Arabic, but once you get to know me, you may even understand my pronunciation.)
I have also started to learn French. Sadly, my efforts so far have yet to get passed from Comment allez-vous?, Merci and Freedom Fries.
I even once tried my luck -rather timidly- with Japanese. (Don’t ask me if I can remember any of it, but I love sushi!)
Languages are fun to me. With the added bonus that they might come in handy when you least expect.
This always comes to my mind whenever the issue of English-only policies in the United States is discussed.
Every day, the tone of the arguments over the “invasion” of Spanish increases. And with every new bilingual sign at Home Depot, or with every recorded message asking to dial 2 Para Español, Americans feel that their national language is on the verge of extinction.
Oddly enough, the same fears can be found south of the border: Mexican politicians and intellectuals cry out loud everyday to defend Spanish from the “invasion” of English language.
Extremism is the same everywhere.
Now, don’t get me wrong: As an immigrant, I recognize English as the de facto (no pun intended) national language of the U.S. Everybody does so around the world.
It seems that the only people who are worried about the well being of the English language are… English speakers.
Languages do disappear every day. At least half of the world’s 6,000-plus languages spoken today will be lost in several years, according to a report by the National Science Foundation.
But this is not the case with English language. English is alive and well in the U.S.
British linguist Steven Roger Fischer predicts that 300 years from now, only three languages will be truly international on a global scale: Mandarin Chinese, English and Spanish. The rest of today’s “main” languages (like German, French or Japanese) will not disappear completely, but their influence will be reduced to a regional level.
Not English not Spanish will disappear. Both languages have long histories, strong literature, art and enough population to remain important.
And unlike Chinese’s overwhelming complexity, English and Spanish are far easier to learn, which contributes to their growth.
In fact, the Chinese learn English and Spanish in numbers, rather than wait for us to learn their language.
Around the world, young people in many countries perceive English and Spanish as “cool” to learn (thanks to Hollywood movies and Mexican telenovelas). This ensures their permanency.
So, what’s with that fear about Spanish sweeping English away? That will never happen.
Today, with so many options in communications languages reach their just dimension: They are not cultural weapons anymore. Rather, they become, simply put, knowledge.
And as my grandmother used to say, knowledge never takes up any space.
It’s like Physics or learning to play the piano. Why these skills should be exclusive only to scientists or musicians to learn?
Spanish shouldn’t be a monopoly of us, Hispanics. Why are we the only ones who get the privilege to become bilingual?
Why don’t Anglos, or Asians, or African-American children get to speak Spanish, too, or any other language?
Spanish is not an invader. It was the first European language spoken in the United States, well before English arrived to its shores.
In Fort Myers it was the language spoken by its first settler, Cuban Manuel Gonzalez. Even the name Florida is Spanish for “Flowered”.
Now, this does mean immigrants “don’t want to learn English”, as many Americans claim.
Of course, there are some Latinos who believe English is not worth the effort, and brag about their total incompetence in learning it. Their loss.
But the vast majority of us, Hispanics, know better. And we invest time, effort and money to learn at least the basics of English to get by.
But it takes time. Some Americans ignore this, and want perfect communication, and they want it now.
Languages are hard to learn. Especially for someone working two shifts to put food on the table.
Even Spanish –perceived as one of the “easiest” languages- has enough nuances in tenses and verbs, which demand at least three years of constant study to achieve “acceptable” fluency.
The majority of Americans living in Mexico haven’t reached enough fluency in Spanish to be considered “bilingual”. And they will never do.
Why should it be easier for Hispanics to learn English?
Moreover, Latinos face an uphill battle with English, due to its highly irregular spelling system, and countless “exceptions” in pronunciation, compared to the more regular Spanish grammar.
Mario Pei, the renowned Italian linguist calculated that Spanish had around 350,000 terms in its total vocabulary, while English had 500,000 commonly used terms… plus 500,000 more words for certain specific fields.
Despite this, it’s way easier to find a Mexican who speaks English -on different levels of fluency- than finding an Anglo who speaks Spanish… or any other language, for that matter.
Now, probably you have something against learning Spanish. Maybe you don’t like Hispanics. That’s fine. But you have more than 5,000 other languages to choose from, not only Spanish.
Now, if you are not a hobbyist, and always want to get something back for your efforts, you can see it as an economic opportunity. There is a whole world outside the United States you could do business with.
After all, languages are tools to use. It’s their original and reason of existence.
Spanish, like any other language, is part of the cultural heritage of the Human race. It’s a skill, which can be studied, and learned by anyone. Everybody can make it part of his or her knowledge and culture. Everybody can make it his or hers.
The same way I was once able to learn English and make it as mine as Spanish.

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viernes, agosto 04, 2006

“Hasta que no vea a Fidel muerto, no lo voy a creer…”

DESDE LAS ENTRAñAS DEL MONSTRUO

FORT MYERS, Florida – La noticia de que Fidel Castro dejaba el poder en Cuba (aunque sea “temporalmente”, aunque sea a su hermano Raúl), tomó por sorpresa a todo mundo.
En especial a los cubanos que viven en Florida.
Sin embargo, mientras que los exiliados en Miami se la pasaban en jolgorio y algarabía, del otro lado del Golfo de México, aca en Fort Myers, los cubanos preferían la mesura.
“¿Tú crees que sea verdad o sea joda, como dice el dicho cubano? Han sido tantas veces… Fidel es un maestro de la publicidad”, comentaba el Sr. Alfredo Chumaceiro, un empresario y líder comunitario de la zona.
“Es como el cuento del lobo: Cuando de verdad pasa, nadie lo va a creer”, dijo.
Sin embargo, reconoció que pueden haber muchos cubanos que se lancen desde ya a “matar un lechón” para celebrar, pero él no estaría entre ellos.
“Hasta que no lo vea muerto, no lo voy a creer”, sentenció.
Otros no están tan seguros. Y piensan que, para que el gobierno cubano haya leído tan inesperado anuncio, es porque algo ocurrió.
“Tiene que haber algo de cierto en esto. Creo que el hecho de que Castro haya cedido el poder, quiere decir que algo bien serio pasó. O que ya falleció, o está en graves condiciones”, opinó por su parte la Sra. María Cristina Mendieta.
Y pese a esto, insistió en la cautela: “Creo que las imágenes que salen en la TV, de gente celebrando en Miami, son un poco prematuras y exageradas.”
Su esposo, Jorge Mendieta, mencionó un tema del que no se ha hablado: La ola de cubanos que se lanzarían de regreso a su isla una vez que el regimen se derrumbe:
“Estados Unidos debe tener cuidado. Podría haber una crisis económica, porque hay tanta gente que tiene deudas en Estados Unidos y que se querrá ir a Cuba. ¿Quién va a pagar esas deudas?”, se preguntó. “Además, Cuba no tiene la infraestructura para recibir a tantos inmigrantes”.
Un gobierno de Raúl Castro no impresiona a estos inmigrantes. Para algunos, “sera lo mismo”, aunque para la mayoría “Raúl nunca sera Fidel”.
“En Cuba no hay socialismo ni comunismo: Hay ‘fidelismo’”, opinió el Sr. Mendieta.
Eso mismo piensa la Sra. Dania López, quizá una de las residentes hispanas más antiguas de la zona.
“Raúl no tiene la cabeza de Fidel. Fidel logró engañar a todo el mundo, pero no creo que Raúl tenga esa capacidad”, mencionó.
Pese a sus dudas, la Sra. López se dijo estar “feliz” de las noticias.
“Ya tengo hasta una botellita de champán enfriándose en el refrigerador… Y estoy vestida como cubana, con mi guayabera y todo”, afirmó alegremente.
Afuera de su negocio de plomería en la ciudad de Cape Coral, suburbia de Fort Myers, tiene ondeando –además de la bandera de Cuba- la de Estados Unidos.
“Tenemos también que querer a este país, que nos recibió”, advierte seria.
No todos los cubanos que salieron al exilio han triunfado en los negocios. Algunos dejaron Cuba luego de años de vivir en prisiones por cuestiones políticas. Esto los hace quizá hasta más escépticos que el resto.
Como el Sr. Víctor Valdés, quien vivió más de una década en Cuba de prisión en prisión “para que no supiera a dónde me llevaban”, dijo.
“No podemos perder que en Italia, los fascistas escondieron la muerte de Mussolini por dos semanas. Y cuando Stalin enfermó en Rusia escondieron su mal hasta cuando todo estuviera bajo control”, relató.
Pidió serenidad en las celebraciones, pero sin mucha esperanza de que los cubanos le hicieran caso.
“¿Cómo le puedes decir a un cubano que quizá haya perdido a su padre fusilado, o que pasó años en cárceles como yo, que no celebre porque Fidel esté enfermo o que muera?”, preguntó. Es imposible.
A pesar de todo, una cosa tienen en común estos exiliados: La esperanza de regresar.
“Ojalá que las familias separadas se reúnan nuevamente”, dijo emocionada la Sra. Dania López, con su voz quebrándose en llanto. “Y que yo pueda volver a ver Cuba antes de morir…”
Para el Sr. Valdés la cosa no es de pedir, ni de esperanza: A sus 75 años está totalmente seguro de que muy pronto, va a volver a ver Cuba:
“Voy a visitar mis tierras, mis playas. Voy a regresar. Y nadie podrá evitármelo”.

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jueves, julio 27, 2006

Alerta: Estados Unidos se prepara a invadir México… con abuelos

DESDE LAS ENTRAñAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Los mexicanos siempre hemos temido una invasión desde Estados Unidos, que acabe con nuestra “identidad” y “soberanía”.
Bueno, tal invasión ya está ocurriendo. Y se agravará en dentro de pocos años.
Pero en esta invasión no participan “marines” ni militares. No, los soldados de esta invasión tienen sesnta y cinco años de edad, mínimo, y no traen rifles, ni cascos, sino… chanclas, bermudas y gorras.
¡Que vienen los jubilados!
Se trata ni más ni menos que de los famosos “baby-boomers” (no, no es el grupo rocanrolero).
Estos “boomers”, hay que decirlo, ya no son “babies”. Así se llama a la generación de norteamericanos que nacieron después de la Segunda Guerra Mundial y hasta principios de la década de 1960. Es una de las generaciones más numerosas en la historia de este país, sino es que la más numerosa.
Después de la derrota de Japón, los soldados americanos regresaron a casa. No querían guerras, y con la ayuda del gobierno, y el despegue económico y político de Estados Unidos, se lanzaron a formar familias. Buscaron trabajo, se casaron , compraron una casa con un jardincito en los suburbios, un carro, y una tele.
Pero sobre todo, se dedicaron a tener bebés.
Esta generación nació con todo a la mano. Vivieron la mejor época de Estados Unidos en el siglo XX, cuando todos tenían bienes materiales, o la posibilidad de obtenerlos trabajando duro.
Son los “Bebés del Boom”, como se traduciría su nombre más o menos.
Pero ahora, cincuenta años después, la primera generación de esos “bebés” (los que nacieron en 1948), ya se están jubilando. Y muchos de ellos están buscando un lugar donde pasar sus últimos años, viviendo de los ingresos de su seguro social, y fondos de retiro.
Están mudándose a sitios cálidos en el sur, como Florida, Texas, Arizona…
…y México.
Ejércitos de ancianos cruzan la frontera cada año, encontrando en lugares como San Miguel de Allende, Guanajuato, o Ajijic, Jalisco, el “Paraíso” en la tierra que se pasaron toda la vida buscando.
El internet está lleno de lugares especialmente dedicados a aquellos que planean convertir a México en su país de residencia permanente. Los que pronto planean hacerlo escriben montones de preguntas, y los que ya están allá desde hace años se las contentan alegremente, sin cansarse de echarle porras a su “nuevo país”.
En muchas de estas poblaciones, los jubilados americanos (y canadienses) han creado sus propias comunidades, aparte de los mexicanos. Tienen círculos de lectura, actividades propias, y hasta negocios que los atienden en inglés.
Los precios de las casas se han ido por las nubes, porque para estos nuevos inmigrantes una casa de 2 millones de pesos es baratísima, si se compara con el precio promedio en California (450 mil dólares). Y las pagan en efectivo, y con dólares.
No hay números confiables de cuántos “inmigrantes” americanos viven en México. El Instituto Federal de Inmigración tenía hace dos años un censo de alrededor de 200 mil personas viviendo de manera permanente, mientras que la Embajada de Estados Unidos en México estimó que eran unas 500 mil.
Sin embargo, investigaciones independientes y grupos de migrantes americanos consideran esos números bastante bajos. Según sus estudios, una cantidad más factible sería alrededor de 1 millón de personas, según The People’s Guide to Mexico.
Es la mayor cantidad de “gringos” viviendo fuera de Estados Unidos de todo el mundo. Tan sólo en la Ciudad de México se calcula que son alrededor de 200 mil.
Y a pesar de que estos nuevos migrantes “se apartan’ del resto de los mexicanos, en su gran mayoría se encuentran bastante a gusto en su nuevo país, y no dejan de cantar sus bondades, lo benévolo del clima, la amabilidad de la gente, la paz social y la calidad de vida (aunque no lo crean, uno de los factores que hace que muchos estadounidenses se muden a México es porque aseguran que viven mejor que al sur de la frontera que con el “American way of life”).
Sobre todo los precios, muchas veces más bajos que en Estados Unidos, los atraen. Se sorprenden de que en México pueden darse el lujo de contratar a alguien que les ayude en el aseo de la casa dos días a la semana, o un jardinero, o inclusive un plomero para que les arregle la tubería de su casa. En Estados Unidos, estos son privilegios sólo de los ricos.
Y aunque muchos podemos ver esta emigración como una amenaza, no es tal. Por lo menos, ni en números ni en impacto se compara con la emigración mexicana a Estados Unidos.
Ahora bien, se podría ver este fenómeno desde otro punto de vista: La oportunidad.
Porque estos “nuevos mexicanos” (algunos hasta piensan hacerse ciudadanos, y le tupen duro al español), traen dinero en la bolsa. No mucho, es verdad, pero algo. Lo suficiente para comprarse una casita, comida, y salir a comer una vez a la quincena.
Estas personas necesitan comer, vestir, pagar algunos lujos de vez en cuando. Y es una oportunidad para los negocios y changarritos mexicanos de cubrir esa necesidad.
Sobre todo, como son personas mayores, les interesa mucho los servicios de salud. Entre los viejitos de Estados Unidos, es un secreto a voces que la medicina en México es buena y mucho más barata. No son pocos los que cruzan la frontera para comprar las necesitadas medicinas, luego de que su seguro médico se negara a pagarlas.
Incluso hay empresas que están ofreciendo ya “vacaciones médicas’ en Estados Unidos. Promocionan operaciones en hospitales de La India, Taiwán, y Singapur, las cuales salen hasta tres veces más baratas que en Estados Unidos.
Muchos pacientes ya lo han hecho, y se sienten felices con los resultados, relató recientemente la revista Time.
Según el diario USA Today, la India recibe ingresos de 300 millones de dólares al año gracias a este “turismo médico”, lo cual se espera que llegue a dos mil millones de dólares en el 2012.
Los indios y chinos ya se dieron cuenta de la friolera de dinero que deja esta industria. Es un negociazo. Y por eso, médicos, hospitales, negocios y hasta los gobiernos de esos países están trabajando a marchas forzadas para crear la infraestructura para estos “clientes”. Es una mina de oro, que no quieren que se les escape.
Porque, además, hay que recordar que estos “pacientes-clientes” no vendrán solos, traerán aunque sea un pariente. Y no sólo gastarán en el hospital: Necesitarán hoteles, boletos de avión, restaurantes dónde comer, y quizá, alguna escapadita turística si el tiempo lo permite.
Incluso agencias financieras están haciendo acuerdos con aseguradoras y hospitales para que los seguros médicos se respeten fuera de Estados Unidos.
El mercado está en plena expansión. En cuanto se jubilen más “baby boomers” habrá una demanda enorme de servicios médicos y de atención para personas mayores.
¿Porqué a los mexicanos no se les ha ocurrido explotar este mercado?
Hasta donde sé, no hay planes concretos, ni incentivos, ni proyectos para atraer aunque sea una parte de ese mercado.
Fuera de algunos hospitales privados, y consultorios particulares de la frontera que se pusieron listos, en general nos están pasando esta mina de oro por enfrente y ni nos damos cuenta.
Como relatamos en otra columna, México tiene ventajas enormes, por sobre China y la India: La cercanía con Estados Unidos, el mercado más grande y rico del mundo (un pasaje de avión al DF o Monterrey saldría regalado desde California o Texas, comparado con los viajes a Bombay o Pekin); casi los mismos husos horarios; la cultura occidental y cristiana, más similar que el pensamiento asiático; la familiaridad de los americanos con la cultura mexicana, la comida, y la facilidad que tenemos nosotros de aprender inglés o ellos de saber “pouquito españoul”… etcétera.
En fin, son tantas las oportunidades de recibir una derrama económica, que no estamos explotando, ni viendo a futuro.
A estos “invasores” los podemos despreciar y cerrarles la puerta, claro. “México para los mexicanos.”
Pero lo que ellos van a hacer es simplemente irse… a gastar sus dólares a otra parte.
Dólares que pudimos haber recibido nosotros.
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