viernes, diciembre 16, 2005

Si un extraño entra a su casa, ¿llamaría usted a la Policía... o le daría chamba?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Sam y Bessie estaban en su comedor, cenando aquella noche. No pasaba nada en particular en su bonita casa típicamente americana, ubicada en el bonito pueblo típicamente americano.
El matrimonio -también, típicamente americano- pensaba de hecho irse a dormir temprano.
Entonces, se escuchó un ruido extraño. Venía de un cuarto de la parte de atrás de la casa. Sonó como que se había roto un vidrio.
Curiosos, Sam y Bessie fueron a investigar qué pasaba.
Cuál no fue su sorpresa, al entrar en el cuarto trasero de la casa y encontrarse a un extraño, tirado en el piso. Al encender la luz, vieron que el hombre (visiblemente humilde, cansado y con hambre) estaba rodeado de pedazos de vidrio de la ventana que rompió al entrar a la casa.
El tipo parecía extranjero, seguramente un inmigrante latinoamericano.
Bessie se asustó, pero se quedó petrificada. Sam, en cambio, actuó. Salió corriendo de la habitación, para buscar el teléfono.
"¿Qué vas a hacer?", le preguntó Bessie alarmada.
"¡Voy a llamar a la Policía!"
Los ojos del extraño se llenaron de horror. No entendía bien lo que la pareja se decía entre ellos, pero adivinaba que no era nada bueno.
"Seguramente es un ladrón, o un asesino", declaró Sam, mientras tomaba la bocina. Con las manos temblorosas, comenzó a marcar el número.
Bessie lo miró, mortificada. Levantó su mano y pegó en el teléfono. Cortó la llamada antes de que entrara.
Sam la miró extrañada. ¿Qué le pasaba? "¿Estás loca? ¿Porqué cortas?"
"Se me ocurre que quizá no debas llamar a la Policía", dijo la mujer, pensativa.
Los ojos de Sam se abrieron tanto de la sorpresa, que parecía que se le iban a salir de sus orbitas.
A punto del ataque, casi gritó:
"No sabes de qué puede ser capaz ese tipo. Nos va a robar, o a matar. Déjame llamar."
"No", declaró Bessie, absorta pero firme. Volteó a ver a la puerta del cuarto donde estaba el extraño. "Estaba pensando..."
Miró a Sam y preguntó, su voz casi al nivel de un susurro: "¿Y si le damos trabajo?"
La quijada de Sam se abrió tanto, que casi sintió que tocaba el piso. No podía ni parpadear de la sorpesa.
"¿¡Qué!? ¿Darle trabajo? ¡Pero es un intruso, Bessie! ¡Se acaba de meter a nuestra casa, a la fuerza! Nadie lo invitó. No lo conocemos. ¿Qué tal si es un asesino? ¿Te volviste loca o qué?"
Bessie estaba muy seria. Pero no parecía tener miedo, al contrario: Se veía más decidida que minutos antes.
"No podemos asegurar que sea un ladrón. Seguramente es una persona pobre, que no tiene trabajo. Podemos darle uno".
"¿Y trabajo de qué, por favor?", casi gritaba Sam.
"Pues no sé. Hay tantas cosas que esta casa necesita, y que nunca se hacen, como pintar, como arreglar el jardín. La llave del baño lleva meses goteando".
"No necesitamos contratar a nadie para que haga esas cosas, Bessie. Son trabajos que yo puedo hacer".
"Pero no los haces", afirmó la mujer, mirándolo a los ojos. "Siempre tienes tantas ocupaciones en tu trabajo, tantos viajes para arreglar asuntos en otros lados. Menos aquí."
"¿Y ahora porqué me sales con eso? Tengo que cumplir con mi trabajo, lo sabes. De ahí comemos. Soy una persona ocupada, hay cosas importantes que debo resolver en la oficina. Y por eso, lo admito, no siempre tengo tiempo para atender la casa, pero te prometo que en cuanto se arreglen las cosas, yo..."
"Siempre me dices lo mismo, y se pasa el tiempo y nada. Y la casa necesita alguien que me ayude a mantenerla, que la atienda ya, si no se cae a pedazos."
Sam dejó la bocina del teléfono. Suspiró profundo. De pronto se sintió muy cansado. Era el mismo cansancio que siempre antecedía una discusión doméstica. Y no le gustaba.
"No tenemos dinero ahorita, Bessie...", comenzó a musitar alguna débil protesta. Ya no para hacer entrar a su mujer en razón, sino al menos para justificarse.
"Tú sabes que sí podemos pagar a alguien que nos ayude, Sam", dijo ella. "No tenemos que pagarle mucho. Además, le pagaré yo, con mi dinero."
Sam miró la puerta del cuarto de atrás, donde había entrado el intruso y donde, seguramente, aún permanecía.
¿Darle trabajo a un total desconocido? Era una locura. Por otro lado, Bessie tenía razón, necesitaban a alguien. El tipo seguramente aceptaría cualquier salario.
¿Qué podía hacer?
(Pausa para el intermedio del narrador.)
¿Qué haría usted de encontrarse en esa misma situación que Sam y Bessie? ¿Si una noche encuentra a una persona allanando su casa? ¿Un "intruso" que se metió sin su permiso a su propiedad?
Esa misma pregunta la hizo no hace mucho, un político republicano de Estados Unidos a la audiencia de una estación de radio, cuando lo entrevistaron sobre su postura respecto a la inmigración de indocumentados.
A este político republicano—como a muchos otros republicanos del Congreso y el Senado— no le gustan los indocumentados. Más aún, se declaró totalmente en contra de cualquier ley que pudiera darles papeles o permiso de trabajo.
En cambio, sí apoyaba con entusiasmo contratar más agentes de inmigración armados y equipados, y levantar un muro doble a lo largo de toda la frontera con México.
O sea: "Papeles, no; Policías, sí. Legalización, no; Muros, sí".
(Como muchos otros políticos republicanos del Congreso y del Senado piensan.)
Cuando le preguntaron al político porqué adoptaba esta actitud, respondió: "¿Qué haría usted si sorprende a un extraño que se metió a su casa sin su permiso?"
Continuó: "¿Le daría un sándwich o llamaría a la Policía?"
Mucha gente de la audiencia que escuchó la entrevista del político estuvo de acuerdo en que no le darían un sándwich al intruso. Al contrario: Si se puede le darían un tiro antes de llamar a la Policía para que recogiera lo que quedara de él.
Por supuesto, casi todos los de la audiencia eran consevadores y republicanos. Y anti-inmigrantes. Y si no lo eran, se convirtieron al escuchar la mañosa pregunta y los "inteligentes" argumentos de su "representante".
Claro, cualquier persona en su sano juicio llamaría a la Policía si se encuentra con un invasor en su casa. Usted o yo lo haríamos. Igual lo harían gringos, negros o mexicanos.
Pero el asunto de la inmigración no es tan simplista como esto. A los políticos anti-inmigrantes les encanta manipular un hecho tan complejo como la inmigración, para generar controversia. Para causar alarma, terror, indignación y odio entre sus electores, y vestir a los inmigrantes como los diablos de la pastorela.
Sobre todo, encuentran campo fértil entre los americanos menos preparados, de las clases populares, que han sufrido de despidos, de crisis económica y tienen un patriotismo que raya en fanatismo.
(No hay mejor táctica que esta para cosechar votos, como bien lo supo en sus tiempos Adolfo Hitler.)
Pero la anécdota del intruso, el sándwich y la Policía no estaba completa. Le faltó un pequeño detalle. Que el político republicano no mencionó.
"¿Qué haría usted si alguien entra a su casa? ¿Le daría un sándwich o llamaría a la policía?".
Pero yo le agregaría algo más a la pregunta: "...a menos que su esposa le dé trabajo".
¿Quién tendría, en este caso, la última palabra? ¿Usted como jefe de familia? ¿O su mujer, como jefa de la casa?
Cada familia es distinta. Pero en el caso de Sam y Bessie, el asunto no tuvo vuelta de hoja. Bessie mandaba y punto.
¿Cómo terminó este cuento? Sam (al que le dicen "El Tío Sam"), y Bessie se pusieron de acuerdo: Él no llamaría a la Policía, siempre y cuando el extraño no se aparecíera por ahí cuando él anduviera en la casa. Se haría de la vista gorda.
Y Bessie (que es muy buena para eso del "Business") puso al invasor a trabajar como esclavo. Pagándole sueldo de miseria, claro, pero el tipo estaba contentísimo y no repelaba. Y la casa del matrimonio se mantenía en excelente estado, ya que el fuereño hacía los trabajos que Sam detestaba... pero que se tenían que hacer.
Así se estableció esta extraña relación matrimonial entre Sam y Bessie. Ella lo engañaba con el forastero (literalmente, dirían los republicanos anti-inmigrantes), a sabiendas de Sam, quien volteaba para el otro lado para no ver. "Mientras el tipo trabaje y no cobre demasiado...", suspiraba el ocupado marido.
Mientras haya Bessies que necesiten de mano de obra, la conseguirán donde sea. Incluso usarán a extraños.
Y mientras tanto, los Sams (que oficialmente son los que "mandan y "deciden") podrán refunfuñar todo lo que quieran, pero deberán aceptar la situación. Aunque no les guste.
Usted dirá que esto es una relación extraña, malsana. Un triángulo que casi raya en la infidelidad.
Cierto. Pero en la práctica, a nivel económico, funciona. Y se seguirá dando hasta que los Sams reconozcan que sus Bessies tienen razón: Que necesitan de esos extraños humildes y trabajadores para mantener funcionando sus bonitas casas —tipicamente americanas—, de sus bonitos pueblos —tipicamente americanos.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

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