viernes, diciembre 09, 2005

¿Dónde está Supermán cuando Estados Unidos lo necesita? (Abajo de la cama)

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Como me encanta ver películas, de vez en cuando voy a la tienda a comprar videos. Pero como también soy muy codo (o pobre; el adjetivo lo cambio según las circunstancias), siempre corro a los botaderos de películas baratitas.
Hace poco, escudriñando entre los devedés, me encontré con una gemita: Un disco con 15 caricaturas viejísimas, de 1941, de uno de los personajes favoritos de mi niñez: Supermán. (Cómo no, si era el más fuerte de todos los héroes. Y además volaba. Debo aclarar que nunca me gustó mucho su ridículo trajecito, a decir verdad. No me explicaba cómo su mamá no lo regañaba por ponerse la truza sobre los pantalones. Con mucho, yo prefería el traje del Chapulín Colorado.)
Esos discos fueron una revelación para mí: Me sorprendió ver un Supermán muy distinto al que estamos acostumbrados. Por principio, era un tipo de pocas palabras. No hablaba, actuaba. En lugar de soltarse un rollo moralista de "la verdad y la justicia", este Supermán agarraba a los malos (generalmente científicos locos alemanes) de los pelos o de una pata, se los llevaba volando como pollos al matadero, y sin miramientos los lanzaba desde el aire como costal de papas, a una celda (que, providencialmente, siempre estaba abierta).
Eso, cuando andaba de buenas. Cuando no, simplemente agarraba a los cacos a moquetes, a puño limpio, sin contemplaciones.
(Parece que se le olvidaba que el nombre de "Supermán" se lo dieron por tener "Súper Fuerza").
Checando en internet, me di cuenta de que varios fans de esta serie de cortos animados (dibujados por el famosísimo director Max Fleischer, que también hizo caricaturas de Popeye para el cine) comentaban que era muy "refrescante" ver a este Supermán "original". Un Supermán "decidido", "valiente" y "patriota" (luchaba contra los nazis). Muy, muy distinto al Supermán "sissy" (mariquita, en inglés) de hoy en día, afirmaban los fans. El Supermán de hoy se hace profundos cuestionamientos existenciales cada vez que tiene que salvar a alguien.
Este Supermán de nosotros, del siglo XXI, dicen algunos, se preocupa hasta cuando hace el "bien". Más parece un cura espantado, que un superhéroe.
Y Dios lo libre de abusar de su fuerza contra un delincuente, porque las dudas morales y éticas lo carcomerán hasta casi el suicidio.
(Por cierto, ¿se puede suicidar Supermán? Con kryptonita, supongo ¿no? Aunque lo dudo: Seguramente, hoy en día hasta la kryptonita es una substancia "controlada", por el gobierno de Estados Unidos. Y sólo se vende con receta.)
Supermán, claro, nunca existió. Pero muchos estudiosos de los cómics están de acuerdo que el personaje es un símbolo, una metáfora que representa a Estados Unidos. De hecho, Supermán nació precisamente en 1938, cuando el país se veía a sí mismo como la nación ideal, el país que toda la humanidad quería imitar por sus valores de libertad, justicia y capitalismo.
Además, se acercaba la Segunda Guerra Mundial, y el patriotismo inundaba cada rincón de la vida americana. Para los estadounidenses no había duda: Ellos eran "los buenos". Y Supermán era el símbolo de su rectitud.
Pero hay otra característica que aquél Estados Unidos del pasado compartía con aquél Supermán también del pasado: No se tentaba el corazón en hacer lo que quería, en beneficio de sus intereses, aún en detrimento de otras naciones.
¿Que había que aumentar el territorio nacional? No hay problema. Inventaban una guerra con México y les quitaron la mitad del territorio.
¿Que había algún presidente non grato en alguna republiquita latinoamericana? No hay problema. Incitaban a rebeliones y ponían gobiernos títeres.
¿Que les gustó la isla de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como colonias? No hay problema: Hunden un barco americano y le echan la culpa a España, para quitarle sus islitas.
¿Que necesitaban hacer un canal interoceánico en Panamá? No hay problema: Presionaban a Colombia para que les ceda el control. Y si se niegan, simplemente les quitaron el territorio que querían y promovieron la creación de un nuevo país. Claro, amigo de los intereses americanos.
Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, el país nunca tuvo dudas. Como Supermán, Estados Unidos actuaba. Lo impulsaba la seguridad de tener la razón y la moral de su parte, en contra del totalitarismo y del fascismo. Y todo el pueblo americano estaba unido detrás de su gobierno y de su presidente, porque sabían que estaban haciendo "lo correcto".
Sin titubeos, sin cuestionamientos. Como el Supermán de Flesicher.
(De hecho, cuenta la anécdota, que luego de ver una caricatura de Supermán donde vence a los nazis, el propio Adolfo Hitler declaró: 'Supermán es un judío'.)
Ese mismo Supermán prevaleció hasta los años cincuentas, al igual que la actitud "decidida" y "justa" de los Estados Unidos. O al menos así veía el pueblo a su gobierno.
Pero llegaron los sesentas. La Guerra de Vietnam despertó serios cuestionamientos filosóficos entre la juventud de Estados Unidos con respecto a su gobierno y sus políticos.
Estos adolescentes disfrutaban escandalizando a sus "correctos" padres. En lugar de apoyar la guerra, protestaban contra ella. En lugar de admirar al presidente, le recordaban a su mamá. En lugar de vestirse correctamente y buscar integrarse a la sociedad, andaban de hippies, practicaban el amor libre y de paso, se las tronaban con mariguana y LSD en Woodstock, mientras cantaban loas a la paz mundial.
Como Estados Unidos, Supermán también cambió. Se hundió en cuestionamientos, reevaluó su actuar, se volvió no un justiciero, ni mucho menos un defensor de los "valores americanos". Ya no tomaba la ley en sus manos, en cambio se dedicaba a crear "un mundo mejor". Se volvió algo así como un boy scout sobredesarrollado.
En síntesis, para muchos, Supermán se volvió un "sissy". Este fue el Supermán que heredamos nosotros, los de nuestra generación.
Aquellos jovencitos que protestaban por todo, que decían preferir "hacer el amor y no la guerra", casualmente ahora están en el poder en Estados Unidos. Muchos de ellos son empresarios, pero otros son políticos, o funcionarios de gobierno.
Y al llegar al poder, se trajeron con ellos sus filosofía.
Y de paso, a ojos de muchos ultraconservadores, convirtieron al otrora todopoderoso Estados Unidos... en un país acomplejado, temeroso.
De ser el "bully" (buscapleitos) del mundo, Estados Unidos se convirtió en el "mariquita" de la colonia.
Claro, Estados Unidos no se ha comportado "sissy" a últimas fechas. Parece que con cada vaquero que llega a la presidencia, el gobierno desempolva sus Colt .45 y se convierte de nuevo en el Policía Mundial. Pasó con Ronald Reagan en los ochentas. Pasa ahora con George W. Bush. Afganistán e Irak son pruebas de ello.
Pero quedan muy, muy lejos aquellas acciones "decididas", "directas" y "justas" que tomaba Estados Unidos en el pasado.
Hay que recordar que antes de intervenir en Afganistán o en Irak, George W. Bush hizo toda una faramalla ante la ONU, y ante la comunidad mundial, justificándose por la intervención militar.
Esto no lo detuvo, claro, pero lo hizo sentirse bien. Al menos ante la opinión pública, él consideró que se medio justificó.
De todas maneras, hoy en día, y pese a lo que critiquen en el exterior, Estados Unidos ya no es el mismo buscapleitos ("bully", dicen en inglés) del pasado.
Claro, responde a su papel en la comunidad mundial. Tiene que ejercer su poder, si no se lo quitan (¿A poco no querrían China, Rusia o la Europa Unida tomar su lugar como primera potencia militar y política del mundo, con todo lo que ello conlleva? Si hasta Brasil anda queriendo robar cámara.)
Pero hoy en día, cada vez que Estados Unidos actúa militarmente en alguna parte del mundo, se da una enorme división interna entre sus propios ciudadanos y políticos, a un nivel que no existía antes.
Unos quieren que la intervención continúe indefinidamente. Otros, cada vez más numerosos, insisten en que ya es hora de la retirada.
Ambos bandos parecen totalmente irreconciliables.
Los que se oponen a la guerra dicen: "¿Cómo podemos nosotros, que nos decimos líderes de la democracia, del mundo libre, defensores de los derechos humanos, actuar como los tiranos a los que despreciamos?"
Este cuestionamiento filosófico (aunque no lo creamos) sí es tomado muy en cuenta por los americanos. Porque es el fundamento ideológico en que está creado el país. Casi la mitad de la población de Estados Unidos piensa que el gobierno está echando por la borda una tradición de valores que hacen de este país lo que es.
Pero por otro lado, los conservadores aseguran que si el mundo está tan fuera de control, es por la falta de decisión de los pasados gobiernos americanos (léase "demócratas"). Que si Estados Unidos hubiera actuado rápido y sin cuestionamientos retóricos, el terrorismo islámico no tendría los colmillos tan afilados.
Es un debate filosófico interno que, aunque no lo creamos, otros países no tienen a la hora de actuar, como Rusia, como China o incluso como Inglaterra o Alemania.
Mientras que los soldados americanos están enfrentando enemigos difíciles de controlar en Irak y en Afganistán, en casa sus conciudadanos están librado otra guerra: Pero esta es no contra extranjeros, ni terroristas, sino contra otros americanos.
Y conforme se alarga la guerra de Irak, el debate se está tornando cada vez más feroz, a tal grado que ambos bandos parecen dos naciones totalmente diferentes y opuestas.
De hecho, dos naciones a punto de irse a la guerra.
(¿Dónde se mete Supermán cuando los americanos más lo necesitan, se preguntan los republicanos? Y los cínicos responden: Seguramente escondido abajo de la cama)

cfzap@yahoo.com

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