viernes, octubre 28, 2005

A los paisanos nos va a costar 100 pesos votar por correo... y de paso llenaremos los bolsillos gringos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Usted votaría en unas elecciones si le cobraran dinero por hacerlo?Ojo, no le estoy preguntando si votaría si le pagaran, sino si le cobraran.Ya sé que muchos ni así irían...¿Usted votaría en una elección si le cobraran 100 pesos mexicanos? Unos diez dólares.Si el gobierno le dijera: Si no nos pagas 10 dólares, nomás no te aceptamos el voto.(Ah, y claro: Le agregarían el consabido "...Y hágale como quiera".)Pues eso es lo que nos va a costar a los mexicanos en el extranjero "ejercer" nuestro derecho al voto, en las elecciones del 2006: 10 dólares. Más de 100 pesos mexicanos.Porque, según las reglas impuestas por el IFE, cualquier mexicano que quiera votar en el 2006 desde fuera de México, deberá enviar su solicitud llenada, con copia de la credencial de elector y comprobante de domicilio, a sus oficinas, por correo certificado.Enviar los documentos desde Estados Unidos, nos cuesta a nosotros los "very important paisanos", unos 10 dólares.Ya sé que, comparado con los 300 millones de dólares que el IFE está invirtiendo para que "nosotros" votemos, 10 dólares no es una cantidad exagerada.
Ya sé que cualquier "paisano" se gasta más en unas chelas, o en una torta, o en ir al cine. Cuanto más para cumplir un "deber cívico".
Ya sé que me van a decir: "Huy pus qué codo".
Ya sé que me van a decir: "Pa qué te quejas, nadie te mandó para allá".
Ya sé que me van a decir: "Pus tú tienes la culpa, regrésate a México y asunto concluído".Pero...Aún así, no puedo evitar pensar: ¡Qué caro!De hecho, pagar por cualquier derecho ciudadano se me hace caro.De todas maneras, no se preocupen: Tengan por seguro de que los que queremos votar, pagaremos gustosos esa cantidad (y quizá hasta más) por dejar que nos escuchen en las elecciones. Que nuestro voto, después de tantos años, por fin cuente.Lo malo es que... todos esos miles o millones de dólares que vamos a enviar los "paisanos" para votar para presidente de México en el 2006, no van a ir a las arcas de México. Ni del IFE. Ni del PRI, ni del PAN, ni del PRD.No, todo ese dinerito va a ir a parar a los bolsillos del Tío Sam. Vía el Servicio Postal de Estados Unidos.Igualito que cuando uno manda dinero por Western Union., como siempre, el gringo es el que termina llenándose los bolsillos.

YO: "VERY MULTI-CULTURAL PAISANO"
No sé porqué, pero siempre he tenido el masoquismo de encantarme ir a comprar a los mini-súpers.
Pero no porque me encante hacer mandados. Desde niño, odiaba cuando me enviaban a la tienda de la esquina. Y más a las tortillas, con todo el calor del molino de nixtamal, y la cola en pleno solazo.
Pero los mini-súpers, por alguna peregrina razón, me encantaban. Desde niño, en Tampico.
Aún hoy, prefiero mil veces ir al Seven-Eleven de la esquina de la gasolinería de mi casa en Texas, que ir al supermercado. Aunque a la larga todo me cueste más caro allí.
Hace días, estaba en esas, pensando mientras trataba de sostener dos galones de leche entre mis dedos, cuando llegué a la caja registradora del mini-súper.
El dependiente, un muchachito de unos veinte años de edad, correctamente peinado (en estos tiempos es de por sí algo extrañísimo que un muchacho tenga pelo en su cabeza, mucho más bien peinado), me sonrió al llegar a pagar.
Era mexicano, indudablemente. O chicano.
"Hello, sir... How are you today?", me saludó. En un inglés tan correcto como su peinado.
Obviamente, cuando a uno lo saludan en inglés, uno se siente obligado a responder en inglés. Por dos razones: a) Porque a la mejor esa persona no habla español, aunque se le vea "el nopal en la frente", ó b) Para que esa persona (y las demás de la tienda) no piensen: "Mira ese pobre mexicano ni siquiera puede responder un saludo en inglés, a pesar de estar en Estados Unidos."
Total, con decir un simple "Jelóu" no se me cae nada. Mucho menos mi mexicanidad. O eso me gusta creer.
Además, es una palabra tan fácil, y tan familiar para nosotros en México. (Nomás acuérdese de la marca de gelatina.)
Bueno, pues repondí. "Jelóu. Guuud, ténkiu".
(Un tio, si usted viene a Gringolandia: No importa lo que le digan, así sea un saludito de tres palabras, o una perorata sobre los últimos resultados de las elecciones del condado; si usted no entiende ni papa no se me apanique: Con responder "Guuud, ténkiu" se restituye la armonía del universo.)
El muchachito me seguía hablando en inglés. Mucha cara de gringo me vería. Yo, sólo sonreía y asentía con la cabeza.
(Como si entendieras tanto, tú.)
El pobre muchachito, estaba tan emocionado platicando. No quise desengañarlo: Hubiera sido lo mismo si le hablara a la pared.
Pagué, y estaba por irme, cuando llegó otro inmigrante mexicano a pagar. Era obviamente un obrero, quizá un pintor porque sus ropas de trabajo estaban salpicadas de colores.
El muchachito de la tienda le sonrió. Igual de correcto, como su peinado.
Pero al abrir la boca, en lugar del "Jélou", el muchacho dijo: "Buenas tardes, compa. ¿Qué necesitas?"
¿Clasismo? ¿Racismo entre mexicanos? Cierto, yo soy tan mexicano como aquél pintor, pero yo no iba vestido como él. Un pantalón y una camisa de vestir no solamente hacen la diferencia en moda: Causan que le hablen a usted en inglés.
Porque se supone que, si usted viste así, usted SABE. No importa qué tanta cara de mexicano tenga.
En cambio, si usted es un obrero, un jardinero, o un peón, van a suponer que no habla nada de inglés. Que a duras penas habla español.
O al menos así piensan muchos hispanos, y chicanos. Incorrectamente, claro.
Casi siempre me pasa así: Cuando encuentro un chicano o un mexicano, me hablan en correcto inglés. SUPONEN que yo lo hablo. (Pobres).
(Sí, ya sé. No faltará el sarcástico que diga en voz alta "¿Pobres de ...ELLOS?")
En esas estaba pensando, manejando de regreso a la casa, cuando noté que se me había olvidado comprar algo. Me dió flojera regresarme al Seven-Eleven, por lo que mejor entré en otro mini-súper de camino.
Estaba un dependiente. Pero este era gringo, no mexicano.
Puse la mejor de mis poses. Me crecí uno o dos centímetros (bueno, anduve de puntitas, lo confieso), con la seguridad de ser una persona a la que la gente considera multi-cultural. No un Juan de las Cuerdas cualquiera.
El gringo sonrió amablemente al verme. Sin perder la sonrisa, me preguntó, fuerte y claro:
"¡Hola, amígou! ¿En qué puedou ayudarrlou?"

E-mail: cfzap@yahoo.com

2 comentarios:

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