viernes, octubre 28, 2005

A los paisanos nos va a costar 100 pesos votar por correo... y de paso llenaremos los bolsillos gringos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Usted votaría en unas elecciones si le cobraran dinero por hacerlo?Ojo, no le estoy preguntando si votaría si le pagaran, sino si le cobraran.Ya sé que muchos ni así irían...¿Usted votaría en una elección si le cobraran 100 pesos mexicanos? Unos diez dólares.Si el gobierno le dijera: Si no nos pagas 10 dólares, nomás no te aceptamos el voto.(Ah, y claro: Le agregarían el consabido "...Y hágale como quiera".)Pues eso es lo que nos va a costar a los mexicanos en el extranjero "ejercer" nuestro derecho al voto, en las elecciones del 2006: 10 dólares. Más de 100 pesos mexicanos.Porque, según las reglas impuestas por el IFE, cualquier mexicano que quiera votar en el 2006 desde fuera de México, deberá enviar su solicitud llenada, con copia de la credencial de elector y comprobante de domicilio, a sus oficinas, por correo certificado.Enviar los documentos desde Estados Unidos, nos cuesta a nosotros los "very important paisanos", unos 10 dólares.Ya sé que, comparado con los 300 millones de dólares que el IFE está invirtiendo para que "nosotros" votemos, 10 dólares no es una cantidad exagerada.
Ya sé que cualquier "paisano" se gasta más en unas chelas, o en una torta, o en ir al cine. Cuanto más para cumplir un "deber cívico".
Ya sé que me van a decir: "Huy pus qué codo".
Ya sé que me van a decir: "Pa qué te quejas, nadie te mandó para allá".
Ya sé que me van a decir: "Pus tú tienes la culpa, regrésate a México y asunto concluído".Pero...Aún así, no puedo evitar pensar: ¡Qué caro!De hecho, pagar por cualquier derecho ciudadano se me hace caro.De todas maneras, no se preocupen: Tengan por seguro de que los que queremos votar, pagaremos gustosos esa cantidad (y quizá hasta más) por dejar que nos escuchen en las elecciones. Que nuestro voto, después de tantos años, por fin cuente.Lo malo es que... todos esos miles o millones de dólares que vamos a enviar los "paisanos" para votar para presidente de México en el 2006, no van a ir a las arcas de México. Ni del IFE. Ni del PRI, ni del PAN, ni del PRD.No, todo ese dinerito va a ir a parar a los bolsillos del Tío Sam. Vía el Servicio Postal de Estados Unidos.Igualito que cuando uno manda dinero por Western Union., como siempre, el gringo es el que termina llenándose los bolsillos.

YO: "VERY MULTI-CULTURAL PAISANO"
No sé porqué, pero siempre he tenido el masoquismo de encantarme ir a comprar a los mini-súpers.
Pero no porque me encante hacer mandados. Desde niño, odiaba cuando me enviaban a la tienda de la esquina. Y más a las tortillas, con todo el calor del molino de nixtamal, y la cola en pleno solazo.
Pero los mini-súpers, por alguna peregrina razón, me encantaban. Desde niño, en Tampico.
Aún hoy, prefiero mil veces ir al Seven-Eleven de la esquina de la gasolinería de mi casa en Texas, que ir al supermercado. Aunque a la larga todo me cueste más caro allí.
Hace días, estaba en esas, pensando mientras trataba de sostener dos galones de leche entre mis dedos, cuando llegué a la caja registradora del mini-súper.
El dependiente, un muchachito de unos veinte años de edad, correctamente peinado (en estos tiempos es de por sí algo extrañísimo que un muchacho tenga pelo en su cabeza, mucho más bien peinado), me sonrió al llegar a pagar.
Era mexicano, indudablemente. O chicano.
"Hello, sir... How are you today?", me saludó. En un inglés tan correcto como su peinado.
Obviamente, cuando a uno lo saludan en inglés, uno se siente obligado a responder en inglés. Por dos razones: a) Porque a la mejor esa persona no habla español, aunque se le vea "el nopal en la frente", ó b) Para que esa persona (y las demás de la tienda) no piensen: "Mira ese pobre mexicano ni siquiera puede responder un saludo en inglés, a pesar de estar en Estados Unidos."
Total, con decir un simple "Jelóu" no se me cae nada. Mucho menos mi mexicanidad. O eso me gusta creer.
Además, es una palabra tan fácil, y tan familiar para nosotros en México. (Nomás acuérdese de la marca de gelatina.)
Bueno, pues repondí. "Jelóu. Guuud, ténkiu".
(Un tio, si usted viene a Gringolandia: No importa lo que le digan, así sea un saludito de tres palabras, o una perorata sobre los últimos resultados de las elecciones del condado; si usted no entiende ni papa no se me apanique: Con responder "Guuud, ténkiu" se restituye la armonía del universo.)
El muchachito me seguía hablando en inglés. Mucha cara de gringo me vería. Yo, sólo sonreía y asentía con la cabeza.
(Como si entendieras tanto, tú.)
El pobre muchachito, estaba tan emocionado platicando. No quise desengañarlo: Hubiera sido lo mismo si le hablara a la pared.
Pagué, y estaba por irme, cuando llegó otro inmigrante mexicano a pagar. Era obviamente un obrero, quizá un pintor porque sus ropas de trabajo estaban salpicadas de colores.
El muchachito de la tienda le sonrió. Igual de correcto, como su peinado.
Pero al abrir la boca, en lugar del "Jélou", el muchacho dijo: "Buenas tardes, compa. ¿Qué necesitas?"
¿Clasismo? ¿Racismo entre mexicanos? Cierto, yo soy tan mexicano como aquél pintor, pero yo no iba vestido como él. Un pantalón y una camisa de vestir no solamente hacen la diferencia en moda: Causan que le hablen a usted en inglés.
Porque se supone que, si usted viste así, usted SABE. No importa qué tanta cara de mexicano tenga.
En cambio, si usted es un obrero, un jardinero, o un peón, van a suponer que no habla nada de inglés. Que a duras penas habla español.
O al menos así piensan muchos hispanos, y chicanos. Incorrectamente, claro.
Casi siempre me pasa así: Cuando encuentro un chicano o un mexicano, me hablan en correcto inglés. SUPONEN que yo lo hablo. (Pobres).
(Sí, ya sé. No faltará el sarcástico que diga en voz alta "¿Pobres de ...ELLOS?")
En esas estaba pensando, manejando de regreso a la casa, cuando noté que se me había olvidado comprar algo. Me dió flojera regresarme al Seven-Eleven, por lo que mejor entré en otro mini-súper de camino.
Estaba un dependiente. Pero este era gringo, no mexicano.
Puse la mejor de mis poses. Me crecí uno o dos centímetros (bueno, anduve de puntitas, lo confieso), con la seguridad de ser una persona a la que la gente considera multi-cultural. No un Juan de las Cuerdas cualquiera.
El gringo sonrió amablemente al verme. Sin perder la sonrisa, me preguntó, fuerte y claro:
"¡Hola, amígou! ¿En qué puedou ayudarrlou?"

E-mail: cfzap@yahoo.com

miércoles, octubre 19, 2005

Ellos van a hacer como que nos legalizan, y nosotros como que nos vamos

La raza anda de plácemes luego de que (¡Por fin! ¡Por fin!) la Casa Blanca dio color, y metió su propuesta de legalización migratoria al Senado, en Washington. Y hasta hubieron declaraciones a favor del secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, y de la secretaria del Trabajo, Elaine Chao, y toda la cosa.
Apenas es una propuesta. Se calcula que será hasta enero del 2006 cuando se discuta en serio, y se apruebe o no.
No es una amnistía. Y Bush asegura que no se dará ni residencia, ni ciudadanía a los indocumentados que soliciten este beneficio. Sólo son permisos de trabajo, por tres años, renovables por tres más.
Después de ese periodo, tan-tan. Se acabó. Los inmigrantes deberán empacar sus tiliches y regresarse a México, o a Centroamérica, o Sudamérica, con todo y su familia. Y si quieren regresar a Estados Unidos, deberán pedir su visa como todo el mundo.
JA.
¿Usted cree que, después de ganar 10, 15, 20 dólares la hora durante seis años, un trabajador mexicano se va a regresar alegremente a México a ganar diez veces menos?
¿Olvidarse de todo, irse del país, después de haberse comprado casa, carro, de haber metido a los hijos a la escuela (los cuales, seguro son ciudadanos americanos), y en síntesis, haber hecho toda una vida en EEUU?
¿Se habrá dado cuenta George W. Bush y asesores, que una vez que alguien tenga permiso de trabajo, le darán número de seguro social, el requisito básico para trabajar donde quiera?
¿Y que un número de seguro social válido es, como los diamantes, para siempre?
Basta con que cualquier inmigrante dé su seguro social y se diga "American Citizen" en cualquier chamba, para que no le pidan nada más.
¿De verdad cree Bush que la gente se va a querer regresar, después de seis años?
¿Quién será más inocente?
O sea: Ellos van a hacer como que legalizan a los ilegales, y los ilegales van a hacer como que se regresan.

sábado, octubre 15, 2005

"Y tu: ¿Apoyas o no la guerra en Irak?"

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Una de las preguntas que me hacen más seguido los lectores en México es esta:"Y tú, ¿qué opinas de la guerra de Irak?"O:"¿Tú estás de acuerdo o no con la guerra de Irak?"Así, por el estilo...No es raro. El asunto es gravísimo. Y afecta no sólo a americanos e iraquíes, sino a todo el mundo, indirecta o directamente.De hecho, parece que toda persona en este planeta tiene una opinión sobre el tema.(Una buena parte, de hecho, hasta se sienten "expertos" del asunto... aunque en su vida hayan puesto un pie en Estados Unidos, o ni sepan encontrar Irak en un mapa.)Pero bueno, a lo que íbamos: ¿Cuál es mi opinión sobre el asunto?¿Como "buen y patriota" mexicano que debería ser... estoy totalmente opuesto a la guerra, y condeno a Bush por sus locuras?O:¿Como "malinchista y entregado" mal nacido traidor como muchos dicen que soy... estoy totalmente de acuerdo con la guerra y le echo porras a Bush por sus aciertos como estadista?(Según he comprobado, entre ocho y nueve de cada diez personas en México me tienen en alguno de estos dos conceptos, según describí arriba)Mi respuesta es: Pues no. Ni con uno ni con otro. Ni melón ni sandía.No estoy de acuerdo con ninguna de las dos perspectivas.No tengo porqué estarlo. Son visiones totalmente extremistas y cerradas de mente.(Los que piensan así, actúan igualito que Bush cuando dijo: "El que no esté con nosotros, está contra nosotros". Es lo mismo.)Me explico:No estoy de acuerdo con la guerra. No lo estaba. Siempre me opuse a que se iniciara. Dudé que hubieran armas de destrucción masiva.Los motivos se me hicieron más familiares que políticos: Siempre sospeché que todo esto es una cuenta pendiente familiar, que Bush tenía con Saddam Hussein. Acuérdense que se dice que una vez lo señaló como "el tipo que quiso mandar matar a mi papá".O sea, Bush se la tenía jurada a Saddam. Y le cumplió. No le importó movilizar miles de millones de dólares en armamento y soldados para cumplir el caprichito, por cierto. Más lo que sigue costando a diario.(Olvídese del petróleo. Esa no fue justificación. Según expertos, la guerra ya ha costado más de 200 mil millones de dólares, mucho más de los aproximadamente 20 mil millones de dólares que Irak recibe al año por venta de petróleo... Y eso en sus mejores días. Hoy, poner a trabajar esos pozos y yacimientos requerirá enormes inversiones, y años... Mucho más de lo que sacaría Estados Unidos en caso de controlar la producción totalmente.)PERO...Una vez que se declaró la guerra, ni modo. Siento que, una vez en guerra, debo apoyar a los soldados americanos. No por malinchista, sino precisamente, por mexicano.¿Porqué?Muchos de esos soldados no son militares imperialistas, como los pintan. La inmensa mayoría son muchachitos. Que se enrolaron en el ejército porque no tenían de otra.Muchos de ellos entraron bajo la promesa de una beca universitaria, porque no tenían dinero para estudiar.
La inmensa mayoría de los enlistados son muchachos de clase media, o baja. Los ricachones (esos hijos de senadores, y políticos pro-guerra) se hicieron ojo de hormiga. Y de todas maneras, tienen a "papi" que los mantiene y les paga "el cole".Otros, hay que decirlo, quizá sí se enlistaron porque les nació, por patriotismo auténtico. Aunque nos suene inocente y cursi, hay muchachos de verdad idealistas. Y nosotros, amargados y desencantados adultos, no tenemos ningún derecho de burlarnos del patriotismo de un muchacho de 18 ó 20 años, por muy inocente que nos parezca. Son los ideales de la juventud.Que estén correctos o no es lo de menos, acúerdese que a esa edad usted y yo también teníamos ideales, y esperanzas y quizá hasta éramos patriotas. Y también éramos cursis e inocentes. Y qué bueno.La diferencia es que estos muchachitos tuvieron las agallas (o la estupidez, o la iniciativa) de hacer algo. Porque creían en un ideal (equivocado o no, no importa: Lo tenían).Seguro muchos de ellos ya lo perdieron allá, en Irak. Y es una pena, porque quizá nunca recuperarán ese idealismo. Y se volverán amargados y desencantados. Es el proceso de crecer.Pero sobre todo, yo apoyo a esos soldados enlistados porque muchos de ellos son hijos de mexicanos.Algunos incluso nacieron en México. Y no se llaman John Smith, o Michael Brown, sino José Pérez, o Juan García.Cuando un terrorista suicida en Irak mata a uno de estos muchachitos, lo hace con la convicción de perjudicar a Bush. Pero es Bush precisamente el último que se preocupa, o se enluta con esa muerte, por mucho que lo diga en la tele.
¿A quienes perjudica la muerte de un joven soldado méxico-americano en Irak?
A miles de familias mexicanas, a ambos lados de la frontera. A esos soldados los llorará no Bush, sino sus padres en Los Ángeles o Houston... pero también sus abuelitos y tíos en San Luis Potosí o en Guanajuato.Por eso, aunque no me gustara la idea de la guerra, siento que es un deber moral apoyar a esos muchachos. Nuestros muchachos.
No para que maten muchos iraquíes, no para que "defiendan la libertad y la democracia". Simplemente, para que regresen a salvo a su casa. Con sus padres, sus hermanos, sus esposas e hijos.
(Y de paso, siempre espero que ningún muchacho -o niño o madre o padre- iraquí muera durante la ocupación. De todos los actores de este conflicto, seguramente ellos son los más inocentes por lo que ocurre.)No apoyo la guerra. Pero, por otro lado, he llegado a comprender su justificación.Aunque suene despiadado, he llegado a la conclusión de que la guerra en Irak ha sido útil. Y nos ha beneficiado grandemente a nosotros, la gente en México y Estados Unidos.Y me vuelvo a explicar:Hay que aceptar una realidad: A nivel mundial, estamos en medio de una "Jihad", una "Guerra Santa", como se traduce la palabra árabe.Es verdad. Quien no quiera aceptarlo, no ve la realidad. Pese a lo que digan los políticos de uno u otro bando, los hechos son así.La realidad es que existen millones de musulmanes que odian occidente. Extremistas islámicos que preferirían convertir o matar a los cristianos que no creen en el profeta Mohammed.Islámicos a quienes les molesta que nosotros no vivamos como ellos, no tengamos sus costumbres, no sigamos las leyes del Corán.Cierto, quizá no todos piensen así. Pero sí muchos. Bastantes más de los que a cualquiera nos gustaría.Y aunque usted no vea este conflicto como una Guerra Santa, el problema es que ellos sí lo ven así. Ya lo han declarado muchas veces. Y no se detendrán hasta: a) Matarlo a usted y a mí, ó b) Morir ellos en el intento,.Yo no sé usted, pero si me dan a escoger, yo siempre preferiré la opción "b".
(Por principio, yo no creo que si me mata un terrorista árabe, me estén esperando 77 vírgenes en el cielo, junto a Alá.)La guerra en Irak, quizá sea un desastre militar para Bush. Igual, quizá sea un desastre financiero, político y moral.Pero logísticamente, es un golpe maestro de Bush. A la mejor de pura chiripa, pero hay que reconocerlo que lo es.¿Porqué? Porque Bush entendió que la Guerra Santa existe. Y no va a desaparecer.Los extremistas islámicos (al igual que los extremistas cristianos) no entienden razones. No van a aplacarse. No van a cambiar.Por eso, Bush pensó: Si va a haber guerra santa, que no sea aquí. Que no sea cerca. Y optó por mandar el conflicto lejos de Estados Unidos. Al otro lado del mundo.Si estos extremistas estaban preparando maletas para atacar Nueva York, Chicago o Los Ángeles, al meterse Estados Unidos en Irak tuvieron que cambiar sus planes. Vieron la guerra como una invasión, una afrenta. Como una declaración directa de ataque.No dude que muchos de estos grupos extremistas que ya tenían pensado atacar en Estados UNidos, cambiaron sus planes de última hora. Y prefirieron atacar al "Gran Satán" dentro de Irak.Claro, muchos otros siguen adelante con sus planes de bombardear el metro de Nueva York. Eso es imposible de evitar. Pero son menos, muchos menos que antes. Porque otros prefirieron hacer la "guerra santa" en Irak.Suena despiadado, pero la realidad es esta: De hacer guerra aquí, a hacerla allá... mejor allá.De morir civiles en su país, compatriotas suyos, a que mueran civiles en otro país, del otro lado del mundo... ¿cuál escogería usted, de estar en la misma circunstancia?Si los extremistas islámicos y los suicidas quieren atacar "infieles americanos" ya no tienen que venir aca... Saben que pueden encontrar muchos en Irak.La diferencia es que esos "infieles" de Irak están armados hasta los dientes con rifles automáticos, chalecos antibalas y subidos en tanques... al contrario de los americanos que caminan en las calles de Estados Unidos y que eran sus objetivos originales.Y digo americanos, porque para cualquier extremista es lo mismo un gringo que un inmigrante mexicano de Texas o California: Ellos no distinguen, los matan por igual.,Lo mismo ocurriría si quieren echar un ataque biológico o químico: Los gases venenosos, químicos, la lluvia ácida o la radiación atómica no sabe de fronteras. No se va a detener: Cruzará igual y envenenará a miles en México.
A México le va a alcanzar algo, de rebote. Nos guste o no. Y esto para los terroristas, las posibles víctimas mexicanas son sólo un "lamentable efecto colateral".
Por eso, a México también le conviene que la Guerra Santa sea lejos, muy lejos de nuestra frontera común. Lejos de Esatdos Unidos.Ya sé lo que me van a decir: "Los islámicos tienen JUSTIFICACIÓN". Ellos están simplemente "respondiendo" a las agresiones que los países ricos y cristianos (como Estados Unidos y los europeos) les han infringido durante generaciones.Que son "víctimas" de las circunstancias.Que son gentes "pacíficas", que usan el terror como última "justificación", al no tener más medios para "expresar su frustración"Que están amolados y atrasados por culpa de las multinacionales capitalistas, que "explotan" su única fuente de riqueza: El petróleo. El oro negro que los pudiera sacar de su miseria.Lamento reventar esta burbuja pseudo-izquierdista, pero los únicos que han explotado y mantienen en la miseria a estas gentes son... sus propios gobiernos. Sus propios reyes y sultanes, quienes están forrados en dinero. Gracias al petróleo.Y que usan la religión para mantener su poder y control del pueblo, a costa de los demás.(Cierto es también que muchos de estos tiranos fueron o son apoyados por Estados Unidos... Igual que fue Saddam Hussein en su tiempo. Por conveniencia.)Por supuesto, todo estaría mucho mejor si Estados Unidos se saliera de Irak, y éste se conviertiera en una nación democrática, libre y rica. Pero eso no va a ocurrir. Ni aunque ganen los demócratas las elecciones. Tirar la toalla invitaría a más ataques terroristas, y quizá dejar a Irak a merced de algún gobierno fundamentalista que promueva el terrorismo.Aunque no nos guste, es la realidad. Todos quisiéramos vivir en un mundo ideal, bonito, sin guerras donde todos nos agarremos de la mano, y cantemos la canción de "We are the world", en un campo lleno de flores.
Pero ese mundo no existe. Y en cambio éste es el mundo donde vivimos.Por eso, esa es mi opinión de la guerra en Irak: No la apruebo.Pero entiendo sus motivos. Aunque no me gusten.

viernes, octubre 14, 2005

Murió un niño cubano: "¡Que se investigue". Murió un niño mexicano: "So what?"

En las noticias en español de Estados Unidos, todo mundo habla del niño cubano de seis años que murió en el estrecho de la Florida, intentando entrar a Estados Unidos.
El niño venía en una lancha, con otros treinta migrantes cubanos. Entre ellos estaban sus padres.
Una patrulla de guardacostas interceptó el navío, y lo persiguió para detenerlo, y evitar la entrada de los cubanos.
Los guardacostas son como "La Migra" en Florida. Una de sus labores es evitar que entren balseros, ya que, de hacerlo, automáticamente serían aceptados como refugiados políticos, con todos los derechos.
El navío de balseros se volteó, y el niño se ahogó. Los demás cubanos fueron salvados, y se encuentran en un centro de detención del Servicio de Inmigración.
Ahora, se habla ya de permitir a estos migrantes cubanos quedarse en Estados Unidos. Y el gobierno federal abrió una "exhaustiva" investigación para encontrar responsables de la muerte del niño.
Todo esto es muy lamentable, sobre todo porque se trata de la muerte de un niño inocente. Se debe investigar, estamos de acuerdo.
Pero...
No dejo de preguntarme: ¿Qué tal si el niño no hubiera muerto en el estrecho de Florida, sino, digamos, en el desierto de Arizona?
¿Qué tal si el grupo de inmigrantes no hubiera sido perseguido por los guardacostas, sino, digamos, por la Patrulla Fronteriza?
¿Qué tal si el niño no hubiera sido cubano, sino... mexicano?
¿O salvadoreño? ¿O nicaragüense, hondureño, guatemalteco...?
¿Se investigaría esto igual?
¿Se permitiría a los demás inmigrantes quedarse en Estados Unidos, como se hará quizá con los cubanos de la lancha?
A la mejor soy muy ignorante y estúpido por hacer estas preguntas tan "tontas". Pero ya encarrerados seguimos:
¿Por cierto, cuántos niños mexicanos, centroamericanos o sudamericanos han muerto en la frontera con México? ¿Por haber sido perseguidos por la Patrulla Fronteriza, o en el desierto, tratando de evitarla?
¿Cuántas veces se ha abierto una "exhaustiva" investigación" cuando niños mexicanos mueren en el desierto?
Y si no se ha hecho, ¿porqué ahora sí hacen tanto escándalo?

El alcalde gringo que ondeó la bandera mexicana en un pueblecito de Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS, Texas — El alcalde de Tifton, un típico pueblecito americano al sur del estado de Georgia, es un hombre mayor, de escaso pelo blanco impecablemente peinado hacia un lado.
De traje y corbata siempre, el alcalde Paul Johson más bien asemeja un abuelito consentidor, que un político de pueblo.
A principios de este mes de octubre, el alcalde tomó una decisión.
Muy temprano aquél día, el alcalde hizo ondear con todos los honores, y a todo lo alto de la fachada de la alcaldía de Tifton... la bandera de México.
Tifton ni siquiera tenía una bandera de México propia. El alcalde tuvo que pedirle una prestada al pastor colombiano de una iglesia cercana.
Ahí estuvo, el águila devorando a la serpiente, franqueada por el verde, blanco y rojo, ondeando junto con la bandera de Estados Unidos y del estado de Georgia, de manera oficial.
Muchos habitantes del pueblecito vieron extrañados el espectáculo. Algunos se espantaron: ¿Había pasado algo en la noche de lo que no se habían enterado? ¿México al fin había invadido Estados Unidos? ¿Georgia ya era colonia mexicana?
¿O por lo menos Tifton?
Pero la mayoría, en cambio, se indignó. Profundamente. Y de inmediato vinieron las críticas.
Muchas personas escribieron al periódico local, y llamaron a las estaciones de radio, para quejarse. ¿Qué le estaba pasando al alcalde Johnson, se preguntaban? ¿Porqué ondea la bandera mexicana a la misma altura y con los mismos derechos que las banderas de Georgia y Estados Unidos?
Noches antes, había ocurrido uno de los crímenes más horrorosos en la historia de la comunidad. Seis personas fueron asesinadas a balazos y a golpes con bates de beisbol, mientras dormían dentro de sus humildes casas rodantes, en un sector de Tifton.
Las víctimas eran inmigrantes mexicanos, que trabajaban como jornaleros en campos o construcciones.
Otros cuatro inmigrantes quedaron seriamente heridos, y se encuentran hospitalizados con huesos rotos y algunos en coma.
En un poblado cercano, otro inmigrante mexicano fue asesinado a balazos, y su esposa violada dentro de su casa, por los mismos atacantes. Los tres hijos pequeños de la pareja presenciaron todo el horroroso hecho.
Hasta ahora, las autoridades han arrestado a por lo menos cinco sospechosos de los asesinatos. Y tienen en la mira otros más.
Los crímenes de Tifton se suman a otros muchos ataques sufridos en Estados Unidos recientemente contra inmigrantes mexicanos, como los ocurridos en los estados de Nueva York y California.
En Dallas, meses atrás, un par de delincuentes operaba en edificios de departamentos donde vivían hispanos.
Cada viernes acechaban a quienes llegaban a sus casas, porque sabía que traían dinero en la bolsa. En efectivo. A algunos los asaltaban en el mismo estacionamiento.
Otros no corrieron con tanta suerte.
Como un matrimonio de inmigrantes mexicanos. Al llegar el marido a su departamento, fue empujado dentro por los dos malechores. Lo golpearon y le rajaron la garganta con una navaja, dejandolo seriamente herido.
A su esposa la violaron y golpearon hasta matarla, antes de salir del lugar con apenas un puñado de dólares.
Uno pensaría de inmediato que todo esto es producto de un racismo profundo. De un odio total de los americanos hacia los inmigrantes, y en particular contra los mexicanos.
Afortunada (o desafortunadamente, según usted lo vea), no es así. Ojalá hubiera un fondo más elaborado, una filosfía más pensada, más analizada, que medio excusara estas acciones, totalmente injustificables.
Pero no, los móviles, hasta ahora, son simples: Robo. Abuso. Atraco.
No son acciones de grupos racistas bien organizados, ni forman parte de un complot del gobierno para erradicar a los mexicanos.
Son, en cambio, golpes de rateros y pandilleros que buscan hacer dinero fácil, a costa de los más desprotegidos.
Porque ya se corrió la voz entre los maleantes de Estados Unidos: Los inmigrantes mexicanos no tienen cuentas de bancos. Siempre tienen dinero en sus casas, en un jarrón de la cocina, en una bolsa en el clóset, o abajo del colchón.
Más importante: Ya saben que los mexicanos nunca reportan los delitos, por temor a ser deportados. Por desconfianza a la Policía, que muchos creen que es igual o más corrupta que la de México.
"¿Usted cree? ¿Para qué pongo el reporte, si nunca van a hacer nada?", me comentaba un inmigrante mexicano tiempo atrás, después de haber sido robado en su casa.
El terror de los inmigrantes mexicanos hacia la Policía en Estados Unidos es generalizado. Muchos están seguros de que los policías deportan a la gente.
Se sabe que el Servicio de Inmigración tiene una oficina en las prisiones, donde turnan a los que no tienen papeles para "regresarlos pá' México".
Los voceros de la Policía, en cambio, se ha cansado de insistir que ellos no deportan, que ellos no tienen nada qué ver con el Servicio de Inmigración.
Pocos les creen, claro.
Otros inmigrantes ven a los policías como delincuentes en potencia, que esperan detenerlos bajo cualquier excusa para sacarles dinero.
Un amigo que es un inmigrante cubano no entiende esta actitud de los mexicanos.
"Si a mí el policía viene y me amenaza con detenerme, yo le digo: '¡Vamos! ¡Arréstame!' ", dice, mientras extiende las muñecas como listas a ser esposadas. "Quiero ver cómo justificas ante el juez mi arresto".
"¡Esto es lo que los mexicanos deberían de hacer!", agrega indignadísimo.
"Para usted es muy fácil", le recuerdo, moviendo la cabeza.
Mi amigo cubano es ciudadano americano naturalizado. Sabe inglés. Sabe de leyes. Conoce sus derechos.
Tiene negocio, tiene propiedades. Sabe que no lo pueden deportar, porque es ciudadano.
"Y aunque no lo fuera, a los cubanos no los pueden deportar a Cuba", le recuerdo.
Además, los cubanos llegan con una enorme ventaja a Estados Unidos: Si logran entrar (en balsa, a pie o como sea), llegan con permiso de trabajo, seguro social, posibilidad de tener licencia de manejo, y al año, pueden pedir la residencia permanente.
Los mexicanos, en cambio, no.
La inmensa mayoría son personas del campo, sin estudios. Muchos en México han sido víctimas de abuso de parte de la Policía, del gobierno, y de quién no.
Para estos inmigrantes vivir en Estados Unidos es un constante desafío. Es una permanente lucha contra obstáculos legales, culturales, de idioma y tantos más.
Además, significa un constante cuidado al manejar, para no caer arrestados. Para no ser multados.
Sin licencias de manejo, sin hablar el idioma, sin conocer de leyes, lo que la mayoría de los jornaleros mexicanos hacen en Estados Unidos es simplemente sobrevivir.
Ahora, además de todos estos problemas, se suma uno más: Las pandillas de bandidos y asesinos, que parece que ya encontraron un nuevo filón entre los mexicanos.
Por eso el alcalde Johson trató de honrar la memoria de las víctimas de los crímenes de Tifton de la manera como pensó mejor: Ondeando la bandera de México durante seis días, uno por cada una de los fallecidos por los ataques.
A pesar de las críticas, el alcalde se mantuvo firme: "Lo hice como muestra de dolor hacia la comunidad hispana... Estas personas son parte de nuestra comunidad", explicó a la agencia AP.
"Pido disculpas a quien pude haber ofendido, pero pensé que era lo menos que debíamos hacer".