viernes, septiembre 30, 2005

"De pura casualidad... ¿Hay por aquí alguien de México?"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS — Las ceremonias de naturalización de nuevos ciudadanos de Estados Unidos casi siempre son muy parecidas.
Generalmente ocurren en un salón grande, un teatro o edificio de eventos. Han habido hasta en estadios.
Desde temprano, llegan los nuevos ciudadanos. La inmensa mayoría con familia y amigos, lo que convierte a estos días casi como de pic-nic.
Aquí y allá se mezclan los turbantes indios, con los vestidos africanos multicolores. Las barbas de los ortodoxos judíos con los bigototes de los paisanos. Los velos de las mujeres musulmanas con los gorritos kufi nigerianos. Los tenis con las sandalias.
Todas esas personas, uno se preguntará, ¿son asistentes a una reunión de las Naciones Unidas? ¿Público para la inauguración de un Campeonato del Mundo? ¿Participantes de un desfile multicultural?
Para nada. Todos ellos son una sola cosa: Ciudadanos de los Estados Unidos.
Al entrar, los nuevos ciudadanos reciben sus documentos que los acreditan como tales, junto con una banderita de Estados Unidos, y la letra de la juramentación a su nuevo país.
Conforme la gente va llegando, es acomodada en ciertos lugares. Llegan también las autoridades del gobierno e invitados especiales. Ah, y la prensa.
Una vez que el maestro de ceremonias da la bienvenida, y nombra a los invitados del podio, procede a pasar lista de los países de los cuales los nuevos ciudadanos son originarios.
Comienza la lista, país por país, por orden alfabético. Se pide que la gente originaria de cada país se levante cuando lo nombren.
Comienzan:
"Afganistán..." (Se paran cuatro o cinco personas. A veces familias completas.)
"Albania..." (Tres o cuatro almas. Nada más.) "Algeria... Andorra... " Y así siguen.Cuando llegan a la M, dicen "Mauritania... Micronesia...", y luego se saltan a "Mónaco... Mongolia...", y le siguen...
La primera vez que asistí de reportero a una de estas ceremonias, me indigné.
¿Dónde estaba México? ¡Se lo habían saltado!
¿Sería un error? ¿O lo habían hecho adrede?
Se me hizo una total falta de cortesía de los funcionarios del Servicio de Inmigración.
"Seguramente es racismo puro y simple, contra nuestra gente", decidí, ya a punto del soponcio.
Ya sé. Me precipité. Pero, ¿qué esperaban? Acababa de emigrar. No sabía ni qué onda.
Al final, después de haber recorrido todo el globo terráqueo, se mencionaron a los últimos países: "Yemen... Zambia... y Zimbawe".
Entonces, el maestro de ceremonias toma aliento. Sonriente, preguntó, entre tímido y divertido: "¿Hay por aquí, de pura casualidad, alguien de... México?"
Volteé a ver a la gente:
¡¡¡¡¡Broooooooooooooooooommmm!!!!! Retumbó todo el auditorio con el sonido de cientos —¿miles quizá?— de pares de piernas que se levantan de sus asientos. Las cuatro quintas partes de los asistentes levantan las manos, y las carcajadas que sueltan (¿de orgullo? ¿De satisfacción? ¿De ser nuevos ciudadanos americanos? ¿De haber nacido en México? ¿Todo lo anterior junto?) contagian a todos, funcionarios de la Migra, e invitados incluídos. Los ciudadanos de otros países miran carcajeados, compartiendo el momento con los que se acaban de levantar. Casi todo el auditorio.
Los aplausos, las "olas", y los "bravos" se unen a las montones de banderitas americanas que estos nuevos Mexican-Americans enarbolan con orgullo.
Y así siempre pasa. En todas y cada una de las ceremonias de naturalización, a lo largo y ancho de este monstruo. Desde hace muchos años.
No se necesita ser un experto para darse cuenta de una realidad: Escenas como ésta son muy simbólicas. Son un signo: ALGO está pasando aquí.
Ese "algo" causa un cambio, que Estados Unidos está sufriendo desde ya.
Un cambio que se ve en estas ceremonias de manera simbólica, pero que se vive en las calles de las ciudades del país, en sus viviendas, en sus barrios, en sus medios de comunicación.
Un cambio que modificará para siempre a este país, y que afectará el futuro de su gente y la de todo el mundo. Para bien o para mal.
Y ese "algo" somos nosotros, los mexicanos.

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