viernes, septiembre 30, 2005

"De pura casualidad... ¿Hay por aquí alguien de México?"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS — Las ceremonias de naturalización de nuevos ciudadanos de Estados Unidos casi siempre son muy parecidas.
Generalmente ocurren en un salón grande, un teatro o edificio de eventos. Han habido hasta en estadios.
Desde temprano, llegan los nuevos ciudadanos. La inmensa mayoría con familia y amigos, lo que convierte a estos días casi como de pic-nic.
Aquí y allá se mezclan los turbantes indios, con los vestidos africanos multicolores. Las barbas de los ortodoxos judíos con los bigototes de los paisanos. Los velos de las mujeres musulmanas con los gorritos kufi nigerianos. Los tenis con las sandalias.
Todas esas personas, uno se preguntará, ¿son asistentes a una reunión de las Naciones Unidas? ¿Público para la inauguración de un Campeonato del Mundo? ¿Participantes de un desfile multicultural?
Para nada. Todos ellos son una sola cosa: Ciudadanos de los Estados Unidos.
Al entrar, los nuevos ciudadanos reciben sus documentos que los acreditan como tales, junto con una banderita de Estados Unidos, y la letra de la juramentación a su nuevo país.
Conforme la gente va llegando, es acomodada en ciertos lugares. Llegan también las autoridades del gobierno e invitados especiales. Ah, y la prensa.
Una vez que el maestro de ceremonias da la bienvenida, y nombra a los invitados del podio, procede a pasar lista de los países de los cuales los nuevos ciudadanos son originarios.
Comienza la lista, país por país, por orden alfabético. Se pide que la gente originaria de cada país se levante cuando lo nombren.
Comienzan:
"Afganistán..." (Se paran cuatro o cinco personas. A veces familias completas.)
"Albania..." (Tres o cuatro almas. Nada más.) "Algeria... Andorra... " Y así siguen.Cuando llegan a la M, dicen "Mauritania... Micronesia...", y luego se saltan a "Mónaco... Mongolia...", y le siguen...
La primera vez que asistí de reportero a una de estas ceremonias, me indigné.
¿Dónde estaba México? ¡Se lo habían saltado!
¿Sería un error? ¿O lo habían hecho adrede?
Se me hizo una total falta de cortesía de los funcionarios del Servicio de Inmigración.
"Seguramente es racismo puro y simple, contra nuestra gente", decidí, ya a punto del soponcio.
Ya sé. Me precipité. Pero, ¿qué esperaban? Acababa de emigrar. No sabía ni qué onda.
Al final, después de haber recorrido todo el globo terráqueo, se mencionaron a los últimos países: "Yemen... Zambia... y Zimbawe".
Entonces, el maestro de ceremonias toma aliento. Sonriente, preguntó, entre tímido y divertido: "¿Hay por aquí, de pura casualidad, alguien de... México?"
Volteé a ver a la gente:
¡¡¡¡¡Broooooooooooooooooommmm!!!!! Retumbó todo el auditorio con el sonido de cientos —¿miles quizá?— de pares de piernas que se levantan de sus asientos. Las cuatro quintas partes de los asistentes levantan las manos, y las carcajadas que sueltan (¿de orgullo? ¿De satisfacción? ¿De ser nuevos ciudadanos americanos? ¿De haber nacido en México? ¿Todo lo anterior junto?) contagian a todos, funcionarios de la Migra, e invitados incluídos. Los ciudadanos de otros países miran carcajeados, compartiendo el momento con los que se acaban de levantar. Casi todo el auditorio.
Los aplausos, las "olas", y los "bravos" se unen a las montones de banderitas americanas que estos nuevos Mexican-Americans enarbolan con orgullo.
Y así siempre pasa. En todas y cada una de las ceremonias de naturalización, a lo largo y ancho de este monstruo. Desde hace muchos años.
No se necesita ser un experto para darse cuenta de una realidad: Escenas como ésta son muy simbólicas. Son un signo: ALGO está pasando aquí.
Ese "algo" causa un cambio, que Estados Unidos está sufriendo desde ya.
Un cambio que se ve en estas ceremonias de manera simbólica, pero que se vive en las calles de las ciudades del país, en sus viviendas, en sus barrios, en sus medios de comunicación.
Un cambio que modificará para siempre a este país, y que afectará el futuro de su gente y la de todo el mundo. Para bien o para mal.
Y ese "algo" somos nosotros, los mexicanos.

Estados Unidos perdió su inocencia... ¿Otra vez?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS — Tras ocurrir todo el ciclón (literalmente) de broncas traídas al gobierno de Washington por Katrina primero, y luego por Rita, no faltó por ahí el "agudo" periodista (o "analista", como a muchos les encanta autonombrarse) que salió en los medios declarando solemnemente: "Después de todo esto, Estados Unidos por fin ha perdido su inocencia".
Yo me quedé pensando: "¿¡Otra vez!?"
¿Cuántas veces van que Estados Unidos "pierde" su inocencia? Desde que yo me acuerdo, un montón.
De hecho, como las adolescentes descocadas, Estados Unidos parece que a cada rato pierde su inocencia.
¿Cómo pierde Estados Unidos su inocencia? Parece que le ocurre con cada década que pasa (como las dizque señoritas que se "operan" la virginidad).
Cada diez años, aproximadamente, ocurren acontecimientos definitivos, que cambian la manera como vemos el mundo.
Los expertos les llaman "hitos".
En la historia americana, hay hitos que delimitan cada época. Casi cada década coincide con uno de esos acontecimientos que dejan huella en el país.
Y esto es importante, porque lo que le pasa a los gringos, casi siempre repercute en todo el mundo.
Estos acontecimientos históricos son como el parteaguas, la línea divisoria que marcan el fin de una época y el inicio de otra, de manera bien definida.
Rara vez coinciden estas fechas con las del calendario, como leí una vez en un artículo hace muchos años.
Por ejemplo, el siglo XX comenzó seguramente con la revolución bolchevique en Rusia, y la llegada del comunismo a ese enorme país. El mundo ya no sería el mismo después de eso, y muchos expertos aseguran que Estados Unidos de alguna manera perdió su inocencia al ver nacer una potencia que sería, eventualmente, su enemiga durante todo el siglo que nacía.
Pero los gringos estaban en una época aislacionista entonces. No querían saber nada del mundo exterior, sobre todo porque andaban barruntos de guerra. La Gran Guerra, le decían (después se llamó la Primera Guerra Mundial), que había estallado en 1914. Los americanos sentían que no era una guerra suya.
No fue sino hasta 1917 cuando Estados Unidos se vió obligado a entrar en esa guerra, por culpa del famoso Telegrama Zimmerman. Fue así como entró la década de los 1910.
La década de los años 1920's no inició en 1920, sino un año antes, cuando se decretó la prohibición de vender bebidas alcohólicas en 1919.
Esta década se distinguió por muchos acontecimientos, pero sobre todo por la violencia de Al Capone, John Dillinger y tantos mafiosos que hacían su agosto con la prohibición en los callejones de Chicago. Igualito que los narcos colombianos en los 80's, o los capos mexicanos de ahora.
Y claro, muchos "expertos" aseguraron que, en 1919, Estados Unidos perdió su inocencia.
La Prohibición terminó en 1933, pero eso no marcó el inicio de la década de los 1930's.
En 1929, la Bolsa de Nueva York, Wall Street, se fue por los suelos. Arruinó a muchos inversionistas, y estos se llevaron entre las patas toda la economía del país. Y por consiguiente, del mundo.
Inició la famosa "Depresión". Y esto marcó la década de los 1930's.
Y de nuevo, no falta quien aseguira que, en 1929, Estados Unidos "perdió su inocencia". Sobre todo financiera. El optimismo por el capitalismo, que había sido el motor ideológico americano casi desde el principio, se esfumó.
Muchos se dieron cuenta de que, a la mejor el capitalismo no era la panacea después de todo.
Los años cuarentas comenzaron, sin duda, durante el ataque japonés a Pearl Harbor, en 1941, y la entrada de Estados Unidos en la 2a. Guerra Mundial. Y de nuevo, los gringos "perdieron su inocencia".
Los cuarentas se extendieron mucho más allá de 1949. No fue sino hasta cuando Rusia lanzó el Sputnik que inició la carrera espacial. A Estados Unidos le dolió su orgullo, y por vez primera temió ser atacado por el espacio con armas atómicas. En medio del surgimiento de Elvis Presley y el Rock and Roll, de nuevo Estados Unidos perdió su inocencia, en 1957.
Los cincuentas de todas maneras fueron en muchos aspectos, una extensión de los cuarentas. La misma filosofía de la vida predominaba entre los americanos: "Nosotros somos los niños buenos. Los rusos y chinos son malos. Somos el mejor país del mundo, y el mundo debería ser más como nosotros: Somos bonitos, arreglados, felices. Tenemos dinero, carro propio, casa en los suburbios. Nuestros políticos son sabios, son héroes de guerra, hay que seguirlos. Creemos en Dios, en la patria y en la familia."
Cuando eligieron presidente a John F. Kennedy todo era muy bonito, hasta de jet-set. Era lo que faltaba: Después del viejito pasado de moda que fue el presidente Eisenhower, Kennedy era el prototipo del americano en que todos se querían ver reflejados: Guapo, rico, simpático, con una familia feliz, y una esposa que parecía modelo.
Todo era perfecto en la década de los cincuentas.
Pero esa década se acabó. No en 1959, sino en 1963, en Dallas, con el homicidio de ese guapo y joven presidente, tan "de la época". Y con eso inició un verdadero desencanto de muchos americanos. Fue un shock: Muchos comenzaron a cuestionarse si país ya no era tan bonito, tan limpio, tan exitoso como les habían hecho creer. Y de nuevo perdieron su inocencia.
Fue cuando iniciaron los famosísimos "años sesentas". Y todo cambió.
Los jóvenes se volvieron respondones. No acatacan a ciegas lo que les decían sus mayores. No les gustaba la música "buena", de Grandes Bandas, sino grupos de jovencitos greñudos, que protestaban contra la guerra y pedían amor. Y de pilón, ¡se las "tronaban"! ¡Tenían sexo como monos!
Para muchos, Estados Unidos de verdad perdió su inocencia en los sesentas. La realidad es que nada fue igual después de eso. El Estados Unidos de 1959 y el de 1969 son tan distintos, que pudieran ser países diferentes. O planetas distintos.
Con tanta bronca, los setentas iniciaron en 1974, con la renuncia del presidente Richard Nixon, el escándalo Watergate, y de nuevo, Estados Unidos perdió su inocencia. La imagen presidencial, tan respetada desde tiempos de George Washington, tan admirada con Roosevelt, tan glamorosa con Kennedy, se había hecho añicos. Ya no se podía confiar en los políticos. Ni siquiera en el todopoderoso "Mr. President".
Los ochentas iniciaron con la entrada al poder de Ronald Reagan. Para entocnes, Estados Unidos ya no era naaaaaada inocente. Y su presidente estaba dispuesto a hacerselo ver al mundo, a patadas o a punta de marines.
Los noventas iniciaron precisamente en 1989, a la caída del Muro de Berlín. O con la entrada a la presidencia de Bill Clinton. Según. Y muchos críticos, de nuevo, dijeron que si bien Clinton no había perdido su inocencia con Mónica Lewinsky, seguramente la presidencia sí.
De una cosa estamos seguros: La década que vivimos, de 2000 a 2010, comenzó el 11 de septiembre de 2001, con los ataques terroristas que pulverizaron las Torres Gemelas. La década del terrorismo.
No sólo la década, casi se puede decir que todo el siglo XXI comenzó esa fecha.
Esta vez, aunque lo agarraron desprevenido, Estados Unidos no perdió su inocencia. Ya la había perdido hacía mucho tiempo.
Lo que pasa es que los gringos nunca lo quisieron aceptar.

viernes, septiembre 23, 2005

‘¿Amnistía o no amnistía a los inmigrantes en EEUU? A ver, checa el estado del tiempo’

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Cada vez que nos vemos, Samuel siempre me hace la misma pregunta:
"¿Que pasó, jefe? ¿Habrá amnistía o no habrá amnistía?"
Samuel, como millones de mexicanos en Estados Unidos, no tiene papeles. Es un indocumentado.
Vive en este país, a donde llegó casi como casualidad. También, como la mayoría de los mexicanos, tenía el plan de quedarse "uno o dos años". Juntar un dinerito, y regresarse a su San Luis Potosí natal.
Ése era el plan, al menos. De eso ya hace más de diez años.
Y aquí sigue.
Al igual que los otros millones de indocumentados, Samuel ve con esperanza la posibilidad de alguna legalización, como se ha estado prometiendo en Washington desde que llegó George W. Bush al poder.
Desde cuando andaba en campaña, el actual presidente prometió "hacer algo". Y sembró esperanzas en millones de indocumentados y sus familias, que viven bajo las sombras, esperando a ver a qué horas "se los lleva" la Migra.
Pero no ha sido fácil. Parece que, como los precios de los tomates, la posibilidad de que se legalice a los indocumentados depende del clima en Estados Unidos.
Del clima político, claro. Y hasta del clima meterológico.
Primero, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 tumbaron por los suelos las esperanzas de Samuel. Poco después de los atentados, Samuel me miró preocupado.
"Entonces, ¿nada de amnistía?"
Yo, como una de sus fuentes de información más fieles (después de todo, trabajo en los medios. DEBERÍA estar informado, piensa él), trato de no mentirle. Entre broma y broma, le dije la verdad: "Yo creo que no. Al menos no por ahorita".
Vinieron entonces todas las broncas posteriores al 9-11: La invasión de Afganistán, la guerra de Irak, la detención de terroristas.
"¿Amnistía o no amnistía?", repetía Samuel, como letanía.
"No, ahorita no", le respondía yo igual. "Pérate. Es cosa de tiempo."
"¿Meses o años?"
"Yo creo que años".
Cuatro años después, cuando los senadores Ted Kennedy (demócrata de Masaschusetts) y John McCain (republicano por Arizona) presentaron su propuesta de legalización, las esperanzas de los indocumentados como Samuel revivieron.
Luego, se difundió otra propuesta, la de los senadores John Cornyn de Texas, y Jon Kyl de Arizona, y esas esperanzas se reforzaron.
"¿Qué? ¿Por fin amnistía o no amnistía?", me insistía, ya más animado.
"Pues, parece que sí. Aunque quizá la propuesta final no pase tan fácilmente en el Congreso", le explicaba.
A ratos, cuando los pro-inmigrantes tenían más tiempo en los medios (con entrevistas, reportajes, etcétera), venía Samuel muy optimista a decirme (ya no a preguntarme): "¡Ora si, jefe! Ya la hicimos. Esto de la amnistía va que vuela".
Y yo, echándole más leña al fuego, le respondía:
"Ora sí, Samuel. Cómprate el boleto a México, que en dos meses te vas de vacaciones a ver a tu familia con tu tarjeta de residente, nuevecita con tu foto y todo", le decía, mientras él se frotaba las manos y daba brincos de felicidad.
Pero las tendencias políticas en Washington cambian. Llegaban entonces los anti-inmigrantes hacíendo escándalo. Predecían el Apocalipsis. Sembraban el terror, casi diciendo que los mexicanos iban a llegar a robarse trabajos, a hundir las "hermosas y limpias" ciudades americanas en el caos, en la delincuencia.
Y en cada vaivén, la respuesta que le daba a Samuel variaba:
"¿Amnistía? Pues parece que por ahorita no. Anda el ambiente muy caldeado. Mejor regresa tu boleto de viaje, a la mejor te devuelven algo del dinero", le respondía.
Llegó el momento en que ya ni yo sabía. Cuando veía llegar a Samuel con su eterna pregunta, tenía que responderle, medio serio y medio en broma:
"¿Amnistía este año? Pues, a ver. ¿Qué te dije la última vez, Samuel?"
"Que sí era posible", respondía.
"Okey, entonces hoy toca responderte que no. No, no va a haber amnistía, lo siento".
"Huy, jefe. Bueno, pues ni modo", se lamentaba entre risas.
En esas estábamos, cuando la última vez, hará cosa de dos meses, la Casa Blanca admitió el deseo del presidente de "hacer algo" por los indocumenatados. Luego, tanto Kennedy-McCain como Cornyn-Kyl salían en la tele a cada rato, promoviendo sus propuestas. Los periódicos, los canales de televisión y las revistas como Time y Newsweek comenzaban a calentar el ambiente, previendo una inminente discusión en Washington del polémico asunto.
En eso pegó Katrina.
Junto con Nueva Orleáns, las propuestas de legalización migratoria comenzaron a hacer agua. La tardada e inepta respuesta del gobierno federal arrasastraron la popularidad del presidente Bush. El capital político logrado en su reelección (y que planeaba gastar en la legalización migratoria, auqnue él siemrpe ha insistido que no quiere una "amnistía") quedó lastimado por el huracán.
"¿Amnistía o no amnistía?", preguntaba Samuel, ya no muy seguro.
"No, Samuel. Yo creo que ya se hundió. Imagínate, ¿con qué cara va a ir Bush ahora al Congreso a pedirla, después de lo de Katrina?", comentaba yo.
Ahora, con los huracanes Rita (y posiblmente con Philippe, que por allí anda), seguramente la atención del Congreso se va a ir para otro lado, definitivamente. ¿Quién va a querer hablar de mejorar la situación de los indocumentados, cuando hay cientos de miles o quizá millones de ciudadanos americanos en desgracia, preguntan algunos críticos?
Los congresistas y senadores, en cambio, prefieren preparar sus baterías para otra clase de batalla legislativa: De dónde sacar los fondos para la reconstrucción de las zonas devastadas por los huracanes, porque nadie quiere aumentar los impuestos. Y a comenzar a investigar "qué pasó" con la pésima respuesta ante Katrina, quién tuvo la culpa, a quién hay que crucificar.
A esta hora, nadie se acuerda de los indocumentados en el Capitolio. O si se acuerdan, no les interesan mucho.
¿Carpetazo seguro? Quizá. Aunque hay que decirlo, hay grupos hispanos y organizaciones independientes que están cabildeando fuerte en Washington para llamar la atención del problema. Sí, es urgente solucionar el problema de los desplazados y damnificados por los huracanes, y la reconstrucción de las zonas arrasadas. Pero el problema de los indocumenatados sigue: Los indocumentados no se van a ir, ahí están, les recuerdan estas organizaciones a los congresistas.
Otro obstáculo: Vienen las elecciones legislativas. Y pocos congresistas querrán enojar a sus electores anti-inmigrantes (que sí votan) dando papeles a los inmigrantes para quedar bien con los hispanos (que casi no votamos, a excepción de los cubanos a quienes les importa poco el tema porque llegan a este país casi con los papeles en la mano).
Además, está el asunto de Irak, donde las cosas se están poniendo feas, muy feas. Hay asuntos "más urgentes" qué tratar, que los indocumentados. O al menos esto es lo que piensan los políticos.
Súmese a esto los altos precios de los combustibles (culpa de Bush, según muchos electores), y otro factor importante: Se acaba el tiempo.
Al presidente Bush le queda poco más de dos años de mandato. Poco, para echar a andar una propuesta de legalización migratoria, sobre todo con todas las broncas que se le han venido encima.
Ahora, quizá no sea así. A la mejor subestimamos a Bush. ¿Y si tiene un as bajo la manga? Quizá lo logrará. Esperemos. Pero no apostaríamos a su favor.
"¿Amnistía, Samuel?", respondo ante la eterna pregunta que me hace casi todos los días. "La mera verad, ya no sé. Pero yo que tú, en vez de boleto para ir a México de vacaciones, compraría un impermeable. Los temproales vienen".

viernes, septiembre 16, 2005

El país que lo tiene todo... menos un nombre

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — "Había una vez, un país lejano que lo tenía todo. Menos un nombre..."
Así parecería comenzar el cuento sobre Estados Unidos, el país que una vez algún escritor mexicano mencionara que lo podía todo, menos conseguir un nombre propio, original, único.
Bueno, el asunto tiene varias perspectivas, depende de a quién le pregunte.
Porque, por ejemplo, si usted le pregunta a un ciudadano de Estados Unidos, el tema no tiene vuelta de hoja. Su país se llama América, punto. O United States, o U.S. Pero más comúnmente, América.
Por eso, ellos, los gringos, son "Americans", americanos.
¿La gente de México? ¿De Canadá? ¿De Cuba? ¿De Brasil? Ellos son "Mexicans", le dirán. O Canadians, Cubans y Brazilians. No Americans.
(Por ejemplo, dígale "Americano" a un canadiense y verá cómo se engorila.)
Pero en cambio, si le pregunta a nosotros, los mexicanos, o a un brasileño o a un ecuatoriano, la cosa es distinta. Los gringos NO son América, diremos. Sí, son un país DE América, pero no TODO el continente. Y de inmediato criticamos el uso equivocado que los ESTADOUNIDENSES (así es más "correcto") hacen de la palabra "Americano". (NUESTRA palabra.)
Hace poco, un lector me escribió para criticarme por formentar el "absurdo" de llamar "Americanos" a los gringos. "Es un uso equivocado al término", aseguró. "Nosotros los mexicanos somos tan 'americanos' como los gringos."
¿Qué le respondí yo? Vamos por partes.
Primero, ¿cómo se determina el gentilicio de cualquier país. Como regla, generalmente se usa el nombre OFICIAL de cada país.
Así, por ejemplo, a los ciudadanos de los Estados Unidos MEXICANOS, les llamamos MEXICANOS. A los ciudadanos de la República Federativa de BRASIL, les decimos BRASILEÑOS. A los ciudadanos de la Commonwealth of CANADA, les decimos CANADIENSES. A los súbditos del Reino de ESPAÑA les decimos ESPAÑOLES.
Esto es un convencionalismo universal. ¿De acuerdo? Bien
Siguiendo con esta regla simple, permítanme ahora hacer una pregunta. Absurda, si quieren, pero válida:
¿Cuál es el ÚNICO país del mundo que lleva la palabra AMÉRICA en su nombre?
Aclaramos: País, no continente. En este caso nos estamos refiriendo a entidades políticas, no a masas de tierra separadas por océanos.
(Tip: No, no es México. Tampoco Perú, ni China, ni España o Argentina. Ni Canadá.)
¿Ya adivinó? Sí, correcto. Es ÉSE país. Los Estados Unidos de AMÉRICA. United States of AMERICA.
Aclaramos: No estamos defendiendo a nadie, ni apoyando a los gringos, ni atacando a México ni a nuestro "americanismo". Estamos dejando por sentado un HECHO. Es así, aunque no nos guste.
Nosotros no lo inventamos, ni nos lo sacamos de la manga. Cualquiera puede comprobarlo checando libros o el internet.
El hecho es: Ningún otro país tiene la palabra América en su nombre oficial, en todos sus documentos, en todos sus decretos. Excepto Estados Unidos.
Entonces, si a los ciudadanos de los Estados Unidos Mexicanos les decimos "mexicanos" (no estadounidenses, no estadounidensesmexicanos, sino simplemente mexicanos, usando la última palabra del nombre oficial del país), lo lógico es que a los ciudadanos de los Estados Unidos de América les digamos "americanos". ¿No?
(Pausa de quince segundos para que los lectores se levanten de sus asientos, griten, se indignen, agarren el periódico y lo lancen, lo arruguen, lo quemen y maldigan al que esto escribe. Ahora, respire profundo. Cuente hasta 10. Ya.)
Yo sé que el asunto tiene distintas opiniones. Yo sé que los latinoamericanos consideramos una afrenta que los gringos se digan "América", o "americanos", y nos despojen a nosotros de nuestra "americanidad".
¿Cómo llegó a ocurrir esta barbaridad?
Por pura tradición. Por costumbre. Por convencionalismos históricos.
Por principio, los nombres de países los ponemos nosotros los humanos. Y por lo tanto, son imperfectos. No son ciencias exactas.
Por ejemplo, ¿cuántos nombres tiene Alemania en distintos idiomas? Germany en inglés. Allemagne en francés. Tedesco en italiano, Nyemetz en ruso, etc., etc. Muy distintos al nombre oficial que los propios alemanes se dan: Deutschland.
Los nombres de países surgen por cuestiones históricas, con anécdotas, con hechos ilógicos a veces. Pero estos nombres se imponen por fuerza de uso. Por costumbre. Aunque no nos guste.
Habrá muchos que protesten por estas irregularidades. Pero la inmensa mayoría sigue las tradiciones, aunque estén incorrectas, por comodidad o pereza. Y es muy dificil hacenos cambiar .
¿Porqué los gringos se atrevieron a "usurpar" el nombre de América y tomarlo para ellos? Por principio, nadie se los prohibió. De hecho, nombrar "América" a cualquier país de este continente es algo natural. A cualquiera se le hubiera ocurrido.
¿Porqué? Porque era el nombre más usado por los europeos. Cuando un español decía "Voy a América" se refería a Nueva España (México). O al Río de la Plata, o a Perú o a la Gran Colombia, o a Cuba. Pero cuando un inglés decía "America" se refería a las colonias INGLESAS: Massachussetts, Nueva York, Nueva Jersey, Virginia, Carolinas, etc. O a Canadá.
Las trece colonias fundadoras de Estados Unidos no eran una unidad. Eran colonias separadas, como lo era Nueva España de la Gran Colombia, o el Río de la Plata, del Perú. Aunque pertenecieran a la misma corona.
Cuando estas trece colonias inglesas se independizaron de Inglaterra, decidieron convertirse en "Estados". Pero no en el sentido actual que conocemos, de "Provincia". Estado, en aquél tiempo, equivalía a "una unidad política que ocupa un territorio definido, con un gobierno organizado y soberanía interna y externa".
O sea, "Estado" equivalía a "País". Francia por ejemplo, era un estado. Igual España (o reino). En Italia habían Estados Pontificios, que eran unidades políticas independientes.
Esas trece colonias, como Estados independientes, decidieron unirse en una confederación. Y los padres fundadores de esa confederación (Thomas Jefferson, Benjamin Frankin, George Washington, etc.) le dieron un nombre lógico al nuevo país: Estados ("Entidades políticas") Unidos ("Conjuntados") de América (donde estaban ubicados).
En ese entonces, nadie más podía reclamar ese nombre, porque no habían otros países en América. Todos los demás éramos colonias. Los gringos se independizaron primero, en 1776, aunque Inglaterra lo reconoció hasta 1783.
Teóricamente, nosotros los hispanoamericanos no eramos "Americanos" en el sentido político del término, porque pertenecíamos a España. Éramos parte de Europa. De la misma manera que hoy en día, las colonias africanas y sudamericanas de Francia e Inglaterra ondean la bandera de la Unión Europea, aunque estén ubicadas a miles de kilómetros de Europa. De la misma manera que las colonias españolas de Ceuta, Melilla, y las Islas Canarias políticamente son Europa, aunque geográficamente sean África.
De hecho, llamar "América" al primer país independiente tiene cierto sentido. Los fundadores de Estados Unidos tenían ideas de libertad, democracia e independencia, que estaban seguros se iban a esparcir a todo el continente. Un poco romántico, dirán algunos. Un tanto arrogante dirán otros. Pero así pensaban.
Inclusive el propio padre José María Morelos y Pavón tuvo la misma inspiración que los norteamericanos, al mencionar a la Nueva España como la "América Septentrional". Más tarde, al redactarse la Constitución de Apatzingán, en 1813, se nombra al nuevo país "La América Mexicana".
Lo cierto es que, para entonces, los gringos ya tenían cuatro décadas de haber bautizado a su país "América".
Mucho más tarde, los mexicanos decidimos darle a nuestro país su nombre oficial: Estados Unidos Mexicanos... olvidándonos ya del "América".
"Pero no pueden llamar los gringos a su país 'América' porque así se llama el continente", me alegaba un amigo una vez. "Es confuso".
No es la primera vez que pasa. Por ejemplo, los ecuatorianos llaman a su país Ecuador, a pesar de que no es el único país que está en el Ecuador. Muchos otros países, como Brasil, el Congo, Guinea Ecuatorial, o Kenia podrían criticarlos y decirles que ellos son tan "ecuatorianos" como los sudamericanos.
Otro ejemplo: La Ciudad de México, el Estado de México y México, el país, comparten el mismo nombre. Y nadie se confunde (aunque a los del Edomex les digan "Mexiquenses" y a los del D.F. defeños, capitalinos o "chilangos", que para muchos suena feo).
De todas formas, decirle a los gringos "Americanos" está tan extendido en todo el mundo, que en muchos idiomas decir "América" equivale a decir "Estados Unidos". Y la gente de esas lenguas tiene otras palabras, muy distintas, para nombrar a Sudamérica, o Centroamérica.
Incluso el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española admite este significado como correcto. Si usted busca la palabra "Americano", le saldrán estas definiciones: "Natural de América. // Perteneciente o relativo a esta parte del mundo. // ESTADOUNIDENSE (aplícase a personas naturales de este país)."
(Con el perdón a la memoria del ilustre Nikito Nipongo.)
De hecho, los mismos americanos no siempre estuvieron del todo conformes con el término. Tanto, que se propusieron muchos otros nombres para el gentilicio del país. Entre ellos, se mencionaron: Appalacian (por los montes Apalaches), Colonican, Columbard, Columbian (por Colón), Frede, Fredonian, Nacirema, Pindosian (o Pindos), Statesider, Uesican, Uessian, Unisan, Unisian, United States American, United Stater, United Stateser, United Statesian, United Statesman, United Statian, USAian, U.S. American, Usan, USAn, Usanian, Usian, U-S-ian, Usonian y Washingtoniano, según cuenta la Wikipedia.
Por supuesto, ninguno de estos nombres prosperó. Y la gente siguió llamándolos "Americanos". Por costumbre.
A fin de cuentas, ¿para qué tanto borlote por reclamar el nombre de americanos para los mexicanos o latinoamericanos, o gringos? En primer lugar, el continente ni se debió llamar América, sino Colombia.
Fue otro error histórico, que se siguió usando por costumbre.
Ultimadamente usted puede decirles a los gringos como quiera. Americanos, gringos, pochos, gabachos, imperialistas, defensores del mundo libre, o como usted guste y mande, según sus opiniones políticas.
Es más, puede inventarles un nombre único. (De hecho, ya mucha gente de todo el mundo les da a los americanos otros nombres, muchos de ellos impublicables).
Yo por lo pronto, uso las palabras que sé que la gente me va a entender. Porque son las que todos usan, aunque a una minoría no le gusten. Así que para todo efecto práctico, "Americanos" son gringos.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

viernes, septiembre 09, 2005

Tras Katrina, de los escombros renacerá una nueva ciudad: ¿Nueva Orleanstitlán?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS, Texas — El anuncio salió este jueves, en periódicos en español del norte de Texas, como El Hispano News de Dallas.
Se leía así:
"TECHEROS: Buscamos socios / contratistas para formar nueva "Roofing Company" (Fabricante / Reparador de Techos). Tenemos mucho trabajo en Nueva Orleáns, Missisippi. Llame hoy...".
Y seguía a continuación un número de teléfono.
Este anunció salió a diez días de que Katrina destruyó Nueva Orleáns.
Uno de los mexicanos desplazados a Texas desde la zona de la catástrofe recibió hace días una llamada de su jefe: "Regrésate ya. Hay mucho trabajo por acá".
Quizá a usted estas anécdotas le parecerán demasiado precipitadas, ventajosas y hasta abusivas. Casi casi como de buitres que sobrevuelan un cadáver para sacarle las tripas aún estando tibio.
A la mejor.
Pero para otros la ocasión es "oportuna". De negocios, puramente.
La verdad es que sí se necesitan muchos brazos para reconstruir Nueva Orleáns. Ya. Desde ahora, ya están empleando gentes para mover escombros, quitar troncos y ramas, y en fin, comenzar la limpieza.
¿Quiénes cree usted que harán esos trabajos? ¿Quiénes hacen los trabajos duros, de limpieza y construcción en Estados Unidos?
Claro. Los inmigrantes. Los hispanos. Sobre todo, los mexicanos.
Y después de la limpieza, viene la reconstrucción. Nuestros paisanos, casualmente, ocupan el 80% de todos los puestos de la rama de construcción en Estados Unidos. Así de fácil.
La tarea será titánica. Y dejará millones de dólares en derrama económica en salarios.
La zona de Nueva Orleáns era mayoritariamente negra. Casi el 70% de la población de la ciudad era afro-americana. Y digo "era" porque todos están desplazados, en refugios o albergues en otras ciudades y estados.
Muchos de ellos quieren regresar, pero muchos, muchos otros ya dijeron que no lo harán.
En Dallas, este fin de semana, hubieron ferias de empleo, donde se veían cientos de hombres y mujeres afroamericanos llenando solicitudes. "El gobierno dice que no podremos regresar a Nueva Orleáns en un buen tiempo. Mientras tanto, necesitamos trabajar", comentó un solicitante de trabajo a un canal de TV local.
Katrina quizá causará, a la larga, una de las migraciones raciales más grandes en la historia de los Estados Unidos. Muchas familias negras echarán raíces en Texas, en Oklahoma, en Florida. Sus niños de hecho ya entraron a la escuela.
Estos estados tienen economías más grandes y pujantes que Louisiana. De hecho, aún antes del huracán, Nueva Orleáns ya estaba bastante empobrecida y sufría de pérdida de población.
Mientras los negros salen de Nueva Orleáns, en cambio, los mexicanos llegarán allá. A montones. A trabajar en la construcción. Habrá albañiles, carpinteros, techeros, choferes, y qué no.
Muchos de estos trabajadores seguramente se llevarán a sus familias, en cuanto la ciudad sea saneada.
La reconstrucción durará meses, sino es que años. Y cuando acabe, aún habrá trabajos para los que estén allí. Es una zona muy turística. Hay hoteles, casinos, restaurantes.
Y casualmente los hispanos también tenemos una importante presencia laboral en esos negocios.
De hecho, la necesidad de mano de obra ya fue reconocida por el gobierno federal. El Departamento de Seguridad Interna dió permiso a los empleadores de Nueva Orleáns que se "hagan de la vista gorda" a la hora de contratar trabajadores para la reconstrucción. O sea, permitirán a todos trabajar, sin importar que tengan papeles migratorios o no, por lo menos durante 45 días.
Incluso el reverendo Jesse Jackson ya advirtió al gobierno federal que los negros "deben tener prioridad" a la hora de dar trabajos de reconstrucción. Sabe que va a haber mucho dinero de por medio.
¿Le hará caso el gobierno? Quizá. La pregunta es saber si los trabajadores negros querrán volver.
Claro, muchas familias afro-americanas regresarán. Algunas a tratar de salvar lo que les queda de sus casas. Otras a vender sus terrenos. Otras a buscar trabajo y comenzar de nuevo en la tierra que fue de sus ancestros casi desde siempre.
De todas maneras, aún si los negros regresan en millones (lo cual no se duda) la presencia hispana será mayor, mucho mayor que antes.
¿Nueva Orleanstitlán? Tal vez. ¿Porqué no?
No dude que dentro de algunos años, la cultura afro-francesa que ha caracterizado a esa hermosa ciudad (muy parecida a mi Tampico hermoso, dicen) sea sazonada con el sabor latino de los inmigrantes que darán sus brazos y sudor para volverla a levantar. Como siempre lo han hecho.
OTRA VEZ, ¿TAMPOCO HABRÁ AMNISTÍA MIGRATORIA?
Pasó el 11 de septiembre de 2001. Los más de 11 millones de indocumentados en Estados Unidos ya acariciaban alguna reforma migratoria, que les diera papeles, cuando ¡zas! Los ataques terroristas cancelaron todo.
Millones de indocumentados latinoamericanos se quedaron "bailando".
Cuatro años después, cuando (¡ahora sí!) era casi seguro que el Congreso discutiría una reforma migratoria, ¡zas! La "Soldado Katrina" (como lo llamaron los de Al-Qaeda) llevó a cabo "su misión".
¿Qué pasará con la reforma migratoria? ¿Se discutirá? ¿Pasará? Ojalá. Pero lo dudamos.
Por lo pronto, el gobierno de George W. Bush ya se echó encima un problemón político con la nula y lentísima respuesta a las labores de rescate de las víctimas del huracán. Nadie sabía qué hacer. El presidente andaba norteado, se tardó tres días en darse cuenta de lo que pasaba. Condoleezza Rice, la secretaria de Estados (que debería haber coordinado los ofrecimientos de ayuda del extranjero) andaba de vacaciones, jugando tenis y de "shopping" comprando zapatos en Nueva York, hasta que una clienta la insultó y la mandó "a trabajar".
El vice-presidente Dick Cheney también andaba de vacaciones en Wyoming. Y casi toda la planilla de asesores y ayudantes presidenciales andaban en Grecia, en la boda de un amigo.
El asunto le costará muy caro políticamente hablando al presidente Bush. De hecho, algunos ya llaman a Katrina "la Mónica de Bush".
Por lo pronto, ya rodó la cabeza de Michael Brown, director de la Agencia de Emergencias, FEMA. (Días antes en Alabama, Bush había dicho públicamente: "Brownie, has hecho un trabajo excelente".
¿Con qué cara podrá ir el presidente a pedir una legalización migratoria ante el Congreso?
Mientras tanto, los millones de inmigrantes seguirán esperando. ¿Cuatro años más?
Si es que no ocurre otro desastre...
ACLARACIÓN
Agradecemos los numerosos correos recibidos de los lectores, respecto a la columna anterior. Recibimos mensajes de crítica y de apoyo, de censura y de felicitaciones, por igual, tanto de Aguascalientes, como del D.F., Tamaulipas y sobre todo, Yucatán.
Agradecemos el interés. Y pedimos disculpas si ofendimos a alguien, no fue nuestra intención. Lo único que expresamos fueron nuestras opiniones al respecto a la falta de ayuda concreta durante los primeros días de la tragedia. Y fue eso: Una opinión personal. Quizá contraria a la de muchos, quizá "equivocada" para otros, pero no por eso menos válida.
Por fortuna, la cosa ya ha cambiado, para bien. La ayuda va en camino o ya llegó. Aunque también es un hecho que se tardó bastante.
Aceptamos las críticas, y las recibimos con humildad, siempre que sean de manera civilizada y con argumentos. Esta comunicación directa con los lectores es lo que nos mantiene escribiendo. Hemos tratado de responderles a todos y cada uno de los que nos escribieron, pero aún no acabamos.
No somos perfectos. Somos perfectibles. Y siempre tratamos de mejorar, de enmendar errores. Si lo logramos o no, queda a juicio de los lectores. Pero de todas maneras, tengan por seguro que por ganas no queda.
Gracias
CFZapata

viernes, septiembre 02, 2005

¿Ya nadie se acuerda que los gringos siempre nos ayudan ante desastres?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Bueno, pues creo que el tema de esta semana no tiene vuelta de hoja: Las escenas espantosas de lo ocurrido en Nueva Orléans nos deja pensando muchas cosas.
Por principio, aunque uno no desea mal a nadie, pero... ¡Qué bueno que Katrina no pegó en México! ¿Se imagina lo que le hubiera hecho a Veracruz? ¿A Mérida? ¿A Tampico?
Y digo qué bueno, porque al pegar en Estados Unidos, por lo menos uno supone que, siendo el país más rico y poderoso de la tierra, estarán mejor capacitados que México para enfrentar una catástrofe así, ¿verdad?
Eso es lo que uno SUPONE. Lo malo es que lo que está pasando, y que todos vemos en la televisión, nos muestra otra realidad. Horrenda: Saqueos, gente muriendo sin recibir atención médica, niños pidiendo agua... y las autoridades sin darse a basto.
Podremos criticar al gobierno de George W. Bush por su artrítica respuesta. Podemos echarle la culpa a la Guardia Civil, a la guerra en Irak, a los republicanos, qué sé yo. Lo cierto es que ningún gobierno del planeta está preparado para evacuar a una ciudad de medio millón de habitantes en tres días.
¿Cuántos camiones se necesitan? ¿Cuántos aviones, cuántos helicópteros? Y una vez que los tenga, ¿cómo los hace llegar a una zona que ahorita ya es parte del Golfo de México? Las carreteras, o se inundaron o se cayeron.
Si no se puede sacar a la gente, ¿cómo llevarles comida? ¿Cómo sacar los miles de cadáveres que ya se han de estar pudriendo en las inundadas calles? Sin luz, sin comida. Sin ley.
Con todo, Estados Unidos tiene capacidad para salir adelante. Tiene el dinero, tiene la infraestructura, tiene el equipo necesario. Se va a tardar, claro, pero a la larga lo conseguirán.
Por eso repito: Dentro de lo menos peor, qué bueno que pasó acá y no en México, el Caribe o centroamérica.
Y precisamente tocando el tema: ¿Se fijaron cuánta ayuda han mandado los gobiernos de otros países a las víctimas de Katrina?
Qué bueno que se fijaron, porque hasta ahora yo no sé de ninguna.
Nada. Cero. Nothing.
Ahora, antes de que preparen sus municiones los antiamericanos que me leen (que son bastantes, a juzgar por las toneladas de insultos que recibo en el correo cada mes), hay que poner las cosas en perspectiva.
Si el huracán hubiera pegado en Tampico, mi rancho, por ejemplo... ¿Quiénes hubieran sido los primeros en enviar ayuda? ¿En enviar helicópteros? ¿En enviar comida, dinero, equipos de salvamento?
Aparte del gobierno de México, claro (y a la mejor ni eso).
Claro: Serían los gringos. Aunque nos duela reconocerlo.
Igual hubieran mandado ayuda si el desastre hubiera ocurrido en el Caribe (si Fidel aceptase la ayuda), en Honduras o en otra parte.
Lo han hecho muchas veces antes. Aún hoy en día, mucha gente mayor en Tampico, por ejemplo, se acuerda de la inundación causada por el huracán Hilda en 1955 (yo no, conste. Ni había nacido). Y siempre repiten cómo los gringos mandaron mucha ayuda, soldados, equipo.
Sobre todo, siempre cuentan cómo "los helicópteros gringos" rescataban gente atrapada en las azoteas, rodeadas de agua por todos lados.
¿Qué ayuda ha enviado México? ¿De perdido una cuadrilla de rescatistas? ¿Quizá los famosos "topos"? (A la mejor tienen una contraparte acuática, ¿las "nutrias"?)
¿Alguien se acuerda de la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial? Los gringos ayudaron mucho. Metieron gente, trabajo, dinero. ¿Se acuerda del Plan Marshall? ¿De la reconstrucción de Japón?
¿Qué, ya nadie se acuerda?
¿Cuántas cuadrillas de rescate han mandado Francia, o Inglaterra?
Yo sé que me dirán: "Pero es que Estados Unidos es el país más rico de todos. ¿Porqué lo vamos a ayudar? Ellos tienen más recursos que nosotros, pobres mexicanos. Se pueden ayudar ellos mismos."
Quizá sea cierto. Pero este caso no es asunto de dinero, sino de DISPOSICIÓN. De un mínimo sentido recíproco de apoyo, como seres humanos. De solidaridad.
Todos sabemos que si México manda ayuda en una lancha de las nuestras, o un helicóptero viejito, quizá parezcan dinosaurios al lado de los súper anfibios de la U.S. Navy, los Guardacostas y The Army.
Pero lo que importa es la presencia. El gesto de apoyo. No los fierros ni las llantas.
Y seguro que ahorita hay miles de personas en Nueva Orléans que verían con esperanza y agradecimiento cualquier vehículo que trajera ayuda, portando la bandera de México.
Aunque sólo repartieran tacos, en una carreta jalada por burros.
Y no, pese a lo que usted piense, en este caso no son gringos imperialistas los que piden ayuda. Son niños con hambre. Ancianos exhaustos. Mujeres desesperadas. Hombres abatidos.
Gente que no tiene nada.
Y para los que aún tengan dudas, si les hace sentir mejor saberlo, la mayoría son negros. O blancos pobres. Son gente amolada, que no pudo salir a tiempo. Los "gringos imperialistas", ésos capitalistas, dueños de corporaciones que "tienen a México sojuzgado", se salieron antes.
También hay muchos hispanos inmigrantes, casi todos centroamericanos o puertorriqueños. Y algunos mexicanos, claro.
Así, pues, puede tener la conciencia tranquila: El ayudar a estas víctimas no va a poner en tela de juicio sus principios ideológicos. Se lo aseguro.
Por lo pronto, nosotros ya estamos tratando de ayudar en lo que podamos. Mandando dinero. No mucho, pero ahí estamos.
Porque me acuerdo que fueron "ésos pinches gringos", como decía mi papá, los que acudieron a sacar gente de Tampico cuando más lo necesitamos. Por solidaridad humana.
La misma solidaridad que seguro nos volverá a demostrar Estados Unidos cuando a México le toque algún futuro Katrina.

POSTDATA: Este artículo fue escrito la mañana del viernes 2 de septiembre, cuando aún no se habían recibido ofrecimientos de ayuda de otros países a Estados Unidos, o Washington aún no había podido aceptarlas. En ese lapso las cosas han ido cambiaddo, y debemos aclarar que ya la ayuda internacional va en camino. Este el riesgo de cualquier periodista que escribe por adelantado. Sirva esto de aclaración, y de todas maneras asumimos cualquier responsabilidad por errores que pudieran haber en este escrito.