viernes, junio 24, 2005

Los gringos hispanos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

"Aplícate al estudio del idioma español con toda la asiduidad que puedas."
(Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, 1788)

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — La jovencita llegó silenciosamente a la oficina donde yo trabajaba, en Dallas. Yo, absorto en la computadora, apenas la noté.
Era delgada, muy delgada. Tenía como veintidós años, y el pelo rubio lo llevaba recogido en un severo chongo que contrastaba con su sonrisita de niña buena. Sus ojitos azulísimos chispeaban detrás de unos anteojos casi de juguete.
Volteé a verla. El evento lo ameritaba (Comprenderán que no es cosa de todos los días que entren gringuitas a mi oficina. Más bien estoy acostumbrado a que salgan corriendo de ella en cuanto me ven la carota).
Por unos segundos, no supe qué decir. En un arranque de inspiración, se me ocurrió la palabra ideal para estos casos: "Hello!"
La muchachita me volvió a sonreír, pero frunció el ceño.
"Bouuuuenos deeeas!", me saludó en un lenguaje que me sonó a klingon.
¿O sería ruso? ¿Alemán?
Tardé unos momentos en darme cuenta de que era... ¡Español!
(O al menos eso creía ella.)
Pensé: "Esta me ve cara de paisanón. ¿Qué se cree? Mi inglés es mejor que su español".
A mí no me iba a ganar en cosmopolitismo.
Muchos gringos sufren miserablemente cuando tratan de tartamudear otro idioma. Cuando alguien les habla en inglés es como si les tiraran un salvavidas, y se aferran a él con pasión.
Quise salvar a esta nena. Levanté las manos y le ofrecí: "I can speak English".
Pero ella negó con la cabeza.
Al contrario. Insistió: "Pourrrr favouuurr... En españoul".
Al notar mi cara de signo de interrogación, ella continuó: "Es que... quierrouuu prracticarr mi españoul, si nou le molesta".
Entonces dijo la frase que me desarmó:
"Pour favourr... Ténme paciencia".
La muchachita venía a vendernos un sistema de internet de alta velocidad. Y aprovechó la oportunidad de ir a una empresa de hispanos para... ¡practicar su español!
Y lo hacía con mucho entusiasmo. Su acento era espantoso (casi como el inglés champurreado de su seguro servidor), pero se notaba que había estudiado español por inciativa propia. No había burla ni conmiseración hacia nosotros, pobres inmigrantes, sino humildad y hasta necesidad de aprender más.
Estados Unidos está en estos momentos en un debate nacional en el que el tema principal somos nosotros, los inmigrantes. Pero uno de los puntos más controversiales, es precisamente nuestro idioma, el español.
Muchos extremistas de derecha ven en nuestra lengua una amenaza peor que nuestra misma presencia física. Para ellos, todo aquél que no hable inglés está mal, debería ser encarcelado (o enviado de regreso por donde vino) o por lo menos confinado en Guantánamo hasta que aprenda a "hablar como Dios manda". (Léase: En inglés.)
La prensa se da vuelo con esta clase de noticias. Y a ratos nos hace pensar que de verdad Estados Unidos corre el riesgo de balcanizarse por culpa de nosotros, los que no tuvimos la "fortuna" de nacer en inglés. (??!!!)
Pero un punto queda siempre olvidado: ¿Qué pasa con aquellos que hablan —o quieren aprender— español... y no son inmigrantes?
Me refiero a los gringos "puros", esos "All-American Boys and Girls", tan americanos como el pay de manzana... y que hablan... ¿Español?
Porque, aunque no lo crea, sí los hay.
Año con año, son más y más las familias norteamericanas que mueven cielo, mar y tierra para conseguir lo que a muchos les causa fuchi: Que sus hijos aprendan español.
Que se vuelvan bilingües. Que entiendan y disfruten tanto a Shakespeare como a Cervantes en sus idiomas nativos. Que se entiendan los chistes de Friends o El Chapulín Colorado sin subtítulos y que consigan pasar de un idioma a otro como si se cambiaran de camisa.
Yo los llamo los "gringos hispanos".
Ya son bastantes. Y cada vez son más.
Tómese el caso de la familia de Mike y María (no sus verdaderos nombres). Él, gringo color pan crudo. Ella, mexicana, prietita y amable. Él la conoció en el mostrador de un aeropuerto, y se maravilló de cómo María atendía a clientes tanto en inglés como en español.
Se casaron, y al principio hubo confusión sobre qué idioma usar en la familia. Mike impuso una regla: Un día todos hablamos en inglés, y ál día siguiente todos hablamos en español.
Resultado: Las dos hijas que procrearon ahora entienden perfectamente ambos idiomas. Y Mike logró —mitad gracias a su esposa, mitad gracias a cursos— dominar el español con fluidez.
"Es importante para nosotros que las niñas no pierdan los dos idiomas. Los van a necesitar", comentaba María.
Mientras, Mike le recordaba a una de las niñas, a quien se le salió una palabra en inglés: "Hoy toca español".
La mayoría de la población de Estados Unidos aún es totalmente monolingüe en inglés. Y les tienen pavor a los que hablan otro idioma, cuando no desprecio.
La falta de contacto con otras culturas (como ocurre con los países europeos) los ha hecho temerosos a escuchar palabras que no puedan entender. Sobre todo si son en español.
Se sienten fuera del lugar en un mundo que habla dos o más idiomas todos los dias. Incluso hay quienes se quejan porque no los contratan porque no hablan español... ¡en su propio país!
Pero muchos otros están abrazando el bilingüismo con un fervor casi como de tarea. Por iniciativa propia.
Tom, mi amigo gringo, me decía: "Fernandouu, yo quierrou aprenderr español... ¡Y tú vas a ayudarrrme!"
(El pobre nunca pudo pasar de algunas frases. Pero por entusiasmo no quedaba).
Este cambio tomó por sorpresa a Mariana, una anciana sirvienta mexicana que recuerda que cuando llegó a Estados Unidos, de jovencita, sus patrones la regañaban por hablar español.
"Ahora todos los patrones me imploran: 'Mariana, por favor, háblales en español a mis hijos, para que lo aprendan... ", recordaba la mujer. "¡Cómo han cambiado los tiempos!"
En un pueblito cercano a Fort Worth, Texas, a un supervisor municipal se le ocurrió contratar una empresa de asesoría para que les diera cursos básicos de español a los bomberos. Como habían muchos casos de emergencias entre la población inmigrante, a los bomberos se les hacía muy difícil comunicarse con ellos.
Pero, ¿los bomberos estarían de acuerdo?
No nada más estuvieron de acuerdo: Los apagafuegos (todos anglosajones y negros) se entusiasmaron tanto con la enseñanza de español, que hicieron una colecta entre ellos para pagar clases extra de perfeccionamiento del idioma.
"No es un lujo, para nosotros el español es como una herramienta de trabajo", explicaba un comandante.
Los antiinmigrantes de inmediato protestan por casos como éste, y gritan que está mal, que deberíamos de ser NOSOTROS los inmigrantes los que deben aprender inglés, y no los americanos español.
Quizá tienen razón, lo admito. Pero la presencia de latinoamericanos en este país ha provocado que los norteamericanos también descubran el placer que implica conocer otros idiomas, y otras culturas, algo que tenían olvidado desde hacía años.
"¿Tiene alguien por allí algún libro en español que me puedan vender? ", era la solicitud de una joven mujer americana, cuando llegó a un círculo de aprendizaje del español en Texas.
Era una profesionista con un niño de dos años, a quien cuidaba de tiempo completo de momento. Y entre sus prioridades estaba hacerlo totalmente bilingüe.
Y tomaba la misión con toda la seriedad que amerita: Le videogrababa a su bebé cuanto programa de caricaturas en español pescaba en el satélite, desde Plaza Sésamo hasta películas infantiles. A las librerías llegaba arrasando con cuanto libro para niños en español que hallaba,
"Supe que, entre más pronto se exponga a un niño a otro idioma, menos problemas tendrá para volverse totalmente bilingüe, sin acentos", explicaba.
Estas son anécdotas particulares. Pero a nivel nacional, las estadísticas son más demoledoras: Según el diario USA Today, el Departamento de Educación estima que más de una cuarta parte de los más de 13 millones de alumnos de High School en Estados Unidos estudian el idioma español. O sea casi 3 y medio millones.
El segundo idioma en importancia es el francés, pero muy lejos: 1 millón de estudiantes lo aprendía, mientras que el alemán lo tomaban 326,000 estudiantes.
Lo irónico es que, mientras las estadísticas muestran que, para la tercera o cuarta generación los hispanos ya casi perdimos el idioma español, en cambio cada vez más gringos lo quieren aprender. Quizá ellos sean los que mantengan vivo el idioma en el futuro, y no nosotros.
Muchos americanos temen que Estados Unidos se vaya a volver un país bilingüe, como Canadá, donde dicen que hay tantas broncas por culpa del francés, impuesto a la fuerza.
Yo diría: Estados Unidos YA ES un país bilingüe. Y a diferencia de Canadá, no por imposición, sino por iniciativa de su propia gente.

Email: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

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