sábado, junio 18, 2005

¿Le negaron la visa a Estados Unidos? Ni modo: Ellos son los dueños de la casa

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Néstor es un profesor que trabajaba como colaborador en un periódico en el que yo también trabajé. Además, Néstor tenía un empleo como agrónomo y es buen amigo.
Un día se le ocurrió ir de visita a Estados Unidos. Y para eso, debía pedir una visa.
Cuenta un amigo común, que lo acompañó al consulado, que Néstor se esmeró en juntar todos sus documentos. Sacó copias de todo, preparó su expediente, y pagó las tarifas que le pidieron.
Hizo fila el día de la cita, como todos, y se presentó a la ventanilla del consulado de Estados Unidos. Le hicieron las preguntas de rigor, y le pidieron sus documentos.
Tenía todo. Bueno, casi.
"Necesitamos un comprobante de domicilio", le informaron.
Néstor buscó entre sus carpetas. Entregó un recibo de luz.
El empleado preguntó:
"¿Es este su domicilio actual?".
No lo era. Bueno, sí. Lo que pasa es que Néstor había pasado por un divorcio. Esa dirección era de la casa en que ahora vivía su ex esposa. Él trabajaba en otra ciudad, en otro estado, alejado. Vivía con amigos.
La del recibo era la única dirección "formal" que tenía de momento.
El empleado del consulado fue tajante: "No se puede hacer nada".
Así, sin más, le negaron la visa.
No valieron explicaciones. No valieron muestras de otros documentos, de ingresos, de trayectoria laboral. Nada. La decisión era terminante: No le iban a dar la visa. Punto.
Bastó menos de un minuto para decidir.
Néstor se indignó. ¿Acaso pensaban que se quería quedar de 'mojado' en Estados Unidos?
En un arranque de ira, tomó los documentos y se los aventó en la ventanilla al funcionario: "¡Pues ni quien quiera ir a su país!", cuenta mi amigo que gritó, antes de salir colérico de la oficina.
Dejando de lado la escenita de Néstor, cualquiera conoce o ha sabido de casos similares de rechazo de parte de funcionarios consulares americanos. Es muy común en todo el mundo que les nieguen la visa americana a extranjeros, sobre todo en México.
Día a día, después del 11 de septiembre de 2001, los consulados y embajadas americanas de todo el mundo se han puesto más estrictos con los requisitos para solicitar visa.
(Lo más duro es tener que pagar los como 100 dólares por solicitud, sin que le den garantía de que al final le van a dar la visa. Y si se la niegan, el dinero no es reembolsable.)
Más aún, a pesar de que a usted le vaya bien, y le den la visa, ésta no es garantía de que lo dejarán entrar a Estados Unidos. Ahí, en letras pequeñas pero muy claras, el sello dice que la autorización para entrar o no es "a discreción del agente de Inmigración que lo reciba en el puerto de entrada".
"A discreción". Esa frase significa que, en la frontera, aeropuerto o cruce, el agente de inmigración es el amo absoluto de su destino. Él y sólo él decidirá si le hace válida la visa y lo deja entrar, o le niega el paso y hasta le puede quitar o cancelar el documento que tanto le costó sacar.
No importa que usted proteste, se enoje, o patalee: Si el agente sospecha que usted es "persona non grata", nomás no lo deja pasar. Así nomás.
(Y ni se le ocurra aventarle los papeles en la cara, como Néstor, ya que terminaría con sus huesitos en la cárcel. Lo pueden acusar de atentar contra la integridad física de un agente federal.)
"¡Pero esto es injusto, qué bárbaro, cómo pueden permitir que un agente decida 'por los suyos' si te da la visa o no!", protestaba un hermano mío, en una reciente visita a México el mes pasado, mientras discutíamos el asunto.
La misma opinión la escuché de varios amigos allá: "Se han puesto muy sangrones", se quejaba otra persona, al referirse a los agentes y empleados del consulado. "No deberían ser así".
En síntesis: Los mexicanos estamos de acuerdo en que los empleados del gobierno americano deberían ser más "humanos" con los extranjeros que pedimos solamente entrar.
"Si no vamos a robar, vamos de vacaciones nada más, a dejar dinero", se quejaba otro amigo. "Ni que fuéramos 'mojados'".
Al escuchar estas opiniones, confieso que estoy de acuerdo, en principio. No sólo respecto a que los funcionarios consulares deberían ser más 'humanos', sino que TODO burócrata, de CUALQUIER país debería ser más humano, y considerado con nosotros, pobres mortales que necesitamos de ellos a veces. Incluídos —especialmente— los burócratas mexicanos.
Estoy de acuerdo: El hecho de que la ley americana especifique que el ser admitido o no en Estados Unidos es totalmente a "discreción" del agente es un poco vago, y hasta "injusto". Se presta a muchas interpretaciones. Interpretaciones que pueden llevar a arbitrariedades.
¿Qué tal, por ejemplo, si un día un agente se levante de malas, y le caigamos mal, sin deberla ni temerla? Nos va a mandar por un tubo. Y como todo está a "discreción" de él, no importa que traigamos todos los documentos, y hasta la carta a Santa Claus. No nos autoriza y ya. Se nos acabó la ilusión.
No es justo, cierto. Pero es una realidad. Y hay que aceptarla.
Pero una cosa es lo que queremos, y otra la realidad. Desafortunadamente.
Por principio, hay que entender que la misión de los funcionarios del consulado no es darle a usted o a mí, como extranjeros, una visa. Al contrario: Su trabajo es precisamente NEGARLA.
Los funcionarios del consulado no fueron contratados de mayordómos, para ponerte el tapete de "Welcome" y darte todas las facilidades para entrar a su país. Al contrario: Ellos son filtros. Su trabajo es NO dejar pasar. Si no a todos, por lo menos a los menos posibles.
Si no, ¿para qué los contratan? Si les van a dar visa a todos, mejor que abran la frontera y ya. Se ahorrarían una lanota en salarios y rentas.
"Oye, pero es que cometen injusticias, niegan visas a diestra y siniestra", fue la respuesta de mi gente en México.
Claro. Es injusto. ¿Que no debería ser así? Quizá. Pero así es.
¿Que los americanos se benefician en su economía con nuestras visitas, con nuestra emigración, con nuestra fuerza de trabajo? Totalmente de acuerdo.
Pero muchos de los electores americanos no piensan igual. Y ellos son los que votan.
(Al contrario, si por el votante americano fuera, muchos de ellos preferirían que se cerrara la frontera y no dejaran entrar a nadie más, especialmente mexicanos. Son opiniones quizá ignorantes, y cerradas, pero a la mejor muchos de nosotros en México pensaríamos igual si nos piden que dejemos entrar sin visa a guatemaltecos, hondureños o árabes).
Un abogado de inmigración en Estados Unidos me puso una vez bien clara la situación:
"Mira, nosotros los inmigrantes tenemos la idea de que entrar a Estados Unidos es un derecho. Que darnos una visa es obligación de los funcionarios consulares. Y no es así".
"Nosotros somos extranjeros. No es un derecho, al contrario: Es un privilegio".
Que le den una visa a usted o a mí es como si nos invitaran a entrar a una casa ajena. El dueño y solo el dueño tiene la última palabra sobre a quién deja entrar. Al cabo es su casa.
Nos guste o no, así es. El dueño decide. Por "los suyos". Sin darnos explicaciones.
Igual actúa México con los extranjeros: Los mexicanos dejamos entrar a quien nos da la gana. Y a los que no, ni modo: Los deportamos.
(Muchos centroamericanos y sudamericanos le podrán explicar mejor que yo las de Caín que han pasado con Inmigración mexicana.)
Así que cuando vaya a solicitar su visa ante un consulado americano, respire profundo. No repele, no se pelee. No se frustre. No es bueno para su salud, y causa úlceras. Enojarse no resuelve nada.
Mejor junte todos sus papeles. Lleve todo lo que le pidan. Prepárese con tiempo. Llegue puntual a la cita, y no haga escándalo.
Pero no espere buenas noticias. No espere que ese funcionario detrás de la ventanilla sea su amigo: No lo es. No espere que "le haga la balona".
Las personas detrás de esa ventanilla, de ese escritorio, solo hacen su trabajo. Y tomarán su decisión, nos guste o no.
Es más, no espere nada de ellos. O mejor aún: Espere lo peor. Estése preparado para que le nieguen la visa. Si se la dan, qué bueno, será una agradable sorpresa. Y si no, pues de todas maneras ya estaba preparado, por si acaso. La decepción será menos dolorosa.
Aunque pagar 100 dólares por nada, a cualquiera nos duele, cierto. Pero ni modo. Los dueños de la casa son ELLOS, no NOSOTROS.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

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