viernes, junio 24, 2005

Los gringos hispanos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

"Aplícate al estudio del idioma español con toda la asiduidad que puedas."
(Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, 1788)

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — La jovencita llegó silenciosamente a la oficina donde yo trabajaba, en Dallas. Yo, absorto en la computadora, apenas la noté.
Era delgada, muy delgada. Tenía como veintidós años, y el pelo rubio lo llevaba recogido en un severo chongo que contrastaba con su sonrisita de niña buena. Sus ojitos azulísimos chispeaban detrás de unos anteojos casi de juguete.
Volteé a verla. El evento lo ameritaba (Comprenderán que no es cosa de todos los días que entren gringuitas a mi oficina. Más bien estoy acostumbrado a que salgan corriendo de ella en cuanto me ven la carota).
Por unos segundos, no supe qué decir. En un arranque de inspiración, se me ocurrió la palabra ideal para estos casos: "Hello!"
La muchachita me volvió a sonreír, pero frunció el ceño.
"Bouuuuenos deeeas!", me saludó en un lenguaje que me sonó a klingon.
¿O sería ruso? ¿Alemán?
Tardé unos momentos en darme cuenta de que era... ¡Español!
(O al menos eso creía ella.)
Pensé: "Esta me ve cara de paisanón. ¿Qué se cree? Mi inglés es mejor que su español".
A mí no me iba a ganar en cosmopolitismo.
Muchos gringos sufren miserablemente cuando tratan de tartamudear otro idioma. Cuando alguien les habla en inglés es como si les tiraran un salvavidas, y se aferran a él con pasión.
Quise salvar a esta nena. Levanté las manos y le ofrecí: "I can speak English".
Pero ella negó con la cabeza.
Al contrario. Insistió: "Pourrrr favouuurr... En españoul".
Al notar mi cara de signo de interrogación, ella continuó: "Es que... quierrouuu prracticarr mi españoul, si nou le molesta".
Entonces dijo la frase que me desarmó:
"Pour favourr... Ténme paciencia".
La muchachita venía a vendernos un sistema de internet de alta velocidad. Y aprovechó la oportunidad de ir a una empresa de hispanos para... ¡practicar su español!
Y lo hacía con mucho entusiasmo. Su acento era espantoso (casi como el inglés champurreado de su seguro servidor), pero se notaba que había estudiado español por inciativa propia. No había burla ni conmiseración hacia nosotros, pobres inmigrantes, sino humildad y hasta necesidad de aprender más.
Estados Unidos está en estos momentos en un debate nacional en el que el tema principal somos nosotros, los inmigrantes. Pero uno de los puntos más controversiales, es precisamente nuestro idioma, el español.
Muchos extremistas de derecha ven en nuestra lengua una amenaza peor que nuestra misma presencia física. Para ellos, todo aquél que no hable inglés está mal, debería ser encarcelado (o enviado de regreso por donde vino) o por lo menos confinado en Guantánamo hasta que aprenda a "hablar como Dios manda". (Léase: En inglés.)
La prensa se da vuelo con esta clase de noticias. Y a ratos nos hace pensar que de verdad Estados Unidos corre el riesgo de balcanizarse por culpa de nosotros, los que no tuvimos la "fortuna" de nacer en inglés. (??!!!)
Pero un punto queda siempre olvidado: ¿Qué pasa con aquellos que hablan —o quieren aprender— español... y no son inmigrantes?
Me refiero a los gringos "puros", esos "All-American Boys and Girls", tan americanos como el pay de manzana... y que hablan... ¿Español?
Porque, aunque no lo crea, sí los hay.
Año con año, son más y más las familias norteamericanas que mueven cielo, mar y tierra para conseguir lo que a muchos les causa fuchi: Que sus hijos aprendan español.
Que se vuelvan bilingües. Que entiendan y disfruten tanto a Shakespeare como a Cervantes en sus idiomas nativos. Que se entiendan los chistes de Friends o El Chapulín Colorado sin subtítulos y que consigan pasar de un idioma a otro como si se cambiaran de camisa.
Yo los llamo los "gringos hispanos".
Ya son bastantes. Y cada vez son más.
Tómese el caso de la familia de Mike y María (no sus verdaderos nombres). Él, gringo color pan crudo. Ella, mexicana, prietita y amable. Él la conoció en el mostrador de un aeropuerto, y se maravilló de cómo María atendía a clientes tanto en inglés como en español.
Se casaron, y al principio hubo confusión sobre qué idioma usar en la familia. Mike impuso una regla: Un día todos hablamos en inglés, y ál día siguiente todos hablamos en español.
Resultado: Las dos hijas que procrearon ahora entienden perfectamente ambos idiomas. Y Mike logró —mitad gracias a su esposa, mitad gracias a cursos— dominar el español con fluidez.
"Es importante para nosotros que las niñas no pierdan los dos idiomas. Los van a necesitar", comentaba María.
Mientras, Mike le recordaba a una de las niñas, a quien se le salió una palabra en inglés: "Hoy toca español".
La mayoría de la población de Estados Unidos aún es totalmente monolingüe en inglés. Y les tienen pavor a los que hablan otro idioma, cuando no desprecio.
La falta de contacto con otras culturas (como ocurre con los países europeos) los ha hecho temerosos a escuchar palabras que no puedan entender. Sobre todo si son en español.
Se sienten fuera del lugar en un mundo que habla dos o más idiomas todos los dias. Incluso hay quienes se quejan porque no los contratan porque no hablan español... ¡en su propio país!
Pero muchos otros están abrazando el bilingüismo con un fervor casi como de tarea. Por iniciativa propia.
Tom, mi amigo gringo, me decía: "Fernandouu, yo quierrou aprenderr español... ¡Y tú vas a ayudarrrme!"
(El pobre nunca pudo pasar de algunas frases. Pero por entusiasmo no quedaba).
Este cambio tomó por sorpresa a Mariana, una anciana sirvienta mexicana que recuerda que cuando llegó a Estados Unidos, de jovencita, sus patrones la regañaban por hablar español.
"Ahora todos los patrones me imploran: 'Mariana, por favor, háblales en español a mis hijos, para que lo aprendan... ", recordaba la mujer. "¡Cómo han cambiado los tiempos!"
En un pueblito cercano a Fort Worth, Texas, a un supervisor municipal se le ocurrió contratar una empresa de asesoría para que les diera cursos básicos de español a los bomberos. Como habían muchos casos de emergencias entre la población inmigrante, a los bomberos se les hacía muy difícil comunicarse con ellos.
Pero, ¿los bomberos estarían de acuerdo?
No nada más estuvieron de acuerdo: Los apagafuegos (todos anglosajones y negros) se entusiasmaron tanto con la enseñanza de español, que hicieron una colecta entre ellos para pagar clases extra de perfeccionamiento del idioma.
"No es un lujo, para nosotros el español es como una herramienta de trabajo", explicaba un comandante.
Los antiinmigrantes de inmediato protestan por casos como éste, y gritan que está mal, que deberíamos de ser NOSOTROS los inmigrantes los que deben aprender inglés, y no los americanos español.
Quizá tienen razón, lo admito. Pero la presencia de latinoamericanos en este país ha provocado que los norteamericanos también descubran el placer que implica conocer otros idiomas, y otras culturas, algo que tenían olvidado desde hacía años.
"¿Tiene alguien por allí algún libro en español que me puedan vender? ", era la solicitud de una joven mujer americana, cuando llegó a un círculo de aprendizaje del español en Texas.
Era una profesionista con un niño de dos años, a quien cuidaba de tiempo completo de momento. Y entre sus prioridades estaba hacerlo totalmente bilingüe.
Y tomaba la misión con toda la seriedad que amerita: Le videogrababa a su bebé cuanto programa de caricaturas en español pescaba en el satélite, desde Plaza Sésamo hasta películas infantiles. A las librerías llegaba arrasando con cuanto libro para niños en español que hallaba,
"Supe que, entre más pronto se exponga a un niño a otro idioma, menos problemas tendrá para volverse totalmente bilingüe, sin acentos", explicaba.
Estas son anécdotas particulares. Pero a nivel nacional, las estadísticas son más demoledoras: Según el diario USA Today, el Departamento de Educación estima que más de una cuarta parte de los más de 13 millones de alumnos de High School en Estados Unidos estudian el idioma español. O sea casi 3 y medio millones.
El segundo idioma en importancia es el francés, pero muy lejos: 1 millón de estudiantes lo aprendía, mientras que el alemán lo tomaban 326,000 estudiantes.
Lo irónico es que, mientras las estadísticas muestran que, para la tercera o cuarta generación los hispanos ya casi perdimos el idioma español, en cambio cada vez más gringos lo quieren aprender. Quizá ellos sean los que mantengan vivo el idioma en el futuro, y no nosotros.
Muchos americanos temen que Estados Unidos se vaya a volver un país bilingüe, como Canadá, donde dicen que hay tantas broncas por culpa del francés, impuesto a la fuerza.
Yo diría: Estados Unidos YA ES un país bilingüe. Y a diferencia de Canadá, no por imposición, sino por iniciativa de su propia gente.

Email: cfzap@yahoo.com
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sábado, junio 18, 2005

¿Le negaron la visa a Estados Unidos? Ni modo: Ellos son los dueños de la casa

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Néstor es un profesor que trabajaba como colaborador en un periódico en el que yo también trabajé. Además, Néstor tenía un empleo como agrónomo y es buen amigo.
Un día se le ocurrió ir de visita a Estados Unidos. Y para eso, debía pedir una visa.
Cuenta un amigo común, que lo acompañó al consulado, que Néstor se esmeró en juntar todos sus documentos. Sacó copias de todo, preparó su expediente, y pagó las tarifas que le pidieron.
Hizo fila el día de la cita, como todos, y se presentó a la ventanilla del consulado de Estados Unidos. Le hicieron las preguntas de rigor, y le pidieron sus documentos.
Tenía todo. Bueno, casi.
"Necesitamos un comprobante de domicilio", le informaron.
Néstor buscó entre sus carpetas. Entregó un recibo de luz.
El empleado preguntó:
"¿Es este su domicilio actual?".
No lo era. Bueno, sí. Lo que pasa es que Néstor había pasado por un divorcio. Esa dirección era de la casa en que ahora vivía su ex esposa. Él trabajaba en otra ciudad, en otro estado, alejado. Vivía con amigos.
La del recibo era la única dirección "formal" que tenía de momento.
El empleado del consulado fue tajante: "No se puede hacer nada".
Así, sin más, le negaron la visa.
No valieron explicaciones. No valieron muestras de otros documentos, de ingresos, de trayectoria laboral. Nada. La decisión era terminante: No le iban a dar la visa. Punto.
Bastó menos de un minuto para decidir.
Néstor se indignó. ¿Acaso pensaban que se quería quedar de 'mojado' en Estados Unidos?
En un arranque de ira, tomó los documentos y se los aventó en la ventanilla al funcionario: "¡Pues ni quien quiera ir a su país!", cuenta mi amigo que gritó, antes de salir colérico de la oficina.
Dejando de lado la escenita de Néstor, cualquiera conoce o ha sabido de casos similares de rechazo de parte de funcionarios consulares americanos. Es muy común en todo el mundo que les nieguen la visa americana a extranjeros, sobre todo en México.
Día a día, después del 11 de septiembre de 2001, los consulados y embajadas americanas de todo el mundo se han puesto más estrictos con los requisitos para solicitar visa.
(Lo más duro es tener que pagar los como 100 dólares por solicitud, sin que le den garantía de que al final le van a dar la visa. Y si se la niegan, el dinero no es reembolsable.)
Más aún, a pesar de que a usted le vaya bien, y le den la visa, ésta no es garantía de que lo dejarán entrar a Estados Unidos. Ahí, en letras pequeñas pero muy claras, el sello dice que la autorización para entrar o no es "a discreción del agente de Inmigración que lo reciba en el puerto de entrada".
"A discreción". Esa frase significa que, en la frontera, aeropuerto o cruce, el agente de inmigración es el amo absoluto de su destino. Él y sólo él decidirá si le hace válida la visa y lo deja entrar, o le niega el paso y hasta le puede quitar o cancelar el documento que tanto le costó sacar.
No importa que usted proteste, se enoje, o patalee: Si el agente sospecha que usted es "persona non grata", nomás no lo deja pasar. Así nomás.
(Y ni se le ocurra aventarle los papeles en la cara, como Néstor, ya que terminaría con sus huesitos en la cárcel. Lo pueden acusar de atentar contra la integridad física de un agente federal.)
"¡Pero esto es injusto, qué bárbaro, cómo pueden permitir que un agente decida 'por los suyos' si te da la visa o no!", protestaba un hermano mío, en una reciente visita a México el mes pasado, mientras discutíamos el asunto.
La misma opinión la escuché de varios amigos allá: "Se han puesto muy sangrones", se quejaba otra persona, al referirse a los agentes y empleados del consulado. "No deberían ser así".
En síntesis: Los mexicanos estamos de acuerdo en que los empleados del gobierno americano deberían ser más "humanos" con los extranjeros que pedimos solamente entrar.
"Si no vamos a robar, vamos de vacaciones nada más, a dejar dinero", se quejaba otro amigo. "Ni que fuéramos 'mojados'".
Al escuchar estas opiniones, confieso que estoy de acuerdo, en principio. No sólo respecto a que los funcionarios consulares deberían ser más 'humanos', sino que TODO burócrata, de CUALQUIER país debería ser más humano, y considerado con nosotros, pobres mortales que necesitamos de ellos a veces. Incluídos —especialmente— los burócratas mexicanos.
Estoy de acuerdo: El hecho de que la ley americana especifique que el ser admitido o no en Estados Unidos es totalmente a "discreción" del agente es un poco vago, y hasta "injusto". Se presta a muchas interpretaciones. Interpretaciones que pueden llevar a arbitrariedades.
¿Qué tal, por ejemplo, si un día un agente se levante de malas, y le caigamos mal, sin deberla ni temerla? Nos va a mandar por un tubo. Y como todo está a "discreción" de él, no importa que traigamos todos los documentos, y hasta la carta a Santa Claus. No nos autoriza y ya. Se nos acabó la ilusión.
No es justo, cierto. Pero es una realidad. Y hay que aceptarla.
Pero una cosa es lo que queremos, y otra la realidad. Desafortunadamente.
Por principio, hay que entender que la misión de los funcionarios del consulado no es darle a usted o a mí, como extranjeros, una visa. Al contrario: Su trabajo es precisamente NEGARLA.
Los funcionarios del consulado no fueron contratados de mayordómos, para ponerte el tapete de "Welcome" y darte todas las facilidades para entrar a su país. Al contrario: Ellos son filtros. Su trabajo es NO dejar pasar. Si no a todos, por lo menos a los menos posibles.
Si no, ¿para qué los contratan? Si les van a dar visa a todos, mejor que abran la frontera y ya. Se ahorrarían una lanota en salarios y rentas.
"Oye, pero es que cometen injusticias, niegan visas a diestra y siniestra", fue la respuesta de mi gente en México.
Claro. Es injusto. ¿Que no debería ser así? Quizá. Pero así es.
¿Que los americanos se benefician en su economía con nuestras visitas, con nuestra emigración, con nuestra fuerza de trabajo? Totalmente de acuerdo.
Pero muchos de los electores americanos no piensan igual. Y ellos son los que votan.
(Al contrario, si por el votante americano fuera, muchos de ellos preferirían que se cerrara la frontera y no dejaran entrar a nadie más, especialmente mexicanos. Son opiniones quizá ignorantes, y cerradas, pero a la mejor muchos de nosotros en México pensaríamos igual si nos piden que dejemos entrar sin visa a guatemaltecos, hondureños o árabes).
Un abogado de inmigración en Estados Unidos me puso una vez bien clara la situación:
"Mira, nosotros los inmigrantes tenemos la idea de que entrar a Estados Unidos es un derecho. Que darnos una visa es obligación de los funcionarios consulares. Y no es así".
"Nosotros somos extranjeros. No es un derecho, al contrario: Es un privilegio".
Que le den una visa a usted o a mí es como si nos invitaran a entrar a una casa ajena. El dueño y solo el dueño tiene la última palabra sobre a quién deja entrar. Al cabo es su casa.
Nos guste o no, así es. El dueño decide. Por "los suyos". Sin darnos explicaciones.
Igual actúa México con los extranjeros: Los mexicanos dejamos entrar a quien nos da la gana. Y a los que no, ni modo: Los deportamos.
(Muchos centroamericanos y sudamericanos le podrán explicar mejor que yo las de Caín que han pasado con Inmigración mexicana.)
Así que cuando vaya a solicitar su visa ante un consulado americano, respire profundo. No repele, no se pelee. No se frustre. No es bueno para su salud, y causa úlceras. Enojarse no resuelve nada.
Mejor junte todos sus papeles. Lleve todo lo que le pidan. Prepárese con tiempo. Llegue puntual a la cita, y no haga escándalo.
Pero no espere buenas noticias. No espere que ese funcionario detrás de la ventanilla sea su amigo: No lo es. No espere que "le haga la balona".
Las personas detrás de esa ventanilla, de ese escritorio, solo hacen su trabajo. Y tomarán su decisión, nos guste o no.
Es más, no espere nada de ellos. O mejor aún: Espere lo peor. Estése preparado para que le nieguen la visa. Si se la dan, qué bueno, será una agradable sorpresa. Y si no, pues de todas maneras ya estaba preparado, por si acaso. La decepción será menos dolorosa.
Aunque pagar 100 dólares por nada, a cualquiera nos duele, cierto. Pero ni modo. Los dueños de la casa son ELLOS, no NOSOTROS.

E-mail: cfzap@yahoo.com
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lunes, junio 13, 2005

"¡Ah, que lindo su bebé! Es indio, ¿verdad?"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas —Estaba comiendo en un restaurante de ésos buffet en un suburbio de Dallas una vez, con mi familia. Tranquilos, sin meternos con nadie.
En eso pasaron junto a nosotros una pareja de ancianos "gringos". deberían tener entre 65 a 70 años. El hombre llevaba una gorra de visera y anteojos, e iba en una silla de ruedas eléctrica. Su esposa, delgada, de pelo cano y rizado, iba detrás de él.
Al pasar junto a nuestra mesa, se detuvieron. Teníamos el portabebé de nuestro bebé Eric (recién nacido, con apenas dos meses de edad) bloqueando el acceso a la salida. No fue intencional: El portabebé es chico armatoste que no cabía en una silla, así que lo pusimos en el piso.
Pero bloqueaba la salida de los ancianos.
De inmediato nos levantamos y lo movimos, pidiendo disculpas. Los viejitos nos vieron y sonrieron, despreocupados.
"Don't worry, it's okay", repetían amablemente una y otra vez.
Aprovecharon el momento para detenerse y observar a Eric. Comenzaron a chulearlo.
"He's so beautiful! Beautiful!".
Nosotros, sus papás, claro: Hinchados como palomas.
Cuando pensamos que ya nuestro ego paternal no podía estar más arriba, al viejito interrumpió sus halagos al bebé, diciendo algo más:
"He's Indian, right?" (¿Es indio, verdad?)
¡¡¡¡PLOM!!!!
(Así sonó nuestro orgullo, que se cayó como torpedo hasta hacerse añicos en el piso.)
Eric está precioso. Pero con sus cabellos lacios, piel morena oscura, y ojotes negros, no puede ocultar a sus orgullosos ancestros de bronce. Como mi esposa. Como yo, su padre.
(Aunque, como dijo mi jefe una vez que estaba filmando un documental de los mayas: "Te pondría a ti a actuar de indio, pero mejor no. Lo siento, no hay indios calvos". La casi inexistencia de cabello en mi redonda cabezota desfortunadamente siempre me delata. )
El shock ante los viejitos gringos en el restaurante fue solo un instante. De inmediato recapacité: "No estamos en México", pensé. "Esto es Estados Unidos. Estos son 'gringos' ".
Y entendí. Ellos piensan diferente. No mejor, ni peor. Sino diferente.
Ví a mi esposa Esther. Los ojos se le salían y parecía a punto de tirarles el plato de comida a los ancianos en la cara. Pero le sonreí y volteé a verlos.
"Yes", respondí. "He is Indian".
Ellos sonrieron de nuevo. Sin sorna ni burla, sino simplemente asintiendo. Chulearon un poco más a Eric, y se despidieron.
Esther casi estaba fuera de sí: "¡Oíste! ¡Le dijeron INDIO!".
Calma, le dije. Claro que le dijeron indio. Porque el bebé lo es. O al menos lo parece.
"¿Y cómo no?", le pregunté, calmado. "Mírate, por favor. Mírame. ¿De dónde iba Eric a salir teutón?"
César, nuestro otro hijo de nueve años, nos miraba comiendo, sin entender del todo.
Le expliqué a Esther: Para estos viejitos el decir "Es indio" es normal. Es como decir "tiene el pelo rizado", o "tiene los ojos verdes". Es una característica física. Nada más.
Los viejitos no lo veían con racismo ni intolerancia. Simplemente dieron cuenta de un hecho.
(Si ellos eran racistas o intolerantes, no lo sé. Lo reconozco. A la mejor saliendo del restaurante se fueron a rapar la cabeza, o a vestirse con suásticas y a hacer el paso del ganso. A la mejor no. Pero por lo menos ahí, en el restaurante fueron amables.)
En cambio, si en México nos hubiera pasado lo mismo, ya parece que veo cómo hubiera acabado todo.
A ver, atrévase a decirle "Indio" al bebé de cualquier comensal, en cualquier restaurante de México, y verá como termina como Paco Stanley.
Por lo menos le responderán con un "Pos el indio lo será usted, hijo de su tal por cual". Y eso si bien le va.
En cambio, a los gringos les vale. Para ellos la gente es o blanca, o negra, o india, o asiática. Punto. No saben de detalles, ni de castas, ni de mestizaje.
Quizá antes de la Guerra Civil era distinto. Quizá sea distinto en algunos sitios del sur. Pero no en todas partes.
No lo hacen por bondado, o "igualdad", sino por "inocencia". Toman inocentemente un asunto que es muy sensible para gente que proviene de sociedades igual o más racistas que la de ellos.
Como la mexicana.

CÉSAR FERNANDO ZAPATA PUNTO COM
De verdad, que uno se encuentra cada cosa al meterse al internet.
De pronto se me ocurrió entrar a los buscadores como Yahoo o Google y teclear mi nombre. A ver que salía.
Así, pues, tipee "César Fernando Zapata". Así, con comillas.
En fracciones de segundo salieron cuatro páginas de información.
La mayoría de ellas, claro está, eran referencias de páginas de periódicos donde publican esta columna. Pero lo curioso es que salieron otros resultados más —digamos— exóticos.
Por ejemplo, salió una de mis columnas enlistada en un sitio ¡de supremacistas blancos!
Me froté los ojos y volví a mirar la pantalla.
Sí, allí, estaba mi nombre, en la sección de foros de usuarios del sitio www.stormfront.org., un sitio propiedad de la "Comunidad Blanca Mundial", que se dice que lucha por los "derechos de la raza aria" (??)
Se trataba de una sección titulada "¿Blancos en Méjico?" (sic). Supuestamente, algún tipo se preguntaba si existía "de verdad" gente "aria" en México.
Otri tipo respondió que sí, pero que eran "muy pocos" y que convenía tener contacto con ellos.
Alguno de estos "usu-arios" (JA) había subido al foro una columna mía, la que hablaba de que "El próximo Benito Juárez será presidente de Estados Unidos".
Este mismo tipo "aclaró" que sí, que claro que hay organizaciones arias en México. Mencionó que, "ademas de Gnosis, está Aryan Storm y White Eagle de la Ciudad de México".
¿Nazis en México? ¿Cabezas rapadas en Tacubaya? ¿Ku Klux Klan en la colonia Buenos Aires?
Y yo que creí haberlo visto todo.
Orale.
(Mejor aquí le paro. No vaya a ser que me vengan a quemar una cruz de madera en el patio de mi casa.)
Otro sitio de internet donde subieron columnas mías (también de gorra, claro) fue uno de... ¡Pedófilos! Aunque usted (ni yo) no lo crea.
Según estos locos, se dicen "Boy Lovers" (o "amantes de niños"). A alguno de los usuarios se les ocurrió subir una columna mía donde decía que en Estados Unidos, cualquier contacto (casual o no) con niños es mal visto, y puede acarrearle a uno cárcel.
Lo cual es cierto, pero nunca pensé que hubieran pervertidos o "Boy Lovers" que lo tomaran por otro lado.
(Por fortuna, antes de que al FBI se le ocurriera venir a tumbarme la puerta y enviarme a Guantánamo, les cayó a estos locos primero y les cerró el sitio. Desafortunadamente quedan rastros en las páginas de respaldo cache de algunos buscadores. Antes no me mandaron llamar de testigo en el caso de Michael Jackson)
Bueno, seguí buscando mi nombre en internet...
De pronto, me encontré con que mis columnas aparecían en sitios de las oficinas de prensa del gobierno del Distrito Federal y hasta de la Presidencia de México.
¿Porqué?
De alguna manera, los "genios" de las oficinas de prensa detectaron que de vez en cuando yo mencionaba las palabras "Andrés Manuel López Obrador", "Vicente Fox" y hasta "Peje".
No importaba que lo que tratara en la columna fuera un asunto totalmente ajeno a la política: Con tan sólo mencionar por encimita algo de estos dos, ya tenía a un empleado de prensa recortando y pegando mi columna en un reporte que seguro le enviaba a sus superiores.
¡Me monitoreaban!
(Bueno, al menos tengo ALGUIEN que me lee, pensé. Y hasta recorta mis artículos y los sube a internet. )
Luego, se me prendió el foco: ¿Cómo aprovechar esta oportunidad de aumentar el 'rating' de mis escritos? Pos fácil: Escribiendo palabras "Clave" que detecten los que se interesan en monitorearme.
Así que, con su perdón, aquí les voy: ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, VICENTE FOX, AMLO, EL PEJE, CHENTE FOX, PRESIDENCIA, LOS PINOS, GDF, PROYECTO ALTERNATIVO...
Ya. Seguro aumenté mis lectores. Por lo menos esta semana.
(Y también aprovechando eso de las palabras "Clave": DEMAGOGO, BOTUDO, INEPTO, AGITADOR, PARÁLISIS POLÍTICA, ESCÁNDALO, RIDÍCULO, PLEITO DE COMADRES...)
Disculpen, no pude evitarlo.;-)
Website: www.cesarfernando.blogspot.com

Adán y Eva le van ganando a Darwin en las aulas de Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — El Sr. Ken Ham está alegre. Y no es para menos. Está a punto de hacer realidad un sueño largamente acariciado: Abrir su propio museo.
Pero no es cualquier museo. El Sr. Ham ha logrado lo que pocos (o nadie) en el mundo: conseguir financiamiento por 25 millones de dólares para abrir un museo dedicado, ni más ni menos, a probar que el mundo fue creado por Dios, que Noé y su arca existieron, y que la Biblia es la única ciencia válida para explicar el origen del universo.
En otra parte del mismo país, los dueños de una cadena de cines se negaron a proyectar una película en sistema IMAX, que insinúa que el universo se creó a partir de una gran explosión, el llamado Big Bang. ¿Porqué? Porque el filme "no menciona a Dios".
Más allá, en otra área del mismo país, funcionarios escolares se enfrascan en acalorados debates sobre el programa de estudios en las primarias locales. El punto más candente de la polémica es este: ¿Es correcto enseñar la teoría de la evolución de las especies, o es mejor enseñar que Dios creó al ser humano a su imagen o semejanza?
Cuando parecía que nadie se ponía de acuerdo, se tomó una salomónica decisión: Las escuelas incluirían AMBAS teorías en el programa educativo. Punto. Todos contentos.
¿Dónde ocurren estas escenas tan disparatadas, se preguntará usted a estas alturas? ¿En qué atrasado país?
¿Será acaso alguna de esas teocracias fundamentalistas, dirigidas por fanáticos?
¿O en alguna república bananera, aislada e ignorante de los avances de la ciencia?
Pues no. Todo esto está ocurriendo, hoy, en este momento a principios del siglo XXI, en la primera potencia mundial. En el país más rico y avanzado de la historia de la humanidad.
Irónicamente ocurren en el país que tiene las mejores universidades del mundo, y que produce la mayoría de los premios Nóbel en ciencias: Estados Unidos.
Aunque parezca mentira, en Estados Unidos en estos momentos de principios del siglo XXI, hay un enorme debate que enfrenta estas dos ideas: La evolución y el creacionismo. Un debate que debió haber sido zanjado hace décadas, sino es que siglos.
Y aunque no lo crea, esto no es un hecho aislado. A lo largo y ancho de Estados Unidos, la mayoría de los norteamericanos de verdad creen que Dios creó (así al pie de la letra según la Biblia) al ser humano y al universo.
Según una encuesta realizada en noviembre del 2004, y difundida por la cadena de televisión, CBS, el 55% de los encuestados cree que el ser humano fue creado gracias a la intervención un ser superior, Dios. El 27% piensa que los humanos sí evolucionamos, pero Dios tuvo qué ver en esa evolución. Y sólo el 13% de los encuestados piensa que los humanos evolucionamos como un proceso natural, sin intervención divina.
Esto no es simplemente una serie de números, ni resultados fríos: La gente en Estados Unidos, de VERDAD CREE ÉSTO.
Y esta fe ciega en la religión es lo que ha puesto patas arriba todo el programa educativo oficial de las escuelas, ya que lo último que quiere el gobierno es meterse con las creencias religiosas de la gente. Sería atentar contra la libertad de creencias, un tema sacrosanto en la constitución.
Aunque parezca asunto de risa, el tema es grave. Y lo es más, porque los involucrados se toman muy en serio sus papeles de defensores de cada una de las teorias, sobre todo los partidarios de la Biblia. Hay que recordar que Estados Unidos fue fundado por religosos que venían huyendo de la persecusión que sufrieron en Europa, por defender su religión. Al crearse Estados Unidos como nación, se le dio especial importancia a la libertad de creencias.
De hecho, este asunto de la religión es uno de los que fundamenta la misma existencia de Estados Unidos como país.
A pesar de esto, la postura oficial de la administración Bush es clara: Apoyar la teoría de la evolución. Es el fundamento de la biología.
Lo mismo opinan públicamente la Dirección Nacional de Ciencias, la Asociación Americana del Avance de las Ciencias, y la Asociación Nacional de Maestros de Ciencias.
Pese a esto, el pueblo ha hablado. Y no siempre lo que piensan los americanos "promedio" es lo que opinan sus dirigentes.
En el estado de Utah, el senador republicano Chris Buttars propuso hace poco que las escuelas enseñen ambas teorías, la evolución y la creación, de manera oficial.
"Los únicos que se preocuparían por esto serían los ateos", dijo Buttars, según un reporte de la agencia AP.
"La (teoría de la ) creación divina sería para contrarrestar la creencia de los niños de que todos venimos de los monos. Porque no es así. Me choca que nuestras escuelas enseñan la evolución como si fuera un hecho", declaró Buttars según AP.
Por lo pronto, el Sr. Ham —australiano de nacimiento, según un reporte difundido por la agencia AP— espera que su museo de la creación, ubicado en Kentucky, atraerá a 600 mil turistas una vez que abra sus puertas dentro de poco.
Nosotros pensamos que sus cálculos se van a quedar cortos. Sobre todo cuando los maestros de ciencias de las escuelas cercanas obliguen a sus alumnos a visitar el museo como una tarea "oficial".
Parece ser que, a diferencia del resto del mundo, el Estados Unidos Adán y Eva sí se enfrentaron a Darwin... Y le ganaron.

AMERICANOS: ¿LOS MÁS IGNORANTES?
El resto del mundo tiene una palabra para definir las creencias de los americanos: Ignorancia.
Los europeos, y sobre todo los latinoamericanos, siempre acusamos a los americanos de ser ignorantes. De apoyar ciegamente sus principios (religiosos, políticos, éticos, etc.), sin conocer del tema a fondo.
Los acusamos de estar anestesiados por la televisión. De ser tontos, de no conocer mas que lo que los politicos les cuentan, de creerl sin averiguar.
(Claro, episodios como el mencionado sobre la evolución vs. el creacionismo no ayudan nada a mejorar la imagen de los gringos ante el resto del mundo)
Pero yo creo que no podemos acusar a nadie sin ver la viga en el ojo propio. Los mexicanos no somos precisamente los mas informados y expertos.
Porque mientras que los gringos se la pasan diciendo que los mexicanos somos pobres e ignorantes, nosotros nos la pasamos diciendo que los gringos son despiadados y amantes de la pena de muerte.
Mientras que los americanos estan anestesiados por programas como Survivor o The Apprentice, los mexicanos estamos anesteciados con los Big Brothers y las Academias (y pa acabarla son copias de los reality shows gringos).
Mientras que los americanos creen gran parte de lo que les dice George Bush sobre las victorias en Irak por la libertad y la justicia, nosotros le creemos todo lo que dice Anremanué (y pa acabarla lo queremos de presidente).
Mientras que los americanos vitorean a los políticos extremistas que exigen cerrar la frontera, y aventar bombas nucleares a todo el mundo, nosotros vitoreamos a los politicos que prometen erradicar el liberalismo y volver a los tiempos de economía cerrada y ultranacionalismo, porque "el capitalismo falló".
Mientras los trabajadores americanos desprecian el libre comercio, porque les quita empleo y se lo llevan a México para enriquecer las corporaciones, los trabajadores mexicanos desprecian el libre comercio porque les quita empleo y se lo llevan a Estados Unidos (o a China) para enriquecer a las coporaciones.
Los mexicanos decimos: México es un pueblo noble y grande. Igual dicen los gringos: America es grande, libre y noble
¿Quién tiene la razón?

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