viernes, mayo 27, 2005

Transplantes en EEUU: ¿No para inmigrantes?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Diego Vásquez tiene una mirada algo rara.
El joven de 17 años, originario de San Luis Potosí, es muy delgado, moreno y se ha rapado la cabeza, como casi todo jovencito de su edad en Texas.
Lo que se queda en la memoria es su mirada: Sus gruesas cejas techan dos ojos cafés claros que se clavan en la gente como taladros. Uno no sabe si esos ojos muestran emoción, calor o dureza.
Seguramente dureza. Dureza ante una vida que, hasta el momento, le parece incierta.
Diego no tiene riñones, y puede morir en cualquier momento.
Hace apenas un par de años, Diego era como cualquier muchacho hispano en Dallas. Iba a la escuela, y tenía planes para su futuro. Luego, un día, sufrió un desmayo. Luego otro. Cuando llegó al hospital se dio cuenta de que los médicos no se ponían de acuerdo sobre su padecimiento.
Le fallaron varios órganos, incluso el hígado y hasta el corazón. Ello lo llevó a padecer varias operaciones de urgencia, que le tuvieron al borde de la muerte.
Tras varios estudios, el diagnóstico fue dado a conocer: Los riñones de Diego habían fallado, y estaban dañando todos sus órganos. Necesitaba un transplante. Y rápido.
Claro, un transplante no es un procedimiento que se dé de un día para otro, hay obstáculos. Y si para el ciudadano norteamericano promedio es una tragedia, para un adolescente inmigrante de México puede ser casi una sentencia de muerte.
"Primero me dijeron que no había donantes disponibles, que no podían encontrar un riñón para mí", relata Diego, champurreando el inglés con el español, muy a la usanza de los teenagers de acá.
Necesitaba entrar en una lista nacional de donantes, y simplemente no había forma de encontrar un riñon tan rápido.
Los medios hispanos en Dallas fueron alertados, y difundieron el predicamento de la familia Vásquez. Los resultados fueron sorprendentes.
En un par de semanas, la comunidad inmigrante tomó como propio el problema de Diego, y salieron para ofrecerse de donantes. Entre ellos, había una joven mujer mexicana, que trabajaba en una tienda de hamburguesas, y apenas le daba para vivir.
Pero también estaba un obrero centroamericano, recién desempacado de El Salvador, y una secretaria de Ciudad Juárez, de 26 años, que llamó a los periódicos para ofrecer un riñón para el joven.
Sin conocerlo, sin haberlo visto nunca. Por pura solidaridad. Por humanidad.
En total, casi treinta personas (todos del norte de Texas, todos inmigrantes, todos latinoamericanos) salieron al paso a ofrecer un riñón para salvar la vida del joven. Sin esperar nada a cambio.
Pero ahí no acabó el problema.
Al ir a someterse a los exámenes que se exigen a los donantes de órganos, el Children's Medical Center (Hospital Infantil) de Dallas les advirtió a los buenos samaritanos que, en caso de aceptarles su riñón, éste no le sería transplantado a Diego, sino a la siguiente persona en la lista de espera de donantes.
Peor aún, la familia del joven denunció que, a pesar de todo el apoyo que han recibido de varios donantes potenciales, el hospital ni siquiera se ha molestado en incluír a Diego en la lista de aspirantes a recibir el transplante.
El hospital explica sus argumentos: Que los transplantes se dan por estricto orden de la lista. Que sólo los reciben las personas que más urgencia tienen. Que se trata de personas que de verdad están a las puertas de la muerte. Diego, en cambio, a pesar de estar muy mal, aún puede caminar, hablar y salir a la calle.
Pero no por mucho tiempo, teme su madre.
"Lo único que les pedimos es que incluyan a Diego en la lista de transplantes, y hasta ahora no lo han hecho", se queja su madre, la Sra. Esperanza Vásquez, quien solo habla español.
El fantasma de la discriminación no tardó en asomar su fea cabeza. Incluso el propio Diego lo sintió en varias ocasiones, mientras estuvo internado.
Pero las autoridades hospitalarias se apresuraron a negar cualquier caso de este tipo.
En un comunicado, la Southwest Transplant Alliance (Alianza de Transplantes del Suroeste) explicó que las leyes federales limitan el número de extranjeros no residentes que puedan recibir transplantes. La familia de Diego no discutió su estatus migratorio, y su abogado, Domingo García, negó responder a las preguntas sobre el tema, aunque explicó que esto es irrelevante.
"Hace un año se dio el caso de una joven inmigrante mexicana, Jesica Santillán, de 15 años, quien recibió un transplante en North Carolina", recordó. "Ella no tenía papeles".
Jesica, sin embargo, falleció por un error médico después de una segunda operación.
No obstante, la Alianza rechazó por medio de su vocera, Pam Silvestri, que haya discriminación "basada en estatus legal" para transplantes.
En cambio, explicó que los factores importantes que determinan si un paciente puede ser incluído en la lista de transplantes incluyen que la persona sea medicamente elegible y "suficientemente enfermo" para necesitar la operación.
Asimismo, debe tener medios para pagar la operación, ya sea mediante seguro médico privado, Medicare o Medicaid, y tener los medios para continuar con el tratamiento post-operatorio. "Mucha, mucha gente que necesita transplantes al final no consiguen ser incluídos en al lista de espera por alguna de las razones mencionadas", explicó el comunicado.
Aún con todas las explicaciones del mundo, la familia Vásquez, y todos los donantes hispanos que ofrecen sus riñones, todavía no alcanzan a comprender porqué Diego no puede recibir su riñón.Diego, mientras tanto, sigue viviendo como puede. Sin fuerzas, ya ni siquiera va a la escuela. Debe someterse a un estricto régimen de medicamentos y al espantoso tratamiento de diálisis que dura 4 horas, tres veces por semana. Sin riñones, su principal temor es que sus demás órganos se sigan dañando y un día le fallen.
Para la Sra. Esperanza Vásquez, su madre, la cuestión es urgente, y lo resume en una simple frase, más bien una petición: "Por favor, no dejen morir a mi hijo".

2 comentarios:

  1. Si con el tema de los transplantes, el mal funcionamiento del seguro médico, los mil y un malabares para conseguir alguno, dejan morir a los mismos americanos, ¿¿qué podemos esperar para con algún hispanito sin papeles?? Diferentes causas, el mismo resultado; muy en el fondo la misma cuestión: falta absoluta de respeto hacia la vida humana!! >=(

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  2. El problema de la salud en EE.UU. es de todo el sistema. ¿Cómo pueden esperar que un hospital, por ejemplo, cobre poco dinero si todo está carísimo, comenzando por los sueldos de los médico? Y, ¿cómo se le puede pagar menos a los médicos después de que les cuesta tan caro estudiar su carrera? El problema de los transplantes es peliagudo: degenera en tráfico y al final el riesgo es que sólo los ricos sobrevivan (lo que de por sí ya ocurre).

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