viernes, mayo 27, 2005

¿"Paisano" come "paisano"?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas -Cristina y Amado andaban felices buscando casa.
La joven pareja, de origen mexicano, había logrado el primer paso de su "sueño americano".
De hecho, a pesar de todos los problemas que trae consigo el ajuste a una vida nueva en Estados Unidos, a los dos esposos les había ido bien: Tienen papeles, trabajan en su profesión. Les pagan en dólares, tienen título universitario. No son "mojados".
Sólo les faltaba la casita para redondear su situación.
Fueron a ver muchas casas. No se decidían. Había tantas y tan bonitas.
Una cosa estaba claro: Querían su casa de tres cuartos. Cochera, y, especialmente, con chimenea. Ah, y otra cosa, en un barrio donde no hubiera mexicanos...
"No es que seamos sangrones", se justificaba Amado, originario de Guadalajara. "Lo que pasa es que queremos un barrio tranquilo, familiar, donde podamos criar a nuestros hijos".
"Sobre todo, que sea seguro", acotaba Cristina.
(??????)
Es decir, daban a entender que en un barrio con inmigrantes mexicanos, la seguridad familiar no estaba garantizada.
No es de extrañarse. Amado y Cristina forman una clase diferente entre los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos: Llegan legalmente (usualmente con visa de turista), son jóvenes y tienen estudios. Muchos hablan un inglés suficiente.
Por lo mismo, no les apetece mucho juntarse con los otros migrantes mexicanos, los que llegan "mojados", los que usan sombrero y botas hasta para ir a misa. Los que oyen música grupera dentro de sus "trocas" de llantas anchas, y tienen a sus familias al sur de la frontera.
Son dos tipos de inmigrantes mexicanos muy, pero muy lejos entre sí. A pesar de las similitudes.
"Luego luego se nota cuando el barrio se va llenando de 'macuarros' " explica Ricardo, otro mexicano en busca de vivienda. "Nada más fíjate en las calles, en las cocheras. Cuando hay dos o tres carros, es que vive más de una familia allí. Y más si son camionetas vans o de trabajo".
Yo, personalmente, no me había fijado en la diferencia, pero si uno pone atención se da cuenta que sí, se nota: Las zonas donde hay más "gringos" se ven más cuidadas. Se ven niños jugando en la calle. Los autos son uno o dos, en la cochera.
En los barrios de inmigrantes, en cambio, la música es a todo volúmen. Y las cocheras no bajan de tener de tres a siete automóviles, generalmente desvencijados y con la manchota de aceite sobre el pavimento. No se ven casas muy familiares que digamos.
Si uno se pone a pensar, es comprensible: Los inmigrantes mexicanos procedentes de pueblos y zonas pobres, llegan solos. Se juntan en grupos para rentar una casa o un departamento. Todos trabajan, por lo que deben tener su propio carro (generalmente barato). Y no les interesa mucho darle aspecto hogareño a sus viviendas. (¿Qué haría por ejemplo yo, de vivir con cuatro o cinco pelaos? No creo que ninguno de nosotros sepa cómo mantener una casa limpia y arreglada. Cuando mucho, nos haríamos sandwiches, supongo).
Entonces entendimos la postura de Amado y Cristina y de Ricardo.
¿Es que los inmigrantes mexicanos nos estamos volviendo racistas con nosotros mismos? ¿Clasistas? ¿Qué se puede esperar cuando todos nos discriminan, si nosotros también comenzamos a hacerlo? ¿Cuál unión podemos esperar?
Pero no nos engañemos. Esta situación no solamente ocurre entre Amado y Cristina, ni en Estados Unidos: Pasa todos los días incluso dentro del mismo México. ¿Cuántas personas de clase media o media alta, desprecian a las clases más bajas? ¿Cuántas personas "fresas" están dispuestas a comprar una vivienda en un barrio popular? ¿Cuántos de nosotros, mexicanos que tuvimos la suerte de lograr una cierta educación les hacíamos el fuchi a la música grupera, antes de que estuviera de moda? Porque ahora todos los artistas quieren grabar un disco grupero, cuando hace apenas diez años esa música estaba reservada para la gente "raspa".
Estos inmigrantes mexicanos de clase media, profesionistas, generalmente se juntan más con amigos sudamericanos (colombianos, venezolanos, chilenos y argentinos), que tienen un nivel educativo similar a ellos. Porque saben que es difícil encontrar profesionistas entre los "paisanos".
Elia, una joven americana hija de padres mexicanos, contaba su experiencia con los "paisanos": "Yo iba manejando tranquila al trabajo, cuando me chocaron el carro por detrás."
El automóvil lo acababan de comprar la semana anterior, nuevo, de agencia. Y quedó como sandwich.
El auto responsable fue una camioneta tipo van, de trabajo. De unos migrantes mexicanos que regresaban de trabajar en una construcción.
Elvia llevó también su parte: El impacto la azotó contra el tablero. La bolsa de aire se abrió, pero la fuerza del impacto la hizo sangrar de la cara y le sacó el aire."Lo único que recuerdo es que veía a esos tipos de la camioneta que me chocó mirándome, como tontos", se acuerda con enojo. "Pinch... 'mojados', yo estaba gritando y llorando de dolor, y ellos no fueron ni para levantarse y ayudarme. De perdido me hubieran hablado. Pero no, solo se me quedaban mirando como estúpidos sentadotes en su carro".
Resultó que los tipos no sabían manejar. El conductor tenía poco en Estados Unidos, no conocía la ciudad y ese era su primer auto. Acababa de llegar de una zona rural de Veracruz. Por supuesto, no tenía licencia, y cada vez que manejaba era una odisea.
Incidentes como éste se repiten cada vez más. Sobre todo debido a que aumenta el número de migrantes mexicanos más preparados que buscan suerte en Estados Unidos, y no se sienten identificados como el "traidiconal migrante".
¿Será que la brecha entre los propios mexicanos se va ensanchando? ¿Será que el profesionista mexicano que emigra se vuelve racista y clasista con sus compatriotas una vez que "la hace"?
Pero hay que reconocer que, en muchas ocasiones, los propios migrantes humildes tienen buena culpa de los santitos que les cuelgan: Por ejemplo, cada fin de año la Policía de Dallas prepara un operativo de vigilancia especial en los barrios mexicanos de Oak Cliff, East Dallas y West Dallas. Saben que, al dar la última campanada de cada 31 de diciembre, a los mexicanos nos brota lo "paisano", y (azuzados, claro, por las infaltables copitas entre pecho y espalda) no somos pocos los que sacamos a la "tartamuda" de debajo de la cama y nos damos vuelo tirando balazos al aire. Cada año se han dado heridos y hasta varios niños muertos por balas perdidas. Pero a pesar de los rondines especiales, a pesar de las advertencias, los mexicanos seguimos haciendo lo mismo. Como si estuviésemos en la fiesta patronal del pueblo.
No es de extrañarse que haya mexicanos que no quieran vivir cerca de otros mexicanos. No por racismo. No por clasismo. Sino por pura salud propia, ¿no cree usted?

3 comentarios:

  1. Anónimo8:51 p.m.

    me encanta tu columna,la palabra desparpajada y puntillosa, provoca recuerdos perdidos en la sordidez de las calles de Tampico en la zona
    del triangulo.

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  2. Anónimo11:43 p.m.

    Me encanta tu blog. Y en cuanto a esto, pues por unos la llevamos todos. Como cuando dijo el alcalde de irving, tx : " prefiero 100 universitarios de la india a 1000 borrachos de mexico". Y tiene razon, ni modo, asi es, por eso este es el orden de preferencias que tienen los americanos acerca de los extranjeros: 1er lugar ASIATICOS.
    2do lugar EUROPEOS. 3er lugar ARABES. 4to lugar AFRICANOS. 5to lugar ARGENTINOS, CHILENOS, URUGUAYOS Y PARAGUAYOS. 6to lugar CARIBEÑOS, COLOMBIANOS, COSTARICENCES.
    ...Y Allaaaaaaa en el ultimo lugar de la lista estan los indeseables: Mexicanos, Salvadoreños y Hondureños. Sorry pero asi es. Por mal educados, borrachos, maldicionentos, sucios, ruidosos, no esforzarse por hablar inglés, no estudiar, etc, etc...no nos quieren

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  3. Curiosamente estas preferencias por "buenos" inmigrantes contra los "malos" inmigrantes varían mucho de lugar a lugar.

    Por ejemplo, hay de asiáticos a asiáticos. No es lo mismo los profesionales asiáticos que llegan con título universitario en avión, que los campesinos asiáticos que nunca fueron a la escuela.

    En Inglaterra y Alemania por ejemplo ya se está despreciando a los inmigrantes españoles, griegos, portugueses y eslavos. Por muy "europeos" que sean, los ven igual que a los mexicanos en Estados Unidos.

    Y al revés: en España se critica mucho a los turistas y retirados ingleses que se portan como "hooligans" en las playas mediterráneas por hacer escándalos borrachos, o por nunca aprender español a pesar de haber vivido años en el país.

    Humanos al fin...

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