viernes, mayo 27, 2005

Los "otros" mexicanos: Los de Primer Mundo

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - La semana pasada tuve que hacer un viaje relámpago de emergencia a México. Como no había tiempo para irme en carro o en autobús (como generalmente mi proletaria condición amerita), tuve que tomar una drástica decisión.
"¡Me voy a tener que ir en avión!".
Batallé para darme cuenta de la necesidad de hacerlo. Pero con todo, esto fue lo más fácil.
Lo más difícil fue conseguir lana para pagar el boleto.
Como pude, pidiendo prestado y escarbando el cochinito, pude comprar un boleto de última hora. Me llevaron al aeropuerto y me paré en la fila de la compañía AeroMéxico, en el aeropuerto Dallas-Fort Worth.
Para mi extrañeza, la fila para documentar en el mostrador de AeroMéxico estaba llena, en ese mediodía. Muchas familias, con hijos y montones de maletas esperaban su turno.
La inmensa mayoría de los que esperaban en la línea eran rubios, de ojos claros. Gente delgada, bien vestida. Blanca. Blanquísima.
"Típicos gringos", pensé.
Ahí, en mitad de la fila, me pregunté porqué iba tanto güero a México. Después de todo, a cada rato los medios en Estados Unidos mencionan los narco-asesinatos, la inseguridad y los secuestros. Además de todas las broncas del embajador Tony Garza y hasta el escándalo de "los negros" que no quieren trabajar, según Vicente Fox.
En esas estaba, cuando escuché a una familia de "gringos" hablar entre ellos.
"A ver, pásame esa maleta, para buscar los boletos", decían.
Volteé a ver hacia otro lado de la fila. Una joven (rubia, alta, de ojos azules, típica "gringa") conversaba con sus papás.
"¿Se acuerdan del restaurancito tan bonito, en Nueva York? ¿A poco no estaba padre?".
Volteé de nuevo hacia otro lado, donde habían dos chiquillos (rubios, de ojos azules, bien vestidos), platicando entre ellos.
"Deja de fastidiarme, latosa", le decía el niño a su hermanita, quien le respondía. "¡Tú comenzaste!"
Tardé un tiempo en darme cuenta de lo que pasaba: Todos esos "gringos" que me rodeaban en la fila de AeroMéxico, no eran tales... ¡Eran paisanos! ¡Mexicanos!
Gente como yo, como usted. Como nosotros.
¿O no?
Tardé otro rato en desechar este pensamiento. Es cierto, estas gentes eran mexicanos, sí. Pero no eran como yo. No eran los típicos "paisanos".
No, estaba rodeado de la élite. Los mexicanos de la "alta". Los que habían venido a Dallas "de shopping", por gusto. No por necesidad. Porque tienen el dinero para hacerlo cuando les viene en gana.
No dejé de notar la ENORME diferencia de estos "paisanos" con los OTROS "paisanos" que también estábamos en ese momento en el aeropuerto.
Por principio, estos mexicanos de la fila platicaban de sus viajes por todo el mundo. Son los que llevaban como veinte maletas y velices, llenos de "souvenirs". Que habían ido a esquiar a Colorado, a cenar a un restaurante de lujo a Nueva York, a pasar un "weekend" a Disneyworld.
Éstos eran los mexicanos con pasaporte, con visa de turismo. No vivían en Estados Unidos, sino en México. Pero van y vienen por la frontera como Juan por su casa, sin contratar coyotes ni pasarse
Estos mexicanos se quedaron en México, porque les va bien. Ganan bien. Tienen propiedades, dinero en el banco, empresas. Son gente "bien". Ricos, en una palabra.
Mientras tanto, por ahí cerca estábamos también los OTROS mexicanos.
Muchos de éstos no tenían visa ni pasaporte: Son residentes permanentes, o ciudadanos americanos. Algunos quizá son indocumentados.
También son mexicanos, pero hasta ahí terminan las similitudes. Fuera de la nacionalidad, estos dos grupos son tan distintos que pueden ser de dos países diferentes. O planetas.
Estos mexicanos son más morenitos, más bajitos. Visten más sencillo (generalmente uniformes de trabajo). Y a pesar de vivir en Estados Unidos, y ganar en dólares, quizá nunca tengan dinero para viajar a Disney World, irse a tomar un café a Nueva York, y mucho menos a esquiar a Colorado.
Son los mexicanos que vinieron a Estados Unidos no de vacaciones, sino a trabajar.
Ahora, debo aclarar algo. Yo no tengo nada contra la gente "bien". No promulgo la lucha de clases, ni el lema de "proletarios al poder", ni la teología de la liberación, ni "revolución o muerte". No por "reaccionario" ni "entregado", sino por realista: Me he dado cuenta de que quienes salen con esas cantaletas, generalmente terminan más forrados que Rockefeller, a costa del idealismo (¿o inocencia?) de sus seguidores. (Caso típico: Fidel Castro.)
Pero sí me dió un no-sé-qué al notar la enorme diferencia entre mexicanos.
Y aunque los gringos nos vean a todos iguales, estoy seguro de que los primeros que protestarían y marcarían las diferencias serían precisamente estos mexicanos "bien", quienes se sentirían insultados al ser confundidos con "mojados".

No hay comentarios.:

Publicar un comentario