domingo, mayo 29, 2005

¿A los mexicanos sí nos gusta batallar?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

TAMPICO, Tamps. — La maestra Soledad es una profesora jubilada que vive en Tampico, México.
A sus 68 años, la maestra ya no tiene que lidiar con la labor diaria de acudir a las aulas, pero en cambio debe presentarse cada mes a firnmar un documento a la oficina de gobierno que le emite su pensión. Esto para asegurarse de que sigue viva y que nadie más cobre su salario ilegalmente.
La maestra Soledad es mi mamá. Por ello, durante mis recientes vacaciones en México, decidí acompañarla a su ritual burocrático.
Aquello era un caos desde que llegamos. Jubilados aquí, jubilados allá se amontonaban haciendo fila afuera del pequeño edificio donde debían ir a firmar para seguir recibiendo su pensión del estado.
Algunos, como mi madre, tenían dificultades hasta para permanecer de pie. Su avanzada edad, las enfermedades y algunas operaciones no les permitían esperar una, dos, tres o hasta cuatro horas parados en una línea interminable. Y no estaban dentro de la oficina, sino afuera, bajo el candente sol tropical de julio.
"¿Y cada mes tienes que venir a hacer esto?", pregunté, incrédulo.
"Cada mes", respondió ella, con resignación.
Cada mes le preguntan lo mismo: Datos, nombre, dirección, clave de empleado, RFC, etc., etc., etc. Y por eso, el trámite tarda. Y por eso, la gente tiene que hacer una enorme fila que los agota.
Un empleado de la oficina salió a la media hora de estar haciendo cola.
"Por favor, necesitan tener su CURP para hacer este trámite", dijo en voz alta y clara. Se escucharon protestas.
"Oiga, pero yo no lo traigo. ¿Habrá problema?", preguntó un jubilado de sombrero.
"Lo siento, necesitamos que tenga el CURP a la mano, su credencial de jubilado y el último talón de su cheque. Es una regla nueva. Si no lo trae, vaya a sacarlo ahorita mismo porque no podrá hacer el trámite".
Protestas. Lamentos. Resignación. Varias personas abandonaron la fila, moviendo la cabeza con incredulidad. A pesar de haber estado mucho tiempo esperando.
Para aquellos "paisanos" que emigramos hace años de México, el mentado CURP nos parece algo raro y extraño. ¿Qué es eso? Suena a eructo. Pero averiguamos que se trata de la nueva cédula de identificación del Registro de Población del gobierno de México. Para muchos mexicanos ya es algo normal, pero para los "paisanos" es un descubrimiento.
(Sobre todo porque recordamos que, cuando todavía vivíamos aquí, hace años el gobierno anunció con bombo y platillo que el Registro Federal de Causantes, o RFC, iba a ser la última novedad en identificación. Que ya no ibamos a necesitar nada más, que todo trámite se haría con eso, únicamente. Luego, pocos años después nos salieron con que siempre no, con que el RFC no iba a ser, sino que todo se haría con la credencial de elector. Sacamos nuestra credencial. Ahora nos vienen con que siempre no: Ni el RFC, ni la credencial van a servir. Pero, ¡oh,sorpresa! No tenemos que preocuparnos por eso, porque para esto está el CURP. Este sí, va a ser EL documento "definitivo". Ajá. Yo ni CURP tengo. A ver qué se le ocurre al sucesor de Vicente Fox. Seguramente una tarjeta del Seguro Social, como en Estados Unidos. O una Tarjeta Universal de Bautismo, TUB. O vaya usted a saber. Y el CURP quedará relegado a un cajón, echando telarañas junto a la credencial de elector y el RFC.)
"¡Este pinche gobierno! El chiste es fregar gente", comentaba otro jubilado, quejándose de que tampoco tenía el CURP.
Es en estos momentos de laberintos kafkianos de la burocracia mexicana, cuando me arropo con un arranque de malinchismo, y me pregunto cómo es que los "gringos" no se andan con tanto embrollo. Sin tanto borlote burocrático, siguen teniendo un sistema de trámites muchas veces más efectivo, rápido y eficiente que en México. Guardadas las proporciones, claro.
A veces, por supuesto, en Estados Unidos los trámites son demasiado ambulosos. El burocratismo existe, aún al norte de la frontera, y cuando nos atrapa entre sus garras la experiencia puede ser incluso más espantosa que en México.
Pero hay que ser sinceros, los gringos nunca van a ser tan burocráticos como en México. Por una simple razón: A ellos no les gusta batallar.
Escenas como la de la oficina de jubilación serían muy difíciles que ocurrieran en Estados Unidos, pensé para mis adentros mientras lidiaba con el calor, el sol, la interminable línea y trataba de sostener a mi madre para que no se cayera del cansancio.
Ocurren, sí, en oficinas como el Servicio de Inmigración, donde el trabajo es devastador. Pero cada vez menos.
"A los gringos no les gusta batallar", repetía entre dientes.
Y siempre ha sido así en la historia de Estados Unidos. Por ejemplo, en siglos pasados las oficinas de gobierno e incluso las corporaciones privadas americanas echaron mano de una novedosa forma de comunicación: El correo. Era una novedad entonces, pero facilitaba todo. Millones de cartas, peticiones, solicitudes y documentos importantes usan desde entonces el correo como medio de enlance de manera cotidiana. La gente no necesita trasladarse de un lado a otro. Todo mundo hace sus pagos de servicios de luz, agua, teléfono y hasta de tarjetas de crédito por correo: Simplemente meten un cheque en un sobre, le ponen el timbre y lo envían.
Esa fue mi primer gran sorpresa cuando llegué a Estados Unidos.
"¿Y no tienen miedo de que no se reciba el pago? Que se roben el cheque en el correo, que lo reciban pero no lo adjudiquen a la cuenta... No sé. Tantas cosas que pueden pasar", preguntaba incrédulo, tras haber sufrido experiencias terribles con el correo en México.
Todo el mundo me veía como si acabara de salir de una cueva.
"Claro que no", me respondían. "El correo envía el sobre. La empresa recibe el cheque. Lo cobran y me adjudican el pago a mi cuenta, así de sencillo. Y me ahorro el ir hasta el banco a pagar".
Más ojo cuadrado.
Recordé entonces con tristeza los inumerables problemas que tuve en México para recibir libros por correspondencia. Cómo se "perdían" en el correo, cómo los pagos "nunca llegaban", cómo era imposible confiar en el Serpomex.
¡Y en Estados Undos mandaban cheques por correo así como así!
A los gringos no les gusta batallar.
El correo en Estados Unidos agarró fuerza en el siglo XIX. Luego, a medidados del siglo XX los pagos y trámites progresaron aún más: Se pudieron hacer ¡por teléfono! Ya no necesitabas ni siquiera una estampilla. A partir de entonces, sólo marcas un número telefónico, dices tu cuenta, solicitas hacer un pago, das el número de cheque, te descuentan la cantidad y ya. Así como así.
Elvira, la secretaria de una oficina donde trabajaba, me lo enseñó un día cuando llegó la fecha límite para el pago de su tarjeta de una tienda. Se le olvidó enviar el cheque por correo. No quería pagar tarde (porque le iban a cobrar 30 dólares de recargos). Así que tomó su teléfono, marcó el número de servicio al cliente de la tienda, y pagó su cuenta. Así de sencillo.
"El teléfono es una maravilla", sonreía Elvira, a sus ocho meses de embarazo.
"A los gringos no les gusta batallar", pensé. Ni a Elvira.
Luego, vino internet. Como por arte de magia, uno entra en la página de la tienda donde debe aquella prenda, o del banco que le expidió su tarjeta de crédito. Hace el pago por computadora y listo. Se pueden comprar un mundo de cosas, cargarlos a la tarjeta y llegan como si nada, hasta la puerta de la casa, como si yo hubiera estado allí mismo en la tienda con el dependiente, escogiendo el libro deseado, el disco compacto que tanto buscaba o el juguete de moda que mi hijo añoraba para Navidad y que no encontraba en ninguna juguetería de la ciudad. Click, click, pum, zas. En cinco minutos termina el proceso, con unos cuantos clicks del ratón me quitaban la cantidad de mi cuenta y enviaban el producto. Hasta ahora, todo lo que he comprado por internet me ha llegado tal y como lo pedí, al precio convenido (¡o hasta con descuento por usar el internet!) y llega de manera rápida y bien. Toco madera.
Claro, a las empresas les conviene. En lugar de tener empleados pagados por hora, y construir o mantener costosas tiendas de ladrillo, es mucho más económico tener una computadora encendida las 24 horas, sólo recibiendo pedidos de todo el mundo.
Ahora manejo casi todo por computadora. Ya no uso timbres. Sólo hago los pagos por internet o teléfono. Desde mi casa, sin ir a ver caras de empleados municipales, y sin ir a la tienda. Hasta sábados o domingos, a las 3 de la madrugada puedo hacer mis trámites.
A mí tampoco me gusta batallar ya...
Mi amigo Armando me visitó en Texas hace algún tiempo. Le pedí un día que me acompañara a cambiar mi cheque de pago. Fuimos en mi carro al banco. Armando se imaginaba la escena típica de un banco de México: Colas y más colas, empleados que ponen trabas, perder media mañana.
Llegamos al banco. Ni nos bajamos. Pasamos por el auto-cajero. Firmé mi cheque, lo metí en uno de esos tubos neumáticos, lo mandé hasta un cajero humano que nunca ví y me regresaron dinerito contante y sonante. En un total de cinco minutos.
"¿Ya? ¿Es todo?", se sorprendió Armando.
"Sí, claro. Así se hace aquí. Rápido, fácil y práctico. Sin bajarnos del carro", comenté, alegre también de no haber perdido el tiempo. "Ya sabes, a los 'gringos' no les gusta batallar".
Pero llego a México de vacaciones y la cultura cambia. Para pagar algo uno tiene que ir hasta la ventanilla del banco o de la tienda. Hacer cola. Pelearse con un empleado que anda de malas. Para cobrar un cheque uno debe presentar hasta la carta a Santa Claus (por triplicado, y a ver si te lo pagan). Para hacer un trámite en la oficina de jubilados uno debe tener hasta el CURP, y de pilón hacer cola por tres horas bajo el inclemente sol tamaulipeco.
A los mexicanos sí nos gusta batallar.
A mucha gente le encanta recordarme que Estados Unidos no es la octava maravilla del mundo. Lo sé. Es un país con muchísimos defectos, algunos terribles, que ojalá nunca le ocurran a México.
Pero hay que reconocerles que, en su afán por simplificar los horrendos trámites burocráticos, los americanos le hacen la vida más feliz a todos. Hasta a los propios burócratas.
¿No podremos imitar, de perdido, algo bueno de los gringos? Por ejemplo, podemos comenzar trasquilando los horripilantes trámites. ¿Qué nos falta, si toda la tecnología ya está ahí, y es accesible? Teléfono hay. El Servicio Postal Mexicano puede ser mejorado. Hay muchos ciber-cafés con computadoras al alcance de todos, con rentas baratas.
Quizá nos falta voluntad, pensé mientras llegaba a mi tercera hora haciendo cola en la oficina de jubilados. Quizá los mexicanos necesitamos ser complicados, ponerle trabas a todo, hacer colas, batallar, pelearnos con los empleados o si somos empleados, pelearnos con los clientes.
En síntesis, joder al prójimo. ¿En verdad así nos gusta vivir? ¿Es parte de nuestra "idiosincracia"? ¿De nuestros "usos y costumbres"?, pensé con tristeza.
Volvió el empleado de la oficina. Habló de nuevo a todos:
"Perdón por la tardanza. Hacemos lo posible. Todos estos problemas van a ser sólo hoy. Les pedimos el CURP porque vamos a vaciar toda esa información en la computadora, y les vamos a sacar una foto digital, para una nueva credencial de jubilados que van a recibir en este mismo momento."
"¿Y para qué?", me ganó otra persona la pregunta.
"De ahora en adelante, no van a necesitar hacer esta cola. Con la nueva tarjeta digital, solo van a pasarla por un escáner y automáticamente van a detectar sus datos. Ya no tendrán que tardarse tanto, ni hacer tanta cola. Y van a agilizar mucho el trámite para ustedes y nosotros", explicó.
De pronto, retiré todo lo que había pensado mal de México.
Quizá sea verdad, pensé. Por fin.
A los mexicanos ya no nos está gustando batallar.
Hay esperanza.

E-mail: cfzap@yahoo.com

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