viernes, abril 08, 2005

¿Qué es un "gringo"?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Con todo el asunto de la guerra de Irak, el mundo en general se la han pasado atacando a "los gringos".
Que si los "gringos" son militaristas, que si les encanta la guerra, que si son imperialistas, que si son Satán en la tierra, contra quienes se debe iniciar una "guerra santa".
Uno nada más necesita checar cualquier página de periódicos en México para darse cuenta que la campaña anti-guerra se volvió rápidamente en una campaña anti-estadounidense.
El sentimiento ya está muy extendido. Hace apenas unos cuantos meses, sólo se encontraban esas duras críticas contra los americanos en periódicos como La Jornada o revistas como Proceso, pero nadie se sorprendía. Era normal, viniendo de publicaciones de izquierda. Lo sorprendente es que ahora hasta diarios tradicionalmente de derecha (como El Universal y Reforma) se han unido a la campaña. Editorialistas y caricaturistas, tanto de izquierda como de derecha, se la han pasado usando a George W. Bush de "sparring", y a todo lo que huela a "norteamericano".
"Los 'gringos' son esto...", "los 'gringos' son aquello...", leemos en editoriales. Editoriales, algunos, escritos por gente que en toda su vida jamás ha puesto un pie en Estados Unidos, y cuyo "profundo" conocimiento de los norteamericanos se basa en series policiacas, películas chafonas de Hollywood y los noticieros de TV Azteca.
A veces, algunas de las críticas tienen fundamento. La situación es complicada. Pero la mayoría de los editoriales que hemos leído han arrancado más de una sonrisa (y hasta alguna que otra carcajada) entre los que vivimos acá. Mexicanos incluídos. ¿Cómo no reírse de columnistas que acusan a Estados Unidos de todos los males del planeta, cuando nosotros -a veces sin serlo- sabemos que este país es mucho más que solamente George W. Bush o los "marines"?
Y es que para muchos en el mundo (latinoamericanos incluídos), la palabra "gringo" equivale a problemas. Equivale a arrogancia, uso excesivo de fuerza, manipulación de la economía y el mundo en favor de la gran potencia. Equivale, en fin, a que los norteamericanos son lo peor que le ha podido ocurrir a este vapuleado mundo nuestro.
¿Qué son, pues, los "gringos"?
Para los mexicanos, la imagen no puede ser más clara: Un tipo rubio (generalmente viejón). Panzón, con piernitas delgadas que siempre exhibe medio enfundados en bermudas estrafalarias, una camisa floreada y lentes oscuros. Ah, y la cámara. Su cabellera (si todavía la tiene) es rubia o canosa, y siempre está aplacada por una infaltable gorrita de béisbol.
Pero ese es el exterior, solamente. Además de todo eso, un gringo es (para nosotros) un tipo que se cree que lo sabe todo, que se cree que lo puede comprar todo con dólares, y al que le causa urticaria cualquier imagen de pobreza a la que nosotros (mexicanos tercermundistas) estamos más que acostumbrados.
Pero, ¿qué es en realidad un "gringo"?
"Un tipo que nació en Estados Unidos", fue la respuesta que me dieron, clara y directa, en México. "Un ciudadano americano". Eso es obvio, claro. Pero, los hijos de mexicanos nacidos de "este lado", ¿son también "gringos"?
"No, no", me responden, aclarando. "Esos son 'pochos'. 'Chicanos'. No son verdaderos 'gringos'. Los 'gringos' son blancos, rubios".
Bueno, los hijos de argentinos, españoles, uruguayos y algunos cubanos nacidos en Estados Unidos son blancos y algunos rubios. Y son ciudadanos americanos. Andy García. Martin Sheen (verdadero nombre: Ramón Estévez). Geraldo Rivera. ¿Son ellos "gringos"?
"Tampoco", me insiste mi amigo. "Esos son latinos. No, el 'gringo' es un anglo, alguien que habla inglés solamente".
Los hijos de italianos solo hablan inglés. John Travolta, Sylvester Stallone. Robert De Niro. Al Pacino. ¿Son "gringos"?
"Bueno, no exactamente", es la respuesta de nuevo. "No, un 'gringo' es un 'yanqui' ".
¿Yanqui? Dígale yanqui a un texano o a un orgulloso habitante de Alabama o Georgia, y le responderá (si bien le va) con un insulto. Cuando no con un tortazo. En esos lares, "yankee" es una ofensa tan grande como decirle "chilango" a alguien de Monterrey.
"Un 'gringo' es un imperialista, una multinacional", grita, exhasperado.
Y ese es el problema. El estereotipo del "gringo" que tenemos los latinoamericanos no cabe cuando venimos para aca y nos damos cuenta qué es un "gringo".
Generalmente inmigramos temerosos, inseguros de saber qué encontraremos. Nuestros periódicos en Latinoamérica nos cuentan tantos horrores de la vida de los latinos en Estados Unidos, que al llegar aquí casi nos sentimos como reos camino al paredón. Víctimas en potencia de racismo, discriminación, insultos y hasta de ser quemados en la hoguera en público desde el momento de poner pie en este país.
Pero no. No tardamos en darnos cuenta que la realidad es otra, totalmente. Descubrimos que "los gringos" a los que tanto les tememos, no son mas que... gente. Gente, sí. Personas comunes y corrientes, preocupadas con sus vidas diarias. A ninguno le vemos cara de imperialista, ni los hemos visto cargando metralletas ni correteando latinos palo en mano, listos para colgarlos del cuello en la plaza del pueblo.
Mi madre vino de visita una vez a Texas. Su primera visita en casi cuarenta años. Como no podía caminar, la traíamos en silla de ruedas en un "mall". Una de las rueditas de la silla se atoró en una alfombra, y apenas estaba tratando de empujar para liberarla, vimos cómo una empleada de un local comercial dejó lo que estaba haciendo (desatendió el "changarro" , para ser claros) y acudió en nuestra ayuda. Sonriente, la chica sacó la rueda de la alfombra y nos dijo adiós.
"La gente es muy amable aquí", se sorprendió mi mamá, al ver la acción de la "gringuita". Su comentario me sorprendió, pero entendí: Un mexicano no espera, al venir a Estados Unidos, encontrar GENTE. Espera ver gente bonita, rubia, bien vestida, sí. Como la que vemos en la tele. Pero no personas comúnes, con defectos, sí, pero también con corazón, amables. Gente "normal", como hay en todas partes.
Sí, un "gringo" puede ser un asesino en serie. Un Timothy McVeigh, o un "Unabomber". Pero también son "gringos" los padres de familia que salen el fin de semana al cine, con sus hijos ("gringuitos", claro), y que nos ceden el paso amablemente y comentan en voz alta lo "nice" que estuvo la película.
Un "gringo" también es el tipo de la calle que te saluda con una sonrisa, aunque no te conozca. No es tu amigo. No sabe si eres un ladrón o un millonario, pero por costumbre, sonríe al extraño. Por cortesía.
"Gringos" también son los tipos gordos, con barba rubia de tres semanas que les llega al ombligo, sombrero vaquero y overol descolorido, que toman cerveza en algún billar, antes de montarse en su tráiler y escuchar música "country".
"Gringa" es la señora del Wal-Mart de la esquina, quien a sus setenta años sonríe a todo el mundo que entra al local, y les cuenta cómo su esposo murió de cáncer y cómo empezó su vida de nuevo como empleada al no alcanzarle el dinero para sostenerse en su vejez.
Y también "gringo" es el cliente de la tienda de revistas, con puro en la boca y sombrero de los cincuentas, que en voz alta apoya a George W. Bush y su guerra contra Irak, y critica abiertamente a los "liberales izquierdistas" que atentan "contra la civilización" y desea que vuelvan los "buenos tiempos " de Ronald Reagan.
"Gringa" también es Jody, mi amiga de ojos azules y pelo rubio casi blanco, que se la pasa hablando horrores de George W. Bush, los republicanos y los multimillonarios conservadores, y añora aprender español e irse a vivir a Oaxaca.
"Gringo" también es Michael, el cuarentón que nunca creció, y quiere cruzar Latinoamérica en moto, antes de "sentar cabeza" definitivamente con una colombiana, porque las mujeres americanas "no son hogareñas".
"Gringa" es la chica de la taquilla del cine, que siempre sonríe amablemente y está trabajando duro para conseguir una beca y ser veterinaria, algo que quizá le tome diez, quince años, porque aunque de hambre no se muere, se considera "pobre" por no tener los 100 mil dólares que necesita para completar su carrera universitaria.
"Gringos" también son el tipo que viene a fumigar la oficina del periódico, la mujer que le encanta la artesanía mexicana y quiere tomar clases de alfarería, el policía retirado gordo y con cara de bonachón cuya risa abierta y estruendosa llena toda la habitación, o el fotógrafo que se la pasa tomando instantáneas de sus mellizos recién nacidos y colecciona estampillas postales.
En fin, ¿qué es un "gringo"? Una persona, que puede ser rubia y de ojo azul, pero también morena, de ojos cafés. Anglosajón, italiano, irlandés o hispano. Que puede ser de derecha, pro-capitalista, o de izquierda pro-socialista. Que puede apoyar a Bush, o que quizá lo odie. Alguien que quizá esté a favor de la guerra y de "borrar a los árabes de la faz de la tierra", o alguien que se horrorice de las invasiones militares de su país y abogue por la concertación y la diplomacia. Puede ser hombre, mujer, niño, niña, adolescente, anciano. Gordo, flaco, mediano, alto, bajo...
Un "gringo" es un ser humano, único. Similar, pero a la vez diferente a sus congéneres. Como cualquier persona de la Tierra. Como los europeos, los asiáticos o los africanos. Como los latinoamericanos, a quienes nos indigna que nos crean "iguales" unos a otros. Como a los mexicanos que nos indigna que nos confundan con "jalisquillos" si somos colimenses, o con veracruzanos si somos tabasqueños.
A los latinoamericanos nos encanta resaltar los errores y defectos de los poderosos. Y los "gringos", como país, son poderosos. Nos encanta acusarlos de "racismo" hacia "nuestra gente". Pero aunque hay muchos casos documentados de verdadero racismo, nunca mencionamos los casos en los que los propios "gringos" se han levantado en nuestra defensa (que son bastantes también). Tampoco mencionamos los incontables casos de racismo que hay (y sigue habiendo) en México en contra de los indígenas y de los centroamericanos. Muchos de estos horrendos actos, que ocurren a cada rato al sur de la frontera, ya hubieran causado escandalosas demandas, multas y cárcel en Estados Unidos, pero en México pasan desapercibidas como "cosas de todos los días".
Aunque nos duela, este enorme desconocimiento que tenemos de la gente de Estados Unidos, y el solo hecho de resaltar únicamente sus defectos por encima de sus virtudes (que también las tienen) nos convierte en racistas a nosotros también. Porque el racismo nace, precisamente, del temor y odio a los diferente. De la ignorancia. Y de ignorancia nosotros también pecamos todos los días al odiar al "gringos" por el simple hecho de serlo, sin saber que, si le sonreímos y comenzamos a conocerle, quizá encontremos en esa persona a un amigo verdadero, de los que duran toda la vida.
E-mail: cfzap@yahoo.com

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