viernes, abril 08, 2005

Petróleo, inmigración y la historia de dos ciudades

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - A casi 35 años de vida, un servidor puede decir que ha andado de zona petrolera en zona petrolera.
Nací y me crié en Tampico, Tamaulipas, una ciudad que se creó y creció gracias a la explotación petrolífera. A los 28 años, me mudé a Texas, donde el petróleo es igual de rey que en Tampico, o más.
Tampico tiene una ciudad hermana "gemela" en Texas: Ambas nacieron casi al mismo tiempo y era muy similar: Houston. Las dos poblaciones existen gracias al petróleo, ambas son puertos fluviales del Golfo de México que se convirtieron en centros de explotación, refinación y distribución del "oro negro" casi al mismo tiempo.
En los 1920's, Tampico le llevaba amplia ventaja a Houston: El "Puerto Jaibo" era un avispal de culturas: chinos, judíos, ingleses, norteamericanos, árabes, y muchas comunidades más llegaban a carretadas al puerto a participar en "El Auge Petrolero" a tal grado, que la ciudad fue apodada "El Segundo Nueva York".
El comercio llegó a ser tal, que por esas fechas Tampico llegó a ser el segundo puerto con mayor actividad del mundo, sólo después de Nueva York. A tal grado llegó la importancia de mi ciudad natal.
¿Y Houston? Bueno, por aquellos años Houston era un simple pueblito polvoriento y apestoso a vacas, lleno de casitas de madera que parecían sacadas de una película de John Wayne. Nadie daba un quinto por ella.
Entonces algo pasó. Como dos gemelos separados al nacer, Houston y Tampico tomaron caminos distintos, aunque sus destinos siguieron anclados al petróleo.
Hoy en día, la historia es otra: Houston es una ciudad rica, muy rica. Poderosa. Una inmensa mancha urbana con casi 7 millones de habitantes, llena de actividad, con rascacielos de cristal y supercarreteras, suburbios y centros comerciales por todos lados. Es la cuarta ciudad más importante de Estados Unidos, y un centro industrial y tecnológico a nivel mundial. Corporaciones titánicas operan sus negocios en todo el mundo desde Houston, como Continental Airlines, Compaq Computers, Conoco, Sysco y Reliant Energy, entre muchas más.
¿Y Tampico? Bueno, Tampico se quedó enana, en comparación. Con un millón de habitantes en toda su zona conurbada, los tampiqueños nos ponemos a festejar como enanos cada vez que abre un Wal-Mart. Esa es la gran noticia en los negocios a nivel local, porque solo tenemos como dos o tres Wal-Marts, a diferencia de los incontables que hay en la zona metropolitana de Houston. El año pasado que fui todo el mundo estaba embelesado con un puentecito que hicieron sobre la glorieta frente al aeropuerto... Un puentecito que asemeja uno de los muchísimos pasos a desnivel que hay en Houston y que nadie (salvo las cuadrillas de mantenimiento) se molesta en ver siquiera.
Houston se desarrolló a lo bestia. Si trajeran la ciudad tal cual a México, fácilmente podría ser el centro urbano más importante de todo el país, y quizá de toda Latinoamérica. Monterrey y Guadalajara -con todo su glamour e importancia- serían solo ciudades secundarias, y hasta el Distrito Federal se quedaría atrás en desarrollo e influencia.
Mientras, Tampico asemeja solamente a cualquier suburbio de Houston: Un pueblecito adyacente a donde la gente solo va a dormir.
Dicen que las comparaciones son odiosas, ya sé. Antes de que me lo digan, responderé que yo creo que no son las comparaciones las que son odiosas, sino las diferencias.
¿Qué pasó? Si Tampico iba tan bien. ¿Qué hicimos mal? ¿Porqué Tampico no se convirtió en otro Houston, o porqué no lo superó, si ya llevábamos ventaja?
Yo no soy economista ni historiador ni sociólogo, pero soy lo suficientemente cuerdo como para darme cuenta de que algo afectó el desarrollo de ambas ciudades de manera extrema. Y cualquiera puede verlo.
En Houston se hicieron ricas las empresas petroleras, las corporaciones solamente, dirán los críticos. ¿Qué tiene eso de malo? En Tampico los que se hicieron ricos fueron los líderes del sindicato petrolero, como "La Quina" y sus secuaces. En Houston, las corporaciones se bañaron, cierto, pero "salpicaron": contrataron empleados, crearon una economía secundaria alrededor de ellas, y con su riqueza, hicieron rica a su ciudad. Todo, claro, regulado estrictamente por el gobierno en base a impuestos y leyes, porque si por las corporaciones fuera, no hubieran dado un quinto (acuérdense de las transas de Enron, por ejemplo). Y ese es el papel ideal del gobierno: regular, no administrar, empresas.
En Tampico, en cambio, al igual que en todo México el petróleo se convirtió (en teoría) en "patrimonio de la patria", pero en la práctica era botín de unos cuantos: El gobierno (PRI) acaparó, y sólo dio a los cuates, léase sindicalistas, líderes "charros", esbirros y demás. La gente que quisiera entrar a Pemex debería hacer antesalas ante los líderes, y hacer "obras sociales" para ganar una plaza.
Bueno, pero ¿qué diablos tiene que ver la historia de mi rancho, Tampico, con Houston y el petróleo con la columna de hoy, se preguntará el lector? A eso vamos:
Hace días, unos legisladores federales del Partido Republicano insinuaron que Estados Unidos quizá pudiera considerar una amnistía migratoria para los más de 11 millones de mexicanos indocumentados que viven en Estados Unidos. ¿El precio? Dejar a las empresas petroleras "gringas" (casi todas de Houston) invertir en Pemex.
Claro, el asunto causó, y sigue causando, alboroto en México. De inmediato lo calificaron de chantaje, de manipulación, y no pocos "defensores de la soberanía" se subieron a la palestra para "elevar la máxima protesta" ante la intromisión de los "gringos" en el "sagrado Pemex".
El alboroto me sorprende. ¿De qué se espantan en México? Si todos ya sabemos desde niños que lo que Estados Unidos siempre ha querido es invertir en el petróleo mexicano. Es un secreto a voces.
Ahora que los republicanos se abrieron de capa, bueno, pues ¿para qué seguir ocultando? Todos sabemos que México quiere un acuerdo migratorio con Estados Unidos. Vicente Fox fue el primero en poner las cartas sobre la mesa, algo único en un presidente mexicano. ¿Qué tiene de malo, si todos sabemos que es lo que los mexicanos queremos?
Los mexicanos lo vemos como un insulto, una afrenta a la sacrosanta soberanía. Pero los "gringos" lo ven como lo que es: un negocio. Un juego de toma y daca. La cosa es muy simple: Ellos quieren algo que México tiene: Petróleo. Eso siempre ha sido. Y los mexicanos, en cambio, siempre han querido algo que los "gringos" pueden dar: Chance de ir a trabajar como Juan por su casa a Estados Unidos y ganar en dólares
O sea, "yo te doy algo que me sobra, a cambio de algo que tú tienes y que yo quiero." Punto. ¿Cuál es la bronca? Es el principio básico de la economía capitalista. No tiene nada qué ver con manipulación, con chantajes, con soberanía.
Ahora, eso no significa que México va a salir corriendo a aceptar cualquier propuesta. Deben haber reglas, no se trata de dar a Pemex en bandeja de plata. Los republicanos hablan de "la posibilidad" de una regularización migratoria. En realidad, no tienen nada concreto para ofrecer, solo andan tanteando terreno. Primero deben buscar apoyo en el Congreso y en el Senado.
Pero México en vez de indignarse, puede sentarse a la mesa y hablar en serio, pero sin dar el brazo a torcer, pues tiene un arma poderosa (petróleo) que le sirve para negociar.
Primero que nada, si ya los repulicanos hablaron de regularización migratoria, aclarar cómo se daría ésta. Habría que establecer reglas, para que ambas partes ganen. No es que los gringos van a llegar a llevarse el petróleo en carretas sin dejar nada a cambio, para eso están los gobiernos, para eso debe haber leyes, reglamentos, condiciones. Decir: "Muy bien, yo tengo petróleo, tú tienes empleos. A ver, qué me ofreces. ¿Permisos de trabajo? ¿Visas de trabajo? ¿Permisos temporales? ¿Residencias permanentes, o ciudadanía americana para mis "paisanos"? ¿En cuánto tiempo? ¿A cuántos de ellos? ¿Qué requisitos necesitan? ¿Sólo para los que ya están en Estados Unidos, o se puede extender para todos los mexicanos? ¿En cuánto tiempo?".
Igual, ya en la mesa, México tiene todo el derecho de decidir las reglas a la hora de invertir en Pemex: ¿En qué áreas sí los gringos podrán invertir, y en cuáles no? ¿Petroquímica, exploración, explotación, o distribución? ¿O en todas? ¿En qué porcentaje? ¿Cuántos impuestos pagarán, y cómo lo harán? ¿Construirán su propia infraestructura, o mejorarán la existente? ¿Esa infraestructura de quién será propiedad, de las empresas o de México? ¿Podrán explotarla a perpetuidad, o en un periodo de diez, veinte , cincuenta años? Después de eso, ¿qué? ¿Pasará todo a ser propiedad del gobierno mexicano? Hay muchos puntos que se pueden negociar, y aún seguir siendo "soberano".
(Aunque la mentada "soberanía" es un sueño guajiro de los nacionalistas. ¿Cuál soberanía, si el FMI y la banca internacional son los que dictan las políticas económicas de México? Con todo y Pemex...)
Todas esas cuestiones forman parte de una palabra que se llama negociación. En vez de gritar:"¡Chantaje a la soberanía nacional!", lo que el gobierno mexicano debe hacer es ponerse a hacer números. Dicen que Pemex aporta a la economía nacional el 60% de sus ingresos en impuestos. Que sus ventas son de billones de dólares al año. Pero de ese dinero, ¿cuánto vende de crudo? ¿Cuánto es lo que compra del exterior, en productos refinados? ¿Cuánto es lo que beneficiaría a México en términos monetarios una legalización de sus indocumentados? Si los 11 millones de ilegales envían 9 mil millones de dólares al año en remesas, ¿cuánto se incrementará si les dan papeles para trabajar "derechos"? Porque, aunque no lo crean, el tener la residencia le da a uno la facilidad de buscar trabajos mejor pagados, y por consiguiente, enviar más dinero a casa. Actualmente el mexicano promedio gana un salario (mínimo) de 20 mil dólares al año en Estados Unidos, cinco veces más que en México. Y eso sin tener papeles.
Es decir, sentarse y hacer números para ver qué sale mejor, qué conviene. No para el PRI, no para el PAN, no para el PRD. No para el Sindicato de Pemex ni para Fox. Sino para los mexicanos, en general.
Pemex ya demostró que no puede competir contra los enormes consorcios petroleros mundiales. Pemex ha hecho ricos a sus líderes sindicales, no a los trabajadores. Hoy en día, un obrero de Exxon Mobil o Shell gana mucho más que un obrero de Pemex. Los ejemplos se dan en todos lados, hasta en las ciudades como Tampico y Houston, que mencionamos al principio de este artículo.
¿Ya no habrá amnistía migratoria? ¿Ya no habrá inversiones extranjeras en Pemex? Quizá nos adelantamos mucho. Hay bastantes obstáculos para que esto se realice. Lo que nadie toma en cuenta es que la idea ha traído una ola de indignación entre la gente. No, no me refiero a la gente de México (como muchos pensarían) sino entre la gente de Estados Unidos.
Porque a diferencia de lo que cuentan los políticos de izquierda mexicanos en los medios, en Estados Unidos nadie quiere a Pemex. Al menos, no a cambio de legalizar a los indocumentados mexicanos. En internet se pueden encontraro montones de foros donde varios "gringos" ya han puesto el grito en el cielo, y califican la propuesta casi como hacer un trato con el diablo.
Hay grupos de ciudadanos americanos que incluso hicieron un llamado general a bloquear cualquier intención de una amnistía a cambio de petróleo. "¿Amamos tanto nuestras camionetas utilitarias de 13 millas por galón de gasolina, como para vender nuestra alma por ellas?", preguntó uno de los foristas de un sitio web donde se comentaba la noticia. "Estamos dispuestos a negociar el futuro de nuestros hijos?"
(O sea, léase: El acuerdo, de darse, traería más riqueza a las empresas petroleras, pero a cambio de llenar las ciudades de Estados Unidos -aún más- de mexicanos. ¡Horror! )
Así que Rosario Robles y Andrés Manuel López Obrador pueden estar tranquilos. Pemex seguirá siendo "mexicana". Y los indocumentados de acá seguirán a salto de mata, pero eso sí, sin dejar de enviar dinero a sus familias en México.
E-mail: cfzap@yahoo.com

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