viernes, abril 08, 2005

Los Rambos "de petatiux" del Minuteman Project

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Los miembros del famoso Minuteman Project, quienes desde el 1 de abril se lanzaron con bombo y platillo a la frontera entre Arizona y México para "detectar y denunciar" a mexicanos indocumentados, ya se anotaron su primer punto.
Lo malo es que ese punto fue un autogol.
Un reportero del periódico Los Angeles Times se pitorreó de la falta de coordinación del grupo de "vigilantes" armados, como los llamó el presidente Bush: Después de más de un par de días de aburrición, sin que pasara nada, y cuando algunos de estos voluntarios ya se preguntaban en qué diablos habían metido, sonó la voz de alarma de un compañero (por radio, claaaaaaro. Cual debe ser).
Había (¡Por fin!) detectado a un ilegal.
Ni tardos ni perezosos, los aburridos Rambitos se despabilaron. Tomaron sus chalecos antibalas, sus lentes infrarrojos, sus armas (puramente para defensa propia, por supuesto... Nunca se sabe cuándo un ilegal los pueda atacar a pedradas) y se lanzaron raudos a la cacería.
Por fin iba a haber un poco de acción que justificara todo este mitote. Por lo menos para las cámaras de TV, porque los reporteros (que llegaron como manada) ya se estaba desesperando.
Pero, ¡oh, decepción! Se dieron cuenta de que el mentado "ilegal" no era mas que... uno de sus mismos compañeros: Un hombre de 67 años, de Indiana, identificado como Dave Gessner, a quien le había ganado la urgencia de hacer pipí y se metió tras unos matorrales sin avisar a sus compañeros.
Éste y otros episodios ridículos se han repetido en la frontera desde que el grupo Minuteman Project comenzó su cruzada contra la inmigración ilegal en Arizona. En especial la de mexicanos.
Los Minutemen se dicen ser "ciudadanos preocupados por la invasión extranjera (léase 'mexicana') a Estados Unidos". Y ya que, según ellos, el gobierno de George W. Bush no hace nada por detener este flujo, es deber de los norteamericanos "patriotas" tomar el toro por los cuernos.
Así, en unos cuantos meses, valiéndose de su sitio de internet, lograron juntar más de 1,000 "voluntarios" para "patrullar" una franja de 25 millas en la frontera de Arizona, a partir del 1 de abril.
A la mera hora, hay que decirlo, acudieron muchísimos menos voluntarios de lo que los organizadores presumían: Según cifras oficiales de los Minutemen, fueron alrededor de 400. Según reportes de la prensa, apenas sí llegaron a 200.
Lo cual es ridículo, porque casi había más reporteros que Minutemen en la frontera.
Y aunque los líderes del grupo, Jim Gilchrist y Chris Simcox, aseguran que no son racistas, ni violentos, no sería raro que uno que otro loco con pretensiones de Rambo se les haya colado entre sus filas.
Hay que recordar que en Estados Unidos algunos grupos tienen un fervor casi religioso por las armas y todo lo que huela a militarismo. Y estas gentes no pierden ninguna oportunidad para desfilar armados y vestidos de G.I. Joe en público. Sobre todo para las cámaras.
Así, de buenas a primeras la frontera se llenó con tipos vestidos con chalecos antibalas, armas de alto poder, anteojos infrarrojos y jeeps para "detectar 'invasores' ". Algunos de estos "patriotas" se creen que están en Bagdad, y ven terroristas hasta debajo de las piedras.
Los Minutemen dicen que son pacíficos. Que no van a detener personalmente a ningún mexicano. Que simplemente los van a "detectar" y "denunciar" por radio a la Patrulla Fronteriza.
Claro, van armados... por "seguridad propia". (??)
Gilchrist y Simcox juran y perjuran que reclutaron sólo a personas "serias". Que sí, que uno que otro "Marine" de opereta se les quiso colar, pero lo despacharon de inmediato. Que han enfatizado hasta el cansancio el espíritu pacífico de su campaña. Y que no, para nada que son racistas ni anti-mexicanos.
Quizá. Pero hay muchas dudas aún.
La bronca no es lo que los Minutemen planearon hacer o no, sino lo que en realidad vaya a pasar.
Un inmigrante mexicano comentó a la radio recientemente, respecto al tema: "Imagínese si yo soy un indocumentado que voy cruzando la frontera, o un 'coyote'. Y de pronto me topo con uno de esos vigilantes, que me ordena que me detenga mientras ellos le hablan a 'La Migra'. ¿Qué cree que voy a hacer? ¡Ya parece que voy a obedecerlo! Lo primero que haría sería echarme a correr. Y si este tipo me quiere detener, pos claro que me le voy a echar encima".
Eso es en el hipotético caso de que fuera UN sólo inmigrante contra UN sólo Minuteman. Imagínese lo que pasaría si fueran varios indocumentados (o 'coyotes' o narcos) contra uno. O al revés.
O sea, la situación es potencialmente explosiva. Y basta cualquier chispita (de cualquier lado de la frontera) para detonar una tragedia.
Por eso tanto los gobiernos de Estados Unidos como los de México han enviado más agentes a Arizona, para prevenir cualquier bronca. Lo cual no es garantía de que no ocurra.
¿Cuántos ilegales han detenido los Minutemen desde que comenzaron con su campaña, más de una semana atrás? Dicen que 18. La Patrulla Fronteriza en cambio lo niega. Dicen que los números de ilegales detectados no han cambiado porque los Minutemen estén haciendo su show por ahí.
De hecho, unos de los más molestos por este merequetengue son los propios agentes de la "Migra". Algunos se han quejado de que los "voluntarios" en patrullaje activan los detectores de movimiento que la Patrulla Fronteriza tiene ocultos en el área, con lo que se han multiplicado las falsas alarmas de indocumentados.
Lo que sí ha pasado es que los Minutemen ya se dieron cuenta de una cosa: El desierto es... bueno, pues DESIERTO. Muchos esperaban acción, suspenso, persecusiones a alta velocidad, la adrenalina fluyendo en sus venas... Y nada.
Lo único que han vivido son largas horas, días, de inacción. De recorridos en medio de terreno agreste, polvoso, caliente. Y vacío. Lleno de incomodidades y sobre todo, aburrición.
Se dieron cuenta porqué los llaman "desiertos".
¿Quienes han salido ganando con todo este circo? Por lo pronto, los Rambos de petatitux ya han tenido chance de sacar sus armas de alto poder del clóset, desempolvar sus chalecos antibalas camuflajeados, y ponerse en poses "picudas" para las cámaras de TV y prensa de los montones de periodistas que los acompañan. De perdido.
A pesar de todo esto, hay que reconocer que, con todo lo negativo, el Minuteman Project ha sacado algo bueno. Por lo menos ha traído a los medios el problema de la emigración ilegal. Un asunto que requiere soluciones urgentes en Estados Unidos, no a base de balazos y lentes infrarrojos en la frontera, sino con leyes más acordes con la necesidad de regular una inmigración que es un hecho, y que no va a parar porque un puñado de "marines" de cuento hagan circo, maroma y teatro en medio del desierto.

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