viernes, abril 08, 2005

Los premios Stella: El Óscar de las demandas ridículas en EEUU

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Stella Liebeck era una anciana de 81 años a la que se le ocurrió ir a comprar café a un restaurante McDonald's, de esos que hay en todo Estados Unidos. Eso fue en 1994, en Arizona.
Pasó en su auto por la ventanilla del restaurante, compró su café y avanzó. Pero la señora Stella no se fijó, y con el movimiento del vehículo, la tacita de cartón en que le sirvieron el líquido se tambaleó y se regó sobre ella.
El café estaba muy caliente. Casi ardiendo. En cuestión de segundos, Stella sufrió quemaduras tan serias, que requirió hospitalización y una intervención quirúrgica que le dejó cicatrices permanentes.
Cualquiera diría que fue un infortunado accidente, de esos que todos tenemos siempre. Pero Stella no se quedó cruzada de brazos. De inmediato le reclamó al McDonald's por sus heridas, y exigió que le pagaran los gastos médicos. Cuando el restaurante se negó, Stella rauda contrató un abogado y le entabló pleito a la poderosa cadena de los arcos dorados.
¿Suena ridículo? Por supuesto. Pero los que no pensaron así fueron los miembros del jurado y el juez del caso. El abogado defensor contratado por McDonald's tampoco estaba riendo, al contrario. Defendió con uñas y dientes a su cliente. Se portó como gato panza para arriba, sobre todo cuando el jurado declaró a Stella ganadora.
El caso, aunque suene ridículo para cualquier latinoamericano, resultó en que el jurado ordenó a McDonald's pagarle casi 3 millones de dólares a Stella, por gastos médicos, daños y prejuicios.
Obviamente la empresa restaurantera no se quedó conforme, y apeló la decisión. Pero antes de que el asunto pasara a mayores, ambas partes llegaron a un acuerdo, no sin antes otorgarle a Stella una suma mínima de 600 mil dólares para que dejara todo por la paz.
Aunque suene increíble, este caso fue cierto. Stella únicamente se aprovechó de estar en Estados Unidos, el país que se precia de ser una nación de leyes... pero que al mismo tiempo tiene una legislación tan extraña, que no son pocos los que se aprovechan de ellas para beneficio propio.
Hoy en día, el caso de Stella Liebeck se hizo tan famoso, que incluso una organización nacional creó, medio broma y medio en serio, los famosos Premios Stella, que se entregan cada año a los casos de demandas más ridículas y tontas que han llegado a las cortes de Estados Unidos.
Para la botana de los latinoamericanos (y la pena de muchos norteamericanos), estos casos son verdaderas joyitas de la insensatez humana. Éstos son algunos de los nominados a los famosos premios Stella.
- Un abogado de Ohio, llamado Phillip Shafer, demandó a la aerolínea Delta. ¿El motivo? El tipo tuvo que compartir un asiento de avión con un hombre tan obeso, que debieron estar casi pegados hombro con hombro por todo el trayecto de Nueva Orleans a Cincinnati. En la demanda, el abogado pedía una indemnización de 9 mil 500 dólares por haber sufrido "vergüenza, incomodidad severa, angustia mental y molestia emocional severa.
- Un preso de la cárcel estatal de Utah demandó al sistema penitenciario, acusándolo de discriminarlo por sus creencias religiosas. Él alegaba en su denuncia que las autoridades de la prisión no le permitían practicar su religión, la cual describió como "Vampirismo Druida". El preso afirmaba que su religión le obligaba a tener relaciones sexuales con "vampiresas", y que la prisión debía proveerle de una dieta especial de sangre. Pese a todo el borlote armado por el abogado del preso, el jurado desecho su demanda.
- Una mujer de Pennsylvania demandó a los médicos del Centro Médico del Departamento de Asuntos Veteranos, a donde acudía. La mujer, obesa y fumadora empedernida, con alto colesterol y presión, aseguraba que los doctores eran los culpables de sus males, por "no haber hecho lo suficiente" por convencerla para mejorar su propia salud. Por todo esto sufrió un infarto. La mujer demandó a los ocho doctores del centro médico, más a su empleador (el gobierno de Estados Unidos) y exigió una indemnización de 1 millón de dólares.
- Otra de doctores: Tres hermanas de California, Janice Bird, Dayle Bird y Kim Bird Moran demandaron a los médicos de su mamá y al hospital. Las hermanas acudieron con su madre al centro médico para un asunto de menor importancia, pero algo salió mal. Hubieron complicaciones, por lo que los médicos de inmediato trasladaron a la mujer al quirófano para operarla de emergencia. Las hermanas se asustaron tanto, que decidieron demandar al hospital y los doctores por "haberles causado angustia severa" cuando vieron cómo los médicos corrían para salvar a su madre. Los argumentos de las hermanitas y sus abogados no valieron de nada, pues la Suprema Corte Estatal falló contra ellos. Si hubieran ganado la demanda, seguramente los médicos lo pensarían dos veces antes de atender a un paciente acompañado de familia.
- En enero de 2000, la Sra. Kathleen Robertson de Texas, recibió una compensación de 780 mil dólares. ¿El motivo? La mujer demandó a una tienda de muebles donde acudió a comprar. En un momento dado, Robertson se tropezó contra un niño pequeño que corría dentro de la tienda, rompiéndose un tobillo. Los dueños de la tienda no podían creer que Robertson los había demandado, sobre todo si se toma en cuenta que ese niño que le causó el accidente... era su propio hijo.
- Por fortuna, las demandas ridículas no siempre ganan. La empresa de electrodomésticos Kenmore se sorprendió cuando una mujer los demandó. Alegaba que su perrito French-Poodle se había muerto por culpa del horno de microondas, fabricado por la compañía. La mujer confesó en el juicio que había metido al animalito dentro del horno para secarlo después de bañarlo, pero que nunca pensaba que iba a morir. Por ello demandó a Kenmore, aunque el juez desechó el caso por ridículo.
De todas maneras, Estados Unidos sigue siendo el paraíso de las demandas frívolas. Todos los días hay casos serios, que ameritan indemnizaciones, pero también todos los días se despierta un vivales pensando a quién demandar para sacar dinero rápido. Y los abogados, siempre listos para actuar, esperan cualquier oportunidad para sacar una tajada.
Estados Unidos no es un país perfecto (de hecho, ninguno lo es). Pero a pesar de sus defectos, los americanos defienden con orgullo de su gran nación. Sin embargo, en el asunto de lo ridículo que a veces pueden ser sus leyes (y de las tontas demandas que causan), ni siquiera los propios norteamericanos pueden evitar mover la cabeza con incredulidad.

E-mail: cfzap@yahoo.com

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