sábado, abril 23, 2005

Los gringos quieren de presidente a López Portillo

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - "Protejamos nuestra economía nacional de la invasión extranjera". "Primero nuestros conciudadanos, después los demás", "Defendamos nuestro patrimonio nacional", "Nuestra cultura y costumbres deberán prevalecer por sobre intromisiones ajenas a nuestra idiosincracia"...
Estas frasecitas como que nos suenan familiares. Suenan a proteccionismo. A ultranacionalismo. A demagogia. A priísmo rancio.
A la "docena trágica", la época en que gobernaron México Luis Echeverría y José López Portillo.
Pues no, no son frases sacadas del manual priísta de los setentas. Al contrario, uno fácilmente pudiera encontrarlas (en inglés) en cualquier foro de discusiones políticas pre-electorales de Estados Unidos, hoy, en el 2004.
Son los gritos, las exigencias de los norteamericanos a sus gobernantes.
Cada año de elecciones, los votantes les exigen a los aspirantes a la Casa Blanca que definan sus posturas respecto a (para ellos) tragedias como el libre comercio, la salida de trabajos a otros países, y la inmigración.
El votante norteamericano está muy enojado con la economía. Y le echa la culpa no a Rusia, no al comunismo, no al terrorismo... Sino al mundo entero.
Increíblemente, ahora son los norteamericanos los que agarran de piñata ideológica al capitalismo global, y han llegado a pedir al gobierno que adopte medidas proteccionistas, que dé subsidios a todas las industrias locales, y de plano que cierre las fronteras no solo a los inmigrantes, sino a todo lo que huela a extranjero.
El pueblo norteamericano se está volviendo globalifóbico.
Y para agradarles, los candidatos no escatiman cualquier recurso que les garantice hasta el último de los votos, lo cual podría significar una enorme diferencia en una elección cerrada.
Todo se vale. Incluso recurrir al populismo.
Mientras en México ya enterramos a José López Portillo, el último símbolo del presidente priísta, revolucionario y demagogo, al norte de la frontera parece que cualquiera que use su retórica tiene garantizado de perdido que los electores le aplaudan... Y quizá hasta lo elijan. Sobre todo entre las clases trabajadoras de los estados industriales, los más golpeados por la recesión.
Cada día, más y más empleos son trasladados a otras partes del mundo. Las empresas están enfrascadas en una batalla a muerte por ser más competitivas, lo que las lleva a cortar gastos de donde se pueda. Una de las opciones más socorridas es el "outsourcing", que significa simplemente, subcontratar a otras empresas para que hagan trabajos en la India, China y México. Con esto, muchos empleados norteamericanos que ganan en dólares y por horas, son despedidos.
Otras empresas, como las armadoras de automóviles, de plano corren a todo el mundo porque cambian plantas a México, donde les salen más baratos los salarios. Y claro, a los trabajadores americanos no les gusta.
Es evidente que los gringos también son víctimas de la globalización. Sobre todo las clases media y baja.
Por eso no es extraño ver cómo pueblos enteros del cinturón industrial de Estados Unidos condicionan sus votos al candidato que les diga lo que ellos quieren escuchar: No al Tratado de Libre Comercio. No a la exportación de empleos. Primero los americanos, después el resto del mundo.
Es muy comprensible esta situación. En la mayoría de los casos, los afectados son familias que no tienen otra manera de buscar sustento. Un obrero soldador que gana 15 dólares la hora difícilmente podrá encontrar otra chamba a los cuarenta y cinco años, con tres hijos que alimentar.
Y no es que simplemente se vaya a otra empresa de soldador: La bronca es que ya ninguna empresa contrata soldadores. ¿Para qué hacerlo si los mexicanos o chinos hacen el mismo trabajo por menos dinero?
La crisis también golpea a los profesionistas. Hay miles y miles de técnicos, ingenieros y ejecutivos sin chamba, luego de que se desinflara la burbuja del "boom" de los 90's. Muchos de esos empleos que antes pagaban sueldazos de hasta 200 mil dólares al año, ahora ya no están en Estados Unidos: Se mudaron a Asia, donde un ingeniero indio hace lo mismo por la mitad del salario.
Los americanos están enojados. Muy enojados. Y buscan a quién echarle la culpa.
Lo malo es que no se la echan a los presidentes de las corporaciones, ni a la competencia de un capitalismo que siempre han defendido. No, buscan culpables y los hallan en los inmigrantes. En los ingenieros indios o chinos. En los obreros mexicanos de las plantas armadoras de autos. En las madres, empleadas mexicanas de las maquiladoras de Chihuahua.
Y hasta en los inmigrantes que les cortan el césped a la casa de sus jefes.
Seguramente, si muchos de ellos pudieran viajar atrás en el tiempo, y volver al año 1994, votarían gustosos por Ross Perot y no por Bill Clinton. Perot, ese texano que se opuso al Tratado de Libre Comercio con México advirtiendo que sería una "aspiradora" de empleos hacia afuera, tiene muchos seguidores últimamente.
(Lo que muchos no saben es que hoy en día, las propias empresas de Perot ahora ya se subieron al vagón del "outsourcing" y están subcontratando compañías de Asia para recortar presupuesto. Y de paso correr a esos trabajadores a quienes él buscaba convencer de las maldades de la globalización. Imagínese).
Nada puede parar la globalización, por muchas marchas y protestas que se hagan en las cumbres internacionales. Si un país se cierra al mundo, puede terminar como Corea del Norte, sin dinero ni para alimentar a su población. Ninguna nación es autosuficiente, no cuando hay mil millones de chinos trabajando como locos por un salario ínfimo, y atrayendo capitales de todos lados.
Es casi imposible que un presidente norteamericano acceda a las peticiones de sus electores. Sería un suicidio económico y político para el país. Pero no es imposible: Si la cosa se pone peor, todo puede pasar.
Lo más probable, sin embargo, es que surjan cada vez más y más candidatos que exploten ese terror de los trabajadores, que se aprovechen de ellos con demagogia. Y claro, en la lista de "enemigos de América" que estos populistas se sacarán de la manga seguramente México y los inmigrantes estarán a la cabeza.
Y lo malo es que la gente, el obrero norteamericano de clase media o baja, se la cree. Y son ellos los que votan.
Sí López Portillo se levantara de la tumba, y se apareciera en alguna de las elecciones primarias con sus frasecitas de "No nos humillarán... Nos levantaremos de nuevo... Nuestro país es grande... ¡Lo defenderé como perro!" entonces cualquier otro candidato gringo ya podría comenzar a despedirse de la Casa Blanca, porque segurito que pierde las elecciones.
Y por paliza.

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