lunes, abril 25, 2005

La historia de Rosa, la mujer arrestada por no darle su asiento a un hombre

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - La señora Rosa Parks tenía 42 años, y estaba cansada aquél día. Le dolían los pies después de tantas horas trabajando como costurera en una planta, y necesitaba descansar.
Por eso, cuando tomó el autobús de camino a su casa, lo primero que hizo fue buscar un asiento. Necesitaba descansar un poco.
El autobús se llenó, y los asientos se acabaron. Rosa dormitó. Minutos después, apenas notó cuando un hombre le hablaba.
Al voltear, vio que era el chofer del autobús. Le ordenaba a Rosa que se levantara del asiento, y se lo diera a un hombre, que estaba parado.
¿Debería Rosa, una mujer cansada, haberse levantado y darle el asiento a un hombre parado en un autobús? De primera impresión la respuesta es, por supuesto, no.
El problema es que esto ocurrió el 1 de diciembre de 1955, en un autobús de la segregada ciudad de Montgomery, Alabama.
Rosa era una dama, cierto. Pero también era negra. Y el hombre al que debía darle el asiento era blanco.
Así había sido en el sur de Estados Unidos. Desde siempre. Por eso el chofer ordenó a Rosa a levantarse y darle el asiento al hombre blanco. Era su deber. Era la ley.
No importaba que estuviera cansada. No importaba que fuera una mujer: Era negra. Y eso era suficiente.
Escenas como ésta ocurrían todos los días, en casi todo el país. No era raro ver asientos en los autobuses exclusivos para blancos. Ni bancas en el parque, o bebederos, baños e incluso escuelas, a los que solo los rubios de ojos azules podían acceder. Los negros tenían sus propios asientos, baños, bebederos y escuelas, siempre y cuando no se mezclaran con los blancos.
En Texas, era común ver letreros en negocios donde no se permitía entrar "Ni a perros ni a mexicanos". Así se vivía en el Estados Unidos de los años cincuentas.
Por lo tanto, el que Rosa debiera darle el asiento a un blanco no era raro, era cosa de todos los días. Nuestra historia hubiera terminado ahí, si Rosa hubiera accedido, se hubiera levantado y le hubiera dado el asiento al hombre blanco.
Pero Rosa dijo que no. Que no se iba a levantar.
El chofer insistió. Ella era negra. No podía hacer eso. La amenazó. Ella replicó que estaba cansada y no tenía porqué darle el asiento a un hombre.
El autobús paró. El conductor se bajó, buscó un policía, y lo trajo para que arrestaran a Rosa Parks. Esposada, fue a dar a la comisaría. ¿El cargo? Violar las leyes que segregaban a los negros.
O sea, no darle su asiento a un hombre blanco.
Fue un pequeño incidente, no el único de este tipo ocurrido en Estados Unidos por aquellos años, pero sí el que detonó todo el movimiento de derechos civiles.
Rosa Parks salió poco después de la cárcel, pero el daño al orgullo de la comunidad negra ya estaba hecho. Tras pagar la fianza de Rosa, los líderes negros se reúnen y deciden boicotear el servicio de autobuses de Montgomery, en protesta por sus políticas de segregación.
Los dueños de la línea se rieron. ¿Qué pueden hacer esos negros contra nosotros?, pensaban. Necesitan usar los autobuses, no tienen de otra. Necesitan ir a trabajar. Tarde o temprano se doblarán.
Pero no fue así. Cada día, a partir del 5 de diciembre, la gente de raza negra se unía más. Dejaron de usar el servicio de transporte público. Los que tenían carros llevaban a amigos. Pero la mayoría iba caminando a pie, o en bicicleta al trabajo.
Algunos iban hasta a lomo de mula.
"No durarán mucho", pensaban las autoridades blancas. Y también se equivocaron.
Un joven ministro religioso alentaba a la comunidad a no doblegarse. Él mismo encabezaba las caminatas, y desde el púlpito de su iglesia daba discursos que unían más a los negros. Se llamaba Martin Luther King.
"Hay un momento en que la gente se cansa de ser segregada, después de tanto tiempo", decía King. "Este es el momento de decir basta". Pero insistía en que la protesta debía ser pacífica, nunca llegar a la violencia.
No pedían cambiar el mundo. Inicialmente, la protesta solo buscaba acabar con el sistema de segregar a los pasajeros negros de los autobuses. También pedía que los choferes fueran corteses con estas personas -que al fin y al cabo, pagaban pasaje igual que todos- y que contrataran choferes negros.
Pero la tozudez de la línea de autobuses, sumada al desprecio de las autoridades municipales de Montgomery, hicieron el asunto más grave.
Pasaron días. Semanas. La protesta sigue.Los autobuses se vaciaron. Y la empresa comenzó a perder dinero. Mucho dinero. Después de todo, el 75 por ciento de sus usuarios eran negros.
La empresa se vio forzada a cerrar rutas, reducir el número de unidades. Aumentó el pasaje de 10 a 15 centavos. Todo para resistir el boicot, aunque sin éxito. El dinero lo perdía como una hemorragia.
Pero no fueron los únicos afectados. Como las familias negras ya no se transportaban lejos, decidieron comprar cerca de su casa. Muchos negocios del centro de la ciudad sufrieron entonces enormes pérdidas (no querían a los negros, pero les encantaban sus dólares). Empresarios, dueños de negocios y ciudadanos comunes blancos comenzaron a enojarse con los negros. Los amenazaron, los insultaban cuando los veían caminando en grupos. Los querían provocar.
Sin embargo, los negros no respondían a las agresiones. Se acordaban de Martin Luther King y su llamado a la no violencia.
La actitud pacífica les costaba mucho a los manifestantes. Sobre todo cuando la policía los comenzó a detener por nada, y a multarlos sin motivo.
La familia de Rosa Park era objeto de amenazas constantes, y a ella misma la despidieron de su empleo.
Las agresiones llegaron hasta a dañar casas de las familias negras, e incluso alguien le pone una bomba a la casa de Martin Luther King mientras él estaba oficiando misa. Por fortuna ni su esposa ni su hija de 2 meses salen heridas, a pesar de haberse encontrado en la vivienda al momento de la explosión.
Así era el Estados Unidos de 1955.
Los seguidores de King se enfurecieron. Prometieron venganza, pero el ministro los detuvo. No van a resolver el problema con más violencia, les dice, al contrario. Esto unió más a la comunidad en el boicot.
La empresa de autobuses quebró. Muchos negocios quebraron. A regañadientes, se dieron cuenta de que necesitaban de la comunidad negra, aunque no la quisieran. Y aunque no lo reconocieran en público.
Un año después del incidente, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos decreta que las leyes de segregación racial de Alabama eran inconstitucionales, y obliga a sus autoridades a revocarlas.
Al día siguiente, Martin Luther King, junto con Rosa Parks y otros líderes del movimiento, celebraron la decisión. ¿Su primera actividad? Abordar un autobús y sentarse donde les diera la gana, sin que los levantaran o los arrestaran por ser negros.
Rosa Parks fue considerada desde entonces como una de las pioneras de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Y a pesar de su celebridad, prefirió retirarse a una vida privada, seguir trabajando y criar a sus hijos. Aunque fundó varias organizaciones de defensa de los derechos.
La unidad de la población negra inició verdaderamente allí. Gracias a la unión de los 17,000 habitantes de raza negra de Montgomery, se pudo tener éxito en el boicot, que detonó las luchas por hacer de Estados Unidos un país, si no 100% justo, sí por lo menos bastante menos racista de lo que era antes.
¿Porqué celebrar a una persona negra en esta columna, que se supone relata las historias de los inmigrantes hispanos? Porque la historia de Rosa Parks cambió a este país. Porque gracias al shock que causó (junto con el activismo posterior de Martin Luther King) se reconocen hoy en día los mismos derechos a blancos, negros, hispanos y asiáticos en Estados Unidos. Por lo menos en el papel. Por lo menos en las cortes. Lo cual ya es bastante.
Cierto, Estados Unidos no es un paraíso. Sigue habiendo mucha injusticia. Mucho racismo. Mucha segregación "de facto". Pero todo ello son actitudes personales, de ciertos individuos. No es una política institucional del gobierno, no es "la ley". Parece que no, pero eso es una enorme diferencia, aunque a veces nos quejemos.
En buena medida, todos los que vivimos en Estados Unidos les estamos en deuda a todos esos primeros activistas, y a muchos otros como César Chávez. A ellos les tocó vivir en un país muy distinto al de hoy en día, pero tuvieron el coraje de hacer algo para cambiarlo. A pesar de las amenazas, a pesar de los despidos. A pesar de las bombas en sus casas. Y lo lograron.
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La Sra. Parks sigue viva hoy en día. En 1999, la diminuta mujer, de sombrerito y falda larga, caminó por el pasillo principal del Congreso de Estados Unidos, en una ceremonia en su honor. Allí, el entonces presidente Bill Clinton le otorgó la Medalla de Oro del Congreso, el máximo galardón que un ciudadano americano puede recibir de su país.
Tras recibir a Rosa y darle la mano, Clinton de inmediato hizo lo que ameritaba: Allí, ante los legisladores, y millones de espectadores que seguían la ceremonia por TV, el presidente de Estados Unidos volteó a ver a la anciana mujer... y le ofreció su asiento.
Él era el presidente, el hombre más poderoso del mundo. Cierto. Pero después de todo, Rosa era una dama.

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