lunes, abril 25, 2005

El profesor de Harvard que le tiene pavor a los mexicanos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Hay un viejito gringo por allí que le tiene pavor a los mexicanos.
Bueno, son muchos los que nos tienen pavor. Y no solo viejitos, también hay mujeres, hombres y hasta niños, quizá. Varias organizaciones anti-inmigrantes se han encargado de lavarles el cerebro y alertarles de la "amenaza café". O sea, de los hispanos, que llegamos en masa a Estados Unidos. No a comernos a los niños gringos, como se decía de los inmigrantes chinos allá en el siglo 19, pero sí a comernos todo lo demás: Trabajos, servicios de salud, welfare, etc.
Pero volvamos al viejito ése que nos tiene tanto miedo. Se llama Samuel P. Huntington, y es ni más ni menos que un destacado profesor de la que es, quizá, la universidad más prestigiosa del mundo, Harvard.
Huntington acaba de publicar un ensayo en la revista Foreign Policy (www.foreignpolicy.com), titulado "The Hispanic Challenge" ("El Desafío Hispano"). Es un adelanto a su nuevo libro "Who we are" ("Quiénes somos"). En él, el profesor alerta que los hispanos somos un peligro para Estados Unidos. Un peligro cultural, económico, social y hasta político. Sobre todo, y especialmente, los mexicanos.
¿Porqué? Echando mano a estadísticas y estudios (parciales), el profesor Huntington, quien es director del Centro de Estudios Exteriores de Harvard, declara que con nuestras costumbres, nuestro idioma español, nuestro gusto por los chiles y los tacos, los mexicanos vamos a acabar barriendo con todo lo bonito que es el "American way of life".
Dice, a grandes rasgos, que Estados Unidos es grande debido a que fue colonizado por anglosajones protestantes, especialmente británicos. Y en esas costumbres, credo y religión estriba la esencia del país. "Si Estados Unidos hubiera sido colonizado por católicos portugueses o españoles, no seríamos Estados Unidos, sino Brasil o México", explica.
Luego se queja de el inmenso flujo de inmigrantes mexicanos, que estamos amenazando con cambiar la esencia del país. Porque no somos "blancos". Porque no somos protestantes. Porque no somos anglosajones. Porque no hablamos inglés.
El problema no es que vengamos, según dice Huntington. El problema es que no nos "adaptamos" al crisol de razas, como otros inmigrantes italianos, polacos y alemanes hicieron en su tiempo. Nosotros seguimos apegados al español, al catolicismo, y muchos hasta a nuestra bandera de origen, aún cuando nos hagamos ciudadanos americanos.
Pero sobre todo, lo que al viejito éste le molesta en particular, es que sigamos tercos en hablar español. En nuestras casas, con nuestros familiares y amigos. Y en especial, con nuestros hijos.
Su temor es sencillo. Él dice que si les hablamos en español a nuestros niños (la mayoría nacidos aquí), nunca perderán el idioma de sus padres, como hicieron otros inmigrantes del pasado. Peor: para él es malísimo que "para la segunda o tercera generación", los hispanos no hablen sólo inglés, sino que sean... ¡Bilingües! (Horror de horrores.)
Este es uno de los temores más socorridos de los anti-inmigrantes: Que convirtamos a este país en hispano. Que el español le haga sombra al inglés. Que se vean de pronto en un país donde la mayoría de la gente no se pueda comunicar con ellos.
"Me molesta cuando llamo a una empresa o al banco, y el sistema me pregunta si quiero inglés o español", se quejaba recientemente un lector a un periódico de Dallas. "Estoy en América (sic), en mi país. Lo más patriota que espero es que me atiendan en mi idioma".
Ojo: El principal temor de los antiinmigrantes es no poderse hacer entender con los hispanos. Pero nunca se les prende el coco un poquito y piensan "Bueno, ¿no me convendría aprender un segundo idioma?". No, en vez de eso, optan por atacar a todos los que no hablan inglés y acusarlos de antiamericanos, antipatriotas o invasores. Que para el caso es lo mismo.
Igualito el viejito Huntington. E igualito el viejito Pat Buchanan, un ex candidato presidencial, de ultraderecha, que ha sido comentarista en la cadena CNN, y quien se pasa la vida quejándose de los mexicanos. En un reciente artículo, añoró casi con lágrimas en los ojos aquél "entrañable Estados Unidos de los años cincuentas", donde todo el mundo era blanco y hablaba inglés. Dio a entender que entonces no había crimen, que todo era limpio y bonito... hasta que aparecimos nosotros, los inmigrantes y lo echamos todo a perder.
"¡Nos quieren meter el español a fuerza por la garganta!", se quejaba un admirador de Buchanan. Y luego atacaba a todos los mexicanos por no querer aprender inglés.
Yo respeto las opiniones de todos. De este tipo. Del Sr. Buchanan. Del Sr. Huntington. Lo que pasa es que ellos siguen metidos dentro de su mundo de cristal, viendo Estados Unidos como desde una torre, alejados de la realidad.
En muchos sentidos, ellos siguen viviendo en aquél país que tanto añoran, y no quieren aceptar que ya murió. Que ya no es el mismo. Que ya cambió, para bien o para mal. Como muchos países cambian y seguirán cambiando.
Vaya, ya ni siquiera México es el mismo país de 1950. Y dentro de 50 años, no será el mismo país de 2004, como tampoco lo será Estados Unidos.
Antier, sentado en una banca de la cafetería gringa, dentro de una escuela primaria gringa, en el subrubio gringo de Garland, Texas, se me ocurrió que estos viejitos y sus secuaces andan bien despistados. En su nube intelectual. Estoy seguro de que esas personas que echan pestes de los inmigrantes mexicanos, por querer "imponer" el español, nunca se han parado en una clase de inglés. En todo lo largo y ancho del país, las clases de inglés como segundo idioma están creciendo como hongos. Y en escuelas de todo tipo: en iglesias, en primarias, secundarias, organizaciones no lucrativas, y dónde no.
¿Y quiénes creen ustedes que componen la inmensa mayoría del estudiantado de estas clase? Adivinó: Los hispanos. Los mexicanos, sobre todo.
Esto pensé cuando estaba sentado en esa cafetería que les cuento. Asistí porque era la fiesta de graduación de una de estas clases de inglés. Las escuelas públicas municipales de Garland destinaron un presupuesto a ofrecer clases gratis de inglés a los padres de familia que quisieran.
Las clases se dan por la tarde, tres veces a la semana, en una de las mismas escuelas a las que los hijos de estos inmigrantes acuden. Los que las imparten son los mismos maestros profesionales y titulados que trabajan por las mañanas, dando clases a los niños.
Y, como mencionamos, las clases son gratis. Totalmente gratis. Para el que quiera.
¿Hay madres o padres que no tienen con quién dejar a sus hijos para acudir a las clase? No hay problema: Las clases se imparten al mismo tiempo que clases extras para los niños de todos los grados, en salones contiguos. Allí, un maestro certificado y con título profesional, se encarga de ayudarles a los niños a hacer la tarea o repasar lecciones, mientras sus papás estudian inglés.
¿Mencioné ya que todo esto es totalmente gratis?
La fiesta de fin de curso estuvo abarrotada. Los padres de familia contribuyeron con comida, refrescos, y postres. Era un buffet. Maestros y alumnos convivieron agradablemente. Hubo incluso una entrega de reconocimientos para los alumnos que habían mostrado asistencia perfecta en todo el semestre.
"Pero esto es solo el inicio", recordaba la maestra Shannon Terry, directora del Programa Bilingüe, que tomó la palabra ante el micrófono para agradecer el apoyo de la comunidad hispana. "Ustedes están dando el ejemplo a sus hijos de seguir estudiando."
Minutos antes, esta "gringa" alta, rubia y de ojos azules, se había disculpado porque iba a hablar en español al público, e iba a cometer muchos errores. "Como ustedes los van a cometer al hablar inglés, pero es importante que lo hagan con entusiasmo. Para que nuestra comunidad sea totalmente bilingüe".
Había de todo. Hombres solos. Mujeres solas. Pero también matrimonios, parejas. Grupos de amigos que iban juntos a estudiar. Mexicanos, centroamericanos, sudamericanos. Pero más mexicanos. En jeans deslavados, en tenis, en zapatos de pintor. Acabados de salir de la obra, o de limpiar oficinas, o de cuidar niños, estos hombres y mujeres dedicaron dos horas, cada tercer día, a aprender inglés. Muchos ni siquiera tenían estudios de secundaria o preparatoria en México, y se les dificultaba más encarrerarse en la vida académica.
Pero todos iban. Todos acudían. Incluso hubieron muchos que se quedaron fuera de los cursos, porque el cupo era limitado. La demanda excedió la oferta.
En todo Estados Unidos estas escenas se repiten. Gringos hablando español e hispanos poniendo todo el esfuerzo de su parte por aprender inglés. Por ser parte de la sociedad de este país.
"Hay que aprender inglés, para mejorar", explicaba uno de los asistentes. "Uno vive en Estados Unidos. Y el idioma de este país es el inglés".
No pude evitar sonreír mientras comía un flan, y recordaba las profecías apocalípticas de Samuel Huntington y Pat Buchanan. Ciertamente, nosotros no seremos el típico norteamericano, gringo, güero, protestante y pecoso de 1950. Pero tampoco somos ya tan "extranjeros": Muchas de nuestras familias llevan aquí más tiempo que la mayoría de las familias anglosajonas.
Y éstos somos nosotros, Sr. Huntington. Los inmigrantes que nunca vivimos ese paraíso de los cincuentas del Sr. Buchanan, pero cuyos hijos y nietos heredarán el Estados Unidos del siglo 21. Y lo harán hablando dos idiomas. O quizá hasta más. Y no por eso dejarán de ser menos americanos... o mexicanos.

2 comentarios:

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  2. Soy yo, nuevamente, el Profesor Berkeley. Ayer leí uno de tos posts relacionado con la idea de anexar México a Estados Unidos. Me pareció un post bueno. Me quedé con ganas de leerte más. Acabo de leer este otro post so de el Profesor de Harvard, y me pareció muy bueno. Tu experiencia de vida en Estados Unidos resulta valiosa. Y sabes escribir. Bueno, dejemos a un lado los elogios. Con este otro post que te leí, tu blog se acaba de convertir en mi favorito. Poco a poco leeré todos tus posts.

    Por otro lado, es evidente que tú estas a favor de la unión de las dos culturas. Si puedes, sería buena idea que ahondaras un poco sobre la idea de que por alguna razón todas las naciones latinoamericanas (casi) fueron conquistadas por España y Portugal, y extrañamente todas son naciones de tercer mundo. Y quizá la idea de Buchanan que comentaste no esté del todo errrada. Eso, creo, vale la pena comentarlo. Saludos del Profesor Berkeley

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