miércoles, abril 13, 2005

Doña Emma: Una agradable abuelita que trabajaba ... de "coyote"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Por César Fernando Zapata
DALLAS, Texas La imagen que nos han dado los medios de estas personas es siempre la misma:
Un hombre, de mediana edad. Quizá sombrerudo. Con botas, pantalón de mezclilla y anteojos oscuros. Bigotón, para más señas. A la mejor un diente de oro que cuando ríe se ve brillando, como se cantaba en Pedro Navajas.
Pero sobre todo, lo distinguía su avaricia: Cobrar mil, mil quinientos, dos mil o hasta cinco mil dólares por "el trabajo".
Se trata de los "polleros" o "coyotes", esa figura tan controvertida en la cultura fronteriza, que para muchos ya hasta alcanza dimensiones míticas a la altura del "coco" o el "chupacabras".
Los medios (particularmente los de Estados Unidos) han retratado al "coyote" de esta manera desde siempre. Los gobiernos americano y mexicano se han encargado de ponerle condimento, y el resultado es que tenemos una figura que rivaliza en maldad con gánsters del calibre de Al Capone o narcos como "El Señor de los Cielos".
Muchas veces la mala famita no es gratuita, al contrario: Estas personas se la han ganado a pulso.
Porque han sido "coyotes" los que dejan abandonados a los inmigrantes en el desierto. Son los "polleros" los que los encierran en tráilers, sin ventilación, sin agua, sin alimento, hasta causarles la muerte. Son los "coyotes" los que les quitan a los indocumentados todo su dinero, los secuestran, los golpean, violan a las mujeres, roban a sus niños y los matan de un balazo en la nuca en despoblado.
Con tal reputación, lo que nos extraña es que los "coyotes" sigan siendo tan o más populares que nunca entre los mexicanos pobres: En esos círculos, el "pollero" no es más que la salvación a una crónica freguez cuya única válvula de escape parece estar al norte.
¿Son ciertas tantas acusaciones de perversidad contra los "coyotes"? Muchas de ellas, sí. Los "coyotes" no son santos. Son delincuentes, si uno usa la ley a rajatabla. Muchos de ellos son asesinos, son violadores. A bastantes de ellos les importa un comino mejorar la vida de sus semejantes, y ven en la tragedia económica de México un botín por el cual sacar la mayor ventaja, a costa de millones de familias desesperadas.
Pero, para ser justos, hay que reconocer que no todos los "polleros" entran en esta clasificación. ¿Qué es un "pollero", sino un producto de un problema mayor?
Como los narcotraficantes, los "coyotes" existen porque cumplen con una función: satisfacer una demanda. La necesidad existe, y como el gobierno (o los gobiernos) no permiten que se satisfaga de manera legal, estos "prestadores de servicio" surgen de manera espotánea.
Y no es por castigo divino, ni por designio del Malévolo: es por pura realidad económica.
Está bien alertar a los migrantes potenciales sobre los peligros que les depara el confiarle la vida a un perfecto desconocido (que, de paso, seguramente tiene un largo historial delictivo). Pero en sus esfuerzos por detener un fenómeno social, tanto México como Estados Unidos han rayado en la paranoia y a veces en el histerismo. Un "coyote" puede ser un criminal, pero decir que todos lo son, es como aceptar la acusación de los americanos de ultraderecha que ven en todo inmigrante un terrorista.
Un "coyote" es el hombre a quien apodan "El Vecino". En su larga trayectoria polleril, ha recaudado arrestos, persecusiones y hasta balazos. Se ha tenido que "fajar" más de una vez a punta de pistola para mantener su "territorio". Y su rostro se encuentra fichado como "de los más buscados".
En síntesis, su pedigri se puede comparar con el de los Álvarez Félix o el de el gángster John Dillinger.
Pero también calificarían como "polleros" personas como Doña Emma. Ella, una viejecita de sesenta y pico de años, no tiene empacho en "ayudar" (por una corta feria, claro) a quien desee iniciar su vida en Estados Unidos. La amable abuelita (de ésas que imaginamos en una salita cursimente tapizada, sirviéndonos chocolate con galletitas mientras espera que comience el programa de Don Francisco) se ha aventado a pasar por la frontera a varios indocumentados mexicanos, en su mayoría mujeres y niños. Ahora, ya retirada, piensa seriamente en regresar a las andadas ante las penurias de la actual recesión.
Doña Emma no usaba pistola. Ni metía a la gente en tráilers a morir de sed. No, ella era más fina: conseguía actas de nacimiento de parientes o amigos americanos, y con ellas metía a sus clientes en su auto, y cruzaban la frontera como cualquier familia americana que "regresaba" de vacaciones de México.
Nunca la agarraron. Pero corrió con suerte.
"Pollero" también era Jacinto, el dueño de un changarrito en la frontera (del lado mexicano), quien "prestaba" su pasaporte con visado americano a quien le llegara al precio. Usando una técnica secreta (que nunca divulgó), lograba acomodar la foto del cliente de tal manera sobre el pasaporte verdadero, que el cambio era prácticamente inadvertido. Por lo menos dos clientes hicieron realidad su sueño americano, gracias a este sistema.
Estas personas no son héroes. Nadie los está alabando por quebrantar las leyes migratorias norteamericanas. Tampoco incitamos a nadie a lanzarse a esta empresa. Pero de Doña Emma ni de Jacinto se puede decir que sean los asesinos, delincuentes, gánsters y representantes del Diablo en la Tierra con que los medios describen a los "coyotes". Y sin embargo, "pasaban" gente.
Ni doña Emma ni don Jacinto ejercen ya. Pero como ellos, miles de otros "coyotes" disfrazados operan al margen de sus colegas tradicionales: Nunca llevan gente por el desierto. Los pasan en autos con placas americanas. No se valen de pistolas ni camiones, sino de actas de nacimiento y pasaportes. Tampoco se reúnen en cantinas de mala muerte a cerrar sus tratos: al contrario, basta una llamada (generalmente del amigo del hermano del primo del compadre de un conocido) para contratarlos.
Eso sí, cobran. Y cobran bien. Y seguirán con su "negocio" porque es lucrativo. Porque existe la necesidad. Porque hay quién está dispuesto a pagar hasta diez mil dólares por persona (los chinos y árabes) para llegar a Estados Unidos. Y porque mientras los gobiernos de Estados Unidos y México no se pongan de acuerdo en un acuerdo migratorio real, que reconozca la necesidad de satisfacer la demanda de trabajadores con inmigrantes, los "polleros" siempre van a existir y a hacer su agosto.
¿Será que los "polleros" están coludidos con la ultraderecha antiinmigrante norteamericana? ¿A quién le beneficiará cerrar la frontera, no dar amnistía ni papeles a los indocumentados, y en fin, poner todas las trabas habidas y por haber a los mexicanos para entrar a Estados Unidos? ¿Será porque si hay amnistía o acuerdo migratorio, se les acaba la minita de oro a los "coyotes"? ¿Tendrán los "coyotes" contratadas firmas de cabilderos en Washington y en Los Ángeles, que operan en coordinación con gente como Pete Wilson y Pat Buchannan para bloquear cualquier iniciativa pro-inmigración?
Parece mentira, pero los antiinmigrantes son los mejores aliados de los "polleros", de la misma manera que los cubanos furiosamente anticastristas le ayudan a Fidel. ¿no cree usted?
Mientras haya un Pat Buchannan, un Tom Tancredo, un Pete Wilson, habrá muchos Emmas, "Vecinos" y Jacintos dispuestos a satisfacer la demanda de migrantes, lo quiéramos o no.

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