viernes, abril 29, 2005

Cuando los adultos les tienen miedo a los niños

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS, Texas - Cesarito, mi hijo, acaba de tener otro de sus ataques de pataleta.
Cuando no le salen las cosas como él quiere, le da por culpar a todo el mundo, y enojarse mucho. Y este es uno de los momentos en los que se me dificulta ser padre.
A veces me pregunto si yo estoy mal. Si no soy buen padre. Supongo que son preguntas que todos se hacen.
Pero a veces también me pregunto hasta qué punto tiene la culpa el que Cesarito viva en Estados Unidos. ¿Será el ambiente el que lo hace así? ¿Será la culpa de nosotros, sus padres, que somos o muy estrictos o muy tolerantes?
¿Mi hijo sería más amable, más comportado, más controlable, de habernos quedado en México?
Aunque no lo queramos aceptar, el ambiente en este país afecta el comportamiento de muchos niños. Tan sólo en la escuela, los maestros y asesores se la pasan repitiéndoles a los alumnos que NADIE tiene derecho a tocarlos, ni a disciplinarlos ni a pegarles. Ni siquiera una nalgada. Ni siquiera sus padres.
"Y si alguien, cualquier persona, quiere hacerles algo, ustedes llamen a la Policía", les informan.
Esto les da municiones a todos los chiquillos (desde kínder), y tienen lista la amenaza típica a los padres que los regañan por cualquier pataleta: "Si me castigas, le llamaré a la policía".
En alguna columna anterior ya habíamos tratado el tema este. De cómo los padres americanos están aterrados ante la idea de disciplinar a sus hijos. Para ellos, la psicología, el diálogo, la terapia familiar es primero.
No importa que los niños hagan pataletas y tengan ataques de ira. Los padres los dejan, porque es "parte de su personalidad".
¿Nalgadas? Horror. Es tabú. Cualquier insinuación al respecto los convertiría en abusadores de niños, bestias retrógradas. Una imagen que no va con ellos.
No me malinterpreten: Yo estoy seguro de que la psicología, la terapia y el diálogo son mucho mejores a la hora de hacer entender a los niños. Pero estoy de acuerdo en que una nalgada leve (sin abusar, ni lastimar) de vez en cuando puede hacer maravillas para erradicar pataletas.
(Ya sé, ya sé. No faltarán los cientos de expertos que me van a llenar el e-mail con sus teorías rebatiéndome. No importa. ¡Vengan!)
Aclaro: Pegar a los niños porque sí, por pura violencia, no es la respuesta. Eso es abuso. Es peligroso. Y causa verdaderas tragedias.
Pero irnos al otro extremo, con técnicas "modernas" y "liberales" es, a mi modo de ver, peor aún. Sobre todo en Estados Unidos. Sobre todo hoy en día.
Hay casos terribles, que han seguido este camino y se han metido en broncas que, de no ser trágicas, serían ridículas.
Como el de un matrimonio apellidado Barnard, en Deltona, Florida, quienes se cansaron de que sus dos hijos adolescentes se negaban a ayudar en la casa.
Los esposos aseguraron a los medios que habían tratado por todos los medios habidos y por haber, disciplinar a sus hijos, de 12 y 17 años. Habían usado todas las técnicas psicológicas posibles: Los castigaron. Los amenazaron. Les ofrecieron dinero.
Y nada: Los chiquillos seguían en las mismas.
¿Qué hicieron los padres? Simple: En un arranque de desesperación... se declararon ¡EN HUELGA!
Un día, papá y mamá se salieron de la casa y se fueron a vivir a una tienda de campaña en el patio. Hasta que sus hijos entendieran.
Los Barnard llevaban pancartas y todo. En ellas pedían: "Cooperación y respeto" a sus hijos.
Imagínese.
O el caso de un padre de Texas, cuyos hijos de 9, 11 y 15 años se portaban extremadamente mal, y no respondían a ninguna de las técnicas de diálogo y psicología infantil.
Los niños eran todo un caso: Peleaban, decían maldiciones y no hacían caso a sus padres.
El padre, harto de la situación, les dió un ultimátum: O se portaban bien, o iba a vender por internet los regalos que les tenía comprados para Navidad.
Los hijos, claro, lo tiraron a loco. No le creyeron. Incluso el mayor lo desafió abiertamente a intentar vender los juguetes.
"No lo hará", les aseguró el hijo mayor a sus hermanos. "No se atreverá, ya lo verán".
Con todo el dolor de su corazón, según lo confesó después, el padre puso a la venta los regalos de sus hijos en el sitio de internet eBay: tres videojuegos Nintendo DS, con sus respectivos juegos.
Un casino de internet pagó más de 5 mil dólares por los juguetes, y el padre ofreció donar el dinero a su iglesia.
"Me duele más a mí que a ellos, pero necesito que aprendan la lección", confesó el padre, casi pidiendo perdón por haber disciplinado a sus hijos.
También en Florida, una niñita de cinco años debió ser sacada recientemente de la escuela esposada y subida a una patrulla de la Policía.
¿El motivo? La chiquilla estaba totalmente fuera de control. Ya había golpeado y amenazado a compañeros y maestros desde días atrás, y las autoridades escolares le habían avisado a la madre, una enfermera, para que pusiera fin a este problema. Sin resultado.
Los maestros no tuvieron otra opción, le tuvieron que hablar a la Policía. La ley les prohíbe disciplinar a los niños, aún a un niños que golpea, patea y le pega a todo el mundo.
Los maestros les tienen miedo a los niños.
Y no es para menos: Cualquier sospecha siquiera de abuso contra ellos, podría costarles su carrera y hasta su libertad.
(Muy distinto a mis tiempos de alumno en México, donde los maestros nos daban reglazos en la palma de la mano, y los padres estaban de acuerdo.)
En Texas, cerca de Fort Worth, pasó un caso similar hace dos semanas. Una mujer llamó desesperada al número de emergencia 911 para pedir que enviaran una patrulla a su casa.
"¿Qué emergencia tiene, señora?", le preguntó el operador. ¿Sería algún robo? ¿Algún ataque? ¿Algún delincuente que la amenazaba?
"No, son mis hijas", respondió la mujer alarmadísima. "Se están peleando y no puedo separarlas".
Las niñas tenían 12 y 13 años de edad.
El policía, incrédulo y fastidiado por la pérdida de tiempo, respondió a la mujer irónico: "¿Y qué quiere que hagamos, señora? ¿Que les disparemos?".
La mujer se enojó, y denunció al oficial a sus superiores, quienes lo sancionaron. La mujer, en cambio, nunca supo explicar porqué debió llamar a la Policía para solucionar una situación familiar que ella debía haber tenido bajo control.
Y así como estos, son muchos los casos en Estados Unidos donde los hijos tienen total control sobre sus padres.
Muchos analistas han vuelto a poner sobre la mesa si no los padres no han abusado de las teorías de psicología infantil, tan en boga en los setentas y ochentas. "Quizá debiéramos regresar al sistema de castigo de nuestros abuelos", sugirió alguien.
No sé. La violencia en sí no soluciona nada. Y esto daría excusa a los que abusan de niños (que son bastantes, de hecho) para justificar sus delitos, como ya mencionamos antes.
Han habido casos de niños asesinados a golpes, por ejemplo. Y son bastantes y muy seguidos. Desafortunadamente.
Mi abuela decía: Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre...Y creo que en esto de criar hijos, la frase tiene mucho de verdad.
Por lo pronto, Cesarito ya se quedó de nuevo castigado: No jugará sus videojuegos que tanto le gustan, por lo menos durante dos semanas (sólo le permitimos jugar viernes, sábados y domingos). Hasta nuevo aviso.
No le pegamos, no lo golpeamos. Pero le dimos donde más le duele.
Sin embargo, si sigue perdiendo el control y haciendo sus pataletas, tendremos que recurrir a las enseñanzas de los abuelos.
Porque yo sí estoy seguro de que dos o tres nalgadas SÍ harían una diferencia.

1 comentario:

  1. Anónimo7:49 p.m.

    Eso de dar golpes a secas por parte de maestros bueno, me imagino que ya es irnos hacia el otro extremo. La idea de la disciplina es justamente esa: disciplinar,y creo no tiene que ver con aplicar violencia cruda y desnuda sobre los niños ni mucho menos. Sólo me pregunto sobre la carencia de contenido de la palabra "no", cuánto daña a los chicos aunque parezca ridículo. Estoy de acuerdo con su postura sobre este tema. Qué sociedad la norteamericana, no sólo parecen tener leyes para todo y todos todo el tiempo.

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