miércoles, abril 13, 2005

Chicanos: Ni mexicanos ni "gringos", sino todo lo contrario...

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - ¿Qué es lo más parecido, y a la vez lo más diferente a un mexicano en Estados Unidos?
No hay que devanarse los sesos demasiado para encontrar la respuesta.
No, no es un "gringo". Bueno, sí y no.
¿Se dan?
Un chicano.
O un mexicano-americano, o "pocho", o "Mexican-American" o como le quiera llamar.
Los chicanos han avanzado un largo camino en su historia, y hoy en día, es justo reconocerlo, han logrado enormes conquistas para su gente en Estados Unidos.
Pero al mismo tiempo que los chicanos han sido reconocidos en su país por los "gringos" (a quienes desde siempre vieron como enemigos), en cambio en México los mexicanos-americanos gozan de una popularidad terrible. No entiendo cómo un grupo de gentes puede ser tan malentendido, incomprendido, criticado y atacado por otro grupo con el que comparte tantas cosas.
El sentimiento, vale decirlo, va tanto de aquí pa'llá como de allá pa'cá.
Hay tantas ideas equivocadas en México sobre los chicanos que hasta da miedo conocer a uno. Igual, hay muchos chicanos que tienen en tan baja estima al país de sus ancestros, que hasta se avergüenzan de los mexicanos e incluso se convierten en sus peores enemigos (caso típico, algunos agentes de la Patrulla Fronteriza o de la Policía, que agarran de "sparrings" a cuanto "paisano" se encuentran).
De no ser tan trágica esta relación amor-odio, sería de risa: Ahí nos tienen a ambos grupos, igual de prietos, igual de feos, igual de traumados históricamente y con mil complejos y problemas similares... y aún así, echandonos miradas de "¿Y tú, qué? ¡Respeta, que no somos iguales!"
Porque hay tantos chicanos racistas contra los mexicanos, como mexicanos que nada más ven a un chicano y le recuerdan hasta el 10 de mayo. ¿No es ridículo?
A fin de cuentas, ¿qué es un chicano, sino un mexicano que por suerte (buena o mala) nació en el otro lado de la línea? Un mexicano que se educó en inglés, con una cultura anglosajona dominante con la que intenta acoplarse, y que a veces odia al mismo tiempo que intenta imitar...
(No muy diferente a México, ¿verdad?)
Un chicano es una persona como cualquiera. Como un mexicano. Puede ser buena gente o mala, alegre, triste, pro-yanqui y anti-mexicana o al revés. Puede aborrecer a México con toda su alma, o al contrario, puede ser un tipo que no se quita el sombrerote de mariachi ni el bigotote zapatista aún cuando ande por Wall Street. Los hay de tantos colores y sabores, que dudo que sean reconocidos como una comunidad compacta.
Para bien o para mal, he tratado con chicanos desde hace años, y todavía no sé qué pensar. ¿En verdad los mexicanos que los odian tiene razón? Bueno, he visto chicanos detestables. Muchos mexicanos que cruzan ilegalmente la frontera, prefieren mil veces ser detenidos por agentes de inmigración "gringos", a que les toque un chicano.
"Son los más cabron...", se quejaba un inmigrante ya curtido en tales lides. "Si hasta parece que nos traen ganas".
Por allí, el odio de los mexicanos hacia los chicanos sí estaría bien fundado. Pero también he conocido bastantes chicanos que son todo lo contrario: ellos se dicen más mexicanos que los mexicanos, y no pasa momento sin que enaltezcan a "La Raza". Generalmente tienen banderitas tricolores con el águila y la serpiente en sus carros, y hasta en la sala de su casa. Y de cada cinco palabras que dicen tres son en español (o al menos en lo que ellos creen que es español), y no dejan su música de mariachi ni sus chiles jalapeños ni para dormir.
Por eso los mexicanos nos confundimos. A veces, vemos a un chicano y nos ciscamos. "Ái viene este hijo de su...", pensamos. Cuando esperamos que nos caiga el insulto, nos sorprenden abrazándonos, palmeándonos la espalda y haciendo esfuerzos sobrehumanos por hablarnos en español. Al rato terminamos échandonos una "chelas" y concluímos la velada con la infaltable conversación despreciando a "los gringos".
Estas experiencias, claro, nos hacen entrar en confianza, y cuando conocemos a otro chicano, lo recibimos con los brazos abiertos, esperando la misma reacción. Pero, oh sorpresa, en cambio recibimos un cachiporrazo que nos devuelve a la realidad, y de pilón el insulto que ya parece grito de guerra: "¡F*cking mojado!"). Entonces es cuando nos acordamos que, después de todo, estamos tratando con chicanos.
¿Qué debemos tener en cuenta los mexicanos al tratar con chicanos? Algo muy simple: Los chicanos NO son mexicanos. Son ciudadanos americanos. Allí estriba la pequeña y enorme diferencia, por todo lo que ello implica. Si aceptamos esa premisa, todo lo demás tiene sentido.
Porque no importa lo que nos digan, o lo que pensemos, o cómo se vean: Los chicanos no son mexicanos. No importa lo mucho que ellos se lo crean. Tampoco son "paisanos". Por mucho que les encante México, hay que aceptar que se sienten más a gusto en San Luis Missouri, que en San Luis Potosí.
Por el otro lado, tampoco son "iguales a nosotros". Si ni siquiera los mexicanos de Yucatán son iguales a los de Baja California,cómo podemos esperar tener mucho en común con una persona que quizá sólo ha visto México en postales?
Ante todo, debemos entender una verdad fundamental. El chicano no es chicano porque quiera ser gringo. Como nostros no elegimos hablar español, al chicano nunca le preguntaron si quería aprender inglés: Se lo metieron con calzador desde niño, porque entonces era vergonzoso hablar español.
"Fue muy duro, 'muncho' ", me relataba un viejito, voluntario en el IRS (la oficina de impuestos de EEUU) mientras me ayudaba a llenar mis formas de declaración. "Mis 'apás' eran mexicanos, y tenían un ranchito, y los 'bolíios' les quitaron todo... Se cometieron 'munchos' abusos a contra nuestra gente", recordaba tristemente.
Si un chicano no habla español, por favor no se burle. No sabe lo que su familia tuvo que haber sufrido. Seguramente fueron discriminados u obligados a habalr inglés si querían sobrevivir en el racista Estados Unidos del pasado.
Hoy los chicanos tienen más poder que nunca. Y en el futuro, es casi seguro que el hombre más poderoso del mundo, el Presidente de Estados Unidos, llegue a ser un chicano. Pero no nos engañemos: Por mucho que lo quieran, sus intereses no son necesariamente los intereses de los inmigrantes latinoamericanos. Pero hay esperanza de un mejor entendimiento con nosotros.
Esa esperanza la veo todos los días, entre los nuevos chicanos: Esos hijos de nosotros los mexicanos (y latinoamericanos en general) que hacen de este su país. Esa esperanza está en esas parejas jóvenes de chicanos de quinta o sexta generación, que tratan a toda costa de que sus hijos sean bilingües a pesar de que a ellos nunca les hablaron en español. Personas como usted y como yo, que trabajan, tienen sueños, esperanzas, que quizá también pueden vivir tranquilamente en inglés y en español y se ríen tanto de las bobadas de "Friends" como de Adal Ramones. Que buscan que sus hijos se identifiquen con México y Latinoamérica, las patrias de sus ancestros, y abrazan estas tradiciones pero sin renunciar nunca a su verdad: Que siempre serán ciudadanos americanos.

5 comentarios:

  1. Anónimo7:50 p.m.

    LOas méxicanos peruanos, argentinos, bolivianos, canadienses.tambien son americanos......crei que lo sabias

    Y si los chicanos no son mexicanos.......los odio por igual sean buenos o malos

    saludos

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  2. Anónimo8:11 p.m.

    Putos chicanos espalda mojada

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  3. Anónimo12:05 a.m.

    Muchos mexicanos no tienen envidia a los chicanos porque ellos quisieran vivir aquí y ganar el dinero que nosotros ganamos, esa es la realidad.

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  4. Anónimo11:12 p.m.

    Jaja pinches chicanos se creen mas cabrones que no sotros los mexicanos los odio pinches perros

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  5. Anónimo7:03 p.m.

    son unos pinches indios los chicanos, tienen el trauma de llegar a ser gringos pero ante los gringos no son mas que mugrosos mexicanos inmigrantes de mierda.

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