sábado, marzo 12, 2005

Padres inmigrantes: Demasiado ocupados trabajando, y demasiado cansados para los hijos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — En Dallas, recientemente hubo una campaña para informar a los padres de familia inmigrantes sobre las becas disponibles para sus hijos.

La reunión se iba a celebrar una tarde, a la hora que los papás pudieran acudir. Se difundió en carteles, cartas, volantes. Salió en los medios hispanos.

Los organizadores tenían listos paquetes informativos en español, con expertos en becas de universidades para responder cualquier pregunta. Habían solicitudes listas.

Esperaban un éxito total, dada la enorme población hispana en la zona.

Por fin llegó el gran día. Un gran salón, con capacidad para más de doscientas personas, estaba preparado.

Se abrieron las puertas a las 7 de la noche. Puntuales.

Llegó una persona. Luego otra. Y otra más.

Tres gentes.

Esperaron un rato, a que llegara más. Nunca llegaron.

Total, al final acudieron cinco personas. Cinco padres de familia, de una población total de cientos de estudiantes.

Sólo cinco.

"Qué apatía", se lamentaba uno de los promotores. "Parecería que a nuestra comunidad no nos importa la educación de nuestros hijos".

Lo peor de todo, es que este episodio no es la excepción. Casi se puede decir que es la regla.

Por todos lados vemos casos iguales: Padres inmigrantes que "no tienen tiempo" para sus hijos. Ni siquiera para asuntos de la escuela.

Antes de emigrar a Estados Unidos, casi todos los latinoamericanos estamos conscientes del enorme esfuerzo que ello significa.

Tan solo para LLEGAR a este país, ya arriesgamos la vida. Después, al estar aquí, sabemos que tendremos que doblar el lomo, esforzarnos, trabajar mucho.

Y estamos dispuestos a ello. De hecho, lo que queremos es TRABAJAR. No importa cuántas horas.

En fin, estamos dispuestos a dar TODO por salir adelante.

Todo, excepto darle tiempo a los hijos.

Y eso me lo recuerda mi hijo César casi todos los días, con una pregunta sencilla:

-Papá, ¿me ayudas con la tarea?

Como todo buen inmigrante, no le tengo miedo al trabajo, ni a las largas horas. Me he pasado casi hasta 20 horas trabajando en algunas ocasiones, y no le saco.

Pero cuando César me sale con eso... Oh, oh.

-Perdón, ahorita no. Estoy trabajando- ha sido mi respuesta más de una vez.

O estoy cansado.

O no tengo TIEMPO.

Lo bueno es que me doy cuenta a tiempo, y saco fuerzas a ver de dónde. Pocos minutos después recapacito y le digo: "A ver, ¿en qué quieres que te ayude?"

Confieso que desde que llegue a Estados Unidos, este ha sido uno de mis mayores retos, lo que mas trabajo me ha costado: Tener tiempo para mi familia, pero en especial, para mi hijo.

No solo es pasar tiempo con él, sino participar en su vida. Revisarle los cuadernos, la tarea. Ir a recogerlo cuando tiene más horas de tutoría, acompañarlo cuando tiene algún evento en la escuela, o simplemente salir a hacer algo juntos.

Desafortunadamente, nosotros los hispanos no ponemos la atención debida a nuestra familia. Invertimos demasiado tiempo trabajando, y poquísimo tiempo ayudando a nuestros hijos a estudiar.

El resultado son casos como la decepcionante reunión de los cinco padres de familia que mencionamos.

Dirán que eso les pasa a todos. Que es cosa del progreso, de la vida moderna. Cosas de este país. Que igual pasa con gringos, con negros, con asiáticos.

Quiza. Pero he notado que esto pasa muy seguido entre los inmigrantes mexicanos.

¿Porqué? No sé. Es más fácil que un papá o una mamá americanos acudan a juntas de padres de familia, a actividades deportivas, o simples paseos por el parque con sus hijos, que lo hagamos los hispanos.

A la mejor porque el americano tiene mas tiempo libre: Generalmente ganan más, tienen mejores trabajos. Sabe sus derechos, y no regala su trabajo tan fácilmente.

En cambio los inmigrantes trabajamos hasta de más. Mucho más. No siempre en esfuerzo, pero sí en tiempo. ¿Hay que tomar horas extras? No importa, las tomamos. ¿Necesitamos doblar turno? Lo hacemos. ¿Un compañero faltó y no hay quien lo supla? Aquí estamos nosotros.

No importa si son dos, cinco, ocho horas extras. Las agarramos.

Explicaciones tenemos muchas: "Necesito el dinero". "Hay que pagar los 'biles'". "Quiero comprarme una 'troca' nueva".

(O mi favorita: "Lo hago por mi familia.")

O a la mejor no es por dinero: "No tengo papeles, y no quiero que me corran por flojo". "Mejor ni hago olas y obedezco a todo lo que me digan". "Necesito quedar bien con el patrón". "No me vayan a echar a la Migra".

El caso es que siempre trabajamos de más.

A veces no son sólo dos turnos los que trabajamos, sino que encima hasta tenemos varios empleos. Mucha gente no tiene tiempo ni de comer, porque sale de un trabajo y sale corriendo al otro, y solo alcanza a medio masticar una hamburguesa al volante antes de entrar a su segunda chamba.

¿Sábado y domingo? Si se puede, también los trabajamos. O tenemos un trabajito de medio tiempo, o salimos al tianguis a vender algo: ropa usada, comida casera, qué se yo.

"Lo hacemos por la familia". Claro, claro.

Después de tanto trajinar, llegamos a la casa muertos. Y lo único que queremos hacer es medio dormir, aunque sea un poco, porque en tres o cuatro horas más ya tenemos que estar en camino a la primera chamba del día.

Por eso queremos DESCANSAR. Y claro, cuando estamos en casa, lo que MENOS queremos hacer son tareas, actividades escolares, o siquiera ir a ver un partido de futbol de nuestros hijos.

¿Qué no entienden? Estamos muy CANSADOS. Trabajamos MUCHO.

"Todo por la familia". Por supuesto, por supuesto.

Al emigrar a este país nos obsesionamos con hacer dinero. Cuando conseguimos una chamba, nos emocionamos al ver que nos pagan 5 DÓLARES LA HORA, Dios mío. Y algunos hasta hacemos 6, 7, 8, 10 dólares, caramba.

Nos engolosinamos. Terminamos pensando que si descansamos estamos "perdiendo" dinero: "En esta hora que descansé pude haberme ganado una lana", nos decimos horrorizados.

Mientras, los hijos van creciendo casi solos. Sin la presencia del padre.

Bueno, usted dirá, pero les dejamos los hijos a la mamá, ¿no? Que se compartan las obligaciones.

Desafortunadamente, no siempre. La mayoría de las veces hasta las esposas también trabajan, y tienen hasta más horas que el marido.

"Es que, usted sabe, pa' completar el gasto." Pero claro, claro.

El emigrar impone obligaciones de trabajo, es cierto. Pero ello no desaparece las obligaciones de la familia.

O sea, si nos partimos en dos para cumplir con la chamba, nuestra OBLIGACIÓN es partirnos en tres o cuatro, para cumplir con los hijos, también. Es una obligación tan válida -o más- que la del trabajo.

¿Que es duro? ¿Es difícil, es complicado? Sí, lo es. Pero ni modo.

Al emigrar, tenemos no solo la responsabilidad de dar de comer, mantener y vestir a nuestra familia, sino atenderlos. Darles algo de tiempo.

Y lo peor es que la mayoría de nosotros le sacamos. Este es un compromiso que casi nadie quiere echarse encima.

Preferimos trabajar 20 horas bajo el sol, haciendo hoyos, que pasar media hora haciendo la tarea con los hijos

Vaya, muchos de nosotros ni siquiera comemos juntos con la familia. Mucho menos recogemos a los niños de la escuela.

¿Juntas escolares? ¿Juegos deportivos? ¿Salidas a pasear? Por favor. Estamos muy cansados.

Este es un enorme problema que está creciendo entre la comunidad hispana, día a día.

Y es gravísimo. Los resultados los vemos en las estadísticas: Los hijos de mexicanos son los que más abandonan la escuela. Mucho más que los americanos y los negros.

Pocos se gradúan. En Texas, por ejemplo, más de 20 por ciento de los alumnos hispanos no terminarán la escuela preparatoria. Muchos de ellos acabarán en pandillas, o en trabajitos mal pagados y matados.

¿Quiénes tienen la culpa de esto?

Ya sé, ya sé: El racismo, claro. Los agentes de la Migra, que no quieren a nuestra gente.
También la tiene el gobierno, que no nos da dinero, ni apoyos suficientes. Los maestros ineptos, los pandilleros, y qué se yo.

Vaya, de plano, la culpa la ha de tener Bush, por la guerra de Irak, ¿no? O Vicente Fox por no haber cumplido sus promesas de campaña y querer 'tumbar' al Peje.

Usted échele la culpa a quien quiera. Es su derecho.

Pero si me pregunta, yo creo que, en mi humilde opinión, la culpa la tenemos NOSOTROS. Nosotros los mexicanos, los hispanos inmigrantes. Nadie más.

Y por eso mismo, la solución también está en nosotros.

Cuando hagamos algo al respecto, habremos logrado más. Mucho más.

Porque, créalo o no, los hijos también son parte del sueño americano.

Aunque no se nos haya ocurrido porque estamos muy ocupados "haciendo dinero".

E-mail: cfzap@yahoo.com - www.cesarfernando.blogspot.com

2 comentarios:

  1. Anónimo5:47 p.m.

    Muy cierto señor Zapata, una realidad creciente y lamentable...

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