domingo, marzo 27, 2005

Defendamos la cultura mexicana... Sí, ¿pero cuál?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Platicando con un cuate una vez, la discusión de tornó en una feria de acusaciones. En mi contra. Por mis columnas.

"¡Tú ya estás muy de parte de los gringos!", me gritaba, ya a medias aguas mi amigo.

"Deberías defender más NUESTRA cultura, NUESTRA idiosincracia", continuaba mi inquisidor, implacable. Si hubiera tenido un látigo, con todo gusto me daba con él.

"Aja", respondí, medio aburrido. Después de casi tres años de escribir esta columna, y recibir insultos, críticas y mentadas, la acusación ya sonaba aburrida.

"Esos gringos tales por cuales, míralos", me decía mi amigo. "¡Ni cultura propia tienen!"

Pero sí ponen en peligro NUESTRA cultura mexicana, agregó.

Cierto, mi cuate andaba a medios chiles, pero la bebida desnudó sus verdaderos sentimientos. Y eso ocurre a muchos mexicanos, que piensan igual... sin necesidad de tomar.

He notado que con mucha frecuencia, cuando se me ocurre criticar (aunque sea con el pétalo de una rosa, como dicen) a la mentalidad mexicana... ¡Ah, que Dios me agarre confesado!

Como mi cuate que mencioné, a muchos lectores les cae mal que critique lo que veo incorrecto de México, mi país. Su opinión es esta: Si tú estás en Estados Unidos, no debes criticar a México. Punto.

Si te fuiste, aguántate. Si quieres criticar, regrésate y ponte a trabajar por tu país.

Entiendo perfectamente esta postura. Pero no la comparto.

Por principio, muchos piensan que si critico al gobierno de México, a la burocracia, a la corrupción, automáticamente significa que soy antimexicano, malinchista, vendepatrias, entregado, lamebotas de los yanquis, coco (blanco por dentro, prieto por fuera), pocho, chicano (dizque) y lo que a usted se le ocurra.

A mí me encanta recibir críticas, no por masoquismo, sino porque me gusta la discusión abierta, compartir ideas. Que las críticas tengan motivos que, aunque no comparta, reconozca como fundados.

Pero a veces me he encontrado e-mails cuyo único contenido consiste en: "¡Ching... a tu madre, p*nche periodista pendej...!" Ya, es todo el argumento que usan a favor de México.

¿Qué críticas hemos recibido desde que comenzó esta columna? Muchas, y muy variadas. Pero las que casi siempre prevalece es que yo "defiendo" mucho la cultura gringa... la cual no existe. Porque a ojos de muchos, los gringos no tienen cultura propia.

Toda es importada, de Europa. Toda consiste en retazos de todos lados.

Lo peor, es que algunos lectores piensan que con esta columna, yo estoy "poniendo en peligro la cultura mexicana, al no defenderla de invasiones extranjerizantes".

(Me encanta ese término: "Invasiones extranjerizantes". Suena muy a los setentas, muy lopezportillista. Me trae recuerdos de mi niñez, cuando no me preocupaba por nada. Ahhh...)

O sea, como mexicano, como periodista, como emigrante, "tengo la obligación de defender a la CULTURA MEXICANA (así, con mayúsculas) de los ataques del imperio por aniquilarla".

???

De acuerdo, los lectores son muy respetables para mí. Pero quiero que disculpen mi ignorancia... ¿Cuál cultura debo defender?

Yo estoy de acuerdo, claro. Es más, desde esta palestra (ejem, ejem), hago un llamado a los lectores, intelectuales y políticos, a defender la identidad mexicana.

Yo me sumo al esfuerzo, faltaba más. Como emigrante, quiero ser un digno embajador de México en Estados Unidos.

Para eso, necesito que los lectores me ayuden. ¿Cuál cultura mexicana? ¿Cuál es la cultura MEXICANA?

A ver...

Emilio Azcárraga Milmo una vez definió a México como "Guadalupano y Futbolero". Excelente definición.

¿La Virgencita de Guadalupe? ¿Qué símbolo más propio de nosotros, más mexicano, no? Como el nopal.

Claro que sí.

Pero la imagen es española, ¿no? Guadalupe es nombre español, de un río, creo. Es más, es nombre árabe (¡horror!).

Y la virgen María ni siquiera es europea, sino del Medio Oriente. Judía.

¿La religión católica que representa? México es profundamente católico, ¿no? Pero también lo es Estados Unidos. Acuérdese que hay muchos inmigrantes irlandeses e italianos. Y sus descendientes.

Además, el catolicismo lo trajeron los españoles.

Y pa' acabarla, el catolicismo ni siquiera es de origen español, sino romano. Vaya, ni romano, sino palestino.

¿Qué otro rasgo cultural mexicano podemos defender desde esta columna? ¿El futbol? Claro que somos futboleros. De hueso colorado. Y futbol de a devis, no la fofa versión que los gringos llaman "sócker" (aunque ya nos eliminen de los Mundiales, ¡gulp!).

Pérese... El futbol NO se originó en México. Es inglés, creo.

No, no, perdóneme pero lo que los mayas jugaban NO era futbol. Usaban codos y rodillas para pateaer una pelotita de goma en unos aros. Dudo que la FIFA lo reconociera.

Además, los italianos se entercan en decir que ellos inventaron el fut, al que llamaban "calchio". Y como son tan tercos y gritones, mejor ni discutimos.

A ver, ¿que es la cultura MEXICANA? La cultura indígena, dicen algunos.

Perfecto. Vamos avanzando.

Ahora... ¿CUÁL de TODAS?

Los aztecas, claro, me dicen. Es obvio. Vaya, hasta el nombre de México viene de ellos, ¿no? "El País en el Ombligo de la Luna", significa.

Oh, oh, espéreme. Los aztecas no eran muy queridos por las otras naciones indígenas. De hecho, eran aborrecidos, odiados. (Igualito que a los gringos de hoy).

Y como los gringos, a los aztecas los acusaban de ser advenedizos, arribistas, y de no tener cultura propia. De imponer su dominio a base de la fuerza. De inventar su historia para embellecerla (eso del águila y la serpiente sobre el nopal fue puro cuento, según los tlatelolcas, los purépechas y tlaxcaltecas).

Además, por mucho que les duela a más de un demagogo o intelectual de Sanborn's, la inmensa mayoría de los mexicanos NO descendemos de los aztecas. Los aztecas, o mexicas, ocuparon de hecho una porción mínima del actual territorio nacional: Apenas el valle de México y algunas áreas cercanas.

Yo nací en Tampico. Aca la cultura indígena fue la Huasteca... Y para colmo, desapareció mucho antes de que llegaran los españoles. Aunque estaban emparentados con los mexicas.

¿Qué podrá decir por ejemplo, un yucateco? Allá son orgullosos de sus raíces mayas. Y los mayas no les pedían nada a los aztecas en cuanto a grandeza y poderío. A la mejor hasta fue al contrario.

¿Y los michoacanos? Los purépechas nunca se rindieron a los aztecas, ni a los españoles. Aún hoy en día, siguen con sus tradiciones, lenguaje y costumbres. Les vale lo que piensen los Hijos del Quinto Sol.

Eso por no mencionar a los chihuahuenses, los neoloneses, los bajacalifornianos, los chiapanecos y oaxaqueños, y tantas áreas más de México donde los aztecas tuvieron mínima o nula influencia.

Ahora, para cuestiones de folclor, los mexicanos hemos adoptado como nacional la imagen azteca. Hicimos lo mismo con el mariachi y el tequila jalisciense, ¿no? Es de todos.

Entonces, los aztecas son de todos. ¿Es la cultura que debemos defender?

¿Nuestro idioma? ¿Cuál, el español originado en la región de Castilla? ¿O el náhuatl de Moctezuma?

¿Los dos? ¿O ninguno?

Usted, ¿habla náhuatl?

¿Conoce los dioses aztecas? ¿Sigue sus ritos, festejos y ofrendas?

¿Qué cultura debemos defender?

Olvidémonos del idioma español. Es una lengua imperial. Impuesta a punta de presión internacional, cuando no a latigazos. Como el inglés de hoy en día.

Hay que aprender náhuatl.

Pero también habría que tirar esos pantalones de mezclilla (gringos), y esos zapatos italianos. Hacen ricas a las multinacionales que las venden. Y a los publicistas que nos los imponen.

Todo mundo a usar taparrabo y huaraches.

Olvidémonos del catolicismo. Hay que derribar las iglesias, tumbar santitos y comenzar a levantar templos a Huitzilopochtli.

Y a comenzar a ofrendar vidas humanas, faltaba más. ¿Con quién comenzamos? ¿Con los que nos caen mal, o con los que se opongan a este nuevo orden?

¿Democracia? Ideas griegas y gringas. Extranjeras. ¿Comunismo? Marx fue alemán (y de pilón judío). Mao fue chino y Castro cubano. No, no. Extranjeros todos.

No, hay que volver a los orígenes, a lo "nuestro": Tlatoanis y emperadores. Y baje la vista, no lo vea a la cara, que es un dios. Respete.

Entonces sí, seremos más puros, más de acuerdo con nuestros orígenes e idiosincracia. Seremos como nuestros ancestros, MEXICAS.

¿Será esa la identidad mexicana?

No sé. Pero estoy seguro que si tuviéramos una máquina del tiempo, y viajáramos a la época de la Gran Tenochtitlan, nos iban a ver como a changos de circo.

Porque los mexicas eran éso: Mexicas. Tenochas. No mexicanos.

Me diran subversivo,contreras, malinchista. Pero, con todo respeto, no lo puedo ser. Como todo mexicano, mi "cultura", mi "idiosincracia" no es una sola, sino muchas. Sí, tengo herencia indígena, pero también española (si no de cromosomas, sí de costumbres).

¿Porqué no? ¿Porqué arrugar la nariz? Nos guste o no, así es. La religión católica, el idioma, y muchos rasgos de nuestra personalidad vienen de allá. (Y muchas taras también, desafortunadamente.)

De hecho, como mexicanos, tenemos más costumbres de españoles, que de mexicas.

Y luego criticamos a los gringos por no tener cultura "propia". Ja.

La "Cultura Mexicana" (así, con mayúsculas) no necesita defenderse. No está en peligro. Ni en México ni en Estados Unidos: Aca, rodeado de tanto gringo, el idioma español, la comida mexicana y el catolicismo sobreviven. Y los chicanos se encargan de mantener viva la llama del recuerdo azteca.

¿Que se va a mezclar? ¿Que Estados Unidos la va a influenciar? ¿Que va a quedar "impura"? Probablemente. Pero eso siempre ha pasado en la historia, y siempre seguirá pasando. Y con cualquier otra cultura: Franceses, españoles, chinos, ingleses y hasta americanos... todos son herederos de la mezcla de muchas culturas.

Como nosotros los latinoamericanos, y en especial, los mexicanos lo fuimos y lo seguiremos siendo, ¿no cree usted?

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sábado, marzo 12, 2005

Cri-Cri, Parchís y el Chapulín Colorado ya no son 'cool' para los hijos de inmigrantes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Como todo adulto, añoro mi niñez. Y como todo padre, busco por todos los medios imponerles a mis hijos la música, las películas, y los programas de TV que me hicieron feliz de niño.

Por ejemplo, no pasa día sin que recete a Cesarito una dosis de Cri-Cri, Parchís, o las películas de Walt Disney. De La Sirenita, pa' trás.

(Vaya, hasta he cometido la atrocidad de poner música de Timbiriche. No tengo perdón.)

Ahora, por vez primera, me he enfrentado a eso que se llamó en los sesentas "La Brecha Generacional"... Pero no desde el lado de los hijos, sino del lado de los padres.

Yo creo que todos hemos pasado por ahí. Un día estamos peleándonos con nuestros padres porque son "pasados de moda", y cuando acordamos ya son nuestros hijos los que nos ven como a marcianos, por lo "anticuados" que nos vemos.

La bronca es que, a nosotros los inmigrantes, el shock es doble: No estamos enfrentándonos a una generación solamente, sino a toda una cultura nueva y distinta. A un idioma extraño. A un país nuevo.

Si usted se siente desfasado en el Siglo XXI, por lo menos está en México. Nosotros en cambio, aparte nos sentimos fuera del lugar, y nuestros hijos nos ven como sordos porque no sabemos bien inglés, ni estamos "enterados" de cómo se mueven las cosas en este país.

No como ellos.

Cesarito, por ejemplo, escucha la música de Parchís y Walt Disney y bosteza. A él le gusta bailar, pero prefiere el hip-hop. A nosotros los padres mexicanos nos horroriza eso: Música de pandilleros, de barrio, de drogadictos, de negros...

Seguro los adultos de los cincuentas se escandalizaban igual con Elvis Presley. Y mire ahora, qué anticuadito se ve.

A mi hijo, a sus nueve años, le encanta el rap. Quiere que lo inscribamos en unas clases de hip-hop. Le encanta que lo peinemos con los pelos parados, usando montones de gel. Y ya está pensando en a ver cómo le hace para aprender a pararse de cabeza y girar como trompo, para impresionar a sus "buddies" con el pasito de rap.

No le gustan los Aristogatos, ni El Libro de la Selva. Le aburre La Montaña Embrujada, y el Chapulín Colorado se le hace 'stupid'.

En cambio le encantan las películas de Jim Carrey, le fascina Eddie Murphy, y no cree que haya alguien más cool que Will Smith.

El otro día, estábamos viendo la película Showtime, la comedia ésa de policías donde salen Eddie Murphy de compañero payaso de Robert de Niro. Cesarito me preguntó quién era éste último actor.

"Es un actor. De mis tiempos", le respondí distraído. Claro, Cesarito nunca vio Taxi Driver, ni escuchó hablar de El Padrino. Aún no.

Movió la cabeza: "Ese actor debe estar muy emocionado", dijo.

"¿Porqué?", pregunté extrañado.

"Pues imagínate: ¡Poder actuar en una película con un actor tan famoso como Eddie Murphy!"

Como quiera que sea, cuando podemos le rentamos películas en español. O presionamos la opción en español en los DVD que sacamos. Y a él no le gusta.

"No es cool", repite como siempre. "Ponlo en inglés".

O sea, español equivale a "idioma de papá y mamá. De viejos. No de niños y jóvenes".

El otro día, en un arranque de terquedad, saqué del baúl (o del ropero, mejor dicho) un cassette de Cri-Cri. Una antigualla.

Cesarito pataleó, chilló, y gritó... pero tuvo que sentarse a escucharlo. Por lo menos la mitad. (Mil perdones, es lo MÁS que pude. Y fue toda una faena).

Para ser justo, no fui despiadadamente cruel. No le puse las canciones entrañables para mí, como "Los Perritos", "Bombón I" o "El Chorrito". No, capaz que se va de la casa.

Para dorarle la píldora, hice una concesión: Primero le puse una canción "familiar": "El Ratón Vaquero".

"Escucha", le dije, al momento en que llegaban las estrofas en ingles:

El cuarto se llenó con la inconfundible voz de Cri-Cri:

"What the heck is this house / for a manly Cowboy Mouse? / Hello you! Let me out / and don't catch me like a trout."

Ahora sí, pensé. Lo tengo. Le he atrapado por lo menos su atención.

Cesarito me miró extrañado. Peló los ojos.

Yo relumbraba, triunfante. Iba a decirle: "Ya ves como MIS canciones de MIS tiempos (o de un poquito antes, claro) también eran 'cool' ". Pero él me paró en seco.

"Dad" , me dijo, con tono de conmiseración. "¿Quién es este? ¿Porqué habla inglés TAN MAL?"

"¿Cómo mal?", casi brinco. ¡Sacrilegio! ¡Blasfemia!

Cesarito ni se inmutó.

"Sí. Mira, dice 'Jelooooo'. ¿Qué es eso? Debe ser 'Jelllouuuuu' ".

Estaba derrotado. Mi mirada lo dejaba ver. Pero Cesarito no paraba de reírse, y todavía rasgaba en la herida supurante.

"Y luego dice 'Guat de jek'... My Gosh! ¿¿Qué es eso?? Se dice 'Jwat dd jeeeck'. ¡Ese señor no sabe!".

Ya mejor ni dije nada. Quité mi cassette y lo arrumbé. Quizá con Eric, el bebé... En uno o dos años. A la mejor.

"Mejor pon música de Shrek, o Hillary Duff", pidió Cesarito, totalmente desinteresado.

No todo está perdido. El otro día le leí un cuento de Mortadelo y Filemón y quedó encantado. Es una edición de 1978, amarillenta y usada, pero quedó fascinado. Se tiró al piso en carcajadas. A pesar de que fuera un cuento viejo, a pesar de que fuera en español.

También le encanta Bugs Bunny: con su ironía y sagacidad, es el prototipo del ser 'cool' por excelencia. Y está redescubriendo Batman, y los X-Men, gracias a las nuevas películas y caricaturas.

A nivel universitario, los hijos de inmigrantes mexicanos desde Texas hasta California, están haciendo suyos a Pedro Infante, María Félix, la Vírgen de Guadalupe, Siqueiros, Rivera, Cuauhtémoc, la música de Mariachi y hasta a El Santo. Y muchos gringos también.

Hay esperanza.

De todas maneras, las brechas generacionales existen, sí. Pero además, nosotros los padres inmigrantes debemos enfrentar las brechas culturales.

Y éstas son, generalmente, más difíciles de superar.

Aunque, pensándolo bien, ¿para qué superarlas? La mezcla de culturas siempre ha ocurrido a lo largo de la historia. Y seguirá ocurriendo.

Estos niños son el mejor ejemplo, la mezcla de dos mundos. Llámeles como quiera: 'chicanitos', 'pochitos', 'malinchistas'.

Pero eso no afecta un hecho incuestionable: Ellos son el futuro.

Y nosotros, como dice el dicho, somos leyenda.

cfzap@yahoo.com
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Padres inmigrantes: Demasiado ocupados trabajando, y demasiado cansados para los hijos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — En Dallas, recientemente hubo una campaña para informar a los padres de familia inmigrantes sobre las becas disponibles para sus hijos.

La reunión se iba a celebrar una tarde, a la hora que los papás pudieran acudir. Se difundió en carteles, cartas, volantes. Salió en los medios hispanos.

Los organizadores tenían listos paquetes informativos en español, con expertos en becas de universidades para responder cualquier pregunta. Habían solicitudes listas.

Esperaban un éxito total, dada la enorme población hispana en la zona.

Por fin llegó el gran día. Un gran salón, con capacidad para más de doscientas personas, estaba preparado.

Se abrieron las puertas a las 7 de la noche. Puntuales.

Llegó una persona. Luego otra. Y otra más.

Tres gentes.

Esperaron un rato, a que llegara más. Nunca llegaron.

Total, al final acudieron cinco personas. Cinco padres de familia, de una población total de cientos de estudiantes.

Sólo cinco.

"Qué apatía", se lamentaba uno de los promotores. "Parecería que a nuestra comunidad no nos importa la educación de nuestros hijos".

Lo peor de todo, es que este episodio no es la excepción. Casi se puede decir que es la regla.

Por todos lados vemos casos iguales: Padres inmigrantes que "no tienen tiempo" para sus hijos. Ni siquiera para asuntos de la escuela.

Antes de emigrar a Estados Unidos, casi todos los latinoamericanos estamos conscientes del enorme esfuerzo que ello significa.

Tan solo para LLEGAR a este país, ya arriesgamos la vida. Después, al estar aquí, sabemos que tendremos que doblar el lomo, esforzarnos, trabajar mucho.

Y estamos dispuestos a ello. De hecho, lo que queremos es TRABAJAR. No importa cuántas horas.

En fin, estamos dispuestos a dar TODO por salir adelante.

Todo, excepto darle tiempo a los hijos.

Y eso me lo recuerda mi hijo César casi todos los días, con una pregunta sencilla:

-Papá, ¿me ayudas con la tarea?

Como todo buen inmigrante, no le tengo miedo al trabajo, ni a las largas horas. Me he pasado casi hasta 20 horas trabajando en algunas ocasiones, y no le saco.

Pero cuando César me sale con eso... Oh, oh.

-Perdón, ahorita no. Estoy trabajando- ha sido mi respuesta más de una vez.

O estoy cansado.

O no tengo TIEMPO.

Lo bueno es que me doy cuenta a tiempo, y saco fuerzas a ver de dónde. Pocos minutos después recapacito y le digo: "A ver, ¿en qué quieres que te ayude?"

Confieso que desde que llegue a Estados Unidos, este ha sido uno de mis mayores retos, lo que mas trabajo me ha costado: Tener tiempo para mi familia, pero en especial, para mi hijo.

No solo es pasar tiempo con él, sino participar en su vida. Revisarle los cuadernos, la tarea. Ir a recogerlo cuando tiene más horas de tutoría, acompañarlo cuando tiene algún evento en la escuela, o simplemente salir a hacer algo juntos.

Desafortunadamente, nosotros los hispanos no ponemos la atención debida a nuestra familia. Invertimos demasiado tiempo trabajando, y poquísimo tiempo ayudando a nuestros hijos a estudiar.

El resultado son casos como la decepcionante reunión de los cinco padres de familia que mencionamos.

Dirán que eso les pasa a todos. Que es cosa del progreso, de la vida moderna. Cosas de este país. Que igual pasa con gringos, con negros, con asiáticos.

Quiza. Pero he notado que esto pasa muy seguido entre los inmigrantes mexicanos.

¿Porqué? No sé. Es más fácil que un papá o una mamá americanos acudan a juntas de padres de familia, a actividades deportivas, o simples paseos por el parque con sus hijos, que lo hagamos los hispanos.

A la mejor porque el americano tiene mas tiempo libre: Generalmente ganan más, tienen mejores trabajos. Sabe sus derechos, y no regala su trabajo tan fácilmente.

En cambio los inmigrantes trabajamos hasta de más. Mucho más. No siempre en esfuerzo, pero sí en tiempo. ¿Hay que tomar horas extras? No importa, las tomamos. ¿Necesitamos doblar turno? Lo hacemos. ¿Un compañero faltó y no hay quien lo supla? Aquí estamos nosotros.

No importa si son dos, cinco, ocho horas extras. Las agarramos.

Explicaciones tenemos muchas: "Necesito el dinero". "Hay que pagar los 'biles'". "Quiero comprarme una 'troca' nueva".

(O mi favorita: "Lo hago por mi familia.")

O a la mejor no es por dinero: "No tengo papeles, y no quiero que me corran por flojo". "Mejor ni hago olas y obedezco a todo lo que me digan". "Necesito quedar bien con el patrón". "No me vayan a echar a la Migra".

El caso es que siempre trabajamos de más.

A veces no son sólo dos turnos los que trabajamos, sino que encima hasta tenemos varios empleos. Mucha gente no tiene tiempo ni de comer, porque sale de un trabajo y sale corriendo al otro, y solo alcanza a medio masticar una hamburguesa al volante antes de entrar a su segunda chamba.

¿Sábado y domingo? Si se puede, también los trabajamos. O tenemos un trabajito de medio tiempo, o salimos al tianguis a vender algo: ropa usada, comida casera, qué se yo.

"Lo hacemos por la familia". Claro, claro.

Después de tanto trajinar, llegamos a la casa muertos. Y lo único que queremos hacer es medio dormir, aunque sea un poco, porque en tres o cuatro horas más ya tenemos que estar en camino a la primera chamba del día.

Por eso queremos DESCANSAR. Y claro, cuando estamos en casa, lo que MENOS queremos hacer son tareas, actividades escolares, o siquiera ir a ver un partido de futbol de nuestros hijos.

¿Qué no entienden? Estamos muy CANSADOS. Trabajamos MUCHO.

"Todo por la familia". Por supuesto, por supuesto.

Al emigrar a este país nos obsesionamos con hacer dinero. Cuando conseguimos una chamba, nos emocionamos al ver que nos pagan 5 DÓLARES LA HORA, Dios mío. Y algunos hasta hacemos 6, 7, 8, 10 dólares, caramba.

Nos engolosinamos. Terminamos pensando que si descansamos estamos "perdiendo" dinero: "En esta hora que descansé pude haberme ganado una lana", nos decimos horrorizados.

Mientras, los hijos van creciendo casi solos. Sin la presencia del padre.

Bueno, usted dirá, pero les dejamos los hijos a la mamá, ¿no? Que se compartan las obligaciones.

Desafortunadamente, no siempre. La mayoría de las veces hasta las esposas también trabajan, y tienen hasta más horas que el marido.

"Es que, usted sabe, pa' completar el gasto." Pero claro, claro.

El emigrar impone obligaciones de trabajo, es cierto. Pero ello no desaparece las obligaciones de la familia.

O sea, si nos partimos en dos para cumplir con la chamba, nuestra OBLIGACIÓN es partirnos en tres o cuatro, para cumplir con los hijos, también. Es una obligación tan válida -o más- que la del trabajo.

¿Que es duro? ¿Es difícil, es complicado? Sí, lo es. Pero ni modo.

Al emigrar, tenemos no solo la responsabilidad de dar de comer, mantener y vestir a nuestra familia, sino atenderlos. Darles algo de tiempo.

Y lo peor es que la mayoría de nosotros le sacamos. Este es un compromiso que casi nadie quiere echarse encima.

Preferimos trabajar 20 horas bajo el sol, haciendo hoyos, que pasar media hora haciendo la tarea con los hijos

Vaya, muchos de nosotros ni siquiera comemos juntos con la familia. Mucho menos recogemos a los niños de la escuela.

¿Juntas escolares? ¿Juegos deportivos? ¿Salidas a pasear? Por favor. Estamos muy cansados.

Este es un enorme problema que está creciendo entre la comunidad hispana, día a día.

Y es gravísimo. Los resultados los vemos en las estadísticas: Los hijos de mexicanos son los que más abandonan la escuela. Mucho más que los americanos y los negros.

Pocos se gradúan. En Texas, por ejemplo, más de 20 por ciento de los alumnos hispanos no terminarán la escuela preparatoria. Muchos de ellos acabarán en pandillas, o en trabajitos mal pagados y matados.

¿Quiénes tienen la culpa de esto?

Ya sé, ya sé: El racismo, claro. Los agentes de la Migra, que no quieren a nuestra gente.
También la tiene el gobierno, que no nos da dinero, ni apoyos suficientes. Los maestros ineptos, los pandilleros, y qué se yo.

Vaya, de plano, la culpa la ha de tener Bush, por la guerra de Irak, ¿no? O Vicente Fox por no haber cumplido sus promesas de campaña y querer 'tumbar' al Peje.

Usted échele la culpa a quien quiera. Es su derecho.

Pero si me pregunta, yo creo que, en mi humilde opinión, la culpa la tenemos NOSOTROS. Nosotros los mexicanos, los hispanos inmigrantes. Nadie más.

Y por eso mismo, la solución también está en nosotros.

Cuando hagamos algo al respecto, habremos logrado más. Mucho más.

Porque, créalo o no, los hijos también son parte del sueño americano.

Aunque no se nos haya ocurrido porque estamos muy ocupados "haciendo dinero".

E-mail: cfzap@yahoo.com - www.cesarfernando.blogspot.com