viernes, febrero 11, 2005

La típica casita mexicana: ¿Un fuerte resguardado?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Regresé a Estados Unidos, después de mis vacaciones en México. Confieso que una semana se me hizo poco menos que insuficiente, pero al menos sirvió para despejarme algo de la rutina diaria.

Cuando pasamos la frontera, vino el shock. Nunca dejo de sorprenderme del cambio de escenario cuando viajo de México a Estados Unidos, o viceversa.

No, no me refiero al shock de pasar de primer a tercer mundo. Ni del cambio al "respirar democracia", como dijo algún despistado una vez.

No, mi sorpresa siempre es más prosaica: Las calles y las casas. Sobre todo las casas. Apenas me estaba aclimatando al escenario mexicano, cuando de nuevo, regreso y me debo re-acostumbrar a la manera "americana" de construir.

Un jubilado norteamericano hacía notar una vez la marcada diferencia de mentalidades entre México y Estados Unidos a la hora de construír casas. Los mexicanos somos muy celosos de nuestra "privacidad". No soportamos que el vecino nos esté viendo desde afuera. No queremos que Juan de las Cuerdas ande ventaneándonos la sala, ni mirando de qué color tenemos los muebles, desde la calle.

Por eso construímos las casas con cercas, si se puede de ladrillos o blocks. Y entre más altas, mejor.

Y de pilón, rematamos estos muros con pedazos de vidrios para que cualquiera que se le ocurra brincarlas se acuerde que es propiedad "privada".

Las ventanas de las casas siempre tendrán cortinas, o de perdido, vidrios traslúcidos, casi opacos. Ah, y barrotes, si se puede.

Es cierto, muchas de estas medidas las tomamos por estar ciscados: No dudamos de la respetabilidad del prójimo, pero tampoco la queremos poner a prueba.

Pero esto pasa hasta en las colonias residenciales, y "privadas". Entre más barda, mejor.
"Las casas mexicanas parecen fuertes militares", observaba una mujer americana que quería comprar una casita de retiro en Guanajuato. Al principio, se decepcionó porque creyó que todas las casas mexicanas eran así de "feas": Cajones sin chiste. Cuál fue su sorpresa al darse cuenta que, detrás de esos muros y bardas, habían jardines bien cuidados, y casas hermosas.

Lo dicho: los mexicanos valoramos nuestra privacidad.

Otra cosa totalmente diferente son las casas en Estados Unidos. Una de las cosas que más me sorprendió al emigrar fue ver que las viviendas, por más humildes que fueran, carecían de bardas, cercas o algo que se les pareciera.

Vaya, si ni siquiera tenían cuatro postes en las esquinas para delimitar el predio. ¡Nada!

Y los jardines... ¡Cómo les dan importancia a los jardines! Generalmente los terrenos son enormes, el doble del tamaño de las casas en sí. ¿Porqué? Porque el resto del predio se destinará a jardines, pasto, patios.

No es terreno "desperdiciado", como pensaríamos nosotros los latinoamericanos, quienes estamos acostumbrados a aprovechar hasta el último pie cuadrado del lote en construcción. ¿Jardines? Bueno, si sobra un cachito en el pasillo, plantamos algo, claro. Unas cuantas macetitas y ya. Quizá un jardincito atrás, en el cuarto de lavado.

(Porque, las casas mexicanas SIEMPRE deben tener un cuarto de lavado, claro. Y si no está atrás, entonces en la azotea.)

¡Y las ventanas! ¡Horror! Los gringos las dejan casi siempre abiertas, sin cortinas ni persianas. Si las tienen, las corren "para que entre la luz". No es raro ir por la calle manejando y ver a la gente dentro de sus casas, viendo la tele, comiendo, platicando, jugando... Como si no les importara que los "ventanearan".

"A nosotros nos importa que nuestras casas tengan una bonita vista", comentaba un amigo americano. "Por eso, la gente prefiere los ventanales amplios, los vidrios con vistas, los escenarios espectaculares".

Despertarse una mañana y ver el mar que rodea el cuarto, o asomarse al jardín desde la cama, para los norteamericanos no tiene precio. Como dice el comercial.

Mi mamá notó otra característica una vez que vino de visita: "Mira, ¡todas las casas son iguales!"

Volteé a ver. No me había dado cuenta. Sí, era cierto. No clones, exactamente, pero sí el mismo estilo. Cambian los colores, cierto. Y una que otra característica. Pero en general, las casas de todos los barrios en Estados Unidos casi parecen hermanitas. Todas siguen el mismo patrón.

A diferencia de las casas en México, donde los barrios son variopintos: Aquí una casa de material, allá una de madera. Más allá una de block, a medio terminar. Y más allá, en la misma calle un jacalito.

¿Gusto por la variedad? Para nada. Cada quien hace su casa como puede. O como quiere.

¿Es mejor una mentalidad o la otra? Depende de cada quien. Ambas son válidos.

Lo que sí es definitivo es el shock que les mencioné al cruzar de un país a otro: De casas resguardadas y "seguras", a viviendas abiertas y "con vistas".

No importa cuánto tiempo viva uno en cada país: Siempre será curioso notar la diferencia.
Por lo pronto, en mi casa —su casa, faltaba más— ya levantamos una cerca en el patio de atrás. Es de madera, no de material. Pero está alta. Lo suficiente como para que los vecinos no vean hacia adentro.

¿Y las ventanas? Con cortinas, claro. Y persianas. Siempre cerradas. Nada de que "entre la luz".

A donde fueras haz lo que vieras, es cierto. Pero aún no me acostumbro.

Cosas de mentalidad...

E-mail: cfzap@yahoo.com

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