domingo, febrero 27, 2005

Las 'Marías Poppins' mexicanas que cuidan niños en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Hace algún tiempo, una amiga de México me preguntó si "había chance" de irse de niñera a Texas.

¿Tú de niñera?, pregunté incrédulo. Nunca me lo hubiera imaginado. Esta persona tiene empleo estable, en una empresa respetable. No le pagan mal. Tiene estudios universitarios.

Claro, me dijo. ¿Porqué no? Nunca se sabe. Además, seguro pagan mejor que aquí.
Increíblemente, OTRA persona me comentó algo similar: ¿Cómo le hago para irme a Estados Unidos a chambear? Aunque sea de nanny.

En una columna anterior, hablábamos de que las niñeras o nannies se han convertido en un tema candente para Estados Unidos. Mencionamos que las nannies se han vuelto el arma secreta de los políticos: Si alguien quiere ver caer a un diputado, a un senador o simplemente a un funcionario público, lo único que debe hacer es investigar a sus niñeras. Seguro son inmigrantes hispanas... e indocumentadas.

Pero las niñeras son un tema representativo del problema de la inmigración: Son un asunto espinoso, que nadie quiere tocar, al que todos le rehúyen. Pero al mismo tiempo todos las necesitan, y les dan trabajo a escondidas, a sabiendas que contratar ilegales es "antiamericano", "antipatriótico" y anti todo.

¿Cuál es la realidad del mercado de trabajo niñeril en Estados Unidos? Muchos de los trabajos que los inmigrantes generalmente hacemos (construcción, jardinería, agricultura, servicios) de pronto sufren recortes. Las recesiones en particular se ensañan con estos empleos. De pronto no hay chamba, y muchos inmigrantes terminan emigrando de nuevo porque no les fue bien aca.

Pero esto parece no ocurrir con las niñeras y la ayuda doméstica en general. Al contrario, hoy más que nunca hay muchos empleos disponibles, y es un secreto a voces que faltan niñeras y sirvientas para satisfacer la creciente demanda.

Un rápido vistazo a un periódico local de Dallas nos da una idea: En un día promedio, se anuncian 23 empleos disponibles bajo el título de "Domestic Help" (Servicio Doméstico). De ésos... 21 incluyen la palabra "Nanny" (niñera).

"A mí me gusta trabajar de niñera, pero sólo con gringos", platicaba una vez Juana, una señora experimentada en estas lides. "Muchas familias mexicanas o chicanas solicitan niñeras, pero son bien negreros. Exigen demasiado y pagan muy poco".

(Esta queja es muy generalizada, al parecer. La he escuchado varias veces: Los gringos son justos, no les importa pagar por un buen servicio. Prefieren la calidad y la confianza de la gente, y lo remuneran. En cambio, los mexicanos... Mmmmmm).

¿Será? ¿Cuánto ganan las niñeras aca? A ver el periódico...

Casi todos los anuncios revisados este día son de norteamericanos "gringos". Uno dice que paga de 10 a 18 dólares la hora. Dependiendo de cuánto trabaje, ganará más.

Otro ofrece 300 dólares por semana, pero exige labores de sirvienta y aparte de cocinera. Además de cuidar niños, claro. (O séase, son friegas.)

Otro anuncio es para cuidar a un matrimonio de ancianos. Ofrecen 50 dólares diarios, 6 días a la semana. Piden experiencia.

Un anuncio más es para limpiar casas, solamente. Pagan 10 dólares la hora, más propinas.

Otro anuncio pide niñera / sirvienta, para cuidar dos niños chiquitos. 50 horas a la semana, de lunes a sábado, pero tiene que limpiar, cocinar y, si puede, quedarse a vivir en casa.

Y así, por el estilo. Los demás anuncios van con similares ofrecimientos de salarios para las nannies.

Pero pérese tantito: Antes de que haga su maleta y le llame al pollero para iniciar una nueva carrera de niñera, hay que aclarar algo. Ya dijimos lo que OFRECEN en esos empleos. Ahora falta mencionar lo que EXIGEN.

Los gringos pagarán bien, pero al mismo tiempo no meten en su casa a cualquier persona. A diferencia de nosotros los mexicanos, los norteamericanos investigan los antecedentes hasta del jardinero.

Por principio, los empleos que revisamos piden -todos- referencias. O sea, de otros empleadores anteriores. Otros patrones, o dueños de casas. Recomendaciones, vaya.

(No, ni su tío ni Doña Cuquita de Tangamandapio creo que sean recomendaciones aceptables).
Segundo, exigen saber hablar INGLÉS. No todos es cierto, pero sí la mayoría. Algunos inglés básico, otros EXCELENTE INGLÉS. Depende de qué tanto quieran hablar español los patrones.

Y aunque es cierto que la mayoría de los norteamericanos no saben ni jota de idiomas, hoy en día como que están más abiertos al español.

"Cuando yo llegué aquí, a los 15 años, los patrones me regañaban porque hablaba en español", relataba María, una anciana con casi 50 años de experiencia como niñera. "Hoy en día cuando llego a un trabajo nuevo los patrones siempre me dicen 'María, por favor, háblales en español a mis hijos'. Cómo cambian los tiempos."

Pero eso no es todo. Muchos de los empleos piden que las niñeras tengan licencia de manejo. No, no de Michoacán, sino de Texas. O del estado a donde vayan a trabajar.
Ah, y transportación propia. Para que llegue a tiempo a su empleo.

¿Piensa que es demasiado? ¿Que son demasiados requisitos? A la mejor. Pero espéreme: Aún hay MÁS.

Bastantes anuncios exigían una revisión de antecedentes penales. Como si fueran a pedir trabajo en la CIA.

Y el colmo: Uno de los anuncios exigía pasar un test ... ¡De tuberculosis!

Aunque no lo crea, hay quien se hará la prueba de tuberculosis, y se peleará por el puesto con otras aspirantes. Porque como mencionamos, el mercado de niñeras está en un "boom" en Estados Unidos.

¿Porqué se da? Entre más liberadas y profesionales son las mujeres norteamericanas, menos tiempo tienen para cuidar su casa y sus hijos. Deben decidir entre su carrera o su familia. La solución más socorrida es: Contratar una niñera mexicana.

(Incluso se habla de que hay planes de filmar una nueva versión del clásico de Walt Disney Mary Poppins, solo que "actualizada" a la realidad de Estados Unidos del siglo XXI: En vez de ser la típica nanny inglesa, la nueva heroína del paraguas volador será... mexicana. ¿El título? "MARÍA POPPINS". En serio...)

Vaya, si hasta el Servicio de Inmigración tiene una categoría especial de visas, para niñeras y trabajadoras domésticas. No, no es fácil sacarla, y tiene muchos requisitos. Pero existe.

Hay críticos que dicen que esto es esclavitud moderna. Que mientras hay agencias de niñeras profesionales que traen empleadas de Inglaterra y Francia (casi todas jovencitas universitarias, que se llaman 'au pairs'), con salarios justos y papeles, por otro lado existe un mercado clandestino de niñeras, compuesto por indocumentadas mexicanas.

Quizá. Pero hasta ahora, no creo que haya inmigrantes mexicanas que se quejen de trabajar de niñeras. Por lo menos, ganan más de lo que jamás pudieran aspirar en México, aún trabajando en un banco o una tienda. Aún siendo "explotadas".

Mientras tanto, es irónico que, mientras por un lado los norteamericanos se la pasen echando pestes de los inmigrantes, de los indocumentados, porque según ellos destruyen la unidad del país y la economía, por el otro gustosos dejen su tesoro más precioso -sus hijos- todos los días en manos de... niñeras indocumentadas mexicanas, ¿no cree usted?

Cosas de la economía de mercado.

E-mail: cfzap@yahoo.com

Prepárense: La temporada de cazar indocumentados ya comenzó

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — El evento no podía ser más ridículo.

Unos jóvenes corriendo como locos por el campus de la Universidad del Norte de Texas (UNT) en Denton, para evitar que unos compañeros los atraparan.

No, no era uno de esos juegos de "iniciación" a una fraternidad universitaria, ni un concurso televisado (aunque habían muchas cámaras).

No, los muchachos corrían para evitar ser "atrapados por la Migra".
(O unos compañeros que se hacían pasar por agentes de Inmigración.)

Los supuestos "inmigrantes ilegales" (así decían las camisetas anaranjadas que llevaban puestas) no eran sino estudiantes de la misma universidad, miembros de un grupo denominado "Jóvenes Conservadores de Texas", que organizaron una supuesta "cacería de indocumentados" en su escuela.

¿El motivo? "Concientizar a la comunidad sobre el 'enorme' problema que son los indocumentados". Sobre todo, los mexicanos.

Eso ocurrió hace algunas semanas, en Denton, un suburbio al norte de Dallas. Los estudiantes (todos anglosajones) levantaron un templete en medio del campus, y llamaron a todo el que pasara para que ayudara a atrapar a un ilegal.

Claro, muchos aceptaron. Y ahí los tienen, correteando a sus "mexicanitos" por toda el área. Claro, estos "indocumentados" no habían pagado miles de dólares a los coyotes. Ni tenían una familia que alimentar, ni tenían necesidad. Quizá por eso se dejaban pescar fácilmente.

Muchos estudiantes regresaron sonriendo con su ilegal atrapado. Por la hazaña, recibían una barra de chocolate, y les daban un sermón sobre el escape de dinero que significan los indocumentados para la economía de Estados Unidos.

Todo esto ante el aplauso y las risas de todos los presentes.

Los Jóvenes Conservadores prepararon todo con antelación. Hasta reporteros de televisión y prensa llamaron, para darles a conocer su postura respecto a la inmigración.

Si no fuera porque el asunto es grave, toda la situación sería estúpida.

Bueno, mejor dicho: Todo el asunto fue estúpido, pero también grave.

Porque por mensada que suene, este tango armado por los universitarios no es sino un reflejo del sentimiento antiinmigrante que se palpa en todo Estados Unidos en este momento.

Apenas hace días el Congreso acaba de aprobar nuevas medidas para hacer casi imposible a los indocumentados obtener licencias y documentos, a pesar de las promesas del presidente Bush de una (pronta, pero aún muy ausente y platicada) regularización.

A lo largo y ancho del país, la mayoría de los gringos piensan igual que los Jóvenes Conservadores. ¿Inmigrante indocumentado? Lo primero que se les viene a la mente al escuchar este término es: 1) Criminal, 2) Ladrón, 3) Incivilizado, 4) Delincuente, 5) Flojo, 6) Amenaza, 7) Sucio, 8) Todo lo anterior junto.

Pero no solo lo piensan. Lo peor es que, como los universitarios de Denton, muchos grupos (menos inofensivos) ya están tomando cartas en el asunto.

Hace un par de días, en una estación de radio en inglés entrevistaron a uno de los organizadores de una "excursión" a la frontera. ¿El objetivo? Detectar indocumentados ilegales, reportarlos y detenerlos.

El grupo se llama Minuteman (Hombres al Minuto). El nombre viene de los tiempos de la independencia de las trece colonias originales de Norteamérica, que luchaban contra Inglaterra. Los voluntarios que ofrecían sus armas para la causa estaban listos para dejar todo (familia, trabajos, casa) y luchar por la independencia, a la hora que fuera. Se llamaban Minutemen porque se podían alistar para pelear en un minuto.

Los miembros de este grupo contra inmigrantes se sienten con ese espíritu patriótico (o patriotero). Lo malo es que van equipados con un arsenal digno de Rambo, como si fueran a cazar a Osama bin Laden a Afganistán: Lentes nocturnos, tiendas de campaña, carros todo terreno, armas, radios, etc.

Ahorita ya van casi en 500 voluntarios reclutados de todo Estados Unidos, y se espera que se les sumen más.

"Nosotros somos ciudadanos de la República de Estados Unidos, y nuestro objetivo no es otro mas que defender nuestra patria de la invasión", dice el sitio de internet del Minuteman Project.

¿Tienen razón estos grupos de tomar la ley en sus manos? Según ellos, sí. De hecho, cualquier ciudadano de cualquier país tiene la obligación moral de hacer algo por su nación si considera que el gobierno no hace nada.

Pero tanto los jóvenes conservadores, como los 'Hombres al Minuto' y los legisladores que aprobaron las leyes anti-inmigrantes en el Congreso se olvidan de un pequeñísimo detalle:

Los inmigrantes seguirán viniendo. La mayoría seguirá pasándose por el desierto o el río Bravo ilegalmente. Y la mayoría seguirá siendo de México, con escasa educación y de clase baja.

¿Porqué? Porque en este país hay trabajos. Porque hay personas, empresas, empleadores, que gustosamente les van a dar un empleo, donde ganarán más -mucho más- dinero de lo que jamás podrán lograr en México.

Y hasta donde he visto, ese apetito voraz de Estados Unidos por contratar indocumentados mexicanos no ha bajado. Al contrario: Sigue en aumento día a día.

Al mismo tiempo, el gobierno hace más y más difícil el lograr obtener una visa o permiso para entrar.

Y eso no lo dicen los miembros del Minuteman Project.

Volviendo a los Jóvenes Conservadores, a mitad de su payasada los interrumpió otro estudiante.
Éste era hijo de mexicanos, y se llamaba Albert Martínez, según reportó el semanario Dallas Observer.

Comenzó a discutir con los organizadores de la faramalla, y les explicó que su familia había tardado seis años para entrar legalmente a Estados Unidos. Les dijo lo caro, difícil, complicado y trabajoso que es emigrar legalmente. Y lo imposible que es para la gente que de verdad necesita los trabajos que aquí les ofrecen.

Después de mucho alegar, uno de los jóvenes conservadores, Christopher Richey, gritó acalorado: "¡Si ese fuera mi caso, probablemente yo también sería ilegal!"

De todas maneras, hay que abrocharnos los cinturones: La temporada de cazar indocumentados ya ha comenzado.

E-mail: cfzap@yahoo.com

viernes, febrero 11, 2005

En Estados Unidos no hay 'fresas'...¿Sino puros 'nacos'?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Javiercito vino a Texas hace meses con su mamá. De "shopping".
Javiercito tiene dieciocho años. Está en una de las mejores universidades privadas de México (muchos dicen que es la mejor), que tiene sucursales en todo el país.

Sí, esa.

Su familia no es de dinero, pero viven bien. Han hecho un esfuerzo por pagarle a Javiercito la mejor educación, y como está en la mejor universidad, el joven debe estar a la altura de las circunstancias

Por eso vinieron de compras a Texas. Para que Javiercito se vistiera con lo último de la moda primermundista.

Como ustedes ya habrán supuesto, Javiercito es "fresa". O al menos así se ve él. Y se encarga de que así lo veamos todos los que lo conocemos.

No tengo nada contra los "fresas". De hecho, me divertían cuando joven. La cosa es que, después de todo este tiempo aquí en Estados Unidos, prácticamente me había olvidado de su existencia.
Porque, aunque usted no lo crea, en Estados Unidos NO HAY FRESAS.

En serio. No los hay. O no los he visto.

Claro, hay gente rica. Gente "bien". Y gente multimillonaria.
También hay sangrones. También hay arrogantes y creídos. Pero a éstos les dicen así, tal cual: Arrogants. No fresas.

No, ser fresa no es igual a ser rico. Puede ser usted de dinero, y no ser fresa. (Ahí tiene a Huicho Domínguez).

Ser fresa es un estado de ánimo, una actitud. Casi una especie aparte.

No es ser arrogante, creído, rico o sangrón: No, es todo eso junto y más. Al menos en el concepto mexicano -tipo Pirruris- del término.

(Me refiero a los fresas de verdad, a los pesados, no a fresitas "light" como ciertas niñas, que a pesar de su fresez -o quizá por eso mismo -caen bien. Conste.)

Javiercito es un fresa de cepa. Auténtico. Por principio, habla como Popeye, articulando las palabras por un lado de la boca. Como si tuviera papas atoradas. Su tonadita me remontó a mi juventud, y me acordé de pronto que los "fresas" seguían existiendo en México.

Como dije, los había olvidado, porque en Estados Unidos no los hay.

Los gringos son muy prácticos. La gente rica y millonaria que he conocido no es fresa. Tener dinero -a diferencia de en México- no los hace una especie aparte. Los gringos millonarios no tratan de enfatizar esas diferencias usando un acento y actitudes "propias", para nada: Son ricos y ya. Pero se comportan como cualquiera.

Las niñas ricas generalmente comentarán, hablarán y harán chistes como cualquiera. Con el mismo acento y tono de todos.

Pero no Javiercito. Él a toda costa necesitaba un ajuar a tono con sus compañeros. Por eso, todas sus compras se enfocaron a enfatizar a toda costa su fresez.

Cuando Javiercito y familia partieron, me quedé pensando. ¿Porqué no hay fresas en Estados Unidos?

Después de un análisis concienzudo, llegué a otra conclusión sorprendente:

En Estados Unidos no hay fresas porque... es un país ¡DE NACOS!

No, no me burlo. Es cierto. Como comentábamos en una columna pasada, los europeos se la pasan criticando el provincianismo y "burdos modales" de los americanos. Su falta de refinamiento. ¿Qué es eso sino una crítica a la naquez?

Por ejemplo, ¿qué habrá más naco que un tipo viejo, vestido con shorts, chanclas, camisas floreadas, sombrero de caza, tomando fotos en Cancún?

Bueno, ESO es un gringo típico.

Lo increíble (para muchos en todo el mundo) es que los americanos asumen su naquez con dignidad, y hasta con altivez. O sea, les vale.

Pueden vestir lo que les dé la gana, y no les importa lo que digan. Pueden traer un calcetín de un color y el otro de otro, y ni en cuenta. (No todos lo hacen seguido, claro, pero hay muchos que sí.)

Y no les importa.

Hay casos particulares, como los llamados "rednecks" (rancherotes), y los "hillibillies" (montañeces), que son objeto de burlas y chistes, pero no son exactamente nacos.

Nosotros los inmigrantes mexicanos lo sentimos en carne propia cuando vamos a México. El concepto que se tiene allá de nosotros es que todos somos nacos.

Y claro, con nuestras cadenotas, hebillotas, sombrerotes, bototas, y trocotas, quizá no demos otra imagen, a ojos de los "cosmopolitas y cultos" latinoamericanos del sur.

Además, nos gusta la música grupera, ¿no? ¿Qué más naco puede haber que eso, a ojos de los fresas entendidos?

Lo importante es que nos vale. Como todo buen naco.

Vamos, si hasta el propio presidente de Estados Unidos es acusado de naco. Con sus bototas con el escudo presidencial grabado, sus modales burdos y falta de arranques intelectuales, George W. Bush es el prototipo del presidente "Cowboy Texano". Y naco.

(Igual Fox, pero esa es otra historia).

Javiercito llegó y compró. Se regresó a México fascinado con la ropa que había comprado. Entre más gringa, mejor (aunque hecha en china, claro).

Ahora sí podría estar a la altura de sus amigos fresas. Y seguro lo envidiarían allá en la escuela.

Esto es lo más gracioso de todo: Los fresas mexicanos se la pasan imitando todas las últimas modas americanas. Ellos quisieran fundirse en uno con los gringos, clonarse con ellos. Ser idénticos en la ropa, los modos, los gustos.

En una palabra, imitar en todo a un pueblo que quizá sea el más naco del mundo. Y sin darse cuenta.

(PD: Por cierto, para los malosos que ya se estén haciendo preguntas, les aclaro: Sí, yo vivo en Estados Unidos. Y por eso también me considero naco. ¿Y qué?)

E-mail: cfzap@yahoo.

La típica casita mexicana: ¿Un fuerte resguardado?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Regresé a Estados Unidos, después de mis vacaciones en México. Confieso que una semana se me hizo poco menos que insuficiente, pero al menos sirvió para despejarme algo de la rutina diaria.

Cuando pasamos la frontera, vino el shock. Nunca dejo de sorprenderme del cambio de escenario cuando viajo de México a Estados Unidos, o viceversa.

No, no me refiero al shock de pasar de primer a tercer mundo. Ni del cambio al "respirar democracia", como dijo algún despistado una vez.

No, mi sorpresa siempre es más prosaica: Las calles y las casas. Sobre todo las casas. Apenas me estaba aclimatando al escenario mexicano, cuando de nuevo, regreso y me debo re-acostumbrar a la manera "americana" de construir.

Un jubilado norteamericano hacía notar una vez la marcada diferencia de mentalidades entre México y Estados Unidos a la hora de construír casas. Los mexicanos somos muy celosos de nuestra "privacidad". No soportamos que el vecino nos esté viendo desde afuera. No queremos que Juan de las Cuerdas ande ventaneándonos la sala, ni mirando de qué color tenemos los muebles, desde la calle.

Por eso construímos las casas con cercas, si se puede de ladrillos o blocks. Y entre más altas, mejor.

Y de pilón, rematamos estos muros con pedazos de vidrios para que cualquiera que se le ocurra brincarlas se acuerde que es propiedad "privada".

Las ventanas de las casas siempre tendrán cortinas, o de perdido, vidrios traslúcidos, casi opacos. Ah, y barrotes, si se puede.

Es cierto, muchas de estas medidas las tomamos por estar ciscados: No dudamos de la respetabilidad del prójimo, pero tampoco la queremos poner a prueba.

Pero esto pasa hasta en las colonias residenciales, y "privadas". Entre más barda, mejor.
"Las casas mexicanas parecen fuertes militares", observaba una mujer americana que quería comprar una casita de retiro en Guanajuato. Al principio, se decepcionó porque creyó que todas las casas mexicanas eran así de "feas": Cajones sin chiste. Cuál fue su sorpresa al darse cuenta que, detrás de esos muros y bardas, habían jardines bien cuidados, y casas hermosas.

Lo dicho: los mexicanos valoramos nuestra privacidad.

Otra cosa totalmente diferente son las casas en Estados Unidos. Una de las cosas que más me sorprendió al emigrar fue ver que las viviendas, por más humildes que fueran, carecían de bardas, cercas o algo que se les pareciera.

Vaya, si ni siquiera tenían cuatro postes en las esquinas para delimitar el predio. ¡Nada!

Y los jardines... ¡Cómo les dan importancia a los jardines! Generalmente los terrenos son enormes, el doble del tamaño de las casas en sí. ¿Porqué? Porque el resto del predio se destinará a jardines, pasto, patios.

No es terreno "desperdiciado", como pensaríamos nosotros los latinoamericanos, quienes estamos acostumbrados a aprovechar hasta el último pie cuadrado del lote en construcción. ¿Jardines? Bueno, si sobra un cachito en el pasillo, plantamos algo, claro. Unas cuantas macetitas y ya. Quizá un jardincito atrás, en el cuarto de lavado.

(Porque, las casas mexicanas SIEMPRE deben tener un cuarto de lavado, claro. Y si no está atrás, entonces en la azotea.)

¡Y las ventanas! ¡Horror! Los gringos las dejan casi siempre abiertas, sin cortinas ni persianas. Si las tienen, las corren "para que entre la luz". No es raro ir por la calle manejando y ver a la gente dentro de sus casas, viendo la tele, comiendo, platicando, jugando... Como si no les importara que los "ventanearan".

"A nosotros nos importa que nuestras casas tengan una bonita vista", comentaba un amigo americano. "Por eso, la gente prefiere los ventanales amplios, los vidrios con vistas, los escenarios espectaculares".

Despertarse una mañana y ver el mar que rodea el cuarto, o asomarse al jardín desde la cama, para los norteamericanos no tiene precio. Como dice el comercial.

Mi mamá notó otra característica una vez que vino de visita: "Mira, ¡todas las casas son iguales!"

Volteé a ver. No me había dado cuenta. Sí, era cierto. No clones, exactamente, pero sí el mismo estilo. Cambian los colores, cierto. Y una que otra característica. Pero en general, las casas de todos los barrios en Estados Unidos casi parecen hermanitas. Todas siguen el mismo patrón.

A diferencia de las casas en México, donde los barrios son variopintos: Aquí una casa de material, allá una de madera. Más allá una de block, a medio terminar. Y más allá, en la misma calle un jacalito.

¿Gusto por la variedad? Para nada. Cada quien hace su casa como puede. O como quiere.

¿Es mejor una mentalidad o la otra? Depende de cada quien. Ambas son válidos.

Lo que sí es definitivo es el shock que les mencioné al cruzar de un país a otro: De casas resguardadas y "seguras", a viviendas abiertas y "con vistas".

No importa cuánto tiempo viva uno en cada país: Siempre será curioso notar la diferencia.
Por lo pronto, en mi casa —su casa, faltaba más— ya levantamos una cerca en el patio de atrás. Es de madera, no de material. Pero está alta. Lo suficiente como para que los vecinos no vean hacia adentro.

¿Y las ventanas? Con cortinas, claro. Y persianas. Siempre cerradas. Nada de que "entre la luz".

A donde fueras haz lo que vieras, es cierto. Pero aún no me acostumbro.

Cosas de mentalidad...

E-mail: cfzap@yahoo.com