jueves, enero 20, 2005

Ciudades gringas: Limpias, bonitas, arregladas... a la fuerza

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Por César Fernando Zapata
DALLAS, Texas — ¡Ah, el sueño americano! Tener un salario (ganando en dólares), vivir en el Primer Mundo (gastando en dólares), tener su casita propia (que costó MILES y MILES de dólares, que luego uno no sabe ni de dónde va a sacar)...

Una casita con jardín, en los suburbios, donde los niños salgan a jugar a la calle, donde los vecinos se saludan por encima de la cerca mientras riegan las plantitas de sus jardines, y donde uno puede cocinar carne asada con los amigos los fines de semana.

Eso es lo que la mayoría de nosotros, más o menos, piensa al emigrar a Estados Unidos, ¿o no?
¿Es un sueño, o es una realidad torcida? Ni lo uno ni lo otro. Para muchos, es un sueño, sí (y nunca dejará de serlo). Para otros, en cambio, es un sueño realizable.

Muchos inmigrantes que provienen de ranchos con casas de adobe y suelos de tierra lo ven como la culminación de sus esfuerzos al llegar a este país: Su casita propia, bonita, arreglada, con jardín, limpia...

Es la imagen que todos tenemos, y confieso que es la imagen que yo tenía cuando compré mi casa, hace un año.

Siempre me preguntaba, ¿cómo es posible que en Estados Unidos todos puedan tener su casa bonita, limpia, con jardín lindo, y en México sólo sea esto privilegio de los ricos?

Aclaro: No se necesita tener dinero para tener una casa bonita y limpia en México. Pero cuando vemos una de esas viviendas, (no es las colonias residenciales, sino en cualquier colonia común y corriente, "popular") como que resalta entre las demás.

Es decir, una casa de ésas en muchas partes del mundo es la excepción, no la regla, al contrario que en Estados Unidos.

Vaya, si hasta Archi, el personaje de los cómics tenía su casa bonita. Igual que Torombolo, Betty y toda la pandilla, ¿se acuerdan? Puros jardines, cocheras y calles pavimentadas y limpias.

Y no era barrio de ricos el de ellos, porque siempre andaban quejándose de la lana (a diferencia de Verónica, claro).

El caso es que cuando compré mi casa, pasaron apenas algunos días cuando me dí cuenta porqué los suburbios gringos están siempre tan bonitos.

-Nos llegó una carta del municipio- declaró mi esposa, tras recoger el correo.

-¿Y eso?-, pregunté, al abrir el sobre. Ese día andaba todo socroso, sudado y cansado: Andaba tirando los palos de la cerca vieja que tiramos en el patio de atrás.

La cartita, con sello oficial y todo, decía más o menos así:

"En un esfuerzo por mantener nuestra ciudad de Garland, Texas, bonita como siempre, todos los habitantes necesitamos colaborar."

- Claro que sí- pensé. Es obvio. Totalmente de acuerdo.

"Por eso", continuaba la carta, "CORTE EL PASTO DE ENFRENTE O SUFRA UNA MULTA DE 160 DOLARES".

¡Órale! Con tanta bronca tras comprar la casa, con la pintada, la tirada de cerca, la cambiada y la recogida de basura lo último que nos acordamos es en cortar el pasto.

Pero no al municipio. Alguna cuadrilla de inspectores había pasado por aquí y nos había echado un ojo.

La carta continuaba:

"El pasto no debe sobrepasar las 12 pulgadas de alto, por regulación municipal".

Y ahí me tienen con una reglita midiendo las hierbas. -¡Esta yerba mide 11 pulgadas, que no sean exigentes!- reclamé en voz alta. Pero no había a quién reclamar.

Sólo había tres opciones: rebatir a la ciudad (¡ja!), no hacer nada y que nos multaran, o... cortar el pasto.

160 dólares es mucha lana, pensamos. Podríamos invertirlos en comprarnos una podadora, que fue lo que hicimos.

Una vez que la estrené, todo el patio (de adelante y atrás) quedó limpiecito. Cortado al ras. Como en los cuentos de Archi.

A los dos días revisé el correo.

Otra carta del municipio.

"¡Y ahora qué onda!", me pregunté. La abrí y decía:

"En un esfuerzo por mantener nuestra ciudad de Garland, Texas, bonita como siempre, todos los habitantes necesitamos colaborar."

Aja, claro, eso ya me lo sé. Seguí leyendo:

"Por eso CORTE EL PASTO DE LA VEREDA DE LA COCHERA DE ATRÁS O SUFRA UNA MULTA DE 160 DOLARES".

Sabía que algo se me había olvidado. Seguí leyendo:

"El pasto no debe sobrepasar las 12 pulgadas de alto, por regulación municipal".

Ok, ok, fui y lo medí. Sí, apenas 12 pulgadas y cachito, qué exigentes. No problem.Busqué un azadón (la maquinota cortahierbas no pasaba por ahí) y lo corté.

Terminé con lumbago, pero eso sí: Un patio de atrás limpecito.

Me olvidé del asunto. A la semana llegó OTRA carta.

"Es del munici...", me comenzaron a decir."

-Ya sé, ya sé- dije mientras la abría, resignado.

De nuevo, la letanía: "En un esfuerzo por mantener Garland bonita... bla-bla-bla... NO VEHÍCULOS VIEJOS O DESCOMPUESTOS EN LA COCHERA DEL PATIO DE ATRÁS".!!!???

De inmediato vi atrás. Mi cuñado había dejado una van vieja, que usaba para el trabajo encargada mientras buscaba dónde llevársela. La cochera de atrás está casi oculta, se entra sólo por el callejón. Está en MI propiedad, no en la calle, a la vista de todos. Pero eso, aparentemente, hacía de Garland una ciudad "más fea".

Esto es el colmo, pensé. Luego, ví la advertencia: "Si no mueve su carcacha, le darán 160 dólares de multa".
¿Cuál fue mi reacción? Claro: De inmediato le dije a mi cuñado que moviera su camioneta.

Días después, por fin pudimos llevar todos los palos de la cerca vieja al patio de enfrente. Iba a pasar el camión de la basura, para llevárselos. Echamos todo lo que estaba en el garage, de la familia anterior, pero dejamos una lavadora vieja por pesada, afuera: En MI garage, sobre MI pasillo, dentro de MI propiedad. Oculta, fuera de las miradas de todos.

A la semana recibimos OTRA carta: "En un esfuerzo por mantener Garland bonita... ¡QUITE SU LAVADORA (vieja y fea, se leía entre líneas) DE LA COCHERA!"

Multa: 160 dólares.

La lavadora desapareció como por arte de magia. Recuerdo que esa mañana la movimos mi cuñada y yo, a empujones, patadas y topes (estaba pesadísima). A pesar de que caía un diluvio. A pesar de mi hernia.

En mi agonía, recitaba en voz baja mi mantra de consuelo: "160 dólares... 160 dólares".

Días después, me piqué la pata con un clavote oxidado, mientras sacaba más palos de la cerca de atrás. Corrimos al hospital, no fuera a darme tétanos. Anduve con el pie vendado varios días, hasta que me recuperé. Cuando quise volver a cortar el pasto, una piedrota rompió las cuchillas de la podadora y tuvimos que mandarla a reparar.
Cuando pude caminar bien, vi que nos había llegado al correo (¡qué cree!), OTRA carta de la ciudad.

"En un esfuerzo por mantener Garland bonita...".

Casi la rompo al verla, pero seguí:

"CORTE LA HIERBA MALA DE LA COCHERA DE ATRÁS".
Ya ni vi la multa a que me exponía.

¡Pero no tenía podadora! Me dieron dos semanas para cumplir.

La podadora llegó, pero se descompuso de nuevo. Un día antes de que venciera el plazo, llovió a cántaros.

"Lo corto mañana", pensé, mientras me acostaba a dormir. "Seguro en la mañana mejorará el clima".

Llegó la mañana. A las 5 de la madrugada me levanté, listo para cortar las hierbas aunque fuera a jalones.

Seguía lloviendo. A cántaros. Peor que la noche anterior.

Ni modo: Ahí me tiene a las 5:30, tiritando de frío, en medio de la lluvia, tapado con impermeables y la cabeza envuelta en una bolsa de plástico, arrancando zacate, hierbas y hasta flores con las manos, y unas tijeras de jardinero.
No podé las hierbas, pero al menos las rasuré hasta que quedaran por debajo de las "12 pulgadas" mentadas. Y hasta con regla las medí.

Exhausto, cansado, agotado, me fui a trabajar.

Ahora es invierno. El pasto no crece. La máquina sigue descompuesta, pero por lo menos no hay preocupaciones.

La bronca es que en primavera llegarán de nuevo las cartitas. Las amenazas de multa, "para mantener a Garland bonita"... y de nuevo la batalla de todos los días.

¿Se preguntaban porqué la mayoría de los barrios de Estados Unidos se ven limpios, arreglados, bonitos? He aquí la respuesta.

No es porque los gringos hayan sido diseñados genéticamente para ser limpios, arreglados y bonitos, ni que esa sea su cultura.

No, en buena medida, es porque los OBLIGAN. Porque los multan si son dejados. Porque hay inspectores que vigilan que todos esos barrios se vean como en un cuento de Archi. Y sobre todo que se mantengan así.

Estas inspecciones no incluyen solamente el pasto, ni los carros o las lavadoras de la cochera, se fijan en todo: Que la decoración de las casas no desentone con el barrio, que no se construya más o menos, que no se dejen latas de aceite, que no se contamine con llantas o metales abandonados...

Suena estricto. Suena fascista. Pero es el precio que se tiene que pagar si uno quiere un barrio bonito.

Creo que aquí hay una gran lección: Si en México queremos ciudades limpias, arregladas y bonitas (¡como en los cuentos de Archi!), nos van a COSTAR.

No es cosa de magia, ni de Primer Mundo, ni de tener dinero. Es cosa de OBLIGARNOS a mantener nuestras colonias limpias, bonitas y arregladas. Y si no lo hacemos, que alguien nos meta fuertes multas.

Las ciudades lindas no caen del cielo, ni brotan espontáneamente. Son el resultado del esfuerzo de todos los que viven en ellas, sean gringos, europeos o latinoamericanos. Sean ricos, pobres, primermundistas o tercermundistas.

Son el resultado del esfuerzo de todos. Incluídos los que rezongamos por ello.

E-mail: cfzap@yahoo.com

2 comentarios:

  1. Anónimo10:18 a.m.

    Desgraciadamente en muchos paises, latinos, estan acostumbrados a vivir en la mugre y llegan a los estados unidos y muchos creen que deben de seguir viviendo en la mugre es por eso que la ciudad de garland en un esfuerzo por mantener a su ciudad bonita, debe educar a la ciudadania a base de multas, no podemos poner aparatos feos detras enfrente o en los costados, carros van suv viejos, ya que dan mal aspecto al vecindario, es por eso que tu leias en los comics y veias por television casas bonitas, por que todos colaboran, si alguien esta en desacuerdo, creo que debe de volver a su rancho y seguir viviendo como lo hacia. no te parece?

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, exactamente ese es el tema del artículo. En las zonas donde hay casas bonitas, es porque sus habitantes las mantienen así, pero no por arte de magia, sino con mucho trabajo (en Estados Unidos es rarísimo que una familia de clase media tenga sirvienta. Eso solo los ricos). Y eso no tiene que ver con raza ni origen, ni color de piel, sino con educación y actitud. Saludos.

    ResponderEliminar