viernes, diciembre 30, 2005

¿Un Día Sin Gringos?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — "¿Qué se puede hacer para protestar contra ese muro en la frontera?", es una de las preguntas que amigos y familiares me han hecho últimamente.
El año termina y comienza con la famosa polémica por el muro que el gobierno de Estados Unidos planea construír en la frontera con México, para bloquear la entrada de inmigrantes mexicanos.
Los gobiernos de México y de algunos países centroamericanos ya están planeando una estrategia conjunta, para protestar ante Washington por la medida.
Organizaciones y grupos están alistando protestas, y hasta solicitar la intervención de la ONU y Amnistía Internacional.
Y claro, enviar cartas y más cartas de protesta. Ah, y las infaltables quemas de banderas norteamericanas.
Desafortunadamente, todo eso van a ser balitas de salva. Será como dispararle a un tanque con resorteras.
¿Porqué? Muy fácil: Las cartas, las protestas, las manifestaciones se ven muy bonitas en la tele y en los periódicos. La quema de banderas americanas también. Tienen rating. Venden periódicos.
Pero no causan ningún efecto concreto en la política de Estados Unidos. A los congresistas y senadores les viene valiendo sorbete si nosotros nos paramos de cabeza en el Zócalo o hacemos pipí en la foto de Bush. Podemos gritar todo lo que querramos, a ellos les vale.
Luis Ernesto Derbez puede ir y venir cuántas veces quiera a Washington a "entablar diálogos' con quien quiera. Lo van a recibir, se va a tomar la foto. Y ya.
Lo único que va a lograr será pasearse. Darse unas vacaciones VTP. Irse en avión de lujo, hospedarse en los mejores hoteles de Estados Unidos, y comer en restaurantes cinco estrellas... Todo pagado con los impuestos DE USTED.
Pero nada más. Los políticos gringos no lo van a pelar. Los electores menos (ni lo conocen ni les importa que exista).
¿Que eso está MAL? ¿Que los políticos gringos son muy desconsiderados con los mexicanos? ¿Que deberían poner más atención? ¿Que deberían ser más conscientes y humanos?
Claro, claro.
(Y si mi abuelita tuviera ruedas, sería bicicleta...)
Pero la realidad es que los políticos de Estados Unidos nunca van a ser considerados con usted o conmigo, ni van a prestar más atención a MIS necesidades, ni a las de USTED, allá en México. Les vale lo que la gente de otro país (en este caso, México) piense.
¿Porqué? Porque son políticos. Y los políticos tienen sus prioridades.
Ellos piensan primero: En ellos. Segundo: En ellos. Tercero: En su reelección. Cuarto: En ellos. Quinto: En su familia. Sexto: En ellos. Séptimo: En sus electores. Octavo: En ellos. Noveno: En su reelección. Décimo: En ellos.
¿Le parece mal esto? Lástima, porque así son. Es la realidad. ¿Que no deberían de ser así? A la mejor.
Pero, ¿con qué cara los podemos criticar usted o yo, cuando "nuestros" políticos mexicanos son iguales... O peores.
Porque los diputados y senadores mexicanos saben que no pueden reelegirse, así que les valen los electores.
(Así que, en el caso de los políticos mexicanos, sustituya los puntos Tercero y Séptimo de la lista de prioridades mencionada y agregúele dos "Piensan en ellos" más.)
A los políticos mexicanos les importa un bledo lo que piensen los electores americanos (y mexicanos, de paso). Como a los políticos americanos les importa un bledo lo que piensen los electores mexicanos. Son igualitos.
Así que no cuenten con ellos.
¿Qué hacer, entonces? ¿No hay esperanza? ¿Debemos quedarnos cruzados de brazos, mientras los gringos levantan muros y se burlan de la nuestra dignidad?
No necesariamente. Hay mucho que se puede hacer. Pero como en todas las crisis políticas de la historia, la iniciativa la tiene que tomar la sociedad misma. No los políticos.
Lo primero, a los americanos donde les duele es en el bolsillo. Es su punto flaco. Cualquier protesta que les cueste dinero, de inmediato obtiene respuesta. Olvídese de las pancartas y las banderas quemadas. Con dinero baila el gringo.
Lo que se puede hacer: Unámonos en un bloqueo. En un boicot completo contra los americanos, y sus productos.
¿Se acuerda del churro aquél de "Un Día Sin Mexicanos"? Bueno, pues algo así.
Digamos, "Un Día Sin Gringos".
Las medidas que usted y yo podríamos tomar son muchas. He aquí algunas de ellas.
1) No comprar productos americanos. (Aunque todo está ahora hecho en China). Adiós a los pantalones de mezclilla, a los tenis de marca americana, a las camisas, a la ropa, a los productos de casa, de cocina, la Coca-Cola, etc. comprados en tiendas de importación. Compre lo Hecho en México (Que está "Bien Hecho", asegún).
(Eso EN DADO CASO de que el producto que usted necesita se haga en México. Y aparte, que lo halle al precio que usted quiera pagar, claro. Si no, ni modo. Aguántese. No lo compre y punto.)
2) No vea tele americana. Olvídese de Friends, del Cartoon Network, del Discovery y todo lo que huela a Estados Unidos. Incluyendo Los Simpson. No los vea. Es más, corte totalmente el servicio de cable, o de satélite. Consuma lo nacional: Canal de las Estrellas, y TV Azteca. Telenovelas, deportes, programas de concurso y de chismes.
3) No vea películas americanas. Sólo mexicanas. Es más, si no se estrenan, no vaya al cine y punto. Regrese a las diversiones tradicionales: Dése una vuelta a la plaza los domingos con la familia. Cómpreles un globo con un algodón de azúcar. Vaya a la feria o al palenque.
4) No coma productos americanos. Boicotee al McDonald's, al Burger King, las pizzerías y franquicias gringas. Aunque los chiquillos berreen, lléveselos a una taquería. Es cuestión de dignidad.
5) No compre carros gringos. Cambie su Chevy por un Nissan. Es más, no compre autos, porque a fin de cuentas, todos son extranjeros. Use el camión o el taxi. O como los chinos, a pura bicicleta. Pero que sea marca nacional.
6) La gente que vive en la frontera, que deje de comprar su mandado en "el otro lado". Ya no crucen a Wal-Mart o Target. Compren en el mercado local, aunque les cueste más caro. Verá si no gritan y chillan los comerciantes de Texas y California. (Aunque casi todos ellos son mexicanos.)
7) Nosotros los "paisanos" también podemos poner de nuestra parte. En lugar de trabajar y vivir en Estados Unidos, deberemos regresarnos a México. Dejar nuestras casas, nuestros trabajos, nuestra vida acá, y volver al país, a iniciar una vida nueva. Buscar trabajo, no importa que nos paguen 8 ó 10 veces menos de lo que ganamos acá.... Eso en dado caso de que ENCONTREMOS CHAMBA. Y si no hallamos chamba, o nuestra familia pasa hambre, pos ni modo. A aguantar, que es por el bien de México y nuestra dignidad.
Y todas estas millones de familias mexicanas que dependen de las remesas tendrán que dejar de depender de sus familiares en Estados Unidos, y olvidarse de recibir dólares. Y prepararse para mantener a estos familiares cuando regresen a México, sin dinero y sin trabajo, durante un buen tiempo.
Y ya encarrerados, ¿porqué "Un Día Sin Gringos" solamente? ¿Porqué no darles "una lección" a los güeros de una buena vez, y extenderlo a "Una Semana Sin Gringos"?
¿O porqué no un mes, o un año?
Sólo así, si aplicamos estas medidas, les aseguro que los Estados Unidos no aguantarán un mes sin el poder de compra y laboral de los inmigrantes mexicanos. Millones de empresas quebrarán y las protestas de los electores serán tan escandalosas, que los mismos congresistas y senadores aprobarán una medida de emergencia para darles ciudadanía a todos los mexicanos que quieran cruzar a trabajar, por "fast track'.
Pero para entonces, seguramente las protestas y el escándalo ya será mucho mayores en México, con tantos millones de paisanos sin chamba, y familias sin remesas, y gente enojada por no comprar en Wal-Mart o comer en McDonald's. Y los ingresos de divisas del país colapsadas por no recibir los dólares de los inmigrantes.
A fin de cuentas, como ya mencionamos anteriormente, dudamos que la famosa barda se construya. El Senado seguramente matará la propuesta una vez que la reciba.
Afortunadamente... para nosotros.
Porque es obvio que NUNCA íbamos a tener valor para aguantar ni siquiera un día "Sin Gringos".

jueves, diciembre 22, 2005

Decir "Feliz Navidad" se está volviendo un crimen

Por César Fernando Zapata

En Estados Unidos, parece mentira, se está convirtiendo en un crimen decir... "Feliz Navidad".
Las tiendas están quitando la frase y cualquier alución al nacimiento de Cristo de sus escaparates. A los empleados les ordenan decir en cambio un desabrido: "Felices Fiestas". Dizque para no ofender a los que no son cristianos.
Hay un escándalo entre conservadores y liberales por este tema. Unos dicen que es "injusto" imponer tradiciones religiosas en una sociedad democrática. Otros, que este es un país cristiano.
Bla-bla-bla.
Por eso me sorprendí cuando fui al dentista días atrás. Luego de que el doctor casi tocó las marimbas en mi boca, me despidió sonriente con sus ojillos asiáticos.
Mi dentista es un inmigrante vietnamita, como casi todo el personal de la clínica.
En medio del dolor y el mareo por la anestesia, caminé como atontado a la puerta. Antes de salir, escuché que el doctor me despedía amablemente:
"Merry Christmas!"
Tenían un pinote con esferas en la recepción. Y había regalos envueltos debajo. Y toda la clínica estaba adornada de acuerdo a las fechas.
Pensé que, por lo visto, los únicos preocupados por lo "inapropiado" de decir "Feliz Navidad" son... los propios cristianos.
Porque, para muchos otros inmigrantes de Asia y África esta época no tiene vuelta de hoja. Es Navidad, y punto.
Así que, no importa que me caiga el FBI y la CIA:
Feliz Navidad
PD: Si la columna no se publica la semana que viene, búsquenme en Guantánamo.
cfzap@yahoo.com

¿Y de dónde van a sacar trabajadores para construír la barda en la frontera?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — El secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Ernesto Derbez, hizo la pregunta correcta.
Luego del escándalo desatado por la aprobación de una ley en el Congreso de Estados Unidos (la H.R. 4437, propuesta por los republicanos James Sensenbrenner y Peter King), que autoriza construír un muro en su frontera sur, fueron muchas las declaraciones de protesta de parte del gobierno de México.
Entonces, Derbez hizo la pregunta: "¿Y quién la va a construír?".
O sea, ¿de dónde van a sacar los americanos la mano de obra para llevar a cabo el proyecto, si se lleva a cabo?
¿Quiénes serán los albañiles que pondrán su esfuerzo y sudor para construír el muro?
¿Anglosajones? ¿Negros? ¿Asiáticos? ¿Indios americanos?
Claro que no. Sabemos que tendrán que contratar... a mexicanos. Sobre todo, inmigrantes.
¿Quién más hace esos trabajos de albañilería en Estados Unidos, tan duros y no reconocidos?
Pues los inmigrantes mexicanos. Más del 80% de la fuerza laboral de la construcción la constituyen ellos.
¿Tendrán cara los contratistas del gobierno para ir a pararse en las gasolineras de las esquinas a recoger indocumentados para ayudarles a construir la barda que, se supone, debería mantenerlos fuera del país?
(Sería muuuuuuy interesante ver si los Minutemen videograban escenas como esta.)
Claro que no, me responderán de inmediato los antiinmigrantes. ¿Cómo se te ocurre? Usaremos ciudadanos americanos.
(Güeros, protestantes y de ojos azules, si se puede.)
Buena idea. Ahora bien, yo pregunto: ¿Querrán esos gringos la chamba?
Y lo primero que preguntarán es: "How much do you pay?"
O sea, "¿Cuánto pagas?"
Cuando se den cuenta que el salario promedio no es lo que ellos (como CIUDADANOS AMERICANOS) esperan recibir, seguramente darán la vuelta y se irán. Quédense con su chamba. A ver quién les construye el murito.
"Pero claro, la culpa es de los ilegales", se quejaba un "experto" anti-inmigrante en un sitio de noticias de internet recientemente. "Son ellos y sólo ellos los responsables de que los salarios de la construcción estén tan bajos. Si no existieran ilegales, los sueldos subirían a un nivel que los ciudadanos americanos aceptarían".
Aja. Claro. Como no.
(Como dijo un sarcástico: "Claro que yo tomaría un empleo en la construcción... si me pagaran 1,000 dólares a la semana").
Pero eso no va a ocurrir. La industria de la construcción tiene un tabulador salarial que el gobierno de Estados Unidos autorizó. No fue dictado desde Los Pinos por el presidente de México, ni por los "coyotes".
Cuando vean los "genios" anti-inmigrantes que no encuentran trabajadores para la cerca, quizá tengan dos opciones:
1) Aumentar los salarios para atraer a los ciudadanos americanos (con lo cual se duplicará o triplicaría el presupuesto original de la cerca... y de paso de toda la construcción en Estados Unidos, causando una depresión económica horrenda), ó
2) Tendrán que irse a las esquinas a levantar inmigrantes.
Aquí cabe hacer otra pregunta macabra:
¿Cuánto costará una cerca de 700 millas de largo, como la que se propuso en el Congreso?
Cientos de miles de dólares. Más bien miles de millones, seguramente.
Y en ese presupuesto, ¿está contemplado los salarios de los albañiles? Si es así, ¿de cuánto estamos hablando?
¿Están contemplando salarios que aceptarían los ciudadanos americanos... o los inmigrantes?
A fin de cuentas, dudamos que la famosa cerca sea construída como se planea. Seguramente, el Senado matará la propuesta antes de convertirla en ley. Si acaso, levantarán algunos muros en ciertos sectores de la frontera para aplacar al electorado. Es prácticamente imposible cercar una frontera de más de 3 mil kilómetros de largo.
Y de todas formas, los que construyan esos muritos tendrán que ser inmigrantes. Como ocurrió con los famosos uniformes de la Migra, fabricados en México.
Pero si los contratistas llegaran a quedarse cortos de personal para construir la cerquita, sugerimos que llamen a los Minuteman.
A la mejor ellos estarían dispuestos a dejar las cámaras, los binoculares y las pistolas ("para defensa propia"), y agarrar un martillo, un pico, una pala, para construír ellos mismos la cerca.
No importa que les paguen poco. Será un sacrificio pequeño por defender su patria de "los invasores", como ellos nos llaman.
A ver cuántos hacen fila para aceptar la chamba. No se amontonen.

e-mail: cfzap@yahoo.com

viernes, diciembre 16, 2005

Si un extraño entra a su casa, ¿llamaría usted a la Policía... o le daría chamba?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Sam y Bessie estaban en su comedor, cenando aquella noche. No pasaba nada en particular en su bonita casa típicamente americana, ubicada en el bonito pueblo típicamente americano.
El matrimonio -también, típicamente americano- pensaba de hecho irse a dormir temprano.
Entonces, se escuchó un ruido extraño. Venía de un cuarto de la parte de atrás de la casa. Sonó como que se había roto un vidrio.
Curiosos, Sam y Bessie fueron a investigar qué pasaba.
Cuál no fue su sorpresa, al entrar en el cuarto trasero de la casa y encontrarse a un extraño, tirado en el piso. Al encender la luz, vieron que el hombre (visiblemente humilde, cansado y con hambre) estaba rodeado de pedazos de vidrio de la ventana que rompió al entrar a la casa.
El tipo parecía extranjero, seguramente un inmigrante latinoamericano.
Bessie se asustó, pero se quedó petrificada. Sam, en cambio, actuó. Salió corriendo de la habitación, para buscar el teléfono.
"¿Qué vas a hacer?", le preguntó Bessie alarmada.
"¡Voy a llamar a la Policía!"
Los ojos del extraño se llenaron de horror. No entendía bien lo que la pareja se decía entre ellos, pero adivinaba que no era nada bueno.
"Seguramente es un ladrón, o un asesino", declaró Sam, mientras tomaba la bocina. Con las manos temblorosas, comenzó a marcar el número.
Bessie lo miró, mortificada. Levantó su mano y pegó en el teléfono. Cortó la llamada antes de que entrara.
Sam la miró extrañada. ¿Qué le pasaba? "¿Estás loca? ¿Porqué cortas?"
"Se me ocurre que quizá no debas llamar a la Policía", dijo la mujer, pensativa.
Los ojos de Sam se abrieron tanto de la sorpresa, que parecía que se le iban a salir de sus orbitas.
A punto del ataque, casi gritó:
"No sabes de qué puede ser capaz ese tipo. Nos va a robar, o a matar. Déjame llamar."
"No", declaró Bessie, absorta pero firme. Volteó a ver a la puerta del cuarto donde estaba el extraño. "Estaba pensando..."
Miró a Sam y preguntó, su voz casi al nivel de un susurro: "¿Y si le damos trabajo?"
La quijada de Sam se abrió tanto, que casi sintió que tocaba el piso. No podía ni parpadear de la sorpesa.
"¿¡Qué!? ¿Darle trabajo? ¡Pero es un intruso, Bessie! ¡Se acaba de meter a nuestra casa, a la fuerza! Nadie lo invitó. No lo conocemos. ¿Qué tal si es un asesino? ¿Te volviste loca o qué?"
Bessie estaba muy seria. Pero no parecía tener miedo, al contrario: Se veía más decidida que minutos antes.
"No podemos asegurar que sea un ladrón. Seguramente es una persona pobre, que no tiene trabajo. Podemos darle uno".
"¿Y trabajo de qué, por favor?", casi gritaba Sam.
"Pues no sé. Hay tantas cosas que esta casa necesita, y que nunca se hacen, como pintar, como arreglar el jardín. La llave del baño lleva meses goteando".
"No necesitamos contratar a nadie para que haga esas cosas, Bessie. Son trabajos que yo puedo hacer".
"Pero no los haces", afirmó la mujer, mirándolo a los ojos. "Siempre tienes tantas ocupaciones en tu trabajo, tantos viajes para arreglar asuntos en otros lados. Menos aquí."
"¿Y ahora porqué me sales con eso? Tengo que cumplir con mi trabajo, lo sabes. De ahí comemos. Soy una persona ocupada, hay cosas importantes que debo resolver en la oficina. Y por eso, lo admito, no siempre tengo tiempo para atender la casa, pero te prometo que en cuanto se arreglen las cosas, yo..."
"Siempre me dices lo mismo, y se pasa el tiempo y nada. Y la casa necesita alguien que me ayude a mantenerla, que la atienda ya, si no se cae a pedazos."
Sam dejó la bocina del teléfono. Suspiró profundo. De pronto se sintió muy cansado. Era el mismo cansancio que siempre antecedía una discusión doméstica. Y no le gustaba.
"No tenemos dinero ahorita, Bessie...", comenzó a musitar alguna débil protesta. Ya no para hacer entrar a su mujer en razón, sino al menos para justificarse.
"Tú sabes que sí podemos pagar a alguien que nos ayude, Sam", dijo ella. "No tenemos que pagarle mucho. Además, le pagaré yo, con mi dinero."
Sam miró la puerta del cuarto de atrás, donde había entrado el intruso y donde, seguramente, aún permanecía.
¿Darle trabajo a un total desconocido? Era una locura. Por otro lado, Bessie tenía razón, necesitaban a alguien. El tipo seguramente aceptaría cualquier salario.
¿Qué podía hacer?
(Pausa para el intermedio del narrador.)
¿Qué haría usted de encontrarse en esa misma situación que Sam y Bessie? ¿Si una noche encuentra a una persona allanando su casa? ¿Un "intruso" que se metió sin su permiso a su propiedad?
Esa misma pregunta la hizo no hace mucho, un político republicano de Estados Unidos a la audiencia de una estación de radio, cuando lo entrevistaron sobre su postura respecto a la inmigración de indocumentados.
A este político republicano—como a muchos otros republicanos del Congreso y el Senado— no le gustan los indocumentados. Más aún, se declaró totalmente en contra de cualquier ley que pudiera darles papeles o permiso de trabajo.
En cambio, sí apoyaba con entusiasmo contratar más agentes de inmigración armados y equipados, y levantar un muro doble a lo largo de toda la frontera con México.
O sea: "Papeles, no; Policías, sí. Legalización, no; Muros, sí".
(Como muchos otros políticos republicanos del Congreso y del Senado piensan.)
Cuando le preguntaron al político porqué adoptaba esta actitud, respondió: "¿Qué haría usted si sorprende a un extraño que se metió a su casa sin su permiso?"
Continuó: "¿Le daría un sándwich o llamaría a la Policía?"
Mucha gente de la audiencia que escuchó la entrevista del político estuvo de acuerdo en que no le darían un sándwich al intruso. Al contrario: Si se puede le darían un tiro antes de llamar a la Policía para que recogiera lo que quedara de él.
Por supuesto, casi todos los de la audiencia eran consevadores y republicanos. Y anti-inmigrantes. Y si no lo eran, se convirtieron al escuchar la mañosa pregunta y los "inteligentes" argumentos de su "representante".
Claro, cualquier persona en su sano juicio llamaría a la Policía si se encuentra con un invasor en su casa. Usted o yo lo haríamos. Igual lo harían gringos, negros o mexicanos.
Pero el asunto de la inmigración no es tan simplista como esto. A los políticos anti-inmigrantes les encanta manipular un hecho tan complejo como la inmigración, para generar controversia. Para causar alarma, terror, indignación y odio entre sus electores, y vestir a los inmigrantes como los diablos de la pastorela.
Sobre todo, encuentran campo fértil entre los americanos menos preparados, de las clases populares, que han sufrido de despidos, de crisis económica y tienen un patriotismo que raya en fanatismo.
(No hay mejor táctica que esta para cosechar votos, como bien lo supo en sus tiempos Adolfo Hitler.)
Pero la anécdota del intruso, el sándwich y la Policía no estaba completa. Le faltó un pequeño detalle. Que el político republicano no mencionó.
"¿Qué haría usted si alguien entra a su casa? ¿Le daría un sándwich o llamaría a la policía?".
Pero yo le agregaría algo más a la pregunta: "...a menos que su esposa le dé trabajo".
¿Quién tendría, en este caso, la última palabra? ¿Usted como jefe de familia? ¿O su mujer, como jefa de la casa?
Cada familia es distinta. Pero en el caso de Sam y Bessie, el asunto no tuvo vuelta de hoja. Bessie mandaba y punto.
¿Cómo terminó este cuento? Sam (al que le dicen "El Tío Sam"), y Bessie se pusieron de acuerdo: Él no llamaría a la Policía, siempre y cuando el extraño no se aparecíera por ahí cuando él anduviera en la casa. Se haría de la vista gorda.
Y Bessie (que es muy buena para eso del "Business") puso al invasor a trabajar como esclavo. Pagándole sueldo de miseria, claro, pero el tipo estaba contentísimo y no repelaba. Y la casa del matrimonio se mantenía en excelente estado, ya que el fuereño hacía los trabajos que Sam detestaba... pero que se tenían que hacer.
Así se estableció esta extraña relación matrimonial entre Sam y Bessie. Ella lo engañaba con el forastero (literalmente, dirían los republicanos anti-inmigrantes), a sabiendas de Sam, quien volteaba para el otro lado para no ver. "Mientras el tipo trabaje y no cobre demasiado...", suspiraba el ocupado marido.
Mientras haya Bessies que necesiten de mano de obra, la conseguirán donde sea. Incluso usarán a extraños.
Y mientras tanto, los Sams (que oficialmente son los que "mandan y "deciden") podrán refunfuñar todo lo que quieran, pero deberán aceptar la situación. Aunque no les guste.
Usted dirá que esto es una relación extraña, malsana. Un triángulo que casi raya en la infidelidad.
Cierto. Pero en la práctica, a nivel económico, funciona. Y se seguirá dando hasta que los Sams reconozcan que sus Bessies tienen razón: Que necesitan de esos extraños humildes y trabajadores para mantener funcionando sus bonitas casas —tipicamente americanas—, de sus bonitos pueblos —tipicamente americanos.

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viernes, diciembre 09, 2005

¿Dónde está Supermán cuando Estados Unidos lo necesita? (Abajo de la cama)

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Como me encanta ver películas, de vez en cuando voy a la tienda a comprar videos. Pero como también soy muy codo (o pobre; el adjetivo lo cambio según las circunstancias), siempre corro a los botaderos de películas baratitas.
Hace poco, escudriñando entre los devedés, me encontré con una gemita: Un disco con 15 caricaturas viejísimas, de 1941, de uno de los personajes favoritos de mi niñez: Supermán. (Cómo no, si era el más fuerte de todos los héroes. Y además volaba. Debo aclarar que nunca me gustó mucho su ridículo trajecito, a decir verdad. No me explicaba cómo su mamá no lo regañaba por ponerse la truza sobre los pantalones. Con mucho, yo prefería el traje del Chapulín Colorado.)
Esos discos fueron una revelación para mí: Me sorprendió ver un Supermán muy distinto al que estamos acostumbrados. Por principio, era un tipo de pocas palabras. No hablaba, actuaba. En lugar de soltarse un rollo moralista de "la verdad y la justicia", este Supermán agarraba a los malos (generalmente científicos locos alemanes) de los pelos o de una pata, se los llevaba volando como pollos al matadero, y sin miramientos los lanzaba desde el aire como costal de papas, a una celda (que, providencialmente, siempre estaba abierta).
Eso, cuando andaba de buenas. Cuando no, simplemente agarraba a los cacos a moquetes, a puño limpio, sin contemplaciones.
(Parece que se le olvidaba que el nombre de "Supermán" se lo dieron por tener "Súper Fuerza").
Checando en internet, me di cuenta de que varios fans de esta serie de cortos animados (dibujados por el famosísimo director Max Fleischer, que también hizo caricaturas de Popeye para el cine) comentaban que era muy "refrescante" ver a este Supermán "original". Un Supermán "decidido", "valiente" y "patriota" (luchaba contra los nazis). Muy, muy distinto al Supermán "sissy" (mariquita, en inglés) de hoy en día, afirmaban los fans. El Supermán de hoy se hace profundos cuestionamientos existenciales cada vez que tiene que salvar a alguien.
Este Supermán de nosotros, del siglo XXI, dicen algunos, se preocupa hasta cuando hace el "bien". Más parece un cura espantado, que un superhéroe.
Y Dios lo libre de abusar de su fuerza contra un delincuente, porque las dudas morales y éticas lo carcomerán hasta casi el suicidio.
(Por cierto, ¿se puede suicidar Supermán? Con kryptonita, supongo ¿no? Aunque lo dudo: Seguramente, hoy en día hasta la kryptonita es una substancia "controlada", por el gobierno de Estados Unidos. Y sólo se vende con receta.)
Supermán, claro, nunca existió. Pero muchos estudiosos de los cómics están de acuerdo que el personaje es un símbolo, una metáfora que representa a Estados Unidos. De hecho, Supermán nació precisamente en 1938, cuando el país se veía a sí mismo como la nación ideal, el país que toda la humanidad quería imitar por sus valores de libertad, justicia y capitalismo.
Además, se acercaba la Segunda Guerra Mundial, y el patriotismo inundaba cada rincón de la vida americana. Para los estadounidenses no había duda: Ellos eran "los buenos". Y Supermán era el símbolo de su rectitud.
Pero hay otra característica que aquél Estados Unidos del pasado compartía con aquél Supermán también del pasado: No se tentaba el corazón en hacer lo que quería, en beneficio de sus intereses, aún en detrimento de otras naciones.
¿Que había que aumentar el territorio nacional? No hay problema. Inventaban una guerra con México y les quitaron la mitad del territorio.
¿Que había algún presidente non grato en alguna republiquita latinoamericana? No hay problema. Incitaban a rebeliones y ponían gobiernos títeres.
¿Que les gustó la isla de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como colonias? No hay problema: Hunden un barco americano y le echan la culpa a España, para quitarle sus islitas.
¿Que necesitaban hacer un canal interoceánico en Panamá? No hay problema: Presionaban a Colombia para que les ceda el control. Y si se niegan, simplemente les quitaron el territorio que querían y promovieron la creación de un nuevo país. Claro, amigo de los intereses americanos.
Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, el país nunca tuvo dudas. Como Supermán, Estados Unidos actuaba. Lo impulsaba la seguridad de tener la razón y la moral de su parte, en contra del totalitarismo y del fascismo. Y todo el pueblo americano estaba unido detrás de su gobierno y de su presidente, porque sabían que estaban haciendo "lo correcto".
Sin titubeos, sin cuestionamientos. Como el Supermán de Flesicher.
(De hecho, cuenta la anécdota, que luego de ver una caricatura de Supermán donde vence a los nazis, el propio Adolfo Hitler declaró: 'Supermán es un judío'.)
Ese mismo Supermán prevaleció hasta los años cincuentas, al igual que la actitud "decidida" y "justa" de los Estados Unidos. O al menos así veía el pueblo a su gobierno.
Pero llegaron los sesentas. La Guerra de Vietnam despertó serios cuestionamientos filosóficos entre la juventud de Estados Unidos con respecto a su gobierno y sus políticos.
Estos adolescentes disfrutaban escandalizando a sus "correctos" padres. En lugar de apoyar la guerra, protestaban contra ella. En lugar de admirar al presidente, le recordaban a su mamá. En lugar de vestirse correctamente y buscar integrarse a la sociedad, andaban de hippies, practicaban el amor libre y de paso, se las tronaban con mariguana y LSD en Woodstock, mientras cantaban loas a la paz mundial.
Como Estados Unidos, Supermán también cambió. Se hundió en cuestionamientos, reevaluó su actuar, se volvió no un justiciero, ni mucho menos un defensor de los "valores americanos". Ya no tomaba la ley en sus manos, en cambio se dedicaba a crear "un mundo mejor". Se volvió algo así como un boy scout sobredesarrollado.
En síntesis, para muchos, Supermán se volvió un "sissy". Este fue el Supermán que heredamos nosotros, los de nuestra generación.
Aquellos jovencitos que protestaban por todo, que decían preferir "hacer el amor y no la guerra", casualmente ahora están en el poder en Estados Unidos. Muchos de ellos son empresarios, pero otros son políticos, o funcionarios de gobierno.
Y al llegar al poder, se trajeron con ellos sus filosofía.
Y de paso, a ojos de muchos ultraconservadores, convirtieron al otrora todopoderoso Estados Unidos... en un país acomplejado, temeroso.
De ser el "bully" (buscapleitos) del mundo, Estados Unidos se convirtió en el "mariquita" de la colonia.
Claro, Estados Unidos no se ha comportado "sissy" a últimas fechas. Parece que con cada vaquero que llega a la presidencia, el gobierno desempolva sus Colt .45 y se convierte de nuevo en el Policía Mundial. Pasó con Ronald Reagan en los ochentas. Pasa ahora con George W. Bush. Afganistán e Irak son pruebas de ello.
Pero quedan muy, muy lejos aquellas acciones "decididas", "directas" y "justas" que tomaba Estados Unidos en el pasado.
Hay que recordar que antes de intervenir en Afganistán o en Irak, George W. Bush hizo toda una faramalla ante la ONU, y ante la comunidad mundial, justificándose por la intervención militar.
Esto no lo detuvo, claro, pero lo hizo sentirse bien. Al menos ante la opinión pública, él consideró que se medio justificó.
De todas maneras, hoy en día, y pese a lo que critiquen en el exterior, Estados Unidos ya no es el mismo buscapleitos ("bully", dicen en inglés) del pasado.
Claro, responde a su papel en la comunidad mundial. Tiene que ejercer su poder, si no se lo quitan (¿A poco no querrían China, Rusia o la Europa Unida tomar su lugar como primera potencia militar y política del mundo, con todo lo que ello conlleva? Si hasta Brasil anda queriendo robar cámara.)
Pero hoy en día, cada vez que Estados Unidos actúa militarmente en alguna parte del mundo, se da una enorme división interna entre sus propios ciudadanos y políticos, a un nivel que no existía antes.
Unos quieren que la intervención continúe indefinidamente. Otros, cada vez más numerosos, insisten en que ya es hora de la retirada.
Ambos bandos parecen totalmente irreconciliables.
Los que se oponen a la guerra dicen: "¿Cómo podemos nosotros, que nos decimos líderes de la democracia, del mundo libre, defensores de los derechos humanos, actuar como los tiranos a los que despreciamos?"
Este cuestionamiento filosófico (aunque no lo creamos) sí es tomado muy en cuenta por los americanos. Porque es el fundamento ideológico en que está creado el país. Casi la mitad de la población de Estados Unidos piensa que el gobierno está echando por la borda una tradición de valores que hacen de este país lo que es.
Pero por otro lado, los conservadores aseguran que si el mundo está tan fuera de control, es por la falta de decisión de los pasados gobiernos americanos (léase "demócratas"). Que si Estados Unidos hubiera actuado rápido y sin cuestionamientos retóricos, el terrorismo islámico no tendría los colmillos tan afilados.
Es un debate filosófico interno que, aunque no lo creamos, otros países no tienen a la hora de actuar, como Rusia, como China o incluso como Inglaterra o Alemania.
Mientras que los soldados americanos están enfrentando enemigos difíciles de controlar en Irak y en Afganistán, en casa sus conciudadanos están librado otra guerra: Pero esta es no contra extranjeros, ni terroristas, sino contra otros americanos.
Y conforme se alarga la guerra de Irak, el debate se está tornando cada vez más feroz, a tal grado que ambos bandos parecen dos naciones totalmente diferentes y opuestas.
De hecho, dos naciones a punto de irse a la guerra.
(¿Dónde se mete Supermán cuando los americanos más lo necesitan, se preguntan los republicanos? Y los cínicos responden: Seguramente escondido abajo de la cama)

cfzap@yahoo.com

viernes, diciembre 02, 2005

"Los inmigrantes son flojos y sucios... Nunca serán americanos como nosotros"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Un famoso político en Estados Unidos se quejó un día amargamente del "enjambre" de inmigrantes que arribaban al país, porque llegaría el día en que lo convertirían en "una colonia de extranjeros".
"Pocos de los hijos (de los inmigrantes) aprenden inglés (...) A menos que podamos regresarlos a sus países, muy pronto nos superarán en número, y no podremos salvar nuestro idioma ni nuestra forma de gobierno", se quejó el personaje en varios periódicos.
"Nunca adoptarán ni nuestro idioma ni nuestras costumbres, igual que nunca podrán adquirir nuestra complexión", remató molesto y alarmado.
Por supuesto, todas las personas en Estados Unidos que leyeron estos artículos se alarmaron. Y le dieron la razón.
¿Quién es este misterioso político, que exuda tanto odio contra los inmigrantes?
¿Es Pat Buchanan, el comentarista de CNN que abomina de los mexicanos? ¿Es Samuel Huntington, el profesor de Harvard al que le aterra el español y el catolicismo en SU país?
¿Es "Arnoldo Sánchez-Guerra", el ex héroe de acción de Hollywood, que actúa en el papel de gobernador de California?
¿Es Tom Tancredo, el representante federal republicano furibundamente anti-inmigrante, anti-mexicano y anti-todo? ¿O es alguno de los famosos "Hombres al Minuto" que dizque vigilan la frontera "por los suyos"?
Para nada. Ninguno de ellos. Siéntese pa' que no se caiga.
El que escribió esos articulos contra los inmigrantes, es ni más ni menos que... Benjamín Franklín.
Sí, ÉSE Benjamín Franklín, uno de los famosisímos "Padres Fundadores" de Estados Unidos. El que fue amigo de George Washington y Thomas Jefferson. El que firmó el acta de independencia y la constitución de Estados Unidos, enfatizando el derecho de todos los hombres a ser "libres".
(¿Se acuerda? Es el que las caricaturas siempre lo dibujan como un viejito barrigón, calvo, de pelo largo y canoso, con anteojos de abuelita, usando un sombrero de tres picos, y que en medio de una tormenta vuela un papalote con una llave colgando, para "descubrir la electricidad".
Bueno, pues ése. )
¿A qué "enjambre" de inmigrantes extranjeros se refería tan despectivamente este famoso "Padre Fundador" en sus escritos?
Ni mas ni menos que a los... alemanes.
En ese tiempo, los norteamericanos de sangre anglosajona (procedentes de Inglaterra) controlaban el comercio y el gobierno de las trece colonias fundadoras de Estados Unidos. Tenían un nivel económico envidiable, en promedio, hasta para los propios ingleses.
Los alemanes que inmigraban, en cambio, eran gente pobre, campesinos. Muchos no sabían leer ni escribir, y llegaban a hacer los trabajos duros y peor pagados.
Pennsylvania, la colonia donde vivía Franklin, era una de las que más inmigrantes recibía: Tantos, que más de una tercera parte de su población era alemana.
Aquellos ancestros de los gringos de hoy, veían a estos inmigrantes alemanes hacia abajo. Les parecían sucios, tontos, brutos. Poco más que bestias.
"Nunca seran como nosotros", pensaba Franklin.
Ahora, adelantemos el cassette un poquito. Cincuenta o cien años después, ésos "alemanes que nunca se iban a adaptar", ya estaban totalmente adaptados. Sus descendientes se habían fundido tanto, que era difícil distinguirlos del americano "común".
Muchos aún conservaban el idioma de sus ancestros, pero solo por tradición. Todos ellos hablaban un inglés tan bueno como cualquiera. Y ya no eran "brutos": Se habían convertido en artesanos, en soldados, en comerciantes, y hasta en políticos.
Entonces, llegaron los irlandeses.
...Y les tocó el turno a los descendientes de alemanes de poner el grito en el cielo.
Desde tiempos de la colonia, habían llegado inmigrantes irlandeses casi a la par que los colonos ingleses. En su mayoría, estos primeros irlandeses eran educados, y se integraron bastante bien. La mayoría de ellos emigró a los nuevos territorios fronterizos, y se había fundido con el resto de la población.
Pero a medidados del siglo 19, llegó otra ola de inmigrantes irlandeses. Y estaban amoladísimos. Si se puede, mucho más amolados que los primeros inmigrantes alemanes. Por aquellos años, habían habido espantosas hambrunas en Irlanda. La gente, y en particular los niños, se morían de hambre en las calles, como animales abandonados. Irlanda era como la África de Europa. (Muy, muy distinto a la súper desarrollada y primermundista Irlanda de hoy).
Estos nuevos inmigrantes tampoco eran personas estudiadas: En su mayoría, eran campesinos pobrísimos. Analfabetos. Desesperados.
Los tataranietos de ingleses y alemanes en Estados Unidos comenzaron a despreciar a estos irlandeses, que llegaron a sumar 2 millones de inmigrantes. Eran, según ellos (¡CLARO!) flojos, sucios, brutos, casi animales.
Pero además de todos los defectos del típico inmigrante, los irlandeses también eran (según los americanos) borrachos y pendencieros.
Y de pilón, para su infortunio al llegar a un país de protestantes anglos y alemanes, los irlandeses eran católicos.
En los centros de trabajo como fábricas y negocios era común ver letreros que decían: "No se Aceptan Empleados Irlandeses".
"NUNCA serán como nosotros", se quejaban los americanos descendientes de ingleses y alemanes.
Si adelantamos el cassette unos años más, veremos que dos generaciones después, los irlandeses ya estaban totalmente integrados a la sociedad. Eran policías, obreros, soldados, bomberos y hasta políticos.
Y entonces... les tocó el turno a los inmigrantes italianos.
¿Cómo cree que llegaron los inmigrantes italianos a Estados Unidos? Adivinó: Pobres, analfabetos, hambrientos. Y los anglos, germanos e irlandeses los acusaro de ser... Sucios, brutos, delincuentes, y de hablar un idioma horrible (¡El italiano, por Dios!). Ah, y claro: Que NUNCA se iban a integrar ni a aprender inglés.
Hoy, los descendientes de italianos e irlandeses son, junto con los descendientes de alemanes, "americanos puros". No es fácil distinguirlos de los gringos descendientes de ingleses.
Vaya, hasta han tenido sus presidentes: John F. Kennedy y Ronald Reagan fueron de ascendencia irlandesa, y Dwight Eisenhower y Herbert Hoover, descendientes de alemanes.
Adelantamos el cassette.... a hoy. En el Siglo XXI, figuras como el político y analista Pat Buchanan (descendiente de ESCOCESES), el comentarista de radio Sean Hannity (descendiente de IRLANDESES), el representante Tom Tancredo (descendiente de ITALIANOS) y hasta el "gobernator" Arnold (inmigrante AUSTRIACO DE LENGUA ALEMANA) ponen el grito en el cielo al ver que llegan inmigrantes mexicanos y latinoamericanos. Campesinos en su mayoría.
¿De que nos acusan? De ser... pobres, analfabetas, ignorantes.
Pero también de no hablar inglés, de no aprenderlo rápido (Ya, ahorita mismo, Right Now!), de tener nuestras costumbres, nuestro idioma, el español ("Horroroso idioma", dicen algunos. "Lengua de esclavos", dicen otros), y de enseñarselo a nuestros hijos.
Y por supuesto, NUNCA nos vamos a integrar al resto del país, afirman.
(¿No le suenan familiares estas quejas?)
Estos anti-inmigrantes le tienen terror a "adelantar" el cassette de la historia. Porque saben que, dentro de cincuenta, o cien años, Estados Unidos será -en su opinión- un país distinto. Extraño para ellos.
Y sólo por eso, será peor al de hoy, argumentan. Porque no será "nuestro", dicen.
Para el ciudadano americano de 2050 ó 2100 (que quizá se llame Jose Gomez o Kevin Lopez, o Maria Harrison), los verdaderos "extraños" serán los que hoy ponen el grito en el cielo por la inmigración. Y seguramente se reirán a carcajadas al leer en los libros de historia la histeria que "el enjambre" de inmigrantes mexicanos y latinoamericanos desataban en el Estados Unidos de principios del siglo 21.

viernes, noviembre 18, 2005

"¿Una solicitud para votar en el exterior? ¡No gracias, ni regalada!"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Me contaron hace días que un grupo de mexicanos que viven en el norte de Texas se horrorizaron al saber la poquísima y enclenque respuesta que están teniendo los "paisanos" al voto en el exterior.
Esta agrupación decidió poner su granito de arena para invitar a la gente a votar, informándola. Y un buen día, tomaron varias solicitudes para votar (de ésas que cuestan 9 dólares mandar... Ni me recuerden) y se fueron a repartirlas.
¿Pero dónde? ¿Dónde podrían encontrar mexicanos que vivieran en Dallas?
(Más bien dónde no).
El lugar más obvio que se les ocurrió: ¡Un bailongo!
Pues hasta allá fueron los miembros de la agrupación. Con todo y sus formas.
Se pararon afuera del local, y teniendo como fondo el infaltable "pasito duranguense", se dieron a la tarea de abordar a cuanto mexicano pasara.
A estos paisanos los invitaban a tomar una solicitud para votar, llenarla y enviar su voto por correo en las elecciones presidenciales del 2006.
Pobres. Les hubiera ido mucho mejor si hubieran pedido dinero prestado.
Porque la mayoría de los "paisanos" los evitaba como a la peste. Y más de uno los recibió con insultos y mentadas de madre.
¿Las solicitudes? No me haga reír. Parecía que eran órdenes de deportación de la Migra: Ni regaladas las quisieron agarrar.
Al parecer, esta actitud está muy extendida entre los mexicanos que viven fuera de México, porque según las cifras del propio IFE, apenas han recibido poco más de mil solicitudes.
Ahora, funcionarios del IFE están tratando de promover el voto a última hora, visitando a las carreras ciudades de Estados Unidos.
A riesgo de sonar deprimente, temo que esto no va a funcionar. No hay nada más repelente para cualquier mexicano (de aquí o de allá) que ver a un trajeado funcionario explicar porqué "es importante" votar. No importa qué tan bienintencionados sean.
No es culpa de ellos, por supuesto. Son burócratas (en el buen sentido, claro). Son funcionarios que reciben órdenes. Que tratan de hacer su trabajo, con los recursos (materiales y legales) que les dan.
Seguro algunos de estos serán malos funcionarios, típicos burócratas. Pero supongo que también habrá funcionarios responsables en el IFE, que se preocupan y toman en serio su trabajo. O al menos así quiero creer.
Pero por mucho que ellos quieran, no es lo mismo que un burócrata trajeado salga en Univisión o Telemundo invitando a los paisanos a votar (Pausa de cinco segudos para bostezar: Uaaaaaaaaaahhh!), a que lo hubiera hecho, pongamos por caso... un Andrés Manuel López Obrador.
O Roberto Madrazo Pintado, del PRI. O Felipe Calderón Hinojosa del PAN.
El simple hecho de que estos tres hubieran mostrado sus carotas, visitando paisanos en Texas, California o Illinois, hubiera sido la mejor promoción al voto. Hubiera caldeado los ánimos democráticos aca quizá hasta más que en México.
¿Discursos de Madrazo desde Pike Park de Dallas? ¡Guau! ¿Mítines encabezados por el Peje desde la Placita de Los Ángeles? ¡Espectacular! ¿Marchas de apoyo con Calderón en el barrio mexicano de Chicago? Hubiera sido increíble.
¿Un debate entre los tres desde San Antonio, en vivo y directo?
¡¡¡!!!
Ni me quiero imaginar: Seguro les faltarían boletas de inscripción para repartir en los consulados, porque volarían como si fuera la revista Alarma! Y seguro todos los paisanos estaríamos parados de uñas, esperando mandar nuestro voto desde ya.
(Ya sé, ya sé: Mi nieve de limón, please.)
Con todos mis respetos para los esforzados funcionarios del IFE, pero sus entrevistas y conferencias de prensa de ahora son como pistolitas de agua, comparados con la artillería pesada que sólo un Calderón, un Madrazo o un López Obrador conseguirían en el ánimo de los electores "de acá".
Pero no. Gracias al montón de restricciones del Congreso (muuuuuuy respetables, supongo. Porque, ESPERO que los diputados y senadores sabían lo que hacían), no se permitió ningún tipo de mítin político aca, ni publicidad, ni promoción ni nada.
También hubiera sido una bronca política pedir permiso al gobierno de Estados Unidos, supongo. Porque, aunque a veces se nos olvide, ÉSTE sigue siendo OTRO país.
Por eso, la ley del voto en el exterior salió como salió: Casi al vapor, a la carrera y a duras penas. Pero por eso mismo, está teniendo la horrible respuesta de los votantes a los que se esperaba "servir".
¿Cuánta gente de acá enviará su solicitud debidamente llenada para la fecha límite, del 15 de enero del 2006? Supongo que poquísimos. Cuando mucho, unos 10 mil.
Espero estar equivocado.
Por lo pronto, yo ya tengo mi solicitud para votar. Aún no la he llenado, es cierto, pero seguro lo haré. Y la enviaré para registrarme, con una copia de mi credencial de elector.
(La verdad, es que le saco a pagar 9 dólares del correo certificado. Es una lana. Con eso, me alcanza para llenar medio tanque de gasolina a mi carro. O comprar un galón de leche, una bolsa de pan, jamón y una tapa de huevos. En serio).
Pero ni modo. Hay una verdad dura que muchos pueblos han aprendido a lo largo de la historia, a base de revoluciones, guerras civiles, golpes de estado, sangre y muertes:
La democracia SIEMPRE sale muy cara.

viernes, noviembre 11, 2005

Estados Unidos "se sacó la lotería" al tener inmigrantes mexicanos y no árabes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Cuando hubieron los saqueos en Nueva Orleans, luego de que pegó el huracán Katrina, analistas y expertos europeos comenzaron a llenar periódicos y sitios de internet con críticas al "injusto" sistema económico norteamericano. "A esto obligan a las clases pobres, a saquear", insistían.
Claro, los franceses estaban en primera línea de las críticas. Y es que, en todo el mundo, parecía una verdad absoluta que el súper estatizado sistema francés de "Liberté, égalité, fraternité" había triunfado sobre el sistema anglosajón, en integrar a la gente pobre a la sociedad. Sobre todo a inmigrantes.
En especial, los franceses fueron muy críticos contra los norteamericanos por lo que consideraron "racismo" al atacar a los pueblos árabes en la supuesta "Guerra al Terrorismo".
Ahora, con las escenas de los incendios y disturbios en Francia que llenan las pantallas de TV de todo el mundo, los franceses son los primeros extrañados.
¿Qué hicimos mal?, parecen preguntarse.
Muchos críticos gringos, claro, están apretándose la barriga, tirados en el piso y carcajeándose. "¿No que ustedes los franceses eran más justos e integraban más a los inmigrantes que nosotros?", preguntan con sorna. "¿No que ustedes sí defendían a los 'pobrecitos' árabes?", parecen decir.
A esta hora, los franceses no saben ni donde meter la cabeza.
No sé si es el sistema económico socializante, el sistema político, la mentalidad francesa o el clima de París o qué. Pero algo es cierto: Cuando un país sufre dos semanas completas de disturbios e incendios provocados, que se extienden a 300 poblaciones, y los origina un grupo específico como jóvenes hijos de inmigrantes, es porque algo anda mal. Y debe corregirse. Y rápido.
Cierto, en Estados Unidos también han habido broncas. ¿Cómo olvidar los disturbios en Los Ángeles, en 1992, cuando un juez declaró inocentes a los policías blancos que agarraron de piñata al negro Rodney King? Los negros tomaron esta decisión como una afrenta racial, una actitud racista ancestral de los gringos contra ellos, y se lanzaron a destruír lo que encontraron a su paso. Casi borran del mapa a pedradas e incendios sectores completos de Los Ángeles.
Pero los disturbios de los Ángeles no fueron originados por injusticias ancestrales, ni tuvieron agenda política. Ni siquiera duraron la mitad que los disturbios en Francia. Iniciaron como manifestaciones y protestas, pero pronto degeneraron en broncas enormes por culpa de pandillas.
El sentido original de protesta contra una injusticia pronto se perdió, y se volvieron simples trifulcas de delincuentes (comenzaron a saquear licorerías y a propinar golpizas a todo el que tenía la mala pata de ponérseles enfrente. Una de las víctimas fue un inmigrante guatemalteco al que le aplastaron la cabeza a mamporros y le cortaron una oreja a cuchilladas... por no ser negro).
En Gringolandia también se cuecen habas.
Ante las broncas que pasan en Francia, los americanos promedio se han lanzado a los foros de internet y han escrito cartas a los periódicos para dar su opinión al respecto.
Pero en algo se ponen de acuerdo: Disturbios como los causados por inmigrantes en Francia, es difícil que ocurran en Estados Unidos.
¿Porqué? Estados Unidos tiene una enorme ventaja en este asunto. Europa en su conjunto no sabe cómo manejar a los inmigrantes. En este sentido, los europeos tienen cincuenta años de retraso con respecto a los americanos.
Un típico jovencito musulmán en Francia que sea arrestado, seguro será esposado por policías blancos. Lo pasarán con un juez blanco. Será juzgado por un jurado blanco. Y será encarcelado en una prisión vigilada por guardias blancos.
Si quiere pedir defensa, tendrá que pedirla a un abogado blanco. Y cuando salga libre (si sale) y busque trabajo (si lo encuentra), tendrá que solicitarla a empresas manejadas por blancos. Que dan preferencia, claro, a quien se llama Pierre por sobre los Mohammeds.
¿Cuántos árabes o musulmanes ocupan puestos de poder en Francia? ¿O en cualquier parte de Europa Occidental?
¿Cuantos negros hay en el gabinete francés? ¿En el parlamento inglés? ¿En el gobierno alemán? ¿Cuántos árabes, turcos o asiáticos?
Yo hasta ahora, creo que ninguno. Y si los hay, son pocos. Poquísimos.
En Estados Unidos, por lo menos, hay policías, jueces, abogados, senadores y hasta gobernadores negros e "hispanos". La secretaria de Esatdo es una negra, Condoleezza Rice. El gobernador de Nuevo México es un méxico-americano, Bill Richards. El procurador de justicia es un chicano de Texas, Alberto Gonzales. La secretaria del tesoro (la que firmaba los todopoderosos dólares) fue una inmigrante mexicana, Rosario Marín. El comandante de las Fuerzas Armadas y secretario de Estado fue otro negro, Colin Powell. (El cual segurito gana la elección presidencial, si se postula).
Hay dos senadores hispanos, Mel Martinez — un republicano nacido en Cuba, por la Florida—, y Ken Salazar, un chicano demócrata de Colorado. Y numerosos congresistas federales y estatales, alcaldes, concejales, jefes de policía, de bomberos, etcétera.
Muchos de ellos hasta español hablan. Qué tan hispanos sean o se sientan, es otra cosa, pero por lo menos el proceso de integración de los inmigrantes es mucho más fácil y profundo.
Porque, como dijimos, Estados Unidos comenzó esa integración mucho antes. La Francia de ahora está apenas sufriendo las broncas que sufrieron negros y chicanos en Alabama, Georgia y Mississipi en los 50's y 60's del siglo XX.
Disturbios y protestas violentas pueden haber donde sea. Pero hay una enorme masa de inmigrantes latinoamericanos y mexicanos (y sus familias) que no tienen motivos para protestar, ni sentirse amargados por lo que Estados Unidos les ha dado o negado.
Estados Unidos tiene muchas injusticias todavía. Y muchas de estas injusticias se cometen contra inmigrantes mexicanos y latinoamericanos, es cierto. Pero la cosa va cambiando cada día. Para mejor.
Por lo menos, no estamos como en 1950.
¿Disturbios raciales causados por mexicanos? ¿Autos incendiados en Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Houston? ¿Jovencitos mexico-americanos lanzando piedras y balaceando policías, sin control?
Todo puede suceder. Pero si esto llega a ocurrir en el futuro, será seguramente a causa de pandillas. El aumento de las "Maras" es una bomba de tiempo que explotará si no se controla ya, pero esto no es exclusivo de Estados Unidos. En México y Centoramérica ya es un bronconón.
Sin embargo, los apocalípticos que predicen una guerra racial entre hispanos y gringos a causa de las pandillas, se olvida que la inmensa mayoría de los inmigrantes mexicanos son familias, que no apoyan a estas "Maras" y al contrario, las desprecia. Una pandilla es tan detestable de este lado de la frontera como del otro.
Cuando uno lee las opiniones de los gringos promedio en foros de internet, se da cuenta de que casi todos están de acuerdo en que Esatdos Unidos ha sido "afortunado" de tener a mexicanos como inmigrantes.
"Agradezco a Dios que nuestros inmigrantes sean en su mayoría mexicanos, con una cultura judeo-cristiana y una perspectiva norteamericana", opinaba un hombre de California. "No son islamistas locos".
"Estados Unidos se ganó la lotería en el fin del siglo XX", escribió Richard Behr, del blog The American Thinker. "Al (tener) a los mexicanos (como sus inmigrantes). París no estaría en llamas si los mexicanos vivieran en sus suburbios.".
Yo no sé si los Estados Unidos son afortunados de que los mexicanos seamos cristianos. Algunos dirán que el problema es que somos agachones.
Lo que si sé es que, de ser los mexicanos musulmanes, las cosas sí serían muy, muy diferentes en Estados Unidos.

LIBERTÉ EQUALITÉ, EGALITÉ... ¿Y ALÁ?
A los franceses les encantan las revoluciones. Apoyan al guerrillero latinoamericano por parecerles folclóricos. Dan toda su simpatía a grupos como el EZLN, el EPR y hasta las FARC colombianas, aunque no tengan la más triste idea de sus agendas.
Porque es "chic" ser revolucionario. Es "nice" aplaudir al "buen salvaje". Sobre todo cuando vives en un país rico, tienes la panza llena y te la pasas leyendo a Marx para matar el tiempo que te queda libre, después de trabajar las 35 horas a la semana de rigor.
Y si el país de estos "revolucionarios" está al otro lado del mundo, en sitios con nombres exóticos y folclóricos como "México" o "Colombia", tanto mejor.
Pero ahora estos intelectuales franceses no tendrán que gastar sus euros en pasajes de avión, pues ya tienen su revolución en la puerta de su casa.
¿Serán ahora los franceses tan "revolucionarios" y amigos de las "causas justas" cuando vean que las bombas molotov y los encapuchados guerrilleros los afectan a ellos?
Quizá ahora nos toque a nosotros, los latinoamericanos, apoyar a los revolucionarios musulmanes en Francia, ¿no? Comprar camisetas que digan "Haz Patria: Quema un Auto", ó "Que Arda Paris".
Y hacer "turistmo revolucionario": Asistir a "Convenciones Democráticas" en Lyon o La Riviera, para entrevistarnos con los líderes islámico-franceses ("Sub-comandante Mohammed, es usted una inspiración para los amigos de las causas justas de todo el mundo", les diremos admirados.)
Suena bien, ¿no?
Quizá entonces, los franceses descubrirán que ser "revolucionario" no es tan divertido cuando la casa que vuelan es la tuya.
E-mail: cfzap@yahoo.com

viernes, noviembre 04, 2005

"Papá, ¿porqué nadie quiere a George Bush?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Cesarito, mi hijo de nueve años, me llegó un día a hablar conmigo.
"Papá, ¿porqué nadie quiere a George Bush?"
Lo miré extrañado. ¿De dónde había sacado esa pregunta?
Pero ahí no se paró. Volvió a la carga: "Papá, ¿porqué el gobierno no hizo nada para ayudar a la gente en el huracán Katrina?"
Y siguió torpedéandome: "¿Porqué Pixar se va a separar de Walt Disney?"
Para estas alturas, se habrá dado cuenta, como yo, que estas no son las preguntas típicas de un niño de 9 años. Debería estar pensando en el Bob Esponja, o en el Gamecube, pensé. No en la Guerra de Irak.
Después descubrí qué pasaba.
Cesarito está suscrito a la revista Time.
En serio. No se ría. Sí, me refiero a "esa" revista Time, la que narra los acontecimientos del mundo cada semana.
Debo aclarar, no es la revista que usted y yo encontramos en la tienda. Es una versión para niños, que se llama Time for Kids, que en unas diez páginas sintetiza el contenido de la revista grande. Pero con
muchas fotos de colores, diagramas y dibujos.
Los textos son cortos, directos y sin palabras rebuscadas. Pero son casi los mismos reportajes principales que la versión "adulta".
Cesarito no se suscribió por gusto, claro. La revista le llega obligatoriamente cada mes, como parte de una materia en la escuela.
Los alumnos deben leer todos los artículos de la revista, y al final, responden cuestionarios sobre su contenido. Y dan sus opiniones respecto a la información.
Ahora, sé que seguramente Time tiene un convenio con las escuelas para venderles las revistas a los niños. Sé que están haciendo negocio. Sé que están escribiendo su muy particular opinión del mundo en esa versión sintetizada.
Pero creo que es una buena idea.
Los niños se enteran de lo que pasa en el mundo, en un lenguaje que pueden entender. Se informan.
Junto con los libros de matemáticas y de lectura, se ponen a analizar problemas mundiales actuales.
¿Cuántos de estos niños serán lectores o suscriptores de esta revista cuando crezcan? ¿O de Newsweek, o de U.S. News & World Report?
¿O de perdido, de un periódico?
Por lo menos, LEEN.
Cesarito ya ve las noticias con interés. Muchas cosas no las entiende aún es cierto, pero por lo menos ya tiene una idea general de lo que pasa en el mundo.
(Muy, pero muy distinto a lo que me pasaba a mí a su edad.)
Quizá a las escuelas de Estados Unidos se dieron cuenta de lo ignorantes que resultaban sus alumnos respecto al mundo exterior, y lo tratan de componer hasta ahora.
Entendieron que la escuela no sólo debe enseñar a sumar, multiplicar, o historia o lectura: También debe informar lo que pasa ahora, en todo el mundo.
¿Se podrá hacer esto en México?
Imagínese que sus hijos reciban en la escuela una versión condensada de revistas como Proceso o Milenio, donde les expliquen —a su nivel— lo que pasa en el país, y en el mundo. Donde les den a entender porqué son importantes las elecciones. Quiénes son los candidatos. Qué es el TLC. Cómo funciona el gobierno. Quién hace las leyes. Qué es la economía.
O qué pasó con el huracán de Quintana Roo, o porqué tanta gente protesta en Argentina en la Cumbre de las Américas.
¿Y porqué detenernos en las revistas? ¿No podrían recibir versiones sintetizadas de periódicos? ¿De libros?
¿Qué beneficios le traería a la próxima generación de mexicanos del futuro leer desde chicos extractos de Le Figaro, del New York Times, de Granma o del ABC de Madrid?
Si a nosotros hubieramos tenido esto desde chicos, quizá estaríamos hoy mejor informados.
Y quién sabe: Hasta fuéramos mejores ciudadanos, ¿no cree usted?

Niños gringos ricos se disfrazan en Halloween de... mexicanos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Highland Park es una ciudad rica, una de las más ricas de Estados Unidos.
Es algo así como el Beverly Hills del norte de Texas: El ingreso promedio de los habitantes de este pueblo, incrustado en el centro de la ciudad de Dallas, es de casi 200 mil dólares al año. Las casas cuestan de 500 mil dólares para arriba.
La preparatoria municipal es Highland Park High School, a donde estos padres ricos llevan a sus niños y adolescentes (ricos, claro).
O sea, es un típico barrio rico, como hay tantos en Estados Unidos. Hasta ahí, todo bien.
El pasado 28 de octubre, en vísperas de Noche de Brujas, a los estudiantes de Highland Park se les ocurrió celebrar dos "tradicionales" fiestas.
Pero en lugar de disfrazarse de monstruos o vampiros, y pedir "trick or treat", los adolescentes prefirieron "honrar" la herencia étnica de Estados Unidos.
Así, en vez de celebrar Halloween, se organizó "Thug Day" (Día del Matón) y "Fiesta Day" (Día de Fiesta).
El primero es para "celebrar" la herencia negra o afro-americana. Y la segunda, claro, para conmemorar la herencia "hispana" o latinoamericana.
¿Cómo fueron vestidos a estas fiestas los alumnos ricos, de esta escuela rica, de este barrio rico de Dallas?
En Thug Day, los muchachos se pusieron pantalones flojotes, camisetas anchotas, bandas en la cabeza, aretes y tenis de raperos.
O sea, lo más parecido a raperos o pandilleros que pudieran. Porque para ellos es obvio: Matón equivale a negro.
En Fiesta Day también se lucieron: Los estudiantes llegaron vestidos de nanas, de jornaleros y jardineros. Uno de ellos hasta llevó una sopladora de hojas.
O sea, se "disfrazaron" de mexicanos.
(O la idea que ellos tienen de lo que es ser "mexicano").
De inmediato, surgieron las críticas. Los medios y grupos civiles pusieron como campeones a los "niños bien", y a la escuela por permitirles estos actos racistas.
Sin embargo, como algunos opinaron, esto no es sino un síntoma: Highland Park es una "burbuja", un lugar que no tiene nada qué ver con el mundo exterior, el cual a sus habitantes no les importa mucho conocer.
El 94% de los estudiantes de la escuela Highland Park son blancos anglosajones. La escuela solo tiene seis alumnos negros, 65 hispanos y 32 asiáticos.
"Son ignorantes de cómo vive la gente no blanca... Es como si vivieran en un universo paralelo", comentó un profesor de sociología al periódico Dallas Morning News.
Uno podrá excusarlos. De hecho, los adolescentes no estaban sino reflejando lo que se les enseñó en la escuela, lo que aprenden de sus familias.
Esto se comprobó cuando los medios entrevistaron a algunos de ellos respecto al asunto. No faltaron los jovencitos que no tenían idea que lo que estaban haciendo era ofensivo.
"No somos racistas ni nada, sólo estábamos divirtiéndonos", se justificó una muchachita.
Pero no deja de inquietarme un detalle:
¿En cuántas otras escuelas de ricos en todo el mundo, los alumnos no tienen ni la más remota idea de lo que pasa fuera de sus barrios de dinero?
¿Cuántos de estos adolescentes crecen viendo al mexicano como el sirviente, y al negro como el ratero, desde niños?
El asunto es importante, porque nos guste o no, son éstos muchachos los que irán a las mejores universidades, conseguirán los mejores trabajos y, en unos veinte años, tendrán en sus manos el destino de Estados Unidos. Y quizá del mundo.
Y el problema es que estos líderes del futuro llevarán esa misma ignorancia consigo a donde sea.
Serán dueños de corporaciones, intelectuales, inversionistas. Pero también alcaldes, congresistas, senadores y quién sabe si también hasta alguno llegue a ser presidente.
Como le pasó a ese otro niño rico que ahorita ocupa la Casa Blanca.

viernes, octubre 28, 2005

A los paisanos nos va a costar 100 pesos votar por correo... y de paso llenaremos los bolsillos gringos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — ¿Usted votaría en unas elecciones si le cobraran dinero por hacerlo?Ojo, no le estoy preguntando si votaría si le pagaran, sino si le cobraran.Ya sé que muchos ni así irían...¿Usted votaría en una elección si le cobraran 100 pesos mexicanos? Unos diez dólares.Si el gobierno le dijera: Si no nos pagas 10 dólares, nomás no te aceptamos el voto.(Ah, y claro: Le agregarían el consabido "...Y hágale como quiera".)Pues eso es lo que nos va a costar a los mexicanos en el extranjero "ejercer" nuestro derecho al voto, en las elecciones del 2006: 10 dólares. Más de 100 pesos mexicanos.Porque, según las reglas impuestas por el IFE, cualquier mexicano que quiera votar en el 2006 desde fuera de México, deberá enviar su solicitud llenada, con copia de la credencial de elector y comprobante de domicilio, a sus oficinas, por correo certificado.Enviar los documentos desde Estados Unidos, nos cuesta a nosotros los "very important paisanos", unos 10 dólares.Ya sé que, comparado con los 300 millones de dólares que el IFE está invirtiendo para que "nosotros" votemos, 10 dólares no es una cantidad exagerada.
Ya sé que cualquier "paisano" se gasta más en unas chelas, o en una torta, o en ir al cine. Cuanto más para cumplir un "deber cívico".
Ya sé que me van a decir: "Huy pus qué codo".
Ya sé que me van a decir: "Pa qué te quejas, nadie te mandó para allá".
Ya sé que me van a decir: "Pus tú tienes la culpa, regrésate a México y asunto concluído".Pero...Aún así, no puedo evitar pensar: ¡Qué caro!De hecho, pagar por cualquier derecho ciudadano se me hace caro.De todas maneras, no se preocupen: Tengan por seguro de que los que queremos votar, pagaremos gustosos esa cantidad (y quizá hasta más) por dejar que nos escuchen en las elecciones. Que nuestro voto, después de tantos años, por fin cuente.Lo malo es que... todos esos miles o millones de dólares que vamos a enviar los "paisanos" para votar para presidente de México en el 2006, no van a ir a las arcas de México. Ni del IFE. Ni del PRI, ni del PAN, ni del PRD.No, todo ese dinerito va a ir a parar a los bolsillos del Tío Sam. Vía el Servicio Postal de Estados Unidos.Igualito que cuando uno manda dinero por Western Union., como siempre, el gringo es el que termina llenándose los bolsillos.

YO: "VERY MULTI-CULTURAL PAISANO"
No sé porqué, pero siempre he tenido el masoquismo de encantarme ir a comprar a los mini-súpers.
Pero no porque me encante hacer mandados. Desde niño, odiaba cuando me enviaban a la tienda de la esquina. Y más a las tortillas, con todo el calor del molino de nixtamal, y la cola en pleno solazo.
Pero los mini-súpers, por alguna peregrina razón, me encantaban. Desde niño, en Tampico.
Aún hoy, prefiero mil veces ir al Seven-Eleven de la esquina de la gasolinería de mi casa en Texas, que ir al supermercado. Aunque a la larga todo me cueste más caro allí.
Hace días, estaba en esas, pensando mientras trataba de sostener dos galones de leche entre mis dedos, cuando llegué a la caja registradora del mini-súper.
El dependiente, un muchachito de unos veinte años de edad, correctamente peinado (en estos tiempos es de por sí algo extrañísimo que un muchacho tenga pelo en su cabeza, mucho más bien peinado), me sonrió al llegar a pagar.
Era mexicano, indudablemente. O chicano.
"Hello, sir... How are you today?", me saludó. En un inglés tan correcto como su peinado.
Obviamente, cuando a uno lo saludan en inglés, uno se siente obligado a responder en inglés. Por dos razones: a) Porque a la mejor esa persona no habla español, aunque se le vea "el nopal en la frente", ó b) Para que esa persona (y las demás de la tienda) no piensen: "Mira ese pobre mexicano ni siquiera puede responder un saludo en inglés, a pesar de estar en Estados Unidos."
Total, con decir un simple "Jelóu" no se me cae nada. Mucho menos mi mexicanidad. O eso me gusta creer.
Además, es una palabra tan fácil, y tan familiar para nosotros en México. (Nomás acuérdese de la marca de gelatina.)
Bueno, pues repondí. "Jelóu. Guuud, ténkiu".
(Un tio, si usted viene a Gringolandia: No importa lo que le digan, así sea un saludito de tres palabras, o una perorata sobre los últimos resultados de las elecciones del condado; si usted no entiende ni papa no se me apanique: Con responder "Guuud, ténkiu" se restituye la armonía del universo.)
El muchachito me seguía hablando en inglés. Mucha cara de gringo me vería. Yo, sólo sonreía y asentía con la cabeza.
(Como si entendieras tanto, tú.)
El pobre muchachito, estaba tan emocionado platicando. No quise desengañarlo: Hubiera sido lo mismo si le hablara a la pared.
Pagué, y estaba por irme, cuando llegó otro inmigrante mexicano a pagar. Era obviamente un obrero, quizá un pintor porque sus ropas de trabajo estaban salpicadas de colores.
El muchachito de la tienda le sonrió. Igual de correcto, como su peinado.
Pero al abrir la boca, en lugar del "Jélou", el muchacho dijo: "Buenas tardes, compa. ¿Qué necesitas?"
¿Clasismo? ¿Racismo entre mexicanos? Cierto, yo soy tan mexicano como aquél pintor, pero yo no iba vestido como él. Un pantalón y una camisa de vestir no solamente hacen la diferencia en moda: Causan que le hablen a usted en inglés.
Porque se supone que, si usted viste así, usted SABE. No importa qué tanta cara de mexicano tenga.
En cambio, si usted es un obrero, un jardinero, o un peón, van a suponer que no habla nada de inglés. Que a duras penas habla español.
O al menos así piensan muchos hispanos, y chicanos. Incorrectamente, claro.
Casi siempre me pasa así: Cuando encuentro un chicano o un mexicano, me hablan en correcto inglés. SUPONEN que yo lo hablo. (Pobres).
(Sí, ya sé. No faltará el sarcástico que diga en voz alta "¿Pobres de ...ELLOS?")
En esas estaba pensando, manejando de regreso a la casa, cuando noté que se me había olvidado comprar algo. Me dió flojera regresarme al Seven-Eleven, por lo que mejor entré en otro mini-súper de camino.
Estaba un dependiente. Pero este era gringo, no mexicano.
Puse la mejor de mis poses. Me crecí uno o dos centímetros (bueno, anduve de puntitas, lo confieso), con la seguridad de ser una persona a la que la gente considera multi-cultural. No un Juan de las Cuerdas cualquiera.
El gringo sonrió amablemente al verme. Sin perder la sonrisa, me preguntó, fuerte y claro:
"¡Hola, amígou! ¿En qué puedou ayudarrlou?"

E-mail: cfzap@yahoo.com

miércoles, octubre 19, 2005

Ellos van a hacer como que nos legalizan, y nosotros como que nos vamos

La raza anda de plácemes luego de que (¡Por fin! ¡Por fin!) la Casa Blanca dio color, y metió su propuesta de legalización migratoria al Senado, en Washington. Y hasta hubieron declaraciones a favor del secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, y de la secretaria del Trabajo, Elaine Chao, y toda la cosa.
Apenas es una propuesta. Se calcula que será hasta enero del 2006 cuando se discuta en serio, y se apruebe o no.
No es una amnistía. Y Bush asegura que no se dará ni residencia, ni ciudadanía a los indocumentados que soliciten este beneficio. Sólo son permisos de trabajo, por tres años, renovables por tres más.
Después de ese periodo, tan-tan. Se acabó. Los inmigrantes deberán empacar sus tiliches y regresarse a México, o a Centroamérica, o Sudamérica, con todo y su familia. Y si quieren regresar a Estados Unidos, deberán pedir su visa como todo el mundo.
JA.
¿Usted cree que, después de ganar 10, 15, 20 dólares la hora durante seis años, un trabajador mexicano se va a regresar alegremente a México a ganar diez veces menos?
¿Olvidarse de todo, irse del país, después de haberse comprado casa, carro, de haber metido a los hijos a la escuela (los cuales, seguro son ciudadanos americanos), y en síntesis, haber hecho toda una vida en EEUU?
¿Se habrá dado cuenta George W. Bush y asesores, que una vez que alguien tenga permiso de trabajo, le darán número de seguro social, el requisito básico para trabajar donde quiera?
¿Y que un número de seguro social válido es, como los diamantes, para siempre?
Basta con que cualquier inmigrante dé su seguro social y se diga "American Citizen" en cualquier chamba, para que no le pidan nada más.
¿De verdad cree Bush que la gente se va a querer regresar, después de seis años?
¿Quién será más inocente?
O sea: Ellos van a hacer como que legalizan a los ilegales, y los ilegales van a hacer como que se regresan.

sábado, octubre 15, 2005

"Y tu: ¿Apoyas o no la guerra en Irak?"

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Una de las preguntas que me hacen más seguido los lectores en México es esta:"Y tú, ¿qué opinas de la guerra de Irak?"O:"¿Tú estás de acuerdo o no con la guerra de Irak?"Así, por el estilo...No es raro. El asunto es gravísimo. Y afecta no sólo a americanos e iraquíes, sino a todo el mundo, indirecta o directamente.De hecho, parece que toda persona en este planeta tiene una opinión sobre el tema.(Una buena parte, de hecho, hasta se sienten "expertos" del asunto... aunque en su vida hayan puesto un pie en Estados Unidos, o ni sepan encontrar Irak en un mapa.)Pero bueno, a lo que íbamos: ¿Cuál es mi opinión sobre el asunto?¿Como "buen y patriota" mexicano que debería ser... estoy totalmente opuesto a la guerra, y condeno a Bush por sus locuras?O:¿Como "malinchista y entregado" mal nacido traidor como muchos dicen que soy... estoy totalmente de acuerdo con la guerra y le echo porras a Bush por sus aciertos como estadista?(Según he comprobado, entre ocho y nueve de cada diez personas en México me tienen en alguno de estos dos conceptos, según describí arriba)Mi respuesta es: Pues no. Ni con uno ni con otro. Ni melón ni sandía.No estoy de acuerdo con ninguna de las dos perspectivas.No tengo porqué estarlo. Son visiones totalmente extremistas y cerradas de mente.(Los que piensan así, actúan igualito que Bush cuando dijo: "El que no esté con nosotros, está contra nosotros". Es lo mismo.)Me explico:No estoy de acuerdo con la guerra. No lo estaba. Siempre me opuse a que se iniciara. Dudé que hubieran armas de destrucción masiva.Los motivos se me hicieron más familiares que políticos: Siempre sospeché que todo esto es una cuenta pendiente familiar, que Bush tenía con Saddam Hussein. Acuérdense que se dice que una vez lo señaló como "el tipo que quiso mandar matar a mi papá".O sea, Bush se la tenía jurada a Saddam. Y le cumplió. No le importó movilizar miles de millones de dólares en armamento y soldados para cumplir el caprichito, por cierto. Más lo que sigue costando a diario.(Olvídese del petróleo. Esa no fue justificación. Según expertos, la guerra ya ha costado más de 200 mil millones de dólares, mucho más de los aproximadamente 20 mil millones de dólares que Irak recibe al año por venta de petróleo... Y eso en sus mejores días. Hoy, poner a trabajar esos pozos y yacimientos requerirá enormes inversiones, y años... Mucho más de lo que sacaría Estados Unidos en caso de controlar la producción totalmente.)PERO...Una vez que se declaró la guerra, ni modo. Siento que, una vez en guerra, debo apoyar a los soldados americanos. No por malinchista, sino precisamente, por mexicano.¿Porqué?Muchos de esos soldados no son militares imperialistas, como los pintan. La inmensa mayoría son muchachitos. Que se enrolaron en el ejército porque no tenían de otra.Muchos de ellos entraron bajo la promesa de una beca universitaria, porque no tenían dinero para estudiar.
La inmensa mayoría de los enlistados son muchachos de clase media, o baja. Los ricachones (esos hijos de senadores, y políticos pro-guerra) se hicieron ojo de hormiga. Y de todas maneras, tienen a "papi" que los mantiene y les paga "el cole".Otros, hay que decirlo, quizá sí se enlistaron porque les nació, por patriotismo auténtico. Aunque nos suene inocente y cursi, hay muchachos de verdad idealistas. Y nosotros, amargados y desencantados adultos, no tenemos ningún derecho de burlarnos del patriotismo de un muchacho de 18 ó 20 años, por muy inocente que nos parezca. Son los ideales de la juventud.Que estén correctos o no es lo de menos, acúerdese que a esa edad usted y yo también teníamos ideales, y esperanzas y quizá hasta éramos patriotas. Y también éramos cursis e inocentes. Y qué bueno.La diferencia es que estos muchachitos tuvieron las agallas (o la estupidez, o la iniciativa) de hacer algo. Porque creían en un ideal (equivocado o no, no importa: Lo tenían).Seguro muchos de ellos ya lo perdieron allá, en Irak. Y es una pena, porque quizá nunca recuperarán ese idealismo. Y se volverán amargados y desencantados. Es el proceso de crecer.Pero sobre todo, yo apoyo a esos soldados enlistados porque muchos de ellos son hijos de mexicanos.Algunos incluso nacieron en México. Y no se llaman John Smith, o Michael Brown, sino José Pérez, o Juan García.Cuando un terrorista suicida en Irak mata a uno de estos muchachitos, lo hace con la convicción de perjudicar a Bush. Pero es Bush precisamente el último que se preocupa, o se enluta con esa muerte, por mucho que lo diga en la tele.
¿A quienes perjudica la muerte de un joven soldado méxico-americano en Irak?
A miles de familias mexicanas, a ambos lados de la frontera. A esos soldados los llorará no Bush, sino sus padres en Los Ángeles o Houston... pero también sus abuelitos y tíos en San Luis Potosí o en Guanajuato.Por eso, aunque no me gustara la idea de la guerra, siento que es un deber moral apoyar a esos muchachos. Nuestros muchachos.
No para que maten muchos iraquíes, no para que "defiendan la libertad y la democracia". Simplemente, para que regresen a salvo a su casa. Con sus padres, sus hermanos, sus esposas e hijos.
(Y de paso, siempre espero que ningún muchacho -o niño o madre o padre- iraquí muera durante la ocupación. De todos los actores de este conflicto, seguramente ellos son los más inocentes por lo que ocurre.)No apoyo la guerra. Pero, por otro lado, he llegado a comprender su justificación.Aunque suene despiadado, he llegado a la conclusión de que la guerra en Irak ha sido útil. Y nos ha beneficiado grandemente a nosotros, la gente en México y Estados Unidos.Y me vuelvo a explicar:Hay que aceptar una realidad: A nivel mundial, estamos en medio de una "Jihad", una "Guerra Santa", como se traduce la palabra árabe.Es verdad. Quien no quiera aceptarlo, no ve la realidad. Pese a lo que digan los políticos de uno u otro bando, los hechos son así.La realidad es que existen millones de musulmanes que odian occidente. Extremistas islámicos que preferirían convertir o matar a los cristianos que no creen en el profeta Mohammed.Islámicos a quienes les molesta que nosotros no vivamos como ellos, no tengamos sus costumbres, no sigamos las leyes del Corán.Cierto, quizá no todos piensen así. Pero sí muchos. Bastantes más de los que a cualquiera nos gustaría.Y aunque usted no vea este conflicto como una Guerra Santa, el problema es que ellos sí lo ven así. Ya lo han declarado muchas veces. Y no se detendrán hasta: a) Matarlo a usted y a mí, ó b) Morir ellos en el intento,.Yo no sé usted, pero si me dan a escoger, yo siempre preferiré la opción "b".
(Por principio, yo no creo que si me mata un terrorista árabe, me estén esperando 77 vírgenes en el cielo, junto a Alá.)La guerra en Irak, quizá sea un desastre militar para Bush. Igual, quizá sea un desastre financiero, político y moral.Pero logísticamente, es un golpe maestro de Bush. A la mejor de pura chiripa, pero hay que reconocerlo que lo es.¿Porqué? Porque Bush entendió que la Guerra Santa existe. Y no va a desaparecer.Los extremistas islámicos (al igual que los extremistas cristianos) no entienden razones. No van a aplacarse. No van a cambiar.Por eso, Bush pensó: Si va a haber guerra santa, que no sea aquí. Que no sea cerca. Y optó por mandar el conflicto lejos de Estados Unidos. Al otro lado del mundo.Si estos extremistas estaban preparando maletas para atacar Nueva York, Chicago o Los Ángeles, al meterse Estados Unidos en Irak tuvieron que cambiar sus planes. Vieron la guerra como una invasión, una afrenta. Como una declaración directa de ataque.No dude que muchos de estos grupos extremistas que ya tenían pensado atacar en Estados UNidos, cambiaron sus planes de última hora. Y prefirieron atacar al "Gran Satán" dentro de Irak.Claro, muchos otros siguen adelante con sus planes de bombardear el metro de Nueva York. Eso es imposible de evitar. Pero son menos, muchos menos que antes. Porque otros prefirieron hacer la "guerra santa" en Irak.Suena despiadado, pero la realidad es esta: De hacer guerra aquí, a hacerla allá... mejor allá.De morir civiles en su país, compatriotas suyos, a que mueran civiles en otro país, del otro lado del mundo... ¿cuál escogería usted, de estar en la misma circunstancia?Si los extremistas islámicos y los suicidas quieren atacar "infieles americanos" ya no tienen que venir aca... Saben que pueden encontrar muchos en Irak.La diferencia es que esos "infieles" de Irak están armados hasta los dientes con rifles automáticos, chalecos antibalas y subidos en tanques... al contrario de los americanos que caminan en las calles de Estados Unidos y que eran sus objetivos originales.Y digo americanos, porque para cualquier extremista es lo mismo un gringo que un inmigrante mexicano de Texas o California: Ellos no distinguen, los matan por igual.,Lo mismo ocurriría si quieren echar un ataque biológico o químico: Los gases venenosos, químicos, la lluvia ácida o la radiación atómica no sabe de fronteras. No se va a detener: Cruzará igual y envenenará a miles en México.
A México le va a alcanzar algo, de rebote. Nos guste o no. Y esto para los terroristas, las posibles víctimas mexicanas son sólo un "lamentable efecto colateral".
Por eso, a México también le conviene que la Guerra Santa sea lejos, muy lejos de nuestra frontera común. Lejos de Esatdos Unidos.Ya sé lo que me van a decir: "Los islámicos tienen JUSTIFICACIÓN". Ellos están simplemente "respondiendo" a las agresiones que los países ricos y cristianos (como Estados Unidos y los europeos) les han infringido durante generaciones.Que son "víctimas" de las circunstancias.Que son gentes "pacíficas", que usan el terror como última "justificación", al no tener más medios para "expresar su frustración"Que están amolados y atrasados por culpa de las multinacionales capitalistas, que "explotan" su única fuente de riqueza: El petróleo. El oro negro que los pudiera sacar de su miseria.Lamento reventar esta burbuja pseudo-izquierdista, pero los únicos que han explotado y mantienen en la miseria a estas gentes son... sus propios gobiernos. Sus propios reyes y sultanes, quienes están forrados en dinero. Gracias al petróleo.Y que usan la religión para mantener su poder y control del pueblo, a costa de los demás.(Cierto es también que muchos de estos tiranos fueron o son apoyados por Estados Unidos... Igual que fue Saddam Hussein en su tiempo. Por conveniencia.)Por supuesto, todo estaría mucho mejor si Estados Unidos se saliera de Irak, y éste se conviertiera en una nación democrática, libre y rica. Pero eso no va a ocurrir. Ni aunque ganen los demócratas las elecciones. Tirar la toalla invitaría a más ataques terroristas, y quizá dejar a Irak a merced de algún gobierno fundamentalista que promueva el terrorismo.Aunque no nos guste, es la realidad. Todos quisiéramos vivir en un mundo ideal, bonito, sin guerras donde todos nos agarremos de la mano, y cantemos la canción de "We are the world", en un campo lleno de flores.
Pero ese mundo no existe. Y en cambio éste es el mundo donde vivimos.Por eso, esa es mi opinión de la guerra en Irak: No la apruebo.Pero entiendo sus motivos. Aunque no me gusten.

viernes, octubre 14, 2005

Murió un niño cubano: "¡Que se investigue". Murió un niño mexicano: "So what?"

En las noticias en español de Estados Unidos, todo mundo habla del niño cubano de seis años que murió en el estrecho de la Florida, intentando entrar a Estados Unidos.
El niño venía en una lancha, con otros treinta migrantes cubanos. Entre ellos estaban sus padres.
Una patrulla de guardacostas interceptó el navío, y lo persiguió para detenerlo, y evitar la entrada de los cubanos.
Los guardacostas son como "La Migra" en Florida. Una de sus labores es evitar que entren balseros, ya que, de hacerlo, automáticamente serían aceptados como refugiados políticos, con todos los derechos.
El navío de balseros se volteó, y el niño se ahogó. Los demás cubanos fueron salvados, y se encuentran en un centro de detención del Servicio de Inmigración.
Ahora, se habla ya de permitir a estos migrantes cubanos quedarse en Estados Unidos. Y el gobierno federal abrió una "exhaustiva" investigación para encontrar responsables de la muerte del niño.
Todo esto es muy lamentable, sobre todo porque se trata de la muerte de un niño inocente. Se debe investigar, estamos de acuerdo.
Pero...
No dejo de preguntarme: ¿Qué tal si el niño no hubiera muerto en el estrecho de Florida, sino, digamos, en el desierto de Arizona?
¿Qué tal si el grupo de inmigrantes no hubiera sido perseguido por los guardacostas, sino, digamos, por la Patrulla Fronteriza?
¿Qué tal si el niño no hubiera sido cubano, sino... mexicano?
¿O salvadoreño? ¿O nicaragüense, hondureño, guatemalteco...?
¿Se investigaría esto igual?
¿Se permitiría a los demás inmigrantes quedarse en Estados Unidos, como se hará quizá con los cubanos de la lancha?
A la mejor soy muy ignorante y estúpido por hacer estas preguntas tan "tontas". Pero ya encarrerados seguimos:
¿Por cierto, cuántos niños mexicanos, centroamericanos o sudamericanos han muerto en la frontera con México? ¿Por haber sido perseguidos por la Patrulla Fronteriza, o en el desierto, tratando de evitarla?
¿Cuántas veces se ha abierto una "exhaustiva" investigación" cuando niños mexicanos mueren en el desierto?
Y si no se ha hecho, ¿porqué ahora sí hacen tanto escándalo?

El alcalde gringo que ondeó la bandera mexicana en un pueblecito de Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS, Texas — El alcalde de Tifton, un típico pueblecito americano al sur del estado de Georgia, es un hombre mayor, de escaso pelo blanco impecablemente peinado hacia un lado.
De traje y corbata siempre, el alcalde Paul Johson más bien asemeja un abuelito consentidor, que un político de pueblo.
A principios de este mes de octubre, el alcalde tomó una decisión.
Muy temprano aquél día, el alcalde hizo ondear con todos los honores, y a todo lo alto de la fachada de la alcaldía de Tifton... la bandera de México.
Tifton ni siquiera tenía una bandera de México propia. El alcalde tuvo que pedirle una prestada al pastor colombiano de una iglesia cercana.
Ahí estuvo, el águila devorando a la serpiente, franqueada por el verde, blanco y rojo, ondeando junto con la bandera de Estados Unidos y del estado de Georgia, de manera oficial.
Muchos habitantes del pueblecito vieron extrañados el espectáculo. Algunos se espantaron: ¿Había pasado algo en la noche de lo que no se habían enterado? ¿México al fin había invadido Estados Unidos? ¿Georgia ya era colonia mexicana?
¿O por lo menos Tifton?
Pero la mayoría, en cambio, se indignó. Profundamente. Y de inmediato vinieron las críticas.
Muchas personas escribieron al periódico local, y llamaron a las estaciones de radio, para quejarse. ¿Qué le estaba pasando al alcalde Johnson, se preguntaban? ¿Porqué ondea la bandera mexicana a la misma altura y con los mismos derechos que las banderas de Georgia y Estados Unidos?
Noches antes, había ocurrido uno de los crímenes más horrorosos en la historia de la comunidad. Seis personas fueron asesinadas a balazos y a golpes con bates de beisbol, mientras dormían dentro de sus humildes casas rodantes, en un sector de Tifton.
Las víctimas eran inmigrantes mexicanos, que trabajaban como jornaleros en campos o construcciones.
Otros cuatro inmigrantes quedaron seriamente heridos, y se encuentran hospitalizados con huesos rotos y algunos en coma.
En un poblado cercano, otro inmigrante mexicano fue asesinado a balazos, y su esposa violada dentro de su casa, por los mismos atacantes. Los tres hijos pequeños de la pareja presenciaron todo el horroroso hecho.
Hasta ahora, las autoridades han arrestado a por lo menos cinco sospechosos de los asesinatos. Y tienen en la mira otros más.
Los crímenes de Tifton se suman a otros muchos ataques sufridos en Estados Unidos recientemente contra inmigrantes mexicanos, como los ocurridos en los estados de Nueva York y California.
En Dallas, meses atrás, un par de delincuentes operaba en edificios de departamentos donde vivían hispanos.
Cada viernes acechaban a quienes llegaban a sus casas, porque sabía que traían dinero en la bolsa. En efectivo. A algunos los asaltaban en el mismo estacionamiento.
Otros no corrieron con tanta suerte.
Como un matrimonio de inmigrantes mexicanos. Al llegar el marido a su departamento, fue empujado dentro por los dos malechores. Lo golpearon y le rajaron la garganta con una navaja, dejandolo seriamente herido.
A su esposa la violaron y golpearon hasta matarla, antes de salir del lugar con apenas un puñado de dólares.
Uno pensaría de inmediato que todo esto es producto de un racismo profundo. De un odio total de los americanos hacia los inmigrantes, y en particular contra los mexicanos.
Afortunada (o desafortunadamente, según usted lo vea), no es así. Ojalá hubiera un fondo más elaborado, una filosfía más pensada, más analizada, que medio excusara estas acciones, totalmente injustificables.
Pero no, los móviles, hasta ahora, son simples: Robo. Abuso. Atraco.
No son acciones de grupos racistas bien organizados, ni forman parte de un complot del gobierno para erradicar a los mexicanos.
Son, en cambio, golpes de rateros y pandilleros que buscan hacer dinero fácil, a costa de los más desprotegidos.
Porque ya se corrió la voz entre los maleantes de Estados Unidos: Los inmigrantes mexicanos no tienen cuentas de bancos. Siempre tienen dinero en sus casas, en un jarrón de la cocina, en una bolsa en el clóset, o abajo del colchón.
Más importante: Ya saben que los mexicanos nunca reportan los delitos, por temor a ser deportados. Por desconfianza a la Policía, que muchos creen que es igual o más corrupta que la de México.
"¿Usted cree? ¿Para qué pongo el reporte, si nunca van a hacer nada?", me comentaba un inmigrante mexicano tiempo atrás, después de haber sido robado en su casa.
El terror de los inmigrantes mexicanos hacia la Policía en Estados Unidos es generalizado. Muchos están seguros de que los policías deportan a la gente.
Se sabe que el Servicio de Inmigración tiene una oficina en las prisiones, donde turnan a los que no tienen papeles para "regresarlos pá' México".
Los voceros de la Policía, en cambio, se ha cansado de insistir que ellos no deportan, que ellos no tienen nada qué ver con el Servicio de Inmigración.
Pocos les creen, claro.
Otros inmigrantes ven a los policías como delincuentes en potencia, que esperan detenerlos bajo cualquier excusa para sacarles dinero.
Un amigo que es un inmigrante cubano no entiende esta actitud de los mexicanos.
"Si a mí el policía viene y me amenaza con detenerme, yo le digo: '¡Vamos! ¡Arréstame!' ", dice, mientras extiende las muñecas como listas a ser esposadas. "Quiero ver cómo justificas ante el juez mi arresto".
"¡Esto es lo que los mexicanos deberían de hacer!", agrega indignadísimo.
"Para usted es muy fácil", le recuerdo, moviendo la cabeza.
Mi amigo cubano es ciudadano americano naturalizado. Sabe inglés. Sabe de leyes. Conoce sus derechos.
Tiene negocio, tiene propiedades. Sabe que no lo pueden deportar, porque es ciudadano.
"Y aunque no lo fuera, a los cubanos no los pueden deportar a Cuba", le recuerdo.
Además, los cubanos llegan con una enorme ventaja a Estados Unidos: Si logran entrar (en balsa, a pie o como sea), llegan con permiso de trabajo, seguro social, posibilidad de tener licencia de manejo, y al año, pueden pedir la residencia permanente.
Los mexicanos, en cambio, no.
La inmensa mayoría son personas del campo, sin estudios. Muchos en México han sido víctimas de abuso de parte de la Policía, del gobierno, y de quién no.
Para estos inmigrantes vivir en Estados Unidos es un constante desafío. Es una permanente lucha contra obstáculos legales, culturales, de idioma y tantos más.
Además, significa un constante cuidado al manejar, para no caer arrestados. Para no ser multados.
Sin licencias de manejo, sin hablar el idioma, sin conocer de leyes, lo que la mayoría de los jornaleros mexicanos hacen en Estados Unidos es simplemente sobrevivir.
Ahora, además de todos estos problemas, se suma uno más: Las pandillas de bandidos y asesinos, que parece que ya encontraron un nuevo filón entre los mexicanos.
Por eso el alcalde Johson trató de honrar la memoria de las víctimas de los crímenes de Tifton de la manera como pensó mejor: Ondeando la bandera de México durante seis días, uno por cada una de los fallecidos por los ataques.
A pesar de las críticas, el alcalde se mantuvo firme: "Lo hice como muestra de dolor hacia la comunidad hispana... Estas personas son parte de nuestra comunidad", explicó a la agencia AP.
"Pido disculpas a quien pude haber ofendido, pero pensé que era lo menos que debíamos hacer".

viernes, septiembre 30, 2005

"De pura casualidad... ¿Hay por aquí alguien de México?"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
DALLAS — Las ceremonias de naturalización de nuevos ciudadanos de Estados Unidos casi siempre son muy parecidas.
Generalmente ocurren en un salón grande, un teatro o edificio de eventos. Han habido hasta en estadios.
Desde temprano, llegan los nuevos ciudadanos. La inmensa mayoría con familia y amigos, lo que convierte a estos días casi como de pic-nic.
Aquí y allá se mezclan los turbantes indios, con los vestidos africanos multicolores. Las barbas de los ortodoxos judíos con los bigototes de los paisanos. Los velos de las mujeres musulmanas con los gorritos kufi nigerianos. Los tenis con las sandalias.
Todas esas personas, uno se preguntará, ¿son asistentes a una reunión de las Naciones Unidas? ¿Público para la inauguración de un Campeonato del Mundo? ¿Participantes de un desfile multicultural?
Para nada. Todos ellos son una sola cosa: Ciudadanos de los Estados Unidos.
Al entrar, los nuevos ciudadanos reciben sus documentos que los acreditan como tales, junto con una banderita de Estados Unidos, y la letra de la juramentación a su nuevo país.
Conforme la gente va llegando, es acomodada en ciertos lugares. Llegan también las autoridades del gobierno e invitados especiales. Ah, y la prensa.
Una vez que el maestro de ceremonias da la bienvenida, y nombra a los invitados del podio, procede a pasar lista de los países de los cuales los nuevos ciudadanos son originarios.
Comienza la lista, país por país, por orden alfabético. Se pide que la gente originaria de cada país se levante cuando lo nombren.
Comienzan:
"Afganistán..." (Se paran cuatro o cinco personas. A veces familias completas.)
"Albania..." (Tres o cuatro almas. Nada más.) "Algeria... Andorra... " Y así siguen.Cuando llegan a la M, dicen "Mauritania... Micronesia...", y luego se saltan a "Mónaco... Mongolia...", y le siguen...
La primera vez que asistí de reportero a una de estas ceremonias, me indigné.
¿Dónde estaba México? ¡Se lo habían saltado!
¿Sería un error? ¿O lo habían hecho adrede?
Se me hizo una total falta de cortesía de los funcionarios del Servicio de Inmigración.
"Seguramente es racismo puro y simple, contra nuestra gente", decidí, ya a punto del soponcio.
Ya sé. Me precipité. Pero, ¿qué esperaban? Acababa de emigrar. No sabía ni qué onda.
Al final, después de haber recorrido todo el globo terráqueo, se mencionaron a los últimos países: "Yemen... Zambia... y Zimbawe".
Entonces, el maestro de ceremonias toma aliento. Sonriente, preguntó, entre tímido y divertido: "¿Hay por aquí, de pura casualidad, alguien de... México?"
Volteé a ver a la gente:
¡¡¡¡¡Broooooooooooooooooommmm!!!!! Retumbó todo el auditorio con el sonido de cientos —¿miles quizá?— de pares de piernas que se levantan de sus asientos. Las cuatro quintas partes de los asistentes levantan las manos, y las carcajadas que sueltan (¿de orgullo? ¿De satisfacción? ¿De ser nuevos ciudadanos americanos? ¿De haber nacido en México? ¿Todo lo anterior junto?) contagian a todos, funcionarios de la Migra, e invitados incluídos. Los ciudadanos de otros países miran carcajeados, compartiendo el momento con los que se acaban de levantar. Casi todo el auditorio.
Los aplausos, las "olas", y los "bravos" se unen a las montones de banderitas americanas que estos nuevos Mexican-Americans enarbolan con orgullo.
Y así siempre pasa. En todas y cada una de las ceremonias de naturalización, a lo largo y ancho de este monstruo. Desde hace muchos años.
No se necesita ser un experto para darse cuenta de una realidad: Escenas como ésta son muy simbólicas. Son un signo: ALGO está pasando aquí.
Ese "algo" causa un cambio, que Estados Unidos está sufriendo desde ya.
Un cambio que se ve en estas ceremonias de manera simbólica, pero que se vive en las calles de las ciudades del país, en sus viviendas, en sus barrios, en sus medios de comunicación.
Un cambio que modificará para siempre a este país, y que afectará el futuro de su gente y la de todo el mundo. Para bien o para mal.
Y ese "algo" somos nosotros, los mexicanos.

Estados Unidos perdió su inocencia... ¿Otra vez?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS — Tras ocurrir todo el ciclón (literalmente) de broncas traídas al gobierno de Washington por Katrina primero, y luego por Rita, no faltó por ahí el "agudo" periodista (o "analista", como a muchos les encanta autonombrarse) que salió en los medios declarando solemnemente: "Después de todo esto, Estados Unidos por fin ha perdido su inocencia".
Yo me quedé pensando: "¿¡Otra vez!?"
¿Cuántas veces van que Estados Unidos "pierde" su inocencia? Desde que yo me acuerdo, un montón.
De hecho, como las adolescentes descocadas, Estados Unidos parece que a cada rato pierde su inocencia.
¿Cómo pierde Estados Unidos su inocencia? Parece que le ocurre con cada década que pasa (como las dizque señoritas que se "operan" la virginidad).
Cada diez años, aproximadamente, ocurren acontecimientos definitivos, que cambian la manera como vemos el mundo.
Los expertos les llaman "hitos".
En la historia americana, hay hitos que delimitan cada época. Casi cada década coincide con uno de esos acontecimientos que dejan huella en el país.
Y esto es importante, porque lo que le pasa a los gringos, casi siempre repercute en todo el mundo.
Estos acontecimientos históricos son como el parteaguas, la línea divisoria que marcan el fin de una época y el inicio de otra, de manera bien definida.
Rara vez coinciden estas fechas con las del calendario, como leí una vez en un artículo hace muchos años.
Por ejemplo, el siglo XX comenzó seguramente con la revolución bolchevique en Rusia, y la llegada del comunismo a ese enorme país. El mundo ya no sería el mismo después de eso, y muchos expertos aseguran que Estados Unidos de alguna manera perdió su inocencia al ver nacer una potencia que sería, eventualmente, su enemiga durante todo el siglo que nacía.
Pero los gringos estaban en una época aislacionista entonces. No querían saber nada del mundo exterior, sobre todo porque andaban barruntos de guerra. La Gran Guerra, le decían (después se llamó la Primera Guerra Mundial), que había estallado en 1914. Los americanos sentían que no era una guerra suya.
No fue sino hasta 1917 cuando Estados Unidos se vió obligado a entrar en esa guerra, por culpa del famoso Telegrama Zimmerman. Fue así como entró la década de los 1910.
La década de los años 1920's no inició en 1920, sino un año antes, cuando se decretó la prohibición de vender bebidas alcohólicas en 1919.
Esta década se distinguió por muchos acontecimientos, pero sobre todo por la violencia de Al Capone, John Dillinger y tantos mafiosos que hacían su agosto con la prohibición en los callejones de Chicago. Igualito que los narcos colombianos en los 80's, o los capos mexicanos de ahora.
Y claro, muchos "expertos" aseguraron que, en 1919, Estados Unidos perdió su inocencia.
La Prohibición terminó en 1933, pero eso no marcó el inicio de la década de los 1930's.
En 1929, la Bolsa de Nueva York, Wall Street, se fue por los suelos. Arruinó a muchos inversionistas, y estos se llevaron entre las patas toda la economía del país. Y por consiguiente, del mundo.
Inició la famosa "Depresión". Y esto marcó la década de los 1930's.
Y de nuevo, no falta quien aseguira que, en 1929, Estados Unidos "perdió su inocencia". Sobre todo financiera. El optimismo por el capitalismo, que había sido el motor ideológico americano casi desde el principio, se esfumó.
Muchos se dieron cuenta de que, a la mejor el capitalismo no era la panacea después de todo.
Los años cuarentas comenzaron, sin duda, durante el ataque japonés a Pearl Harbor, en 1941, y la entrada de Estados Unidos en la 2a. Guerra Mundial. Y de nuevo, los gringos "perdieron su inocencia".
Los cuarentas se extendieron mucho más allá de 1949. No fue sino hasta cuando Rusia lanzó el Sputnik que inició la carrera espacial. A Estados Unidos le dolió su orgullo, y por vez primera temió ser atacado por el espacio con armas atómicas. En medio del surgimiento de Elvis Presley y el Rock and Roll, de nuevo Estados Unidos perdió su inocencia, en 1957.
Los cincuentas de todas maneras fueron en muchos aspectos, una extensión de los cuarentas. La misma filosofía de la vida predominaba entre los americanos: "Nosotros somos los niños buenos. Los rusos y chinos son malos. Somos el mejor país del mundo, y el mundo debería ser más como nosotros: Somos bonitos, arreglados, felices. Tenemos dinero, carro propio, casa en los suburbios. Nuestros políticos son sabios, son héroes de guerra, hay que seguirlos. Creemos en Dios, en la patria y en la familia."
Cuando eligieron presidente a John F. Kennedy todo era muy bonito, hasta de jet-set. Era lo que faltaba: Después del viejito pasado de moda que fue el presidente Eisenhower, Kennedy era el prototipo del americano en que todos se querían ver reflejados: Guapo, rico, simpático, con una familia feliz, y una esposa que parecía modelo.
Todo era perfecto en la década de los cincuentas.
Pero esa década se acabó. No en 1959, sino en 1963, en Dallas, con el homicidio de ese guapo y joven presidente, tan "de la época". Y con eso inició un verdadero desencanto de muchos americanos. Fue un shock: Muchos comenzaron a cuestionarse si país ya no era tan bonito, tan limpio, tan exitoso como les habían hecho creer. Y de nuevo perdieron su inocencia.
Fue cuando iniciaron los famosísimos "años sesentas". Y todo cambió.
Los jóvenes se volvieron respondones. No acatacan a ciegas lo que les decían sus mayores. No les gustaba la música "buena", de Grandes Bandas, sino grupos de jovencitos greñudos, que protestaban contra la guerra y pedían amor. Y de pilón, ¡se las "tronaban"! ¡Tenían sexo como monos!
Para muchos, Estados Unidos de verdad perdió su inocencia en los sesentas. La realidad es que nada fue igual después de eso. El Estados Unidos de 1959 y el de 1969 son tan distintos, que pudieran ser países diferentes. O planetas distintos.
Con tanta bronca, los setentas iniciaron en 1974, con la renuncia del presidente Richard Nixon, el escándalo Watergate, y de nuevo, Estados Unidos perdió su inocencia. La imagen presidencial, tan respetada desde tiempos de George Washington, tan admirada con Roosevelt, tan glamorosa con Kennedy, se había hecho añicos. Ya no se podía confiar en los políticos. Ni siquiera en el todopoderoso "Mr. President".
Los ochentas iniciaron con la entrada al poder de Ronald Reagan. Para entocnes, Estados Unidos ya no era naaaaaada inocente. Y su presidente estaba dispuesto a hacerselo ver al mundo, a patadas o a punta de marines.
Los noventas iniciaron precisamente en 1989, a la caída del Muro de Berlín. O con la entrada a la presidencia de Bill Clinton. Según. Y muchos críticos, de nuevo, dijeron que si bien Clinton no había perdido su inocencia con Mónica Lewinsky, seguramente la presidencia sí.
De una cosa estamos seguros: La década que vivimos, de 2000 a 2010, comenzó el 11 de septiembre de 2001, con los ataques terroristas que pulverizaron las Torres Gemelas. La década del terrorismo.
No sólo la década, casi se puede decir que todo el siglo XXI comenzó esa fecha.
Esta vez, aunque lo agarraron desprevenido, Estados Unidos no perdió su inocencia. Ya la había perdido hacía mucho tiempo.
Lo que pasa es que los gringos nunca lo quisieron aceptar.