sábado, diciembre 11, 2004

Y volví a ir al Consulado...(Parte II)

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas — Volví a ir al Consulado de México. De nuevo, a tramitar el pasaporte que me faltaba para mi familia, el de mi hijo, Césarito.

Y otra vez, me salieron con trabas.

Otro papel faltaba. Otra copia estaba mal. Otro retraso.

"¿Puede venir mañana?", me preguntó la muchacha de la ventanilla de pasaportes. Muy amable, muy eficiente, muy simpática...

...Pero no me dio el pasaporte!

"Ayer me entregó una copia fotostática de un acta de nacimiento equivocada", me explicó. "¿Podría traer el acta buena mañana?"

"Mañana trabajo", respondí en un tono de lamento. No sé si por ella o por mí.
(Rectifico: Por mí).

"Mándemelo por fax."

"Tengo el papel en mi casa. Y allá no tengo fax."

Y era verdad, lo juro. ¿De dónde iba a sacar un fax?

Un día antes, esa señorita me había dicho que podía regresar al otro día, que ya no tenía que hacer cola. "Sólo acérquese a la ventanilla y lo atiendo".

Lo que nunca me aclaró, es que eso mismo les dice a TODOS los que les falta un papel, y tienen que volver.

Resultado: Habían dos colas frente a su ventanilla. La de los que iban por primera vez, y al ladito (junto a la ventanilla) la de los que ya habíamos ido antes pero que nos faltó... "Un papel".

Aún con todo, la experiencia pudo haber sido peor. El personal del consulado fue amable. No fueron groseros. No me negaron el pasaporte. Me tardaron, es cierto, pero ¿qué puede uno esperar de una oficina de gobierno?

Muchas otras personas llegaron, entregaron sus documentos (completos y en regla), pagaron y les entregaron sus pasaportes dos o tres horas después. Sin problemas, sin preocupaciones.

Y seguro no les importó que el baño tuviera o no papel. O puertas.

Volví al día siguiente. La muchacha de la ventanilla (¿Cómo se llamará? Es muy simpática y eficiente, repito. La culpa de mis desgracias no es suya, seguro sólo sigue reglas) me recibió con una enorme sonrisa. Me puso enfrente de la fila (a pesar de las miradas asesinas de más de un paisano) con un: "¿Ahora sí ya trajo el acta?"

"¡Sí!", casi grité en triunfo. Le entregué el acta mencionada. Por si acaso, andaba bien pertrechado, con todos los documentos que encontré en mi casa bajo el brazo, en un portafolio. Ni la carta a Santa Claus se me olvidó.

La muchacha vio el acta. Asintió.

"Le tendré el pasaporte listo hoy, a las doce", me dijo.

¡No lo podía creer! Miré el reloj: Las 10.

"¿Tan pronto?", le pregunté, incrédulo.

Ella me lo aseguró. No tuve motivos para dudar, pero tampoco tenía corazón para comprobarlo.
Así que dejé pasar un día, y volví al día siguiente a las 12.

El pasaporte ahí estaba. Con la foto de Cesarito y su sonrisa medio torcida (muy "cool", dirán los niños de su edad. O eso creen. Un niño de ocho años nunca se atreverá a que lo fotografíen con sonrisas "bonitas", "nice" o "cute", serían el hazmerreír de la tropa). Por fin.

Mientras analizaba la situación, allí en medio de una oficina de gobierno de México, en Dallas, pensé que mi caso no era único. ¿Para qué me quejo? Seguramente, a los largo de los cincuenta estados de la unión americana, otros consulados están iguales.

O peores: Saturados de gente que hace trámites, ya sea para volver de vacaciones a México, para sacar permiso a sus autos para cruzar la frontera, o sacar pasaportes para un trámite ante el Servicio de Inmigración.

Vaya, la bronca comienza hasta el momento en que uno llega, pues no hay donde estacionarse. Hace dos años el consulado consiguió que le prestaran el terreno de al lado, para construír un estacionamiento, y con eso doblar sus espacios. Pero ni así.

Y aún con todo, México es el país que más consulados tiene en Estados Unidos: Alrededor de 45. El país que le sigue por número de consulados es Canadá, y apenas tiene alrededor de 17.

Y aún así son insuficientes. No es raro ver que familias enteras deben viajar días, gastando dinero, gasolina y tiempo para trasladarse hasta su consulado más cercano.

El de Dallas, por ejemplo, abarca una jurisdicción enorme: 130 condados de Texas, todo el estado de Arkansas, e indirectamente los estados de Oklahoma, Kansas y Missouri.

Han hecho hasta consulados "móviles", en los que personal de la oficina cada cierto fin de semana se traslada a pueblos o estados vecinos, a hacer casi todos los mismos trámites que se hacen en el consulado: pasaportes, matrículas consulares, etc. Estos consulados "móviles" han llegado hasta Alaska y Hawaii.

Pensando esto, no me sentí digno de quejarme. Volteé a ver el baño de hombres, y entré, mientras cavilaba.

Solo habían dos inodoros. Sin puertas. Estaban ocupados por dos "paisanos", quienes (desvergonzadamente o porque no tenían de otra) hacían sus necesidades tranquilamente, casi a la vista de todos los que entraban. "Quizá estoy siendo demasiado exigente", me dije.

El baño no tenía papel, ni siquiera puertas, es cierto.

Pero por lo menos NO tuve que viajar una semana desde Oklahoma o Arkansas a sacar los pasaportes.

Lo dicho: Quizá me estaba volviendo demasiado exigente.

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