viernes, noviembre 26, 2004

La Fiesta Patronal del Thanksgiving: Una celebración 100 por ciento... ¿mexicana?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Llegó otra vez. Como cada año. Como cada otoño.

El Día Más Sagrado de los Americanos.

El Thanksgiving Day. O Día de Acción de Gracias, como lo conocemos en México (aunque no lo celebremos).

Antes de que piense que se trata de una fiesta "típicamente-gringa-que-nada-tiene-que-ver-con-nuestra-idiosincracia-ni-nuestras-auténticas-raíces-aztecas" (como si aún anduviéramos en taparrabo y huaraches ofrendando sacrificios humanos a Huitzilopochtli. Aunque algunos por ahí no dudo que tengan perversiones peores), déjeme aclararle que está totalmente equivocado.

Usted en México, quizá, no celebrará el Thanksgiving. Y no tiene porqué, si no quiere. Pero en Estados Unidos, más de 30 millones de "paisanos" sí lo hacen, en mayor o menor medida. Los inmigrantes, como nuestros hijos, hemos hecho nuestra esta tradición, casi desde siempre.

Incluso desde antes de que llegaran los peregrinos ingleses a Nueva Inglaterra, pues se dice que el primer Thanksgiving se celebró en El Paso como 70 años antes. Y entre mexicanos y españoles.

Vaya, tan "nuestro" ya es el Thanksgiving, que hasta lo hemos rebautizado. Ese nombrecito anglosajón como que es medio complicado para nosotros: Muchas consonantes guturales juntas. En cambio, usted puede escuchar cómo los inmigrantes de Guanajuato, San Luis, Michoacán, Puebla, Centro y Sudamérica se preparan con días de antelación para festejar... El Día del Guajolote.

Porque, claro, la tradición es comer pavo ese día, ¿no?

Otros, más religiosos, y recordando que en sus pueblos cada festejo se debe a una fiesta patronal, escucharon el nombrecito en inglés y lo interpretaron a su leal y saber entender: Para ellos no es Thanksgiving, sino El Día de San Guivi.

(¿Será, se preguntan, la celebración del santo de los guajolotes?)

El caso es que el Día de Acción de Gracias ya lo hicimos nuestro. Y si los gringos y los negros lo celebran de manera típica, con pavo, puré de papas y pastel de manzana, nosotros al guajolote le agregamos tamales, atole, champurreado, mole poblano, pupusas centroamericanas, asado argentino o paella valenciana.

Lo amenizamos no con "jingle bells" en inglés, sino con música de Chente Fernández, Lupillo Rivera o Los Tigres.

Si esa noche familiar, a la mesa y con la familia, los norteamericanos "puros" dan su oración pidiendo por sus hijos y padres en la guerra de Irak, o por terminar con el terrorismo y mejorar la economía, nosotros los inmigrantes hispanos además de todo eso le agregamos oraciones por nuestros parientes que dejamos "allá", en nuestros pueblos, en nuestras ciudades.

Damos gracias por haber tenido tanta chamba en el año (no importa que sea en la pizca, en la construcción o limpiando oficinas), y hasta pedimos que haya una oportunidad de legalizar los documentos de tantos amigos y familiares que no los tienen.

En síntesis, el Día de Dar Gracias sirve precisamente para agradecer a Dios por las bondades recibidas en el año. Es un día familiar, quizá el único día festivo verdaderamente "americano" que existe. El más importante de este país, porque lo celebran igual cristianos que judíos o árabes, blancos y negros o cafés, hijos de ingleses, italianos y mexicanos.

Quizá después de toda esta explicación, usted aún no tenga claro cuál es el objetivo de esta celebración.

Suena mucho a Navidad, y a Año Nuevo, dirá. En esos festejos también damos gracias a Dios, también está la familia reunida, también comemos pavo o tamales.

¿Entonces para qué sirve el San Guivi?

Okey. Ya le dí la explicación oficial. Pero yo tengo mi opinión personal. No es la verdad absoluta, sino mi humilde punto de vista. Un poco cínico, quizá, pero bueno, vale.

¿Para qué sirve el San Guivi?

¡Pos pa' vender!

Porque el último jueves de noviembre, oficialmente, da inicio la temporada navideña en Estados Unidos. Y los negocios lo hacen saber con bombo y platillo a sus clientes, anunciando en periódicos que preparan la Venta Madre de Todas las Ventas.

Desde las 6 de la mañana del viernes (al día siguiente de Thanksgiving), se ponen en sus marcas: Familias enteras se levantan como con cohete de sus camas, y salen disparados a pegar las narices a los cristales de las puertas de las tiendas y los malls, contando los segundos para que abran.

¿Que se desvelaron la noche anterior con el festejo? ¿Que andan crudos porque se pusieron hasta atrás, brindando, riendo y comiendo con los parientes y amigos? ¡Qué importa! Tres o cuatro aspirinas, una coca y dale pa'l mall, que es la Super Venta de Thanksgiving.

Y es el escándalo.

Desde la calle ve las largas filas de compradores, como si regalaran algo. Dan vuelta a la esquina.
Y claro, en los estacionamientos no cabe ni una llanta más. Hay que estacionarse cuatro cuadras más allá.

Claro, los comerciantes le dirán que es una "Gran Oportunidad Para Usted, Nuestro Cliente Preferido". Y la gente se la cree.

En realidad, lo que hacen es sacar toda la mercancía que no se vendió en el año. Hacer espacio en los anaqueles para los cargamentos de Navidad.

Pero, ¿a quién le importa? Todo está casi regalado. Descuentos del 20, 30, 40, 50 y hasta 60 por ciento en todo.

Y así comienza la rebatiña:

"¡A ver, agárrate esa tele!", grita la mamá a la hija adolescente, que trata de mantener siquiera el equilibrio entre el pantano de gente.

"¿Cuál?", apenas grita la chica.

"¡La que tiene DVD integrado! ¡La de 120 dólares!"

¡Más de la mitad de descuento! Esas teles cuestan más de 300 dólares, "normalmente". ¿Cómo la va a poder dejar ir? No, la señora primero deja ir a la hija con un cholo antes que perder la oferta.

Mientras la mamá hace malabares con un videojuego, un estereo y una bicicleta, la hija defiende su tele de 20 pulgadas con dvd integrado como si de su doncellez se tratara.

(Bueno... quizá con un poco mas de entusiasmo).

La defiende como loba. Y quizá tiene razón: Las manadas de compradores salvajes rondan la oferta, en espera de que la muchacha dé una pestañada para arrebatarsela.

Es la ley de la selva.

De hecho, usted podrá pensar que estos compradores son exagerados. Que se pasan de codos. Que, mira si simplemente son trebejos. Más triques, que terminarán haciendo bulto en algún garage, antes de ser botados a la basura o regalados en una venta.

Entonces llega usted a la fila de las cajas para pagar. Y se da cuenta de que los compradores tenían razón: Si hay quien tiene la paciencia y el aguante para esperar una o dos horas en la cola, claro que se merece la oferta.

No importa que llenemos los carritos de porquerías que jamás usaremos. ¡Si están baratísimas!
Además, uno nunca sabe: Quizá algún día se nos ofrezca usar una chimenea portátil de metal forjado en nuestro porche del patio trasero, ¿verdad?

(Qué importa que no tengamos ni porche, ni patio trasero, o ni siquiera casa... Por lo pronto, ya estamos preparados con la chimenea portátil. ¡Además, estaba baratísima!)

Lo dicho: el Thanksgiving, además de ser el Día del Guajolote, es la celebración más americana que hay. Y por eso, los compradores compulsivos (y las empresas de tarjetas de crédito) tienen razones de sobra para darle gracias a Dios.

2 comentarios:

  1. Anónimo11:40 p.m.

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    John

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  2. Anónimo7:45 p.m.

    Me encantan tus relatos; además de narrarlos de una manera tan divertida, vertís en cada anécdota, detalles, puntos de vistas, costumbres tan particulares de los americanos que sólo imagino segir leyendo! Un enorme saludo...

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