sábado, noviembre 13, 2004

"Gaby", el niño de la calle mexicano que capturó 1,500 soldados japoneses

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - A Guy Gabaldón le decían "Gaby" de cariño. Hijo huérfano de inmigrantes mexicanos, Guy había nacido en 1926, en el barrio este de Los Ángeles, donde se concentra la población chicana.

Era un "niño de la calle": Por los días hacía trabajitos eventuales. Por las noches, dormía en donde pudiera, generalmente en la calle. A los 10 años limpiaba zapatos para medio comer. Y tenía que "estar siempre alerta" ante los peligros de vivir en un barrio peligroso, lleno de pandillas y delincuentes.

A los 12 años, Guy fue adoptado por una familia de inmigrantes japoneses de California. Allí creció, se educó y aprendió el amor de familia. Pero lo más importante: sus nuevos padres le enseñaron a hablar japonés.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el adolescente mexicano se enlistó en la Marina de Estados Unidos. Su familia, por ser "enemigos extranjeros" fue internada en un campo de concentración, a donde enviaban a todos los descendientes de japoneses durante la guerra.

Al enlistarse como soldado raso, Guy informó que hablaba buen japonés. De inmediato, la Marina lo comisionó a la Unidad de Inteligencia Naval R2, destinada al Pacífico.

Guy comenzó como intérprete e interrogador de prisioneros japoneses. Pero su labor no se detuvo ahí: La historia le tenía deparado un destino increíble.

El 15 de junio de 1944, Estados Unidos inició lo que se conoció como el Día D del Pacífico: La invasión de las Islas Marianas, particularmente Saipan, la isla principal, y estratégico bastión ocupado por Japón.

La batalla fue sangrienta, desde el primer día del desembarco. Los japoneses luchaban a muerte: Su código de honor les impedía caer presos, pues para ellos era deshonorable. Preferían morir a ser capturados, como lo hacían los legendarios samurais.

Lo peor fue que el ejército japonés había manipulado a la población civil, y les hizo creer que debían morir antes de ser capturados por los soldados americanos. "Si los americanos capturan a tu familia, van a rostizar a tus hijos y se los comerán", decían.

En su ignorancia, cientos de civiles, campesinos y pescadores, se lanzaban desde los riscos de las islas al ver que se aproximaba el enemigo. El propio Guy fue testigo de escenas horrorosas, en las cuales los padres de familia lanzaban al vacío a sus hijos pequeños, quienes lloraban y les pedían que los dejaran vivir.

De hecho, durante las primeras 15 horas de batalla, hubo un total de 30 mil muertos de ambos bandos.

Ante este escenario, el comandante de la Unidad R2, Capitán John Schwabe, temía que las batallas causaran cientos de bajas entre sus soldados. Los japoneses nunca iban a aceptar rendirse pacíficamente.

Guy pensaba distinto. En una expedición que hizo por Saipan él sólo, se encontró con tres soldados japoneses heridos, que se habían escondido entre varios cadáveres. "¡Te o agete!", les gritó, en perfecto japonés: "¡Levanten las manos!" Uno de los soldados quiso disparar, pero fue acribillado por Gus. Los otros dos aceptaron rendirse.

Cuando volvió a su campamento con dos prisioneros, Gus fue recibido no con felicitaciones ni medallas, sino con regaños del capitán Schwabe: Está prohibido andar haciendo incursiones solitarias. Si desobedeces órdenes, serás arrestado y enjuiciado.

Guy no hizo caso. Siguió saliendo solo. A la noche siguiente volvió con 12 prisioneros. Él solito. Muchos más prisioneros de lo que toda la compañía completa había logrado capturar.
Al día siguiente regresó con 50. Y casi sin disparar un tiro.

¿Cómo lo lograba? Simplemente hablando con los japoneses. Y hablando, y hablando. Pero en japonés. Convenciéndolos en japonés. Algo que ningún soldado americano podía lograr.

Al ver su efectividad, Schwabe le dió carta blanca a Guy para actuar como "Lobo Solitario".

Algunas noches salía y buscaba campamentos enemigos en la selva. Disparaba a los guardias y comenzaba a convencer a los demás a gritos que se rindieran.
Luego llegó el día de "Los 800".

El 8 de julio por la mañana, Guy convenció a dos soldados japoneses de entregarse."Tenemos totalmente rodeada la isla, con artillería, barcos y lanzallamas. ¿Para qué morir, cuando tienen la oportunidad de rendirse en condiciones honorables?", les dijo.

Les prometió que los iban a tratar bien, y que los mantendrían prisioneros hasta que acabara la guerra. Entonces regresarían a Japón, sanos y salvos.

Gabaldón sabía que era difícil convencer a un soldado japonés de rendirse. El propio código Bushido, que regía a los samuráis lo prohibía. Pero no tenía otra opción. "Era convencerlos y morir allí mismo", recordaba Guy.

Habló, y habló. Y habló, y habló y habló.

Y los convenció. Pero eso no fue todo. "Tengo que hablar con mi superior, hay más compañeros en aquella cueva", le informó un soldado. Guy accedió a que éste volviera a la cueva, mientras él permanecería con el otro japonés allí mismo.

Minutos después regresó con varios oficiales japoneses y sus escoltas. Dignos, serios, orgullosos. Iban armados, pero no para disparar. Venían a dialogar.

"¿Tú eres el americano que nos ofrece trato honorable si nos rendimos?", le preguntaron. Guy asintió y dijo: "Doozo o suwari, nasai" (Por favor, siéntense).

Les ofreció cigarros y les dijo: "El general Holland Smith, Shogun (caudillo) de la Operación de las Islas Marianas, admira su valor y ordena a nuestras tropas ofrecer a los sobrevivientes de su intrépida hazaña de ayer entregarse pacíficamente. Serán llevados a Hawaii, donde hay hospitales para atender a sus heridos. No debe haber más baños de sangre".

Hablaron durante largo rato. Cuando ambas partes se estaban desesperando, los japoneses aceptaron. Regresaron a su cueva y Guy vio como comenzaban a salir soldados. Filas, y filas y filas.

Ni el propio Guy podía creerlo. Había toda una compañía dentro: cientos y cientos de soldados japoneses armados. Y él del otro lado, un sólo soldado enemigo: Un muchacho mexicano de 17 años, ante quien se "entregaban". Fácilmente pudieron haberlo hecho picadillo.

Cuando los demás 'marines' llevaron a donde estaba Guy, se les cayeron las quijadas de sorpresa: El muchachito chicano rodeado de cientos de tropas japonesas armadas.
El total de prisioneros de ése día: 800. Capturados por Guy Gabaldón, un 'marine' chicano con apenas meses de haberse enlistado.

Ningún soldado americano, ni antes ni después, en toda la historia de Estados Unidos ha logrado capturar a tantos soldados enemigos como Gabaldón: En total, 1,500, entre civiles y militares, durante aquella campaña en Saipan.

Después de la guerra, el propio capitán Schwabe envió una recomendación al gobierno de Estados Unidos para que le dieran a Guy la Medalla Congresional del Honor. No se la dieron, pero en cambio recibió la prestigiosa Navy Cross, la Cruz de la Marina.

La leyenda de Guy Gabaldón fue incluso llevada al cine, en una película filmada en 1960, titulada "From hell to eternity" ("Del infierno a la eternidad"). Por cierto, Guy fue interpretado por un actor gringo: Jeffrey Hunter.

Años después, las hazañas de Guy seguían siendo contadas por los marines y soldados americanos. Lo conocieron como "El flautista de Saipan".

Cincuenta años después Gabaldón volvió a Saipan. En los ochentas se instaló en la isla y se horrorizó de ver la criminalidad que prevalecía. Encabezó un movimiento para instaurar programas de recreación al aire libre para la juventud de Saipan, por lo que los habitantes de la isla lo recuerdan con mucho cariño.

Bastante bien para un niño de la calle mexicano que boleaba zapatos para vivir.

E-mail: cfzap@yahoo.com

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