jueves, octubre 28, 2004

Bienvenido a los Estados Unidos de Automérica

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Una vez, una guía de turistas relataba una anécdota, de cuando le tocó encabezar una gira de visitantes europeos en la ciudad de Dallas, Texas.

"Aquí está el centro de Dallas, este es el edificio tal, o cual", decía la joven, dentro de un autobús panorámico a los turistas. Éstos, cámara en mano, escuchaban atentos y no dejaban de tomar fotos.

Uno de los turistas levantó la mano para preguntar. La guía escuchó:

"Todo esto está muy bien, señorita, pero yo tengo una pregunta: ¿Dónde está toda la gente de Dallas?"

La muchacha volteó a ver la calle de un lado: Automóviles. Autopista. Edificios de cristal, reflejando el candente sol texano.

Volteó al otro lado de la calle: Más autos. Más autopistas. Más edificios.

Nada de gente en la calle. Ni un alma.

La guía sonrió, y con su típico acento texano, respondió jovial: "¿Que dónde está la gente? Pues dentro de sus autos, o en sus casas. En cualquier parte donde haya aire acondicionado".

Y es cierto. La gente de Texas, y de muchas partes de Estados Unidos, como Los Ángeles, pocas veces ponen sus pies en contacto directo con la acera de la calle.

Si usted ve a una persona caminando en la calle o: a) Acaba de bajar de su auto estacionado; b) Va a subir a su auto estacionado; o c) Se le descompuso su auto.

"Fue muy raro", recordaba una vez un joven turista español que visitó el norte de Texas. "Mi papá y yo queríamos tomar un paseo para conocer la ciudad, y comenzamos a caminar a un lado de la autopista. Minutos después se paró un auto y su dueño se bajó para preguntarnos si había algún problema, si nuestro auto se había descompuesto o qué".

"Cuando le dijimos que no, que sólo estábamos dando un paseo, el tipo se mostró extrañado. No le cabía en la cabeza que a alguien le apeteciera CAMINAR", agregó el español.

Y ésa es una de las cosas a las que creo que jamás me acostumbraré de la vida de Estados Unidos: la cultura de vivir trepado en un automóvil.

Yo sé que en muchas ciudades grandes del mundo la gente pasa mucho tiempo en sus autos. Que hay autopistas, que hay vías rápidas, etcétera. De hecho, ni a la Ciudad de México ni a Río de Janeiro o Buenos Aires les apantallan las autopistas de Los Ángeles o Dallas.

Pero el uso del auto en Estados Unidos es distinto. En Latinoamérica y Europa la gente usa el auto para trasladarlos de un lado a otro. Punto.

En Estados Unidos, en cambio, la gente VIVE en sus autos. De hecho, muchas personas viven y comen GRACIAS sus autos. Aunque no lo crea: en este país muchas veces el tener carro es la diferencia entre tener o no empleo.

Pero así es. Esa es la realidad de Estados Unidos. Muchos critican el "American Way of Life" por estar "automatizada". Yo creo que están equivocados: La vida en Estados Unidos no está automatizada, sino "automotorizada".

Y ese es el gran problema personal para mí. Porque debo confesar un secreto: ODIO MANEJAR.
En serio. Desde joven, cuando me compré mi primer auto, sentí que la novedad pasaba pronto. Y luego se volvió tedio, y tortura. Cuando podía, aventaba las llaves a un cajón y me iba en microbús a donde fuera: Mi trabajo, al centro, a la tienda, a visitar a un amigo. Y como Tampico, donde nací, no ha alcanzado el grado de megalópolis, los trayectos no eran tan largos.
El hecho de que alguien manejara por mí me relajaba. Hasta la música de los Tigres del Norte que los choferes traían a todo volumen en sus radios me arrullaba.

Incluso a veces me iba a pie. ¡Cómo me encantaba caminar!

En cambio, cuando llegué a Estados Unidos toda esa vida se acabó. Aún recuerdo una de las primeras frases que un amigo me dijo: "Tendrás que comprarte un carro".

En ese momento, me pareció un lujo innecesario, pero más tarde me di cuenta de que no. ¿Cómo iba siquiera a pensar cruzar los kilómetros y kilómetros de autopistas que conectan las más de 100 ciudades del área metropolitana de Dallas? ¿A pie? Ni en sueños.

El servicio de transporte público era muy bueno: Eficiente, limpio y puntual. Pero muy, muy limitado, en comparación con las ciudades latinas. Para llegar a mi trabajo, un trayecto en auto de 30 minutos, necesitaba invertir hasta tres horas si usaba el autobús público.

A los norteamericanos esta auto-vida no les parece rara, ni malsana. Al contrario: todos nacieron así. Prácticamente en auto. Mientras que en nuestros países todos recordamos con cariño cómo batallamos para juntar dinero para comprar nuestro primer auto (casi siempre un destartalado Volkswagen "vochito" de quinta mano), en Estados Unidos a todos los niños les sueltan carro a los doce años.

A los dieciséis es común que cada uno de estos chiquillos tengan su propio vehículo, que usan para ir a la High School. Y nadie dice nada. Es normal, no es un lujo.
Por eso hay tantos auto-bancos, auto-restaurantes, auto-servicios... y vaya usted a saber qué mas.

En Las Vegas supe el otro día que había una auto-iglesia... ¡Donde los novios se pueden casar metidos en su carro! El sacerdote les administra los ritos desde una ventanilla, como si les despachara una orden de McDonald's. El colmo.

(Dudo que las parejitas que se casan así hagan lo mismo cuando quieran divorciarse. ¿Se imaginan ir a un auto-juzgado, donde un auto-juez los divorcie? No creo que sea práctico: Al final, uno de los ex-cónyuges siempre se quedará con el auto y dejaría al otro a pata. ¡Y con los niños!)

La cultura del automóvil está tan metida en la conciencia americana, que quien no sepa manejar puede ser visto como retrasado, como ser de otro planeta. Hasta los pobres andan manejando: Un Chevy Nova '75, o un Ford LTD '78, de perdido. Todos destartalados... pero ahí andan.
Hasta las mismas ciudades están diseñadas pensando en el automóvil, no en los peatones. Los "freeways" o autopistas son inmensos, sin cruces peatonales ni nada.

Y las leyes también están diseñadas para proteger al conductor. Al contrario de Latinoamérica, en muchas áreas el peatón no tiene "derecho de paso": Si una persona se atraviesa en el camino a un auto, él lleva la de perder.

Yo lo viví una vez en carne propia, una vez que mi auto se me quedó tirado en un freeway: Quedé varado sobre el carril izquierdo, pegado al camellón central. No traía teléfono, y eran las 12 del día, en pleno calorón.

Frente a mí había una gasolinera, y pensé: "Si logro cruzar el freeway a pie, quizá pueda llamar a una grúa, o de perdido tomarme un refresco".

Vale decir que ni siquiera lo intenté. Es imposible. Cruzar un freeway a pie es más peligroso que jugar a la ruleta rusa (en la ruleta rusa hay una oportunidad mínima de sobrevivir; el cruzar una autopista gringa al mediodía es muerte segura).

Por eso es triste saber que muchos inmigrantes indocumentados que llegan por primera vez aquí mueren al intentar cruzar un freeway.

Y pasa muy seguido. Hay una anécdota de un centroamericano que envió postales a su familia, mostrándoles la ciudad donde vivía en Texas. Al ver las fotos de las autopistas, su mamá le escribió preocupada: "Hijo, por favor ten mucho cuidado cuando cruces esas calles TAN ANCHAS".

Y es que en Estados Unidos este problema es muy común. Tan común, que en las autopistas hasta hay letreros amarillos de alerta para los conductores, como ésos que ponen en los cruces de ganado. Nada más que en vez de dibujar la silueta negra de un buey, dibujan una familia indocumentada corriendo. En serio.

Los activistas pro-inmigrantes se indignan cuando ven esos letreros. Los acusan de racistas. Pero en realidad, creo que las autoridades hacen lo que pueden para evitar una tragedia: Les avisan a los conductores que tengan cuidado, que disminuyan la velocidad, porque por allí personas pueden cruzar en cualquier momento. Como ya ha ocurrido.
Estados Unidos es el país del auto.

Por eso es tan vital el tema de las licencias de manejo para indocumentados. Por eso es una estocada en la espalda la que dan las autoridades a los inmigrantes al negarles el documento: Si no lo tienes, seguro vas a enfrentar muchas broncas, tan solo para ir a trabajar. Con las distancias, es imprescindible usar el auto, con licencia o no. El resultado: Si un policía te agarra sin licencia, te multa. Si reincides, te quita el auto y hasta a la cárcel podrías ir a dar.

La otra opción es: No manejo. Por lo tanto, no trabajo, y mi familia no come.
Ante este panorama, ¿qué cree usted que los inmigrantes van a decidir? Pues claro: "Me arriesgo". No tienen de otra.

Por eso, muchos inmigrantes que vienen de pueblos, donde nunca agarraron un volante, se avientan a conducir. No por gusto, ni por valentía, sino por pura necesidad. Quizá si les dieran oportunidad de sacar su licencia, podrían tomar el curso de manejo, y hacer su examen.

Estarían así más capacitados de usar un auto, y quizá se salvarían algunas vidas al evitar accidentes (incluso la vida del propio conductor).

Pero no es así. Las leyes impiden a los indocumentados sacar licencia, e incluso a los inmigrantes legales les ponen muchas trabas.

¿Soluciona esto el problema de la inmigración? Claro que no. ¿Desalienta a los indocumentados para ya no venir aca? No creo. La inmigración (legal e ilegal) continuará, les den o no licencias.
¿Hace más seguras las calles de Estados Unidos porque solo permiten manejar a ciudadanos?
Para nada. Al contrario: Los inmigrantes de todas formas van a manejar. Y el hecho de ser ciudadano americano no significa que uno no va a chocar, o a manejar ebrio.

Y esto es algo que el gobierno y la gente de este país no puede, o no quiere, entender.

E-mail: cfzap@yahoo.com

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