sábado, septiembre 25, 2004

Mexicanos discriminando paisanos: El racismo que faltaba

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - En este espacio ya hemos comentado las formas más comunes de racismo contra los "paisanos" inmigrantes en Estados Unidos.

Por ejemplo, del gringo contra el hispano. O del chicano contra el hispano.

Hace semanas incluso mencionamos el racismo de otros latinoamericanos contra los inmigrantes mexicanos ("¿Mexicano yo? No me insultes")

Vaya, hasta hemos hablado del desprecio que hay entre los mismos paisanos: Hay inmigrantes mexicanos que no se quieren "mezclar" con la "plebe" (léase, el inmigrante profesionista contra el inmigrante campesino).

Como ven, a los paisanos nos llueve sobre mojado. Por todos lados nos tiran.
Pero no es todo. Aún nos falta una forma de racismo contra inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.

De todas, quizá sea ésta la peor, porque es hipócrita y poco mencionada. Es como un tema tabú, del que pocos hablan.

Es más, muchos se niegan a aceptar siquiera que exista.

Se trata del racismo hacia los paisanos, de parte de... los mexicanos.

Los mexicanos de México, quiero decir. Los que se quedaron al sur del río Bravo. Los que nunca emigraron, ni emigrarán.

Los habitantes de la Ciudad de México, de Monterrey, de Guadalajara. O de Veracruz, Saltillo, Mérida, Aguascalientes o Tampico.

¿Que estoy loco? ¿Que cómo puedo yo siquiera pensar que los mexicanos sean racistas con sus "very important paisanos" en Estados Unidos?

Pues lo son. Si no todos, si algunos. Bastantitos, diría yo.

"Voy a irme a Estados Unidos", comentaba una vez Juan, un amigo, tras salir de la universidad. No tenía trabajo, y un tío en Chicago le había ofrecido darle la mano para irse allá.

El muchacho no lo dijo con entusiasmo. Ni siquiera con esperanza: No, en su voz había un tono de decepción, de lo inevitable. De "Pos ya ni modo".

Parecía que para él emigrar era como ser llevado por la leva, de soldado a Irak.

¿Cuál fue la reacción de los demás amigos? De risa. De burla. De carcajadas.

"¡Te vas a ir a la pizca!", decían, a coros. "¡Vas a andar corriendo de la migra!".

La anécdota puede parecer aislada. Tonterías de jovencitos. Pero usted se sorprendería al saber cuántos mexicanos de México piensan igual cuando se refieren a los "paisanos".

"Los norteamericanos tienen una imagen errónea de México, precisamente por culpa de los inmigrantes", razonaba Carlos, un profesionista mexicano cuando discutíamos el tema en un café. "Para ellos todos somos campesinos, que nos morimos por ir a Estados Unidos. No se imaginan que aca hay gente con estudios, urbanos, profesionistas. Como tú y como yo".

(O sea: No nos insulten confundiéndonos con ellos. No somos iguales.)

Usted dirá que no. Que son muchas las muestras de "solidaridad" de los mexicanos con "sus" paisanos.

Por ejemplo, cuando un migrante es sentenciado a muerte (claro, claro, siempre "injustamente") en Estados Unidos. O cuando se reporta otro abuso de la Migra, o cuando inmigrantes mueren asfixiados en un tráiler. ¿Qué ocurre? Los primeros en protestar son los mexicanos. En México.

Son los primeros en quemar banderas americanas, en enviar cartas a Derechos Humanos, en hablar en TV Azteca y Televisa contra el racismo contra los hispanos. Contra sus "hermanos".

Pero, ¿en verdad la gente en México hace todo ese merequetengue porque les nace? No sé. Lo dudo. Fuera de algunos cuantos, la mayoría lo hace porque es la moda. Porque es "políticamente correcto" aborrecer al gringo. Porque quieren salir en la tele. O porque José Manuel se los aconsejó.

Lo cierto es que a la mayor parte de los mexicanos en México les vale si otro paisano murió o no en Estados Unidos.

"Quién les manda, pa' qué se van allá", decía Olga, una joven en Tamaulipas. "Nada tienen qué andar haciendo por allá, si de verdad quisieran a México se quedarían aca a trabajar por el futuro del país".

"Pero no, la querían fácil. Y ya ven".

Y aunque no lo crea, son muchos los que piensan igual. Y no son locos, ni desquiciados, sino gentes comunes y corrientes. Quizá algún vecino suyo, algún pariente. Vaya, a la mejor hasta usted mismo lo ha pensado alguna vez.

Porque, ¿cuál es la imagen que tienen los mexicanos de los inmigrantes que se fueron? ¿En qué concepto tienen en México a los "paisanos"?

O son: a) "Macuarros con suerte" (porque ganan en dólares);o b) "Tájuaros creídos y arrogantes"; o c) "Rancheritos que se creen gringos", o d) "Fracasados que no lograron hacerla en México y debieron ir a otro país".

(Claro, esta imagen es muy distinta entre familiares del paisano. Esos que viven de las remesas que reciben, que se la pasan añorando al padre, al hijo, al hermano ausente. Y que quizá se vuelvan a juntar como. Pero para el resto de los mexicanos, los paisanos les son tan ajenos como los chechenos.)

Porque, si a usted le va más o menos bien en México, ¿a santos de qué va a irse a arriesgar la vida al emigrar a Estados Unidos? Ni loco.

Ya de entrada, esta actitud les impide a muchos mexicanos identificarse con el drama de los migrantes, por mucho que lo intenten.

Y no porque lo hagan con mala intención. Simplemente son vidas totalmente distintas, aunque sean "paisanos" suyos.

"Nosotros no venimos en burro, venimos en camionetas", comentaba un empresario de Monterrey de visita en Texas, a un diario en inglés años atrás, cuando le preguntaron sobre los inmigrantes mexicanos. "Nosotros venimos de vacaciones, a dejar dinero. Llegamos en avión, en camionetas, no en burro".

(Igual, léase: "No nos confundan, que no somos iguales").

Hay que aceptar una realidad. Para bien o para mal, el 90% de los migrantes mexicanos en Estados Unidos son así: Campesinos sin estudios. Gente de trabajo, que a la mejor sólo terminó la primaria. y a veces ni eso.

Gente humilde, casi todos indígenas o mestizos morenos. Que no saben usar palabras elegantes. Que champurrean el spanglish con los "haiga", los "ansina", los "mesmamente" y los "dendenantes".

Que gustan de andar de sombrero y botas. De bigote ancho, y cinturón pipeao'.

Ese es el mexicano en Estados Unidos. El paisano típico. Y es, para bien o para mal, la imagen que tantos norteamericanos tienen del país.

Precisamente, la imagen con la que odian ser confundidos los centro y sudamericanos.

Y muchos mexicanos.

E-mail: cfzap@yahoo.com

viernes, septiembre 17, 2004

En Estados Unidos ya no hay inválidos, ni gordos, ni viejos, ni negros, ni pobres... ni señoritas

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas -En Estados Unidos ha pasado algo increíble.
Como por arte de magia, en este país ya no hay inválidos. Ninguno.

Tampoco gordos, ni viejos o ciegos. Ni ninguna persona "deficiente", o "inválida".

Pero no sólo eso. Tampoco hay negros, ni indios. Ni distinción entre hombres y mujeres.
¿Qué pasó? ¿Como por arte de magia todo es perfecto, sin problemas, sin razas? Para nada.

Lo que sucede es que en Estados Unidos ya nadie habla de gordos, enanos, o inválidos, ni de cualquier palabra que pueda sonar "ofensiva" para alguien.

(Y esto incluye negros, indios o 'mojados').

Hoy en día, es casi un crimen decir esas palabras en público. Ni en la televisión, el radio, o el cine. Muchísimo menos en la prensa.

Todos los medios de Estados Unidos se esfuerzan por evitar palabras, auto-censurarse. ¿El motivo? No insultar a nadie. No ofender sensibilidades. No causar demandas multimillonarias por racismo, clasismo o simple maldad.

Es lo que se llama ser "políticamente correcto".

En español les decimos "eufemismos". O sea palabras elegantes que usamos para vestir palabras prosaicas y comunes.

Palabras que todos usamos en privado... pero que nadie se atreve de decirlas en público. Porque lo acusarían de racista, criticón, insensible o algo peor.

Estados Unidos han convertido esta costumbre en un arte. O en un trauma.

Los periódicos, sobre todo, han llegado a niveles ridículos, en un afán por no sonar "insensibles". Por temor a que se ofenda alguien, algún grupo, o alguna comunidad. Como nosotros, los mexicanos.

Por ejemplo, usted no puede decirle "ciego" a una persona que no ve. Se le echarían encima los defensores de derechos humanos, lo demandarían, lo correrían del trabajo, tendría que pagar una multa y hasta al bote podría ir a dar. Al final, desaría haber nacido mudo.

A una persona que no puede ver, lo correcto es llamarla: "visually challenged" (algo así como "desaventajado visual").

???

Muchísimo menos puede usted decirle "negro" a un negro (o persona de color "serio"). Lo menos que puede pasar es que se ofenda, antes de que que llame a un policía y lo acuse de insultos.
Negro (así en español) es una palabra durísima. Suena a "nigger", el peor insulto que existe contra los negros. Suena a colonialismo, a esclavismo (acuérdese que los mercaderes esclavistas eran portugueses y españoles, por eso la palabrita trae malos recuerdos).

Vaya, en cualquier periódico de Estados Unidos es considerado de malísimo gusto siquiera mencionar la palabra. No se puede ni mencionar en notas informativas, ni en editoriales. Ni aún cuando estén en contra de la palabra.

Cuando es ya de plano muy necesario referirse a ella, por necesidades del tema, se recurre a abreviarla: La llaman "La palabra 'N'" (The "N" Word).

¿Cómo puede entonces decirle a una persona de raza negra? Por su nombre, claro. Y como grupo, ahora se llaman "African-Americans" (Afro-americanos).

Los indios tampoco son indios (a menos que sean nativos de la India). En cambio, si son indígenas autóctonos, son "Nativos Americanos".

Esto es lo "políticamente correcto".

El diccionario de términos políticamente correctos ha ido en aumento, conforme hay más grupos de presión, o simple gente que se ofende por cualquier cosa y amenaza con demandar todo lo que se mueva, hable, respire o camine.

Por ejemplo, ya usted no puede decirle "Enano" a nadie. No, ahora las gentes pequeñas son "personas en desventaja vertical".

Los gordos son personas "grandes". O "amplias". O incluso "Personas en desventaja horizontal" (????).

Ya no hay políticos "deshonestos" , sino "éticamente desorientados". Ni pobres: Ahora son "desaventajados financieros".

Tampoco viejos: Ahora se llaman personas "cronológicamente dotadas" (!!!!!!???).

Ya ni siquiera se les puede decir a las mujeres "Señora" (Que se dice 'Misses', y se abrevia Mrs.), ni "Señorita" (Miss). No, capaz que se arriesga usted a recibir un zapatazo. Ahora se les dice Ms. (pronunciada así, Mss).

¿Qué significa eso? Nada. Y todo. Es un término vago que está entre señora y señorita.

(Es algo así como el "Seño" o "Señito" que usamos los mexicanos. Pa'no equivocarnos).

Es decir, el Ms. es neutro. No suena machista, ni insolente, si resulta que la dama en cuestión no es ni señora ni señorita. Uno nunca sabe.Vamos, hasta las mujeres de la calle (esas señoras o señoritas que a veces no son ni lo uno ni lo otro) pueden ser llamadas prostitutas: Ahora se llaman "Trabajadoras sexuales".

¿Cómo se llegó a estos extremos? Quizá al principio las intenciones de erradicar términos eran buenas. Defender a personas (o clases, o grupos) que eran constantemente objeto de burlas en el pasado. Después de siglos de insultar y burlarse de todo lo que no fuera WASP (Blanco, Anglosajón y Protestante, o sea "Gringo"), los norteamericanos como que tuvieron un ataque de remordimiento, y decidieron dejar atrás esos tiempos de insultos raciales (abiertamente, por lo menos).

Pero la costumbre se les fue de las manos. Porque, ¿quién ponía el límite? En teoría, todos podemos sentirnos ofendidos por una palabra que no nos guste. Y hoy en día, los términos políticamente correctos han sido tan manoseados, que ya cayeron francamente en lo ridículo.

Ahora hasta los propios libros de texto que se usan en las escuelas de gobierno tratan con muchísimo cuidado el lenguaje, para ir preparando a los niños a vivir en un mundo 'políticamente correcto', donde no hay ni negros, ni viejos, ni gordos, ni prostitutas.

Cada escuela tiene, por ejemplo, ciertas reglas para prohibir tal o cual libro en base al lenguaje que usen. En teoría es bueno, pero en la práctica es simple y sencillamente censura, porque incluso hay listas "oficiales" de palabras prohibidas para los libros de texto. Lo cual, dicen algunos, ha afectado la calidad de la enseñanza pública en Estados Unidos. Para mal.

Vaya, ya ni siquiera se puede decir "basurero" a las personas que trabajan en un camión de la basura. Ahora son ¡"Ingenieros sanitarios"!.

Tampoco se salvaron los entrañables bomberos. Ya no hay tales. Esa palabra era sexista, muy macha para el gusto de algunos.

Porque, ¿qué tal si el mentado bombero es mujer? Entonces, habría que diferenciar, o usar una palabra neutra. Como "combatefuegos" (firefighter). Y así es como se llaman ahora esos héroes/heroínas.

Por lo tanto, según el nuevo idioma "políticamente correcto", una frase sencilla y aparentemente inofensiva, como "El bombero puso una escalera junto al árbol, subió en ella, y rescató al gato", sería duramente criticada. En cambio, según la página Wilkipedia.com, su traducción "políticamente correcta" debería quedar así:

"El combatefuegos (quien resulta que era hombre, pero también pudo haber sido mujer), canceló los derechos básicos del gato de determinar hacia dónde caminar, subir o descansar, e infringió sus propios juicios de valor en determinar si necesitaba ser 'rescatado' del predicamento que él mismo eligió. Y en abierto desprecio por el bienestar del medio ambiente, y de este árbol en particular, empujó el artículo de ascenso para personas con desventaja de movilidad, e hizo una injusta demostración de proeza física ante los incapacitados al subirla, para arbitrariamente atrapar al inocente animal con la intención de devolverlo a la persona que reclamaba ser propietario de su natural existencia."

(Espero que ningún lector se haya ofendido).

E-mail: cfzap@yahoo.com

domingo, septiembre 12, 2004

"¡¿Mexicano yo?! ¡No me insultes!"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Para los mexicanos que emigramos a Estados Unidos, el racismo contra nosotros es un tema candente.

Peor lo es cuando nos damos cuenta de una realidad: No solamente los gringos son racistas hacia los mexicanos. ¡También los demás latinoamericanos!

"¿Mexicano yo?", preguntaba con horror un amigo sudamericano cuando alguien lo confundió una vez. "¡Para nada!".

Día a día, a lo largo y ancho de Estados Unidos, cada vez son más los sudamericanos a quienes erróneamente los toman por mexicanos. Y día a día cada vez son más los sudamericanos que se indignan por esto.

Claro, hay latinoamericanos a quienes no les importa. Lo toman a gracia, a broma. Algunos hasta como cumplido. Pero para muchos otros, hay que decirlo, el que los llamen mexicanos equivale a que les recuerden el 10 de mayo.

Algunos incluso prefieren que se la mienten antes de que los confundan con mexicanos.

¿Porqué, se preguntará usted? No sé, con certeza. Mi teoría es que en Estados Unidos, ser "mexicano" equivale a ser lo peor.

¿Qué significa ser "Mexican"? ¿Qué imágenes se vienen a la mente de la persona promedio en Estados Unidos, cuando les mencionan la palabra?

Generalmente: Bandoleros. O conserjes. Mucamas de hotel. O jardineros.

Todo mundo está de acuerdo en que esos oficios no tienen nada de denigrantes. Son trabajos honestos y necesarios.

Sí, pero nadie admitirá que le gustaría hacerlos. Porque están en el escalón más bajo de la economía.

"Mexicano" también equivale, para muchos, a narcotraficante. A asesino. A guerrillero con un calcetín en la cabeza.

Sin embargo, el significado más famoso y socorrido para el término "mexicano" es: Ilegal. Indocumentado. "Espalda mojada".

¿Es usted mexicano, y vive en Estados Unidos? Ah, pues de inmediato lo catalogan como que llegó cruzando el desierto, solamente para vivir de las ayudas del gobierno americano, sin pagar impuestos y a tener montones de hijos.

De borracho, flojo, sucio y carga fiscal nunca lo bajarán. Tampoco de machista y golpeador de mujeres. En serio.

Hay excepciones, claro. No toda la gente es así. Uno de mexicano puede conocer norteamericanos (güeros o negros) y hacerse amigos entrañables. De persona a persona.

Pero de grupo a grupo, las cosas son distintas. Las personas comprenden, aceptan. Tienen la mente abierta. Las masas, en cambio, son intolerantes y pre-juzgan sin lógica.

Para las masas, por lo tanto, la sentencia ya está dictada: "Mexicano" es ser lo peor. Punto.
(Por cierto, ¿no fue Salma Hayek a la que le dijeron, cuando recién llegaba a Hollywood, que le convenía más decir que era árabe que mexicana? Eso lo contó en una entrevista. Aparentemente ser árabe era mejor visto que mexicana.)

Por eso, no nos extrañe que peruanos, venezolanos, colombianos, argentinos y en general cualquier latinoamericano en Estados Unidos se pasen buena parte de su vida aclarando a todo el mundo que NO son mexicanos. Sin mucho éxito, hay que agregar.

Porque, ¿cómo diablos quieren que un anglosajón que no tiene ni idea de lo que es un latinoamericano, sepa la diferencia? ¡A todos nos ven iguales!

Algo parecido ocurre al revés: A ver, ponga a un mexicano o a un peruano a distinguir entre un norteamericano y un australiano. O entre un inglés y un escocés. Seguramente a un texano le caerá como patada en el hígado que lo llame "yanqui", pero no tiene mas que aguantar. O pasarse la vida aclarando las diferencias.

(Un neozelandéz que viajó a México comentó una vez: "Cuando llegué aquí, todo mundo me tomaba por gringo. Yo le explicaba que no somos gringos, sino neozelandeses, muy diferentes. Pero después de explicar cientos de veces, me cansé. Ahora mejor me callo y me conformo con ser un 'gringo' más".)

En esto de las confusiones, a quienes menos les cae en gracia que los tomen por mexicanos es a los españoles. En general, ellos abominan hasta de de ser confundidos por "latinoamericanos".
Ello equivale -para muchos de ellos- a "tercermundista". "Retrasado". "Incivilizado".

"Nosotros no somos Latinos, sino españoles", explicaba un agregado diplomático español, en una reunión en Washington, cuando los políticos norteamericanos cometieron el "error" de creerlos "Latins".

"Somos europeos, para más señas", explicó el español.Otro español se quejaba en un foro de la costumbre hollywoodesca de contratar actores mexicanos (o peor, ¡chicanos!) en el papel de españoles, sobre todo en películas históricas. Como "Amistad" de Steven Spielberg. E insistía que eran "obvios" los ragos más que indígenas de más de un marino "español" (como si Steven Spielberg o su audiencia fueran expertos en antropología comparada).

Pero a pesar de todos los esfuerzos de los latinoamericanos y españoles por "desmexicanizarse", no tienen mucho éxito. Como un historiador americano dijo una vez: Los hispanos de Nuevo México se la pasan clamando ser descendientes de españoles, no de mexicanos... aunque en la práctica nadie es capaz de diferenciarlos.

¿Qué pasará en el futuro con los "Mexicans"? ¿Seguiremos siendo considerados lo peor?
Hace algunos meses, visité el museo de las Culturas de San Antonio, Texas. Allí hay exhibiciones permanentes del legado histórico que varias razas de todo el mundo han dejado en Texas.

Es un museo muy moderno y amplio. Encontramos objetos de los pioneros irlandeses, ropa de los ingleses, vasijas y utensilios de los negros, y hasta fotos y relatos de los libaneses.

Había exhibiciones hasta de emigrantes polacos y rusos.

Pero por más que buscaba, no hallaba la exhibición de los mexicanos. ¿Cómo es posible, me decía? El colmo del racismo.

Iba a irme, cuando al girar en un pasillo, me fui de espaldas: Había una sección -completita- dedicada a los mexicanos, a los Mexican-Americans (chicanos), o Tejanos, así con j, como ellos se denominan. Había de todo y hasta más, mucho más de lo que otras razas y nacionalidades tenían en sus secciones.

Pero fue la primera imagen la que se me quedó grabada: Unos tejanos profesionistas, en un estudio de arquitectos del Texas del siglo XXI, vestidos como profesionales, jóvenes, yuppies. Manejando computadoras y diseñando edificios.

Junto a ellos, habían fotos amarillentas de los siglos XX y XIX: Emigrantes de sombrero, descalzos. Morenos, con bigote, bajitos y con rasgos indígenas. Algunos de Vaqueros (los primeros cowboys verdaderos), otros en la pizca, o de braceros.

De allí las imágenes saltaban hasta las guerras mundiales, Vietnam y al estudio de arquitectos del 2004, donde los Tejanos de hoy en día diseñan los edificios del futuro.

Sonreí. La palabra es la misma: Mexicanos. Pero la imagen está cambiando. Con cada niño hijo de inmigrantes que sale de la escuela, que se gradúa, que va a la universidad, es un cambio favorable.

Es un cambio Poco a poco. Muy lentamente. Pero ái la llevamos.

E-mail: cfzap@yahoo.com

viernes, septiembre 03, 2004

Señor Legislador: ¿Quiere vacaciones rapiditas? Véngase de "gira de trabajo" a EU

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Como inmigrante mexicano en Estados Unidos, aún no he logrado encontrar respuesta a una pregunta que siempre me he hecho:

¿A qué diablos vienen tantas comisiones de senadores, diputados y funcionarios de gira aca?
Me acordé porque el otro día un lector me pidió que mencionara algo sobre el tema del voto de mexicanos en el extranjero (A lo cual estoy de acuerdo).

Lo primero que se me vino a la mente fueron los montones de "giras de trabajo" que han venido haciendo legisladores con ese pretexto. A Texas, a California, a Chicago, a Nueva York.

Giras con "reuniones de trabajo" con la comunidad mexicana, que siempre llevan pomposos títulos y hasta ahora, no han servido de mucho.

Eso sí, los diputados o senadores llegan en avión (que ellos no pagan). Traen un séquito de asistentes (a quienes ellos no pagan). El Consulado se encarga de trasladarlos del tingo al tango en camionetas diplomáticas (casi siempre suburbans, como típicos políticos. Y claro, que ellos no pagan).

Los diputados o senadores de tal o cual comisión se pasan dos o tres días en comidas (en hoteles lujosos, por supuesto, que tampoco pagan). Luego se van a platicar con los "líderes" de la comunidad (o que al menos ellos así se autonombran), y claro, ante una suculenta cena o almuerzo (las cuales tampoco pagan).
Si estos legisladores no pagan por estos viajecitos, ¿entonces quién, se preguntara usted? Pos usted. El contribuyente, ¿quien más?

¿Y para qué sirve todo esto? Sepa. Yo no sé. ¿Usted sí sabe?

Yo he visto este asunto de primera mano porque me ha tocado cubrir inumerables "giras", "reuniones", "almuerzos", "juntas" y "conferencias", "de trabajo" de esas comisiones de legisladores aca en Texas.

¿Y sabe que? Son todas iguales: Los legisladores llegan en manada, de traje y corbata (o en guayabera). Siempre está el cónsul, funcionarios del consulado, y bastantes líderes de tal o cual organización de inmigrantes.

Nunca falta el grupo de mariachis. Los discursos. Los infaltables saludos a todo el mundo. El lenguaje florido ("porque los inmigrantes son una fuerza y un valor para ambos países, que sirven para coadyudar los esfuerzos de bla-bla-bla"). Se entregan llaves de la ciudad, hay carnitas, tamales, salsas, tacos y todo lo que se les ocurra.

¿Los motivos de las giras? Siempre el mismo: "Conocer -de cerca- en sentir de la comunidad de inmigrantes en Estados Unidos, sobre tal o cual tema de importancia nacional para ambos países".

????

Yo no soy experto ni político. Nunca he trabajado haciendo boletines para ninguna dependencia. Por eso no sé descifrar ese idioma tan florido y oscuro de los políticos. Así que no podría responderle qué significa todo eso.

A la mejor peco de ignorante, pero para mí todos esos políticos solo vienen de paseo. De shopping. A gastar la lana que no es de ellos. A darse unas vacaciones rapiditas a costa del erario.
Porque, ¿quién demonios les cree que van a resolver los temas de "importancia nacional para ambos países" en una gira de tres días? Y de pilón, tomándose almuerzo tras almuerzo "de trabajo".

Y vaya que cuestan caritas esas "giras". Según una revisión rapidita al sitio de internet del Congreso, para junio del 2004, se gastaron (en miles de pesos) $19,633.2 por concepto de viáticos y pasajes de avión en 95 viajes nacionales y 54 internacionales "de carácter legislativo". Eso en el Senado.

En la Cámara de Diputados no dicen cuánto gastaron, pero tan solo de septiembre de 2003 a julio de 2004, se hicieron 227 viajes al extranjero. De ellos, 17 fueron a Washington, 2 ó 3 a Chicago, 2 ó 3 a Nueva York, además de otros a San Antonio, Los Ángeles... ¡y Las Vegas!
Dirán, bueno es que los legisladores tienen que trabajar. Conocer "de primera mano" el "sentir de ustedes, los inmigrantes".

Claro, claro. La cosa es que nosotros, "los inmigrantes", ni fumamos esas reuniones.
Yo voy porque tengo que cubrirlas, pero si no me mandan ni me paro por allí. Y así piensa el 99 por ciento de los "inmigrantes".

Los que van a esas reuniones ("de trabajo" , claro) son los mismos de siempre: Líderes locales, políticos en ciernes, y uno que otro quejoso. Algunos líderes "hispanos" sí ayudan a la gente, hay que aclararlo. Pero no todos. No la mayoría. Esos sólo quieren salir en la foto, y "amarrar palancas" para cuando elijan diputado a otro "Rey del Tomate".

Cuando ocurre algo, algún escándalo binacional como una golpiza a inmigrantes, o una deportación masiva, no falta alguna "comisión" que decida "investigar" el caso.

Y, claro, para ello amerita... ¡Un gira!

A mí, como inmigrante, esas giras no me han beneficiado. No sé, no he visto cambios. Y a usted en México, seguramente tampoco. A lo mejor peco de ignorante, repito.

Si los legisladores quieren de verdad "conocer de primera mano el sentir" de los inmigrantes, no tienen mas que llamar al Consulado. Se supone que ellos tienen información. Ya están aquí, ¿no? Conocen la comunidad. Trabajan con ella.

Si quieren platicar directamente con los inmigrantes, tienen teléfonos. Hay emails. Hay faxes. Vaya, hasta hay pláticas por la camarita esa de la computadora, ¿no? Los consulados quizá puedan arreglar esas reuniones, y seguramente saldría muchísimo más barato que traer a diez, quince legisladores en avión, alojarlos en hoteles lujosos, y traerlos en restaurantes y pasearlos por toda la ciudad en Suburban. Como si fueran ganadores de la lotería.

(Que, viéndolo bien, en muchos sentidos sí lo son, de hecho).

Ahora, si de verdad quieren conocer "el sentir" de nosotros, los que estamos "acá", "de primera mano"... pues hay maneras.

Por principio, lo que deberían hacer es preparar a su familia y decirles que no los van a ver en dos o tres años. Despedirse de su esposa, sus hijos, y dejar su casa, su ciudad, quizá para siempre.

Luego, pasarse la frontera a pata. A salto de mata. Bajo el sol. A la brava.

O contratar a un "pollero" (a la mejor si se destina una partida fija del presupuesto para gastos "de pollero", y lo someten a licitación, les podrían hacer un descuento).

Que se pasen la frontera nadando. Que crucen el desierto escondiéndose de La Migra, y cuidándose de víboras y alacranes. Que sufran de sed y cansancio.

Cuando lleguen acá (los que logren zafárseles a la Migra, claro) que se partan el lomo trabajando en lo que haya (si lo encuentran).

Que se paren en las esquinas cada mañana a ver quién los contrata. Que sufran por no tener seguro social. Que no les den licencia de manejo. Y que cuando viajen a México de regreso no les digan a los aduanales que son legisladores, para que los traten igual que a todos.

Es así, y no con giras lujosas en avión, o almuerzos en un hotel de cinco estrellas, como los legisladores conocerán, por fin, "el verdadero sentir de los inmigrantes mexicanos".

Y será "de primera mano". Se los aseguro.

E-mail: cfzap@yahoo.com
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