viernes, agosto 06, 2004

Los niños en Estados Unidos: Esos intocables

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Un famoso personaje de Disney fue llevado a juicio hace apenas días.
Se trata de Tigger, el tigrito anaranjado que sale en las caricaturas del oso Winnie Pooh.

¿El motivo? Una niña lo acusó ... de hacerle tocamientos inmorales.

Para ser justos, hay que aclarar que Tigger, la caricatura, no fue a corte. En cambio, el que sí se tuvo que sentar en el banquillo de los acusados fue Michael Chartrand, el hombre que se vestía del personaje en el parque de Walt Disney World, en Orlando, Florida.

Según la acusación, Chartrand habría acariciado indebidamente el pecho de la niña de 13 años cuando ésta se tomaba una foto con él, en el parque.

El juicio fue un escándalo. Más porque el abogado de Chartrand insistió en vestirlo de Tigger allí, en medio de la sala para probar que es prácticamente imposible siquiera ver bien con el enorme traje puesto. Mucho menos hacer tocamientos.

Al final, Chartrand fue absuelto, pues el jurado se dio cuenta de que la acusación era la excusa de la familia de la niña para demandar a Walt Disney por millones de dólares. Como ocurre con tantas demandas frívolas en Estados Unidos.

Pero el episodio me dejó pensando sobre la actitud que tienen los norteamericanos respecto a los tocamientos hacia los niños. No solamente los tocamientos indecentes, sino cualquier tocamiento: Son tabú.

Todos los pueblos del mundo están de acuerdo con que los niños son el tesoro más grande que poseen. Son su futuro, su alegría. Eso lo sabemos todos.

Pero en Estados Unidos, los niños tienen una característica extra, que no se da en el resto del mundo: Son intocables.

Intente usted, por ejemplo, tocar a un niño ajeno en público. No me refiero, claro, a tocamientos ilegales (esos están prohibidos donde sea).

No, me refiero solo a tocar un hombro, frotar el cabello o simplemente dar una palmadita en la espalda.

Si usted hace esto en Estados Unidos, podría ir a la cárcel.

Las autoridades norteamericanas están traumadas, con tantos casos de abusos físicos y sexuales contra los niños, que aplican una política de "cero tolerancia" para cualquier adulto que se atreva hacer tocamientos (cualquier tipo de tocamientos) a niños.

Cierto, sus razones tienen: Basta ver las noticias, los periódicos, para darse cuenta de lo común que son casos horripilantes de niños violados, golpeados, víctimas de abusos y hasta asesinados por adultos.

Lo peor es que los propios familiares están involucrados muchas veces en estos crímenes.

Toda esta situación ha causado una verdadera paranoia entre autoridades policiacas y escolares, a tal grado que cualquier persona que se le vea en público tocando a un niño es sospechoso de abuso, y a veces hasta reportado a la Policía.

La situación ha llegado a grados hasta ridículos:

"Hasta nosotros necesitamos tener mucho cuidado", comentaba Juanita, una maestra sudamericana, quien emigró años atrás y ahora trabaja en una escuela texana. "La primera regla que nos imponen al llegar a una escuela es que está estrictamente prohibido tocar a los alumnos."

El problema es grave, porque esta maestra, por ejemplo, tiene la clase de niños de pre-kinder, quienes a veces van al baño y no pueden abrocharse su pantalón o sus agujetas.

"Por más que nos pidan ayuda, nosotros tenemos prohibido por ley tocarlos", explica la maestra."A veces nos rompe el corazón, pero no podemos hacer nada. Si el niño le cuenta a sus papás, o sus amiguitos dicen que los tocamos, nos pueden despedir o hasta demandarnos penalmente".

Esta regla de "No tocar" es difícil para todos, pero sobre todo para los inmigrantes hispanos, pues nuestra cultura se basa mucho en el contacto físico para expresar nuestras emociones. Y vaya que somos emotivos.

"Nadie, nunca nadie los puede tocar", les enseñan los maestros a los niños desde los cuatro años, apenas al iniciar su escuela. Es la primera regla. Y añaden: "Ni siquiera sus amigos, ni sus maestros, ni tampoco sus papás. Si ven que alguien los toca donde no deben, llámenle a la Policía".

Yo como padre entiendo perfectamente la advertencia. Sobre todo en un país como este, donde uno se puede encontrar a un loco o pervertido en cada esquina (bueno, ¿en qué país no?).

Pero a veces la paranoia gringa por hacer las cosas "bien" o evitar tragedias llega a alcances ridículos. Como en el caso del Tigger de Disney.

Vaya, ni siquiera Santa Claus se salva.

"Debo tener mucho cuidado", opinaba en una entrevista reciente un hombre que lleva años vistiéndose de Santa Claus para un conocido mall en Dallas. "Cuando llegan niños o niñas a sentarse en mi regazo lo primero que hago es poner mis manos en un lugar visible."

De hecho, en su contrato con el mall está estipulado como regla básica que este Santa Claus debe salir en todas las fotos con sus manos visibles, si no puede ser despedido.

"Es culpa de los tiempos en que estamos viviendo, y lo entiendo. Pero no deja de ser triste, hasta cierto punto", se lamentaba el personaje.

Recuerdo que mi hijo Cesarito nos llegó a la casa un día, después de haber iniciado su pre-kínder.

Con la solemnidad que le daban sus cuatro años, nos anunció que de ahora en adelante, ya no lo podíamos tocar, "porque iba a tener que llamar a la Policía".

¿Cuál fue nuestra reacción como padres? Muy simple: Nos alarmamos.

Pero Esther, mi esposa, tomó el asunto por las riendas. Como siempre.

"Discúlpame", le dijo al niño, "pero nosotros sí vamos a tener que tocarte. Cuando vayas al baño, cuando te ayudemos a bañarte. Cuando te vayamos a vestir", le aclaró.

Es lo que deben hacer padres mexicanos, pensamos. Poner los puntos sobre las íes.

Pero luego reconsideramos. No queríamos confundir más al niño, así que explicamos: "Pero lo que te dijo la mestra está bien. Tú no debes dejar que nadie te toque, ni amigos ni familia. Y si alguien lo hace, dínos o dile a la maestra".

Después de todo, estamos en Estados Unidos. "A donde fueras..."

*****

Hablando de niños, quiero agradecer a toda la gente que ha escrito y llamado para saber más de la "Alerta Ámbar" (que tratamos en la columna de la semana pasada) y los posibles beneficios que traería su aplicación en México, como un arma contra los secuestradores. Sobre todo quiero agradecer a las periodistas Isabel Álvarez de Maria+Visión y a Carmen Aristegui de la XEW su esfuerzo por difundir la idea en México. Ojalá se pueda hacer más, para que también tengamos nuestra "Alerta Ámbar" y todos ayudemos a atrapar secuestradores. Aunque sólo sirva para salvar una vida, habrá más que valido la pena. Recuerde que esa vida pudiera ser la de su hijo, su esposa o su madre. O la suya propia.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

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